Producción de granos

Brasil agranda la brecha agroindustrial con Argentina y reabre el debate sobre el costo de las políticas internas

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El contraste entre el agro de Brasil y el de Argentina dejó de ser una comparación sectorial para transformarse en una señal política de fondo. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario expuso que, en las últimas tres décadas, ambos países crecieron en agricultura y ganadería, pero lo hicieron a velocidades muy distintas. El dato más contundente está en la producción de soja, maíz y trigo: si en el promedio de los años noventa Brasil producía un 53% más que Argentina, en las primeras cinco campañas de la década del 2020 esa diferencia escaló al 155%. Para la campaña 2025/26, las proyecciones de GEA y Conab anticipan una brecha todavía enorme: 147% a favor de Brasil. La pregunta que sobrevuela el informe no es solo cuánto más produce el vecino, sino cuánto de esa distancia responde a ventajas naturales y cuánto a decisiones políticas que en Argentina terminaron frenando el potencial del sector.

Dos modelos, un mismo punto de partida y resultados cada vez más distintos

La comparación que realiza la Bolsa rosarina parte de una base relevante: Brasil y Argentina comparten una estructura agroindustrial central en sus economías, con cadenas agrícolas y ganaderas de peso estratégico. Sin embargo, las trayectorias divergieron.

Durante los años noventa, la producción combinada de soja, maíz y trigo de Brasil era un 53% superior a la argentina. En la década del 2000, con la maduración tecnológica, la expansión de la siembra directa y la mejora en el manejo, esa brecha incluso se redujo a 45%. Había, en ese momento, una convergencia posible.

Pero el informe sitúa allí un punto de inflexión. Esa misma década marcó en Argentina el regreso de los derechos de exportación, dentro de un esquema de políticas que, según la Bolsa, comenzaron a desincentivar el respaldo a las cadenas agrícolas. Mientras tanto, Brasil sostuvo políticas de apoyo a la producción, entre ellas el Plan Safra, y consolidó una dinámica de expansión en superficie y rindes.

El resultado fue un quiebre cada vez más profundo. En la década del 2010, Brasil pasó a producir en promedio un 82% más que Argentina en esos tres cultivos. Luego, en las primeras cinco campañas del 2020, la diferencia saltó al 155%. Aun con una leve corrección proyectada para 2025/26, la distancia seguiría en 147%, muy por encima de cualquier registro previo.

No es solo una estadística productiva. Es la evidencia de que, frente a tecnologías similares y cadenas que compiten en el mismo mercado global, el marco de incentivos puede alterar de forma decisiva la escala alcanzada por cada país.

La carne vacuna también muestra una diferencia de poder productivo

La divergencia no quedó encerrada en los granos. En carne vacuna, la brecha fue todavía más marcada. En el promedio de los años noventa, Brasil producía un 119% más de carne vacuna que Argentina. En los 2000, esa diferencia ascendió al 167%. Ya en la década del 2010, Brasil producía 249% más, es decir, más de tres veces el volumen argentino.

En lo que va de la década actual, el promedio ubica a Brasil con una producción 235% superior. Y para la campaña 2025/26, las previsiones del USDA proyectan una distancia de 284%, cerca de cuadruplicar la producción argentina.

La magnitud de esa brecha tiene una lectura económica inmediata y otra política menos visible, pero igual de relevante. En términos productivos, consolida a Brasil como un actor de escala mucho mayor en uno de los mercados de proteínas más sensibles del comercio global. En términos de poder, le permite jugar con otra espalda en exportaciones, abastecimiento y posicionamiento estratégico frente a la demanda internacional.

Exportaciones: donde la distancia se volvió más contundente

Si la producción muestra una divergencia fuerte, las exportaciones terminan de dimensionar el cambio de tablero. Según el informe, en el promedio de la década del noventa Argentina exportaba un 24% más de carne por año que Brasil. Hoy esa relación se invirtió de manera drástica: para la campaña actual, Brasil aspira a exportar más de cinco veces el volumen argentino.

