La caída sostenida de la natalidad en la Argentina dejó de ser un dato estadístico para transformarse en una señal de alerta sobre el futuro económico, social y previsional del país. En la última década, los nacimientos descendieron más de un 40 %, según el Observatorio del Desarrollo Humano de la Universidad Austral. En ese contexto, Misiones -históricamente una de las provincias con mayor dinamismo poblacional- atraviesa un cambio demográfico profundo que redefine su estructura social.
En 2024, Misiones alcanzó su tasa bruta de natalidad más baja desde al menos 2003: 12,7 nacimientos por cada mil habitantes, de acuerdo con la Sala de Situación del Ministerio de Salud Pública provincial. Hace apenas una década, esa cifra duplicaba el actual registro: 23,9 por mil en 2015.
En números absolutos, durante 2024 se contabilizaron 16.680 nacimientos, la mitad de los que se registraban veinte años atrás.
La capital provincial, Posadas, concentró la mayor cantidad de nacimientos (4.195), seguida por Oberá (1.649), Guaraní (1.419), Iguazú (1.382) y Eldorado (1.247). En los departamentos más pequeños, como Concepción, Candelaria o San Javier, las cifras fueron sensiblemente menores, lo que evidencia un fenómeno paralelo de urbanización y concentración poblacional.
El descenso no es uniforme, pero el patrón es claro con un dato saliente: la fecundidad adolescente cayó abruptamente. En 2014 se registraban 97,6 partos por cada mil mujeres de 15 a 19 años; en 2024 la tasa bajó a 38,2. Entre las madres de 14 años, los nacimientos se redujeron más de un 50 %. Si en 2010 había 10.506 madres adolescentes, en 2022 fueron 6.985.
Las causas del fenómeno son múltiples. Por un lado, el mayor acceso a métodos anticonceptivos, la expansión de los derechos sexuales y reproductivos, y el cambio en los valores sociales respecto de la maternidad y la paternidad. Pero también influye el contexto económico, que desalienta la planificación familiar numerosa. El costo de vida, la falta de vivienda propia y la precarización laboral pesan al momento de decidir tener hijos.
“En Misiones, la caída de la natalidad refleja tanto avances en planificación familiar como un desafío futuro en términos de envejecimiento y estructura del empleo”, reconocen técnicos del Ministerio de Salud. Las proyecciones indican que, si la tendencia continúa, la provincia pasará de ser una de las más jóvenes del país a un territorio de crecimiento poblacional moderado, con impacto directo en los sistemas educativo, sanitario y previsional.
El Censo 2010 mostraba que una mujer misionera tenía en promedio 2,5 hijos. Doce años después, el promedio descendió a 1,7, por debajo del nivel de reemplazo generacional (2,1).
La curva se invirtió drásticamente en apenas una generación. En 2004, Misiones tenía más del 46 % de su población menor de 18 años; en el Censo 2022 esa proporción cayó al 32%, aunque sigue siendo la más alta del país.
La consecuencia inmediata es una reducción de los hogares con niños. En 1991, el 56 % de las familias misioneras tenía al menos un menor de 18 años; en 2022 esa cifra bajó a 44 %.
Los sociólogos advierten que el cambio altera la estructura familiar, los patrones de consumo y la demanda de infraestructura educativa y de salud.
Un fenómeno global, un desafío local
La baja natalidad no es exclusiva de la Argentina. Investigaciones de la Universidad de Washington publicadas en The Lancet proyectan que **el 97 % de los países** tendrá una fuerte caída de fertilidad hacia 2100. El planeta, hoy con 8.200 millones de habitantes, podría tener entre 6.300 y 8.800 millones a fin de siglo.
Sin embargo, en economías emergentes como la argentina -y particularmente en provincias como Misiones- el fenómeno se da antes de haber alcanzado altos niveles de desarrollo, lo que amplifica sus efectos sociales.
Una menor natalidad implica menos jóvenes en edad productiva, menos aportes al sistema previsional y mayor presión sobre las generaciones activas.
El debate no es solo demográfico, sino también filosófico y económico. La doctora en Filosofía Danila Suárez Tomé sostiene que el problema no es la baja natalidad, sino que el sistema previsional sigue descansando sobre un modelo pensado para la Argentina de los años ’60: “No se trata de tener más hijos para pagar jubilaciones, sino de repensar cómo cuidamos a las personas a lo largo de toda su vida”.
