precio de la hoja verde

La asfixia del eslabón primario: el CCG y la distorsión de precios relativos en la yerba mate

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El desplome de los precios de la materia prima provocado por la desregulación del mercado yerbatero que impuso el presidente Javier Milei, abrió una grieta en un factor que tardó años en consolidarse: la seguridad social de la cadena productiva. La pérdida de rentabilidad que sufren los productores, llevó a que muchos comiencen a discutir la continuidad de la Corresponsabilidad Gremial Empresaria, lo que dejaría sin red de contención al eslabón más débil de la cadena. Sin embargo, hay datos que merecen ser analizados y que explican la preocupación de los productores. 

Antes de discutir el valor del CCG tenemos que entender qué estamos discutiendo.

El Convenio de Corresponsabilidad Gremial es una herramienta de la seguridad social rural. Su objetivo es facilitar la registración de los trabajadores y el cumplimiento de las obligaciones laborales y previsionales en actividades estacionales como la yerba mate.

El sistema reemplaza determinados pagos periódicos por una tarifa vinculada con la producción.

En la actividad yerbatera esa tarifa se aplica sobre la hoja verde y sobre las distintas etapas de transformación de la materia prima. Los fondos no quedan en el INYM. Se transfieren a los organismos correspondientes de la seguridad social y, en lo que corresponde, al sindicato.

Por eso, el debate serio no es CCG sí o CCG no.

El debate es otro.

¿Qué peso tiene hoy esa tarifa sobre el ingreso del productor?

¿Qué pasó con ese peso en los últimos años?

Los datos muestran una situación que merece ser discutida.

  1. El punto de partida: La seguridad social no está en discusión

El Convenio de Corresponsabilidad Gremial (CCG) es un pilar fundamental para garantizar la registración laboral, los aportes previsionales y la cobertura de salud de los tareferos. No se trata de poner en duda la seguridad social rural ni de enfrentar a trabajadores con productores.

El verdadero debate es económico y estructural: ¿quién está pagando hoy el costo de esa seguridad social dentro de la cadena yerbatera?

  1. El “Efecto Tijera”: Desplome de ingresos y aumento de costos fijos

Entre diciembre de 2023 y agosto de 2026, la desregulación y la dinámica del mercado generaron un desacople crítico entre precios de venta y costos laborales/tarifarios:

Entre diciembre de 2023 y agosto de 2026, el precio de la hoja verde en secadero cayó 26,3% en términos nominales, ni hablar si se hace el cálculo en términos reales quitando el efecto inflacionario.

En el mismo período, la tarifa del CCG aumentó 234,1% en términos nominales.

El precio del paquete de un kilogramo aumentó 131,9% en términos nominales.

Pero el dato más importante aparece cuando dejamos de mirar solamente los aumentos nominales.

En diciembre de 2023, el CCG representaba el 3,47% del precio de la hoja verde en secadero.

En agosto de 2026 representa el 15,75%.

El peso relativo del CCG sobre la hoja verde se multiplicó aproximadamente por cuatro y medio.

Economis · Yerba mate

El efecto tijera del CCG

Mientras cae el precio de la hoja verde, el costo de la corresponsabilidad gremial gana peso sobre el ingreso del productor.

-26%Precio de la hoja verde en secadero
+234%Valor de la tarifa del CCG
39,8%Peso del CCG sobre el valor en planta
1

Hoja verde y tarifa del CCG

Comparación nominal entre diciembre de 2023 y agosto de 2026

ConceptoDic. 2023Ago. 2026Variación
Precio hoja verde en secadero$380,00$280,00-26%
Valor del CCG$13,19689$44,09443+234%
Ratio CCG / hoja verde3,5%15,7%+353%

Fuente: CCG – INYM / Precio promedio pagado – elaboración propia.

2

El ingreso que queda en planta

Descuento de tarefa, flete y CCG sobre el precio en secadero

ConceptoDic. 2023Ago. 2026Variación
Precio hoja verde en secadero$380,00$280,00-26%
− Tarefa$40,00$65,00+63%
− Flete$30,00$60,00+100%
− CCG$13,20$44,09+234%
Precio hoja verde en planta$296,80$110,91-63%
Ratio CCG / valor en planta4,4%39,8%+794%

Fuente: CCG – INYM / Precio promedio pagado – elaboración propia.

