Opinión pública argentina

Milei retiene el núcleo duro, pero el Círculo Rojo ya busca sucesor

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Mientras el denominado “círculo rojo” acelera especulaciones sobre un eventual “mileismo sin Milei”, los datos de opinión pública muestran una paradoja: el Presidente conserva el núcleo más sólido de potencialidad de voto dentro del espacio de centroderecha, mientras Mauricio Macri y Patricia Bullrich no logran perforar ese mismo electorado ni construir una alternativa superadora. El último informe de Zuban Córdoba & Asociados revela que Javier Milei mantiene un voto seguro del 18,7%, por encima de Bullrich (14,3%) y Macri (9,9%), aunque también exhibe un rechazo consolidado del 57,2%, apenas superior al de sus potenciales reemplazos dentro del mismo universo político.

La consultora plantea que el establishment político y económico argentino “suele ser precoz con respecto a sus deseos” y advierte que el fenómeno Milei atraviesa una etapa de desgaste emocional más que de reemplazo político concreto. “Se ilusiona rápido y se desenamora aún más rápido”, señala el análisis, que interpreta la proliferación de nombres alternativos como una reacción típica ante la frustración más que como una construcción electoral real. Según el documento, la discusión sobre sucesores aparece demasiado anticipada, con un Presidente al que aún le resta más de un año y medio de mandato.

Los números refuerzan esa lectura. Milei registra una potencialidad de voto compuesta por 18,7% de voto seguro y 12,7% de quienes lo votarían, mientras Bullrich alcanza 14,3% y 18,1%, y Macri 9,9% y 20,1%. Sin embargo, los tres comparten prácticamente el mismo techo de rechazo: 57,2% en Milei, 56,4% en Bullrich y 56,8% en Macri. La comparación muestra que ni la ministra de Seguridad ni el ex presidente logran ampliar el perímetro electoral del oficialismo: disputan el mismo electorado, pero no suman fuera de él. La propia consultora resume el fenómeno con una frase directa: “Comparten techo y piso”.

Entre quienes votaron a Patricia Bullrich en primera vuelta de 2023, Milei conserva una alta capacidad de retención: 43,9% aún lo votaría, mientras Bullrich mantiene 68,3%. En cambio, Mauricio Macri logra apenas 44,2% de adhesión entre quienes acompañaron a Milei y 79,7% entre votantes originales de Bullrich. La conclusión es clara: Macri y Bullrich no aparecen como figuras expansivas sino como administradores de un mismo capital político ya consolidado por Milei.

El informe también detecta una fractura generacional significativa. Entre los jóvenes de 18 a 30 años, Milei conserva mejor performance relativa: 43% asegura que lo votaría, mientras Bullrich llega a 47,1% y Macri queda relegado con 35,3%. Pero en el segmento de 31 a 45 años, donde suele consolidarse el voto económico más sensible al deterioro del ingreso, el rechazo hacia Milei escala a 63,1%, un dato que explica parte de la ansiedad del establishment por anticipar escenarios de recambio.

La pregunta de fondo no es sólo quién podría reemplazar a Milei, sino si existe demanda social para un “mileismo sin Milei”. Allí la consultora introduce la principal advertencia política: el gran ausente de las discusiones de la elite es la sociedad misma. “Se especula con candidaturas sin mencionar rumbos”, sostiene el documento. Es decir, la discusión se concentra en nombres, pero no en un proyecto económico capaz de ofrecer estabilidad tras el ajuste.

El círculo rojo parece haber comenzado el duelo antes de tiempo, pero los datos no muestran todavía una viudez electoral consumada. Milei sigue siendo el dueño principal de ese espacio, aun con desgaste y rechazo alto. La búsqueda de herederos parece más un reflejo ansioso del poder que una necesidad expresada por el electorado.

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Desgaste político y económico: cae la aprobación de Milei y crece la percepción de ruptura del “pacto anticasta”

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El Gobierno de Javier Milei atraviesa una fase de desgaste acelerado en su capital político, en un contexto donde el deterioro de la economía doméstica y la pérdida de credibilidad del discurso anticasta comienzan a converger.

Según el Monitor de Opinión Pública de Zentrix, el 66,6% de los consultados considera que se rompió el “pacto anticasta”, uno de los pilares simbólicos del oficialismo. A su vez, el 57,3% percibe corrupción generalizada en la gestión y el 60,2% interpreta las denuncias como un problema estructural del Gobierno.

