New York Times

La fiebre del tesoro paraguaya: ‘Todos los que saben que existe andan tras él’

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CAPIATÁ, Paraguay, New York Times — En las profundidades del corazón subtropical de Sudamérica es temporada de caza.

Enterrados debajo de las calles de tierra color ocre, o tal vez bajo la sombra de los mangos en los campos cercanos, esparcidos en cientos de kilómetros, se encuentran tesoros opulentos… al menos según una fábula que ha inundado el imaginario colectivo de Paraguay durante generaciones.

Los tesoros se conocen como plata yvygüy, en guaraní, el idioma nacional de Paraguay. Principalmente, se cree que el gobierno y la élite asustada de Asunción, la capital, los escondieron a tan solo 20 kilómetros al noroeste, cuando las fuerzas de ocupación avanzaron durante la Guerra de la Triple Alianza, que se peleó contra Brasil, Argentina y Uruguay hace 150 años.

Sin embargo, el paso del tiempo no ha menguado la esperanza de desenterrar toneladas de lingotes, tesoros de monedas de libras británicas y, lo más codiciado de todo, piñas decorativas hechas de oro.

“Paraguay está lleno de plata yvygüy”, comentó Juan Alberto Díaz, de 57 años, buscador de tesoros de tiempo completo que vive en un rincón rural de Capiatá. Los vecinos de Díaz fabrican ladrillos, ahí donde el calor se extiende hasta la tierra como el aliento de un horno. “Todos los que saben que existe andan tras él”.

En años recientes, oficiales de alto rango del ejército, alcaldes, el hermano de un presidente, arquitectos, médicos y jornaleros por igual se han dejado llevar por la leyenda: han planeado expediciones, han descifrado mapas, han barrido sitios con detectores de metales y han cortado franjas de tierra.

En ciertas maneras, es una de las cacerías de tesoros más grande de la era moderna en el continente americano. En distintos países, la naturaleza de estas cacerías ha variado. En Estados Unidos, la búsqueda de un cofre del tesoro escondido por un marchante de arte excéntrico continúa en las Montañas Rocallosas. En Perú, el saqueo de sitios ancestrales en décadas recientes algunas veces ha puesto en peligro la conservación arqueológica del país.

Ana Rosa Lluis O’Hara, directora de Patrimonio en la Secretaría de Cultura, encabeza la lucha para evitar que ocurra algo similar en Paraguay. Tiene un expediente de 64 páginas sobre Díaz y rechaza solicitudes de autorización para hacer excavaciones desde su oficina ubicada en el sótano de la Biblioteca Nacional, amparándose en una ley que protege los artefactos y sitios arqueológicos.

“Es una amenaza para nuestro patrimonio cultural”, exclamó Lluis O’Hara.

La polémica surge debido a que el código civil del país incluye disposiciones que otorgan derechos de propiedad a aquellos que encuentren tesoros escondidos. Sin embargo, las disposiciones no aplican a artículos que tengan valor histórico, incluyendo la mayoría de los artefactos de guerra, según los asesores legales del gobierno.

 

Sentado cerca de un orificio de tres metros de profundidad, cubierto parcialmente con acero corrugado —vestigios de una excavación fallida reciente— Díaz, quien era vendedor de aparatos electrónicos, recordó una audaz excavación que dirigió en 2013 y atrajo la curiosidad de todo el país.

En aquel intento, Díaz y otros varios buscadores de tesoros, autorizados por el entonces alcalde de Capiatá, Antonio Galeano, abrieron un pozo con excavadoras, donde pensaban que habían detectado 13 toneladas de lingotes de oro.

En dos semanas, descubrieron un pesado cofre de acero, recordó Díaz. Sin embargo, para entonces, un fiscal federal había puesto un alto a la búsqueda tras acusar a Díaz de poner en riesgo un importante acuífero, además de ordenar que se rellenara el pozo.

Otro caso sonado se dio en 2006 y contó con la participación de un importante grupo de funcionarios, entre los que se encontraban un juez de la Suprema Corte de Paraguay y un general del ejército, a los que un dentista les había entregado un mapa del tesoro.

Enrique Riera, quien en aquella época era alcalde de Asunción, les otorgó un permiso para buscar en el Parque Caballero, ubicado en el centro de la capital, a condición de que parte de lo que encontraran fuera para la ciudad. No obstante, la búsqueda se vio interrumpida cuando los vecinos llamaron a una estación de radio local, exponiendo al grupo y alertando a los fiscales públicos.

Más recientemente, en 2014, tres hombres murieron en una excavación para buscar un tesoro en uno de los pueblos aledaños a Asunción.