El dato resume una transformación de largo plazo. En más de tres décadas, Argentina casi duplicó sus exportaciones de carne. Brasil, en cambio, las multiplicó por más de 13. Allí aparece una diferencia decisiva entre crecer y escalar. Argentina aumentó, pero Brasil construyó volumen, continuidad y capacidad de inserción externa a otra velocidad.

Ese desempeño también redefine la correlación regional. No se trata solo de quién produce más, sino de quién gana mercados, quién consolida presencia internacional y quién logra convertir su potencia agroindustrial en una plataforma más robusta de generación de divisas.

El crédito como diferencia silenciosa entre ambos modelos

La Bolsa de Comercio de Rosario agrega otro factor que ayuda a explicar el ensanchamiento de la brecha: el financiamiento. A comienzos de siglo, Argentina y Brasil tenían niveles de crédito interno al sector privado relativamente cercanos en proporción al PBI: 24% en Argentina y 31% en Brasil.

Dos décadas y media después, la distancia se volvió mucho más amplia. En 2024, Argentina se ubicó en 15% del PBI, sin recuperar siquiera los niveles previos a la crisis de 2001. Brasil, en cambio, expandió ese indicador hasta casi el 76% del PBI. Lo que hace 25 años era una diferencia de 7 puntos porcentuales, hoy supera los 60 puntos.

Ese dato no aparece en el debate cotidiano con la misma fuerza que las retenciones o el tipo de cambio, pero tiene consecuencias igual de concretas. Más financiamiento significa mayor capacidad para invertir, incorporar tecnología, sostener ciclos productivos y planificar crecimiento. Menos crédito implica menor margen para escalar y más vulnerabilidad frente a shocks climáticos o de precios.

En esa comparación, el informe deja una señal clara: la brecha productiva entre ambos países no se explica únicamente por la política tributaria o comercial, sino también por la capacidad del sistema financiero para apuntalar la expansión del sector privado.

Retenciones, brecha cambiaria y un intento de corregir incentivos

El informe no se limita a describir la diferencia histórica. También introduce una lectura sobre el presente argentino. Según la Bolsa, la baja de retenciones y el fin de las brechas cambiarias son decisiones que colaboran para apuntalar la producción agrícola y ganadera.

La afirmación tiene una carga política evidente, aunque se formule en lenguaje técnico. Lo que se pone sobre la mesa es que parte de las distorsiones que durante años condicionaron al agro empiezan a corregirse, al menos parcialmente. Esa corrección alimenta una nueva expectativa de crecimiento.

La Bolsa sostiene que la campaña actual espera batir récords en producción de granos, mientras que el crédito bancario al sector ganadero alcanzó su segundo mayor registro de la historia argentina. Son señales que, en la lógica del informe, permitirían iniciar una recuperación del terreno perdido.

No se trata todavía de una convergencia con Brasil. La distancia acumulada es demasiado profunda para revertirse en el corto plazo. Pero sí de una ventana de oportunidad: si se sostienen mejores condiciones para producir, financiarse y exportar, Argentina podría volver a expandirse con mayor velocidad.

Repercusiones: quiénes quedan fortalecidos y qué discusión se reactiva

La principal consecuencia política del informe es que reabre una discusión incómoda para la política económica argentina: cuánto del rezago agroindustrial fue producto de condiciones externas y cuánto fue resultado de decisiones domésticas. La Bolsa responde con una hipótesis nítida: las políticas divergentes entre Brasil y Argentina ampliaron la brecha.

Esa lectura fortalece a los sectores que vienen reclamando un marco más previsible, menor carga sobre las exportaciones y acceso al financiamiento como condiciones básicas para crecer. También condiciona a cualquier estrategia de política pública que busque sostener recaudación o intervenir en los mercados sin medir el costo de largo plazo sobre la inversión y la escala productiva.

En términos económicos, el informe vuelve a ubicar al agro como un actor decisivo para la generación de divisas, el aumento de producción y la expansión exportadora. En términos institucionales, sugiere que las reglas importan tanto como la tecnología. Y en términos estratégicos, instala una advertencia: la competencia regional no espera a que Argentina resuelva sus dilemas internos.

