PARQUE NACIONAL DO Iguaçu

Cataratas, dominio y recursos: un reclamo del estado de Paraná refresca una posición jurídica de Misiones

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Las Cataratas del Iguazú vuelven a instalar un debate de fondo sobre federalismo, jurisdicción y distribución de recursos en la frontera entre Argentina y Brasil. Esta vez, el detonante no proviene de Misiones sino del otro lado del río: el Estado de Paraná, que acaba de obtener un fallo favorable de la justicia federal brasileña sobre la titularidad de las tierras donde se ubica el área de visita del Parque Nacional do Iguaçu. La resolución -impulsada durante años por el diputado estadual Luiz Fernando Guerra– reconoce que las 1.085 hectáreas donde se encuentran las pasarelas turísticas, el Hotel das Cataratas y los circuitos de visita pertenecen al Estado de Paraná, aunque la gestión ambiental del parque -185 mil hectáreas- continúe bajo administración federal.

El caso brasileño no se limita a una discusión dominial. Su dimensión más relevante es económica. A partir de una ley aprobada en 2020 por la Asamblea Legislativa de Paraná y sancionada por el gobernador Ratinho Júnior, se estableció que parte de los recursos generados por la concesión turística del parque deben regresar al Estado y a los municipios linderos, en lugar de concentrarse exclusivamente en el sistema federal de conservación. 

El planteo, que ahora encuentra respaldo judicial, se sustenta en una premisa política clara: si uno de los principales destinos turísticos del continente genera millones en ingresos anuales, una parte de esa renta debe impactar directamente en el territorio donde se encuentra.

Ese debate inevitablemente resuena del lado argentino. Porque en Misiones existió una discusión de naturaleza similar, aunque con un desenlace completamente distinto. Hace nueve años, la Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró inconstitucional la creación del Parque Provincial del Río Iguazú, una iniciativa con la que la provincia buscaba ejercer jurisdicción sobre el cauce y el lecho del río Iguazú aguas arriba de las Cataratas. 

La medida había sido impulsada mediante las leyes provinciales XVI N.º 99 y N.º 112 y se apoyaba en la interpretación de que el parque nacional no comprendía necesariamente el curso del río.

El planteo provincial no cuestionaba la existencia del Parque Nacional Iguazú ni la titularidad de las Cataratas, pero sí pretendía extender un área de protección bajo dominio provincial sobre un sector del río. La iniciativa se inscribía en una estrategia más amplia de defensa de los recursos naturales en el marco de las competencias provinciales. Sin embargo, la Administración de Parques Nacionales judicializó la cuestión y el conflicto terminó en el máximo tribunal.

La Corte Suprema fue categórica. En su sentencia sostuvo que el río Iguazú, las Cataratas y el parque nacional constituyen una unidad natural inseparable, y que no existe fundamento jurídico que permita considerar que el parque termina en la línea de ribera del río. Según el fallo, aceptar ese criterio implicaría vaciar de contenido el establecimiento de utilidad nacional que motivó la creación del parque. En otras palabras, el tribunal consideró que el fenómeno natural de las cataratas -declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1984- fue precisamente una de las razones centrales para la existencia del parque nacional, y que fragmentar esa unidad atentaría contra su finalidad.

El fallo también rechazó el argumento provincial basado en el artículo 124 de la Constitución Nacional, que reconoce el dominio originario de las provincias sobre los recursos naturales. Para la Corte, ese principio no puede interpretarse de manera tal que permita modificar los límites de un establecimiento de utilidad nacional creado con anterioridad a la reforma constitucional de 1994. 

El tribunal recordó que el Parque Nacional Iguazú perteneció originalmente al Estado nacional, que lo retuvo cuando Misiones se convirtió en provincia en 1953 justamente por tratarse de un bien afectado a un uso público de interés nacional.

La sentencia concluyó con una referencia clásica al pensamiento de Juan Bautista Alberdi, quien sostenía que el poder federal debe ejercer supremacía en los objetos declarados de interés nacional. En consecuencia, la Corte determinó que una ley provincial no puede alterar el régimen jurídico ni los límites de un parque nacional creado por el Congreso.

Con ese fallo, la disputa jurídica quedó prácticamente cerrada. Pero el caso brasileño introduce una variable que obliga a reconsiderar el debate desde otro ángulo. La diferencia central entre ambos procesos no reside únicamente en la interpretación del dominio territorial, sino en el enfoque político sobre la distribución de los beneficios económicos generados por los parques.

