Política Económica

La guerra en Medio Oriente impacta en la economía argentina: energía más cara, presión inflacionaria y un posible impulso exportador

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La escalada militar en Medio Oriente tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán el 28 de febrero volvió a sacudir el tablero energético internacional y abrió un nuevo frente de incertidumbre para la economía argentina. El salto del precio del petróleo —que trepó USD 29,58, un aumento del 40,8%, y ya supera los USD 100 por barril— comienza a trasladarse a los combustibles locales y amenaza con alterar variables sensibles como inflación, salarios y actividad económica.

El fenómeno plantea una tensión clásica para economías emergentes como la argentina: el encarecimiento de la energía puede impulsar ingresos por exportaciones de petróleo y otros commodities, pero al mismo tiempo eleva los costos productivos, presiona sobre los precios internos y complica el equilibrio fiscal. La pregunta que empieza a recorrer despachos oficiales y análisis privados es si este shock externo terminará siendo un nuevo obstáculo para la estabilización económica o una oportunidad para sectores exportadores.

El movimiento ocurre además en un momento de fuerte heterogeneidad en la actividad local, con sectores que muestran señales de recuperación y otros que todavía enfrentan debilidad en el consumo y en los salarios reales.

Energía más cara: el impacto inmediato en precios, logística y subsidios

El aumento del petróleo ya empezó a sentirse en el mercado doméstico. Los combustibles registraron incrementos de entre 6% y 7%, con ajustes iniciales cercanos al 4% por parte de la petrolera estatal.

Ese traslado no queda limitado al sector energético. En Argentina, el 90% del transporte de cargas se realiza por camión, lo que convierte al gasoil en una variable clave para el costo logístico de la economía. Cuando sube el combustible, el impacto se expande rápidamente hacia la industria, el comercio y los alimentos.

La presión también se extiende a otros insumos energéticos. El encarecimiento del jet fuel repercute en el transporte aéreo y empuja el precio de los pasajes, mientras que el aumento del gas licuado de petróleo afecta tanto a hogares como a industrias que utilizan ese insumo en sus procesos productivos.

La cadena industrial tampoco queda al margen. El incremento del precio del gas y de los derivados petroquímicos eleva el costo de plásticos, resinas, fertilizantes y fibras sintéticas, productos que atraviesan múltiples sectores manufactureros, desde alimentos hasta textiles o autopartes.

En paralelo aparece un desafío para la política económica: el impacto fiscal. Un encarecimiento sostenido de la energía vuelve más delicado el esquema de subsidios. Si el Estado absorbe parte del shock para evitar aumentos tarifarios, el gasto público se incrementa; si lo traslada a tarifas, el costo energético recae directamente sobre hogares y empresas.

Un sistema energético todavía en transición

La estructura energética argentina introduce un matiz adicional. El país logró convertirse en exportador neto de energía a partir de la expansión del gasoducto que conecta la producción de Vaca Muerta con el sistema nacional. Sin embargo, esa mejora no eliminó completamente la dependencia de importaciones.

Durante el invierno, el sistema aún requiere compras de gas natural licuado (GNL) para cubrir picos de demanda. Si los precios internacionales se mantienen elevados, esas adquisiciones pueden encarecer la balanza energética y presionar sobre las cuentas públicas.

En otras palabras, el shock externo llega cuando la matriz energética argentina todavía se encuentra en un proceso de transición entre la dependencia histórica de importaciones y el nuevo rol exportador basado en el desarrollo del gas no convencional.

Exportaciones, tipo de cambio y riesgo financiero

El escenario global no ofrece únicamente riesgos. El encarecimiento de la energía y de otros commodities puede mejorar los ingresos de varios complejos exportadores.

Sectores como energía, minería y agro podrían beneficiarse de precios internacionales más altos, lo que incrementaría el ingreso de dólares por exportaciones. En un contexto donde la disponibilidad de divisas sigue siendo un factor crítico para la estabilidad macroeconómica, ese flujo adicional podría aportar un alivio parcial.

Además, un contexto internacional más volátil podría derivar en presiones cambiarias externas. Si se produjera algún ajuste en el tipo de cambio motivado por factores globales, ciertas ramas industriales orientadas a exportaciones ganarían competitividad.

