mujeres en política

Passalacqua pidió equiparar los espacios de poder y fortalecer la participación de las mujeres

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Esta mañana, el gobernador de Misiones, Hugo Passalacqua, participó de un nuevo encuentro de la Red de Concejalas Misioneras, realizado en el Media Club de Posadas. La jornada reunió a más de 130 concejalas, dirigentes y mujeres vinculadas con la actividad política, provenientes de 49 municipios de la provincia.

Durante su intervención, Passalacqua reivindicó el rol de las mujeres en la construcción política y planteó como objetivo avanzar hacia una participación igualitaria en los principales espacios de decisión. “Mi sueño es que el 50% de las intendencias estén conducidas por mujeres. Serán ministras, serán gobernadoras y habrá una gobernadora muy pronto, con seguridad. Hoy la Argentina no tiene una sola gobernadora: los 24 somos hombres”, expresó.

En ese sentido, afirmó que no se trata solamente de cumplir con una representación numérica, sino de “equiparar las cuotas de poder” entre mujeres y hombres. “Es un camino largo y complicado porque muchas veces los hombres no dan paso y se atrincheran, como si alguien estuviera quitándoles un derecho. Eso es absolutamente falso”, sostuvo.

“Las mujeres tienen una capacidad de percepción muy particular. Son más trabajadoras y, cuando son aguerridas, lo son de verdad. Esa valentía hace que se acerquen mucho más a los problemas de la gente en general, porque están involucradas en ellos e intentan solucionarlos en la práctica”, señaló.

“La sociedad necesita esa energía, sobre todo la sociedad postergada. Nosotros estamos para quien menos tiene, para el más humilde, para quien busca trabajo y no lo encuentra o para quien tiene un trabajo precario. Ese es nuestro rol en la política”, aseguró. También destacó el crecimiento sostenido de la Red de Concejalas Misioneras. Recordó que participó de sus primeros encuentros, cuando la convocatoria era reducida, y valoró que actualmente reúna a mujeres de casi medio centenar de municipios.

Una política que escuche a la gente

Passalacqua sostuvo que la principal responsabilidad de quienes ejercen una función pública es escuchar a la ciudadanía con humildad y sensibilidad. “La gente toma decisiones mucho antes que los dirigentes. El desafío es tener la sensibilidad, el oído fino y la humildad para escuchar lo que está pasando”, afirmó. En ese sentido, advirtió que quienes ocupan cargos de responsabilidad no deben considerarse dueños de la verdad ni pretender imponer sus ideas, porque “es la gente la que conduce”.

El mandatario también realizó una autocrítica sobre los resultados de las últimas elecciones y aseguró que el mensaje expresado en las urnas exigió revisar prácticas y reconocer errores. “Perdimos y había que hacer una lectura política. Había que acercarse a la gente, escuchar lo que decía, incluso aquello que expresaba por lo bajo, y reconocer que habíamos hecho cosas mal”, indicó.

Para Passalacqua, reconocer la existencia de un problema constituye el primer paso para encontrar soluciones. “Si creemos que todo está bien y seguimos actuando como si nada hubiera pasado, nunca vamos a buscar una solución. Las urnas muchas veces hablan y, en otras oportunidades, gritan. En este caso, gritaron”, expresó.

A partir de esa lectura, el Gobernador consideró necesario impulsar una construcción política más amplia, abierta y cercana a la ciudadanía. “Tenemos que ser un espacio abierto, sin preguntar de dónde viene cada uno, pero sabiendo hacia dónde queremos ir: hacia la gente, hacia quienes más lo necesitan y hacia soluciones útiles; lejos de las vanidades, los egoísmos y las altanerías, con austeridad y sencillez”, definió.

