MERCADOS FINANCIEROS

El riesgo país se ubica en 412 puntos básicos

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En el comienzo de una nueva semana financiera en la Argentina, el riesgo país bajó y las acciones subieron. Todo se dio en el marco de la presentación del programa financiero del gobierno de Javier Milei hasta el año 2027. 

Fue el propio ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, quien lo dio a conocer y sostuvo, previendo un segundo mandato de Milei, que el objetivo para “el fin del segundo mandato de Javier Milei es que Argentina sea investment grade”. En este sentido, aseguró que el regreso del país a los mercados internacionales no es un objetivo, sino “una opción” gubernamental.

En este contexto, este lunes el riesgo país cayó a los 412 puntos básicos, marcando el piso más bajo en la era Milei. Antes, había llegado a los 403 el 24 de abril de 2018. 

Además, el índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de la Ciudad de Buenos Aires subió 1,6%, ubicándose en los 3.240.000 puntos. 

También fue una jornada positiva para los ADR y las acciones de las compañías argentinas que se negocian con dólares en Wall Street, y se extendieron las ganancias. Éstas fueron lideradas por los títulos bancarios, con BBVA (+7,5%) y Banco Supervielle (+6,9%) entre los primeros lugares.

¿Cómo fue la jornada para los bonos?

En promedio, los bonos soberanos en dólares, como los Globales y los Bonares, aumentaron 0,2%.

¿Qué dijo el ministro Caputo?

El ministro Luis Caputo señaló: “Hay que entender que desde el día uno este es un Gobierno que optó por cumplir con todas las obligaciones”. Asimismo, marcó que “la nueva deuda se emite exclusivamente para refinanciar el capital de la deuda heredada”.

En relación a esto, resaltó que “los intereses se pagan con superávit fiscal” y contó que “la mayoría refinancia capital e intereses, nosotros solo refinanciamos el capital. Esto es importante porque la deuda se mide entre cantidad de deuda y PBI. Si la deuda es creciente esa ratio aumenta y te vuelve intertemporalmente insolvente. En el caso nuestro no hay opción y lo que siempre se ha decidido es que el ratio deuda-PBI sea cada vez más bajo para ser intertemporalmente solvente. Manteniendo deuda y cancelando, ese ratio se hace menor y el peso de la deuda respecto de la economía es cada vez más bajo”.

Argentina y los mercados internacionales

Por otro lado, Caputo indicó: “el programa tiene opcionalidad. Es un programa conservador. Hay muchas cosas que estamos trabajando desde hace mucho tiempo y hay otra que es salir a los mercados este año y el año que viene. Pero puede ser una opción. Para nosotros es una opción más, no un objetivo”, en relación a la posibilidad de la colocación de nuevos bonos en el exterior.

A su vez, sumó que “refinanciar a una tasa cada vez más baja es muy importante. Nos estamos financiando al 6% a 10 años. La menor tasa significa tener un menor esfuerzo fiscal. O tener mayor superávit para seguir bajando impuestos. Es positivo para ir reduciendo la dependencia que Argentina tuvo de Wall Street”. Y sostuvo que “el orden macroeconómico blinda al país de shocks externos o internos”.

¿Cómo les fue a los activos argentinos este lunes 6 de julio?

La semana comenzó de manera positiva. Los activos argentinos marcaron un alza contenida por el moderado avance de las acciones de los Estados Unidos, ya que, en la medida que disminuía la presión en el sector tecnológico, los precios del petróleo fueron estabilizándose. De esta forma, los inversores evaluaron la posibilidad de la publicación de los datos económicos en Estados Unidos con el fin de obtener información en relación con la economía, así como la posible suba de tasas de interés.

El Nasdaq Composite subió 0,8%, el S&P 500 0,5% y el Dow Jones Industrial Average 0,2%. Además, en cuanto a las acciones tecnológicas, éstas impulsan las ganancias mostrando confianza dentro del sector de la inteligencia artificial, luego de la baja de las acciones de semiconductores en la última parte del mes de junio.

