Opinión pública argentina

La confianza en el Gobierno rebotó en junio, pero acumula una caída de 16,1% en el año

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El Gobierno de Javier Milei logró en junio cortar una racha de cinco meses consecutivos de deterioro en la confianza pública. Según el Índice de Confianza en el Gobierno que elabora la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, el indicador alcanzó los 2,07 puntos sobre una escala de 0 a 5, con una mejora mensual de 3,9%.

El rebote, sin embargo, no alcanza para revertir la tendencia de fondo. En términos interanuales, el índice cae 11,4%. Además, desde el cierre de 2025 acumula una baja de 16,1%. Es decir: junio marca una recuperación política de corto plazo, pero todavía dentro de un ciclo descendente.

La serie de 2026 muestra con claridad ese desgaste. El ICG cayó 2,8% en enero, 0,6% en febrero, 3,5% en marzo, 12,1% en abril y 1,6% en mayo. Junio fue el primer mes positivo del año.

Un rebote después del golpe

El dato de junio tiene una doble lectura. Por un lado, rompe la inercia negativa que venía erosionando la confianza en el Gobierno. Por otro, lo hace desde un piso más bajo, luego de la fuerte caída registrada en abril, que fue el peor movimiento mensual del año.

El promedio de la gestión Milei se ubica ahora en 2,40 puntos, su registro más bajo desde el inicio del mandato. Aun así, el nivel promedio continúa por encima del que tuvo Alberto Fernández en el mismo tramo de gestión, aunque por debajo del registro equivalente de Mauricio Macri.

En la comparación histórica que realiza la Di Tella, el ICG de Milei se mantiene en niveles relativamente altos. En el mes 30 de gestión, los 2,07 puntos actuales quedan apenas por encima del valor que tenía Mauricio Macri en el mismo momento de su mandato, con 2,04 puntos. La diferencia es de 1,3%.

La comparación con Néstor Kirchner es menos favorable para el oficialismo actual. En el mismo tramo de gobierno, Kirchner registraba 2,42 puntos, un nivel 14,6% superior al de Milei. En cambio, el dato de junio de 2026 supera ampliamente los registros equivalentes de Cristina Kirchner II, Cristina Kirchner I y Alberto Fernández.

La mejora se explica por eficiencia, capacidad e interés general

Tres de los cinco componentes del índice mejoraron en junio. El salto más fuerte se dio en eficiencia, que subió 12,8% y llegó a 2,12 puntos. Es el componente con mayor recuperación mensual y uno de los datos más relevantes del informe, porque mide la percepción sobre la capacidad operativa del Gobierno.

También mejoró la percepción sobre capacidad, que alcanzó 2,46 puntos, con una suba de 4,3%. Ese valor iguala al componente honestidad, que permaneció sin cambios frente a mayo.

La preocupación por el interés general también avanzó, aunque desde niveles bajos: llegó a 1,63 puntos, con una mejora de 3,8%. En cambio, la evaluación general del Gobierno quedó prácticamente estable, con una leve baja de 0,5%, hasta 1,68 puntos.

El dato político es claro: la recuperación mensual no provino de una mejora homogénea de la imagen gubernamental, sino de dimensiones específicas. La sociedad percibió algo más de eficiencia y capacidad, pero la evaluación global del Gobierno no acompañó con igual fuerza.

Persisten las brechas sociales

La confianza sigue mostrando diferencias relevantes por género, edad, zona geográfica, educación y expectativas económicas.

Entre los hombres, el ICG llegó a 2,37 puntos. Entre las mujeres, a 1,70. La brecha se mantuvo en 0,68 puntos, en línea con mayo. El informe muestra que ambos segmentos mejoraron, pero la distancia entre géneros no se achicó.

Por edad, el mayor nivel de confianza aparece ahora entre los mayores de 50 años, con 2,23 puntos. El grupo de 18 a 29 años quedó muy cerca, con 2,18. El segmento más crítico sigue siendo el de 30 a 49 años, con 1,76 puntos.