Asimismo, remarcó que conducir un espacio político no implica apropiarse de él. “Quien orienta debe escuchar, hacer una síntesis y mostrar un camino, pero no es el dueño. Los espacios políticos no pueden tener propietarios ni ser absolutistas. La gente no tiene dueño”, enfatizó. “Con Movimiento por lo que Viene estamos construyendo justamente eso, un espacio humano, sensible, abierto y cercano a los problemas de la gente”, aseguró.

Passalacqua también ratificó su posición federal y cuestionó la mirada centralista del Gobierno nacional. “Tenemos un Gobierno nacional bastante poco empático y con una visión muy centralista. Yo soy una persona profundamente federal y por eso abrazo e internalizo el concepto del misionerismo”, afirmó.

“Somos los misioneros quienes ponemos la agenda de los misioneros. No soporto que desde Buenos Aires nos quieran imponer la agenda”, añadió. No obstante, aclaró que la provincia no puede limitarse a la queja y debe continuar construyendo sus propias respuestas. “No podemos vivir en esa queja. Tenemos que construir lo nuestro y lo estamos haciendo. La sociedad espera mucho de nosotros y nosotros le vamos a dar esa respuesta”, aseguró.

Una red para fortalecer la participación política de las mujeres

El Gobernador estuvo acompañado por el ministro coordinador de Gabinete de Misiones, Carlos Sartori. Por su parte, la coordinadora de la Red de Concejalas Misioneras, María Eva Jiménez, explicó que estos encuentros permiten desarrollar capacitaciones definidas a partir de las demandas e inquietudes de las propias participantes.

Las propuestas incluyen herramientas vinculadas con la tarea legislativa, como oratoria y gestión presupuestaria, además del abordaje de problemáticas planteadas por la ciudadanía, entre ellas la violencia de género y el abuso sexual infantil.

Jiménez señaló que la jornada también permitió unificar criterios y ratificar el acompañamiento político al Gobernador. “En estos tiempos es muy importante estar unidos y trabajar desde un mismo lugar y con un mismo fin, que es la gente”, concluyó.

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La mordaza invisible: cómo la violencia digital expulsa a las mujeres del debate público

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A horas de un nuevo aniversario de Ni Una Menos, los hechos de violencia de género siguen siendo noticia diaria. Pero no se trata únicamente de violencia sexual o un femicidio. La violencia política contra las mujeres ya no necesita manifestarse en un recinto legislativo, una reunión partidaria o una campaña electoral. Hoy encuentra un territorio mucho más amplio, inmediato y difícil de regular: las redes sociales.

Un relevamiento realizado entre el 4 y el 11 de mayo de 2026 sobre publicaciones de medios nacionales y provinciales analizó 3.163 comentarios vinculados a dos dirigentes políticas de perfiles ideológicos diferentes: la diputada nacional Myriam Bregman y la diputada provincial misionera Paula Franco. El objetivo era observar cómo se construye la conversación digital cuando una mujer ocupa espacios de poder.

Los resultados del estudio dirigido por la licenciada Carla Chini, del “Observatorio de la Trama Social para un Proyecto Regional de Desarrollo Sustentable” de la Universidad de la Integración Sudamericana, muestran un patrón inquietante: la agresión rara vez se concentra en las ideas. En cambio, se dirige a la condición de mujer de quien participa del debate público.

En el caso de Paula Franco, legisladora provincial de Misiones, abogada y magíster en Políticas Públicas, el estudio analizó 743 comentarios publicados en cuentas de Facebook e Instagram de Canal 12 y otros medios de Misiones. Los ataques más frecuentes no cuestionaban proyectos legislativos, iniciativas de transparencia o propuestas de modernización del Estado. El blanco era otro.

La principal modalidad detectada fue la deslegitimación de la autonomía profesional. Expresiones como “acomodada política”, “hija de”, “paracaídas” o referencias permanentes a supuestos favores políticos aparecieron de forma recurrente. El mecanismo es conocido: desplazar cualquier mérito académico o profesional y explicar la presencia de una mujer en la política exclusivamente a través de vínculos familiares o personales.