El dilema es urgente. Si la tasa de fecundidad se mantiene en niveles inferiores al reemplazo, Misiones -como el resto del país- deberá revisar su estructura de empleo, su esquema previsional y su red de cuidados.
En un contexto donde el 43 % del empleo es informal y apenas una fracción aporta al sistema, la sostenibilidad futura dependerá más de reformas estructurales que de la cantidad de nacimientos.
A diferencia de épocas pasadas, en las que el crecimiento poblacional se consideraba un indicador de desarrollo, hoy las sociedades más educadas y con mayor bienestar tienden a tener menos hijos.
El desafío para Misiones y para la Argentina es cómo adaptar las políticas públicas -de salud, educación, empleo y previsión- a una nueva realidad donde nacer será cada vez menos frecuente.
Misiones alcanzó en 2024 la tasa bruta de natalidad más baja desde al menos 2003, con apenas 12,7 nacimientos por cada mil habitantes. El dato, elaborado por la Sala de Situación del Ministerio de Salud Pública provincial, marca una caída sostenida desde 2015, cuando la tasa era de 23,9 por mil. En apenas una década, la natalidad se redujo casi a la mitad.
El descenso es parte de una tendencia demográfica generalizada en Argentina, pero en Misiones el cambio resulta particularmente significativo, considerando que hasta hace pocos años se destacaba como una de las provincias con mayor dinamismo poblacional. En 2004, por ejemplo, la tasa superaba los 26 nacimientos por mil.
Según los datos oficiales, durante 2024 se registraron 16.680 nacimientos en toda la provincia. La mayor parte de ellos se concentró en el departamento Capital, que incluye a la ciudad de Posadas, con 4.195 nacidos vivos, seguido por Oberá (1.649), Guaraní (1.419), Iguazú (1.382) y Eldorado (1.247).
Otros departamentos con cifras relevantes fueron Cainguás (900), General Manuel Belgrano (815) y San Ignacio (785). En el otro extremo, se ubicaron Concepción (127), San Javier (297), Candelaria (358) y 25 de Mayo (385). El informe también contabiliza nacimientos de madres domiciliadas en otras provincias (215) y en otros países (41), que accedieron al sistema de salud misionero.
Causas posibles y desafíos
La drástica reducción de la natalidad en Misiones responde a múltiples factores, entre ellos el aumento del acceso a métodos anticonceptivos, los cambios culturales respecto a la maternidad y paternidad, el retraso en la edad del primer hijo, y un contexto económico que desalienta la planificación familiar numerosa.
Desde el sistema de salud, el dato representa tanto un logro en términos de planificación familiar y autonomía reproductiva, como un desafío a mediano plazo: una natalidad tan baja puede implicar una futura desaceleración del crecimiento poblacional, con efectos sobre la estructura etaria, el mercado laboral y el sistema previsional.
Las autoridades provinciales aún no se pronunciaron oficialmente sobre el impacto proyectado, pero el tema ya comenzó a figurar en el radar de los equipos técnicos.
En 2003, la tasa era de 25 nacimientos por cada mil habitantes. Luego de un pico en 2004 (26,1), comenzó una oscilación con ligeras subas y bajas, hasta marcar un punto de inflexión en 2015. Desde entonces, la curva descendió sin interrupciones: 21,3 en 2016, 20,3 en 2018, 16,1 en 2022 y finalmente 12,7 en 2024.
El dato de este año representa, en términos absolutos, una caída del 50% respecto de los niveles de hace 20 años. Un cambio estructural que redefine el mapa poblacional y los desafíos de la política pública en Misiones.
Las tasas mundiales de fertilidad han estado disminuyendo durante décadas y están alcanzando niveles históricamente bajos. Si bien la población humana ahora supera los 8.000 millones y puede superar los 10.000 millones para 2050, el impulso del crecimiento se está disipando debido a la disminución de su motor más poderoso: la fertilidad. En los próximos 25 años, el este de Asia, Europa y Rusia experimentarán importantes disminuciones demográficas.
Lo que esto significará para el futuro de la humanidad es bastante ambiguo. Por un lado, algunos temen que pueda obstaculizar el progreso económico, ya que habrá menos trabajadores, científicos e innovadores. Esto podría conducir a una escasez de nuevas ideas y a un estancamiento económico a largo plazo. Además, a medida que la población se reduce, la proporción de personas mayores tiende a aumentar, lo que pesa sobre las economías y pone en peligro la sostenibilidad de las redes de seguridad social y las pensiones.