Un escenario abierto: el potencial está, pero no alcanza con corregir dos variables

La Bolsa cierra con una idea optimista: con más apoyo al productor, Argentina puede seguir creciendo en producción y exportaciones, tal como destaca el modelo AGMEMOD. Esa proyección, sin embargo, abre más interrogantes de los que clausura.

Porque el potencial está documentado, pero la brecha con Brasil también. La actual mejora de incentivos puede empujar una recuperación, pero el desafío no es solo crecer un año más, sino sostener una trayectoria. Ahí se jugará la dimensión más importante del proceso.

En las próximas campañas habrá que mirar si el récord esperado en granos logra consolidarse, si el mayor crédito al sector ganadero se traduce en más producción efectiva y si las condiciones macroeconómicas permiten transformar alivios puntuales en un cambio de régimen. También habrá que observar si la corrección de distorsiones alcanza para achicar una distancia que lleva décadas ampliándose.

La foto actual muestra a Brasil muy por delante y a Argentina intentando reordenar el terreno. Lo que todavía está en construcción es si ese reordenamiento puede convertirse en una estrategia persistente o si quedará, otra vez, atrapado entre avances parciales y restricciones recurrentes.

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Dos empleos cada 100 hectáreas: el riego puede generar más trabajo y de manera sustentable

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El crecimiento de la demanda global de alimentos vuelve cada vez más estratégico al riego en la producción agropecuaria. En un contexto marcado por sequías recurrentes y mayor variabilidad climática, mejorar la eficiencia en el uso del agua aparece como uno de los desafíos centrales para el agro argentino. Actualmente, en el país se riegan unas 2,1 millones de hectáreas, aunque el potencial estimado asciende a 7,5 millones.

Un informe elaborado por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) identifica allí un importante potencial productivo aún no aprovechado. El estudio plantea que la ampliación y modernización de los sistemas de riego no sólo permitiría incrementar la producción agrícola, sino también generar empleo, fortalecer las exportaciones y mejorar la sustentabilidad del sistema productivo.

“Hay muchas formas de cuidar el agua. Nosotros en nuestra casa, por ejemplo, cuando cerramos la canilla mientras nos cepillamos los dientes. Con esa acción chiquita estamos cuidando el agua. Con el riego en el campo pasa lo mismo: la propuesta no es gastar más agua sino justamente cuidarla y usarla mejor, más responsablemente”, explicó Antonella Semadeni, economista de FADA.

El estudio muestra que, solo en Córdoba y Buenos Aires, la expansión del riego permitiría sumar más de un millón de toneladas adicionales de soja, más de 3 millones de maíz y alrededor de 900 mil toneladas de trigo. En total, se podrían producir 5 millones de toneladas adicionales de estos granos.

Ese incremento productivo tendría un impacto directo en el empleo. Según las estimaciones del informe, el desarrollo del riego generaría dos puestos de trabajo cada 100 hectáreas, lo que equivaldría a más de 27 mil nuevos empleos vinculados a servicios, logística, industria, transporte y exportaciones.

“En ciertas zonas de Argentina, el riego no sólo mejora los rindes, es decir, lo que se puede producir por hectárea, sino que marca la diferencia entre poder o no sembrar”, señalan desde FADA.

Impacto potencial de expandir el riego en Argentina

  • Empleo: 2 nuevos puestos de trabajo cada 100 hectáreas irrigadas (más de 27.000 empleos).
  • Producción adicional: 5 millones de toneladas más de granos.
  • Detalle por cultivo:
    • Soja: +1.100.000 toneladas
    • Maíz: +3.200.000 toneladas
    • Trigo: +900.000 toneladas
  • Valor bruto de producción: +USD 1.120 millones.
  • Recaudación tributaria: +USD 432 millones.
  • Exportaciones: +USD 985 millones.
  • Inversión estimada: USD 2.328 millones en equipos de riego.
  • Costo promedio: alrededor de USD 2.000 por hectárea en sistemas con pivote eléctrico.
  • Impacto en rendimientos:
    • Soja: hasta +62%
    • Maíz: hasta +85%

Fuente: Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA).

