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Brasil vs Argentina: dos caminos opuestos para la inversión extranjera

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La economía sudamericana volvió a mostrar en 2025 una divergencia profunda entre sus dos principales países. Mientras Brasil registró la mayor entrada de inversión extranjera directa (IED) en más de una década y consolidó un ciclo de crecimiento con estabilidad, Argentina continuó atrapada en un escenario de alta incertidumbre macroeconómica, caída de la inversión y pérdida de confianza de los mercados.

Los números son elocuentes. Entre enero y noviembre de 2025, Brasil captó US$ 84.100 millones en inversión extranjera directa, el mayor volumen desde 2014 y un incremento interanual del 13,5%. Argentina, en cambio, no logró superar el umbral de los US$ 8.000 millones en todo el año, con un flujo mayormente explicado por reinversión de utilidades y proyectos puntuales, sin una tendencia sostenida.

El reposicionamiento brasileño

Desde el Palacio de Planalto, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva atribuye el salto inversor a un proceso de “reposicionamiento internacional” de Brasil. La estrategia combinó una agenda diplomática intensa, la reapertura de mercados, acuerdos comerciales y un mensaje consistente hacia los inversores globales: previsibilidad macroeconómica, respeto por los contratos y estabilidad institucional.

El país quedó, además, a un paso de igualar los máximos históricos de inversión alcanzados durante el gobierno de Dilma Rousseff, cuando los flujos de capital superaron los US$ 100.000 millones anuales. En noviembre de 2025, la IED alcanzó los US$ 9.800 millones, con un salto interanual del 72%, confirmando que no se trata de un fenómeno aislado sino de una tendencia estructural.

Sectores que explican el boom

De acuerdo con datos del Banco Central de Brasil y del Ministerio de Desarrollo, la inversión extranjera mostró una composición diversificada y alineada con la agenda productiva de largo plazo:

  • Energías renovables e hidrógeno verde: 34%
  • Agroindustria e infraestructura: 28%
  • Tecnología, centros de datos e inteligencia artificial: 18%
  • Petróleo y gas: 12%

Esta matriz no solo explica el volumen de capital ingresado, sino también su impacto en empleo, exportaciones y balanza de pagos. La masiva entrada de dólares permitió, además, sostener la estabilidad cambiaria en un contexto global de tasas altas y volatilidad financiera, con reservas internacionales que rondan los US$ 355.000 millones.

El mercado financiero como termómetro

La confianza inversora también se reflejó en el mercado de capitales. A comienzos de 2026, la Bolsa de San Pablo registró la mayor suba en una década, con un fuerte ingreso de capital extranjero. Bancos, exportadoras y empresas energéticas concentraron el interés, impulsadas por valuaciones aún atractivas y por la expectativa de una gradual baja de tasas.

Analistas destacan que Brasil ofrece hoy una combinación poco frecuente entre mercados emergentes: tasas de interés reales todavía elevadas, inflación controlada en torno al 4% anual y señales claras de que el ciclo monetario podría comenzar a relajarse. En ese marco, compañías como Itaú, BTG Pactual, Vale, Suzano, Eletrobras y Engie aparecen entre las preferidas de los inversores internacionales.

El contraste argentino

Del otro lado de la frontera, el escenario es radicalmente distinto. Argentina sigue mostrando inflación elevada, cambios en las reglas de medición de precios, controles cambiarios, restricciones para girar utilidades y un riesgo país que limita el acceso al financiamiento externo. El resultado es un mercado que, aun con activos baratos, permanece fuera del radar de los grandes fondos globales.

La bolsa argentina volvió a caer en dólares, los ADR que cotizan en Wall Street mostraron fuertes retrocesos y la inversión productiva continuó en mínimos históricos. A diferencia de Brasil, donde la entrada de capital es consecuencia de señales previas de estabilidad, en Argentina el capital financiero se mantiene defensivo y la inversión directa se concentra en nichos muy específicos.