En este sentido, Hon Hai, quien le provee a Nvidia (+0,9%), pero también es conocido como Foxconn (+5%), dio a conocer en el cierre del fin de semana que hubo un incremento de las ventas el último trimestre por encima de lo esperado. Al respecto se sabe que esto enfocó la atención en los resultados del trimestre de la empresa Samsung Electronics, con el 2,8% positivo, que se dará a conocer mañana, para lo cual se aguarda un aumento de 18 veces en sus ganancias de manera interanual para el mayor fabricante a nivel planeta de chips de memoria, imponiéndose a las ventas del pasado año 2025.

¿Qué sucedió con el precio del petróleo?

Por su lado, los precios del petróleo mostraron una caída del 0,2%. El barril de Brent llegó a los 72 dólares para el mes de septiembre, luego de que el grupo OPEP+ decidiera incrementar su producción, al tiempo que los flujos se volvieran a activar mediante el Estrecho de Ormuz, tras su reapertura, mostrando alivio respecto de la preocupación en relación con las posibles presiones inflacionarias.

Por último, en el área macroeconómica, la atención estuvo puesta en los datos del sector de servicios de Estados Unidos, con el fin de obtener información sobre el ámbito económico. Todo, luego de que el informe de empleo de junio modificara las expectativas en relación con los tipos de interés, lo cual prepara el espacio destinado a la publicación de las actas de la primera reunión de la Reserva Federal del miércoles de Kevin Warsh.

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El FMI prevé que la tokenización transformará la infraestructura financiera sin reemplazar a las instituciones tradicionales

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La tokenización de activos avanza como uno de los procesos con mayor potencial para redefinir la arquitectura del sistema financiero global. Sin embargo, lejos de anticipar un escenario de desintermediación total, un nuevo documento de trabajo del Fondo Monetario Internacional (FMI) concluye que la evolución tecnológica dará lugar a un modelo híbrido, donde la automatización convivirá con instituciones tradicionales responsables de garantizar la estabilidad del mercado.

El trabajo, titulado Financial Market Infrastructures Evolution in a Tokenized Economy y elaborado por Yaiza Cabedo, Tommaso Mancini-Griffoli, Fabian Schär y Nicolas Zhang, analiza cómo las infraestructuras de mercado financiero (FMIs) podrían evolucionar a partir de la tokenización de activos y el uso de tecnología de registros distribuidos (DLT).

La principal conclusión del estudio es que muchas de las funciones hoy desempeñadas por los depósitos centrales de valores, las cámaras compensadoras y los repositorios de operaciones podrán ser ejecutadas mediante contratos inteligentes (smart contracts), aunque las tareas que requieren criterios jurídicos, gobernanza institucional y capacidad de decisión seguirán dependiendo de entidades responsables y reguladas.

El informe sostiene que actividades como el registro de activos, la liquidación de operaciones, la administración de garantías y buena parte de los procesos de reporte regulatorio pueden migrar progresivamente hacia plataformas blockchain, reduciendo tiempos operativos, costos de intermediación y riesgos derivados de procesos manuales.

No obstante, los investigadores remarcan que funciones críticas vinculadas con la resolución de conflictos, la aplicación de normas, la administración de incumplimientos, la supervisión prudencial y la responsabilidad legal no pueden ser sustituidas completamente por código informático.

Una nueva generación de infraestructura financiera

El documento describe tres posibles modelos de evolución tecnológica.

El primero consiste en una infraestructura completamente integrada sobre una única blockchain, donde emisión, negociación, compensación y liquidación ocurren sobre el mismo registro distribuido.

El segundo plantea una arquitectura basada en un libro común (common ledger), que permite compartir información y coordinar operaciones entre distintos participantes, aunque manteniendo ciertos activos en registros separados.

El tercero contempla un esquema de múltiples blockchains compatibles, conectadas mediante protocolos de interoperabilidad, una alternativa considerada más realista para la transición desde las infraestructuras actuales.

Según el FMI, el escenario más probable será precisamente este último: una convivencia entre nuevas tecnologías y las instituciones financieras existentes.

Liquidaciones instantáneas y automatización

Uno de los principales beneficios identificados es la posibilidad de realizar liquidaciones prácticamente instantáneas mediante contratos inteligentes.

