MONTE

Misiones, caso de éxito en medio de la pérdida global de bosques nativos

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En el año 2014 se realizó un compromiso mundial el cual más de 30 países firmaron la Declaración de Nueva York sobre los Bosques que tenía como objetivo acabar con la deforestación para 2030. Sin embargo, desde entonces los bosques del planeta no dejan de desaparecer.

Esto indica que a nivel global se está incumpliendo la protección y restauración de bosques para el año 2030, y ello tendrá impactos catastróficos para el planeta y las personas. Los bosques absorben 1/3 de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, albergan el 80% de la biodiversidad terrestre de la Tierra, y proporcionan medios de vida a más 1.600 millones de personas. Por eso, WWF (Organización Mundial de la Conservación), representada en nuestro país por Fundación Vida Silvestre Argentina, ha difundido un informe para alertar sobre la situación de los bosques a nivel mundial y por qué es importante actuar inmediatamente por su protección y restauración.

Los bosques tienen, además de un valor ecológico, un importante valor económico, social y cultural. Es imposible hacer frente a la crisis climática, desarrollar economías sustentables y revertir la pérdida de naturaleza, sin los bosques. No es necesario generar nuevos objetivos para frenar la deforestación, se debe cumplir con las ambiciones y objetivos ya planteados, ya que lamentablemente la pérdida y degradación de los bosques persisten a pesar de todos los compromisos, y declaraciones locales y globales” detalló Lucía Lazzari, coordinadora de paisajes terrestres de la Fundación Vida Silvestre.

En Argentina contamos con la Ley 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos, sancionada en 2007 con el objetivo de planificar el uso de estos ecosistemas y lograr equilibrar producción y conservación de la naturaleza. Sin embargo, en todos estos años, su implementación ha sido parcialLos bosques nativos de Argentina siguen perdiéndose en zonas donde está prohibida la deforestación por su alto valor de conservación, en las cuales se avanza con el cambio de uso del suelo para actividades agropecuarias, forestales, urbanísticas y viales. A su vez, las áreas deforestadas ilegalmente y las que se han quemado, no están siendo restauradas como indica la ley, y hay ausencia de un registro nacional de infractores imposibilitando la disuasión y la sanción de los responsables. En Argentina, alrededor del 76% de la deforestación es ilegal, ya que ocurre en zonas prohibidas por la ley (amarillas, rojas y sin categorizar en el Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos).

Según los monitoreos de la superficie de bosque nativo, realizados por la Nación, entre 1998 y 2022, se deforestaron 6.4 millones de hectáreas de bosque nativo principalmente por causa del avance de la frontera agropecuaria – la misma cifra que se perdió a nivel global durante 2022. Adicionalmente, el informe sobre causas e impactos de la deforestación de los bosques nativos señala que 87% del bosque nativo perdido correspondió a la región Chaqueña y el 43% ocurrió durante la vigencia de la actual Ley de Bosques.

Lamentablemente es una tendencia global, ya que, en el mundo, se destinan al menos 100 veces más fondos públicos a subvenciones perjudiciales para el medio ambiente que al financiamiento de los bosques. Estos datos se desprenden del informe realizado por WWF que, además, detalla que la deforestación en Latinoamérica es alarmante y por ende una de las zonas que podrían estar más afectada; a diferencia de Asia donde la deforestación disminuyó. El informe de WWF “Senderos forestales” brinda un plan para alcanzar los objetivos globales de restauración y protección de los bosques al 2030:

  • Movilizar flujos financieros masivos, tanto públicos como privados, y redirigir los dañinos hacia el apoyo a economías verdes y comercios forestales sostenibles.
  • Reformar las normas del comercio mundial que perjudican a los bosques, eliminando de las cadenas mundiales de suministro las materias primas que deforestan y quitar barreras a aquellos productos con certificaciones positivas con los bosques.
  • Acelerar el reconocimiento de los derechos territoriales de los pueblos originarios.
  • Avanzar con el cambio hacia economías basadas en la naturaleza.

