Murió René Mangiaterra, el empresario que convirtió los residuos forestales en energía y eligió Misiones para su gran apuesta
Falleció René Mangiaterra, empresario, industrial y uno de esos hombres que hicieron de la inversión productiva algo más que una cuenta de resultados. Santafesino de nacimiento y misionero por elección, fue el impulsor de MM Bioenergía, la planta de generación eléctrica a partir de biomasa levantada en Cerro Azul, un proyecto pionero que convirtió en energía aquello que durante décadas había sido considerado un residuo de la actividad forestal.
Su muerte deja una marca especialmente profunda en Cerro Azul y Leandro N. Alem, donde había decidido instalarse y desde donde condujo una de las apuestas privadas más relevantes vinculadas a las energías renovables en Misiones.
Mangiaterra había nacido en Matilde, un pequeño pueblo ubicado a unos 30 kilómetros de la ciudad de Santa Fe. Allí construyó buena parte de su trayectoria empresaria alrededor de Molino Matilde, una compañía centenaria dedicada a la producción de harina y con una fuerte inserción exportadora, especialmente hacia Brasil.
Pero fue precisamente su relación comercial con el gigante sudamericano la que terminó cruzando su destino con Misiones.
Durante sus viajes hacia Brasil, a mediados de la década del 2000, comenzó a observar con otros ojos el paisaje que se repetía detrás de la ventanilla. Donde otros podían ver simplemente montes implantados, aserraderos y restos de madera, Mangiaterra empezó a identificar una oportunidad.
Primero compró chacras y forestó como inversión de largo plazo. Después apareció una idea mucho más ambiciosa: producir energía renovable utilizando biomasa forestal.
Era una apuesta especialmente apropiada para Misiones y Corrientes, dos provincias con una enorme disponibilidad de subproductos provenientes de la forestoindustria. Lo que hasta entonces podía representar un descarte comenzó a ser visto como combustible.
Una apuesta a contramano de la incertidumbre
Economis entrevistó a Mangiaterra hace seis años, cuando MM Bioenergía todavía estaba en plena construcción y el empresario dividía sus días entre Molino Matilde, Santa Fe y su nueva vida en Misiones.
Aquella conversación mostraba bastante más que los detalles técnicos de una central eléctrica. Revelaba el carácter de un empresario que había decidido invertir en un proyecto de largo plazo justamente en un país donde el largo plazo suele ser una de las variables más difíciles de asegurar.
Mangiaterra se había adjudicado un contrato del programa RenovAr para abastecer electricidad a CAMMESA durante 20 años y tomó la decisión de levantar desde cero una sofisticada planta de generación a unos dos kilómetros de Cerro Azul.
No era una inversión marginal ni complementaria a otra industria. A diferencia de otras plantas de biomasa existentes en establecimientos forestales de Misiones, concebidas fundamentalmente para el autoabastecimiento, MM Bioenergía nació específicamente para producir electricidad e inyectarla a la red.
Y lo hizo atravesando casi todos los obstáculos que podía encontrar una inversión de esa magnitud en la Argentina.
La corrida cambiaria de 2018 alteró el escenario financiero. Después llegaron las PASO de 2019, el cambio de Gobierno, las dudas sobre la continuidad de la política energética y finalmente la pandemia. La turbina y el generador debían llegar desde India, la logística internacional se había alterado y cada trámite podía convertirse en una nueva demora.
Mangiaterra seguía adelante. “Tenemos un contrato firmado por 20 años”, explicaba entonces a Economis, aunque inmediatamente aparecía esa mezcla tan argentina entre convicción empresarial e incertidumbre institucional.
“En un país normal duermo sin frazada por 20 años”, graficó en aquella entrevista. La frase condensaba perfectamente la paradoja de su inversión: estaba construyendo infraestructura pensada para décadas en un país donde muchas veces las reglas podían cambiar en cuestión de meses.
Aun así, no abandonó. Con el avance del proyecto, Misiones dejó de ser para Mangiaterra apenas el territorio donde había encontrado una oportunidad de negocios. Se convirtió en su lugar.
Se construyó una casa en Leandro N. Alem y durante la cuarentena terminó instalándose allí, dedicando buena parte de sus jornadas a seguir personalmente la construcción de la central.
En aquella entrevista con Economis lo decía sin demasiadas vueltas: se había enamorado de la tierra colorada.