En plataformas completamente integradas, los activos y los pagos podrían intercambiarse de manera simultánea y automática, eliminando buena parte del riesgo de contraparte que actualmente existe entre la negociación y la liquidación.

Asimismo, la automatización permitiría ejecutar llamadas de margen, administrar garantías y realizar compensaciones multilaterales de manera mucho más eficiente, siempre que los activos y el dinero tokenizado se encuentren registrados en la misma infraestructura tecnológica.

Sin embargo, el propio informe aclara que estas ventajas disminuyen cuando las operaciones involucran distintas plataformas o requieren información proveniente del mundo físico, donde siguen siendo necesarias verificaciones externas.

Más transparencia, pero también nuevos riesgos

El FMI también identifica mejoras significativas para las tareas de supervisión.

Al registrar todas las operaciones sobre blockchain, los reguladores podrían acceder prácticamente en tiempo real a información estandarizada, facilitando el monitoreo del mercado y reduciendo costos de reporte. La propia blockchain podría convertirse en una fuente única de información para autoridades regulatorias y organismos de control.

No obstante, la tokenización también introduce nuevos desafíos.

Entre los principales riesgos aparecen errores de programación en contratos inteligentes, vulnerabilidades informáticas, problemas de gobernanza sobre quién controla la emisión de activos digitales, incertidumbre jurídica frente a bifurcaciones (forks) de blockchain y una creciente concentración tecnológica alrededor de determinados protocolos o emisores de activos digitales.

Los autores advierten además que la custodia de activos tokenizados respaldados por bienes físicos —como inmuebles, bonos o materias primas— requiere marcos legales sólidos que aseguren que el token represente efectivamente un derecho ejecutable sobre el activo subyacente.

La confianza seguirá siendo institucional

Uno de los mensajes centrales del documento es que la confianza del sistema financiero continuará dependiendo tanto de la tecnología como de las instituciones.

Aunque blockchain reduce la necesidad de intermediación en numerosos procesos operativos, aspectos como la resolución de controversias, la responsabilidad jurídica, la supervisión prudencial y la administración de crisis financieras requieren organismos con legitimidad institucional y capacidad de intervención.

Por ello, el FMI concluye que la tokenización no implica la desaparición de las infraestructuras tradicionales del mercado financiero, sino una profunda reconfiguración de sus funciones.

En lugar de reemplazar a las instituciones, la tecnología permitirá automatizar procesos repetitivos y mejorar la eficiencia operativa, mientras los organismos reguladores y las infraestructuras financieras evolucionarán hacia un rol más enfocado en la gobernanza, la supervisión y la preservación de la estabilidad sistémica.

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Murió a los 100 años Alan Greenspan, el expresidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos

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Durante casi dos décadas, Alan Greenspan fue una de las figuras más influyentes de la economía mundial. El histórico presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) murió este lunes a los 100 años, según informó NBC News y reprodujo Reuters. De acuerdo con la información difundida por su esposa, la periodista Andrea Mitchell, falleció en su residencia a causa de complicaciones derivadas de la enfermedad de Parkinson.

Greenspan condujo la Fed desde agosto de 1987 hasta enero de 2006, un período que abarcó algunos de los episodios más determinantes de la economía contemporánea. Asumió pocos meses antes del histórico derrumbe bursátil conocido como Black Monday, atravesó la recesión estadounidense de comienzos de los años noventa, enfrentó las crisis financieras de Asia y Rusia, gestionó el estallido de la burbuja tecnológica de las puntocom y lideró la respuesta monetaria posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Su nombre quedó asociado a una de las etapas de crecimiento más prolongadas de la economía estadounidense. Entre marzo de 1991 y marzo de 2001, Estados Unidos vivió una expansión económica ininterrumpida que, en ese momento, se convirtió en la segunda más larga de su historia.

El banquero central que desafió los pronósticos

Uno de los rasgos más distintivos de Greenspan fue su resistencia a endurecer la política monetaria frente a las advertencias sobre posibles brotes inflacionarios. Mientras muchos economistas reclamaban aumentos de tasas para enfriar la actividad, el presidente de la Fed sostenía que los avances tecnológicos y el aumento de la productividad estaban modificando las reglas tradicionales de la economía.

