“La discusión de la deuda es un problema de dominación geopolítica, sobre nuestro país”, afirmó Claudio Lozano

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El economista y político Claudio Lozano, ex director del Banco de la Nación Argentina y actual precandidado a presidente por el partido Unidad Popular (que integra el Frente de Todos) llegó a Misiones con varias actividades políticas. En la previa habló con Economis sobre la situación del país y como encara el frente las próximas elecciones.

Uno de los planteos que había hecho en la semana, en plena “disparada” del dólar blue, fue “declarar una emergencia cambiaria en Argentina“, que permita penalizar las operaciones especulativas, aplicar un programa popular antiinflacionario y recuperar el mercado interno. Además, había criticado la estrategia económica del gobierno y volvió a cuestionar el acuerdo con el FMI mientras se señaló la necesidad de una discusión seria en torno a las cuevas, el comercio ilegal y el dólar blue.

Lozano explicó que “se necesita voluntad política para combatir el juego especulativo en la Argentina. La ley de emergencia cambiaria debería haberse aplicado desde el inicio del gobierno actual“. Explicó que hay una falta de políticas que disciplinen el comportamiento del capital concentrado y limiten su capacidad de fuga impiden el desarrollo económico del país.

Indicó que el actual Gobierno tiene un plan acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), “que ha producido efectos negativos y busca resolverlo aumentando el endeudamiento”. Para él los comicios de este año son cruciales y se debe “tomar distancia de la gestión actual y presentar una propuesta distinta que no defienda la gestión actual, ya que la economía creció, pero la pobreza no disminuyó, lo que indica un déficit serio en la política gubernamental”.

El dirigente de Unión Popular explicó que desde Unidad Popular proponen “democratizar el Frente de Todos y no aceptar una conducción conservadora”, además esperan que, si Cristina no asume el rol de candidata, garantice un proceso democrático sin imposiciones.

Esta semana realizó un planteo de decretar la emergencia cambiaría, que significa eso

-El planteo de decretar la emergencia cambiaria, es declarar como bien de interés público la divisa y consecuentemente facultar al Estado a todas las intervenciones necesarias para administrar el uso de las mismas en función de las necesidades del país. En segundo lugar, agravar y aplicar la ley penal cambiaria de manera tal de penalizar las operaciones especulativas que dan como resultado esta escalada permanente que tenemos del dólar en la Argentina.

Y en ese contexto, digamos, obviamente, tomar distancia del acuerdo con el Fondo y poner en marcha a partir de allí lo que denominamos un programa popular antiinflacionario que supone congelamiento de los precios y recomponer la variable que está efectivamente retrasada en la Argentina que es la variable de los ingresos, esto es salarios, jubilaciones, todo lo que tendría que ver con los ingresos propios de la población informal. Que habría que discutir una estrategia diferente a la de los planes actuales, nosotros estamos planteando hace rato la necesidad de un ingreso básico universal sobre la población en situación de informalidad y un programa de empleo garantizado que vincule a todos aquellos que están en la economía popular con una orientación de trabajo asociada a una estrategia de desarrollo.

Pero digo, todas estas cuestiones tienen que ver con producir en simultáneo un shock distributivo con una recuperación del mercado interno. Porque lo que está pasando, es que se aceptó un plan con el Fondo que es un plan que promueve y que promovió en la práctica un shock inflacionario, cuando comenzó el acuerdo la tasa de inflación estaba en el 50% y ahora está arriba del 100% anual. Y ese shock inflacionario lo que hace es deteriorando el poder adquisitivo de la gran parte de la población, lo que produce es una desaceleración de las ventas en el mercado interno porque lo achica y al mismo tiempo va generando las condiciones de que el país vaya con destino al estancamiento. Digamos, los dos componentes que tiene el acuerdo con el Fondo, es el carácter inflacionario y el carácter recesivo que de alguna manera nos lleva a una situación de estancamiento con inflación.

Por eso más allá además del tema de que supone la legalización de una estafa, es que nosotros desde el comienzo planteamos que este acuerdo no había que firmarlo, no es que lo estamos diciendo ahora y advertimos sobre estos temas desde ese momento. Pero bueno, nosotros creemos que lamentablemente el Gobierno desde que se produjo la salida de Guzmán en lugar de encarar una rectificación del rumbo, tomó una estrategia encarnada en lo que es la presencia de Sergio Massa al frente de la política económica nacional, que supone, digamos, una política de absoluta subordinación a las definiciones del Fondo con un proceso de sobre cumplimiento de las metas y al mismo tiempo una estrategia de concesión permanente a los dueños de la soja.

