PETRÓLEO

Petróleo y Mercados: la AIE lanza su “Bala de Plata” ante el escepticismo de los inversores

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Por Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL. La crisis energética en Medio Oriente ha escalado a un nuevo nivel de tensión este miércoles. Tras un lunes y martes de extrema volatilidad, donde el crudo llegó a tocar los USD 120, la Agencia Internacional de Energía (AIE) decidió jugar su carta más agresiva: la liberación de 400 millones de barriles de petróleo de las reservas estratégicas.

Esta movilización, la mayor en la historia de la organización (duplicando el récord de 2022), busca recomponer parcialmente la oferta para frenar la escalada de precios. Sin embargo, el mercado reaccionó con cierto escepticismo. Aunque el barril de Brent cotiza actualmente en torno a los USD 92,11 y el WTI cerca de los USD 87,67, los precios rebotaron un 5% intradía. ¿La razón? Los analistas advierten que la liberación diaria estimada de 3,3 millones de barriles es apenas un “parche” frente a los 20 millones de barriles diarios que siguen bloqueados por el cierre del Estrecho de Ormuz.

Inflación en EE. UU.: La calma antes de la tormenta 

Hoy se conoció el dato de inflación de febrero en EE. UU., que marcó un 2,4% anual, cumpliendo con las expectativas del mercado. Sin embargo,debemos considerar que esta cifra no captura el contexto actual. En perspectiva, el segmento denominado “Energy commodities” representa alrededor de 3% del CPI, por lo que el salto en el precio del petróleo (en caso de mantenerse) podría trasladarse en un mayor nivel de inflación.

Expectativas de la Fed: Aunque la inflación venía moderándose, el shock energético actual ha oscurecido el panorama. Los inversores temen que, si el barril se mantiene cerca de las tres cifras, la Reserva Federal postergue la baja de tasas. En este sentido, el mercado descuenta un escenario de solamente un recorte de tasas para este 2026, proyectando finalizar el año en el rango de 325-350 con una probabilidad mayor al 70%.

Wall Street: Entre el miedo bélico y el boom de la IA 

La rueda de este miércoles refleja un mercado fracturado. Mientras el Dow Jones (-0,76%) y el S&P 500 (-0,31%) sufren por el peso de la industria y el temor a una recesión energética, el sector tecnológico pelea por encontrar un respiro inesperado:

Oracle (ORCL): Saltó más de un 8% tras presentar balances sólidos y proyecciones récord impulsadas por la demanda de centros de datos para Inteligencia Artificial.

Nasdaq: Se mantiene como el índice más resiliente (-0,04%), demostrando que el flujo inversor sigue buscando refugio en empresas con balances sanos, valuaciones atractivas y crecimiento estructural por encima de las cíclicas.

Claves para el cierre de hoy

DXY imparable: El dólar global se mantiene fuerte en los 99,22 puntos. Es el refugio absoluto ante un conflicto que parece no tener fin cercano (“unconditional surrender” en palabras de Trump).Hormuz bajo fuego: Informes de minas navales en el estrecho y ataques a barcos minadores por parte de EE. UU. sugieren que la reapertura de la ruta logística no será cuestión de días, sino de semanas o meses.

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Estados Unidos-Irán: el petróleo vuelve al centro del riesgo global y complica el escenario para Argentina

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La tensión creciente entre Estados Unidos e Irán volvió a colocar al petróleo en el centro de la escena financiera global. Con casi el 20% del suministro mundial atravesando el estrecho de Ormuz, el mercado evalúa hasta dónde puede escalar el precio del crudo y qué implicancias tendría sobre la inflación y la política monetaria estadounidense.

Desde Janus Henderson, Adam Hetts, director global de Multi-Asset, señaló que “la atención se centra en el impacto sobre el precio del petróleo”, recordando que el estrecho de Ormuz es un cuello de botella clave por donde transita alrededor del 20% del suministro mundial. Si bien los precios ya superaron los 70 dólares por barril, el ejecutivo considera que el mercado aún descuenta “un conflicto limitado y de duración relativamente corta”.