Brasil vs Argentina: claves de la brecha inversora

📊 IED 2025
Brasil: US$ 84.100 millones (ene-nov)
Argentina: < US$ 8.000 millones (año)
💰 Inflación anual
Brasil: ~4%
Argentina: elevada (con cambios metodológicos en debate)
🏦 Reservas internacionales
Brasil: ~US$ 355.000 millones
Argentina: restricción externa y acceso limitado al crédito
📈 Mercado financiero
Brasil: subas de doble dígito y fuerte ingreso de capital extranjero
Argentina: caída del Merval en dólares y ADRs presionados
🏭 Empleo y actividad
Brasil: +1,7 millones de empleos en un año
Argentina: cierre de empresas y pérdida de poder adquisitivo
🔎 Lectura clave
Brasil ofrece previsibilidad, rentabilidad real positiva y estabilidad macro.
Argentina sigue fuera del radar por riesgo cambiario, regulatorio y de confianza.

Dos modelos, dos resultados

La comparación deja una conclusión clara para el inversor internacional: la diferencia entre Brasil y Argentina no pasa por el tamaño del mercado ni por la dotación de recursos naturales, sino por la previsibilidad. Brasil logró combinar crecimiento económico, creación de más de 1,7 millones de empleos en un año, inflación controlada y disciplina fiscal, con un déficit cercano al 0,4% del PBI. Argentina, en cambio, enfrenta un proceso de ajuste desordenado, caída del poder adquisitivo y una economía que todavía no ofrece certezas de mediano plazo.

En un contexto global donde el capital busca mercados líquidos, reglas claras y rentabilidades reales positivas, Brasil volvió a posicionarse como la puerta de entrada a Sudamérica. Argentina, mientras tanto, sigue pagando el costo de la incertidumbre y permanece, por ahora, al margen del nuevo ciclo de inversiones internacionales.

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Asia y Europa superan al S&P 500 y marcan el fin de la hegemonía bursátil de EE.UU.

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En 2025, los mercados financieros globales le arrebataron el liderazgo bursátil a Estados Unidos. Las acciones estadounidenses quedaron rezagadas frente al desempeño de Asia y Europa, en un año marcado por valuaciones tecnológicas excesivas, el avance de la inteligencia artificial china y el impacto de las políticas económicas disruptivas del presidente Donald Trump. La brecha de rendimiento entre Wall Street y el resto del mundo alcanzó su nivel más alto en más de una década, reabriendo el debate sobre el rol central de Estados Unidos en los portafolios globales.

Hasta la tarde del 29 de diciembre, el S&P 500 acumulaba una suba del 17%, una variación positiva pero muy inferior al 29% registrado por el MSCI All Country World ex-US, índice que agrupa a los mercados fuera de Estados Unidos. Esta diferencia marca un quiebre significativo en una tendencia histórica que, durante años, sostuvo la supremacía estadounidense en los mercados de capitales.

Valuaciones elevadas, guerra comercial y dudas sobre el modelo tecnológico

El avance del S&P 500 durante el año estuvo parcialmente explicado por el auge de la inteligencia artificial, que permitió una recuperación tras la fuerte corrección de abril, cuando la ofensiva arancelaria impulsada por Donald Trump —denominada el “Día de la Liberación”— provocó una venta masiva de activos financieros.

Sin embargo, los efectos persistentes de la guerra comercial y, sobre todo, las altísimas valuaciones de las grandes compañías tecnológicas, comenzaron a erosionar el atractivo relativo del mercado estadounidense. En ese contexto, muchos inversores optaron por reducir su exposición a Wall Street y diversificar hacia otras regiones.

Matthew Beesley, director ejecutivo de Jupiter Asset Management, sintetizó esta visión en declaraciones a Financial Times:
Las acciones estadounidenses son más caras que muchas otras, su trayectoria de crecimiento podría verse desafiada y todos tienen muchas en cartera”. De cara a 2026, definió su posicionamiento con una consigna clara: “todo menos Estados Unidos”, reflejando una estrategia de búsqueda de valor fuera de los mercados saturados.

Asia y Europa capitalizan el giro global de los inversores

El cambio de clima inversor se reflejó con fuerza en el desempeño de otras regiones. Los mercados de China, Japón, Alemania y el Reino Unido superaron al S&P 500, mientras que el MSCI de mercados emergentes avanzó cerca de 30%, favorecido por un dólar más débil.

Para Niamh Brodie-Machura, directora de inversiones en renta variable de Fidelity International, la diversificación volvió a ocupar un lugar central en la estrategia de los grandes fondos. “Muchos inversores están revisando sus asignaciones geográficas a la luz de los acontecimientos globales del último año”, afirmó al Financial Times.