Caso de éxito: El Bosque Atlántico, la selva misionera, su gente y el yaguareté

En el informe “Senderos forestales” de WWF se nombran diferentes ejemplos de éxito a nivel global: el trabajo de conservación y restauración del Bosque Atlántico es uno de ellos debido a los logros que se han conseguido a través de la colaboración trinacional, aunque destaca que es necesario aumentar y amplificar los esfuerzos que se vienen realizando.

El Bosque Atlántico es uno de los bosques con mayor diversidad de vida del Planeta. Se extiende a lo largo de la costa oriental de Brasil y se adentra tierra adentro en Argentina – Selva Misionera – y Paraguay. Más de 148 millones de personas viven y dependen social cultural y económicamente de los servicios ambientales (agua, energía, protección del suelo, entre otros) que brinda el Bosque Atlántico. Su riqueza biológica es muy variada, contiene el 7% de las especies de plantas y el 5% de las especies de animales vertebrados del mundo. Muchas de estas plantas y animales son endémicas, lo que significa que no existen en ningún otro lugar del mundo. Originalmente cubría 1.345.300 km2, pero en los últimos 40 años según información producida por MapBiomas, el bosque fue reducido significativamente por la deforestación, la urbanización, la producción. Hoy queda sólo alrededor del 24% de los bosques originales.

En Argentina, en el mismo periodo de tiempo se perdieron el 17% de los bosques de esta ecorregión (305 mil ha de bosques). A pesar de ello, los esfuerzos de conservación y restauración realizado por varias organizaciones como Fundación Vida Silvestre Argentina, WWF Brasil y otras, agrupadas en la Red Trinacional de Restauración del Bosque Atlántico y PACTO por la Restauración de la Mata Atlántica, han colocado al Bosque Atlántico como Iniciativa Emblemática de Restauración Mundial por la ONU.

En ese sentido en Misiones, Fundación Vida Silvestre Argentina trabaja hace más de 15 años junto con más de 130 familias rurales, con quienes se han restaurado más de 475 hectáreas de selva misionera. En base al conocimiento de las familias productoras y del equipo técnico del proyecto, se trabaja en resguardar y recuperar servicios ambientales esenciales para las personas, como el agua. Muchos de los plantines que se utilizan para el trabajo de restauración provienen del “Vivero Nativo de Vida Silvestre Andrés Johnson” que se encuentra en la Reserva de Vida Silvestre Urugua-í (un área protegida privada en la que se protegen 3.243 hectáreas de selva, la cuenca media del arroyo Urugua-í y una muy rica biodiversidad). El vivero obtuvo recientemente el certificado de Área Productora de Semillas de Especies Nativas lo que pone en valor la conservación de las especies de árboles nativos de la selva. Sólo entre 2019 y 2022 salieron del vivero Andrés Jonhson más de 51.400 plantines.

La restauración, además contribuye a la conservación del yaguareté, el felino más grande de la región. La conservación exitosa del yaguareté es fundamental para mantener los bosques saludables, las reservas de carbono, la biodiversidad, la disponibilidad de agua y el patrimonio natural y cultural. La especie estaba al borde de la extinción cuando se realizó el monitoreo poblacional en el 2005, que indicaba que solamente quedaban 40 individuos. A través de los esfuerzos de conservación, el último monitoreo poblacional realizado durante 2022 indica que la población se encuentra estable con un tamaño total estimado entre 72 y 122 yaguaretés (con una media de 93). La protección y recuperación de la población del felino en la selva misionera, y en la región, implica trabajar bajo una gran estrategia que trasciende fronteras y aúna esfuerzos entre Argentina, Brasil y Paraguay para tener un impacto positivo en buena parte del Bosque Atlántico.

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Esperan plantar 50 mil plantines de especies nativas en San Pedro

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Vida Silvestre, junto con familias de productores y productoras, tiene como objetivo restaurar 100 hectáreas de selva misionera durante este año. Para ello, ya se está trabajando junto con 25 propietarias y propietarios de Colonia Alegría, en el municipio de San Pedro, donde se prevén plantar más de 50.000 plantines de unas 35 especies nativas.

En los últimos años, mediante el compromiso de más de 136 familias rurales de Comandante Andresito y San Pedro, se plantaron más de 191.000 árboles nativos sobre una superficie de 382 hectáreas.    