En términos geográficos, el interior volvió a ser el territorio más favorable para el Gobierno, con 2,19 puntos. La Ciudad de Buenos Aires marcó 2,03 y el Gran Buenos Aires, pese a una fuerte mejora mensual de 11,1%, quedó en 1,83 puntos.

Educación y economía: las claves del rebote

Por nivel educativo, el mayor apoyo se observa entre quienes tienen estudios terciarios o universitarios, con 2,20 puntos. Le siguen quienes completaron el secundario, con 1,90. El mayor aumento mensual se dio entre las personas con educación primaria, donde el índice saltó 42,5% y llegó a 1,72 puntos.

Las expectativas económicas vuelven a ser el principal ordenador de la confianza política. Entre quienes creen que la situación económica mejorará dentro de un año, el ICG se mantiene muy alto, en 4,08 puntos, pese a una baja mensual de 2,2%.

Entre quienes esperan que la economía se mantenga igual, el índice subió con fuerza hasta 2,45 puntos. En cambio, entre quienes creen que la situación empeorará, la confianza permanece hundida en 0,37 puntos.

Ese dato confirma que la confianza en el Gobierno está fuertemente atada a la expectativa económica futura. El oficialismo conserva un núcleo muy sólido entre los optimistas, pero prácticamente no logra penetrar entre quienes anticipan un deterioro.

Seguridad: un cambio llamativo

Uno de los datos más particulares del informe aparece en el capítulo de víctimas de delitos. A diferencia de meses anteriores, el ICG fue levemente mayor entre quienes declararon haber sido víctimas de delitos, ellos o sus familias, durante los últimos doce meses.

Ese segmento marcó 2,10 puntos, con una suba de 14,6%. Entre quienes no reportaron haber sido víctimas, el índice fue de 2,07, con una mejora de 1,6%. La Di Tella señala que con este movimiento se elimina la brecha que se venía observando en meses anteriores.

Un alivio, no un cambio de tendencia

El informe deja una conclusión prudente. Junio fue un buen mes para la confianza oficial, porque el índice volvió a subir después de cinco caídas consecutivas. Pero el rebote no borra el deterioro acumulado.

El Gobierno conserva un nivel de confianza competitivo en la comparación histórica, especialmente frente a Alberto Fernández y las dos presidencias de Cristina Kirchner. También logra sostenerse muy cerca del registro de Mauricio Macri en el mismo tramo de gestión.

Pero la trayectoria reciente muestra desgaste. El promedio de la gestión Milei cayó a su nivel más bajo y el índice acumula una baja de 16,1% en lo que va del año. La confianza ya no está en zona de expansión: está en fase de resistencia.

La señal política de junio es que todavía hay margen para recomponer expectativas. La señal de fondo es que ese margen depende, cada vez más, de que la percepción de eficiencia se traduzca en resultados visibles para una sociedad que sigue evaluando al Gobierno, sobre todo, por el futuro económico que promete.

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Milei sigue entre los presidentes con peor imagen de América Latina

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La estabilización económica que el Gobierno exhibe como principal carta política todavía no logra traducirse en una recuperación contundente de la imagen presidencial. Javier Milei mejoró su valoración durante junio, pero continúa ocupando uno de los lugares más rezagados del ranking de mandatarios latinoamericanos, una señal de que la normalización de algunas variables macroeconómicas no ha conseguido disipar el malestar social acumulado tras más de dos años de ajuste.

El relevamiento de CB Global Data ubica al presidente argentino en el puesto 13 entre los 18 jefes de Estado evaluados en América Latina. Su imagen positiva alcanzó el 37,9%, frente a una negativa del 59,6%. Si bien representa una mejora respecto del 34,8% registrado en mayo, el dato sobresaliente es otro: Milei sigue formando parte del grupo de los seis presidentes con peor valoración de toda la región.

La encuesta refleja una realidad incómoda para la Casa Rosada. Mientras el oficialismo insiste en que la inflación dejó de ser el principal problema y que la economía atraviesa una fase de recuperación, la mayoría de los argentinos continúa evaluando negativamente la gestión presidencial.

