Petróleo

Crisis energética y política: seis miembros del G7 en desacuerdo con la medida de EE. UU.

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Para morigerar el impacto de la guerra en oriente medio en el precio del petróleo, el presidente de los Estados Unidos tomó algunas medias como liberar barriles y levantar sanciones a Rusia: varios países no estarían muy de acuerdo con la decisión del mandatario estadounidense.

Alemania, Canadá y Noruega están rechazan abiertamente la decisión estadounidense de levantar las sanciones petroleras contra Moscú. 

De hecho, el canciller alemán Friedrich Merz afirma que seis de los siete miembros del G7 no están de acuerdo con la medida de Washington.

Al menos 15 muertos en ataques de EE.UU. e Israel contra una zona industrial en Isfahán, Irán

Al menos 15 personas murieron este sábado en la ciudad iraní de Isfahán (centro) en ataques de Israel y Estados Unidos contra una zona industrial, en el decimoquinto día de la guerra, informaron las autoridades locales.

“Al menos 15 personas perdieron la vida a causa de los ataques”, anunció el vicegobernador de Isfahán, Ayud Darvishi, según informó la agencia Mehr.

Israel confirma el asesinato de dos altos cargos de inteligencia iraní en Teherán

El Ejército israelí afirmó este sábado haber matado a dos altos cargos de la rama de inteligencia del Comando Unificado de Operaciones Khatam al-Anbiya, quienes presuntamente habían asumido este papel tras el asesinato al inicio de esta guerra de otro comandante de inteligencia.

“Ayer (viernes), la Fuerza Aérea Israelí, actuando con base en información precisa de inteligencia, llevó a cabo un ataque selectivo en Teherán y eliminó a Abdollah Jalali Nasab y Amir Shariat”, detalla hoy un comunicado castrense.

Según Israel, el sector de inteligencia de este comando era el encargado de analizar información que posteriormente se presentaba a los responsables de seguridad iraníes para la toma de decisiones operativas, incluidas en esta ofensiva.

Irán amenaza con atacar empresas de EE.UU. si se golpea su infraestructura energética

Irán amenazó este sábado una vez más con atacar las instalaciones de las empresas estadounidenses en Oriente Medio en caso de que su infraestructura energética sea atacada por Estados Unidos e Israel, después del bombardeo contra la isla iraní de Jarg, corazón de la industria petrolera de la República Islámica.

“En caso de que las instalaciones iraníes sean atacadas, las fuerzas iraníes atacarán instalaciones de empresas estadounidenses en la región o compañías en las que Estados Unidos tenga participación”, advirtió el ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, según informó la agencia Tasnim.

Irán ataca sucursales de Citibank en el Golfo como represalia por los ataques a sus bancos

La Guardia Revolucionaria de Irán ha atacado con drones sucursales del estadounidense Citibank en Dubái (Emiratos Árabes Unidos) y Manama (Baréin) en respuesta a la “agresión enemiga” contra dos bancos iraníes, informó este sábado la agencia Tasnim.

El portavoz de ese cuerpo militar iraní, el general de brigada Ali Mohammad Naeini, advirtió de que si el “enemigo” repite esta acción, todas las sucursales de bancos estadounidenses en la región serán consideradas “objetivos legítimos”.

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La guerra en Medio Oriente impacta en la economía argentina: energía más cara, presión inflacionaria y un posible impulso exportador

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La escalada militar en Medio Oriente tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán el 28 de febrero volvió a sacudir el tablero energético internacional y abrió un nuevo frente de incertidumbre para la economía argentina. El salto del precio del petróleo —que trepó USD 29,58, un aumento del 40,8%, y ya supera los USD 100 por barril— comienza a trasladarse a los combustibles locales y amenaza con alterar variables sensibles como inflación, salarios y actividad económica.