Sin embargo, el escenario internacional también tiene riesgos financieros. La mayor incertidumbre global puede complicar la reducción del riesgo país y estimular movimientos de capital hacia economías consideradas más seguras, lo que tiende a mantener altas las tasas de interés en mercados emergentes.

Inflación, salarios y el impacto sobre el consumo

La variable que más preocupa en el frente doméstico es el traslado del shock energético a la inflación.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional señaló que un aumento sostenido del 10% en el precio del petróleo puede sumar 0,4 puntos porcentuales a la inflación global y restar entre 0,1 y 0,2 puntos al crecimiento económico mundial. En economías con alta sensibilidad a los costos logísticos y energéticos, ese impacto suele amplificarse.

En Argentina, el encarecimiento de la energía puede modificar los precios relativos dentro de la economía, con efectos directos sobre el poder adquisitivo de los hogares.

El contexto salarial no ofrece demasiado margen de absorción. Según datos oficiales, los salarios registrados cayeron más de 2% en términos reales durante 2025. En diciembre de ese año, los ingresos crecieron 2% nominal, mientras que la inflación fue 2,8%, lo que profundizó la pérdida de poder de compra.

La caída es más marcada si se observa el período desde el cambio de gobierno. Entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025, el salario real de los trabajadores registrados perdió 7,1%. Dentro de ese universo, el sector público acumuló una caída del 17,03%, mientras que el sector privado registró una baja del 1,55%.

Si el shock energético se traduce en mayor inflación, el salario real podría enfrentar una nueva presión en el corto plazo, con efectos directos sobre el consumo interno.

Un nuevo factor externo en una economía todavía frágil

El conflicto en Medio Oriente vuelve a exponer un rasgo estructural de la economía argentina: su vulnerabilidad frente a shocks externos, especialmente cuando provienen del mercado energético.

El desafío para la política económica será administrar una ecuación compleja. Por un lado, aprovechar el impulso que pueden ofrecer los precios internacionales más altos para las exportaciones. Por otro, evitar que el aumento de los costos energéticos termine erosionando la recuperación del consumo y del salario real.

En ese equilibrio se juega una parte importante de la dinámica económica de los próximos meses. El impacto final dependerá de variables que todavía están abiertas: la duración del conflicto internacional, la evolución de los precios de la energía y la capacidad del Gobierno para absorber —o trasladar— ese shock externo dentro de la economía local.

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Sturzenegger llevó la desregulación argentina a Nueva York y puso a la yerba mate como símbolo del nuevo modelo económico

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En medio de la estrategia del Gobierno por consolidar respaldo internacional a su programa económico, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, presentó en Nueva York un balance político y económico de las reformas impulsadas por la administración de Javier Milei. Lo hizo durante el Argentina Week, ante inversores y referentes del sistema financiero en la sede del Bank of America, en un encuentro organizado junto al Council of the Americas.

El eje del mensaje fue claro: la desregulación como motor de crecimiento. Y para ilustrarlo, el funcionario eligió un caso emblemático de la economía regional argentina: la yerba mate. Según explicó, la eliminación de la autoridad regulatoria del sector y de su capacidad para fijar precios redujo a la mitad el precio del producto para el consumidor, al tiempo que impulsó un aumento del 29% en la producción durante 2024 y llevó a casi 58 millones de kilos las exportaciones en 2025, un récord histórico.

La exposición no se limitó a una presentación técnica. Funcionó como una señal política hacia el mercado internacional: mostrar que el proceso de reformas económicas iniciado por el Gobierno no sólo continúa, sino que busca consolidarse como el nuevo marco estructural de la economía argentina.

La pregunta que sobrevuela ese mensaje es si la estrategia de desregulación logrará consolidar una nueva arquitectura económica duradera o si enfrentará resistencias internas capaces de frenar su avance.

La yerba mate como símbolo político de la desregulación

El caso de la yerba mate ocupó un lugar central en la presentación. Para Sturzenegger, el mercado yerbatero representa un ejemplo concreto de lo que el Gobierno describe como liberación de sectores productivos históricamente regulados.