Esta iniciativa se enmarca en el proyecto “Restaurado la selva misionera para las personas y la naturaleza” y cuenta con el acompañamiento del INTA, al Instituto Nacional de la Agricultura Familiar Campesina Indígena y la Municipalidad de San Pedro.

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Afoa expone sobre la gestión sostenible de bosques y forestación en la semana de la acción climática

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El próximo martes 25 de octubre, a las 9:30 horas y, tanto de manera presencial como virtual, la Asociación Forestal Argentina – AFoA – junto al Sistema Argentino de Certificación Forestal – CERFOAR- invitan a participar del Conversatorio: Gestión Sostenible de Bosques y Forestación en marco de la Transición Productiva hacia una Economía Circular, el cual se desarrolla en el marco de la Semana de Acción Climática (SAC) organizada por la Secretaría de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación de la Nación.

El encuentro se llevará a cabo de manera presencial en la Casa Patria Grande Néstor Carlos Kirchner, Carlos Pellegrini 1289, CABA (para lo cual se requiere inscripción previa en https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSe0_3PhJ137E6mqqPh7mbqIVqzvIT33PvuVoTYFuBCn5Eofjw/viewform) o en forma virtual en el Canal de YouTube del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible: https://www.youtube.com/channel/UC_Swjr_SoDptDSv6TYsWAvw

Los bosques y el uso de la madera son claves para la mitigación del cambio climático y una transición productiva inclusiva hacia la carbono-neutralidad. La capacidad de los bosques de absorción de CO2 y las amplias posibilidades de la madera de sustituir productos de origen fósil o no renovable -cemento, plásticos, textiles, aluminio, energía, químicos, etc. – posicionan las políticas forestales como una de las favoritas para las políticas de mitigación del cambio climático. Pero para que sean efectivas, deben ser sostenibles. Este espacio comentará las oportunidades de Argentina en el sector forestal y las experiencias en sistemas de gestión sostenible de bosques con trazabilidad a origen certificados por sellos reconocidos internacionalmente.

Las disertaciones estarán a cargo de Claudia Peirano – directora ejecutiva de la Asociación Forestal Argentina y de Florencia Chavat – directora ejecutiva del Sistema Argentino de Certificación Forestal – PEFC Argentina, Ingeniera Forestal (UNLP), Representante Argentina ante el PEFC Council, experta técnica del Organismo Uruguayo de Acreditación, especialista en procesos de evaluación de la conformidad para el sector forestal.

La Semana de la Acción Climática, del 24 al 27 de octubre, es un espacio que propone instalar en el debate público la trascendencia y urgencia de abordar los desafíos que plantea el cambio climático en el país. Dentro de ella se articulan diversos sectores y actores, públicos y privados, con el propósito de construir conjuntamente el conocimiento y las herramientas para adaptarnos a los efectos del cambio climático y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

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Planeta Vivo 2022: Misiones, clave para sostener lo que queda de la mata atlántica

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La edición 2022 del Informe Planeta Vivo enfatiza la velocidad y la escala del impacto negativo que las actividades humanas tienen en la naturaleza, manifestadas en el descenso promedio del 69% en la abundancia de las poblaciones de mamíferos, reptiles, aves, peces y anfibios de todo el mundo. Además, este informe de WWF (Organización Mundial de Conservación) que se publica cada dos años, confirma nuevamente que es en Latinoamérica y el Caribe -una de las regiones más biodiversas del planeta-, en donde se registra el declive regional más alto, con una disminución del 94% en las poblaciones monitoreadas.   

El Informe Planeta Vivo publicado en todo el mundo por WWF -organización que Fundación Vida Silvestre Argentina representa en nuestro país- deja en claro el crudo panorama del estado de la biodiversidad y advierte urgentemente a los gobiernos, las empresas y al público a tomar medidas transformadoras que reviertan su destrucción.