El fenómeno plantea una tensión clásica para economías emergentes como la argentina: el encarecimiento de la energía puede impulsar ingresos por exportaciones de petróleo y otros commodities, pero al mismo tiempo eleva los costos productivos, presiona sobre los precios internos y complica el equilibrio fiscal. La pregunta que empieza a recorrer despachos oficiales y análisis privados es si este shock externo terminará siendo un nuevo obstáculo para la estabilización económica o una oportunidad para sectores exportadores.

El movimiento ocurre además en un momento de fuerte heterogeneidad en la actividad local, con sectores que muestran señales de recuperación y otros que todavía enfrentan debilidad en el consumo y en los salarios reales.

Energía más cara: el impacto inmediato en precios, logística y subsidios

El aumento del petróleo ya empezó a sentirse en el mercado doméstico. Los combustibles registraron incrementos de entre 6% y 7%, con ajustes iniciales cercanos al 4% por parte de la petrolera estatal.

Ese traslado no queda limitado al sector energético. En Argentina, el 90% del transporte de cargas se realiza por camión, lo que convierte al gasoil en una variable clave para el costo logístico de la economía. Cuando sube el combustible, el impacto se expande rápidamente hacia la industria, el comercio y los alimentos.

La presión también se extiende a otros insumos energéticos. El encarecimiento del jet fuel repercute en el transporte aéreo y empuja el precio de los pasajes, mientras que el aumento del gas licuado de petróleo afecta tanto a hogares como a industrias que utilizan ese insumo en sus procesos productivos.

La cadena industrial tampoco queda al margen. El incremento del precio del gas y de los derivados petroquímicos eleva el costo de plásticos, resinas, fertilizantes y fibras sintéticas, productos que atraviesan múltiples sectores manufactureros, desde alimentos hasta textiles o autopartes.

En paralelo aparece un desafío para la política económica: el impacto fiscal. Un encarecimiento sostenido de la energía vuelve más delicado el esquema de subsidios. Si el Estado absorbe parte del shock para evitar aumentos tarifarios, el gasto público se incrementa; si lo traslada a tarifas, el costo energético recae directamente sobre hogares y empresas.

Un sistema energético todavía en transición

La estructura energética argentina introduce un matiz adicional. El país logró convertirse en exportador neto de energía a partir de la expansión del gasoducto que conecta la producción de Vaca Muerta con el sistema nacional. Sin embargo, esa mejora no eliminó completamente la dependencia de importaciones.

Durante el invierno, el sistema aún requiere compras de gas natural licuado (GNL) para cubrir picos de demanda. Si los precios internacionales se mantienen elevados, esas adquisiciones pueden encarecer la balanza energética y presionar sobre las cuentas públicas.

En otras palabras, el shock externo llega cuando la matriz energética argentina todavía se encuentra en un proceso de transición entre la dependencia histórica de importaciones y el nuevo rol exportador basado en el desarrollo del gas no convencional.

Exportaciones, tipo de cambio y riesgo financiero

El escenario global no ofrece únicamente riesgos. El encarecimiento de la energía y de otros commodities puede mejorar los ingresos de varios complejos exportadores.

Sectores como energía, minería y agro podrían beneficiarse de precios internacionales más altos, lo que incrementaría el ingreso de dólares por exportaciones. En un contexto donde la disponibilidad de divisas sigue siendo un factor crítico para la estabilidad macroeconómica, ese flujo adicional podría aportar un alivio parcial.

Además, un contexto internacional más volátil podría derivar en presiones cambiarias externas. Si se produjera algún ajuste en el tipo de cambio motivado por factores globales, ciertas ramas industriales orientadas a exportaciones ganarían competitividad.

Sin embargo, el escenario internacional también tiene riesgos financieros. La mayor incertidumbre global puede complicar la reducción del riesgo país y estimular movimientos de capital hacia economías consideradas más seguras, lo que tiende a mantener altas las tasas de interés en mercados emergentes.