Según los datos que expuso ante inversores, la disolución del esquema de intervención estatal que ejercía el Instituto Nacional de la Yerba Mate eliminó la capacidad de fijar precios mínimos para la materia prima. En la lectura del ministro, ese cambio permitió reducir costos para el consumidor y expandir la producción.

El argumento apunta a un punto sensible del debate económico argentino: el rol del Estado en la regulación de cadenas productivas regionales. Durante años, el mercado yerbatero funcionó bajo un sistema de precios acordados que buscaba equilibrar el ingreso de productores, secaderos e industria.

La decisión de desactivar ese esquema forma parte del giro económico impulsado por el Gobierno, que plantea que la intervención estatal generaba distorsiones de precios y restricciones a la expansión productiva.

La elección de la yerba mate como ejemplo ante inversores internacionales no es casual. Se trata de un producto profundamente asociado a la identidad económica del nordeste argentino y, al mismo tiempo, de un mercado históricamente atravesado por tensiones entre regulación estatal y competencia.

Una batería de cifras para defender el programa económico

La exposición del ministro incluyó un recorrido más amplio por los resultados que el Gobierno atribuye a su agenda de desregulación.

Entre los datos presentados ante la comunidad financiera internacional, Sturzenegger mencionó que el precio de los alquileres cayó 30% tras la eliminación de la ley que regulaba ese mercado. También sostuvo que las exportaciones de pequeñas y medianas empresas yerbateras crecen a una tasa anualizada del 40%.

En paralelo, mostró un gráfico sobre la reducción del empleo público desde diciembre de 2023. Según afirmó, la plantilla estatal se redujo en 65.000 personas, sin impacto en la calidad de los servicios.

El ministro vinculó esos cambios con una narrativa más amplia sobre el crecimiento económico. En ese marco, señaló que la economía creció 6,6% en el primer año de gestión y 3,5% en el segundo, con 400.000 empleos creados durante ese período.

La lógica del mensaje fue presentar un patrón: menos regulación, mayor actividad económica.

Internet satelital, aviación regional y apertura productiva

Otro de los ejemplos que el funcionario utilizó para ilustrar el impacto de las reformas fue el del internet satelital. Según explicó, una normativa previa impedía su uso en el país para proteger a proveedores tradicionales. Tras eliminar esa restricción, el servicio comenzó a expandirse rápidamente, alcanzando zonas que históricamente carecían de conectividad.

El ministro también destacó cambios en el mercado aerocomercial. De acuerdo con los datos presentados, 1,2 millones de argentinos tienen ahora un vuelo comercial a menos de 50 kilómetros de su hogar, gracias a la operación de aerolíneas que utilizan aeronaves de seis a 19 asientos en rutas regionales.

Se trata de un esquema que apunta a expandir la conectividad aérea en rutas de baja densidad, un segmento históricamente poco atendido por la aviación comercial tradicional.

A esa agenda se suman otras medidas de apertura económica mencionadas en la presentación, como la habilitación de la importación de bienes de capital usados, que permitiría a empresas acceder a maquinaria a una fracción de su costo anterior, y la autorización del uso de bitrenes, camiones capaces de transportar dos contenedores en lugar de uno, con potencial de reducir hasta 40% los costos logísticos.

Patentes, ciencia y la relación tecnológica con Estados Unidos

Uno de los anuncios más relevantes de la exposición fue la intención de avanzar con la adhesión de Argentina al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT).

Sturzenegger definió esa decisión como el mayor progreso posible para el sistema científico y tecnológico argentino en décadas. Según explicó, la ausencia de Argentina en ese sistema obliga a investigadores a patentar sus desarrollos en otros países, lo que genera intermediaciones que pueden absorber entre 10% y 15% del capital accionario de los proyectos tecnológicos.

El punto conecta con la agenda bilateral con Estados Unidos y con la estrategia del Gobierno de integrar más profundamente a la Argentina en el sistema global de innovación.

Economía política de las reformas

Más allá de los datos económicos, el ministro ofreció una lectura política del proceso de reformas.

En su exposición identificó tres actores que, según su visión, históricamente bloquearon cambios estructurales en la Argentina: los sindicatos, el capitalismo de amigos y el kirchnerismo. Los describió como los vértices de un “Triángulo de las Bermudas” institucional que habría impedido reformas durante décadas.