En Brasil, el Estado de Paraná argumentó que la titularidad histórica de las tierras -que habrían sido concedidas por el Ministerio de Guerra a un particular en 1910 y luego adquiridas por el Estado en 1919- justificaba su reclamo. El Tribunal Regional Federal de la 4ª Región aceptó esa cadena dominial y reconoció la propiedad estadual del área. Sin embargo, incluso si el litigio continúa en instancias superiores, el movimiento político ya produjo un efecto: instaló con fuerza la discusión sobre quién se beneficia de la renta turística generada por el parque.

La dimensión económica del asunto es significativa. Solo en 2025, el parque del lado brasileño recibió más de dos millones de visitantes, con ingresos estimados en más de 200 millones de Reales por entradas -equivalentes a 41.314.571,96 dólares-. Si se agregan las actividades concesionadas, los paseos turísticos y los servicios hoteleros, el volumen de recursos en juego es aún mayor.

Del lado argentino, las cifras son comparables. El Parque Nacional Iguazú es uno de los principales destinos turísticos del país y genera un flujo económico considerable a través de la venta de 1,6 millones de entradas y las concesiones de servicios. Sin embargo, el esquema institucional argentino concentra la administración de esos recursos en la Administración de Parques Nacionales, un organismo federal dependiente del Estado nacional, que además, ahora avanza en una mayor privatización de los recursos, con la autorización para eventos privados. 

Misiones recibe beneficios indirectos -empleo, actividad económica, desarrollo turístico-, pero no participa de manera directa en la renta generada por el parque. Y ese es precisamente el punto que abre un nuevo interrogante.

Desde el punto de vista estrictamente jurídico, el precedente de la Corte Suprema parece dejar poco margen para reabrir una discusión sobre la titularidad del parque. La doctrina del fallo es clara: el establecimiento pertenece al Estado nacional y sus límites no pueden ser modificados por legislación provincial.

Pero el caso de Paraná sugiere que la discusión podría desplazarse hacia otro terreno: el federalismo fiscal de los parques nacionales.

Es decir, no quién es el propietario del parque, sino cómo se distribuyen los ingresos que genera.

En Argentina, el sistema de parques nacionales responde a una lógica centralizada, diseñada para garantizar una gestión ambiental uniforme y la preservación del patrimonio natural. Sin embargo, a medida que algunos destinos turísticos se transforman en motores económicos regionales, la cuestión de la distribución territorial de los beneficios comienza a ganar peso en la agenda política.

El movimiento impulsado por Paraná no modifica la naturaleza del parque ni su gestión ambiental federal. Pero sí propone un cambio en la forma en que los ingresos retornan al territorio. Ese enfoque podría abrir un debate que en Misiones parecía cerrado.

No necesariamente en los tribunales, donde la jurisprudencia de la Corte Suprema es contundente, sino en el plano político e institucional. Porque el caso brasileño introduce una pregunta que trasciende el litigio jurídico: ¿deberían las provincias que albergan grandes parques nacionales participar de manera más directa en los recursos que generan?

Las Cataratas del Iguazú constituyen un fenómeno singular. Un mismo patrimonio natural compartido por dos países, administrado bajo modelos institucionales diferentes. Mientras Brasil discute hoy cómo redistribuir la renta turística hacia el territorio, Argentina ha privilegiado históricamente la centralización “nacional” de la gestión.

Ambos modelos responden a tradiciones jurídicas distintas, pero la evolución del caso de Paraná demuestra que las discusiones territoriales sobre recursos naturales rara vez se cierran definitivamente.

En Iguazú, donde el río marca una frontera política pero no divide el paisaje ni su impacto económico, las decisiones que se toman de un lado suelen repercutir inevitablemente del otro. Y por eso, aunque el capítulo judicial argentino parezca concluido, el nuevo impulso que llega desde Paraná vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que en Misiones nunca desapareció del todo: si el debate sobre la renta del parque nacional está realmente terminado o si apenas quedó postergado.

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El Parque Nacional do Iguaçu cumple 81 años con buenas razones para celebrar

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El Parque Nacional Iguazú (lado brasileño), Patrimonio de la Humanidad, celebró su 81 aniversario el viernes 10 de enero de 2020. Para celebrar la fecha y los buenos resultados en la conservación de la biodiversidad y la satisfacción de las personas que visitan el sitio, la gerencia organizó un gran corte de pastel con el personal del parque en el Centro de Visitantes.

El parque protege un área de 185 mil hectáreas de bosque atlántico y una rica biodiversidad, que consiste en especies representativas de la fauna y flora brasileña. Atraídos por esta singularidad de la naturaleza, junto con el celo y el buen servicio, más de dos millones de visitantes de 178 países conectados con el Parque Nacional Iguazú durante 2019. Es la visita más grande jamás registrada en el conservación.