Este giro en la percepción pública no solo afecta la imagen de la administración, sino que impacta sobre el núcleo identitario que le dio sustento político desde su llegada al poder.

El Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora muestra que la percepción de corrupción en el gobierno de Javier Milei ya dejó de ser un tema lateral para convertirse en un factor central del desgaste oficialista. El dato más delicado para la Casa Rosada no es sólo que el 57,3% perciba corrupción generalizada en la gestión o que el 60,2% interprete las denuncias como parte de un problema general de gobierno, sino que esa lectura empieza a golpear directamente sobre la promesa con la que Milei construyó su legitimidad: la idea de venir a enfrentar a “la casta”. Cuando el 66,6% afirma que ese pacto se rompió y que el Gobierno terminó siendo parte de aquello que prometía combatir, lo que se erosiona no es únicamente la imagen de una administración, sino el núcleo simbólico que le daba sentido político a su discurso. En otras palabras, la sociedad empieza a percibir una contradicción entre el relato fundacional del mileísmo y la forma en que hoy se interpreta su ejercicio del poder.

Percepción política y corrupción

Argentina – abril 2026

Cree que se rompió el pacto “anticasta” 66,6%
Percibe corrupción generalizada 57,3%
Ve las denuncias como problema estructural 60,2%
Cree que el Gobierno no previene la corrupción 66,6%

Fuente: Zentrix Consultora – Monitor de Opinión Pública.

La corrupción aparece como el principal desafío del país, incluso entre quienes votaron al oficialismo en 2025, por encima del desempleo, la inflación o el salario, lo que muestra que el problema ya perfora al propio universo simbólico del mileísmo. Sin embargo, la manera de procesarlo sigue siendo distinta según el posicionamiento político: entre oficialistas todavía predomina una lectura que busca encapsular el problema en casos aislados y preservar parte de la excepcionalidad moral del Gobierno; entre opositores, en cambio, se consolida una mirada mucho más dura, donde la corrupción ya no aparece como desvío sino como rasgo de época del oficialismo. Esa diferencia revela dos cosas al mismo tiempo: que Milei todavía conserva un núcleo dispuesto a amortiguar el costo reputacional, pero también que por fuera de ese núcleo el veredicto social se volvió mucho más severo. Por eso, el problema de fondo para el Gobierno no es sólo el impacto coyuntural de las denuncias, sino que la bandera anticasta, que durante meses funcionó como fuente de autoridad moral y de tolerancia política frente al ajuste, empieza ahora a invertirse y a transformarse en un punto de vulnerabilidad.

La pérdida de credibilidad del Gobierno frente a los casos de corrupción no se agota en la percepción sobre hechos ya conocidos, sino que empieza a comprometer algo todavía más profundo: la confianza en su voluntad real de prevenirlos. El 66,6% de los consultados considera que la administración de Javier Milei no está comprometida con evitar hechos de corrupción, contra apenas un 32,2% que le reconoce algún grado de compromiso. Ese dato es políticamente delicado porque corre la discusión desde las denuncias puntuales hacia una sospecha más estructural sobre la forma de ejercicio del poder.

Economía doméstica: el ancla del malestar

A este desgaste por las denuncias de corrupción y por la ruptura del pacto anticasta se le suma, además, un malestar económico que Zentrix ya viene registrando en las mediciones previas y que en abril vuelve a aparecer con mucha fuerza en la vida cotidiana de los hogares. Los datos sobre economía doméstica terminan de darle cuerpo concreto a ese malestar: el 81,6% de los consultados reconoce que en los últimos seis meses tuvo que resignar algo para sostenerse, desde salidas, ocio o consumos no esenciales hasta compras habituales del hogar y, en los casos más delicados, gastos básicos como alimentos, salud o servicios.

El deterioro político encuentra un correlato directo en la vida cotidiana. El 81,6% de los encuestados afirma haber tenido que resignar consumos en los últimos seis meses, incluyendo gastos esenciales como alimentos, salud o servicios.

El ajuste, así, dejó de ser una discusión abstracta sobre variables macroeconómicas para convertirse en una experiencia cotidiana de privación, donde una parte importante de la sociedad ya no está recortando excedentes, sino aspectos centrales de su vida diaria.