Inflación, salarios y el impacto sobre el consumo

La variable que más preocupa en el frente doméstico es el traslado del shock energético a la inflación.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional señaló que un aumento sostenido del 10% en el precio del petróleo puede sumar 0,4 puntos porcentuales a la inflación global y restar entre 0,1 y 0,2 puntos al crecimiento económico mundial. En economías con alta sensibilidad a los costos logísticos y energéticos, ese impacto suele amplificarse.

En Argentina, el encarecimiento de la energía puede modificar los precios relativos dentro de la economía, con efectos directos sobre el poder adquisitivo de los hogares.

El contexto salarial no ofrece demasiado margen de absorción. Según datos oficiales, los salarios registrados cayeron más de 2% en términos reales durante 2025. En diciembre de ese año, los ingresos crecieron 2% nominal, mientras que la inflación fue 2,8%, lo que profundizó la pérdida de poder de compra.

La caída es más marcada si se observa el período desde el cambio de gobierno. Entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025, el salario real de los trabajadores registrados perdió 7,1%. Dentro de ese universo, el sector público acumuló una caída del 17,03%, mientras que el sector privado registró una baja del 1,55%.

Si el shock energético se traduce en mayor inflación, el salario real podría enfrentar una nueva presión en el corto plazo, con efectos directos sobre el consumo interno.

Un nuevo factor externo en una economía todavía frágil

El conflicto en Medio Oriente vuelve a exponer un rasgo estructural de la economía argentina: su vulnerabilidad frente a shocks externos, especialmente cuando provienen del mercado energético.

El desafío para la política económica será administrar una ecuación compleja. Por un lado, aprovechar el impulso que pueden ofrecer los precios internacionales más altos para las exportaciones. Por otro, evitar que el aumento de los costos energéticos termine erosionando la recuperación del consumo y del salario real.

En ese equilibrio se juega una parte importante de la dinámica económica de los próximos meses. El impacto final dependerá de variables que todavía están abiertas: la duración del conflicto internacional, la evolución de los precios de la energía y la capacidad del Gobierno para absorber —o trasladar— ese shock externo dentro de la economía local.

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La inflación en Estados Unidos muestra señales de alivio, pero la Fed podría complicar el panorama

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Por John Kerschner, director global de productos y gestor de carteras en Janus Henderson Investors. El dato de inflación en Estados Unidos publicado esta mañana trajo, al menos en apariencia, algunas señales alentadoras. Según analizó John Kerschner, Global Head of Securitized Products y Portfolio Manager de Janus Henderson Investors, el índice de precios al consumidor (IPC) mostró una dinámica moderada que confirma que la inflación medida por los precios al consumidor sigue moviéndose en la dirección correcta.

El IPC general registró un aumento mensual de 0,27%, lo que deja la variación interanual en 2,43%. En tanto, el IPC subyacente -que excluye los componentes más volátiles- avanzó 0,22% en el mes y se ubicó en 2,47% interanual.

Ambos indicadores coincidieron prácticamente con las expectativas del mercado y marcaron el nivel interanual más bajo del IPC subyacente en casi cinco años, desde el salto inflacionario que siguió a la pandemia a comienzos de 2021. En ese contexto, la reacción del mercado de bonos fue prácticamente inexistente: los rendimientos apenas retrocedieron levemente.

Uno de los datos más relevantes del informe, según Kerschner, proviene del indicador conocido como Owner’s Equivalent Rent (OER) —una medida que estima el costo implícito de la vivienda para los propietarios—. Este componente registró una suba interanual de 3,17%, el nivel más bajo desde octubre de 2021, lo que sugiere que la presión sobre los costos de vivienda continúa moderándose.

El nivel actual del OER se ubica, de hecho, en una zona similar a la observada entre 2016 y 2020, cuando el mercado inmobiliario estadounidense ya se había recuperado de la crisis financiera global pero todavía no había experimentado el fuerte aumento de precios de las viviendas que siguió a la pandemia.