Hetts advirtió que un escenario de mayor persistencia podría cambiar el panorama: “Un período prolongado de incertidumbre y precios más altos podría reactivar temores inflacionarios y reducir la probabilidad de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal”.

Desde América Latina, la lectura es más cautelosa. Alfredo Marentes, analista de mercado de VT Markets, sostuvo que el escenario más probable en esta etapa es “una mayor volatilidad y una prima de riesgo a corto plazo en los precios del petróleo”. Sin embargo, alertó que si el conflicto interrumpe físicamente los flujos de crudo, el impacto podría ser más duradero y trasladarse a la inflación global.

En la misma línea, Eduardo Ramos Romero, Senior Market Analyst Latam, afirmó que la prima de riesgo podría sostenerse más tiempo del previsto. “Ya no estamos frente a tensión diplomática. Hay fricción operativa: buques dañados, congestión marítima y retiro de coberturas de seguro. No hace falta un bloqueo formal para que el mercado ponga precio al riesgo”, explicó.

El impacto sobre la Reserva Federal es clave. “Un shock energético es casi siempre estanflacionario: eleva la inflación y erosiona el crecimiento. Si el petróleo se mantiene alto, sube el umbral para que la Fed recorte tasas”, indicó Ramos Romero.

¿Qué pasa en Argentina?

De acuerdo a Romero Argentina es la más vulnerable de los países de la región. “Es altamente sensible a condiciones financieras globales. Si el dólar se fortalece en episodios de tensión y el acceso a financiamiento se encarece, el impacto suele reflejarse rápido en riesgo país y presión cambiaria. En un escenario de estrés, el canal financiero pesa más que cualquier mejora indirecta por commodities.”, explica el analista.

Asimismo señala que para Argentina el canal más relevante es el financiero. “Si el dólar se fortalece y las tasas globales se vuelven más volátiles, el impacto suele reflejarse rápidamente en el riesgo país y en la presión cambiaria. En un escenario de estrés, el canal financiero pesa más que cualquier mejora indirecta por commodities”, advirtió.

Por su parte, en la región el efecto es dispar. México podría beneficiarse parcialmente por su perfil petrolero, aunque su moneda suele actuar como termómetro del riesgo emergente. Chile y Perú enfrentan un equilibrio delicado: un alza amplia de materias primas podría favorecerlos, pero un enfriamiento global derivado de energía cara afectaría la demanda de metales.

“Si el shock se prolonga, el riesgo central es que la energía vuelva a presionar la inflación y limite el margen de la Fed. Y cuando se combinan petróleo alto, dólar volátil y tasas inciertas, los emergentes enfrentan un entorno más desafiante. Argentina sería la más sensible”, concluyó Ramos Romero.

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Cerca 375 millones de barriles bloqueados en el mar ponen en jaque al mercado mundial del petróleo​

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Cerca de 375 millones de barriles de petróleo permanecen almacenados en buques frente a distintas costas del planeta, una cifra equivalente a casi todo el consumo anual de España. El atasco marítimo del crudo ruso está alterando los flujos comerciales y añadiendo volatilidad a los precios internacionales. La magnitud del fenómeno revela hasta qué punto las sanciones y la sobreoferta han desajustado el equilibrio energético global, mientras crece el interés por soluciones como los biocombustibles que permiten diversificar la matriz energética y así no depender tanto de esta fuente de energía.