La apuesta resultó exitosa durante buena parte de los años noventa. La inflación permaneció controlada mientras la economía crecía con fuerza, impulsada por la revolución tecnológica y la expansión de Internet.

Esa capacidad para interpretar cambios estructurales antes que el consenso académico convirtió a Greenspan en una figura casi legendaria dentro de los mercados financieros. Su influencia era tal que cada una de sus declaraciones podía mover bolsas, bonos y monedas en todo el mundo.

Del prestigio al cuestionamiento

Sin embargo, la imagen casi mítica construida durante sus años de gestión sufrió un fuerte deterioro tras la crisis financiera internacional de 2007-2009.

Numerosos economistas señalaron que las bajas tasas de interés mantenidas durante los primeros años de la década del 2000 contribuyeron a inflar la burbuja inmobiliaria que terminó desencadenando el colapso financiero más grave desde la Gran Depresión.

También se cuestionó el enfoque regulatorio predominante durante su gestión, caracterizado por una fuerte confianza en la capacidad de los mercados para autorregularse.

Aun así, el debate sobre su legado continúa abierto. Para algunos analistas, Greenspan fue víctima de una revisión excesivamente severa tras la crisis. Stephen Oliner, exfuncionario de la Reserva Federal, sintetizó esa mirada al señalar que la admiración desmedida que recibió antes del colapso financiero fue tan exagerada como las críticas posteriores.

De músico de jazz a arquitecto de la política monetaria

Antes de convertirse en uno de los hombres más poderosos de Washington, Greenspan tuvo una trayectoria poco convencional.

Durante su juventud fue músico de jazz y saxofonista profesional. Su pasión por las matemáticas y las estadísticas —alimentada por su interés en los números del béisbol— lo llevó posteriormente a estudiar economía y construir una carrera que terminaría ubicándolo en el centro de la toma de decisiones globales.

Su capacidad técnica se combinó con una notable habilidad política. El biógrafo Sebastian Mallaby lo describió como un operador extraordinariamente eficaz, capaz de influir en presidentes, legisladores y funcionarios sin necesidad de ocupar siempre el primer plano del debate público.

Un legado que transformó a la Fed

La institución que Greenspan dejó en 2006 es muy distinta a la Reserva Federal actual.

Tras la crisis financiera global, sus sucesores incorporaron herramientas que durante su gestión eran excepcionales: tasas cercanas a cero, programas masivos de compra de activos, metas explícitas de inflación y una política de comunicación mucho más transparente.

Las conferencias de prensa regulares, las proyecciones públicas y la orientación futura sobre tasas se transformaron en prácticas habituales de la banca central moderna, en contraste con el estilo reservado que caracterizó a Greenspan.

Su legado permanece dividido entre dos visiones. Para sus admiradores, fue el arquitecto de una etapa de prosperidad extraordinaria y uno de los banqueros centrales más influyentes del siglo XX. Para sus críticos, no logró identificar a tiempo los desequilibrios que terminaron desembocando en la crisis financiera global.

Lo que resulta indiscutible es que pocas figuras dejaron una huella tan profunda sobre la política monetaria moderna y sobre el funcionamiento de la economía global como Alan Greenspan.

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Wall Street marca récords, pero los activos argentinos no reaccionan y exponen fragilidad local

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Mientras los principales índices de Wall Street alcanzaron nuevos máximos históricos este miércoles 22 de abril, los activos argentinos operaron en terreno negativo y sin capacidad de acoplarse al optimismo global. El S&P Merval cayó 1,4% hasta los 2.898.691 puntos, los ADRs registraron bajas de hasta 6% y el dólar se mantuvo en $1.400 en el Banco Nación. En paralelo, el Banco Central volvió a intervenir con compras por USD 105 millones. El contraste plantea una tensión clave: ¿el esquema económico logra estabilizar variables, pero no convence al mercado?

