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La industria textil acelera su deterioro: producción, empleo e inversión caen mientras avanzan las importaciones

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La crisis de la cadena textil e indumentaria argentina sumó un nuevo capítulo en marzo y profundiza una tendencia que ya preocupa a empresarios, industriales y provincias con fuerte presencia manufacturera. La producción continúa en retroceso, el empleo formal sigue destruyéndose, la inversión se desploma y las importaciones de productos terminados ganan terreno en el mercado interno, en un escenario donde el consumo aún no logra recuperarse.

Según un informe de la Fundación Pro Tejer, la producción textil registró en marzo una caída interanual del 23,3%, ubicándose además un 31,3% por debajo de los niveles de 2023. La fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado también mostró un desempeño negativo, con una retracción del 8,9% respecto del mismo mes del año anterior y una producción que se encuentra 19% por debajo de los registros previos al cambio de ciclo económico.

Detrás de estos números aparece una combinación de factores que el sector considera especialmente compleja: la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, la desaceleración del consumo masivo, la apreciación cambiaria, la apertura comercial y el crecimiento de las importaciones de bienes finales. El resultado es una industria que opera con niveles históricamente bajos de utilización de capacidad instalada y enfrenta crecientes dificultades para sostener sus estructuras productivas.

La capacidad instalada de la industria textil se ubicó en apenas 40,2%, más de doce puntos por debajo de los niveles de 2023. En términos prácticos, durante el primer trimestre cerca de siete de cada diez máquinas permanecieron detenidas en las plantas fabriles. La baja actividad también quedó reflejada en el desempeño comercial. Pro Tejer destacó que las ventas continúan sin mostrar señales de recuperación y citó como ejemplo la última edición del Hot Sale, donde las ventas del sector registraron una caída cercana al 10% interanual en términos reales.

La presión sobre las empresas se intensifica porque la debilidad de la demanda limita la posibilidad de trasladar costos a precios. En abril, el rubro prendas de vestir y calzado registró una suba interanual de apenas 12,7%, muy por debajo de la inflación general del 32,4%. Desde diciembre de 2023, los precios del sector acumulan un incremento de 125,4%, prácticamente la mitad de la evolución del índice general de precios.

Desde la entidad sostienen que numerosas empresas venden por debajo de sus costos para sostener liquidez y reducir los elevados niveles de stock acumulado. La Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) confirmó esta situación al señalar que el 52% de las firmas relevadas declara tener inventarios excesivos, más del doble que un año atrás.

La apertura comercial también modifica la estructura del mercado. Durante los primeros cuatro meses del año ingresaron al país 107.000 toneladas de productos textiles e indumentaria por un valor de USD 571 millones. Aunque las cantidades totales muestran una baja interanual del 18%, el dato esconde una transformación relevante: crecen con fuerza las importaciones de productos terminados mientras caen las compras de insumos y materias primas destinadas a la producción nacional.

Particularmente preocupante para el sector es el avance de la indumentaria importada. Entre enero y abril ingresaron 23.482 toneladas de ropa por USD 333 millones, lo que representa un crecimiento del 79% en volumen y del 48% en valor respecto del mismo período del año anterior, alcanzando niveles récord para la serie histórica.

La contracara de este fenómeno es el derrumbe de la inversión productiva. Las importaciones de bienes de capital destinados a la cadena textil e indumentaria sumaron apenas USD 26 millones en el primer cuatrimestre, con una caída del 43% interanual y del 65% frente a 2023. Para Pro Tejer, de mantenerse esta dinámica, 2026 podría transformarse en uno de los peores años de las últimas décadas en materia de renovación tecnológica y ampliación de capacidad productiva.

El impacto social ya es visible. De acuerdo con los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el complejo textil, confecciones, cuero y calzado registró la mayor caída del empleo privado formal entre todos los sectores económicos relevados. Desde diciembre de 2023 se perdieron 22.156 puestos de trabajo, equivalentes a una reducción del 18% del empleo registrado.

La contracción también alcanza a la estructura empresarial. En poco más de dos años desaparecieron 803 establecimientos productivos registrados, una caída del 13% que afecta especialmente a los segmentos de indumentaria, cuero y calzado.

Para provincias industriales del interior, donde la actividad textil tiene fuerte incidencia en la generación de empleo y en las economías regionales, el deterioro del sector trasciende la coyuntura. La combinación de menor producción, pérdida de puestos de trabajo, cierre de empresas y caída de la inversión amenaza con erosionar capacidades productivas acumuladas durante décadas. Una vez que esas estructuras desaparecen, advierten desde el sector, su reconstrucción demanda años de inversión, capacitación y recuperación de mercados.

Mientras tanto, las expectativas empresariales continúan estancadas. Más de la mitad de las firmas consultadas por la CIAI considera que el escenario económico seguirá siendo apenas regular y sólo el 13% manifiesta perspectivas positivas. En un contexto donde el mercado interno no reacciona y la competencia importada se intensifica, la industria textil enfrenta uno de los momentos más delicados desde la crisis de comienzos de siglo.

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La industria textil se desploma 33,2% y profundiza la pérdida de empleo por la apertura importadora

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La actividad textil registró en febrero una caída interanual del 33,2%, muy por encima del descenso del 8,7% del conjunto de la industria, según el último informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA). El dato, correspondiente al inicio de 2026, confirma un deterioro sectorial que combina caída del consumo, aumento de importaciones y pérdida sostenida de empleo.