La incorporación de nuevas tecnologías también permite optimizar el uso del agua. Sistemas de riego de precisión, sensores y monitoreo digital de cultivos hacen posible aplicar el recurso hídrico en la cantidad y el momento exacto que necesita la planta.

“El avance de la tecnología permite monitorear los cultivos y aplicar el agua en cantidad y frecuencia necesarias para la planta. Con esto podemos hacer un uso racional y responsable, amigable con el ambiente, porque se le da a la planta exactamente lo que necesita y cuando lo necesita”, explicó Semadeni.

Otro factor clave es la energía. El informe remarca que el riego eléctrico consume apenas un tercio de la energía requerida por sistemas alimentados a gasoil, aunque en muchas zonas rurales aún no existe acceso a redes eléctricas. Frente a este escenario, la incorporación de energías renovables, como paneles solares, aparece como una alternativa para impulsar el desarrollo de estos sistemas.

“El riego tiene múltiples beneficios: al aumentar la producción y los rendimientos, esto se traduce en uso de más insumos, más transporte, más servicios, más puestos de trabajo, más exportaciones y, por ende, más dólares para el país. Se moviliza la rueda de la economía a lo largo y ancho del país”, destacó Nicolle Pisani Claro, economista jefe de FADA.

Para potenciar este desarrollo, el informe plantea una serie de medidas de política pública orientadas a facilitar las inversiones en riego. Entre ellas, la amortización acelerada de los equipos, la devolución de saldos técnicos de IVA, la reducción del IVA sobre la energía eléctrica utilizada en riego agropecuario —actualmente del 27%— y el fomento de energías renovables aplicadas al riego. Varias de estas propuestas ya fueron incorporadas en el Régimen de Incentivo a la Mediana Inversión (RIMI).

“Si analizamos el empleo, pueden generarse más de 27 mil nuevos puestos. En otras palabras, dos trabajos cada 100 nuevas hectáreas con riego. También implica inversiones por USD 2.328 millones”, detalló Fiorella Savarino, economista de FADA.

Riego agrícola en Argentina: situación actual y potencial

Indicador Situación actual Potencial estimado
Superficie bajo riego 2,1 millones de hectáreas 7,5 millones de hectáreas
Producción adicional de granos 5 millones de toneladas adicionales
Empleo generado Más de 27.000 nuevos puestos de trabajo
Valor bruto de producción USD 1.120 millones adicionales
Exportaciones USD 985 millones adicionales
Inversión en equipos USD 2.328 millones
Costo promedio de instalación USD 2.000 por hectárea

Fuente: Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA).

Además, la mayor producción de granos implicaría USD 1.120 millones adicionales en valor bruto de producción, USD 432 millones en recaudación tributaria y cerca de USD 985 millones más en exportaciones, recursos clave para fortalecer la balanza comercial argentina.

Desde la perspectiva del productor, la inversión promedio ronda los USD 2.000 por hectárea en sistemas de pivote eléctrico. En términos productivos, el impacto puede ser significativo: los rendimientos pueden aumentar hasta 62% en soja y 85% en maíz en la provincia de Buenos Aires. En regiones como Córdoba, además, el acceso al riego puede definir la posibilidad misma de sembrar trigo en determinadas campañas.

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La Bolsa de Rosario anticipa la tercera mayor cosecha de maíz en 15 años

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La región núcleo apunta a una producción de maíz de 14,8 millones de toneladas en la campaña 2025/26, un 20% más que el ciclo anterior, según el informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) publicado el 15 de enero de 2026. La primera estimación confirma una recuperación significativa frente a la campaña pasada, impulsada por mayor superficie sembrada y mejores rindes, aunque la interrupción de las lluvias a fines de diciembre y comienzos de enero le quitó al cultivo temprano la posibilidad de alcanzar un nuevo récord. Aun así, el volumen proyectado se ubica como la tercera mayor cosecha de los últimos 15 años, con impacto directo en la oferta exportable y en el ingreso de divisas del complejo cerealero.

