precio del petróleo

Trump anunció el envió de un plan de 15 puntos con Irán y busca un alto el fuego que impacte en el petróleo

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Estados Unidos dio un paso concreto para reconfigurar el conflicto en Medio Oriente: envió a Irán una hoja de ruta de 15 puntos para alcanzar un alto el fuego definitivo, con el objetivo inmediato de garantizar la libre navegación en el Estrecho de Ormuz y estabilizar el frente energético global. El plan, confirmado por funcionarios paquistaníes y articulado bajo mediación egipcia, apunta a cerrar un acuerdo de “entendimiento global” y podría derivar en una cumbre presencial este viernes en Pakistán. En un escenario atravesado por tensiones militares y volatilidad económica, la iniciativa abre una pregunta central: ¿se trata de un giro real hacia la negociación o de un intento táctico para contener una crisis que ya impacta en los mercados?

El dato no es menor. La propuesta aparece luego de una escalada de ataques cruzados y con el bloqueo del Estrecho de Ormuz como factor crítico para el comercio internacional de energía. La urgencia diplomática tiene correlato directo en el precio del petróleo y en la estabilidad de las cadenas logísticas globales.

Una hoja de ruta que excede lo nuclear

El documento enviado por Washington no se limita a un acuerdo puntual. Según se detalló, incluye alivio de sanciones, cooperación nuclear civil, desmantelamiento del programa nuclear iraní, supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), límites al desarrollo de misiles y garantías de libre tránsito por el Estrecho de Ormuz.

Desde la mediación egipcia, el borrador fue definido como una plataforma de “entendimiento global”, lo que implica que el conflicto dejó de leerse únicamente en clave nuclear y pasó a integrar una agenda más amplia de seguridad, comercio y estabilidad regional.

El diseño del plan también revela el intento de Estados Unidos por estructurar una negociación integral que combine incentivos —como el alivio de sanciones— con exigencias estratégicas sobre el programa nuclear y militar iraní. Esa arquitectura responde a un patrón conocido en la diplomacia internacional, pero en este caso se despliega bajo presión de tiempo: la cumbre prevista para este viernes exige movimientos logísticos inmediatos, en especial para la delegación norteamericana.

El petróleo reacciona al clima de negociación

El solo indicio de diálogo ya empezó a generar efectos concretos en los mercados. El precio del crudo Brent retrocedió a US$94,5 por barril este miércoles, luego de haber rozado los US$100 en la jornada previa. La baja no responde a un cambio estructural, sino a una señal: los mercados incorporaron la posibilidad de una tregua como variable de corto plazo.

Sin embargo, la volatilidad sigue siendo alta. El bloqueo del Estrecho de Ormuz continúa vigente y actúa como factor de presión sobre los precios, más allá de las declaraciones diplomáticas. En ese punto, el mercado energético funciona como un termómetro directo del conflicto: cada avance o retroceso en la negociación se traduce en movimientos inmediatos.

En el plano local, ese comportamiento ya empieza a tener consecuencias. Los combustibles y productos derivados del petróleo registran aumentos que impactan en la dinámica inflacionaria, lo que conecta un conflicto geopolítico con variables económicas domésticas.

Diplomacia bajo presión y mercados expectantes

El movimiento de Estados Unidos reposiciona a la Casa Blanca como actor central en la gestión del conflicto, pero también expone sus límites. La propuesta de 15 puntos busca ordenar un escenario fragmentado, donde intervienen múltiples actores y donde la respuesta iraní será determinante.

Para Irán, el plan implica aceptar condiciones sensibles, como el desmantelamiento de su programa nuclear y la supervisión internacional. Para Estados Unidos, representa la necesidad de ofrecer garantías concretas —como el alivio de sanciones— en un contexto donde la credibilidad de los acuerdos previos forma parte de la discusión.

En términos de poder, la negociación también está condicionada por el impacto económico global. La presión sobre el mercado energético y el riesgo de disrupciones mayores en el suministro actúan como incentivo para avanzar hacia un acuerdo, pero también elevan el costo de cualquier fracaso.