La estrategia de desregulación, según planteó, busca desarticular la arquitectura legal que permitió la consolidación de esos actores. En esa lógica ubicó la reforma laboral, la apertura comercial y la implementación de la Boleta Única de Papel, aprobada por el Congreso en 2024.

La exposición, así, combinó argumentos económicos con una narrativa de confrontación política que apunta a legitimar el proceso de reformas.

El mensaje a los inversores y lo que viene

La presentación en Nueva York tuvo un destinatario claro: la comunidad financiera internacional. Argentina busca atraer inversión y consolidar credibilidad en su programa económico en un contexto global todavía cauteloso respecto al país.

El mensaje central fue que el proceso de desregulación no se detendrá.

Sin embargo, la sostenibilidad política de esas reformas sigue siendo una variable abierta. La agenda económica del Gobierno avanza en paralelo con un escenario político dinámico, donde las reformas estructurales pueden generar apoyos, pero también resistencias.

El recorrido de las próximas medidas —como la adhesión al tratado global de patentes o la continuidad del proceso de desregulación— será un indicador clave para medir hasta dónde puede avanzar el rediseño institucional que propone el Gobierno.

Por ahora, el mensaje en Nueva York buscó instalar una idea simple: que la transformación económica argentina ya está en marcha. Pero el verdadero test de ese modelo todavía se juega en el terreno político y productivo del propio país.

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Milei y una agenda legislativa para 2026 plagada de “reformas estructurales”

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La consultora Ecolatina analiza que el presidente Javier Milei lanzó en la apertura de sesiones una ofensiva legislativa con 90 proyectos y busca instalar un ciclo permanente de reformas.

En la apertura de sesiones ordinarias, Javier Milei anunció una agenda legislativa orientada a impulsar lo que llamó “reformas estructurales” del Estado. El mandatario adelantó que cada ministerio trabaja en paquetes propios de proyectos y que el Gobierno prevé presentar cerca de 90 iniciativas a lo largo del año, con un promedio de diez por mes. Según lo planteado, el objetivo es sostener un ciclo continuo de reformas durante los próximos meses, orientado a reconfigurar el marco institucional y regulatorio del país. Aquí la agenda anunciada:

La vieja idea del reformismo permanente: frente a una sociedad que demanda cambios profundos, la respuesta gubernamental natural (estrategia dominante) es la de ofrecer cambios y reformas profundas. Algo de eso es lo que busca Milei ofrecer a la sociedad, siendo que durante los dos primeros años no pudo avanzar casi ningún tipo de reforma por el Congreso. Uno podría decir sin ánimo a equivocarse, que importa menos el contenido de las reformas que el anuncio de las reformas. No porque el contenido no sea importante, sino porque el anuncio se vuelve muy relevante para Milei, no solo para atender la demanda de cambio, sino también, para construir expectativas. Si se avanzan con las reformas, el futuro puede ser mejor. Allí radica su necesidad de mostrarse con una agenda reformista frente al público. Veremos cuánto de esas reformas podrán ser pasadas por el Congreso.

La demanda cambió: ya no es más la inflación, ahora es la mejora del ingreso

La virtud del gobernante radica en buena medida en su capacidad de captar el pulso social. Leer e interpretar las demandas -y, sobre todo, advertir cuándo cambian – es condición esencial para garantizar la eficacia política. Sin esa sensibilidad, el poder se aísla, y va perdiendo legitimidad social.

Milei supo interpretar con mucha precisión la demanda ciudadana en diciembre de 2023. Cuando él llegó al poder, la ciudadanía pedía abrumadoramente que el gobierno baje la inflación. Y en buena
medida, el sostenimiento de los apoyos durante un período de ajuste fiscal profundo (año 2024), se explicó por los positivos resultados que se ofrecieron en materia de baja de la inflación.

El gobierno supo saber ubicar a la baja de la inflación como prioridad del programa económico al inicio de su ciclo, y las acciones de hoy invitan a pensar que Milei sigue insistiendo con esa prioridad: anunció que la inflación comenzaría con “0” en agosto de este año. Pero esa decisión no parece estar alineada a lo que se observa hoy en las demandas ciudadanas. Hace ya rato que la baja de la inflación dejó de ser la prioridad, y hoy los mayores temores derivaron en la situación el empleo y de los ingresos.