La estimación inicial marca 14,8 Mt, es decir 3,3 millones de toneladas más que las 11,5 Mt obtenidas en la campaña 2024/25. El guarismo, sin embargo, queda por debajo de las 15,5 Mt que se proyectaban al inicio de la siembra, cuando el escenario hídrico y térmico era más favorable. Desde el 24 de diciembre, el corte casi total de las lluvias coincidió con el llenado de granos del maíz temprano, limitando el rendimiento potencial en los principales núcleos productivos.

Más superficie y mejores rindes, pero con estrés hídrico puntual

El crecimiento interanual de la producción se explica, en primer lugar, por un aumento del 10% en la superficie sembrada, y en segundo término por una recuperación del rinde promedio, hoy estimado en 98 qq/ha, frente a los 82 qq/ha del ciclo anterior. La comparación con 2024/25 resulta clave: en aquella campaña, el bloqueo pluvial fue más prolongado y afectó severamente al norte bonaerense durante el período crítico y el llenado de granos. En cambio, en el ciclo actual la falta de lluvias se concentró hacia el final del período crítico, cuando muchas espigas ya mostraban un buen cuajado.

Además, el cultivo partió de mejores reservas de agua en el suelo y de un maíz que había recibido precipitaciones recurrentes a lo largo del ciclo. En el cálculo de esta primera estimación se incluye también un 10% de maíz tardío y de segunda, implantado en tiempo y forma y con todo su potencial productivo aún por delante. Con estos elementos, la campaña 2025/26 se perfila como la tercera mayor cosecha de la región núcleo en los últimos 15 años, aunque con un balance agridulce: sin la interrupción de las lluvias de fines de diciembre y principios de enero, los rindes récord parecían al alcance de la mano.

Lluvias por debajo de lo normal y reservas de agua ajustadas

El informe de la BCR advierte que los primeros 14 días de enero dejaron un 48% menos de lluvias en la región núcleo. El promedio fue de 13 mm, cuando la media histórica para el período es de 60 mm. Algunas estaciones de la red GEA en el sudeste de Córdoba —como Labordeboy, Canals y Guatimozín— no registraron precipitaciones, mientras que los mayores acumulados se midieron en Colonia Almada (47 mm), General Pinto (41 mm) y Ramallo y Pergamino (40 mm). En el sur de Santa Fe, Bigand acumuló 26 mm.

Como consecuencia, las reservas hídricas a un metro de profundidad se ubican mayoritariamente entre escasas y sequía, con pocos focos regulares asociados a lluvias aisladas. El contraste es marcado con otras regiones: desde el centro de Córdoba y Santa Fe hacia el norte, las precipitaciones fueron recurrentes y abundantes, incluso con anegamientos e inundaciones en Chaco, Corrientes y Santiago del Estero, y desbordes de ríos en el noroeste cordobés. En La Pampa, el sudoeste bonaerense y San Luis, los registros oscilaron entre 30 y 50 mm.

A diferencia de enero de 2025, cuando la falta de lluvias afectaba al 90% de la región pampeana, este año la retracción pluvial aparece claramente delimitada al corazón de la zona núcleo, especialmente en el sudeste cordobés y sudoeste santafesino, con un núcleo similar en el centro-este bonaerense. Según el consultor Elorriaga, “en el centro de la región pampeana no logran sincronizarse la circulación cálida y húmeda del norte con la fría del sur patagónico, condición clave para el desarrollo de lluvias y tormentas”.

Estado de los cultivos: maíz firme, soja bajo alerta

En términos generales, el 65% de los lotes de maíz temprano se mantiene entre condiciones muy buenas y excelentes, aunque en la última semana los cuadros excelentes retrocedieron 2 puntos porcentuales, mientras que los regulares avanzaron hasta representar el 7% del área. En zonas como Carlos Pellegrini y Bombal, el cultivo sostiene un muy buen potencial, con espigas prácticamente completas. En contraste, en el centro-sur santafesino y el sudeste cordobés ya se detectan fallas en el llenado de granos. En María Susana, los rindes promedio rondarían los 100 qq/ha, un 20% por debajo del año pasado, mientras que en Corral de Bustos los maíces tempranos muestran una marcada removilización de reservas.