Sobre esa base material se monta buena parte del desgaste político que hoy exhibe la gestión de Javier Milei: cuando el 86,6% siente que su salario no le gana a la inflación y el 60,4% afirma que sus ingresos le alcanzan sólo hasta el día 20 del mes, la tolerancia social frente al ajuste empieza a depender cada vez más de la credibilidad del Gobierno. Y ahí es donde las denuncias por corrupción adquieren un efecto mucho más corrosivo: no irrumpen sobre una sociedad estable, sino sobre hogares que ya vienen haciendo esfuerzos, resignando consumos y administrando privaciones. En ese contexto, la percepción de que el Gobierno podría estar reproduciendo prácticas asociadas a la misma “casta” que prometía combatir termina agravando la decepción y trasladándola al plano de la evaluación política. Por eso, la caída en la aprobación no parece responder a un único episodio, sino a la combinación entre malestar económico cotidiano y pérdida de autoridad moral, una mezcla que ayuda a explicar por qué la desaprobación viene creciendo sostenidamente desde febrero.

Además:

  • El 86,6% sostiene que su salario no le gana a la inflación
  • El 60,4% asegura que sus ingresos alcanzan solo hasta el día 20 del mes
  • El 70,3% desconfía de los datos oficiales de inflación

Este conjunto de variables refleja una brecha creciente entre la macroeconomía y la percepción social, donde el dato oficial pierde capacidad de validación frente a la experiencia cotidiana.

Economía de los hogares

Indicadores de percepción – abril 2026

Tuvo que resignar consumos 81,6%
Salario no le gana a la inflación 86,6%
Ingresos alcanzan hasta el día 20 60,4%
Desconfía del dato de inflación 70,3%

Fuente: Zentrix Consultora.

Imagen en caída y reconfiguración política

El impacto combinado de estas variables se refleja en la imagen presidencial: la aprobación cae al 33,1%, mientras la imagen positiva se ubica en 35,2% y la negativa escala al 59,3%, con un diferencial de -24 puntos.

Axel Kicillof muestra una recuperación relevante de imagen y logra salir del momento más débil de la serie reciente. Luego de haber tocado en febrero un piso de 30,5% de imagen positiva, en la medición actual cruza nuevamente la barrera de los 40 puntos y alcanza el 40,2%, mientras la negativa retrocede al 50%. El dato no alcanza todavía para hablar de una consolidación plena, pero sí marca un cambio de tendencia políticamente significativo: en un contexto de creciente descontento con el Gobierno nacional, Kicillof empieza a capitalizar parte de ese malestar como una referencia opositora. Su mejora parece nacer de un corrimiento del humor social frente al desgaste del oficialismo, en una coyuntura donde la microeconomía de los hogares sigue bajo presión y la percepción sobre la situación del país continúa siendo crítica. En ese escenario, Kicillof empieza a afirmarse como una de las figuras opositoras con mayor capacidad para canalizar ese descontento y consolidarse como referencia alternativa frente al Gobierno nacional.

En cambio, Manuel Adorni aparece como una de las figuras más castigadas del oficialismo, con una imagen negativa que trepa al 73,9%, un nivel excepcionalmente alto incluso para un escenario de fuerte polarización. Su desgaste parece estar directamente vinculado a la centralidad que ocupó en las semanas recientes, tanto por su nivel de exposición pública como por las denuncias vinculadas a posibles hechos de corrupción, un terreno especialmente sensible para un gobierno que construyó buena parte de su legitimidad sobre la promesa de enfrentar a “la casta”.

A eso se suma una percepción de explicaciones insuficientes frente al tema, lo que profundiza la idea de opacidad y termina agravando el costo político. Pero el problema no se agota en su figura: al tratarse de uno de los voceros más visibles y de un engranaje central del dispositivo político y comunicacional de Javier Milei, su deterioro no parece quedar encapsulado, sino que empieza a proyectarse sobre la propia imagen y la aprobación del Gobierno nacional, reforzando la sensación de desgaste del núcleo más expuesto del oficialismo.

Movimientos en el tablero político:

  • Axel Kicillof mejora su imagen y supera el 40%
  • Myriam Bregman logra el único diferencial positivo
  • Manuel Adorni registra un fuerte deterioro
  • Patricia Bullrich mantiene niveles relativamente estables

El dato central del informe no es solo la caída en la aprobación, sino el cambio de naturaleza del malestar. La combinación de deterioro económico y pérdida de autoridad moral empieza a erosionar los fundamentos políticos del oficialismo.