3

El CCG frente al precio de góndola

Evolución del paquete de un kilogramo y de la tarifa

ConceptoDic. 2023Ago. 2026Variación
Precio paquete de 1 kg$2.278,38$5.283,01+132%
Valor del CCG$13,19689$44,09443+234%
Ratio CCG / precio de góndola0,6%0,8%+44%

Fuente: CCG – INYM / Precio de góndola – INDEC.

Y cuando incorporamos otros costos de la cadena primaria, como la tarefa y el flete, el resultado es todavía más fuerte.

El precio de la hoja verde en planta pasa de $296,80 a $110,91.

En esa misma comparación, el CCG pasa de representar el 4,45% al 39,76% de ese valor.

Estos datos no permiten afirmar que el CCG sea la causa de la caída del precio de la hoja verde. Sí permiten afirmar algo que merece una discusión pública.

El costo de la seguridad social está aumentando mucho más rápido que el precio que recibe el productor por su materia prima.

Y cuando una estructura de costos crece mientras el ingreso primario cae, hay que discutir quién termina absorbiendo esa diferencia.

Porque defender los derechos laborales de los tareferos es una obligación.

Pero también es necesario garantizar que el sistema productivo pueda sostener esos derechos.

El debate, entonces, no debe ser trabajadores contra productores.

El debate debe ser cómo se distribuye el costo de la seguridad social dentro de una cadena que tiene productores, trabajadores, secaderos, molinos, fraccionadores y consumidores.

Ese es el debate que tenemos que dar.

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La Iglesia respaldó a productores que piden declarar la emergencia yerbatera

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La crisis de la producción yerbatera sumó este jueves un nuevo capítulo institucional. Representantes de los productores fueron recibidos por el obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, en busca de respaldo frente a una situación que califican como “crítica”, marcada por el derrumbe del precio de la hoja verde tras la desregulación del mercado impulsada por el Gobierno nacional.

El obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez, respaldó el reclamo de los productores yerbateros y definió la situación que atraviesa el sector como una verdadera emergencia social. Tras recibir a representantes de las organizaciones rurales, explicó que el encuentro tuvo como eje una escucha directa de quienes representan a miles de familias de pequeños productores y tareferos.

Martínez señaló que, si bien conoce la problemática por sus recorridas pastorales por el interior de la provincia, la reunión permitió profundizar en la dimensión de una crisis que ya trasciende al sector yerbatero y afecta a la economía de numerosas localidades. “Ellos representan a miles de familias. En Misiones hablamos de pequeños productores y tareferos, gente humilde que hoy padece circuitos de injusticia y que no logra sostener su actividad”, resumió.

El Obispo advirtió que la caída de la actividad repercute en toda la vida económica de los pueblos. Explicó que cuando el productor deja de tener ingresos también se resienten los comercios, los supermercados y el empleo, generando un efecto dominó que golpea a toda la comunidad.

En ese contexto, valoró que las organizaciones rurales se mantengan unidas para expresar su situación y reclamar la declaración de la emergencia yerbatera. Además, confirmó que surgió la propuesta de conformar una mesa de emergencia para abordar la problemática de manera conjunta.

Martínez recordó que la diócesis cuenta con la Comisión de Justicia y Paz, un espacio que ya tuvo participación durante la crisis de 2001 acompañando conflictos sociales y productivos. Consideró que esa experiencia puede volver a ser útil frente a una realidad que afecta especialmente a quienes poseen pequeñas explotaciones familiares y hoy, según relataron los propios productores, ya no logran sostenerse económicamente.

“Los números macro no alcanzan si la gente queda afuera”

El Obispo aprovechó la oportunidad para formular una reflexión más amplia sobre la situación económica del país. Afirmó que toda política económica debe medirse por su impacto sobre las personas.

“Todo proyecto económico que no incluye a la gente no nos sirve. Todos queremos estabilidad y que los números cierren, pero esos resultados tienen que alcanzarse con la gente adentro. Si la macroeconomía mejora mientras aumentan la pobreza, el cierre de comercios, la pérdida de empleo y el deterioro de las rutas, estamos frente a un modelo que daña profundamente a la sociedad”, sostuvo.