El fenómeno resulta particularmente llamativo porque Franco posee una trayectoria profesional concreta y formación específica en gestión pública. Sin embargo, gran parte de los comentarios analizados ignoraban deliberadamente esos antecedentes para construir una narrativa donde el acceso al cargo no era consecuencia de capacidades propias sino de relaciones de poder masculinas.

La segunda categoría de agresiones detectada fue la patologización. El estudio encontró una recurrencia significativa de expresiones como “loca”, “iluminada” o “desesperada”. La utilización de presuntas alteraciones emocionales para desacreditar a una mujer constituye uno de los mecanismos históricos más persistentes de exclusión política. Mientras los hombres suelen ser cuestionados por sus decisiones, las mujeres continúan siendo cuestionadas por su estabilidad emocional.

La tercera modalidad fue la sexualización. En numerosos casos, la discusión pública se desplazó desde las políticas que impulsaba la legisladora hacia insinuaciones sobre su vida privada, relaciones personales o comentarios vinculados a su apariencia física. El objetivo es evidente: reducir la autoridad política a una dimensión íntima o corporal.

El informe también detectó procesos de animalización mediante términos como “yegua”, “burra”, “cuadrúpeda” o “tilinga”. Estas expresiones, lejos de ser simples insultos, constituyen mecanismos simbólicos destinados a deshumanizar y degradar la figura pública femenina.

La distribución de los agresores también ofrece información relevante. El 59% de los ataques identificados provenía de perfiles masculinos. En estos casos predominaban las agresiones directas, la sexualización y los cuestionamientos a la capacidad intelectual.

Por su parte, el 32% correspondía a perfiles femeninos. Allí aparecía con mayor frecuencia otro tipo de discurso: acusaciones de acomodo, cuestionamientos éticos y descalificaciones sobre méritos académicos o profesionales.

El dato rompe con una simplificación habitual. La violencia política de género no es ejercida exclusivamente por hombres. También puede ser reproducida por mujeres cuando incorporan y replican estereotipos culturales profundamente arraigados.

Quizás uno de los hallazgos más preocupantes del estudio no sea el contenido de los ataques, sino la reacción que generan. Los comentarios más agresivos son también los que reciben mayores niveles de validación social.

Las reacciones de “Me gusta” y “Me divierte” concentran buena parte de la interacción en publicaciones donde aparecen insultos, descalificaciones o ataques personales. En contraste, prácticamente no se registraron reacciones de rechazo.

La consecuencia es la creación de un ecosistema donde la agresión obtiene recompensa social. El odio se transforma en entretenimiento. La humillación pública se convierte en contenido.

Y la violencia deja de percibirse como una conducta reprochable para pasar a formar parte de la normalidad de la conversación digital.

El caso de Myriam Bregman muestra patrones similares.

Sobre una muestra de 2.420 mensajes relevados en medios nacionales, el 65% de las agresiones provinieron de perfiles masculinos y estuvieron orientadas a descalificar su ideología mediante referencias a su condición de mujer, su apariencia o su origen. Términos como “loca”, “zurda”, “rusa” o “yegua” aparecieron de manera reiterada en publicaciones vinculadas a debates políticos o encuestas electorales.

La coincidencia entre ambos casos resulta significativa.

Se trata de dirigentes con trayectorias, partidos y posicionamientos ideológicos completamente distintos. Sin embargo, reciben formas de agresión notablemente similares.

La variable común no es la ideología.

Es el género.

Por eso la violencia digital contra las mujeres no puede analizarse únicamente como un problema de moderación de contenidos o convivencia en redes sociales.

Se trata de una barrera política. Una barrera que busca instalar la idea de que las mujeres deben justificar permanentemente su presencia en espacios de decisión.

Una barrera que intenta reducir credenciales académicas a vínculos personales, propuestas de gestión a estereotipos y liderazgo a características físicas.