El problema para el Gobierno es que, si nos guiamos por las demandas ciudadanas, a Milei le va muy bien electoralmente entre los que siguen priorizando la baja de la inflación como prioridad, pero le va muy mal entre los que reclaman que se priorice la demanda de mejorar los ingresos. Entre los que dicen que les preocupan los bajos salarios, mayoritariamente se muestran inclinados a buscar un cambio en 2027, se muestran más inclinados a votar por un opositor, y muestran niveles de satisfacción muy bajos con Milei. Uno podría concluir que si Milei no atiende la demanda por mejorar el ingreso, podría estar pagando un alto costo electoral. Allí radica la necesidad de que pueda leer correctamente el cambio en las demandas ciudadanas.

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El CEO de JP Morgan elogió a Milei y destacó el giro económico de Argentina ante banqueros internacionales

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El presidente Javier Milei sumó este martes un respaldo relevante del sistema financiero internacional. Durante un encuentro con banqueros, el CEO de JP Morgan Chase, Jamie Dimon, elogió la orientación económica del Gobierno argentino y afirmó que el mandatario tiene “convicciones muy sólidas sobre cómo arreglar un país”.

El pronunciamiento no fue un comentario menor. Dimon habló ante ejecutivos del sistema financiero global en un contexto en el que la administración libertaria busca consolidar confianza externa y atraer capitales. Desde esa tribuna, el banquero presentó a Argentina como un caso potencial de transformación económica, destacando la reducción de la inflación, el ajuste fiscal y la apertura de los mercados de capitales.

El respaldo se inscribe en un momento político en el que el Gobierno intenta consolidar su programa de reformas mientras mantiene una narrativa de cambio estructural del modelo económico. Y plantea una pregunta implícita: ¿hasta qué punto el apoyo del sistema financiero internacional puede traducirse en inversiones concretas y sostener el programa económico del oficialismo?

La mirada del sistema financiero sobre el giro económico argentino

En su intervención, Dimon trazó un contraste histórico para explicar la situación argentina. Recordó que en 1917 el país tenía un producto per cápita comparable al de Francia y destacó que contaba con recursos naturales abundantes, capacidad agrícola, minerales, petróleo y una población educada con universidades y escuelas de prestigio.

Sin embargo, señaló que hoy el ingreso per cápita argentino representa aproximadamente una décima parte del francés. Ese diagnóstico sirvió como punto de partida para destacar el cambio de rumbo que, según el ejecutivo, impulsa el actual gobierno.

Dimon enumeró varios factores que, desde la perspectiva de los mercados financieros, explican ese giro. Mencionó la claridad regulatoria introducida por la administración de Milei, la apertura de los mercados de capitales y el control del Banco Central de la República Argentina.

También destacó la desaceleración de la inflación, que —según su exposición— pasó de niveles cercanos al 2% diario, equivalentes a más de 200% anual, a un ritmo cercano al 2% mensual. Para el banquero, ese proceso constituye un “milagro” en términos de estabilización macroeconómica.

En la misma línea, señaló que el Gobierno dejó de monetizar deuda pública, redujo el déficit fiscal a niveles cercanos a cero y comenzó a recuperar el balance de reservas internacionales.

Capitales, recursos y el interés de las empresas

El CEO de JPMorgan también planteó que existe un creciente interés empresarial por invertir en Argentina. Según sostuvo, varias compañías evalúan oportunidades en el país a partir de sus recursos naturales, su potencial energético y la disponibilidad de mano de obra calificada.

Para el banquero, ese escenario configura lo que definió como “un giro asombroso”, difícil de imaginar apenas cuatro o cinco años atrás.

En su exposición señaló que el crecimiento económico cercano al 5% registrado el año pasado fue “casi inaudito” para los analistas que observaban la economía argentina desde el exterior. Ese desempeño, dijo, se vincula con una agenda pro mercado basada en reformas estructurales, incluyendo cambios laborales y regulatorios.

Dimon incluso proyectó que el caso argentino podría convertirse en una referencia internacional sobre cómo revertir crisis económicas profundas. En ese marco, mencionó que el país podría transformarse en un ejemplo para otros gobiernos que busquen aplicar reformas orientadas al mercado.