La mayoría de los paraguayos parecen creer la teoría de la plata yvygüy, considerando que es factible que, en medio de una guerra brutal, la élite de Asunción enterrara pequeñas fortunas y los tesoros del Estado se enviaran fuera de la ciudad en vagones de tren y después se escondieran al lado de las vías o en colinas cercanas.

Ahora, los mitos de todo tipo dan color a la búsqueda.

 

“Hay tantas fantasías, cuentos y rumores”, comentó Jorge Rubiani, de 71 años, arquitecto y exsecretario de Cultura de Asunción que ha escrito sobre los tesoros. “La historia se ha reducido a un relato bobo”.

Algunos creen que los tesoros están bajo el resguardo de duendes locales como Karai Pyhare, el llamado Pombero o Señor de la Noche, asignado a proteger la naturaleza. Otros dicen que familias o incluso el gobierno mataron a soldados paraguayos y los enterraron junto con las fortunas con la esperanza de que sus espíritus fungieran como guardianes. Se dice que en medio de la noche, aparecen misteriosas llamaradas fugaces en los lugares donde se encuentran los tesoros.

En sus expediciones, muchos buscadores de tesoros contratan a clarividentes locales para encontrar las fortunas escondidas. Otros recurren a expertos como Francisco Moreno, de 68 años, un trabajador portuario jubilado que tiene una fascinación por la plata yvygüy desde que su abuela le contó de un tesoro que descubrió hacía unos 80 años: una urna de barro llena de monedas españolas.

Los paraguayos que sienten que podría haber un tesoro enterrado en su patio trasero le pagan a Moreno 175 dólares al día para que les haga una visita en su camioneta Mitsubishi equipada con detectores de metales, que también vende a los buscadores de tesoros en ciernes.

Mientras hacía una demostración del funcionamiento de los detectores en su casa de Asunción, flanqueada por higueras y palmeras, Moreno dijo que había desenterrado monedas aquí y allá, aunque nunca había encontrado un botín mayor. A pesar de ello, no desiste.

“Un pesimista nunca triunfa”, dijo Moreno con una sonrisa de oreja a oreja, dejando ver el destello de un diente de oro.

Incluso hay rumores de un conjunto de mapas de origen incierto que detallan las ubicaciones de los tesoros a lo largo de todo el centro de Paraguay, supuestamente elaborados por Domingo Francisco Sánchez, vicepresidente de Francisco Solano López durante la Guerra de la Triple Alianza.

La búsqueda masiva de tesoros envuelve a esta nación a tal grado que cineastas y guionistas se han abocado al tema.

“Se encuentra en el ADN de Paraguay”, explicó Miguel Rodríguez, de 37 años, director de Latas vacías, un largometraje de bajo presupuesto de 2014 sobre buscadores de tesoros rurales. “¿Quién no quiere ganarse la lotería?”.

Las teorías sobre los orígenes de los tesoros abundan, con explicaciones oscuras que incluyen faraones egipcios y placas tectónicas desplazadas. Una teoría popular es que durante la era colonial varios galeones españoles que se dirigían al Atlántico con cargas de metales preciosos de las minas bolivianas se hundieron en el río Paraguay. Otros apuntan a los colonizadores jesuitas en el siglo XVII.

Sin embargo, la principal creencia popular, respaldada por importantes historiadores locales como Alfredo Boccia Romañach, es que familias adineradas enterraron reliquias que incluían joyas, relojes y porcelana durante su escape de Asunción en 1868, cuando Paraguay perdió una batalla decisiva contra los ejércitos dirigidos por los brasileños y el gobierno ordenó que se evacuara la ciudad. Los historiadores afirman que también es muy probable que el presidente en aquellos tiempos de guerra, López, escondiera las reservas gubernamentales de metales preciosos.

La mayoría de estos tesoros, algunos de los cuales se escondieron en cavidades de las paredes, fueron robados por las tropas enemigas que saquearon la ciudad, comentó Boccia Romañach.

“Los brasileños destruyeron Asunción, incendiaron las casas para seguir buscando durante la noche”, comentó Rubiani, el arquitecto. “Probablemente encontraron la mayor parte de los tesoros”.

No obstante, esto no ha disipado el interés de aquellos que andan en busca de un tesoro escondido.

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Un escuadrón de ambientalistas ronda lo profundo de la selva amazónica

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Por En lo profundo de la Amazonía, hay un escuadrón de ambientalistas estudiosos.

Uno de sus miembros trabajó más de una década como activista para una organización sin fines de lucro. Otro estudió la oceanografía del Ártico en Alemania. Su comandante es un exprofesor de preparatoria que enseñaba ciencias.

Juntos han forjado una de las unidades élite de lucha más temidas de América Latina; están en la vanguardia de la lucha de Brasil para frenar la destrucción del Amazonas.