La soja de primera ingresó en su período crítico con señales de alerta. El 20% del cultivo ya inició la fructificación (R3) y el resto transita la floración. En la última semana, los lotes calificados como excelentes y muy buenos se redujeron en 10 puntos porcentuales, hasta representar el 65% del total. La falta de agua en esta etapa podría comprometer el rinde, especialmente en ambientes de menor calidad. Aun así, el escenario es menos crítico que el de la campaña pasada, cuando la sequía provocó pérdidas de plantas y aborto de flores en el noreste bonaerense.

La soja de segunda mantiene un buen comportamiento general y atraviesa aún una etapa de baja demanda hídrica, aunque en algunas zonas ya se observan signos incipientes de estrés. Su evolución quedará condicionada a la dinámica climática de las próximas semanas.

Pronóstico y señales hacia adelante

Para el período comprendido entre el 15 y el 21 de enero, se espera el pasaje de dos frentes fríos, con chaparrones y tormentas aisladas durante el jueves y el domingo. Las temperaturas máximas podrían ubicarse entre 32 y 35°C, mientras que las mínimas descenderían hasta 10–13°C hacia el lunes 19. Si bien estos eventos podrían aportar alivio parcial, los técnicos advierten que, de mantenerse el actual escenario, en los próximos 15 días se requerirán más de 100 mm de manera generalizada, y entre 120 y 160 mm en el oeste, para recomponer condiciones óptimas de humedad en el suelo.

En este contexto, la campaña maicera 2025/26 avanza con una clara mejora productiva interanual, pero bajo un equilibrio frágil entre potencial y clima. El resultado final dependerá de que las lluvias previstas logren alcanzar las zonas más comprometidas de la región núcleo, en un momento clave para consolidar rindes y sostener el aporte del maíz al complejo agroexportador.

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Tras años de sequía, el agro proyecta la mayor producción de granos de la historia

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Tras varios años marcados por sequías, heladas tardías y olas de calor, el agro argentino enfrenta un cambio de escenario. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) anticipa que la campaña 2025/26 podría cerrar con una producción total de 154,8 millones de toneladas, el mayor volumen de la historia, impulsada por un invierno excepcionalmente lluvioso y buenas condiciones hídricas acumuladas desde el otoño.

El relevamiento, elaborado por Tomás Rodríguez Zurro y Emilce Terré, destaca que, de no mediar eventos climáticos disruptivos, el nuevo ciclo permitiría superar el récord previo de 141,5 Mt alcanzado en la campaña 2018/19, consolidando al agro como el principal generador de divisas genuinas para la economía argentina.

Producción: trigo y cebada récord y un fuerte rebote del maíz

La campaña 2025/26 se diferencia de los últimos ciclos por un factor clave: la continuidad de las precipitaciones desde el otoño, el invierno y el inicio del verano. Esa acumulación de humedad permitió un arranque sólido de los cultivos de invierno y sostiene las expectativas para la cosecha gruesa.

En ese marco, la cosecha fina alcanzó niveles históricos. La producción de trigo se estima en 27,7 millones de toneladas, mientras que la de cebada llegaría a 5,6 Mt, ambos máximos para el país. El récord triguero anterior, de 23 Mt, había sido registrado en la campaña 2021/22, aunque en aquel entonces la sequía afectó severamente a los cultivos de verano, situación que por ahora no se replica en el actual ciclo.

Para la cosecha gruesa, el maíz emerge como el principal impulsor del crecimiento productivo. Con un rebote del área sembrada tras la caída del ciclo previo —afectado por la chicharrita— y una mayor adopción de variedades tempranas, la producción maicera se proyecta en 61 Mt, un incremento interanual del 22%, que marcaría un nuevo récord histórico.