Mercado internacional en alza, pero sin derrame local

El contexto global jugó a favor. El S&P 500 avanzó 0,8% y el Nasdaq 1,4%, impulsados por expectativas de distensión en el conflicto en Medio Oriente tras la prórroga de la tregua anunciada por Donald Trump. A esto se sumó un rebote del petróleo del 3%, con el Brent superando los USD 101,40 por barril.

Sin embargo, ese clima no se tradujo en mejoras para los activos argentinos. Las acciones locales en Wall Street mostraron un comportamiento dispar, con caídas lideradas por el sector financiero: BBVA (-6%), Banco Macro (-4,1%) y Grupo Financiero Galicia (-3,4%). En contraste, el sector energético logró sostenerse parcialmente, con subas moderadas como YPF (+0,1%) y Vista Energy (+1,2%).

El desacople no es menor. Mientras los mercados globales descuentan una eventual estabilización geopolítica, los inversores locales continúan focalizados en variables domésticas.

Dólar contenido y BCRA activo: el ancla cambiaria en el centro

En el plano local, el tipo de cambio mostró estabilidad. El dólar mayorista cerró en $1.378, con una suba marginal del 0,2%, mientras que el minorista se mantuvo en $1.400 por tercer día consecutivo. En el mercado informal, el dólar blue avanzó a $1.415.

El Banco Central intervino nuevamente, absorbiendo USD 105 millones —el 25,4% de la oferta— en una rueda con menor volumen operado, que totalizó USD 414,2 millones. Las reservas brutas crecieron USD 62 millones, hasta los USD 45.841 millones.

El esquema cambiario muestra consistencia operativa: el tipo de cambio se mueve dentro de un rango acotado, con margen respecto al techo de la banda ($1.690,29), lo que permite al BCRA seguir acumulando divisas. Pero esa estabilidad no alcanza, por ahora, para mejorar la percepción sobre los activos.

Actividad económica en retroceso y señales mixtas

El dato que tensiona el escenario es el nivel de actividad. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en febrero una caída de 2,1% interanual y de 2,6% respecto a enero.

El deterioro estuvo impulsado por la contracción de la industria manufacturera (-8,7%) y el comercio (-7%), sectores que restaron 2,2 puntos a la variación anual. En contraste, los rubros ligados a exportaciones mostraron dinamismo: minería (+9,9%) y agro (+8,4%).

La lectura es clara: el crecimiento se sostiene en sectores vinculados a la demanda externa, mientras el consumo interno sigue debilitado. Esta dualidad impacta directamente en la valuación de activos, especialmente en bancos y empresas orientadas al mercado local.

Entre la estabilidad financiera y la falta de confianza

En términos de correlación de fuerzas, el Gobierno mantiene control sobre variables clave: tipo de cambio estable, intervención activa del Banco Central y acumulación de reservas. Sin embargo, el mercado accionario refleja otra dinámica, más ligada a expectativas de crecimiento y sostenibilidad económica.

Los bonos soberanos mostraron leves mejoras —con subas promedio de 0,1%— y el riesgo país cerró en 532 puntos sin cambios relevantes. Es un equilibrio frágil: estabilidad sin impulso.

Hacia adelante, el foco estará en dos frentes. Por un lado, si la estabilidad cambiaria logra consolidarse sin tensiones. Por otro, si la actividad económica logra revertir la caída en sectores clave.

El mercado global muestra señales de optimismo. Argentina, por ahora, sigue operando con su propia lógica.

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Trump endurece la guerra con Irán y presiona a la OTAN por el estrecho de Ormuz

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Donald Trump sumó este viernes una nueva presión sobre el tablero internacional: mientras descartó la búsqueda de un alto al fuego con Irán y aseguró que Estados Unidos ya “ha ganado” la guerra, también cargó contra aliados de la OTAN por no aportar de inmediato los recursos necesarios para asegurar el estrecho de Ormuz, una vía estratégica que sigue prácticamente cerrada y que ya impacta sobre los precios globales del petróleo, la gasolina en Estados Unidos y los mercados financieros. El dato no es menor. En medio de una ofensiva militar que la Casa Blanca presenta como decisiva, Trump abrió otro frente de disputa: el del reparto de costos, riesgos y responsabilidades con sus socios. La pregunta ya no pasa sólo por la evolución del conflicto con Irán, sino por si esta escalada consolida el liderazgo de Washington o expone una coalición bajo presión.