Asimismo, remarca que el mundo enfrenta una doble emergencia inducida por los seres humanos, compuesta por la crisis climática y la pérdida de biodiversidad, que amenazan el bienestar de la humanidad. “De la misma forma que es necesario disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, es urgente revertir la pérdida de biodiversidad y el declive y degradación de los ecosistemas. El Informe nos da información esencial para restablecer nuestra relación quebrada con el mundo natural y muestra lo apremiante que es integrar principios de justicia ambiental y social en el centro de los cambios. En el marco de la próxima conferencia de biodiversidad COP15 de la ONU, es prioritario impulsar un plan global que, como el Acuerdo de París, tenga como meta revertir las pérdidas y mejorar la salud de las poblaciones silvestres y los ecosistemas”, destacó Luis Germán Naranjo, director de Conservación de WWF Colombia.

En el informe se muestran los resultados del monitoreo a casi 32.000 poblaciones de 5.230 especies del planeta y ofrece la imagen más nítida sobre su evolución con que se cuenta hasta ahora. El parámetro de medición es el Índice Planeta Vivo (IPV), el cual hace un seguimiento de la abundancia en poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios. La relevancia de las tendencias registradas es que muestra una instantánea de los cambios en los ecosistemas y alerta sobre su estado de salud. De igual forma, el IPV permite observar medidas de éxito cuando se aplican políticas de conservación adecuadas.

 En cuanto a especies, las poblaciones de agua dulce muestran un mayor descenso general en el ámbito mundial con un 83%. Por citar un ejemplo, una de las poblaciones evaluadas es el delfín rosado del Amazonas, que sufrió una disminución del 65% debido al aumento de la pesca selectiva, así como a las presiones impuestas por el rápido crecimiento de la población humana.

 La mitad de los corales del planeta se han perdido, lo que genera impactos negativos en otras especies, ya que albergan 1/4 de todas las especies marinas y dan soporte a una compleja cadena trófica que nos incluye. Así también, la abundancia en el mundo de 18 de las 31 especies de tiburones y rayas oceánicas se han reducido un 71% en los últimos cincuenta años. En clave local, en el Mar Argentino existen unas 12 especies de grandes tiburones, presentes tanto en las costas, en mar abierto, como en las profundidades. Entre ellos el Escalandrún, uno de los representantes por excelencia de nuestras costas, que en la actualidad se encuentra en peligro crítico de extinción. 

Los principales factores directos identificados como responsables de la degradación de los sistemas terrestres, marinos y de agua dulce son los cambios de uso del suelo, la sobreexplotación de la flora y la fauna, el cambio climático, la contaminación y las especies exóticas invasoras. El Informe sostiene que la doble crisis ambiental se puede mitigar con el aumento de los esfuerzos de conservación y restauración, la producción y el consumo de alimentos de forma más sostenible, y la rápida y profunda descarbonización de todos los sectores. Los 89 autores que participaron en la redacción e investigación de este informe piden a los responsables políticos que transformen las economías para que los recursos naturales se valoren adecuadamente. Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina, reforzó que “necesitamos con urgencia pasar a prácticas sostenibles en la agricultura y los sistemas alimentarios, como también en la pesca, energía y minería, hasta en la infraestructura y la construcción. Es preciso que los gobiernos se comprometan con acciones ambiciosas y transformadoras en estos sectores productivos claves, para asegurar un planeta positivo para la naturaleza para 2030”.

América Latina, región de alta prioridad

El Informe remarca que las tendencias de abundancia de fauna silvestre varían según regiones, siendo las tropicales las que están sufriendo un mayor declive. Asimismo, las nuevas técnicas de análisis cartográfico sugieren que hay zonas que tienen una alta probabilidad de impacto en la vida silvestre por amenazas como la agricultura o la tala y por su alta riqueza en especies. La deforestación en las zonas tropicales genera emisiones de carbono y conduce a climas locales más cálidos y secos, incrementando la cantidad de sequías y de incendios y, dependiendo de su magnitud, reduce las precipitaciones y modifica sus patrones globales. Por tanto, esto es perjudicial para el clima, la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia de millones de personas en todo el mundo. La contribución de los bosques a la seguridad alimentaria y nutrición exige una mayor atención en políticas forestales, ya que su deterioro se traducirá en una reducción de la productividad agrícola.
En ese sentido, se identificaron diez áreas de alta prioridad para la mitigación de riesgos, algunas de estas en América Latina: la cuenca del Amazonas (que está constituida por todos los ríos que drenan al río Amazonas); el bosque Atlántico (ubicado en Argentina, Brasil y Paraguay); y el norte de los Andes hasta Panamá y Costa Rica. En lo que respecta al Bosque Atlántico en nuestro país (conocido como selva misionera), un análisis de la cobertura de uso del suelo de los últimos 37 años indica que en Argentina se perdió casi el 20% de los bosques que existían en 1985 (aproximadamente 305 mil hectáreas).