Equipos de tala entran en los bosques de manera ilegal para extraer la codiciada madera noble. El escuadrón de protección identificó un aserradero desde el aire. Credit Lalo de Almeida para The New York Times
Equipos de tala entran en los bosques de manera ilegal para extraer la codiciada madera noble. El escuadrón de protección identificó un aserradero desde el aire. Credit Lalo de Almeida para The New York Times

El comandante del equipo, Roberto Cabral, se rió cuando le pregunté hace poco cómo se unió su unidad de operativos especiales formada por nerds.

“En el universo de actividades ilegales en la Amazonía hay deforestación, extracción de oro, caza de animales salvajes para su consumo, explotación forestal clandestina y contrabando de animales”, dijo Cabral, de 48 años, a quien le dispararon en el hombro en 2015 mientras perseguía a tiradores que arrasaban tramos de bosque. “Queríamos combatir estas actividades con la mente y el cuerpo en el terreno”.

En marzo, me sumé a una sesión de patrullaje agotadora con la unidad de nueve miembros, que tiene el nombre poco glamuroso de Grupo de Inspección Especializado.

El escuadrón, mejor conocido por su sigla en portugués, GEF, opera en algunas de las franjas más anárquicas de la cuenca del Amazonas… lugares tan remotos que toma días llegar a ellos en balsa o camioneta desde el asentamiento más cercano.

Un integrante del escuadrón GEF, por su sigla en portugués, vigilaba mientras el helicóptero que usan para misiones de reconocimiento recargaba combustible en Santa Luiza. Credit Lalo de Almeida para The New York Times
Un integrante del escuadrón GEF, por su sigla en portugués, vigilaba mientras el helicóptero que usan para misiones de reconocimiento recargaba combustible en Santa Luiza. Credit Lalo de Almeida para The New York Times

Frente a estos obstáculos logísticos, el GEF, que opera como parte de Ibama, la agencia de protección ambiental de Brasil, suele patrullar en helicópteros, utilizando imágenes satelitales e inteligencia reunidas a través de las oficinas regionales de Ibama para detectar deforestación y señales de minería ilegal.

La unidad, que Ibama creó en 2014, necesita toda la ayuda que pueda obtener. La deforestación está aumentando nuevamente en la Amazonía brasileña; ascendió al 29 por ciento entre agosto de 2015 y julio de 2016. Casi 809.371 hectáreas de selva fueron destruidas durante ese periodo, según cálculos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales en Brasil.

A pesar de que el GEF trabaja con tecnología de punta, sus misiones a menudo se asemejan a un juego elusivamente frustrante del gato que acecha al ratón.

Integrantes del escuadrón destruyen un aserradero ilegal en la ciudad Centro do Guilherme. Credit Lalo de Almeida para The New York Times
Integrantes del escuadrón destruyen un aserradero ilegal en la ciudad Centro do Guilherme. Credit Lalo de Almeida para The New York Times

El primer día que los acompañé a un operativo en el estado de Maranhão, en los límites del Amazonas, los miembros de la unidad se levantaron a las tres de la mañana.

Vestidos con ropa militar, armadura y cascos a prueba de balas, se colgaron unos fusiles de asalto Taurus en los hombros y viajaron durante horas en una camioneta de tracción de cuatro ruedas por los caminos empedernidos de São Luis, la capital del estado, hasta Santa Inês, un puesto fronterizo en el interior.

Luego esperaron a que el clima mejorara.

Las fuertes lluvias impidieron que los dos helicópteros Bell de la unidad despegaran para patrullar sobre el Maranhão y el vasto estado vecino de Pará. Después de horas de estar detenidos, los helicópteros finalmente despegaron cerca del mediodía; volaron a lo largo de tramos monótonos, por encima de terrenos despejados para la cría de ganado.

“Debes ver el Amazonas desde arriba para saber cuánto se ha devastado”, dijo Mauricio Brichta, de 44 años, un oceanógrafo que se especializaba en el estudio de las algas árticas en el Instituto Alfred Wegener para la Investigación Polar y Marina en Alemania, antes de unirse a Ibama.

“Como te lo puedes imaginar”, agregó con una sonrisa, “en Brasil no había mucha demanda de expertos en regiones del Ártico”.

Un integrante del GEF destruye hornos que se usan para hacer carbón, en un aserradero ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times
Un integrante del GEF destruye hornos que se usan para hacer carbón, en un aserradero ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times

Al igual que casi todos los otros miembros de la unidad —que incluye a ingenieros forestales, un biólogo de vida silvestre, un especialista en pesca e incluso a alguien que trabajaba en publicidad— Brichta dijo que nunca esperó tomar las armas para proteger la Amazonía.

Antes de esta etapa de su vida, era amo de casa en Yakarta y Nueva York, ciudades donde su exesposa trabajaba como diplomática para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil.