Repercusiones de este almacenamiento flotante masivo

  • El volumen de crudo acumulado en petroleros ha crecido de forma sostenida, con Rusia como protagonista central tras las restricciones en sus rutas comerciales habituales.
  • Estas restricciones europeas y los topes al precio han obligado a redirigir cargamentos hacia Asia, generando demoras logísticas y un uso intensivo del almacenamiento flotante.
  • El petróleo retenido en el mar roza los 375 millones de barriles, una cifra inusual incluso en comparación con los picos registrados en periodos como por ejemplo durante la pandemia vivida en 2020.
  • La demanda internacional menos dinámica de lo previsto y la producción sin ajuste inmediato contribuyen al embudo en puertos estratégicos y rutas marítimas clave.
  • Este desajuste eleva los costes de transporte y presiona las cotizaciones del barril, lo que repercute directamente en el precio del gasoil y en el coste del transporte de mercancías.

¿Qué impacto está teniendo este suceso?

La acumulación masiva de crudo en el mar tiene efectos directos sobre la formación de precios. En el corto plazo, la percepción de sobreoferta puede contener el valor del barril, lo que influye en referencias como el precio del gasoil y en la factura de consumidores y transportistas.

Mantener millones de barriles en buques durante periodos prolongados incrementa los riesgos operativos y ambientales. El almacenamiento prolongado aumenta la exposición a incidentes, deterioro técnico y tensiones en zonas de tráfico intenso. Este episodio pone en cuestión la resiliencia del sistema energético internacional, dependiente de cadenas logísticas complejas y equilibrios políticos inestables, y refuerza la urgencia de estrategias para reducir el consumo energético en todos los niveles.

Proyección y sostenibilidad del modelo energético cuestionada

El atasco marítimo refleja una contradicción estructural: la producción mundial de crudo sigue siendo elevada pese a los compromisos de transición energética. La incapacidad del mercado para absorber determinados volúmenes evidencia un modelo sobredimensionado y vulnerable a decisiones geopolíticas.

En paralelo, crece el debate sobre alternativas energéticas y reducción de emisiones. Compañías como Repsol destacan la necesidad de diversificar fuentes y avanzar en eficiencia para mitigar la volatilidad, considerando también la importancia de la huella de carbono de sus operaciones. El actual embudo petrolero no solo tensiona precios; también obliga a replantear estrategias de largo plazo en un contexto de incertidumbre creciente.

Fuente: papernest.es

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La guerra del petróleo: qué puede ganar Argentina en medio de la crisis global

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En la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, el presidente Javier Milei volvió a colocar a la energía como uno de los ejes estratégicos para el crecimiento económico y la inserción internacional del país. El mensaje se dio en un contexto global atravesado por una fuerte tensión geopolítica, con Estados Unidos, Israel e Irán en el centro de un conflicto que ya genera impactos potenciales sobre la producción, la logística y los precios internacionales del petróleo y el gas.

En ese escenario, Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, trazó un diagnóstico que combina la transformación estructural del sector energético argentino con las oportunidades que podrían abrirse en un mercado mundial más volátil y fragmentado.

Energía como “ordenador” económico

Para Carnicer, la energía dejó de ser un factor defensivo —históricamente asociado al déficit externo— para convertirse en un “ordenador económico” de la Argentina.

“Solo en hidrocarburos, el año pasado se registró un saldo positivo cercano a los 5.000 millones de dólares, frente a una historia acumulada entre 2010 y 2023 de unos 40.000 millones de dólares negativos”, subrayó. El cambio de signo en la balanza energética, en un país acostumbrado a importar gas y combustibles, marca un punto de inflexión estructural.

En esa línea, señaló que tanto la energía como la minería “aparecen como factores de enorme trascendencia” para fortalecer la balanza comercial y el desarrollo productivo. No se trata solo de exportaciones, sino también de encadenamientos industriales, infraestructura y empleo calificado.

Nueva geografía de la riqueza

Carnicer también puso el foco en la dimensión federal del proceso. La localización de los recursos energéticos —desde Vaca Muerta hasta el litio del norte— impacta en la distribución territorial de la riqueza y favorece a provincias históricamente relegadas como Catamarca, Jujuy, Salta, San Juan o Santa Cruz.