Asia se destacó como uno de los motores del año. En enero, la empresa china DeepSeek presentó un modelo de lenguaje capaz de competir con la inteligencia artificial estadounidense a un costo sensiblemente menor, lo que impulsó un fuerte rally en los mercados de la región. El MSCI China subió 29% y el Hang Seng de Hong Kong casi 28%.

El impacto se sintió de inmediato en Wall Street: Nvidia cayó 17% en una sola jornada tras el anuncio, alimentando dudas sobre la necesidad de sostener inversiones multimillonarias en infraestructura de IA. Si bien la compañía se recuperó y alcanzó en octubre una capitalización récord de 5 billones de dólares, la incertidumbre sobre el sector tecnológico no se disipó.

Europa acelera y amplía la brecha con Estados Unidos

Europa también logró capitalizar el cambio de escenario global. Las expectativas de crecimiento vinculadas a un ambicioso paquete de estímulo fiscal en Alemania impulsaron al Dax, que superó el rendimiento del S&P 500. El Ibex 35 de España trepó 48%, mientras que el índice griego Athex avanzó 44%, ambos apoyados en un sólido crecimiento económico.

El nuevo equilibrio global fue resumido por Mislav Matejka, estratega de JPMorgan, quien señaló: “Durante años, Estados Unidos fue la única historia”. Ahora, advirtió, los inversores deben prepararse para una “ampliación del rendimiento a nivel internacional”, en un contexto donde el liderazgo de Wall Street ya no aparece como un dato garantizado.

Un cambio estructural en la asignación global de capitales

El desempeño de 2025 deja una señal clara: el dominio bursátil de Estados Unidos enfrenta un desafío estructural. La combinación de tensiones comerciales, cambios tecnológicos, nuevas fuentes de crecimiento y una reevaluación del riesgo llevó a los inversores a mirar más allá de Wall Street. En ese marco, Asia y Europa emergen como protagonistas de una nueva etapa en los mercados financieros globales, con un mapa de oportunidades más diversificado y menos concentrado en Estados Unidos.

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Economía global “en transición”: el FMI prevé un crecimiento de 3,2% y advierte sobre vulnerabilidades estructurales

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El FMI advirtió que la economía mundial enfrenta un escenario frágil, con crecimiento moderado y riesgos crecientes.

El organismo mantuvo su proyección de expansión global en 3,2% para 2025 y 3,1% para 2026, pero alertó por las tensiones comerciales, el auge especulativo en la tecnología y la falta de espacio fiscal en los países endeudados.

Un “aterrizaje suave” con riesgos persistentes

El Fondo Monetario Internacional (FMI) presentó este lunes 14 de octubre en Washington su informe World Economic Outlook (WEO) 2025, bajo el título “Global Economy in Flux: Prospects Remain Dim” (“Economía global en transición: las perspectivas siguen siendo débiles”). El documento, presentado por el economista jefe del Fondo, Pierre-Olivier Gourinchas, proyecta un crecimiento mundial de 3,2% en 2025 y 3,1% en 2026, una expansión moderada que confirma la desaceleración estructural posterior a la pandemia.

El impacto de las tensiones comerciales fue menor al previsto, pero la economía global sigue mostrando debilidad estructural”, señaló Gourinchas. Según el FMI, la reciente ronda de aranceles entre Estados Unidos y China tuvo un efecto acotado en el crecimiento gracias a exenciones parciales, la flexibilidad de las cadenas de suministro y la ausencia de represalias amplias. Sin embargo, el economista advirtió que el escenario sigue “altamente sensible a cualquier nuevo shock comercial”, con un potencial de caída del producto mundial de hasta 0,3 puntos porcentuales en caso de escalada.

En el mismo sentido, el FMI alertó que la inflación “sigue siendo más persistente de lo deseado” en las principales economías y que la política monetaria enfrenta presiones crecientes para flexibilizarse antes de tiempo. “Los bancos centrales deben resistir los llamados a reducir tasas por motivos fiscales o políticos —dijo Gourinchas—, porque cada vez que se debilita la independencia monetaria, el costo se traduce en inflación y pérdida de confianza”.