A su vez, se destaca que las tierras que ocupaban estos ecosistemas actualmente se destinan a agricultura (60%), forestaciones (27%) y pasturas (10%).

 En este ecosistema aún sobrevive menos del 1% de la población de yaguaretés que se estima que existieron en la región antes de la llegada de los europeos. Las estimaciones poblaciones de 2020 indican que son aproximadamente entre 76 y 106 los yaguaretés (con una media de 90) que habitan el Bosque Atlántico. En la mayoría de las áreas donde persiste, sus densidades poblacionales son muy bajas y la extinción local podría ser inminente si no se toman acciones urgentes que reviertan esta situación.

Otra de las áreas más amenazadas de nuestro país es el Gran Chaco, ecorregión compartida con Paraguay, que se encuentra entre los sitios con mayor deforestación del mundo. En las últimas décadas perdimos el 30% de los bosques chaqueños y se siguen destruyendo sus ambientes naturales y su biodiversidad a un ritmo alarmante.

El Informe Planeta Vivo destaca también la situación en la Amazonía, el bosque tropical más grande y con mayor diversidad biológica y cultural del mundo, cuya cuenca se encuentra degradada en un 17%. 

Derecho a un ambiente sano
De particular relevancia en la edición 2022 del Informe, concebido para impulsar la acción y la reflexión, es el papel que se le concede a los derechos humanos como desencadenante de cambios sociales transformadores. En el documento se identifica el colapso climático, la pérdida de naturaleza, la contaminación y la pandemia de Covid-19 como situaciones bisagra que han puesto en crisis los derechos humanos, y celebra que la Asamblea General de la ONU haya reconocido, en julio pasado, el derecho de las personas a un ambiente saludable. 

En más de 80 países en donde se reconoció el derecho a un ambiente sano, se obtuvo como resultado la creación de leyes y políticas ambientales más firmes, como también una mejor implementación, una mayor participación de la sociedad y, lo más importante de todo, un mejor rendimiento ambiental. Es un catalizador de cambios sistémicos, que la ciudadanía lo ha usado para proteger a las especies amenazadas y los ecosistemas en peligro.

“La humanidad buscó descubrir la naturaleza, para luego dominarla. Hoy sabemos que la supervivencia de nuestra especie y de todas las que habitan el planeta, depende de nuestra capacidad de revertir ese paradigma y reforzar los esfuerzos para conservarla, restaurarla y regenerarla”, concluyó Manuel Jaramillo, director general de Vida Silvestre.
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Viven en la selva misionera, desconectados del mundo, y elaboran un producto muy buscado

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“No tengo necesidad de ir a un supermercado, hace cinco años que no voy al pueblo, produzco mis propios alimentos y medicinas”, cuenta con orgullo y en portuñol Luis Pedrolo, colono del monte del oeste misionero en el Paraje La Bonita, en el portal a la Reserva de Biosfera Yabotí, próximo al río Uruguay y a Brasil. No existen las fronteras en este territorio donde los idiomas y las vidas se mezclan naturalmente. Vive con su esposa, Margarita Recalde y ambos hace 30 años que están desconectados del mundo, trabajando la tierra sosteniendo una soberanía medicinal y alimentaria. “Tengo una farmacia en el rancho hecha con hierbas, esencias y raíces”, dice.

No tienen electricidad, ni heladera ni conocen los dispositivos electrónicos. Mucho menos la televisión, o los diarios. En sus 40 hectáreas, tienen todo lo que necesitan para vivir: la tierra roja, como venas de energía vital, conecta las diferentes parcelas cultivadas. “Si me das un celular, no sé encenderlo, pero conozco cómo plantar las semillas, conozco a los animales, y comemos lo que nosotros mismos hacemos. Entonces: ¿quién es el más inteligente?”, interpela Pedrolo. Su chacra está en una de las laderas de un cerro. El agua brota por todas partes en este rincón de transición entre el monte y la selva. “No recuerdo cuándo fue la última vez que me enfermé”, confiesa.