Sin embargo, el panorama no es completamente positivo. Kerschner advierte que el próximo dato de inflación medido por el índice de gastos de consumo personal —el PCE, que se publicará el viernes— probablemente muestre un panorama bastante menos favorable. Las estimaciones apuntan a una inflación superior al 3% y, más preocupante aún, con una tendencia que estaría moviéndose en la dirección equivocada.

La diferencia radica en la forma en que se construyen ambos indicadores. Mientras el IPC mide la evolución de una canasta fija de precios al consumidor, el PCE se basa en lo que efectivamente compran los hogares. Por esa razón, este índice tiene una mayor exposición al gasto en salud y menor peso del componente vivienda.

Históricamente, la inflación medida por el PCE suele ubicarse alrededor de 50 puntos básicos por debajo del IPC. En el escenario actual ocurre lo contrario: el PCE estaría aproximadamente 50 puntos básicos por encima, una anomalía que complica la lectura de la política monetaria.

Esto coloca a la Reserva Federal de Estados Unidos en una posición incómoda. El banco central ha reiterado en múltiples ocasiones que considera al PCE como su medida de inflación “preferida”. Aunque el actual presidente, Jerome Powell, tiene cierto margen político dado que su mandato finaliza en mayo, su posible sucesor, Kevin Warsh, podría enfrentar decisiones complejas a la hora de recortar las tasas de interés, especialmente si el mercado laboral continúa mostrando señales de debilidad.

A este escenario se suma otro factor de presión: el precio del petróleo. Desde el inicio de la guerra con Irán, el crudo subió aproximadamente 33%. Aunque parte de ese movimiento podría ser transitorio, Kerschner considera probable que el petróleo termine estabilizándose en niveles algo más altos que los de hace dos semanas.

Como referencia, señala que un aumento del 10% en el precio del petróleo suele traducirse en un incremento de entre 20 y 30 puntos básicos en la inflación general. Por eso, aunque los datos de hoy ofrecen cierto alivio para los mercados, no se descarta que en los próximos meses vuelvan a aparecer registros inflacionarios más incómodos, que la Reserva Federal podría tener -o no- margen para ignorar.

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El peso argentino resiste el shock y entra en el top 5 de monedas más estables en medio de la guerra

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En medio de la escalada geopolítica en Medio Oriente y del salto en los precios del petróleo, el peso argentino aparece entre las monedas con mejor desempeño relativo frente al dólar. Mientras gran parte de las divisas del mundo registran fuertes depreciaciones por la búsqueda de refugio en activos seguros, la moneda local figura entre las cinco que menos se debilitaron desde el inicio del conflicto.

De acuerdo con datos de mercado, el ranking lo encabeza el shekel israelí, que se aprecia cerca de 0,7% frente al dólar. Luego se ubican el dólar canadiense, con una suba de 0,4%, y el dólar de Hong Kong, prácticamente estable. En cuarto lugar aparece la lira turca, con una depreciación de 0,3%, mientras que el peso argentino ocupa el quinto puesto, con una caída moderada de 0,4% desde el cierre de febrero.

Aunque el saldo es levemente negativo, el desempeño resulta destacado si se lo compara con el de otras monedas relevantes como el euro, el franco suizo o el yuan chino, que mostraron mayores caídas frente al dólar en medio de la incertidumbre global.

En América Latina, además, el peso argentino exhibe el mejor resultado relativo: divisas como el peso chileno, el sol peruano, el peso mexicano y el real brasileño acumulan depreciaciones que llegan hasta 5,3% en el mismo período.

Energía y materias primas, claves en la resistencia

Según el análisis de Guardian Capital, varias de las monedas que logran resistir la presión del dólar pertenecen a economías con fuerte vínculo con las materias primas, cuyos precios se dispararon tras las tensiones en el Estrecho de Ormuz, una ruta por donde circula cerca del 20% del petróleo comercializado en el mundo.