En esa misma lógica interpretó la decisión de localizar puertos de exportación en Río Negro en lugar de concentrarlos en la provincia de Buenos Aires: una señal de ampliación territorial de los beneficios que genera el desarrollo de Vaca Muerta.

El especialista destacó además el papel del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), al que calificó como “imprescindible” para recuperar credibilidad tras años de inseguridad jurídica y leyes de emergencia económica. “Una ley que garantice que esas condiciones no volverán a repetirse es un reaseguro fundamental para atraer inversiones y sostener el crecimiento del sector energético”, afirmó.

Reactivar el plan nuclear y diversificar la matriz

Otro eje central del análisis fue la energía nuclear. Según Carnicer, la Argentina cuenta con capacidades intelectuales y tecnológicas que quedaron relegadas durante décadas, en parte porque el mundo también desplazó esta fuente.

Hoy, con el impulso a los reactores modulares de pequeña potencia en Estados Unidos y Europa —con Francia como referencia—, el escenario vuelve a abrirse. “Debemos ser pragmáticos y diversificar la matriz energética”, sostuvo, en línea con una estrategia que combine hidrocarburos, renovables y nuclear.

En materia tarifaria, explicó que la desactualización acumulada obligó a realizar ajustes para alcanzar una “tarifa justa y razonable”, recordando que la tarifa no es el precio de la energía sino el costo de transportarla y distribuirla. Según su mirada, el esquema de actualización mensual busca recomponer el atraso sin provocar un shock brusco en los usuarios.

Guerra, logística y reposicionamiento global

El conflicto que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán introduce un factor de incertidumbre adicional. “Los conflictos bélicos generan cambios logísticos fulminantes en el abastecimiento energético mundial”, advirtió Carnicer, recordando lo ocurrido tras la invasión rusa a Ucrania.

Cuando este tipo de guerras se prolongan, modifican la logística global, encarecen el transporte marítimo y alteran la productividad energética. Un punto sensible es el rol de Qatar como uno de los mayores exportadores de Gas Natural Licuado (GNL), en competencia con Australia y Estados Unidos. Cualquier afectación en su producción tendría un impacto fuerte sobre el abastecimiento global.

En ese contexto, Estados Unidos aparece como proveedor alternativo fortalecido, pero otros países con capacidad exportadora también podrían ganar posicionamiento.

Ventana de oportunidad para el GNL argentino

Carnicer destacó que la Argentina tiene proyectos de exportación de GNL previstos a partir de 2027. Si se aceleran los tiempos, el país podría aprovechar mejor un mercado internacional tensionado y con precios más altos.

La producción de petróleo también muestra un salto significativo: hoy supera los 900.000 barriles diarios, frente a los alrededor de 500.000 de hace apenas tres años. “Aunque surge de una situación internacional muy desagradable como es una guerra, los precios más altos del crudo favorecen a países productores como Argentina”, explicó.

No obstante, advirtió que el factor decisivo será la confiabilidad interna. “Si Argentina mantiene un comportamiento doméstico confiable y evita políticas como cortar exportaciones o incumplir contratos, puede posicionarse como un proveedor energético seguro para el mundo.”

En un escenario global marcado por la volatilidad en Europa y Medio Oriente, el especialista concluye que el país puede consolidarse como un centro de producción y exportación de energía libre de conflictos bélicos. No es casual, sostuvo, que los contratos de exportación de GNL en negociación estén orientados a países como Alemania, en el marco de proyectos como el que impulsa Southern Energy con horizonte en 2027.

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Estados Unidos en Venezuela: “Avanza un orden global donde el poder se impone al derecho internacional de posguerra”

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La captura de Nicolás Maduro y la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela no constituyen, según Fernando Straface, un episodio aislado ni una reacción improvisada, sino la manifestación más visible de una gran estrategia geopolítica en plena ejecución. Para el director del Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones de la Universidad Austral, lo ocurrido tiene una dimensión comparable a los grandes hitos recientes del sistema internacional porque altera directamente el equilibrio global de poder.