También relató que durante la reunión varios productores se emocionaron al describir la situación que atraviesan sus familias, reflejando una realidad que, dijo, representa a miles de trabajadores rurales de Misiones.

Como mensaje final, convocó a sostener la esperanza, evitar el desaliento y fortalecer la organización comunitaria. “Nunca hay que bajar los brazos. En estos momentos difíciles es fundamental mantenerse unidos y organizados”, expresó.

Rechazo al proyecto sobre tierras

Durante la conferencia, Martínez también ratificó la posición de la Iglesia frente al proyecto nacional de “Inviolabilidad de la Propiedad Privada”, actualmente en debate en el Congreso.

Recordó que tanto la Conferencia Episcopal Argentina como la Pastoral Social manifestaron su rechazo a la iniciativa porque, a su entender, absolutiza el derecho de propiedad privada y desconoce el principio del bien común que sostiene la doctrina social de la Iglesia.

Además, advirtió sobre el riesgo de que grandes intereses económicos avancen sobre recursos estratégicos del país.

“Valoramos la propiedad privada, pero no puede absolutizarse. Hoy quizá ya no sean gobiernos los que vienen por nuestros recursos, sino grandes empresas interesadas en los minerales, el litio o el Acuífero Guaraní. Tenemos que defender nuestra independencia y evitar que, por beneficios inmediatos, terminemos hipotecando el futuro de la Argentina”, concluyó.

Carlos Ortt, histórico productor yerbatero, explicó que la estrategia apunta a buscar apoyo en todos los ámbitos posibles. “Estamos tratando de encontrar todos los recursos e influencias que puedan ayudarnos a salvar la situación que vive hoy el sector productivo. Es crítica. La mayor parte de la provincia está semiparada porque los costos ya no cierran y no hay materia prima”, afirmó.

Según Ortt, la crisis ya comenzó a trasladarse al conjunto de la economía provincial. “Esto va a significar un retroceso muy grande para la economía de Misiones. Esperamos encontrar alguna solución con el Gobierno, con el Obispado y con todos los sectores que puedan colaborar”, sostuvo.

Una crisis que combina precios, clima y falta de mano de obra

El productor describió un escenario en el que convergen múltiples factores negativos. A la fuerte caída de los precios de la hoja verde se suman los efectos climáticos de un año con abundantes precipitaciones y un problema creciente: la escasez de trabajadores rurales.

“No solo nos afecta el clima. Hoy prácticamente no tenemos obreros rurales porque muchos están migrando hacia Brasil. La baja rentabilidad del sector hace imposible pagar mejores salarios y los trabajadores buscan oportunidades donde les ofrecen mejores ingresos”, explicó.

La cercanía con la frontera facilita ese proceso migratorio, que complica aún más las tareas de cosecha y mantenimiento de las plantaciones.

Temor por la venta de chacras y la concentración de tierras

Ortt también manifestó preocupación por el impacto estructural que puede tener la crisis sobre el modelo productivo misionero.

Advirtió que la pérdida de rentabilidad está acelerando la venta de chacras familiares y favoreciendo un proceso de concentración de tierras.

“Es impresionante la cantidad de chacras que se están vendiendo. Muchos productores abandonan la actividad porque ya no pueden sostenerla. Si esto sigue así, vamos hacia una concentración de la tierra en manos de quienes tienen mayor capacidad económica”, alertó.

En ese contexto cuestionó las políticas nacionales que, a su entender, favorecen la concentración económica mientras el pequeño productor pierde competitividad.

“El modelo productivo de Misiones no puede reemplazarse”

El dirigente también rechazó las propuestas que plantean reemplazar la producción tradicional por cultivos extensivos como soja o maíz.

Recordó que la estructura agraria de Misiones, con chacras promedio de unas 25 hectáreas y una topografía compleja, hace inviable ese esquema.

“La unidad económica histórica en Misiones fue de unas 25 hectáreas. Los modelos que proponen requieren establecimientos de más de 100 o incluso 300 hectáreas y terrenos aptos para maquinaria pesada. Nuestra geografía no lo permite. Ni siquiera la mecanización de la cosecha de yerba puede implementarse en toda la provincia”, explicó.