Los intermediarios, en este caso Egipto y Pakistán, emergen como actores clave para sostener el canal diplomático. La posible cumbre presencial en territorio paquistaní no es solo un gesto logístico: es un intento de consolidar un espacio de negociación fuera del epicentro del conflicto.

Entre la tregua y la persistencia de la tensión

La propuesta estadounidense abre una ventana de negociación, pero no garantiza un desenlace. El foco inmediato estará en la viabilidad de la cumbre prevista para este viernes y en la respuesta iraní a los puntos más sensibles del plan.

En las próximas semanas, el comportamiento del petróleo seguirá siendo un indicador clave. Si los precios logran estabilizarse, podría interpretarse como una señal de avance diplomático. Si vuelven a escalar, reflejarán la persistencia de la incertidumbre.

El Estrecho de Ormuz seguirá en el centro de la escena. Su reapertura efectiva o su continuidad como cuello de botella logístico marcarán el ritmo no solo del conflicto, sino también de la economía global.

Por ahora, la hoja de ruta de 15 puntos funciona como un intento de encauzar una crisis que ya desbordó lo militar y lo diplomático para instalarse en el corazón del sistema económico internacional. La negociación empezó a tomar forma, pero su resultado todavía está lejos de definirse.

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El petróleo roza los US$100 y expone el riesgo global tras la escalada militar entre Irán, Israel y Estados Unidos

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La guerra en Medio Oriente volvió a impactar de lleno en la economía global. Este jueves, los precios internacionales del petróleo registraron una suba de hasta 10% y regresaron a la zona de los US$100 por barril, tras una ofensiva militar de Irán contra buques petroleros en el estratégico Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más sensibles del planeta.

La reacción de los mercados fue inmediata. El Brent crude oil, referencia para Europa, llegó a cotizar US$101 por barril, antes de moderarse hacia los US$98, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) subió 4,6% hasta los US$91. Ambos índices acumulan una revalorización superior al 60% en lo que va de 2026, una señal de que el mercado energético ya está incorporando el riesgo geopolítico como factor estructural.

El detonante inmediato fue el recrudecimiento del conflicto que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán. Pero la pregunta que domina a los analistas es otra: ¿está el mundo ante una nueva crisis energética global o frente a un shock geopolítico de corto plazo?

Ormuz, el cuello de botella energético del planeta

La tensión se concentra en el estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por donde circula aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo. La ofensiva iraní contra buques que navegaban en la zona provocó incendios en al menos dos petroleros cerca del sur de Irak, obligando a evacuar a las tripulaciones. El ataque dejó un muerto y varios desaparecidos.

El bloqueo de esa vía marítima tiene un efecto inmediato en los mercados. Se trata del principal paso para el petróleo que sale del Golfo Pérsico hacia Asia, Europa y Estados Unidos. Cada interrupción en esa ruta se traduce en menos oferta global disponible, una ecuación que empuja los precios al alza.

Los inversores interpretan que el cierre parcial de Ormuz podría estar afectando la circulación de alrededor de 20 millones de barriles diarios, una cifra que explica la reacción inmediata del mercado.

La respuesta energética de Occidente

Ante la amenaza de un shock de oferta, las potencias occidentales activaron mecanismos de emergencia. La Agencia Internacional de la Energía anunció la liberación de 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas estratégicas, la mayor medida de este tipo en la historia del organismo.

Por su parte, Estados Unidos informó que liberará 172 millones de barriles adicionales a partir de la próxima semana.

Sin embargo, la capacidad de estas medidas para estabilizar el mercado aparece limitada. Los volúmenes anunciados siguen lejos de compensar el flujo de petróleo que podría verse interrumpido si el conflicto se prolonga o si el tránsito marítimo continúa restringido.

En términos políticos, la decisión revela una preocupación creciente: el precio del petróleo vuelve a convertirse en un frente de tensión para las economías globales, en especial en un contexto donde la inflación energética sigue siendo un riesgo para gobiernos y bancos centrales.