Un vínculo financiero que ya tiene antecedentes

El ejecutivo también recordó la presencia histórica de JPMorgan Chase en el país y destacó el centro de servicios que la entidad mantiene en Argentina, con aproximadamente 5.000 empleados.

Durante su intervención valoró además el trabajo de Facundo Gómez Minujín, quien encabeza la filial local del banco.

El directivo mencionó asimismo operaciones financieras recientes realizadas por la entidad para asistir al Estado argentino, incluyendo acuerdos de financiamiento tipo repo por alrededor de 2.000 millones de dólares.

El vínculo entre el banco y el Gobierno ya había tenido un episodio visible meses atrás, cuando Dimon visitó Buenos Aires en octubre para participar de un evento global organizado por la entidad y mantener una reunión con el presidente Milei.

El peso político de un respaldo externo

Las declaraciones de Dimon tienen una dimensión que excede lo financiero. En la lógica política del Gobierno, el reconocimiento de figuras centrales del sistema financiero global funciona como validación internacional de su programa económico.

Ese respaldo resulta particularmente relevante en un momento en el que el oficialismo intenta sostener reformas estructurales en medio de tensiones políticas internas y debates legislativos sobre cambios regulatorios.

Al mismo tiempo, el reconocimiento de Wall Street alimenta la narrativa oficial sobre un cambio de ciclo económico en Argentina, donde la estabilización macroeconómica sería el paso previo a una etapa de crecimiento sostenido basado en inversiones.

Un proceso en construcción

El elogio del principal ejecutivo de JPMorgan ofrece una señal de confianza hacia el rumbo económico del Gobierno. Pero también expone la dimensión de expectativa que hoy rodea al caso argentino en los mercados internacionales.

El interrogante de fondo sigue siendo si ese respaldo financiero y discursivo se traducirá en un flujo sostenido de capitales y en proyectos de inversión concretos.

En la economía argentina, la diferencia entre expectativas y resultados suele medirse con el paso del tiempo. Y ese proceso, por ahora, todavía está en desarrollo.

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Milei llevó su pelea con industriales a Nueva York y acusó a Rocca y Madanes de ser “empresarios prebendarios”

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En la apertura de Argentina Week, realizada en Nueva York, el presidente Javier Milei internacionalizó uno de los conflictos económicos más sensibles de su gestión: la disputa con sectores industriales que cuestionan la apertura comercial.

Durante su discurso inaugural, el mandatario apuntó directamente contra Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla, a quienes calificó como “empresarios prebendarios” y acusó de haber operado históricamente en alianza con dirigentes políticos para sostener esquemas de protección estatal. La intervención ocurrió frente a inversores internacionales y funcionarios del propio gabinete, en un evento cuyo objetivo formal es promover inversiones en el país.

El mensaje combinó defensa ideológica de la apertura económica con una señal política hacia el empresariado local. Milei sostuvo que parte del sector industrial se benefició durante años de barreras comerciales que encarecieron productos para los consumidores argentinos. En ese marco, aseguró que su gobierno busca desmontar ese esquema, aun si eso implica la reconversión o desaparición de algunas actividades.

La escena dejó una pregunta implícita en el centro del tablero económico: ¿se trata de una advertencia puntual a determinados grupos industriales o de una redefinición más profunda de la relación entre el Gobierno y el empresariado argentino?

Apertura económica y confrontación con la industria protegida

El presidente enmarcó sus críticas dentro de la estrategia de apertura comercial que impulsa su administración. Según planteó, las barreras arancelarias distorsionan los precios relativos y terminan trasladando costos al conjunto de los consumidores.

En ese sentido, señaló que algunos sectores productivos se sostuvieron gracias a medidas de protección estatal. Entre ellas mencionó las restricciones a importaciones que, según explicó, elevaban los precios internos respecto de los valores internacionales.

Milei sostuvo que, al eliminar esas barreras, los consumidores podrán acceder a bienes más baratos y destinar el ahorro a otros sectores de la economía. Bajo esa lógica, defendió el proceso de liberalización comercial aun cuando implique dificultades para industrias que operaron durante años bajo protección.