La promesa anticasta, que funcionó como blindaje simbólico frente al ajuste, comienza a invertirse y a transformarse en un punto de vulnerabilidad. En ese cruce entre economía real y percepción política, se redefine el clima social de cara al ciclo electoral.

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Alarma en Casa Rosada: seis de cada diez rechazan la reelección de Milei

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El último relevamiento nacional de Zuban & Córdoba dejó una señal política incómoda para la Casa Rosada: hoy, la reelección de Javier Milei no aparece como un horizonte consolidado, sino como una hipótesis resistida por una clara mayoría. Apenas el 29,4% afirma que votaría por un nuevo mandato del Presidente, mientras que el 60,7% dice que no lo haría y un 9,9% todavía no lo sabe. La foto es más severa aún cuando se la traduce en clima de época: el 60,6% está en desacuerdo con la idea de que Milei deba gobernar un segundo período.

El oficialismo conserva un núcleo duro nítido, pero perdió capacidad de expansión y, sobre todo, enfrenta un desgaste que ya no se explica únicamente por la economía. En la base de apoyo todavía pesan la confianza en el liderazgo presidencial y el rechazo al peronismo, pero en el rechazo empiezan a mezclarse con más fuerza la mala gestión económica, las promesas incumplidas y los cuestionamientos por corrupción. Ese combo vuelve más frágil la arquitectura política con la que Milei llegó al poder.

La encuesta, realizada entre el 1 y el 3 de abril de 2026 sobre 2.200 casos de población general mayor de 16 años, con un margen de error de +/- 2,09% y 95% de confianza, ofrece una radiografía precisa del momento político nacional. Y la conclusión central es clara: el Gobierno mantiene volumen, pero perdió centralidad emocional positiva. Hoy domina más el límite que la expectativa.

Entre quienes sí volverían a votar a Milei, la razón principal no es una mejora material tangible, sino la confianza personal en su conducción. El 47% de ese universo responde que lo apoyaría porque confía en su liderazgo. Bastante más atrás aparecen el miedo o rechazo a la alternativa peronista, con 21,6%, y la valoración de que tiene las mejores políticas, con 20,2%. Apenas el 7,9% lo haría porque lo considera honesto y sólo el 2,6% por beneficios personales o familiares. El dato es relevante porque muestra que el sostén del oficialismo sigue siendo eminentemente subjetivo y político, mucho más vinculado a la figura presidencial que a resultados concretos o a una percepción extendida de integridad.

Entre quienes no lo votarían, la estructura del rechazo es bastante más dura y homogénea. El 47% atribuye su negativa a la mala gestión económica, el 24,7% a las promesas incumplidas y el 21,5% a los casos de corrupción. Apenas el 3,5% menciona su escaso liderazgo. En otras palabras, el problema del Gobierno no aparece en la encuesta como una crisis de autoridad, sino como una crisis de resultados y credibilidad. Esa diferencia no es menor: un presidente puede compensar déficit de carisma con eficacia, pero cuando se erosionan al mismo tiempo el bolsillo y la confianza, la capacidad de recomposición suele ser mucho más compleja.

Ese deterioro también se observa al revisar qué pasó con el apoyo original desde el ballotage de 2023. El 42,9% afirma que su apoyo sigue igual y el 19,9% dice que aumentó, pero el 24,7% sostiene que disminuyó y el 9,2% directamente dejó de apoyar por completo. Sumados, quienes redujeron o retiraron su respaldo llegan al 33,9%. Es un tercio del electorado que alguna vez lo acompañó y que hoy muestra signos de fatiga o decepción.

Cuando se profundiza sobre ese segmento que se alejó, la economía vuelve a ser el gran factor de desgaste. El 47,7% de quienes disminuyeron o quitaron su apoyo señala a la situación económica como causa principal. Luego aparecen las promesas incumplidas, con 18,9%; el aumento de la corrupción, con 12,7%; y el mal manejo de la crisis, con 9,1%. Es decir: aun entre antiguos votantes de Milei, el desencanto ya no se limita a la paciencia frente al ajuste. Empieza a incorporar componentes éticos y de gestión que perforan la narrativa original del cambio.