El rechazo no sólo supera ampliamente a la aprobación, sino que además presenta una intensidad significativa. El 50,5% de los consultados calificó la gestión como “muy mala”, mientras que apenas el 27,2% la consideró “muy buena”. En otras palabras, el núcleo duro opositor aparece considerablemente más amplio que el segmento de adhesión incondicional al Presidente.

La comparación regional tampoco favorece al mandatario argentino. Nayib Bukele lidera el ranking con una aprobación del 69,1%, Claudia Sheinbaum alcanza el 65,5% y Laura Fernández llega al 56,1%. Incluso presidentes que atraviesan escenarios políticos complejos, como Lula da Silva en Brasil, conservan niveles de respaldo superiores a los de Milei.

La ubicación del Presidente resulta particularmente llamativa porque se produce en un contexto donde el Gobierno considera que logró sus principales objetivos iniciales: reducir drásticamente la inflación, sostener el equilibrio fiscal y estabilizar el mercado cambiario. Sin embargo, los resultados sugieren que buena parte de la sociedad aún no percibe esas mejoras como suficientes para compensar los costos sociales del programa económico.

La lectura política del estudio deja una conclusión relevante. Milei parece haber detenido la erosión de imagen que caracterizó buena parte de 2025 y comienzos de 2026, pero todavía está lejos de construir una mayoría social sólida. La mejora registrada en junio muestra capacidad de recuperación, aunque sobre una base relativamente baja y con niveles de rechazo que continúan siendo elevados.

De hecho, entre los presidentes sudamericanos analizados, sólo algunos mandatarios atravesados por fuertes crisis políticas o institucionales exhiben números peores. La Argentina aparece así en una situación paradójica: el Gobierno reivindica logros macroeconómicos que pocos meses atrás parecían difíciles de alcanzar, pero esos avances todavía no encuentran un correlato equivalente en la opinión pública.

Más que una consolidación, los datos parecen describir una tregua. Milei mejora, pero no despega. Recupera algunos puntos, pero continúa lejos de los liderazgos regionales. Y mientras el oficialismo celebra cada indicador económico favorable, la encuesta recuerda que el principal desafío del Presidente sigue siendo político: transformar la estabilización en legitimidad social duradera.

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La confianza en Milei perfora otro piso: cinco caídas consecutivas y desgaste del “núcleo blando”

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La luna de miel política de Javier Milei empieza a mostrar señales de agotamiento más visibles. El último Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella registró en mayo una nueva caída mensual y consolidó una secuencia que ya preocupa incluso dentro del oficialismo: el Gobierno acumula cinco retrocesos consecutivos en lo que va de 2026.

El indicador se ubicó en 1,99 puntos sobre una escala de 0 a 5, con una baja mensual de 1,6% y un retroceso interanual de 18,7%. La caída acumulada desde diciembre ya alcanza el 19,2%, en una dinámica descendente que comenzó en enero y que todavía no encuentra piso político.

El dato tiene una lectura más profunda que la mera estadística mensual. La administración libertaria sigue sosteniendo niveles de confianza superiores a los que exhibía Alberto Fernández a esta altura de su mandato y también por encima de los dos gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner. Pero el deterioro empieza a impactar sobre variables sensibles que hasta ahora funcionaban como activos del mileísmo: la percepción de capacidad, honestidad y preocupación por el interés general.

La señal más delicada aparece precisamente en el componente “Capacidad para resolver los problemas del país”, que cayó a 2,36 puntos y marcó el nivel más bajo de toda la gestión Milei. También descendieron los indicadores vinculados a honestidad y preocupación por el interés general, ambos en sus peores registros de 2026.

Políticamente, el dato resulta relevante porque el corazón del apoyo libertario siempre estuvo menos asociado a la empatía o al consenso y más ligado a la idea de eficacia. La narrativa del “ajuste inevitable pero eficiente” empieza a mostrar signos de desgaste en sectores que inicialmente acompañaban el rumbo económico aun soportando caída del consumo, deterioro salarial y recesión.