Margarita Recalde y Luis Pedrolo

“No sé lo que es tener fiebre ni un dolor de cabeza”, reconoce. Nacido en la zona de los Saltos del Moconá —ese atronador y poderoso corazón del Río Uruguay producido por una falla geológica que remueve millones de litro de agua configurando una de las maravillas de Misiones—, su vida la pasó en la frontera. Su padre vino de Brasil (con orígenes italianos), su madre es argentina. “Me crié descalzo, eso me hizo más fuerte porque tuve siempre mucho contacto con la tierra”, sostiene. Hizo la primaria caminando ocho kilómetros por día, todos los días, durante siete años. “No se nos daba la necesidad de tener zapatillas”, cuenta.

“Mi maestro me enseñó todo lo que sé”. Así recuerda su infancia en la escuela rural, a orillas del río Uruguay. Como todas las casas en esta tierra, hecha de madera y pintada de colores vivos, rosado, amarillo, verde o azul. Madera que no perdura más de cinco años, atacadas por la humedad y el sol. “Nos daba clases, pero nos llevaba a su chacra y nos enseñó a trabajar la tierra; esas enseñanzas me ayudaron toda la vida —cuenta—. Mi padres nos dieron mucho conocimiento, cómo hacer una casa, por ejemplo”. Lo demás vino de vivir en la selva y entender su lenguaje.

Luis y Margarita hacen todo solos. Se levantan antes que salga el sol y trabajan todo el día hasta que cae. “Ella es tan fuerte como yo, es increíble la cantidad de cosas que dos personas pueden hacer”, afirma Pedrolo, la mitad de sus palabras en portugués, la otra en castellano.

Una vez al día, para conectarse con el mundo, oyen la radio

Son muy conocidos en la región por una razón: producen aceites esenciales, principalmente de citronela, que es el aroma que define a Misiones. En una de las laderas de su chacra, tienen esta hierba perenne de un verde tan vivo que parece irreal. La cosechan ambos a mano, y juntos llevan las chalas hasta un gran alambique que tiene la edad del tiempo, donde a través de un método sencillo —a fuego de leña— se destila la hierba con agua. El resultado se ve cuando el aceite se separa y flota en el agua.

Lemon grass, sidrera, eucalipto y la critronella, el oro verde que teje relaciones y fortalece las vidas. “Dinero no necesito, pero vendo los aceites”, cuenta Pedrolo. Mientras camina por una resplandeciente huella rodeada de citronela, enumera sus cualidades. Principalmente repele los mosquitos y los molestos mbarigüís, previene sus picaduras, relaja los músculos del estómago, es analgésico, ayuda a mejorar la tensión cervical y quita el dolor de cabeza. “Si usted suda mucho, citronela hace que baje el sudor”, agrega.

Turistas suizos, alemanes y de varias partes del mundo lo han visitado para buscar esta esencia pura y curativa. También vienen a buscarla sus vecinos y gente de todas partes del país.

“Todos los males se curan con plantas —dice y señala una porción de la ladera donde tiene todas las plantas medicinales―. Todo lo que ves (hay más de 50 variedades de plantas que siembra) no tiene ni una gota de químicos. Así nos lo enseñaron nuestros padres, así lo hacemos. Protegés la naturaleza y ella sola te cuida, es muy simple”.

Cada hoja que toca tiene una propiedad. “La hortela [menta] es muy buena”, refiere Pedrolo. La hoja de lima, dice, baja la presión arterial. El eucalipto perfuma el aire. “Hago un jarabe para la tos con sus hojas”, cuenta.

Vivir sin heladera

“¿Heladera, qué es eso? No la necesitamos”, afirma Pedrolo. El método es típico de los colonos. La grasa derretida porcina o vacuna se usa para conservar carne. “Hace unos días carneé un chancho de 100 kilos y guardé la carne en cinco latones con grasa, se conserva perfecto un año”, dice. Primero se frita la carne y luego se la sumerge en la grasa. Margarita, de pocas palabras, asiente parada en la puerta de su rancho. “Hemos tenido suerte de encontrarnos”, dice Luis mirándola. Ella asiente con una sonrisa cómplice.