En ese contexto lo que estamos viviendo hoy es el fracaso estrepitoso de esa lógica que ciertamente ni restituyó la confianza, ni generó baja en la tasa de inflación, ni produjo ninguna de las tantas cosas que decían que iban a ocurrir. Porque si no acordábamos con el FMI íbamos al abismo, y el abismo lo tenemos con nosotros habiendo acordado con el Fondo.

En esa discusión en serio, todo el mundo sabe dónde están las cuevas, dónde se comercia ilegalmente, dónde se especula ¿Cómo se puede accionar contra ellos? Porque siempre se habló de aumentar los controles. Cada vez que hay una corrida, sale el funcionario de turno a decir vamos a ir a controlar en las cuevas. O sea, hasta ellos reconocen que saben dónde se hace este juego especulativo. ¿Cómo realmente cambiar esa matriz nuestra?

-Por eso decía lo que dije antes, la ley penal cambiaria permite la penalización de las operaciones especulativas y como vos bien decís, no es que no se sabe, se sabe dónde están y operan, lo que pasa es que se los permite. De hecho el dólar tocó prácticamente los 500 pesos y ahí recién en ese momento Massa salió a plantear que iba a aplicar la ley penal cambiaria y bajó, inmediatamente bajó.

Y además se apartó de las recomendaciones del Fondo, usó reservas para intervenir en el mercado y se controla la situación. Obviamente habiendo permitido primero una escalada que no debió haberse permitido y que obviamente va a tener impacto en los precios y consecuentemente en el deterioro aún mayor del poder adquisitivo de una población que ya prácticamente en este momento tenemos el 43% de la población de la Argentina en situación de pobreza.

Así que digamos, porque digo, discutimos mucho sobre el dólar pero la contrapartida de la estampida cambiaria es el aumento de los precios y el deterioro del poder adquisitivo, todas las expectativas respecto a que la inflación baje en abril con este tipo de comportamiento cambiario, obviamente se esfuman.

Así que bueno, en ese sentido la capacidad de control existe, lo que hay que tener es voluntad política de utilizarla. La ley de la emergencia cambiaria es una cuestión que debió haberse utilizado, yo te diría desde que asumió el Gobierno Nacional. Porque ya asumimos en una situación sumamente compleja en materia de reservas en el momento en que se va Macri. Y la verdad es que Argentina garantizó un ingreso importante de divisas durante todo este tiempo, hasta marzo del 2022, momento en que se pone en marcha el acuerdo, habíamos acumulado 32.000 millones de dólares de saldo comercial positivo en la Argentina,

Que no tengamos reservas es porque se dilapidaron las reservas existentes, en base a dos grandes estrategias equivocadas. La primera, una estrategia equivocada de negociación de la deuda en donde se tomó la decisión de pagar mientras se negociaba, cuando la lógica en cualquier discusión de negociación de una deuda es suspender pagos, mientras negocio para forzar al acreedor de alguna manera a aceptar determinada discusión, qué problema tiene un acreedor si se le está pagando para discutir en otras condiciones con el deudor, ninguna. Por lo tanto, digo, la lógica es que Argentina no hubiera pagado lo que no tenía, de hecho, Macri había ya dejado de pagar antes de irse, no era que había que declarar un default porque el default ya había sido declarado. Y en segundo lugar el tema de haber permitido que grandes grupos empresarios que habían fugado guita, que tenían dólares propios en el exterior y demás, en base a declarar deudas con el exterior, en muchos casos deuda intragrupo empresario, reclamarán dólares de las reservas del Banco Central para pagarlas cuando tienen dólares propios como para hacerlo.

Entonces es el doble movimiento de una mala negociación de la deuda y al mismo tiempo la validación de un comportamiento absolutamente voraz y especulativo que supone haber fugado capital primero y segundo, demandarle al Estado los dólares para cancelar una deuda que en muchos casos además era ficticia, es lo que hizo que las reservas en el Banco Central no existan. Entonces no es que no existían condiciones para poder hacer otra cosa, existieron y sobraron condiciones para hacer otra cosa, lo que acá no hay por parte de la dirigencia política dominante es la capacidad de plantear una estrategia que tome distancia y tenga autonomía respecto a los factores de poder económico real que existen en la Argentina.