Sin embargo, el informe también revela que Milei conserva todavía un piso político relativamente sólido comparado con experiencias recientes. En el mes 30 de gestión, el ICG del Presidente se ubica prácticamente en línea con el que tenía Mauricio Macri en igual momento de mandato y claramente por encima de Alberto Fernández.

La diferencia es que el actual Gobierno llegó a ese nivel de confianza tras aplicar el ajuste económico más severo desde el retorno democrático, lo que explica por qué en la Casa Rosada siguen leyendo el escenario con relativa tranquilidad. El problema es que la tendencia dejó de ser estable y comenzó a deteriorarse de forma persistente.

Otro dato políticamente sensible es el comportamiento social de la caída. El desplome más fuerte se registró entre mujeres, donde la confianza cayó 13% en apenas un mes, ampliando nuevamente la brecha de género. Entre los hombres, en cambio, el indicador incluso mejoró.

También aparece una fractura etaria importante. El segmento de 30 a 49 años sufrió la caída más pronunciada y quedó muy por debajo de los jóvenes y mayores de 50 años. Esa franja concentra buena parte de la clase media económicamente activa, precisamente el núcleo más golpeado por la licuación de ingresos, la presión tarifaria y la desaceleración económica.

En términos territoriales, el estudio vuelve a mostrar un patrón que ya se repite desde hace meses: el interior del país mantiene mejores niveles de confianza que el Área Metropolitana de Buenos Aires. El interior registró 2,17 puntos, por encima de la Ciudad de Buenos Aires y bastante arriba del conurbano bonaerense, donde el índice apenas alcanzó 1,65.

Ese dato explica parte de la estrategia política libertaria para 2026: reforzar presencia en provincias y sostener el vínculo con electorados alejados del AMBA, donde el desgaste económico golpea con mayor intensidad y donde la conflictividad social se volvió más visible.

El informe además confirma otra constante del ciclo Milei: la economía sigue siendo el principal ordenador político. Entre quienes creen que la situación económica mejorará dentro de un año, la confianza en el Gobierno alcanza 4,17 puntos. Entre quienes creen que empeorará, se derrumba a apenas 0,37.

En otras palabras, el sostén político del Presidente continúa íntimamente ligado a la expectativa futura más que a la situación presente. Mientras exista una porción significativa de la sociedad convencida de que el sacrificio actual desembocará en estabilidad, inflación baja y recuperación, Milei conservará margen político. El interrogante es cuánto tiempo puede sostenerse esa expectativa en un contexto donde los indicadores sociales siguen deteriorados y la mejora económica todavía no logra derramar sobre amplios sectores de ingresos medios y bajos.

El trabajo de la Universidad Di Tella funciona así como una radiografía precisa del momento político: Milei todavía conserva una base de apoyo competitiva para estándares argentinos, pero el desgaste dejó de ser episódico y comenzó a transformarse en tendencia. Y en política, cuando la percepción de capacidad empieza a erosionarse, el capital simbólico suele consumirse mucho más rápido que la paciencia social.

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Milei retiene el núcleo duro, pero el Círculo Rojo ya busca sucesor

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Mientras el denominado “círculo rojo” acelera especulaciones sobre un eventual “mileismo sin Milei”, los datos de opinión pública muestran una paradoja: el Presidente conserva el núcleo más sólido de potencialidad de voto dentro del espacio de centroderecha, mientras Mauricio Macri y Patricia Bullrich no logran perforar ese mismo electorado ni construir una alternativa superadora. El último informe de Zuban Córdoba & Asociados revela que Javier Milei mantiene un voto seguro del 18,7%, por encima de Bullrich (14,3%) y Macri (9,9%), aunque también exhibe un rechazo consolidado del 57,2%, apenas superior al de sus potenciales reemplazos dentro del mismo universo político.

La consultora plantea que el establishment político y económico argentino “suele ser precoz con respecto a sus deseos” y advierte que el fenómeno Milei atraviesa una etapa de desgaste emocional más que de reemplazo político concreto. “Se ilusiona rápido y se desenamora aún más rápido”, señala el análisis, que interpreta la proliferación de nombres alternativos como una reacción típica ante la frustración más que como una construcción electoral real. Según el documento, la discusión sobre sucesores aparece demasiado anticipada, con un Presidente al que aún le resta más de un año y medio de mandato.