Desde esta perspectiva, Washington decidió abandonar décadas de retórica multilateral y ejercer de forma explícita, directa y no condicionada su influencia en el continente americano. Straface lo define como la reactivación de la histórica Doctrina Monroe, resignificada por Donald Trump como “Doctrina Donroe”: un mensaje político claro de que el hemisferio occidental es considerado una zona estratégica bajo responsabilidad estadounidense.

En el centro de esta estrategia aparece un activo crítico: el petróleo venezolano. Venezuela posee las mayores reservas probadas del mundo, un recurso clave para la seguridad energética global y, por lo tanto, para la competencia entre potencias. Hasta ahora, esas reservas eran explotadas por un régimen alineado con China, Rusia e Irán, que además abastecía de crudo barato a Beijing, principal rival estratégico de Estados Unidos.

Desde la óptica de Washington, explica Straface, un recurso de esa magnitud no podía permanecer bajo el control de un gobierno hostil. Por eso, la intervención apunta tanto a recuperar el control político como económico de la explotación petrolera, incluyendo la restitución de derechos de empresas estadounidenses que habían sido vulnerados. Pero el objetivo excede lo comercial: el petróleo es una pieza clave en la disputa por energía, cadenas de suministro y poder geopolítico.

En el plano político, Straface es categórico: Venezuela es una dictadura, con concentración del poder, represión y violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Sin embargo, el fin del régimen abre un debate central sobre el método: la legalidad y legitimidad internacional de una intervención militar unilateral.

Según el analista, este episodio exhibe una “tecnología política alternativa” para enfrentar quiebres democráticos, más eficaz que los mecanismos institucionales tradicionales. El multilateralismo construido después de la Segunda Guerra Mundial, con la Organización de las Naciones Unidas como eje, queda profundamente tensionado frente a este tipo de acciones directas. La crisis venezolana interpela así a las instituciones multilaterales sobre su capacidad real para responder a situaciones extremas.

Estados Unidos justificó su acción presentando a Maduro como jefe de una estructura criminal vinculada al narcotráfico, lo que, dentro de su propia narrativa, habilitó la extracción directa del poder. Para Straface, este argumento refleja un cambio más amplio: las reglas tradicionales del sistema internacional están en crisis y atraviesan una transición acelerada hacia un orden más crudo, donde priman las relaciones de poder por sobre las normas escritas.

En este nuevo escenario se consolida una lógica de áreas de influencia: Estados Unidos en el continente americano, Rusia en su periferia regional y China en Asia. Aunque todavía no está institucionalizado, este orden se manifiesta en los intentos de Trump de negociar entendimientos estratégicos con Moscú y Beijing, respetando esferas de influencia.

El trasfondo humanitario también ocupa un lugar central en el análisis. El éxodo de más de ocho millones de venezolanos constituye uno de los mayores desplazamientos humanos de la historia moderna. Frente a esa tragedia, emerge la idea de un “bien superior”: el bienestar de millones de ciudadanos sometidos a represión, pobreza y exilio.

La salida de Maduro es vista como un primer paso para terminar con la tiranía, pero el camino posterior está lejos de estar claro. Según Straface, la asunción inmediata de las autoridades opositoras electas no aparece hoy como la opción prioritaria de Estados Unidos. En cambio, se perfila una trayectoria de entendimiento con un gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, con el petróleo como eje de negociación.

En última instancia, la legitimidad internacional de la intervención estadounidense dependerá de algo concreto: la capacidad real de avanzar hacia un cambio de régimen auténtico, con transición democrática, restitución de derechos, institucionalidad y participación efectiva de la oposición. Sin ese resultado, la operación quedará como un hecho de fuerza en un mundo cada vez más gobernado por la lógica del poder.

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