Por eso insistió en que el desafío es sostener el modelo de agricultura familiar que caracteriza a Misiones y evitar que la crisis derive en un proceso irreversible de abandono de chacras.

“Necesitamos que el Gobierno provincial, la Iglesia y todas las instituciones que puedan influir nos ayuden a equilibrar una situación que hoy está golpeando de lleno a los productores misioneros”, concluyó.

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Andresito pierde $64.800 millones por año por el derrumbe del precio de la yerba

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La crisis que atraviesa la producción yerbatera ya no se refleja únicamente en los ingresos de los productores. En Comandante Andresito, uno de los principales polos yerbateros del país, el derrumbe del precio de la hoja verde comienza a medirse en términos de desarrollo local, actividad económica y capacidad de generación de riqueza.

Un informe elaborado por el Ministerio del Agro y la Producción de Misiones revela que la diferencia entre los aproximadamente $250 por kilo que actualmente reciben los productores y los $700 por kilo que el organismo considera necesarios para cubrir costos y garantizar la sustentabilidad de la actividad provoca una pérdida anual de $64.800 millones para la economía de Andresito.

La magnitud del número adquiere otra dimensión cuando se lo compara con las finanzas públicas del municipio: equivale a casi 14 presupuestos municipales completos que cada año dejan de circular dentro de la localidad.

Una economía que deja de girar

El análisis toma como referencia las cerca de 18.000 hectáreas cultivadas con yerba mate en Comandante Andresito, cuya producción ronda los 144 millones de kilos de hoja verde anuales.

Con el precio actual, esos volúmenes generan ingresos por alrededor de $36.000 millones. Sin embargo, si la materia prima se comercializara a $700 por kilo, el ingreso anual ascendería a $100.800 millones.

La diferencia, de $64.800 millones, representa recursos que hoy no llegan a los productores ni se vuelcan al circuito económico local.

Para una localidad cuya actividad gira en torno a la producción primaria, semejante caída tiene un efecto multiplicador sobre prácticamente todos los sectores.

El impacto supera ampliamente a las chacras

Desde el Ministerio del Agro advierten que la pérdida no termina en el productor.

Menores ingresos implican menos contratación de tareferos, menor demanda de servicios rurales, reducción en la compra de fertilizantes, agroquímicos, combustible y maquinaria, además de una caída del movimiento comercial en talleres mecánicos, estaciones de servicio, corralones, supermercados y pequeños comercios.

Cada peso que deja de percibir un productor es un peso que tampoco circula en la economía de Andresito.

El fenómeno termina afectando el consumo, la inversión privada y también la recaudación de distintos niveles del Estado, profundizando el deterioro económico de una región cuya matriz productiva depende fuertemente de la yerba mate.

Una pérdida que se replica en toda Misiones

El informe también amplía la mirada hacia el conjunto de la provincia.

Tomando una producción anual cercana a los 900 millones de kilos de hoja verde, la diferencia entre el precio actualmente percibido y el valor considerado necesario para sostener la actividad implica que Misiones deja de incorporar alrededor de $405.000 millones por año a su economía.

Ese dinero, sostienen desde la cartera agraria, podría traducirse en mayor inversión productiva, más empleo rural, mayor consumo interno y una mayor capacidad de crecimiento para las economías regionales.

La desregulación, en el centro del debate

El estudio fue difundido en un contexto de fuerte tensión dentro de la cadena yerbatera.

Desde la entrada en vigencia del DNU 70/2023, el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) perdió la facultad de fijar precios mínimos para la hoja verde y la yerba canchada, modificando el esquema de regulación que había funcionado durante más de dos décadas.

La desregulación derivó en una fuerte dispersión de valores pagados a los productores y profundizó el conflicto entre los distintos eslabones de la cadena.

Mientras el Gobierno nacional sostiene que el mercado debe definir los precios, el Gobierno de Misiones, cooperativas, asociaciones de productores y trabajadores rurales vienen reclamando mecanismos que permitan recomponer el valor de la materia prima y evitar el deterioro de las economías regionales.

Para el Ministerio del Agro, el caso de Andresito muestra con claridad que la discusión excede al sector yerbatero: el precio de la hoja verde termina definiendo el nivel de actividad económica de localidades enteras.