Los números refuerzan esa lectura. Milei registra una potencialidad de voto compuesta por 18,7% de voto seguro y 12,7% de quienes lo votarían, mientras Bullrich alcanza 14,3% y 18,1%, y Macri 9,9% y 20,1%. Sin embargo, los tres comparten prácticamente el mismo techo de rechazo: 57,2% en Milei, 56,4% en Bullrich y 56,8% en Macri. La comparación muestra que ni la ministra de Seguridad ni el ex presidente logran ampliar el perímetro electoral del oficialismo: disputan el mismo electorado, pero no suman fuera de él. La propia consultora resume el fenómeno con una frase directa: “Comparten techo y piso”.

Entre quienes votaron a Patricia Bullrich en primera vuelta de 2023, Milei conserva una alta capacidad de retención: 43,9% aún lo votaría, mientras Bullrich mantiene 68,3%. En cambio, Mauricio Macri logra apenas 44,2% de adhesión entre quienes acompañaron a Milei y 79,7% entre votantes originales de Bullrich. La conclusión es clara: Macri y Bullrich no aparecen como figuras expansivas sino como administradores de un mismo capital político ya consolidado por Milei.

El informe también detecta una fractura generacional significativa. Entre los jóvenes de 18 a 30 años, Milei conserva mejor performance relativa: 43% asegura que lo votaría, mientras Bullrich llega a 47,1% y Macri queda relegado con 35,3%. Pero en el segmento de 31 a 45 años, donde suele consolidarse el voto económico más sensible al deterioro del ingreso, el rechazo hacia Milei escala a 63,1%, un dato que explica parte de la ansiedad del establishment por anticipar escenarios de recambio.

La pregunta de fondo no es sólo quién podría reemplazar a Milei, sino si existe demanda social para un “mileismo sin Milei”. Allí la consultora introduce la principal advertencia política: el gran ausente de las discusiones de la elite es la sociedad misma. “Se especula con candidaturas sin mencionar rumbos”, sostiene el documento. Es decir, la discusión se concentra en nombres, pero no en un proyecto económico capaz de ofrecer estabilidad tras el ajuste.

El círculo rojo parece haber comenzado el duelo antes de tiempo, pero los datos no muestran todavía una viudez electoral consumada. Milei sigue siendo el dueño principal de ese espacio, aun con desgaste y rechazo alto. La búsqueda de herederos parece más un reflejo ansioso del poder que una necesidad expresada por el electorado.

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Desgaste político y económico: cae la aprobación de Milei y crece la percepción de ruptura del “pacto anticasta”

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El Gobierno de Javier Milei atraviesa una fase de desgaste acelerado en su capital político, en un contexto donde el deterioro de la economía doméstica y la pérdida de credibilidad del discurso anticasta comienzan a converger.

Según el Monitor de Opinión Pública de Zentrix, el 66,6% de los consultados considera que se rompió el “pacto anticasta”, uno de los pilares simbólicos del oficialismo. A su vez, el 57,3% percibe corrupción generalizada en la gestión y el 60,2% interpreta las denuncias como un problema estructural del Gobierno.

Este giro en la percepción pública no solo afecta la imagen de la administración, sino que impacta sobre el núcleo identitario que le dio sustento político desde su llegada al poder.

El Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora muestra que la percepción de corrupción en el gobierno de Javier Milei ya dejó de ser un tema lateral para convertirse en un factor central del desgaste oficialista. El dato más delicado para la Casa Rosada no es sólo que el 57,3% perciba corrupción generalizada en la gestión o que el 60,2% interprete las denuncias como parte de un problema general de gobierno, sino que esa lectura empieza a golpear directamente sobre la promesa con la que Milei construyó su legitimidad: la idea de venir a enfrentar a “la casta”. Cuando el 66,6% afirma que ese pacto se rompió y que el Gobierno terminó siendo parte de aquello que prometía combatir, lo que se erosiona no es únicamente la imagen de una administración, sino el núcleo simbólico que le daba sentido político a su discurso. En otras palabras, la sociedad empieza a percibir una contradicción entre el relato fundacional del mileísmo y la forma en que hoy se interpreta su ejercicio del poder.