Por otro lado, menos niños y poblaciones más pequeñas significarán menos necesidad de gastar en vivienda y cuidado infantil, liberando recursos para otros usos como la investigación y el desarrollo y la adopción de tecnologías avanzadas. La disminución de las tasas de fecundidad puede estimular el crecimiento económico al estimular una mayor participación en la fuerza laboral, un mayor ahorro y una mayor acumulación de capital físico y humano. La disminución de la población también puede reducir las presiones sobre el medio ambiente asociadas con el cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales y la degradación ambiental.
Es evidente que los responsables de la formulación de políticas se enfrentan a decisiones cruciales para gestionar las tendencias demográficas que se están desarrollando. Las respuestas pueden incluir medidas para fomentar la fecundidad, ajustes en las políticas migratorias, expansión de la educación y esfuerzos para fomentar la innovación. Junto con los avances en digitalización, automatización e inteligencia artificial, la disminución de la población que se avecina plantea un desafío importante, pero también una oportunidad potencial para las economías del mundo.
Tasas de fertilidad
En 1950, la tasa total de fertilidad mundial era de 5, lo que significa que la mujer promedio en el mundo tendría cinco hijos durante sus años fértiles, según la División de Población de las Naciones Unidas. Eso estuvo muy por encima del punto de referencia de 2,1 para la estabilidad de la población mundial a largo plazo. Junto con la baja y decreciente, esto hizo que la población mundial se duplicara con creces en medio siglo, de 2.500 millones de personas en 1950 a 6.200 millones en 2000.
Un cuarto de siglo después, la tasa mundial de fecundidad se sitúa en 2,24 y se prevé que caiga por debajo de 2,1 hacia 2050 (véase el gráfico 1). Esto señala una eventual contracción de la población mundial, que la agencia de la ONU espera que alcance los 10.300 millones en 2084. Las proyecciones de la población mundial en 2050 oscilan entre 8.900 millones y más de 10.000 millones, con tasas de fertilidad entre 1,61 y 2,59.
Estas tendencias de fecundidad y población total se mantienen en gran parte del mundo. Entre 2000 y 2025, las tasas de fecundidad disminuyeron en todas las regiones del mundo de las Naciones Unidas y en todos los grupos de ingresos de los países del Banco Mundial. Lo más probable es que esto continúe durante los próximos 25 años, lo que indica una futura despoblación mundial.
Las excepciones a esta tendencia son África y varios países de bajos ingresos de otros continentes donde las tasas de fecundidad siguen siendo de 4 o más. A medida que disminuya el número de habitantes en otros lugares, es probable que la proporción de África en la población mundial aumente del 19 por ciento en 2025 al 26 por ciento en 2050.
En medio de la transición de tasas altas a bajas de fecundidad y mortalidad, la disminución de la población se está acelerando. Durante el próximo cuarto de siglo, 38 naciones de más de 1 millón de personas cada una probablemente experimentarán disminuciones demográficas, en comparación con 21 en los últimos 25 años. La pérdida de población en el próximo cuarto de siglo será mayor en China con una caída de 155,8 millones, Japón con 18 millones, Rusia con 7,9 millones, Italia con 7,3 millones, Ucrania con 7 millones y Corea del Sur con 6,5 millones (gráfico 2). En términos relativos, las tasas medias anuales de disminución de la población serán más altas, del 0,9%, en Moldova y en Bosnia y Herzegovina; 0,8 por ciento en Albania, Bulgaria y Lituania; y el 0,7 por ciento en Letonia y Ucrania.
El vínculo entre tasas de fecundidad inferiores a 2,1 y la despoblación no es inquebrantable. Por ejemplo, en 6 de los 21 países con tasas medias de fecundidad inferiores a 2,1 y menos nacimientos que defunciones durante 2000–25, la inmigración impidió la despoblación.
Los patrones recientes y proyectados de disminución de la población generalmente difieren en naturaleza e intensidad de los de episodios históricos prominentes. Esos casos de despoblación no reflejaron principalmente opciones de fertilidad, sino más bien migraciones masivas y choques maltusianos de mortalidad como hambrunas, genocidios, guerras y epidemias. Ciertamente, las perspectivas para las poblaciones de Rusia y Ucrania reflejarían los tres años de guerra en curso tras la invasión de Moscú en febrero de 2022.