En el caso argentino, la diferencia radica en el cambio estructural del sector energético. Gracias a la expansión de Vaca Muerta, el país pasó de ser importador a exportador neto de energía, lo que mejora la balanza comercial cuando el petróleo sube.

En ese escenario, los mayores precios internacionales del crudo anticipan más ingreso de dólares vía exportaciones, lo que contribuye a sostener al peso.

El flujo de dólares y las tasas, otro sostén

El economista Gustavo Ber sostiene que la relativa estabilidad del peso también se explica por el flujo de ingreso de divisas al mercado local, junto con tasas de interés elevadas que siguen atrayendo capitales financieros.

Estos factores ayudan a amortiguar el impacto del fortalecimiento global del dólar, impulsado por la búsqueda de refugio de los inversores en momentos de incertidumbre internacional.

Desde el equipo económico del Gobierno también minimizan el impacto del conflicto. El ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó desde Nueva York que la guerra en Medio Oriente no generó presión significativa sobre el mercado cambiario.

“Estamos ante uno de los mayores shocks externos de los últimos tiempos y el dólar no se movió. Lo importante es tener una macro sólida. En otro contexto, hubiera generado una debacle”, sostuvo.

La intervención del Banco Central

Los analistas de GMA Capital señalan que el comportamiento del peso también estuvo influido por la actividad del Banco Central en los mercados financieros.

Durante la última semana, la autoridad monetaria moderó el ritmo de compras de reservas, con un promedio cercano a US$62 millones diarios, mientras en el mercado de futuros de dólar se registraron volúmenes elevados de contratos en el corto plazo y una baja en las tasas implícitas, señales que sugieren intervenciones oficiales para limitar la presión alcista sobre el tipo de cambio.

Agro y energía: los dólares que vienen

Hacia adelante, el desempeño del peso dependerá en gran medida de cuánto se prolongue la tensión global. Sin embargo, el mercado anticipa que la oferta de divisas podría fortalecerse en los próximos meses.

La soja, principal fuente de ingreso de dólares del país, sube cerca de 6% desde el inicio del conflicto y acumula un avance de 17% en lo que va del año, con precios cercanos a US$450 por tonelada. Las exportaciones del complejo agroindustrial podrían ubicarse entre US$34.000 millones y US$36.000 millones en 2026.

A esto se suma el sector energético. En 2025 la balanza comercial energética registró un superávit récord de US$7.800 millones, y las proyecciones para este año, antes del conflicto, estimaban entre US$8.000 millones y US$10.000 millones. Con el petróleo en alza, el ingreso de divisas podría superar esas previsiones.

Un escenario todavía desafiante

Pese a la resiliencia reciente, el panorama cambiario sigue condicionado por la evolución del conflicto global. Si la tensión se prolonga, el equipo económico podría intensificar su presencia en el mercado de futuros de dólar para moderar eventuales presiones.

Mientras tanto, el Gobierno apuesta a que la combinación de mayor oferta de dólares del agro, exportaciones energéticas en expansión y tasas altas continúe sosteniendo la estabilidad relativa del peso frente a un contexto internacional volátil.

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El cierre del estrecho de Ormuz podría disparar el petróleo hasta los U$S150 por barril

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Nayel Al-Jawabra, analista de mercado sénior, VT Markets. La escalada en Oriente Medio ha transformado al petróleo en un activo macroeconómico estratégico. Un cierre del estrecho de Ormuz, aunque fuera por unas semanas, podría desatar un efecto dominó que impulse el precio del crudo hasta los 150 dólares o más, generando una huida hacia la liquidez y una apreciación del dólar estadounidense.

El crudo ya no obedece únicamente la lógica de oferta y demanda; ahora se mueve al ritmo de la inflación global y de las políticas de los bancos centrales. Para enfrentar 2026, la pregunta dejó de ser cuántos barriles quedan y pasó a ser cuánto riesgo flota en el aire.