Después de regresar a Brasil, Brichta dijo que se sintió atraído a Ibama por el sentimiento de idealismo de la agencia y por los avances que había tenido en reducir las tasas de deforestación después de sus niveles alarmantes a principios de la década anterior.

Cuando se creó el GEF, lo eligieron porque completó un curso de supervivencia extenuante en el que los candidatos aguantan saltos desde helicópteros, trayectos prolongados por la selva, búsqueda de alimentos, tratamiento de mordeduras de serpiente, largas caminatas sin comer ni dormir y entrenamiento para combate con armas y peleas con cuchillos.

Los integrantes del escuadrón se preparan para quemar un tractor y una motosierra usados en la tala ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times
Los integrantes del escuadrón se preparan para quemar un tractor y una motosierra usados en la tala ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times

“Obviamente, este tipo de trabajo no es para todo el mundo”, dijo Eduardo Rafael de Souza, de 39 años, un veterano militar de barba que fuma un cigarrillo tras otro y a menudo es piloto de los helicópteros utilizados para las misiones del GEF.

Los miembros de la unidad regresaron en silencio a Santa Inês después del primer día de patrullajes sin haber logrado mucho después de volar durante horas por encima de remotas vías forestales en busca de grupos de deforestación. Algunos se preguntaban si podría haber soplones en las filas de Ibama que pudieran haber avisado a los madereros sobre el patrullaje que harían.

Al igual que otras partes del gobierno federal de Brasil, Ibama ha luchado con sus propios escándalos de corrupción, los cuales a veces involucraron a inspectores que sirven de dobles agentes para proteger los intereses de los ganaderos o equipos de exploración forestal.

No obstante, los activistas ambientales argumentan que una de las razones principales para la deforestación renaciente en Brasil tiene que ver con esfuerzos para reducir el poder de Ibama; se trata de un paralelo con los planes del gobierno de Trump de reformar la Agencia de Protección Ambiental. Desde 2013, el presupuesto de Ibama se ha reducido en cerca del 46 por ciento.

El escuadrón incendió un tractor usado para la tala ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times
El escuadrón incendió un tractor usado para la tala ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times

 

De cualquier manera, la suerte del GEF cambió en el segundo día de patrullaje.

Al acercarse a tierras indígenas donde las tripulaciones de tala hacen incursiones para extraer ilegalmente maderas codiciadas, el escuadrón vio desde el aire un aserradero improvisado cerca del límite de la Tierra Indígena Alto Turiaçu, hogar del pueblo ka’apor.

“Vi que su helicóptero aterrizaba en un terreno despejado, como una escena salida de una película de Hollywood”, dijo Francinaldo Martins Araújo, de 43 años, quien estaba llegando en su camioneta para comprar retazos de madera desechada del aserradero mientras la unidad avanzaba para hacer su redada.

Los miembros del escuadrón (algunos ocultaban sus rostros con pasamontañas por temor a represalias si sus identidades se hacen públicas) rápidamente pusieron manos a la obra. Incendiaron el aserradero y destruyeron dos hornos con domo utilizados para hacer carbón, antes de despegar otra vez en los helicópteros para dirigirse a su próximo objetivo.

Unos minutos después, volvieron a descubrir un blanco cuando uno de los pilotos vio un camión en una vía forestal. La unidad bajó del helicóptero en un terreno cercano mientras un miembro perforaba el tanque de combustible del camión e incendiaba el vehículo.

En general, el equipo patrulla desde helicópteros, usando imágenes satelitales e información de las oficinas regionales de Ibama, para detectar la deforestación y señales de minería ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times
En general, el equipo patrulla desde helicópteros, usando imágenes satelitales e información de las oficinas regionales de Ibama, para detectar la deforestación y señales de minería ilegal. Credit Lalo de Almeida para The New York Times

Entonces se oyeron gritos en la selva. Durante la búsqueda de la tripulación de tala, dos miembros del GEF tropezaron con un tractor utilizado para transportar árboles talados. Una motosierra, todavía caliente por haber sido utilizada minutos antes, quedó atrapada en un árbol, evidencia de un escape apresurado.

La unidad incendió el tractor y la motosierra antes de reanudar la búsqueda de los leñadores. Todos estaban nerviosos. En un operativo similar a este en una jungla cercana, Cabral, el comandante del GEF, fue sorprendido por los disparos de un leñador que huía.

Esta vez no hubo disparos, pero los leñadores lograron escapar del escuadrón y huyeron a la selva. Un piloto transmitió por radio las coordenadas del punto de exfiltración, y la unidad comenzó el largo trayecto de regreso a los helicópteros en medio de una humedad tan espesa que podría cortarse con un cuchillo.