Tensiones comerciales, burbuja tecnológica y fragilidad fiscal

El informe de octubre identifica cuatro riesgos principales para el crecimiento global:

  1. El auge especulativo en inteligencia artificial (IA), con “paralelismos claros con la burbuja puntocom de fines de los años 90”.
  2. La desaceleración estructural de China, atrapada entre un sector inmobiliario aún frágil y una dependencia excesiva de subsidios industriales.
  3. La falta de consolidación fiscal en economías avanzadas y emergentes, con elevados niveles de deuda y escaso margen para nuevas expansiones del gasto.
  4. Las presiones políticas sobre los bancos centrales, que podrían comprometer su credibilidad.

Gourinchas sostuvo que el boom de inversión en inteligencia artificial “sostiene la actividad, pero también genera riesgos de sobrevaluación”. Si se produjera una corrección abrupta en los mercados tecnológicos, advirtió, “el efecto sobre el consumo, la inversión y las condiciones financieras podría ser significativo”.

Respecto de China, el FMI reiteró su recomendación de “reorientar el modelo de crecimiento hacia la demanda interna”. El organismo advirtió que el país “sigue demasiado dependiente de las exportaciones y de políticas industriales de gran escala”, con un sector inmobiliario aún sin resolver y una productividad estancada. “El riesgo de una trampa de deuda-deflación está presente”, alertó Gourinchas.

En el plano fiscal, el informe advierte que la mayoría de las economías no reconstruyeron el margen presupuestario perdido tras la pandemia. El Fondo estimó que “el bajo crecimiento, las tasas reales elevadas y las nuevas demandas de gasto —defensa, seguridad económica y transición climática— están reduciendo la capacidad de maniobra de los gobiernos”. En los países de ingresos bajos, añadió, el panorama es más crítico por la reducción de los flujos de ayuda internacional y el aumento de la deuda en moneda extranjera.

Impacto en las economías emergentes y en América Latina

El FMI destacó que la debilidad del dólar durante la primera mitad de 2025 alivió las condiciones financieras en mercados emergentes. “Un dólar más débil reduce la carga de deuda en países con pasivos denominados en esa moneda y ayuda a contener la inflación importada”, explicó Gourinchas. Sin embargo, aclaró que la volatilidad cambiaria sigue siendo un riesgo, y valoró que “los bancos centrales latinoamericanos han mostrado madurez al permitir ajustes cambiarios sin perder el ancla monetaria”.

En África subsahariana, el organismo revisó al alza su proyección de crecimiento a 4,1% en 2025 y 4,4% en 2026, gracias a “reformas estructurales, consolidación macroeconómica y estabilización en economías clave como Nigeria y Etiopía”. Para América Latina, el FMI mantuvo un crecimiento moderado, sostenido por el comercio de materias primas y la estabilidad de las tasas internas, aunque advirtió que la inversión fuera del sector tecnológico muestra señales de enfriamiento.

Respecto de la fragmentación geoeconómica, Gourinchas reconoció que el comercio global no ha disminuido, pero sí se ha reconfigurado: “Se comercia menos entre Estados Unidos y China, y más entre ambos bloques y terceros países. Las cadenas globales de valor se están adaptando, pero el sistema se volvió más complejo y vulnerable”.

Gobernanza global y resiliencia: el mensaje a los países

En su cierre, el director de Investigaciones del FMI retomó el llamado de la directora gerente, Kristalina Georgieva, a que los gobiernos “se ajusten el cinturón” ante un contexto de shocks recurrentes y alta incertidumbre. Gourinchas enumeró tres prioridades:

  1. Reconstruir espacio fiscal y fortalecer la sostenibilidad de la deuda.
  2. Proteger la independencia de las instituciones monetarias y fiscales.
  3. Mantener la apertura comercial y la cooperación multilateral, incluso en un escenario de tensiones geopolíticas crecientes.

“La resiliencia económica no se construye con muros ni subsidios indiscriminados —concluyó—, sino con instituciones sólidas, estabilidad macroeconómica y una estrategia clara para aprovechar la innovación tecnológica sin repetir los errores del pasado”.

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El FMI advierte que las políticas industriales pueden frenar la productividad si no se aplican con precisión

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El FMI destaca la fortaleza de los mercados emergentes y advierte sobre los límites de la política industrial

El nuevo informe “Perspectivas de la Economía Mundial” analiza la resiliencia de los mercados emergentes ante la volatilidad global y plantea los desafíos fiscales y productivos de las políticas industriales en un contexto de endeudamiento alto y escaso margen presupuestario.