La soja, en cambio, muestra una contracción de superficie. El área sembrada se reduciría en 1,4 millones de hectáreas, hasta 16,4 Mha, con una producción estimada en 47 Mt, un 5% menos que en la campaña actual. En sentido inverso, el girasol consolida su recuperación: el área crecería 13%, hasta 2,7 Mha, el nivel más alto del siglo, con una producción superior a 5,5 Mt.

Otros cultivos muestran retrocesos. El sorgo caería a 0,9 Mha, con una producción proyectada de 2,4 Mt, mientras que el maní reduciría su superficie a 450.000 hectáreas, con una cosecha estimada en 1,6 Mt.

En conjunto, la producción total de granos alcanzaría 154,8 Mt, un 12% más que en la campaña previa, aunque el informe aclara que los rindes definitivos dependerán del comportamiento climático durante el verano.

Exportaciones: 110 millones de toneladas y US$ 36.800 millones en ventas externas

El salto productivo proyectado se traduce en un fuerte desempeño exportador. Para la campaña 2025/26, la BCR estima exportaciones de granos, harinas, aceites y biocombustibles por 110 millones de toneladas, el mayor volumen histórico, 7,5 Mt por encima del ciclo actual.

En términos de valor, las exportaciones agroindustriales aportarían US$ 36.800 millones, unos US$ 600 millones más que en la campaña 2024/25. El incremento es acotado debido a la caída de los precios internacionales de los commodities, que absorbe buena parte del efecto volumen.

El maíz se posiciona como el principal grano de exportación, con 40 Mt, seguido por el trigo, que alcanzaría despachos récord de 17 Mt. La soja, en contraste, reduciría sus exportaciones de poroto a 5,5 Mt, frente a las 12,2 Mt estimadas para la campaña actual, aunque el informe señala que el conflicto comercial entre Estados Unidos y China podría abrir oportunidades para Argentina, sujetas a la evolución de las negociaciones bilaterales.

En subproductos, se proyecta un leve aumento en los envíos de harinas y pellets (+400.000 toneladas) y de aceites (+100.000 toneladas), impulsado por un mayor procesamiento de girasol. El crush de esta oleaginosa alcanzaría 5 Mt, el mayor volumen del siglo.

Por complejos, el sojero lideraría nuevamente las exportaciones, con más de US$ 19.500 millones, seguido por el maíz, con US$ 8.200 millones, y el trigo, con US$ 3.750 millones. El complejo girasol aportaría US$ 2.500 millones, superando incluso el registro de la campaña 2021/22.

Divisas y Mercado Libre de Cambios: menor liquidación en 2026

Pese al aumento proyectado en producción y exportaciones, la oferta de dólares del agro en el Mercado Libre de Cambios (MLC) mostraría una leve baja en 2026. Según datos del BCRA, la liquidación total del sector oleaginoso–cerealero en 2025 se estima en US$ 36.500 millones, el tercer valor más alto de la historia, detrás de los picos de 2021 y 2022.

Para 2026, la proyección cae a US$ 33.600 millones, un 8% menos, debido al adelantamiento de exportaciones generado por la eliminación temporaria de derechos de exportación aplicada a fines de septiembre de 2025. Ese esquema derivó en una liquidación superior a US$ 8.000 millones en ese mes —el segundo mayor registro mensual histórico— y, como contracara, en el menor volumen acumulado de octubre y noviembre desde 2005.

Derechos de Exportación: el agro aportaría US$ 4.830 millones en 2026

En base a los volúmenes y precios proyectados, el informe estima que la recaudación por Derechos de Exportación (DEX) de los principales complejos alcanzaría US$ 4.830 millones en 2026, un 4% más que en 2025.

El complejo soja concentraría US$ 3.670 millones, prácticamente sin variaciones interanuales, mientras que el maíz mostraría el mayor crecimiento relativo, con US$ 725 millones (+32%). El trigo aportaría US$ 248 millones y el girasol US$ 95 millones, con una suba del 18%, explicada por el mayor volumen exportado.

Renovado optimismo para la Cosecha 2025-26 by CristianMilciades

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