Empapados de sudor mientras abordaban los helicópteros, los miembros del escuadrón pudieron ver el humo que salía de los vehículos destruidos, una pequeña victoria en la batalla contra la deforestación.

“Nunca soñé que tendría un rifle en mis manos para defender la Amazonía”, dijo un miembro de 44 años del GEF, un exactivista ambiental que se negó a revelar su nombre debido a cuestiones de seguridad. “Pero esto es una guerra y las guerras pueden abrirte los ojos para que veas lo que se debe hacer”.

 

 

 

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Después de una primera vuelta ajustada, Ecuador elige al sucesor de Rafael Correa

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QUITO, New York Times — A las cinco de la tarde del 19 de febrero de 2017, en Ecuador se anunciaron dos victorias electorales. En una, Lenín Moreno, el candidato presidencial por el partido oficialista Alianza País se declaraba el nuevo presidente de Ecuador. Según la encuesta a boca de urna de la consultora Opinión Pública —difundida por Ecuador TV, el canal estatal de televisión— Moreno, exvicepresidente de Correa, había obtenido más del cuarenta por ciento de los votos válidos y una ventaja de más de diez puntos sobre el segundo candidato más votado, el opositor Guillermo Lasso. Según la ley ecuatoriana, ese margen de votos le daba la presidencia sin necesidad de un balotaje. “Hemos ganado las elecciones en justa ley”, dijo Lenín Moreno.

A la misma hora, pero más de cuatrocientos kilómetros al sur, en Guayaquil, Lasso daba como cierta la información de la encuestadora Cedatos: según sus números, Moreno no llegaba a la meta del cuarenta por ciento y Lasso lo seguía nueve puntos detrás. “Más del 60 por ciento de los ecuatorianos le dijo No al gobierno, ellos quieren un cambio”, dijo Lasso, y anticipó que, con el paso de las horas, la diferencia de votos se iba a reducir, confirmando la segunda vuelta.

Hace diez años que el Ecuador no va a una segunda vuelta como lo hará este domingo 2 de abril de 2017. La última fue en noviembre de 2006, cuando Rafael Correa derrotó al excéntrico magnate bananero Álvaro Noboa. Desde entonces, el país había vuelto a votar dos veces más por presidente (en 2009 y 2013) y en ambas ocasiones, Correa ganó en la primera ronda.

La tensión callejera, los gritos de fraude de lado y lado y los rumores sobre descontentos militares que se reprodujeron en los días posteriores a la primera vuelta, eran un síntoma de la fragmentación que ha sufrido el país desde siempre, y que se profundizaron durante la década de gobierno de Correa.

Recién la noche del 22 de febrero, Juan Pablo Pozo, presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció oficial y solemnemente que habría una segunda vuelta. Horas antes, en un encuentro con medios internacionales, Correa reconoció que su partido había quedado “a medio punto de ganar en primera vuelta” y dijo que contemplaba la posibilidad de que su partido —que tendrá una apretada mayoría en el congreso— aplicara el mecanismo legal de muerte cruzada (un recurso constitucional que le permite tanto al presidente como a la asamblea cesar al otro en sus funciones con la obligación de convocar a elecciones presidenciales y legislativas). Su anuncio tuvo tono de amenaza: “La mejor forma de tenerme lejos un tiempo es que se porten bien. Si se portan mal nos vemos en un año y los volvemos a derrotar”.

El 10 de marzo de 2017 arrancó oficialmente la campaña que terminará en la elección del 2 de abril de 2017. Muy pronto el país se partió entre quienes votarán por Lasso por convicción o por salir del correísmo, y quienes creen que Moreno permitirá ampliar la oferta de servicios sociales e infraestructura que le dio alta popularidad al gobierno de Alianza País.

La caída sostenida de los precios del petróleo desde 2015, la apreciación del dólar —que Ecuador usa como moneda propia y que no puede devaluar— han puesto al Ecuador en una crisis económica que causó la pérdida de casi 350 mil empleos en un año. Sumada a los efectos del terremoto de 7,8 grados de intensidad que destrozó pueblos enteros en las provincias costeras de Manabí y Esmeraldas en abril de 2016, los casos de corrupción en Petroecuador —la compañía estatal petrolera—, la denuncia de que la constructora brasileña Odebrecht habría pagado sobornos a funcionarios ecuatorianos entre 2007 y 2016, y sin su mejor carta electoral —el presidente Correa— la permanencia en el poder de Alianza País parece, por primera vez desde su ascenso, en riesgo.

Cedatos, la consultora que atinó el pronóstico de que habría una segunda vuelta, publicó el 21 de marzo su más reciente encuesta: Moreno aventaja a Lasso 52,4 por ciento a 47,6 por ciento. Hay un margen de error del 3,4 por ciento en esa medición. Es un empate técnico que otras firmas corroboran, aunque unas pocas como Opinión Pública —la misma que anunció que no habría balotaje— dicen que Moreno adelanta a Lasso con más de catorce puntos.