Las situaciones anteriores también diferían en duración e intensidad. Durante la peste negra de 1346-1353, Europa occidental perdió más de una cuarta parte de su población a causa de la peste bubónica, lo que corresponde a una tasa media anual de disminución de la población del 4 por ciento o más. En comparación, la población de Moldavia, el país que se está despoblando más rápidamente en este siglo, ha disminuido aproximadamente un 1 por ciento anual desde el año 2000.
La baja fertilidad también alimenta un fenómeno relacionado: el envejecimiento de la población. Esto amplifica los desafíos económicos, sociales y políticos que enfrentan los países con poblaciones cada vez más reducidas. Entre 2025 y 2050, la proporción de la población de 65 años o más en los países que experimentan una disminución de la población casi se duplicará, del 17,3% al 30,9%. En los países cuya población no está disminuyendo, ese grupo de edad se expandirá del 3,2 por ciento al 5,5 por ciento.
Desafíos de la baja fertilidad
La baja fecundidad y la despoblación pueden obstaculizar el progreso económico y social. Menos nacimientos y poblaciones más pequeñas significan naturalmente menos trabajadores, ahorradores y gastadores, lo que podría hacer que la economía se contraiga.
La escasez de investigadores, inventores, científicos y otras fuentes de ideas innovadoras basadas en las personas también podría perjudicar el progreso económico. En un artículo de 2022, el economista de Stanford Charles Jones sostiene que las implicaciones de la baja fertilidad incluyen una caída en el número de nuevas ideas, lo que podría estrangular la innovación y provocar un estancamiento económico.
Mientras tanto, las crecientes proporciones de personas mayores que a menudo acompañan a la baja fertilidad y la despoblación también pueden pesar sobre el crecimiento. Las personas más jóvenes tienden a impulsar la innovación. Las personas mayores trabajan y ahorran menos que los jóvenes, y crean cargas significativas para los trabajadores en edad productiva debido a las necesidades de cuidados a largo plazo y al gasto en salud y seguridad económica.
El crecimiento lento o negativo de la población de una nación en relación con otros países puede traducirse en menos poderío militar e influencia política en el escenario mundial. Por ejemplo, algunos historiadores atribuyen la derrota de Francia en 1871 en la guerra franco-prusiana a la baja fertilidad y la lenta tasa de crecimiento de la población que se derivaron del uso temprano y generalizado de la anticoncepción entre las parejas casadas en Francia.
Oportunidades económicas
Pero hay fuerzas compensatorias. Menos niños y poblaciones más pequeñas significan menos necesidad de gastar en vivienda y cuidado infantil. Estos recursos podrían reasignarse a la investigación y el desarrollo, la adopción de tecnologías avanzadas y la mejora de la calidad de la educación. La disminución de la fecundidad también puede estimular el crecimiento económico al aumentar las tasas de participación en la fuerza laboral, especialmente entre las mujeres, así como el ahorro y la acumulación de capital. Este fenómeno siguió al fin del baby boom posterior a la Segunda Guerra Mundial y alimentó un dividendo demográfico en muchos países, contribuyendo hasta 2-3 puntos porcentuales al crecimiento del ingreso per cápita.
Las características productivas de una población ocupan un lugar más destacado que su tamaño en la definición de su capacidad para la creación de conocimiento y la innovación. El número de personas sanas y bien educadas representa el capital humano que contribuye a los avances en el conocimiento y determina el progreso tecnológico y el crecimiento económico. En su libro The Journey of Humanity: The Origins of Wealth and Inequality, el economista de la Universidad de Brown, Oded Galor, sostiene que la disminución de la fertilidad y el aumento de la educación conducirán a la formación de capital humano y a aumentos a largo plazo de la prosperidad.
La disminución de la población también puede mejorar el bienestar social si reduce las presiones ambientales, como la contaminación de la tierra, el aire y el agua; cambio climático; deforestación; y la pérdida de biodiversidad.
Adaptación y reestructuración
¿En qué circunstancias deberían los responsables de la formulación de políticas tratar de abordar la disminución de la fecundidad y qué medidas deberían aplicar?