En cambio, entre quienes mantienen o ampliaron su apoyo, la razón dominante es la percepción de buena gestión en crisis, con 39,6%, seguida por la confianza en el liderazgo, con 29,2%, y la mejora en políticas públicas, con 14,8%. Otra vez, los datos muestran que el oficialismo retiene adhesión sobre todo en quienes todavía interpretan el presente como una etapa de transición difícil pero necesaria. Sin embargo, ese argumento parece no estar alcanzando para ampliar la base.

Hay otro dato que merece una lectura fina: el sistema político todavía no logra construir una alternativa convincente, pero la sociedad muestra ganas de buscarla. El 48,2% apoyaría una alianza entre varios partidos para derrotar a Milei. A su vez, el 46,4% votaría a un espacio de centro más moderado. 

Y todavía más expresivo: el 62,4% cree que Argentina necesita un candidato nuevo, no vinculado con ninguno de los partidos actuales. Esa cifra probablemente sea una de las más importantes del estudio porque revela que la insatisfacción no deriva automáticamente en una recuperación lineal de las fuerzas tradicionales. Hay malestar con Milei, pero también persistente desconfianza hacia el resto del sistema.

Ese punto ayuda a entender por qué el oficialismo aún no enfrenta una amenaza electoral plenamente ordenada. La encuesta marca que el 60,3% considera que la oposición a Milei está desorganizada. Incluso cuando casi la mitad apoyaría una coalición amplia para derrotarlo, la percepción dominante sigue siendo que del otro lado falta coordinación, estrategia y liderazgo. 

La debilidad del Gobierno convive, así, con la debilidad de sus rivales. Esa coexistencia es, acaso, el principal activo táctico de Milei de cara al mediano plazo.

También resulta sugestivo el dato sobre una eventual ampliación oficialista: ante la frase “Milei debería sumar al PRO, la UCR y varios partidos provinciales si quiere ser reelegido”, el 30,4% está de acuerdo, el 39,3% en desacuerdo y el 30,3% no sabe. No hay allí un mandato social claro a favor de una coalición tradicional encabezada por el Presidente. Más bien aparece una sociedad fragmentada, con muchas dudas sobre la mejor fórmula para la gobernabilidad futura.

Por eso, la novedad más importante del estudio no es sólo que Milei pierda volumen reeleccionista. Es que empieza a consolidarse una demanda de recambio que no encuentra todavía vehículo. El Gobierno conserva un piso, pero no logra construir techo. La oposición percibida como desorganizada impide que ese malestar se convierta rápidamente en alternativa. Y la demanda de un candidato nuevo, por fuera de los partidos actuales, confirma que la crisis de representación sigue abierta.

En términos políticos, la encuesta deja tres alertas rojas para la Casa Rosada. La primera: la reelección hoy es una posición minoritaria. La segunda: la economía sigue siendo el principal factor de erosión. La tercera: la corrupción ya dejó de ser ruido periférico y empezó a entrar en la estructura del rechazo. Cuando eso ocurre, el problema no es sólo de gestión; pasa a ser de legitimidad.

El mileísmo entró en una fase más exigente. Ya no le alcanza con resistir. Necesita volver a convencer. Milei sigue en el centro de la escena, pero 2027 dejó de parecer una autopista y empezó a verse como una curva peligrosa.

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AdorniGate: 70% quiere su renuncia y el Gobierno queda en el centro del desgaste

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El escándalo que envuelve a Manuel Adorni dejó de ser un ruido pasajero para convertirse en un problema político de primera magnitud. Los datos no dejan margen para la interpretación: la crisis ya no es mediática ni coyuntural, es estructural y golpea directamente en la credibilidad del Gobierno.

El relevamiento nacional de Zuban & Córdoba, realizado entre el 30 de marzo y el 1 de abril sobre 1.200 casos, expone una fotografía contundente: 66% de imagen negativa contra apenas 21,5% de positiva . La diferencia no es sólo amplia: es políticamente crítica.

Pero el dato más relevante no está en la foto, sino en la película. Hace un año, el vocero presidencial se movía en niveles de rechazo cercanos al 50%. Hoy ese número se disparó hasta el 66%, mientras la imagen positiva se derrumbó desde niveles superiores al 40% a poco más del 21%. No hay zona gris: el desgaste se consolidó y se volvió irreversible en el corto plazo.

A diferencia de otras crisis, el caso logró una penetración social casi total. El 72% de los consultados afirma haber escuchado “bastante” o “algo” sobre las denuncias, mientras que apenas un 5,8% dice no saber nada . Es decir, el tema dejó de ser agenda mediática para transformarse en conversación pública.