Percepción política y corrupción

Argentina – abril 2026

Cree que se rompió el pacto “anticasta” 66,6%
Percibe corrupción generalizada 57,3%
Ve las denuncias como problema estructural 60,2%
Cree que el Gobierno no previene la corrupción 66,6%

Fuente: Zentrix Consultora – Monitor de Opinión Pública.

La corrupción aparece como el principal desafío del país, incluso entre quienes votaron al oficialismo en 2025, por encima del desempleo, la inflación o el salario, lo que muestra que el problema ya perfora al propio universo simbólico del mileísmo. Sin embargo, la manera de procesarlo sigue siendo distinta según el posicionamiento político: entre oficialistas todavía predomina una lectura que busca encapsular el problema en casos aislados y preservar parte de la excepcionalidad moral del Gobierno; entre opositores, en cambio, se consolida una mirada mucho más dura, donde la corrupción ya no aparece como desvío sino como rasgo de época del oficialismo. Esa diferencia revela dos cosas al mismo tiempo: que Milei todavía conserva un núcleo dispuesto a amortiguar el costo reputacional, pero también que por fuera de ese núcleo el veredicto social se volvió mucho más severo. Por eso, el problema de fondo para el Gobierno no es sólo el impacto coyuntural de las denuncias, sino que la bandera anticasta, que durante meses funcionó como fuente de autoridad moral y de tolerancia política frente al ajuste, empieza ahora a invertirse y a transformarse en un punto de vulnerabilidad.

La pérdida de credibilidad del Gobierno frente a los casos de corrupción no se agota en la percepción sobre hechos ya conocidos, sino que empieza a comprometer algo todavía más profundo: la confianza en su voluntad real de prevenirlos. El 66,6% de los consultados considera que la administración de Javier Milei no está comprometida con evitar hechos de corrupción, contra apenas un 32,2% que le reconoce algún grado de compromiso. Ese dato es políticamente delicado porque corre la discusión desde las denuncias puntuales hacia una sospecha más estructural sobre la forma de ejercicio del poder.

Economía doméstica: el ancla del malestar

A este desgaste por las denuncias de corrupción y por la ruptura del pacto anticasta se le suma, además, un malestar económico que Zentrix ya viene registrando en las mediciones previas y que en abril vuelve a aparecer con mucha fuerza en la vida cotidiana de los hogares. Los datos sobre economía doméstica terminan de darle cuerpo concreto a ese malestar: el 81,6% de los consultados reconoce que en los últimos seis meses tuvo que resignar algo para sostenerse, desde salidas, ocio o consumos no esenciales hasta compras habituales del hogar y, en los casos más delicados, gastos básicos como alimentos, salud o servicios.

El deterioro político encuentra un correlato directo en la vida cotidiana. El 81,6% de los encuestados afirma haber tenido que resignar consumos en los últimos seis meses, incluyendo gastos esenciales como alimentos, salud o servicios.

El ajuste, así, dejó de ser una discusión abstracta sobre variables macroeconómicas para convertirse en una experiencia cotidiana de privación, donde una parte importante de la sociedad ya no está recortando excedentes, sino aspectos centrales de su vida diaria.

Sobre esa base material se monta buena parte del desgaste político que hoy exhibe la gestión de Javier Milei: cuando el 86,6% siente que su salario no le gana a la inflación y el 60,4% afirma que sus ingresos le alcanzan sólo hasta el día 20 del mes, la tolerancia social frente al ajuste empieza a depender cada vez más de la credibilidad del Gobierno. Y ahí es donde las denuncias por corrupción adquieren un efecto mucho más corrosivo: no irrumpen sobre una sociedad estable, sino sobre hogares que ya vienen haciendo esfuerzos, resignando consumos y administrando privaciones. En ese contexto, la percepción de que el Gobierno podría estar reproduciendo prácticas asociadas a la misma “casta” que prometía combatir termina agravando la decepción y trasladándola al plano de la evaluación política. Por eso, la caída en la aprobación no parece responder a un único episodio, sino a la combinación entre malestar económico cotidiano y pérdida de autoridad moral, una mezcla que ayuda a explicar por qué la desaprobación viene creciendo sostenidamente desde febrero.