Cuando el ingreso del productor cae, también se resiente el empleo, el comercio, los servicios y la inversión. En municipios cuya economía depende casi exclusivamente de la yerba mate, el precio de la materia prima deja de ser un dato sectorial para convertirse en un factor determinante del desarrollo local.

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En Oberá debatirán el futuro de la yerba mate tras la desregulación del INYM: productores expondrán el impacto del DNU 70/23

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La crisis que atraviesa la cadena yerbatera volverá a ocupar el centro de la escena este miércoles 18 de junio en Oberá, donde productores, cooperativistas, tareferos y representantes de distintas organizaciones rurales participarán de una charla debate para analizar las consecuencias económicas, sociales e institucionales que dejó la desregulación del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM).

Bajo el título “¿Tras la desregulación del INYM, hay crisis yerbatera?”, el encuentro se desarrollará desde las 18 horas en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) y reunirá a distintos actores de la actividad en un contexto marcado por la persistencia de bajos precios para la hoja verde y la canchada, reclamos de los pequeños productores y un escenario de fuerte incertidumbre para uno de los principales complejos productivos de la provincia.

Durante la jornada se expondrán indicadores económicos actualizados sobre la situación del sector, con especial foco en el impacto que generó el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 70/23, mediante el cual el Gobierno nacional eliminó, entre otras atribuciones, la facultad del INYM de fijar los precios de referencia para la materia prima.

Los organizadores sostienen que la pérdida de esa herramienta de regulación modificó el funcionamiento del mercado yerbatero y profundizó el deterioro de la rentabilidad de miles de productores, generando un escenario de creciente conflictividad en la actividad.

Además del análisis económico, el encuentro incluirá un abordaje jurídico sobre la situación institucional del INYM, organismo cuya capacidad regulatoria continúa siendo objeto de debate desde la entrada en vigencia del decreto de desregulación impulsado por el Gobierno nacional.

Los participantes también compartirán testimonios sobre las consecuencias sociales que atraviesan actualmente las familias vinculadas a la producción de yerba mate, una actividad que constituye uno de los principales motores económicos de Misiones y que involucra a miles de pequeños productores, trabajadores rurales y cooperativas.

La convocatoria es impulsada por la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones (APAM), la Asociación Civil Impulso Yerbatero, la Asociación de Yerbateros del Alto Uruguay, la Asociación Civil de Productores Yerbateros del Norte y el Movimiento Agrario de Misiones, organizaciones que desde el inicio del proceso de desregulación vienen reclamando la restitución de herramientas que permitan equilibrar la relación entre productores e industria.

El encuentro se realizará en un momento particularmente sensible para la economía yerbatera, atravesada por la caída de los precios pagados al productor, el incremento de los costos de producción y la continuidad del debate sobre el rol que debe desempeñar el Estado en la regulación de una de las principales economías regionales del país.

La jornada buscará, además, construir un diagnóstico compartido entre los distintos eslabones de la cadena y generar propuestas que contribuyan a recuperar la sustentabilidad económica y social del sector, en un contexto donde el futuro institucional del INYM continúa siendo uno de los temas centrales de la agenda agropecuaria misionera.

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La batalla por la renta yerbatera: productores refutan los argumentos de Sturzenegger

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Las asociaciones de productores yerbateros de Misiones y Corrientes respondieron a las declaraciones del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, quien afirmó que “en diez años la industria de la yerba va a ser una cosa irreconocible”.

Las entidades consideraron que el análisis oficial presenta a la actividad como un bloque homogéneo, cuando la cadena yerbatera está integrada por productores, trabajadores rurales, contratistas, cooperativas, secaderos, molinos, fraccionadores, distribuidores y comercializadores, con intereses y realidades diferentes.

Los productores cuestionaron la afirmación de que el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) transformó una industria competitiva en un monopolio. Recordaron que el organismo nunca compró hoja verde, nunca industrializó yerba ni comercializó paquetes al consumidor. Su función consistía en establecer reglas para un mercado marcado por fuertes asimetrías entre miles de productores y un número reducido de compradores.

Según señalaron, la producción primaria está en manos de alrededor de 13.000 productores. Por esa razón, sostienen que no puede hablarse de monopolio. En cambio, describen un mercado oligopsónico, donde pocos compradores concentran la demanda y cuentan con una capacidad económica, financiera y logística muy superior a la de los productores.