Escalada en los precios del crudo

El Brent supera los 110 dólares y el WTI se mantiene por encima de los 107, el alza más rápida desde la década de 1980. Desde el inicio del conflicto, ambos han subido 50% y 60%, respectivamente. Lo que comenzó como un ataque localizado se convirtió en una guerra regional que reconfigura la estructura del mercado energético.

El motor detrás de los precios de tres dígitos no es la falta de crudo, sino la prima de riesgo asociada al estrecho de Ormuz, por donde cruza el 20% del comercio mundial de petróleo. Con Irak reduciendo su producción 60% y Kuwait siguiendo el mismo camino, el mercado físico empieza a resentirse. El ministro de Energía de Qatar, Saad Al-Kaabi, advirtió que un cierre prolongado podría catapultar el precio hasta los 150 dólares por barril.

¿150 dólares por barril?

El principal factor detrás de los precios de tres dígitos no es la escasez de crudo en el subsuelo, sino la prima de riesgo asociada al estrecho de Ormuz. Por ahí transita cerca del 20% del comercio mundial de petróleo, y la actual escalada entre Estados Unidos e Irán ha generado un cuello de botella tanto logístico como psicológico.

Con Irak reduciendo su producción en 60% y Kuwait siguiendo el mismo camino, el mercado físico comienza a resentirse. La amenaza mantiene los precios al alza, mientras los operadores valoran los peores escenarios posibles. El viernes, el ministro de Energía de Qatar, Saad Al-Kaabi, advirtió que un cierre prolongado de las exportaciones energéticas del Golfo podría catapultar el petróleo hasta los 150 dólares por barril.

La brecha entre Brent y WTI

La tensión geopolítica ha ampliado la diferencia entre ambos indicadores a su nivel más alto en dos años. El Brent, más expuesto a los suministros de Oriente Medio, lidera las subidas, mientras el WTI avanza con retraso gracias a la producción interna de Estados Unidos. Esta brecha revela que la crisis es esencialmente un problema de transporte y seguridad marítima a nivel global; si se redujera, implicaría una escasez más amplia que también afectaría a las costas estadounidenses.

Nueva mentalidad monetaria: huida hacia el efectivo

Cuando el petróleo sube por miedo y no por demanda, se activa un ciclo de aversión al riesgo. El dólar se ha fortalecido ante inversionistas que buscan refugio por temor a los efectos de una guerra prolongada en el suministro energético y el crecimiento global. La reacción es inmediata: acciones, bonos y metales caen, mientras el dinero fluye al dólar.

Un petróleo a 150 dólares aumentaría las presiones inflacionarias y podría frenar los planes de flexibilización de la Reserva Federal, consolidando tasas elevadas por más tiempo. A su vez, eso encarece la deuda corporativa y presiona las valuaciones bursátiles.

El fin de la red de seguridad del suministro

En crisis anteriores, la OPEP+ o los productores estadounidenses compensaban los aumentos con más perforación. En 2026, esa capacidad de respuesta se ha difuminado. Los productores, guiados por la disciplina de capital, priorizan la rentabilidad sobre la expansión. La OPEP+, por su parte, protege su participación ante la transición energética. El resultado es una oferta estable, pero inflexible.

Navegar este escenario exige abandonar estrategias tradicionales y adoptar una visión multiactivos. Las monedas de países importadores de energía suelen depreciarse cuando sube el crudo, y las tasas de interés elevadas son ahora tan relevantes como los precios del barril para prever impactos económicos.

El alza simultánea del petróleo y de las tasas golpea las ganancias y encarece el crédito, impulsando a los inversionistas a refugiarse en activos más seguros, como el dólar estadounidense. La volatilidad se perfila como la nueva norma: la era de costos energéticos predecibles terminó, y el petróleo se confirma como un instrumento político y un barómetro económico del riesgo global.

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