Esas son preguntas difíciles. No hay nada intrínsecamente malo en que una economía se expanda o se contraiga junto con su población. En cualquier caso, las políticas de fertilidad efectivas son notoriamente difíciles de conseguir. Es posible que la caída de las tasas de natalidad sea una clara expresión de las preferencias sociales que simplemente deberíamos aceptar. Los problemas tienen que ver con los efectos secundarios, como la disminución del PIB per cápita, el estancamiento de la innovación y el crecimiento, y los desafíos de apoyar a una población que envejece.
Esas amenazas ya han llevado a algunos países que se enfrentan a una fecundidad en declive o a una fecundidad baja a aplicar medidas para estabilizar o aumentar las tasas de natalidad. Corea del Sur reportó recientemente un aumento en las tasas de fertilidad por primera vez en nueve años. China abolió su política de un solo hijo. Japón introdujo modalidades de trabajo flexibles. Y varios países europeos están revisando sus sistemas de seguridad social para garantizar la sostenibilidad.
Los responsables de la formulación de políticas podrían desplegar una serie de políticas favorables a la familia para fomentar el aumento de la fecundidad, aunque un mayor número de niños crea sus propias tensiones económicas, y una fuerza laboral ampliada tardaría dos décadas en materializarse. Esas políticas podrían tratar de lograr un mejor equilibrio entre el trabajo y las responsabilidades familiares. Podrían incluir exenciones fiscales para las familias numerosas, políticas de licencia parental extendidas y más flexibles, cuidado infantil público o privado subsidiado y subsidios para el tratamiento de la infertilidad.
Los avances en el acceso y la calidad de la educación también podrían contribuir a mejorar la capacidad de innovación de la población. Esto permitiría a una sociedad crear más valor a través del trabajo, elevando el bienestar individual y social.
Los cambios en la política de jubilación, como el aumento de la edad de jubilación, tienen un potencial considerable para prevenir la reducción de la fuerza laboral al eliminar los desincentivos para trabajar más tiempo. Las políticas relacionadas con la baja fertilidad y la despoblación pueden ser más fuertes en combinación que en aislamiento. Inversiones sólidas en la salud y la educación de los jóvenes y los adultos en edad productiva pueden permitir que las personas estén lo suficientemente sanas y bien capacitadas para trabajar de manera productiva mucho más allá de la edad tradicional de jubilación.
Los responsables políticos deben tener en cuenta la evolución del panorama laboral, en particular el aumento de la digitalización, la robótica, la automatización y la inteligencia artificial. Si bien estas herramientas ofrecen un potencial tentador, su evolución no solo afectará los tipos de trabajos disponibles y cómo se realizan, sino que también alterará las formas en que los trabajadores interactúan socialmente. Esto también podría tener implicaciones significativas para los niveles y patrones de fertilidad.
El mundo está experimentando un cambio demográfico dramático, desde el rápido crecimiento de la población durante el siglo pasado hasta la despoblación en el siglo actual. La incesante y precipitada caída de la fecundidad es el principal motor de esta transición, que también implica un aumento sin precedentes históricos del número de personas de edad avanzada. Los responsables de la formulación de políticas harían bien en prestar mucha atención a la evidencia emergente y al discurso mundial sobre las consecuencias económicas y sociales de estos cambios demográficos. Es posible que no acepten todas las consecuencias, pero al menos podrán señalar estrategias plausibles para abordarlas.
DAVID E. BLOOM, es profesor de economía y demografía en la Universidad de Harvard. Escuela Chan de Salud Pública.
MICHAEL KUHN, es director del Programa de Fronteras Económicas del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados.
KLAUS PRETTNER, es profesor en la Universidad de Economía y Negocios de Viena.
Ravi Sadhu, asistente de investigación de la Facultad de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard, también contribuyó a este artículo.
De 777.012 a 495.295 nacimientos anuales: un descenso en la natalidad, que presenta desafíos en el ámbito educativo, ¿Qué opinan los expertos?
La tasa de natalidad en Argentina ha experimentado un descenso del 36% entre 2014 y 2022, pasando de 777.012 a 495.295 nacimientos anuales. Esta tendencia, según advierte Argentinos por la Educación, tendrá un impacto significativo en el sistema educativo, con una caída proyectada del 31% en la matrícula escolar en los próximos años.