El movimiento combina guerra, energía y poder. Por un lado, Trump rechazó la lógica de una tregua. “No buscamos eso”, dijo al minimizar la posibilidad de un alto al fuego. Por otro, reconoció que Estados Unidos necesitará ayuda para una operación que hasta ahora había sugerido poder resolver sin asistencia externa. La reapertura del estrecho de Ormuz dejó así de ser un asunto meramente militar para convertirse en una prueba política sobre la capacidad de Estados Unidos de alinear aliados en una crisis que amenaza con desbordar el plano regional.

Ormuz se vuelve el centro de gravedad del conflicto

El estrecho de Ormuz concentra una parte decisiva de la tensión actual porque articula seguridad, comercio energético y credibilidad estratégica. Trump lo definió como una “maniobra militar simple”, aunque admitió que requiere “mucha ayuda”, con barcos y volumen operativo. Esa frase marcó un giro. Después de semanas de insistir en que Estados Unidos no necesitaba respaldo externo para asegurar la navegación, la Casa Blanca empezó a admitir que la apertura efectiva del paso exige una arquitectura multilateral.

Según fuentes citadas en el texto base, los aliados de Estados Unidos participan en discusiones activas para reunir los recursos necesarios en un esfuerzo “multicapa”. En esa planificación entran inteligencia, vigilancia y reconocimiento aéreo, barrido de minas, escoltas, capacidad antidrón y buques de guerra con misiles interceptores. No aparece todavía un pedido específico a países concretos, pero sí una constatación central: ningún país tiene por sí solo todos los recursos necesarios para garantizar una reapertura segura y sostenida.

Ese punto tiene una lectura política nítida. Trump cuestiona a los aliados por no actuar con rapidez, pero al mismo tiempo la propia operación confirma que Washington no puede ordenar unilateralmente un corredor seguro sin una coordinación amplia. La tensión entre discurso de autosuficiencia y necesidad de cooperación quedó expuesta en tiempo real.

El Reino Unido se mueve, pero la coalición sigue en construcción

Hasta ahora, el primer paso concreto informado llegó desde el Reino Unido, que anunció que permitirá a Estados Unidos utilizar sus bases militares para atacar sitios de misiles iraníes que amenazan a los barcos en el estrecho. Es una señal relevante, aunque todavía insuficiente para resolver el problema central: asegurar un paso libre y estable para la navegación comercial.

El texto deja claro que no existe un disparador automático para la entrada colectiva de los aliados. Las fuentes esperan que esa participación se active en un momento de “alguna cesación” de los combates que permita abrir la vía y proteger la navegación. Ese detalle importa porque introduce una limitación operativa y política. Aunque Trump acelera el tono y exige respuestas, los socios no parecen dispuestos a comprometer recursos plenos en medio del máximo nivel de hostilidad.

Ahí aparece una diferencia de tempos. La Casa Blanca busca exhibir control y capacidad de imponer condiciones. Los aliados, en cambio, miden riesgos, tiempos y costos. Esa brecha no supone una ruptura inmediata, pero sí muestra que la coalición que acompaña a Estados Unidos en Medio Oriente no actúa bajo automatismo político.

Sin alto al fuego y con retórica de victoria

Trump reforzó además la línea más dura de la administración al descartar públicamente un alto al fuego. Dijo que no busca una pausa en una guerra en la que, según su propia descripción, Estados Unidos está “aniquilando” al otro lado. En ese marco, afirmó que Irán ya no tiene marina, fuerza aérea, observadores, antiaéreos ni radar, y remató con otra definición de alto impacto: “Creo que hemos ganado”.

Esa narrativa busca instalar una idea de superioridad irreversible. También intenta justificar que la guerra entre en una fase más amplia sin necesidad de abrir una discusión sobre salida negociada. Sin embargo, el mismo texto muestra una tensión de fondo: si la victoria fuera políticamente consolidada y militarmente cerrada, la obstrucción del estrecho de Ormuz no seguiría condicionando precios, logística y despliegue internacional.