Israel amplía el frente militar y eleva la tensión regional

Mientras los mercados reaccionaban al shock energético, el conflicto militar escaló en paralelo. El ejército de Israel confirmó que atacó el complejo nuclear Taleghan nuclear complex en territorio iraní.

La ofensiva se inscribe en una estrategia más amplia. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, instruyó al ejército para que se prepare a expandir las operaciones militares contra el grupo chiíta Hezbollah en el Líbano.

El conflicto ya tiene impactos humanitarios significativos. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados informó que 3,2 millones de personas se encuentran desplazadas dentro de Irán como consecuencia de las hostilidades.

En paralelo, medios iraníes reportaron la muerte de Sardar Esmail Dehghan, comandante de la Fuerza Aeroespacial del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, en un ataque selectivo ocurrido en la ciudad de Arak, donde falleció junto a su esposa y sus dos hijos.

Un conflicto militar que redefine el tablero energético

La combinación de ataques en rutas petroleras, ofensivas militares y respuesta energética de Occidente está configurando un escenario de alta volatilidad geopolítica.

El mercado energético opera con una lógica simple: cuando se percibe riesgo de interrupción en el suministro, los precios reaccionan antes de que la escasez se materialice.

Eso explica por qué el petróleo ya volvió a niveles cercanos a US$100 por barril, incluso antes de que el impacto real en la oferta global sea completamente medido.

Para muchos gobiernos, el problema no es solo el precio del crudo. Un salto sostenido en los valores del petróleo impacta en inflación, costos logísticos, transporte y energía, variables que afectan directamente la estabilidad económica.

Un escenario abierto con implicancias globales

El movimiento de los precios del petróleo es, en realidad, un termómetro político. Cada escalada militar en Medio Oriente se traduce en un reajuste inmediato de expectativas en los mercados.

Si el conflicto se limita a episodios aislados, la presión sobre los precios podría moderarse. Pero si el cierre del estrecho de Ormuz se prolonga o si la guerra se expande hacia nuevos frentes, el impacto podría escalar hacia una crisis energética de alcance global.

Por ahora, el mercado se mueve entre dos fuerzas opuestas: las reservas estratégicas liberadas por Occidente y el riesgo creciente de interrupción del suministro.

En ese delicado equilibrio se juega algo más que el precio del petróleo. También está en disputa la estabilidad energética de la economía global.

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Guerra en Irán abre riesgo de un shock energético global

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La guerra abierta tras los ataques ordenados el 28 de febrero por Donald Trump y Benjamin Netanyahu contra Irán, y la posterior respuesta de Teherán con el bloqueo del estrecho de Ormuz, provocó una de las mayores sacudidas del mercado energético mundial en décadas. En apenas días, el precio del barril saltó de US$60 a casi US$120, antes de estabilizarse cerca de US$90, en medio de la jornada más volátil registrada en la historia del mercado petrolero.

La magnitud del movimiento reavivó una comparación inevitable: la crisis petrolera de 1973, cuando el embargo de los países árabes tras la guerra del Yom Kippur cuadruplicó los precios del crudo y alteró el equilibrio económico mundial. Hoy el detonante vuelve a ser geopolítico, pero el alcance potencial del shock podría ser incluso mayor si se prolonga el bloqueo de la principal arteria energética del planeta.

La incertidumbre política amplificó la tensión financiera. El propio Trump intentó calmar a los mercados con declaraciones contradictorias, afirmando primero que la guerra está “prácticamente terminada” y luego que la decisión final sobre el conflicto “está en su mente”. Mientras tanto, el G7 comenzó a discutir medidas extraordinarias, entre ellas la posible liberación de 300 millones de barriles de reservas estratégicas para frenar la escalada de precios.

El interrogante que domina los mercados es claro: ¿se trata de un episodio de volatilidad temporal o del inicio del mayor shock petrolero de la historia moderna?