La elección del domingo 2 de abril cerrará una campaña que ha sido descarnada y que en los últimos días tuvo un incidente de violencia: el 28 de marzo, cuando salía del estadio Olímpico Atahualpa de Quito, después de ver el partido de las eliminatorias al mundial de Rusia 2018 entre Ecuador y Colombia, una turba recibió a Guillermo Lasso y su esposa, María de Lourdes Alcívar, afuera del estadio. Primero lo abuchearon y después le lanzaron las vuvuzelas que habían llevado. Lenín Moreno rechazó la violencia, pero el candidato a Vicepresidente de Alianza País, Jorge Glas, dijo que podía haberse tratado de un autoatentado para victimizarse. La declaración sigue la tónica general de una competencia de entradas desleales, de insultos y amenazas.

El último tramo de la carrera electoral de 2017 se ha parecido más a una pelea de vida o muerte que a un proceso democrático. Para muchos en Ecuador es, más que elegir un presidente, una manera de recuperar la democracia de las manos de un gobierno autoritario y corrupto. Para otros es la batalla por evitar el regreso al poder de las élites que causaron el feriado bancario, la mayor crisis económica y social de la historia del Ecuador, y de la que acusan a Guillermo Lasso de ser parte.

La realidad es que, pase lo que pase el 2 de abril, al día siguiente el Ecuador seguirá ahí, con los desafíos intactos. Podría ser un momento propicio para que —gane quien gane— el país aproveche el fin de la hegemónica presencia de Rafael Correa en el debate público para intentar una reconciliación que hoy —a pocas horas de votar por su sucesor— parece lejana.

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Mientras Trump promete un muro, el peso mexicano se fortalece

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¿Pueden adivinar qué divisa ha subido más desde la toma de posesión de Donald Trump como presidente?

Voy a darles una pista: se relaciona con un “gran gran muro” a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos.

De todas las monedas importantes, el peso mexicano es la que se ha fortalecido más desde el 20 de enero, el día en que Trump se convirtió en presidente. En su discurso inaugural, Trump se comprometió a: “Recuperar nuestros trabajos y recuperar nuestras fronteras”, haciendo alusión a México. Desde entonces, el peso mexicano ha experimentado un alza de más del 15 por ciento.

Lo más sorprendente es que, durante la campaña presidencial estadounidense, la suerte del peso en los mercados estuvo vinculada a la fortuna política de Trump. La conexión no ha sido perfecta, pero su relación ha sido cercana y muy incómoda, y ahora ha dado un giro inesperado.

Es necesario recordar que, en la noche de la sorprendente victoria electoral de Trump, el peso experimentó de inmediato una terrible caída, pues se desplomó 12 por ciento con respecto al dólar. Ese desplazamiento coincidió con los patrones observados a lo largo de la campaña presidencial. Cuando mejoraban las probabilidades de Trump, caían los pronósticos del peso. Cada vez que Trump alzaba el tono de sus promesas de construir un muro en la frontera mexicana, expulsar a los bad hombres o aplicar medidas severas para controlar la inmigración, el peso se depreciaba.

Por eso resultan tan interesantes los datos de los mercados de divisas. El peso no batalla en absoluto ahora; por el contrario, está muy fortalecido.

Desde la toma de posesión de Trump, comparado con una canasta de monedas de todo el mundo, el peso mostró el mejor desempeño, con un alza del 15,2 por ciento, según Bloomberg. Desde principios de año ocupó el segundo lugar, con un alza de cerca del 7,3 por ciento, en comparación con el 7,5 por ciento del rand sudafricano.

Quizá el peso todavía sea un reflejo de la presidencia de Trump. De ser así, es posible que los tipos de cambio nos quieran decir que las políticas del gobierno de Trump ya no se consideran tan dañinas para México ni para otros mercados emergentes.

Existen varias explicaciones posibles para esta situación.

Para empezar, ahora que algunos miembros importantes de la administración de Trump ya ocupan puestos específicos y comienzan a trabajar, las declaraciones de quienes en realidad diseñan políticas son menos inquietantes que las del mismo presidente.

Aunque el gobierno insiste en que desea renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, Peter Navarro, el principal asesor comercial de Trump, afirmó el 15 de marzo que Estados Unidos y México pueden “crear una potencia regional que beneficie a ambos países”, según Bloomberg. Y Wilbur Ross, el nuevo secretario de Comercio, hizo la siguiente declaración en una entrevista para la CNBC: “Creo que si tanto nosotros como los mexicanos elaboramos un tratado comercial muy sensato, el peso mexicano podría experimentar una gran recuperación”.