Los mercados emergentes resisten la volatilidad global gracias a marcos de política más sólidos

En su informe “Perspectivas de la Economía Mundial” de marzo de 2025, el Fondo Monetario Internacional (FMI) dedica un capítulo central al análisis de la resiliencia de los mercados emergentes frente a los episodios de aversión al riesgo financiero. El organismo concluye que esta capacidad de resistencia no fue producto exclusivo de condiciones externas favorables —la “buena suerte”—, sino del fortalecimiento institucional y la mejora en la credibilidad de las políticas monetarias y fiscales —las “buenas políticas”—.

Según el documento, los bancos centrales de los países emergentes han logrado reducir su dependencia de intervenciones cambiarias gracias a marcos de política más independientes y previsibles, lo que permitió moderar las presiones inflacionarias y mantener el acceso al financiamiento internacional aun en contextos de alta volatilidad.

El FMI subraya que los países con instituciones más sólidas y reglas fiscales claras enfrentan menores costos de ajuste y disyuntivas de política menos complejas en períodos de tensión. Por el contrario, aquellas economías con marcos más débiles corren el riesgo de retrasar la contracción monetaria ante presiones inflacionarias persistentes, generando pérdidas de producción y forzando intervenciones cambiarias costosas que “solo brindan alivio temporal”.

El organismo remarca que la consistencia macroeconómica será clave para sostener la confianza de los mercados en un contexto global caracterizado por la suba de tasas en las economías avanzadas, la reconfiguración de los flujos de capital y el aumento de la deuda soberana.

Política industrial: oportunidades, riesgos y necesidad de disciplina fiscal

El capítulo 3 del informe aborda el resurgimiento de la política industrial como herramienta para redefinir estructuras productivas, promover la autonomía tecnológica y reducir la dependencia energética externa. El FMI reconoce que estas políticas pueden impulsar la productividad y fortalecer sectores estratégicos, pero advierte que su éxito depende de una focalización precisa, una implementación eficiente y el respaldo de instituciones sólidas.

“El traslado o relocalización de industrias estratégicas puede generar beneficios sectoriales, pero también encarecer los precios al consumidor durante largos períodos”, señala el documento. Además, el FMI advierte que este tipo de programas suelen tener costos fiscales elevados, especialmente en países con deuda alta y limitada capacidad presupuestaria.

El informe enfatiza que, incluso cuando los resultados en determinados sectores sean positivos, las políticas industriales pueden provocar efectos indirectos negativos en otros segmentos de la economía, al desviar recursos de manera ineficiente y reducir la productividad total. Por ello, recomienda acompañarlas con reformas estructurales complementarias y una política macroeconómica coherente que evite tensiones en el frente fiscal.

Desafíos para los emergentes: consolidar instituciones y evitar desequilibrios

El FMI proyecta que los mercados emergentes enfrentarán en 2025 una combinación de desafíos simultáneos: presiones inflacionarias persistentes, costos financieros altos, exigencias de consolidación fiscal y la necesidad de mantener el crecimiento inclusivo.

En ese marco, el organismo reitera que la resiliencia no puede sostenerse sin instituciones fuertes, transparencia fiscal y disciplina monetaria. Los países que mantengan reglas claras y credibilidad en sus políticas podrán resistir mejor los shocks externos y aprovechar la transición hacia una economía global más diversificada en materia energética y tecnológica.

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FMI alerta sobre la fragilidad de la deuda soberana en mercados emergentes y pide fortalecer el financiamiento local

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El FMI advierte sobre la creciente fragilidad de la deuda soberana en mercados emergentes y llama a fortalecer los mercados locales para resistir shocks globales.

El organismo analiza el aumento de la deuda en economías emergentes y la creciente vulnerabilidad ante shocks globales. Los países con bases de inversión local más sólidas muestran mayor resiliencia, aunque advierte sobre riesgos de concentración.

En su más reciente Informe sobre la Estabilidad Financiera Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que los mercados de deuda soberana de las economías emergentes atraviesan una etapa de alta fragilidad, marcada por el aumento sostenido de los niveles de endeudamiento, una menor participación de inversores extranjeros y una creciente exposición a los shocks financieros globales.