El estrecho de Ormuz, el punto crítico del sistema energético mundial

El núcleo de la crisis no está únicamente en el enfrentamiento militar, sino en la interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz, considerado el principal cuello de botella energético global.

Por ese paso marítimo circula aproximadamente: Una quinta parte del consumo mundial de petróleo. 25% del crudo transportado por mar. 30% del comercio global de gas natural licuado (GNL)

Hasta el 27 de febrero transitaban 37 petroleros diarios por la zona. Tras el inicio del conflicto, el número cayó prácticamente a cero.

La interrupción tiene efectos directos sobre el sistema energético mundial. Si el bloqueo se prolonga, varios productores del Golfo podrían verse obligados a cerrar temporalmente pozos petroleros porque los buques cargados no pueden salir y el almacenamiento se satura.

Ese escenario tiene riesgos técnicos. A diferencia de un grifo doméstico, cerrar un pozo petrolero puede afectar la presión del yacimiento, lo que dificultaría recuperar su producción original.

La Guardia Revolucionaria iraní anunció que no permitirá el paso de petróleo mientras continúen los ataques contra su territorio. Desde Washington, Trump respondió con amenazas de represalias si se interrumpe el flujo energético.

La combinación de presión militar y control del comercio energético convirtió el estrecho en el centro de gravedad de la crisis.

Una estrategia de guerra asimétrica con impacto económico global

Más allá del frente militar, analistas interpretan el bloqueo como una forma de coerción económica estratégica.

Irán no puede competir con Estados Unidos e Israel en capacidad militar convencional, pero sí puede alterar el sistema energético mundial. Al atacar infraestructuras y cerrar rutas marítimas, eleva los costos económicos del conflicto para las potencias y para los principales consumidores globales.

La lógica es clara: convertir una desventaja militar en poder de negociación.

Esta estrategia busca presionar a actores externos —desde los países del Golfo hasta grandes importadores asiáticos— para que impulsen un alto el fuego o limiten la escalada del conflicto.

Sin embargo, el movimiento también tiene riesgos. Golpear la infraestructura energética regional podría reforzar la alineación de los países del Golfo con Washington, generando efectos geopolíticos contrarios a los intereses de Teherán.

Sectores económicos bajo presión: transporte, industria y alimentos

El impacto del shock energético se extiende rápidamente a múltiples sectores de la economía global.

El primero en sentir el golpe es el transporte, especialmente la aviación. El combustible para aviones en Singapur subió 72%, alcanzando niveles récord. Desde finales de febrero se registraron 37.000 vuelos cancelados.

Pero el efecto no se limita a los combustibles.

Gran parte de las cadenas industriales dependen directa o indirectamente del petróleo: La petroquímica utiliza derivados del crudo para plásticos, fertilizantes y fibras sintéticas. La industria pesada consume grandes cantidades de energía en procesos como acero, cemento o aluminio. La agroindustria depende de fertilizantes y transporte intensivo en energía.

Por eso los analistas describen el fenómeno como una onda expansiva económica: comienza en la energía, pasa por la logística y termina afectando los precios al consumidor.

Las economías más expuestas al shock

La crisis no golpea a todos por igual. Los efectos se distribuyen según el perfil energético de cada economía.

Entre los más vulnerables aparecen: Países productores del Golfo, que dependen del comercio marítimo para exportar. Grandes importadores asiáticos, como China, India, Japón y Corea del Sur. Europa, cada vez más dependiente del gas natural licuado desde la guerra en Ucrania. Economías emergentes importadoras de combustible, con monedas más débiles.

Irak representa un caso extremo: su producción cayó cerca de 70%, pasando de 4,3 millones a 1,3 millones de barriles diarios.

Arabia Saudita intenta desviar parte del crudo por un oleoducto hacia el puerto de Yanbu en el mar Rojo, pero esa ruta alternativa no alcanza para absorber toda la producción.

El impacto político: inflación, elecciones y presión social

El precio del petróleo tiene una dimensión política inmediata. Afecta el costo del transporte, los alimentos y la energía doméstica, por lo que suele convertirse en un indicador directo del costo de vida.