No habrá un nuevo tratado comercial pronto; apenas se han dado los primeros pasos en el proceso de una posible renegociación del TLCAN. Pero el hecho es que el peso ha comenzado a recuperarse. Su tipo de cambio se ubica alrededor de 18,8 pesos por dólar, a una distancia considerable del rango en que se encontraba justo antes de la elección de Trump.

También los funcionarios mexicanos han respaldado al peso. El 23 de marzo, el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, informó a Bloomberg que pese a su buen desempeño el peso todavía está hasta un diez por ciento por debajo de su valor, aunque “existen dudas significativas, pues no sabemos con exactitud cómo serán las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos”. Asimismo, Carstens recalcó que tanto el banco como la Secretaría de Hacienda y Crédito Público seguirán haciendo lo posible por estabilizar al peso. El banco central ha aumentado las tasas de interés en las últimas cuatro reuniones al 6,25 por ciento.

Otras monedas de mercados emergentes han mostrado un buen desempeño desde principios de año; si bien el aumento del peso mexicano fue el más notorio, no se trata de un caso aislado. El won surcoreano, el dólar taiwanés y el real brasileño han experimentado aumentos considerables, a pesar de que la Reserva Federal de Estados Unidos ha aumentado las tasas de interés, una medida que puede haber creado incertidumbre en los mercados de divisas.

Entre las monedas de los mercados emergentes, el peso mexicano es la moneda más negociada y su volatilidad se debe en parte a la marea alta que experimentan todos esos intercambios. Otro factor que beneficia al peso es el simple regreso al promedio, pues llevaba mucho tiempo debilitado, incluso antes de su infortunado encuentro con Trump, así que ya era hora de un alza. Algunos analistas pronostican que es probable que el peso mexicano siga mejorando durante algún tiempo.

Por supuesto, existe otra posibilidad intrigante: es posible que la fuerza del peso refleje una confusión evidente en el gobierno de Trump, una situación que podría revertirse con facilidad.

Durante la temporada de campaña, por ejemplo, también subió el peso. Ocurrió en momentos en que Trump parecía debilitarse. En la noche del 26 de septiembre, por ejemplo, cuando Hillary Clinton obtuvo un resultado particularmente bueno en un debate y Trump no lució muy bien, remontó el valor del peso, al igual que el índice Standard & Poor 500 para futuros. El consenso generalizado fue interpretar esos movimientos como una evaluación de las posibilidades de Trump en las elecciones presidenciales.

Quizá ahora estén votando los mercados financieros. Sin embargo, por lo menos en un aspecto, las finanzas no son como la política: los mercados votan una y otra vez, miles de veces cada día, así que la tendencia al alza del peso no será eterna.

 
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Una de las mejores playas de Brasil se esconde en lo más profundo de la selva

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ALTER DO CHÃO, Brasil, New York Times — Aunque está alejado del mar y en un rincón remoto de la selva amazónica, Alter do Chão debe ser uno de los pueblos de playa más seductores del mundo.

Las playas de arena blanca a lo largo del río Tapajós atraen a los visitantes que vienen en auto hasta desde Cuiabá, una ciudad sin salida al mar ubicada casi 1600 kilómetros al sur. Las aguas claras y cálidas atraen a practicantes de snorkel y surf de remo.

¿Y si solo quieres relajarte? Siéntate en un café, toma una botella de cerveza Tijuca helada y contempla el sol que se asienta sobre las crestas boscosas repletas de especies silvestres como perezosos y monos aulladores.

Este año, durante un viaje a la cuenca del Amazonas, escapé a Alter do Chão unos días después de escuchar relatos acerca de su áspera belleza. Me preguntaba si en Brasil, un país con más de 7400 kilómetros de costa, una de las mejores playas realmente podría estar situada al interior más profundo e indomable de la selva tropical más grande del mundo.

“Si quieres experimentar el verdadero Alter, tendrás que comer hormigas”, dijo Pitó, de 55 años, un indígena cumaruara que guía a los visitantes en excursiones a través de la selva. Sacó una hormiga saúva del suelo de la selva y me retó a comerla. Era crujiente y deliciosa como una roseta de maíz, con toques de limoncillo.

No podría haber pedido un mejor guía que Pitó, cuyo nombre completo es Raimundo Gilmar Faria da Costa. En tan solo unas horas me enseñó a cazar con arco, navegar una canoa, pescar con arpón, sangrar un árbol de caucho e incluso decir unas palabras de nheengatú, la lengua franca indígena que ha persistido durante siglos cerca del Amazonas.

“Apuesto a que no puedes encontrar estas cosas en Ipanema”, dijo Pitó, bromeando sobre la legendaria playa de Río de Janeiro, la ciudad costera donde he vivido durante seis años.