Según Ivan Baptiston, jefe del Parque Nacional Iguassu, la unidad de conservación ha desempeñado su papel. “Tenemos una agencia consolidada, 81 años exitosos y muchos logros. La historia del Parque Nacional Iguassu se mezcla con la historia de toda la región. Quiero registrar mi reconocimiento a todos los profesionales del Parque Nacional Iguassu, a todas las personas que participaron y contribuyeron a esta historia ”, dijo.

Las autoridades reconocen el valor del parque: el general Joaquim Silva e Luna, director gerente de Itaipu Binacional, destacó la colaboración entre Itaipu y Parque. “Hoy, se conservan más de cien mil hectáreas, también es responsabilidad de nuestro Itaipu Binacional. Participamos en esta historia. Desde la construcción de la planta en sí, ha habido una gran preocupación por la preservación de los animales y toda la naturaleza “.

El vicealcalde de Foz do Iguaçu, Nilton Bobato, alcalde interino, mencionó la importancia de la unidad de conservación para la ciudad. “En la construcción de una identidad, el Parque Nacional de Iguazú es la identidad de Foz de Iguazú. La ciudad está vinculada al Parque Nacional. No habría Foz de Iguazú si no fuera por el parque “.

El Parque Nacional Iguazú fue creado el 10 de enero de 1939, a través del Decreto Ley No. 1.035, del entonces Presidente de la República Getúlio Vargas. Y en 1986 recibió el título, otorgado por la UNESCO, de Patrimonio Natural de la Humanidad. Las Cataratas del Iguazú, ubicadas dentro de la unidad de conservación, recibieron el título de Maravilla Mundial de la Naturaleza el 11 de noviembre de 2011.

Asociación exitosa: el Parque Nacional Iguazú es administrado por el Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio), la agencia federal responsable de la administración de áreas federales protegidas en Brasil. Desde 1999, el Parque Nacional Iguazú ha gestionado los servicios de visitas turísticas del concesionario Cataratas do Iguaçu S.A., una compañía genuinamente Iguassuense que forma parte del Grupo Cataratas.

Fotos Marcos Labanca

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Bolsonaro podrá privatizar el Parque Nacional do Iguaçu

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En el boletín oficial del Brasil se publicó el visto bueno para la privatización de los parques nacionales de Iguaçu, Lençóis Maranhenses y Jericoacoara

La Agencia Brasil de noticias explica que el Consejo del Programa de Alianzas para la Inversión de la Presidencia de Brasil emitió su opinión favorable para la inclusión de áreas protegidas: el Parque Nacional Lençóis Maranhenses, el Parque Nacional Jericoacoara y el Parque Nacional Iguaçu, en el Programa Nacional de Privatización (PND), para fines de concesión. la prestación de servicios públicos para apoyar las visitas, la conservación, la protección y la gestión de las unidades, de acuerdo con una resolución publicada en la Gaceta Oficial Federal el martes (03/09).

En este sentido, el consejo tomó en consideración, entre otras cosas, el hecho de que las concesiones generan acciones que pueden mejorar la calidad del servicio ofrecido al público visitante y crear condiciones para el apoyo del trabajo de conservación, protección y gestión de parques nacionales, confiriendo ” El socorro proyecta el tratamiento prioritario previsto en la legislación ”.

El consejo también señaló que las concesiones permitirán ampliar las oportunidades de inversión y la creación de empleo, estimulando el crecimiento de la economía nacional y la consiguiente expansión y mejora de la infraestructura de servicios a los ciudadanos.

Bolsonaro busca remilitarizar el Amazonas para resolver la crisis ambiental

Mientras los incendios en el Amazonas aumentan un 106% , el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro se enfrenta a las críticas mundiales por no poder controlar la crisis y rechazar la ayuda de Francia. Para el mandatario brasileño la solución no son las políticas medioambientales sino volver a otorgarle poder a las Fuerzas Armadas y remilitarizar la región amazónica.

Bolsonaro nunca experimentó niveles de popularidad tan bajos como en la actualidad desde los incendios forestales, 39,5%. Pero lejos de aplicar políticas medioambientales, el mandatario buscó la solución en las Fuerzas Armadas que todavía no lograron frenar los incendios en el Amazonas. Según el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE, por sus siglas en portugués) los fuegos en la región se han triplicado respecto al año anterior. El día 28/08 se publicó un decreto presidencial prohibiendo prender fuegos en la Amazonia por 60 días, pero el mismo INPE observó un incremento del 106% de los fuegos en la zona.

La popularidad de Bolsonaro se encuentra en los niveles más bajos: pasó de ser 19% en febrero de 2019 a 39,5% en la actualidad, según un estudio realizado a fines de agosto por la Confederación Nacional de Transporte (CNT).