Los aceites esenciales, los únicos productos que venden a los visitantes.

Cerca de la casa está el supermercado y la verdulería, es decir, la huerta y sus árboles. Porotos negros, arroz, mandioca, zapallos, tomates, lechugas, acelga, maíz, ciruelos, ananá, mandarina, pomelo, naranja, manzanos, guayabos, mangos, perales, higos… la lista es larga. ¿Qué comen durante la semana? Feijoada, carne de vaca, cerdo y de gallina, verduras y muchas frutas. “Alimentación muy variada”, agrega Pedrolo. Una vez al día, se conectan con el mundo, oyen la radio, a veces la estación brasilera, otra de Posadas. “No está bien el mundo”, reconoce.

El monte se funde en la selva paranaense —así se denomina a la misionera— delante de los ojos y a cada paso. El guatambú, el petiribí, la palmera pindó, el ybirá-pitá y el gigante palo rosa, que llega a medir hasta 45 metros, se mezclan con los arbustos y una espesa alfombra de hojas húmedas dejan espacio a pequeñas huellas por donde se ve la tierra roja. Camufladas entre la vegetación, las casas de los colonos conviven con algunas aldeas mbya guaraní, el Paraje La Bonita tiene 100 habitantes. El crisol de razas se completa con los descendientes de inmigrantes polacos, ucranianos y alemanes que hace un sigo llegaron para vivir en el selva.

“Son pioneros, entre ellos se llaman colonos, los primeros habitantes de estas tierras”, afirma Virginia Criado, a cargo junto a su pareja, Lautaro Guardamagna, de Margay Lodge de Selva, un alojamiento ecológico dentro de una reserva privada que tiene sus habitaciones frente al arroyo Paraíso y delante de la Reserva de Biosfera Yabotí. Son vecinos de Luis y Margarita. Llevan a sus huéspedes a conocerlos. Explica la dinámica de sus vidas. “Se levantan a las 4.30 de la madrugada, trabajan todo el día y se rigen por el sol, no tanto por las agujas del reloj —cuenta—. Llevan una vida simple”.

La pareja produce aceites esenciales, principalmente de citronela
La pareja produce aceites esenciales, principalmente de citronela

“Son autosuficientes: no solo producen sus propios alimentos, sino también medicinas y productos de cosmética a base de plantas —afirma Criado—. No tener electricidad es por propia decisión, no es porque no haya”.

Un cable de red pasa justo por la puerta de la casa del matrimonio. “Hablan un lenguaje nuevo, el portuñol”, cuenta e incluye a las comunidades mbya guaraníes, habitantes del mismo territorio. Las escuelas de los parajes de la selva son bilingües: el idioma originario más el castellano. “Las mujeres lo están aprendiendo”, reflexiona. La integración de culturas enriquece el tapiz de perfiles humanos que comparten el “último relicto de selva virgen” del Cono Sur.

El dinero en el Paraje La Bonita y en las colonias no es algo necesario. “Ellos se intercambian productos —afirma Guardamagna—. Producen una profunda admiración”. Tienen una relación comercial, además de la amistad. “Nos abastecen de sus esencias, frutas y verduras”, cuenta.

¿Quiénes atraviesan caminos escondidos para conocer estas historias? “Nos visitan quienes quieren reconectar con lo simple, restaurar el vínculo con la naturaleza que han perdido en la ciudad, rodeados de materiales que no están vivos”, dice Criado.

“La última vez fui al pueblo vi que los niños manejan bien el celular, pero no saben nada de semillas, que es lo que te puede dar de comer”, reflexiona Pedrolo. Detrás de su porción de monte y selva tiene otros vecinos, el yaguaraté, el ocelote y el puma, los monos y más de 300 aves. “¿Qué es lo que más nos gusta de esta vida: que no dependemos de nadie, somos felices así, trabajando juntos”, sintetiza.

Por Leandro Vesco

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