Las entidades remarcaron que, sin regulación, los pequeños productores negocian individualmente con empresas de gran escala. Una relación desigual. De un lado, quienes necesitan vender para sostenerse. Del otro, quienes pueden comprar, almacenar, industrializar y esperar mejores condiciones de mercado.

En ese contexto, sostienen que el INYM no reemplazaba al mercado. Introducía condiciones mínimas de equilibrio entre actores que no negocian desde posiciones equivalentes. Confundir regulación con monopolio, afirman, implica desconocer la estructura de la actividad yerbatera.

También rechazaron la idea de que la desregulación redujo a la mitad el precio de la yerba para los consumidores. Argumentaron que lo que efectivamente cayó fue el precio de la hoja verde percibido por los productores.

Las organizaciones señalaron que no se conocen estudios o mediciones que respalden la afirmación oficial. Tampoco observan una reducción equivalente en las góndolas. Por eso plantean una pregunta central: si la materia prima vale mucho menos, ¿por qué esa baja no se trasladó en igual proporción al consumidor?

Para los productores, la discusión pasa por identificar quién capturó la renta generada por esa transferencia de ingresos. Si el productor recibe menos y el consumidor no paga mucho menos, la diferencia queda en otros eslabones de la cadena.

Las entidades destacan que dos empresas concentran cerca de la mitad de las ventas en góndola. También mencionan el peso de las grandes cadenas comerciales y de la carga tributaria estatal. En ese escenario, consideran legítimo preguntarse quiénes fueron los principales beneficiarios de la desregulación.

A su entender, la evidencia disponible muestra una transferencia de ingresos desde los productores primarios hacia los sectores más concentrados de la cadena, sin beneficios equivalentes para los consumidores.

Las asociaciones coinciden en que la actividad debe crecer, exportar más y conquistar nuevos mercados. Sin embargo, advierten sobre las consecuencias de un modelo basado en la desaparición de productores, el éxodo de trabajadores rurales y la concentración de la renta.

“Cuando el ministro celebra que el precio pagado al productor haya caído a la mitad, está admitiendo precisamente el problema que hoy denunciamos ante la Justicia”, sostienen.

La respuesta enfatiza que detrás de cada reducción del precio de la hoja verde existen familias agrarias, cooperativas, comercios locales y miles de trabajadores vinculados a la actividad.

Las organizaciones recuerdan que la yerba mate es una economía regional construida durante generaciones por pequeños y medianos productores. Un modelo productivo singular. Una base social amplia. Un entramado económico que excede la producción y la exportación.

A partir de allí plantean una serie de interrogantes sobre el futuro del sector. Se preguntan si la actividad “irreconocible” mencionada por Sturzenegger será una donde desaparezcan los productores familiares, los trabajadores deban emigrar o la rentabilidad quede concentrada en cada vez menos operadores.

También expresan preocupación por la posibilidad de que la tradicional Ilex paraguariensis pierda centralidad frente a sustitutos, mezclas o productos que aprovechen el prestigio construido durante generaciones por productores de Misiones y Corrientes.

Para las entidades, la fortaleza de la yerba mate argentina no reside únicamente en su potencial exportador. También en su historia, cultura, conocimiento productivo y arraigo territorial.

“Exportar más no puede significar producir menos productores”, afirman.

Por eso sostienen que el debate no debe limitarse al precio que paga el consumidor o al volumen exportado. Debe incluir la retribución justa para el productor, la continuidad de las familias agrarias, la protección del trabajo rural y la preservación de una economía regional estratégica para Misiones.

La acción judicial actualmente en trámite busca determinar si un decreto puede desarticular el sistema institucional que durante décadas garantizó un equilibrio mínimo entre los distintos actores de la cadena.

Las asociaciones concluyen que la Argentina necesita una yerba mate más competitiva y exportadora. Pero también una actividad que conserve productores, trabajadores, cooperativas y comunidades rurales.

Porque una industria puede aumentar exportaciones y, al mismo tiempo, destruir las bases sociales, culturales y productivas que le dieron origen.

“Y cuando eso ocurre, lo que se vuelve irreconocible no es solamente la industria. Se vuelve irreconocible la propia Misiones”.

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