El relevamiento muestra que la violencia política digital no es un fenómeno aislado ni espontáneo. Posee patrones reconocibles, mecanismos repetidos y formas de validación social que permiten su reproducción. Comprender cómo funciona es el primer paso para enfrentarla.

La agresión es apenas un eslabón en la cadena de violencias. Hay otros que directamente impiden la participación de la mujer. El estudio de Chini señala que en el 2019 hubo en Misiones 54 candidatas a intendentas y legisladoras, el mayor número alcanzado de candidatas, luego de implementarse la Ley de Paridad de Género. 

Ese año y en los siguientes desde el actual “Observatorio de la Trama Social para un Proyecto Regional de Desarrollo Sustentable” de la Universidad de la Integración Sudamericana se consultó a mujeres y hombres sobre cuál es el factor que influye para que la mujer participe o no en política, ya sea en listas a cargos y/o en espacios de toma de decisiones. Las respuestas hacían referencia en primer lugar a la falta de recursos económicos con los que cuentan las mujeres para llevar adelante una campaña y la falta de apoyo para que puedan conseguirlos; en segundo lugar a la violencia política por razones de género, tanto digital como presencial y como tercera opción a la doble carga de trabajo: profesional y doméstica. 

“El rol de la mujer es cuidar a su familia”; “la mujer no debe trabajar y debe estar lejos de la política” fueron algunas de las frases recuperadas. 

Un 58% de las personas encuestadas consideraba que los tipos de liderazgo son básicamente iguales, el 31% pensaba que son diferentes, pero de todas maneras no las eligen a la hora de preguntar sobre si las votarían y un importante número indicaba que es más fácil para los hombres acceder a cargos políticos.

Aunque hemos avanzado mucho, la realidad es que la “cancha” sigue estando bastante inclinada. 

1. La “doble jornada” y la carga de cuidados

Esta es, quizás, la barrera más persistente. Socialmente, todavía se espera que las mujeres sean las principales responsables del hogar y el cuidado de hijos o familiares dependientes.

El conflicto de tiempo: La política exige horarios impredecibles y reuniones, lo cual se enfrenta con las responsabilidades domésticas.

El costo de oportunidad: Mientras un candidato suele tener una estructura de apoyo en casa, muchas candidatas deben gestionar la logística familiar antes de salir a una reunión.

2. Violencia política por razón de género

No se trata solo de críticas a la gestión, sino de ataques dirigidos por el simple hecho de ser mujer.

Acoso en redes sociales: Las candidatas reciben significativamente más insultos personales, amenazas de violencia sexual y comentarios sobre su apariencia que sus colegas varones.

3.Deslegitimación: Se cuestiona su inteligencia, su salud mental o se asume que llegaron ahí por “ser la esposa de” o por favores personales.

Gran parte de la política ocurre fuera de las oficinas: en cenas, partidos de fútbol o reuniones informales donde se cierran acuerdos y se designan candidaturas.

Exclusión: Al ser espacios históricamente masculinos, las mujeres suelen quedar fuera de estos círculos de confianza donde se reparte el poder real.

Falta de mentoría: Hay menos referentes mujeres en niveles altísimos que puedan “abrir camino” o mentorizar a las nuevas generaciones.

4. La brecha de financiamiento

Acceso al capital: Las redes de donantes suelen estar concentradas en hombres de negocios que, por sesgos inconscientes, tienden a invertir en candidatos que se parecen a ellos.

Percepción de riesgo: Algunos partidos políticos siguen viendo las candidaturas femeninas como “arriesgadas” o menos competitivas, destinándoles menos recursos económicos.

5. El sesgo mediático y los estereotipos

La prensa y la opinión pública a menudo evalúan a las mujeres con una vara distinta:

El escrutinio estético: Se habla más de su ropa o de su tono de voz que de sus propuestas legislativas.

El dilema de la competencia: Si una mujer es firme, se la tacha de “agresiva” o “difícil”; si es empática, se la considera “débil” o emocional.

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