En Estados Unidos, el aumento de los combustibles puede complicar el panorama político de Trump. El país celebrará elecciones de medio mandato en noviembre, y el control de la inflación es uno de los pilares del discurso económico del gobierno.

La experiencia histórica muestra que los shocks petroleros tienden a reducir las probabilidades electorales de los oficialismos, especialmente si se prolongan durante meses.

La crisis energética, por lo tanto, podría trasladarse desde los mercados a la arena electoral.

América Latina entre oportunidades y riesgos

Para América Latina, el efecto del aumento del petróleo es desigual.

Los exportadores de crudo podrían beneficiarse de precios más altos. Entre ellos aparecen: Brasil, Guyana, Argentina y Colombia.

En el caso argentino, la mejora del saldo energético externo se vincula con el desarrollo de Vaca Muerta, que amplió la producción hidrocarburífera.

Otros países enfrentan escenarios más complejos. México importa grandes volúmenes de combustibles refinados, lo que diluye el beneficio de ser productor. Economías importadoras como Chile, Perú o varios países del Caribe podrían sufrir presiones inflacionarias.

Bolivia, por ejemplo, mantiene subsidios a los combustibles que se vuelven más costosos cuando sube el precio internacional del crudo.

El G7 prepara una respuesta coordinada

Ante la volatilidad del mercado, los países del G7 anunciaron que están listos para actuar “de forma urgente” para estabilizar los precios.

Entre las opciones en discusión figura la liberación de reservas estratégicas de petróleo y otras medidas de coordinación energética internacional.

Las decisiones dependerán de la evolución del conflicto y de datos más precisos sobre el impacto real en el suministro global.

La prioridad declarada es evitar una escalada sostenida del precio del crudo, que podría empujar a la economía mundial hacia una nueva ola inflacionaria.

Un sistema energético bajo presión geopolítica

Más de medio siglo después de los shocks petroleros de los años 70, la economía global vuelve a enfrentarse a una crisis energética impulsada por un conflicto en Medio Oriente.

El peso relativo del petróleo en la economía mundial es menor que entonces, pero sigue siendo una pieza central del sistema productivo.

Si el bloqueo del estrecho de Ormuz se prolonga, el impacto podría ir mucho más allá de los mercados financieros: inflación, tensiones industriales, conflictos políticos internos y realineamientos geopolíticos.

Por ahora, el sistema energético global permanece en una fase de incertidumbre. Los mercados reaccionan a cada declaración política, cada movimiento militar y cada señal sobre el tráfico marítimo en el Golfo.

El verdadero alcance del shock todavía está en disputa.

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El FMI advierte por el impacto del conflicto en Medio Oriente y alerta sobre un posible rebrote inflacionario global

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La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, lanzó una advertencia directa sobre el nuevo escenario económico internacional: la escalada del conflicto en Medio Oriente podría reactivar presiones inflacionarias globales y desacelerar el crecimiento económico. El mensaje llegó durante una conferencia en Tokio, en momentos en que el organismo prepara la actualización de sus proyecciones en las próximas Perspectivas de la Economía Mundial que se publicarán a mediados de abril.

El dato central que expuso Georgieva resume el riesgo: cada aumento del 10% en el precio del petróleo sostenido durante gran parte del año podría agregar unos 40 puntos básicos a la inflación global, mientras que el crecimiento del PBI mundial podría caer entre 0,1% y 0,2%.

La advertencia introduce una tensión estratégica para los gobiernos y bancos centrales: ¿puede el nuevo shock energético reabrir el ciclo inflacionario global justo cuando muchas economías intentaban consolidar la desinflación?

El petróleo vuelve al centro del riesgo económico

El diagnóstico del FMI parte de un punto claro: el principal canal de transmisión del conflicto hacia la economía mundial es el mercado energético.