Flavio Buccino, referente de la organización y especialista en gestión educativa, señaló en CNN Primera Mañana que este fenómeno no es exclusivo de Argentina, sino un desafío global que se observa desde hace décadas. Sin embargo, destacó que esta situación representa una “oportunidad” para transformar el sistema educativo.
“Es un fenómeno raro“, explicó Buccino, “porque tradicionalmente la baja natalidad se asociaba a países con alta calidad de vida. Ahora, la vemos en países en desarrollo como Argentina, lo que nos obliga a analizar otras variables”. En este sentido, señaló a la desigualdad como un factor clave, ya que la caída de nacimientos no se distribuye de manera uniforme en todos los niveles sociales y provincias.
Propuestas para un sistema educativo en transformación
Ante este panorama, Argentinos por la Educación propone tres políticas concretas:
Aulas personalizadas: Mantener el número de aulas y reducir la cantidad de alumnos por clase, lo que permitiría una educación más personalizada.
Más docentes por escuela: Redistribuir el sistema, manteniendo la cantidad de alumnos por aula pero aumentando el número de docentes, lo que abriría más espacios de aprendizaje.
Capacitación docente continua: Mantener la cantidad de alumnos por aula y establecer un sistema de capacitación rotativa para docentes, lo que mejoraría su formación y les daría más tiempo para trabajar con los estudiantes.
Desigualdad en el acceso a la educación
Buccino también abordó la falta de vacantes en la Ciudad de Buenos Aires, afirmando que: “se da entre los 45 días, los jardines maternales, y los cuatro o cinco años, que es el periodo ya donde entramos en el tramo obligatorio de la educación. Ahí es donde hay déficit”.
Destacó que “por ejemplo, Lugano, Villa Soldati, por falta de escuelas, ha abierto más oferta en nivel primario, nivel secundario, durante los últimos años. Sin embargo, siguen faltando. Esto depende de la política, por ejemplo, que sobre oferta en la zona norte de la ciudad por distintos motivos”.
Señaló que la desigualdad en el acceso a la educación es un reflejo de la desigualdad social y económica del país. Afirmó que “la política debiera pensarse intersectorialmente para aprovechar los recursos que tiene tanto la sociedad como los estados, como para poder reordenar esa situación y poder hacer más igual lo desigual. La educación lo que puede aportar es un nivel de mayor calidad, no tanto sólo cantidad, en aquellos sectores en los que más lo necesitan”.
El año pasado, India superó a China y se convirtió en el país más poblado del mundo, según estimaciones de la ONU.Sin embargo, una crisis en la natalidad, obliga a replantearse los controles natales actuales, de cara al futuro.
India, el país más poblado del mundo con cerca de 1.450 millones de habitantes, ha experimentado un drástico descenso en su tasa de fecundidad en las últimas décadas. Si bien se podría pensar que un país con esta magnitud poblacional no necesita fomentar más nacimientos, en las últimas semanas se han comenzado a escuchar voces en favor de un cambio en la política demográfica.
Los líderes de varios estados del sur, como Andhra Pradesh y Tamil Nadu, han planteado la necesidad de incentivar a las familias a tener más hijos debido a las crecientes preocupaciones sobre el envejecimiento de la población, la caída de la tasa de fecundidad y los posibles efectos en la economía y la política.
Hasta hace poco, India había sido conocida por su enfoque proactivo en el control de la natalidad, impulsado por programas de planificación familiar que promovían las familias pequeñas. Sin embargo, en un giro sorprendente, varios estados de la India, en particular los del sur del país, están empezando a replantearse esta estrategia.
En Andhra Pradesh, por ejemplo, las autoridades han propuesto ofrecer incentivos a las familias para que tengan más hijos, citando el envejecimiento acelerado de la población y las bajas tasas de fecundidad. El estado también ha decidido abandonar su “política de dos hijos” para las elecciones locales, un cambio significativo que podría ser replicado por el vecino Telangana.
La disminución de la fecundidad y sus implicaciones
India ha visto cómo su tasa de fecundidad se desplomó de 5,7 nacimientos por mujer en 1950 a una tasa actual de alrededor de dos, lo que está por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 nacimientos por mujer. Este descenso ha sido especialmente marcado en los estados del sur, que ya habían alcanzado este umbral hace años. Por ejemplo, Kerala alcanzó una tasa de fecundidad de reemplazo en 1988, mientras que Tamil Nadu lo hizo en 1993. Actualmente, los estados del sur de India, como Tamil Nadu (1,4), Kerala y Karnataka, tienen tasas de fecundidad inferiores a 1,6, cifras similares a las de muchos países europeos.