El presidente francés, Emmanuel Macron, declaró que Francia no aprobará el Acuerdo Unión Europea-Mercosur porque el presidente de Brasil ha faltado a su compromiso con la protección ambiental. Durante la Cumbre del G7, Macron se encargó de exponer y repudiar públicamente la política meadioambiental de Bolsonaro y logró que las potencias europeas destinen 20 millones de euros para ayudar a restaurar el pulmón del planeta y combatir los incendios que sufre. Sin embargo, el mandatario brasileño dijo este lunes (02/08) que no aceptaría “limosnas de ningún país del mundo con el pretexto de preservar a la Amazonía”. Por este motivo, el dinero del G7 ahora excluye el aporte de Francia, el cual será destinado “a otros países amazónicos”, según precisó la Cancillería chilena. 

En este contexto, Bolsonaro anunció ayer (02/08) que no participará de la cumbre regional sobre la crisis de los incendios en la Amazonia que se realizará el próximo viernes en Leticia, Colombia. Según informó su portavoz el mandatario debe someterse esa misma semana a una nueva cirugía de abdomen en San Pablo, por la puñalada recibida durante la campaña electoral de 2018 y deberá permanecer en reposo por 10 días.

Políticas ambientales de la administración Bolsonaro: 

Proteger el medio ambiente nunca fue prioridad para el gobierno de Jair Bolsonaro. Desde sus inicios recortó el presupuesto de fiscalización ambiental, en especial, el del Instituto Brasileño de Medio Ambiente –el IBAMA– que tiene un papel central en controlar la deforestación y el contrabando de madera y biodiversidad. Además despidió a Ricardo Galvão, el presidente del INPE, otro órgano federal de control. Bolsonaro y su ministro de Medio Ambiente criticaron los métodos que ya señalaban una alta incidencia de la devastación de los bosques. Galvão, defendia los métodos que la NASA reconoce como eficaces. 

El Acuerdo de París también le ha valido varias criticas al mandatario brasileño, en su momento felicitó a Trump por abandonar el Acuerdo y expresó su deseo de “explotar” la Amazonía brasileña junto a Estados Unidos. El mandatario sudamericano también dijo que respetaría el Tratado si se asegura que esto no signifique ceder la soberanía a las naciones indígenas ni la jurisdicción internacional sobre el Amazonas.

Por otro lado, los expertos afirman que la deforestación de la selva amazónica en Brasil se aceleró en el mes de mayo a la tasa más rápida en una década, según datos de un sistema sateéital de alerta temprana, porque madereros ilegales aumentaron su actividad alentados por protecciones ambientales menos rígidas bajo la presidencia de Jair Bolsonaro.

Alemania y Noruega fueron grandes aportantes del Fondo Amazonia, el principal tributo financiero internacional para apoyar la protección de la Amazonia, pero suspendieron las donaciones por las acusaciones de malversación económica por parte de Ricardo Salles, el ministro del Medio Ambiente. A partir de esto, los gobernadores de la región amazónica se vieron obligados a buscar directamente a países extranjeros para garantizar el mantenimiento de la ayuda externa.
Los incendios en el Amazonia demostraron que los expertos estaban tenían razón. Pero lejos de reconcer su error, Bolsonaro acusó a las ONG ambientalistas de ser las responsables de los incendios, esto generó una gran indignación en la opinión pública y las ONG protectoras del medioambiente tanto a nivel nacional como internacional.

Esta serie de políticas regresivas y acusaciones por parte de la administración Bolsonaro dieron pie a la creación del Frente Parlamentario por la Defensa de la Amazonia en el Congreso nacional de Brasil.

Militarización del Amazonas:

Ante la presión internacional por los incendios forestales y la crisis ambiental desatada, la respuesta de Bolsonaro fue enviar a las Fuerzas Armadas a la región amazónica, mediante el decreto de “Garantía de la Ley y el Orden“ (GLO por sus siglas en portugués). Esta medida prevista en la Constitución para situaciones de “perturbación del orden”- autoriza a las tropas del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea a actuar entre el 24/08 y el 24/09 “en áreas fronterizas, en las tierras indígenas, en las unidades federales de conservación ambiental y en otras áreas de los estados de la Amazonía Legal que requieran acciones preventivas y represivas contra delitos ambientales; y el levantamiento y la lucha contra los incendios”.


Con el GLO el ministerio de Defensa recibió 38 millones de reales (algo más de 8 millones de euros) para llevar adelante la operación. De esta manera, los militares recuperaron el protagonismo del que habían gozado los primeros días del mandato.

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