El retroceso marca un punto de inflexión en un sector que ya venía en contracción y que, desde mediados de 2025, pierde en promedio 1.400 puestos de trabajo por mes en los rubros de textil, confección, cuero y calzado.

Capacidad ociosa y menor inversión: el cuadro productivo

El informe muestra una estructura productiva operando muy por debajo de su potencial. La utilización de la capacidad instalada se ubicó en apenas 40%, lo que implica una caída de 6,5 puntos porcentuales respecto del año anterior y una brecha de más de 10 puntos frente al promedio industrial (54,6%).

Este nivel de ociosidad impacta directamente en la inversión: las compras de maquinaria retrocedieron un 11%, reflejando la falta de expectativas de recuperación en el corto plazo. A la par, el consumo interno debilitado continúa presionando sobre la actividad.

En términos laborales, la contracción se traduce en más de 21.000 puestos de trabajo perdidos desde fines de 2023, con una aceleración en los últimos meses.

Importaciones y exportaciones en alza, con presión competitiva

Uno de los factores que atraviesa el deterioro es el incremento de las importaciones. En particular, el ingreso de prendas terminadas creció 104% en cantidad, consolidando una tendencia que se viene profundizando.

El fenómeno introduce una presión directa sobre la producción local: mayor oferta externa en un contexto de demanda interna deprimida. Según el relevamiento, este escenario amplía la brecha entre el sector textil y el resto de la industria.

En paralelo, el sector muestra una dinámica opuesta en el frente externo. Durante el primer trimestre de 2026, las exportaciones crecieron 143%, impulsadas por un proceso de reconversión que permitió mejorar la inserción internacional.

Sin embargo, ese desempeño no logra compensar el deterioro del mercado interno. Desde FITA advierten que la competitividad externa no alcanza por sí sola para sostener niveles de actividad y empleo sin condiciones de competencia equilibradas.

Apertura, empleo y agenda industrial

El cuadro expone una tensión estructural en la política económica: la apertura comercial y el ingreso de importaciones aparecen como variables que condicionan a sectores intensivos en empleo.

En este escenario, el sector textil pierde capacidad de incidencia frente a un esquema donde la dinámica macro prioriza otras variables. A la vez, el dato de exportaciones sugiere que existen segmentos competitivos, aunque sin capacidad suficiente para traccionar al conjunto.

La pérdida de empleo y la caída de inversión también introducen un factor de presión sobre la agenda pública, especialmente en un año donde la sostenibilidad del crecimiento y el impacto social comienzan a ganar centralidad.

El deterioro del sector tiene efectos directos sobre el mercado laboral y el consumo. La pérdida de puestos de trabajo reduce ingresos y retroalimenta la caída de la demanda, configurando un círculo contractivo.

Al mismo tiempo, la menor inversión y la alta capacidad ociosa afectan la productividad y la posibilidad de recuperación futura, en un contexto donde la industria textil representa un entramado de más de 4.000 empresas en distintas etapas productivas.

En ese contexto, la combinación de menor actividad, presión importadora y caída del consumo podría trasladarse a dinámicas locales, especialmente en segmentos vinculados a la producción y confección.

Entre la reconversión y la presión estructural

El sector enfrenta un escenario dual. Por un lado, muestra capacidad para insertarse en mercados externos. Por otro, continúa perdiendo terreno en el mercado interno.

Las variables a observar pasan por la evolución del consumo, el ritmo de importaciones y la posibilidad de recomposición de la inversión. También será clave el comportamiento del empleo y si la dinámica exportadora logra sostenerse.

El equilibrio entre apertura, competitividad y sostenimiento del tejido productivo aparece como uno de los ejes en disputa.

Informe Mensual FITA Abril by CristianMilciades

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La producción textil se desplomó un 20,5% interanual: la peor caída de la última década

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La Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) presentó su nuevo informe económico, en el que se detalla la evolución reciente de la actividad del sector. Según el mismo, la producción textil experimentó una disminución del 20,5% interanual en septiembre de 2025, lo que representa el desempeño más bajo de la última década registrado en ese mes. La contracción se evidencia con mayor impacto al contrastar el dato con el promedio industrial informado por el INDEC, que mostró un descenso del 0,7%.

El informe, elaborado a partir de estadísticas oficiales, señala que todos los indicadores muestran un deterioro sostenido. La utilización de la capacidad instalada se ubicó en 37,1%, lo que implica un retroceso de 4,4 puntos porcentuales respecto de agosto y de 14,2 puntos frente a septiembre de 2024.

El empleo formal en el sector se redujo a 107.000 puestos, con 7.000 menos que el año anterior y más de 14.000 empleos perdidos desde diciembre de 2023.

En materia laboral, los sectores textil, confección, cuero y calzado contabilizaron en agosto de 2025 un total de 107.000 empleos formales, de acuerdo a registros oficiales, lo cual representa 7.000 puestos menos que en igual mes de 2024 y confirma la tendencia contractiva que se observa desde febrero del año pasado. A su vez, entre diciembre de 2023 y julio de 2025 se perdieron más de 14 mil puestos de trabajo formales.

En relación a los precios, el rubro “prendas de vestir, cuero y calzado” registró en octubre de 2025 una variación mensual del 2,4%, muy similar a la del nivel general. En tanto, el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) del sector mostró una suba del 0,4%, la cual resultó inferior al promedio de los precios industriales (1,1%).

“La caída de la actividad en la industria textil continúa profundizándose. Es una situación que exige reaccionar con claridad y avanzar en medidas concretas en el corto y mediano plazo”, señaló Luis Tendlarz, Presidente de FITA.

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