De hecho, miles de marines y marineros estadounidenses se dirigen hacia Medio Oriente, una señal de que la administración Trump no se prepara para un desenlace inmediato, sino para un conflicto prolongado. La distancia entre la retórica de victoria y la preparación para una guerra extendida es uno de los datos más sensibles del escenario.

Petróleo, inflación y mercados: el costo económico de la escalada

La guerra ya produce efectos concretos sobre la economía global. Los ataques dañaron infraestructura energética en Medio Oriente, el estrecho permanece prácticamente cerrado y el precio del crudo Brent subió 3,26% el viernes hasta cerrar en US$ 112,19 por barril, el nivel más alto desde julio de 2022. En Estados Unidos, los precios de la gasolina también profundizaron la suba.

La reacción de los mercados fue inmediata. El Russell 2000 cayó 2,7% y se encamina a cerrar en corrección, con una baja superior al 10% desde su máximo de enero. El Dow Jones perdió 447 puntos, equivalente a 0,97%. El S&P 500 retrocedió 1,51% y el Nasdaq cayó 2,01%. A la vez, los rendimientos de los bonos del Tesoro subieron, con la tasa a 10 años en 4,39%, su nivel más alto desde julio.

No se trata sólo de volatilidad financiera. La suba de la energía vuelve a encender preocupaciones sobre inflación y complica las perspectivas de los bancos centrales. En ese punto, la guerra deja de ser una cuestión geopolítica acotada y pasa a intervenir de lleno en la agenda económica. Para Trump, eso implica una doble presión: sostener la ofensiva sin permitir que el costo energético erosione el frente interno.

Alianzas bajo estrés y gobernabilidad externa

La ofensiva verbal contra aliados de la OTAN agrega otra capa de complejidad. Trump no sólo reclama ayuda. También expone una visión transaccional de las alianzas: Estados Unidos protege, pero espera retribución, compromiso y respaldo operativo cuando lo necesita. Esa lógica, que ya formaba parte de su discurso político, ahora aparece aplicada en un contexto bélico de alta sensibilidad.

El efecto es ambiguo. Puede empujar a algunos socios a involucrarse más para evitar una ruptura con Washington. Pero también puede endurecer cautelas en gobiernos que no quieren quedar arrastrados por una guerra cuyo horizonte sigue abierto. La referencia a los aliados como “cobardes” no fortalece por sí sola una coalición; en todo caso, subraya que la relación entre liderazgo militar y obediencia política está lejos de ser lineal.

En ese marco, los sectores que aparecen más condicionados son los aliados que dependen del paraguas estratégico de Estados Unidos pero todavía no definieron hasta dónde acompañarán la operación en Ormuz. Al mismo tiempo, Trump intenta mostrar que Estados Unidos e Israel quieren “más o menos cosas similares”, un mensaje orientado a exhibir alineamiento en el núcleo duro de la guerra aunque la periferia aliada muestre reservas.

Una operación militar y un test político

La reapertura del estrecho de Ormuz ya opera como algo más que una misión táctica. Es un test sobre la capacidad de Estados Unidos para convertir supremacía militar en coordinación efectiva. También es una prueba para medir hasta dónde llega la obediencia de los aliados cuando la guerra exige recursos concretos y no sólo respaldo diplomático.

En las próximas semanas habrá que observar tres variables. Primero, si aparece una “alguna cesación” de los combates que permita activar el esquema multilateral de seguridad. Segundo, si los aliados pasan de las discusiones a compromisos materiales verificables. Tercero, si el alza del petróleo y la presión sobre los mercados obliga a recalibrar el discurso de victoria rápida.

Por ahora, Trump intenta administrar dos frentes a la vez: sostener una guerra que presenta como resuelta y construir una coalición que todavía no termina de ordenarse detrás de su estrategia. La fuerza militar parece fuera de discusión en su relato. Lo que sigue en disputa es otra cosa: la capacidad de transformar esa fuerza en control estable sobre una crisis que, por ahora, sigue expandiendo sus costos.

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