Además:

  • El 86,6% sostiene que su salario no le gana a la inflación
  • El 60,4% asegura que sus ingresos alcanzan solo hasta el día 20 del mes
  • El 70,3% desconfía de los datos oficiales de inflación

Este conjunto de variables refleja una brecha creciente entre la macroeconomía y la percepción social, donde el dato oficial pierde capacidad de validación frente a la experiencia cotidiana.

Economía de los hogares

Indicadores de percepción – abril 2026

Tuvo que resignar consumos 81,6%
Salario no le gana a la inflación 86,6%
Ingresos alcanzan hasta el día 20 60,4%
Desconfía del dato de inflación 70,3%

Fuente: Zentrix Consultora.

Imagen en caída y reconfiguración política

El impacto combinado de estas variables se refleja en la imagen presidencial: la aprobación cae al 33,1%, mientras la imagen positiva se ubica en 35,2% y la negativa escala al 59,3%, con un diferencial de -24 puntos.

Axel Kicillof muestra una recuperación relevante de imagen y logra salir del momento más débil de la serie reciente. Luego de haber tocado en febrero un piso de 30,5% de imagen positiva, en la medición actual cruza nuevamente la barrera de los 40 puntos y alcanza el 40,2%, mientras la negativa retrocede al 50%. El dato no alcanza todavía para hablar de una consolidación plena, pero sí marca un cambio de tendencia políticamente significativo: en un contexto de creciente descontento con el Gobierno nacional, Kicillof empieza a capitalizar parte de ese malestar como una referencia opositora. Su mejora parece nacer de un corrimiento del humor social frente al desgaste del oficialismo, en una coyuntura donde la microeconomía de los hogares sigue bajo presión y la percepción sobre la situación del país continúa siendo crítica. En ese escenario, Kicillof empieza a afirmarse como una de las figuras opositoras con mayor capacidad para canalizar ese descontento y consolidarse como referencia alternativa frente al Gobierno nacional.

En cambio, Manuel Adorni aparece como una de las figuras más castigadas del oficialismo, con una imagen negativa que trepa al 73,9%, un nivel excepcionalmente alto incluso para un escenario de fuerte polarización. Su desgaste parece estar directamente vinculado a la centralidad que ocupó en las semanas recientes, tanto por su nivel de exposición pública como por las denuncias vinculadas a posibles hechos de corrupción, un terreno especialmente sensible para un gobierno que construyó buena parte de su legitimidad sobre la promesa de enfrentar a “la casta”.

A eso se suma una percepción de explicaciones insuficientes frente al tema, lo que profundiza la idea de opacidad y termina agravando el costo político. Pero el problema no se agota en su figura: al tratarse de uno de los voceros más visibles y de un engranaje central del dispositivo político y comunicacional de Javier Milei, su deterioro no parece quedar encapsulado, sino que empieza a proyectarse sobre la propia imagen y la aprobación del Gobierno nacional, reforzando la sensación de desgaste del núcleo más expuesto del oficialismo.

Movimientos en el tablero político:

  • Axel Kicillof mejora su imagen y supera el 40%
  • Myriam Bregman logra el único diferencial positivo
  • Manuel Adorni registra un fuerte deterioro
  • Patricia Bullrich mantiene niveles relativamente estables

El dato central del informe no es solo la caída en la aprobación, sino el cambio de naturaleza del malestar. La combinación de deterioro económico y pérdida de autoridad moral empieza a erosionar los fundamentos políticos del oficialismo.

La promesa anticasta, que funcionó como blindaje simbólico frente al ajuste, comienza a invertirse y a transformarse en un punto de vulnerabilidad. En ese cruce entre economía real y percepción política, se redefine el clima social de cara al ciclo electoral.

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