En ese contexto volvió a cuestionar a Rocca, titular del grupo Techint, y a Madanes Quintanilla, dueño de Fate y vinculado a Aluar. Según afirmó, ambos empresarios se beneficiaron históricamente de regulaciones favorables.

La acusación de presión empresaria y el conflicto por los 900 trabajadores

El punto más áspero del discurso se concentró en el caso de Madanes Quintanilla. Milei afirmó que el empresario presionó al Gobierno para mantener medidas de protección comercial y aseguró que, ante la negativa oficial, se produjo el despido de 900 trabajadores.

Según relató el Presidente, esa decisión ocurrió un día antes de que el Congreso debatiera la reforma laboral impulsada por el oficialismo. Para el mandatario, ese episodio representó una forma de presión sobre la política económica del Gobierno.

La acusación busca instalar una narrativa clara: la disputa no sería entre Estado y empresas, sino entre un nuevo modelo de mercado abierto y sectores industriales que —según la visión oficial— dependen de la protección estatal para sostener su rentabilidad.

En ese marco, Milei sostuvo que quienes defienden la industria nacional bajo esquemas de protección lo hacen para preservar privilegios, y vinculó ese sistema con prácticas de corrupción entre empresarios y dirigentes políticos de etapas anteriores.

Mensaje político y consolidación del liderazgo libertario

El discurso también tuvo un componente político interno. Durante su intervención, Milei destacó el desempeño electoral de La Libertad Avanza y agradeció el trabajo de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, a quien atribuyó la estrategia política y la organización electoral del espacio.

El mandatario sostuvo que el oficialismo logró quitarle al peronismo la mayoría en ambas cámaras del Congreso y afirmó que su gobierno está avanzando con reformas que —según dijo— no habían sido posibles en administraciones anteriores.

También elogió a varios integrantes del gabinete presentes en el evento, entre ellos el ministro de Economía Luis Caputo, el ministro de Desregulación Federico Sturzenegger, la ministra de Capital Humano Sandra Pettovello y el ministro de Salud Mario Lugones.

Entre los funcionarios ausentes mencionó a Diego Santilli, Alejandra Monteoliva y Carlos Presti.

La enumeración no fue casual. En un foro orientado a inversores, el Presidente buscó mostrar cohesión interna del gabinete económico y respaldo político a su programa de reformas.

Riesgo político y escenario económico

Otro de los ejes del discurso fue el impacto del llamado “riesgo político” sobre el financiamiento internacional. Milei afirmó que el riesgo país bajó desde niveles cercanos a los 2500 puntos durante el período electoral hasta alrededor de 550 puntos en la actualidad.

Sin embargo, sostuvo que todavía existe lo que denominó “riesgo kuka”, en referencia a la posibilidad de un retorno del kirchnerismo al poder, factor que —según explicó— sigue influyendo en el costo del financiamiento para la Argentina en el mercado internacional.

De acuerdo con su proyección, si el riesgo país se mantuviera cerca de los 550 puntos, la economía podría crecer entre 4% y 5% anual. Y si descendiera a niveles cercanos a 220 puntos, el crecimiento podría alcanzar tasas de entre 7% y 8%.

En esa hipótesis, sostuvo, el país podría duplicar su producto bruto en menos de una década.

Una señal hacia el empresariado y hacia el Congreso

La intervención en Nueva York dejó algo más que un discurso económico ante inversores. Funcionó también como un mensaje político dirigido a dos frentes simultáneos: el empresariado industrial que cuestiona la apertura comercial y el sistema político que aún debe tramitar reformas estructurales en el Congreso.

La decisión de exponer el conflicto en un escenario internacional revela una estrategia deliberada. Milei no sólo busca convencer a inversores extranjeros de que la Argentina está cambiando su modelo económico; también intenta consolidar un nuevo marco de relación entre el Estado y los grandes grupos empresarios.

La incógnita, hacia adelante, es si esa confrontación se mantendrá en el terreno discursivo o si derivará en un reordenamiento más profundo de las alianzas entre el Gobierno, la industria y el sistema político. En un proceso de reformas todavía en curso, ese equilibrio seguirá siendo uno de los puntos más sensibles del programa económico.

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