Este cambio demográfico no solo tiene implicaciones sociales y culturales, sino que también está afectando la política y la economía del país. La disminución de la población joven en estos estados podría tener un impacto significativo en la representación electoral y en la asignación de escaños en el parlamento. Los estados más poblados del norte, como Uttar Pradesh y Bihar, podrían ganar más representación electoral debido a la delimitación de distritos que se llevará a cabo en 2026, lo que podría resultar en una mayor pérdida de influencia para los estados del sur.
El envejecimiento acelerado: una amenaza para la economía
Uno de los principales desafíos derivados de la disminución de la fecundidad es el envejecimiento acelerado de la población. Según los demógrafos, India está experimentando un envejecimiento mucho más rápido que países como Francia o Suecia. Mientras que en estos países el proceso de envejecimiento de la población tardó más de 100 años, en India se espera que el país pase del 7% al 14% de su población mayor de 60 años en tan solo 28 años. Este fenómeno podría tener efectos devastadores en la economía si no se toman medidas adecuadas.
El envejecimiento de la población está siendo impulsado por la caída en las tasas de natalidad y la mayor longevidad, pero también está relacionado con el éxito de los programas de control de la natalidad. Si bien estos programas han logrado reducir la fecundidad, los demógrafos advierten que India podría enfrentar un futuro en el que habrá menos jóvenes que puedan sostener el sistema económico y social. Esto podría llevar a un aumento de la dependencia de la población mayor y a una carga creciente para el sistema de pensiones y de salud.
Desafíos para los servicios de bienestar social
Un aspecto particularmente preocupante es que la India no cuenta con un sistema robusto de apoyo a la población envejecida. Aunque el país tiene una de las poblaciones más jóvenes del mundo, el rápido envejecimiento está dejando a muchos ancianos sin el apoyo adecuado. Más del 40% de los ancianos indios pertenecen al quintil más pobre de la población, lo que hace aún más difícil el acceso a servicios básicos como atención médica o seguridad social.
El cambio hacia una población mayor también pone en evidencia la insuficiencia de los servicios de salud, los centros comunitarios y los hogares de ancianos en India. Además, la migración de jóvenes hacia áreas urbanas en busca de trabajo está erosionando el modelo tradicional de apoyo familiar. Los expertos advierten que la India necesita urgentemente invertir en infraestructura social, cuidados paliativos y programas de prevención para hacer frente a las necesidades de la población envejecida.
El debate sobre la política de natalidad
La llamada a tener más hijos no solo proviene de los líderes estatales, sino también de algunos grupos ideológicos. Recientemente, Mohan Bhagwat, líder de la organización nacionalista hindú Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), instó a las parejas a tener al menos tres hijos para asegurar el futuro de la India. Según Bhagwat, la disminución de la tasa de fecundidad por debajo de 2,1 podría llevar a la “destrucción” de la sociedad.
Sin embargo, muchos demógrafos consideran que tales preocupaciones son excesivas. Tim Dyson, profesor de la London School of Economics, sostiene que aunque las bajas tasas de fecundidad podrían llevar a un descenso de la población a largo plazo, este proceso será lento y controlable. Dyson subraya que un descenso rápido y descontrolado de la población es un escenario poco probable, especialmente si el país implementa políticas que fomenten un envejecimiento saludable y prolonguen la vida laboral.
Enfoque en un envejecimiento saludable
El reto que enfrenta India es equilibrar su crecimiento económico con el envejecimiento de la población. En países desarrollados que también enfrentan bajas tasas de fecundidad, como Grecia y Corea del Sur, se está invirtiendo en políticas para prolongar la vida laboral y mejorar la productividad entre los trabajadores mayores. Para India, esto significaría extender la edad de jubilación y crear un sistema de seguridad social más fuerte que garantice un envejecimiento activo.
India aún tiene una ventana de oportunidad para aprovechar su “dividendo demográfico”, es decir, el crecimiento económico derivado de una población joven en edad de trabajar. Sin embargo, para maximizar este potencial, el país debe mejorar sus políticas laborales y educativas, crear empleos para la población joven y asignar recursos adecuados para enfrentar el envejecimiento.