Los precios del petróleo, históricamente sensibles a las tensiones geopolíticas, vuelven a actuar como un multiplicador de riesgos. Cuando la energía se encarece, el impacto no queda restringido al sector energético: se traslada al transporte, a los alimentos, a los costos industriales y finalmente a la inflación general.

Ese mecanismo ya se observó en crisis anteriores y explica la preocupación del organismo. Si el aumento de precios se consolida, los bancos centrales podrían enfrentar un escenario incómodo: inflación persistente en un contexto de crecimiento debilitado.

Desde el punto de vista macroeconómico, se trata de una combinación compleja. El encarecimiento de la energía presiona los precios mientras reduce el margen de consumo y de inversión, lo que termina afectando la actividad económica.

El FMI prepara su diagnóstico global

Las declaraciones de Georgieva se producen mientras el FMI recopila información para elaborar la próxima edición del informe Perspectivas de la Economía Mundial (WEO), uno de los documentos más influyentes en la agenda económica internacional.

El reporte, que se publicará a mediados de abril, incluirá una evaluación más detallada del impacto del conflicto en Medio Oriente sobre la economía global.

En ese proceso de análisis, el organismo monitorea principalmente tres variables: la evolución de los precios del petróleo, el efecto inflacionario sobre las economías y el impacto potencial sobre el crecimiento mundial

El objetivo es medir hasta qué punto el shock energético puede alterar las previsiones económicas que los organismos internacionales habían formulado para 2026.

El mensaje a los gobiernos: prepararse para escenarios extremos

Más allá de los números, el mensaje político de Georgieva apunta a la gestión de la incertidumbre.

“Piensen en lo impensable y prepárense para ello”, recomendó a los responsables de política económica de todo el mundo.

La frase refleja el cambio de clima global. Tras varios años marcados por crisis sucesivas —pandemia, inflación global, tensiones geopolíticas—, los organismos internacionales advierten que los shocks externos pueden aparecer con mayor frecuencia.

Frente a ese escenario, el FMI planteó una serie de prioridades para los gobiernos: fortalecer las instituciones económicas, mantener marcos de política fiscal y monetaria sólidos, preservar margen de maniobra para responder a shocks externos y promover el crecimiento impulsado por el sector privado

La lógica detrás de estas recomendaciones es clara: los países con mayor solidez macroeconómica tienen más capacidad para absorber crisis externas sin perder estabilidad.

Inflación, crecimiento y geopolítica: el triángulo de la incertidumbre

El nuevo escenario internacional reconfigura el debate económico global.

Durante los últimos años, los bancos centrales concentraron sus esfuerzos en reducir la inflación que se disparó tras la pandemia y las disrupciones energéticas. El proceso de desinflación comenzó a consolidarse en varias economías, aunque todavía con fragilidad.

La posibilidad de un nuevo shock petrolero reabre la discusión sobre la duración de ese proceso.

Si los precios de la energía continúan en alza, la inflación podría volver a acelerarse justo cuando muchas economías buscaban relajar sus políticas monetarias.

Al mismo tiempo, un menor crecimiento global complicaría el panorama fiscal de numerosos países.

Un escenario global que todavía se está redefiniendo

Las advertencias del FMI reflejan un momento de transición en la economía mundial.

El conflicto en Medio Oriente, el comportamiento de los mercados energéticos y la reacción de los gobiernos y bancos centrales determinarán el impacto real sobre el crecimiento y la inflación.

Por ahora, el organismo se limita a señalar los riesgos y a preparar su diagnóstico para el informe de abril.

El verdadero alcance de esta nueva fase de incertidumbre —y la capacidad de los países para responder— comenzará a medirse en los próximos meses, cuando las consecuencias económicas del conflicto se vuelvan más visibles en los datos globales.

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Los precios del petróleo se disparan por encima de US$ 100 por barril por primera vez desde 2022

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El petróleo superó este domingo los US$100 por barril, un umbral que no alcanzaba desde la invasión rusa a Ucrania en 2022, en medio de una fuerte tensión geopolítica por la escalada del conflicto con Irán y el temor de los mercados a interrupciones prolongadas en el suministro de crudo desde Medio Oriente.