Desde luego, Pitó estaba en lo correcto. Para vivir una experiencia extraordinaria en la playa brasileña, uno debe viajar hasta Alter, que se siente como un oasis de tranquilidad en un país que enfrenta una prolongada crisis económica, colosales escándalos de corrupción y una creciente polarización política.

Alter no siempre fue visto como una ciudad de playa en la selva tropical. Pedro Teixeira, un explorador portugués que encabezó expediciones hacia el Amazonas con el objetivo de esclavizar a los pueblos indígenas, estableció un puesto colonial aquí en 1626.

Sin embargo, durante siglos Alter siguió siendo un remanso, excepto porque atraía a residentes de Santarém, la ciudad vecina, y algún que otro aventurero.

El naturalista británico Henry Walter Bates llegó aquí en la década de 1850 y dijo que Alter era “un lugar descuidado y pobre”.

“Las casas del pueblo estaban llenas de bichos, murciélagos en la paja, hormigas de fuego (formiga de fogo) bajo los pisos, cucarachas y arañas en las paredes”, escribió.

A pesar de estas reservas, Bates logró apreciar este lugar, pues se distraía en las playas de Alter después de realizar investigaciones en el bosque circundante acerca del mimetismo animal que respaldaba la teoría evolutiva de Charles Darwin.

 

“La suave luz pálida que descansa sobre extensas playas de arena y cabañas de palma, reproducía el efecto de una escena invernal en el norte frío cuando una capa de nieve se encuentra en el paisaje”, escribió Bates en El naturalista por el Amazonas.

El invierno no fue lo primero que me vino a la mente cuando exploré el soleado Alter a pie.

En el clima caluroso, la gente usaba el mismo tipo de ropa de playa que prevalecía en Río, desde bikinis hasta trajes de baño. La frondosa plaza tenía un ambiente suave con los vendedores que ofrecían tazones de açaí con tapioca. En las cafeterías, los visitantes saboreaban platos de pescados amazónicos como el pirarucu y el tucunaré.

“Este lugar es pacífico y mágico, a diferencia del lugar de donde vinimos”, dijo Alexis Álvarez, de 29 años, un tatuador de Venezuela que se mudó recientemente con su esposa, una maestra de escuela, y su hija de un año; buscaban refugio en Brasil debido a la escasez de alimentos y medicinas por la crisis económica de Venezuela.

“Nos sentimos como en casa en Alter”, dijo Álvarez, quien vende joyas que fabrica junto con su esposa. “Creo que estamos aquí para quedarnos”.

El escritor y explorador Alex Shoumatoff se mostró cautivado por Alter cuando visitó el lugar en 1977; lo describió como “el primer lugar al que iría cuando finalmente dejara de intentar encajar en el mundo moderno”.

Pero las cosas cambian rápidamente en el Amazonas. Debido a la construcción de una carretera que atraviesa la cuenca, Shoumatoff regresó en 1984 y vio que Alter estaba irreconocible, con adolescentes “que bebían refresco, hacían esquí acuático, paseaban en Jeeps descapotables con barras estabilizadores y bailaban las canciones de Michael Jackson”.

Alter aún se llena de visitantes ruidosos de Santarém los fines de semana. Algunos en la ciudad se quejan de la tensión creciente entre los lugareños y los foráneos. Oí advertencias sobre no hacer senderismo en un camino con vistas a las playas de Alter tras los asesinatos brutales de dos personas en la ruta hace unos años.

“El día que llegué aquí sentí una energía muy especial, y no pude irme”, dijo Marcelo Freitas Gananca, de 49 años, quien se mudó a Alter en 1998 desde São Paulo. Es propietario de Araribá, una tienda que vende una asombrosa colección de arte folclórico indígena, incluyendo máscaras ceremoniales, clavas de guerra, tambores y cerbatanas de seis metros de largo.

“Pero ahora la ciudad está en un punto crítico en el que podría ir en una dirección u otra”, dijo Gananca, y citó desafíos como la falta de un sistema de alcantarillado, las tensiones con los recién llegados y la construcción de nuevos y llamativos alojamientos que no reflejan los orígenes de Alter.

Ante tales pruebas, me preguntaba qué aspecto tendría Alter en unos años. Junto con los rumores acerca de que los llamados barones de la soya de las aldeas vecinas del estado de Mato Grosso construirían casas de campo, algunos en Alter también insistieron en que podrían forjar un equilibrio entre el turismo y la sustentabilidad.

“Quizá Alter es un punto de encuentro donde podemos aprender unos de otros”, dijo Pitó, el guía Cumaruara. “¿Acaso el mundo no necesita un lugar donde la gente pueda hacer una pausa, meter la mano al agua y sentir el flujo del río?”

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