El Capítulo 3 del informe, titulado “Shocks globales, mercados locales: el panorama cambiante de la deuda soberana en los mercados emergentes”, examina cómo la evolución de las condiciones financieras internacionales está ampliando la brecha entre países con mayor capacidad de financiarse en moneda local y aquellos más dependientes del crédito externo o del sistema bancario doméstico.

Deuda en alza y menor apetito internacional: el doble desafío emergente

El FMI subraya que, en los últimos años, la deuda soberana de los mercados emergentes y en desarrollo ha alcanzado niveles históricamente altos, mientras los inversionistas internacionales han reducido su exposición a estos activos debido al bajo rendimiento relativo frente a otras alternativas financieras globales.

Ante este contexto, muchos países optaron por incrementar la emisión de deuda en moneda local, buscando apuntalar la sostenibilidad de sus finanzas públicas. Sin embargo, el informe diferencia dos grupos claramente definidos:

Economías con mercados financieros locales desarrollados, que lograron expandir su deuda a largo plazo mediante colocaciones en moneda nacional.

Economías más frágiles o “preemergentes”, que se vieron obligadas a depender de financiamiento de corto plazo otorgado por bancos nacionales o incluso por el propio banco central, además de recurrir a deuda en moneda extranjera.

Según el FMI, esta divergencia podría profundizarse en caso de un nuevo shock global, ya que los países con bases de inversión más amplias y sofisticadas mostrarían mayor capacidad de respuesta, mientras que los más vulnerables podrían enfrentar tensiones cambiarias, inflación y presiones fiscales.

El valor estratégico de los inversionistas locales (y sus riesgos)

Los nuevos análisis empíricos del Fondo muestran que, durante los últimos 15 años, los países con una base de inversionistas locales más desarrollada han mostrado mayor resiliencia ante las turbulencias financieras internacionales. En particular, el documento resalta que los fondos de pensión, aseguradoras y bancos nacionales desempeñan un papel estabilizador en los mercados de deuda domésticos, amortiguando los efectos de los shocks externos sobre las tasas de interés y los flujos de capital.

No obstante, el FMI advierte que una dependencia excesiva de un grupo concentrado de inversionistas locales puede generar vulnerabilidades propias, especialmente cuando esa estructura se sostiene a través de políticas de “represión financiera”, como límites a las tasas de interés o regulaciones que obligan a los bancos a mantener deuda pública en sus carteras.

El documento señala que este tipo de estrategias pueden aliviar las presiones en el corto plazo, pero a costa de distorsionar el mercado de bonos soberanos, desalentar la competencia e incrementar los riesgos de contagio entre el sistema financiero y el sector público.

Recomendaciones del FMI: fortalecer los mercados de deuda en moneda local

El capítulo concluye con un conjunto de recomendaciones orientadas a fortalecer la resiliencia estructural de los mercados de deuda soberana. El FMI insiste en que mejorar los fundamentos macroeconómicos —como la disciplina fiscal, la transparencia presupuestaria y la estabilidad monetaria— es esencial, pero no suficiente.

El Fondo insta a los países emergentes a: Desarrollar infraestructuras financieras sólidas, con sistemas de compensación y liquidación eficientes. Proveer seguridad jurídica para los instrumentos financieros y los contratos de deuda. Fortalecer los marcos institucionales de gestión de deuda pública, incluyendo mecanismos de evaluación de riesgos y estrategias de financiamiento de largo plazo.

Asimismo, el FMI remarca que los gobiernos deben evitar depender exclusivamente de financiamiento local, y buscar diversificar sus fuentes de inversión, equilibrando las emisiones entre el mercado interno y los inversionistas internacionales.

Un escenario de mayor fragmentación global

El informe advierte que el contexto actual —de tasas de interés globales elevadas, tensiones geopolíticas y cambios en los flujos de capital— está generando un nuevo patrón de fragmentación financiera internacional, con consecuencias desiguales entre los países emergentes.

El riesgo sistémico de una crisis de deuda soberana generalizada sigue siendo limitado, según el FMI, pero la brecha entre las economías más resilientes y las más vulnerables continúa ensanchándose, lo que podría tener implicancias duraderas en el acceso al financiamiento, el crecimiento y la estabilidad macroeconómica de largo plazo.

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