En ese contexto, emerge un dato que enciende todas las alarmas: el 77,9% de la sociedad cree que Adorni debe explicar cómo paga sus viajes. No se trata de un reclamo partidario, sino de un consenso transversal sobre la necesidad de transparencia.

El punto de máxima tensión aparece en la pregunta más directa: la continuidad en el cargo. Allí, el resultado es lapidario: el 70,4% considera que Adorni debería renunciar. No es una mayoría ajustada ni circunstancial, sino un rechazo amplio que erosiona la sustentabilidad política del vocero.

Pero el golpe más profundo no está en la figura individual, sino en la percepción sobre la respuesta oficial. El 70,2% cree que la defensa del Gobierno fue una estrategia para “tapar” o dilatar el tema, mientras que sólo el 15,3% la considera transparente . En términos políticos, esto implica un salto cualitativo: la crisis deja de ser sobre un funcionario y pasa a ser sobre la credibilidad del Gobierno.

Incluso cuando se consulta qué debería haberse hecho, la sociedad marca un camino claro: mostrar pruebas (31,6%), dar un paso al costado (17,5%) o responder sin confrontar (15,9%) . La lógica social es consistente: explicar o apartarse. Todo lo demás profundiza el daño.

En este escenario, el #AdorniGate se transforma en algo más que un episodio incómodo. Es un test de gobernabilidad comunicacional. Y los datos sugieren que, lejos de cerrarse, la crisis abre una grieta más profunda: la de la confianza.

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Una encuesta revela 18 puntos de caída en la imagen positiva de Milei en Posadas

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Un monitoreo de opinión pública realizado en Posadas, Misiones, desde agosto de 2025 hasta  marzo de 2026 por MRVT Consultora, evidencia un deterioro sostenido en la imagen positiva del  presidente Javier Milei. 

Los indicadores muestran una trayectoria descendente que ha perforado los niveles de consenso alcanzados al inicio del mandato. Esta dinámica sugiere una  tendencia estructural de desgaste, donde el factor económico aparece como el principal punto de inflexión en la percepción ciudadana, sumado al impacto de denuncias por hechos de corrupción. 

El análisis de la serie histórica revela que, tras alcanzar un techo de imagen positiva del 57% en septiembre, la valoración favorable inició un retroceso sistemático, acumulando una pérdida de 18 puntos porcentuales al cierre del periodo. Este comportamiento se correlaciona con un incremento de la imagen negativa, sugiriendo una transferencia de sectores moderados hacia el bloque crítico. 

El segmento de “No sabe/No contesta” se ha mantenido en niveles bajos y estables (promediando el 14%), lo que indica un escenario de alta polarización donde la ciudadanía ha definido su postura de manera creciente. 

Un hito determinante es el quiebre estadístico de febrero, momento en el cual el diferencial de  imagen se situó por primera vez en terreno negativo. En dicho mes, la imagen negativa (42%) superó a la positiva (41%), configurando un escenario de empate técnico con tendencia decreciente. Para cualquier gestión, el cruce de estas variables representa una señal de agotamiento del capital político inicial.

Al cierre de marzo, la imagen negativa alcanza su punto máximo del 47%, frente a un soporte de  imagen positiva del 39%. La volatilidad del diferencial neto -que pasó de +26 a -8 puntos- refleja  una degradación de 34 puntos netos en siete meses. Este comportamiento indica que el núcleo  duro del respaldo presidencial tiende al aislamiento, mientras crece el segmento de ciudadanos cuya opinión ha mutado ante la ausencia de resultados tangibles en el bienestar cotidiano. 

La dinámica de los datos muestra que, si bien el núcleo identitario del apoyo oficial permanece  rígido, el desplazamiento hacia la negatividad se explica por la migración de sectores  independientes y votantes moderados. 

Esta transición en los estratos medios es la que  fundamenta la caída del diferencial neto, señalando que la pérdida de consenso ocurre  principalmente en las periferias del electorado y no en su base electoral más dura. 

Ficha Técnica: Este relevamiento fue realizado en la ciudad de Posadas, Misiones, utilizando un  sistema de encuesta panel. La metodología consistió en el seguimiento de los mismos grupos a lo  largo de los meses analizados, garantizando una trazabilidad precisa de los cambios de opinión.

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