Los futuros del petróleo estadounidense (WTI) treparon cerca de 18% hasta los US$108 por barril, su nivel más alto desde julio de 2022, e incluso tocaron momentáneamente los US$110 durante la noche del domingo. En paralelo, el Brent, referencia global, avanzó alrededor de 16% y se ubicó también en torno a US$108 por barril.

El repunte responde principalmente a las amenazas de Irán de atacar cualquier petrolero que atraviese el estrecho de Ormuz, un corredor estratégico por el que circula aproximadamente el 20% del petróleo comercializado en el mundo. Un eventual bloqueo o interrupción en esa vía clave podría alterar de forma significativa la oferta global de energía.

En ese contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, minimizó el impacto del alza de precios. En una publicación en su red Truth Social sostuvo que el encarecimiento del petróleo es “un precio muy bajo a pagar” frente a los objetivos estratégicos de su política exterior.

“Los precios del petróleo a corto plazo, que caerán rápidamente cuando termine la destrucción de la amenaza nuclear iraní, son un precio muy bajo a pagar por la seguridad y la paz de Estados Unidos y del mundo. ¡Solo los tontos pensarían diferente!”, escribió el mandatario.

Riesgo de un salto mayor

Algunos analistas advierten que la tensión en la región podría empujar el crudo aún más arriba. Según Homayoun Falakshahi, analista principal de investigación de crudo de la consultora Kpler, el petróleo podría escalar hasta US$150 por barril hacia fines de marzo si no se normaliza el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.

El impacto del encarecimiento energético ya comenzó a reflejarse en los mercados financieros. Los futuros de Wall Street operaron con fuertes caídas: el Dow Jones retrocedía más de 800 puntos (-1,7%), mientras que los futuros del S&P 500 y del Nasdaq cedían alrededor de 1,6%.

La preocupación central de los inversores es que un aumento prolongado del precio del combustible reactive presiones inflacionarias y complique la recuperación económica.

Suba en los combustibles

En Estados Unidos, el efecto ya comenzó a trasladarse al consumidor. Tras los primeros ataques registrados el 28 de febrero, el precio promedio de la gasolina alcanzó US$3,45 por galón, lo que representa un aumento de 16% en apenas una semana, según datos de la asociación automovilística AAA.

Un encarecimiento sostenido del combustible podría generar nuevos problemas de accesibilidad para los hogares y abrir un frente político delicado para la administración republicana de cara a las elecciones legislativas de medio término.

Intentos por estabilizar el mercado

Ante el riesgo de interrupciones en el comercio energético, la Casa Blanca anunció medidas para garantizar la circulación de buques petroleros en la zona. El gobierno de Trump evalúa ofrecer seguros a los petroleros que atraviesen el estrecho de Ormuz, luego de que varias aseguradoras marítimas advirtieran que dejarían de cubrir operaciones en la región si aumentan los ataques.

También se analiza la posibilidad de escoltas navales para las embarcaciones comerciales, aunque el esquema aún no fue definido y varias compañías navieras se muestran reticentes a operar en la zona mientras persista el conflicto.

La tensión escaló aún más luego de que Israel atacara instalaciones de almacenamiento de petróleo en Irán. Un alto funcionario iraní advirtió que el conflicto ha entrado en una “nueva fase” y señaló que Teherán podría responder con ataques contra infraestructura energética en la región.

“Irán no cederá el control del estrecho de Ormuz hasta lograr los resultados deseados”, afirmó el funcionario.

El escenario ya está impactando en la producción. Ante las dificultades logísticas y de almacenamiento, varios productores comenzaron a reducir el ritmo de extracción, lo que podría restringir aún más la oferta global.

Por su parte, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, aseguró en el programa State of the Union de CNN que Washington no planea atacar la industria petrolera iraní ni su infraestructura energética. Sin embargo, el crudo iraní se encuentra fuertemente sancionado y China se mantiene como su principal comprador relevante en el mercado internacional.

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