Ese es el punto clave, digo, no hay política que permita plantear una estrategia de desarrollo si no es capaz de pensar en el conjunto y tener una relación que implique disciplinar el comportamiento de capitales, que en realidad cuando demandan las políticas neoliberales es porque estas le permiten endeudar, acumular financieramente, invertir muy poco, fugar la gran mayoría y no pagar impuestos. Todo eso es lo que hay que corregir con política pública. La política pública debe obligarlos a pagar impuestos, debe limitarles la capacidad de fuga, debe discutir con ellos la reasignación y el proceso de inversión para poder definir una estrategia de desarrollo.

Todo el disciplinamiento del capital concentrado y dentro de ello la discusión en otros términos del proceso de endeudamiento de la Argentina son las dos claves que permiten ordenar una salida distinta para el país.

Muchos han planteado que este Gobierno no tiene justamente ni un plan ni una idea política definida que pueda ser sostenible?

-El Gobierno tiene un plan que es el plan acordado con el Fondo, no es que no tiene un plan, en todo caso el plan del Fondo ha producido estos efectos. Lamentablemente el gobierno sigue buscando la salida en ese marco, y la salida en ese marco es que el FMI vuelva a garantizarnos sobre la base de mayor endeudamiento, algunos recursos que permitan llegar hasta el fin del mandato. Lamentablemente eso no resuelve nada, simplemente pospone el problema.

-El plan llegar

-Claro, sí, sí, esa es la única estrategia que hay aquí, no hay ninguna otra. Lamentablemente, ¿no? Pero es así. Y creo que el problema es que esto lo que ha hecho es que una alternativa popular frente al ajuste neoliberal, que era lo que en el 2019 planteó la propuesta del Frente de Todos, frente a lo que era la devastación que implicaba el gobierno de Macri, hoy en el marco de las políticas del Fondo y la conducción de Massa, esto es una variante más del ajuste y por lo tanto Eso es lo que explica por qué razón nosotros, por lo menos desde Unidad Popular, tratamos de ir construyendo a nivel de todo el país la posibilidad de una estrategia nacional diferente.

Claramente estamos convencidos que la gran mayoría de los espacios organizados que forman parte del frente de todos viven con mucha disconformidad lo que hoy está ocurriendo y creemos además y aparte es evidente que lo que fue el agregado electoral la base electoral que acompañó al frente de todos, está más distante aún de este tipo de política. De hecho, bueno, ya no nos acompañaron en el 2021 y nada indica que las cosas estén mejor en este momento.

Así que en el 2023, que para nosotros es un año clave, digamos, respecto a qué medida podemos seguir sosteniendo posibilidades para una perspectiva mejor para el país y no terminemos en un retorno del pasado que indudablemente nos complicaría la historia a todos los argentinos, es un año en el cual se definen muchas cosas, o sea, es un año donde es necesario tomar distancia de esta gestión gubernamental para encarnar una propuesta distinta. Pretender ir a elecciones defendiendo esta gestión, creo que es un suicidio político y es, por otro lado, además, faltarle el respeto a la gente. La gente sabe y no alcanza el tema de la herencia, no alcanza el tema de la pandemia, la cuestión internacional, todas esas cosas existen. Por otro lado, además, el trabajo durante la pandemia fue lo que mejor hizo el Gobierno.

Además, lo grave del caso es que no es que la economía argentina no se haya recuperado, la economía argentina creció, hoy es mucho más grande que lo que era cuando se fue Macri. Y sin embargo tenemos más pobres que los que teníamos cuando Macri se fue. O sea, el hecho de que haya habido recuperación de la actividad económica, con ampliación de la desigualdad y perpetuación e incremento de la pobreza, eso es un déficit serio para una política que pretende ser expresión de la mayoría de la población.

-A los políticos les cuesta explicar eso, porque por un lado valoran el crecimiento económico, pero nunca pudieron explicar por qué creció tanto la desigualdad

– Hay una falta de política justamente para lograr una mejor distribución de esa riqueza. Es que hay dos claves centrales. Por un lado, la mala negociación en materia de deuda que apresó la política económica y las cuentas públicas para poder orientarlas como correspondía y, en segundo lugar, la pasividad frente a la remarcación de precios de los actores más concentrados. La inflación ha sido el mecanismo de redistribución regresiva, injusta de los ingresos para que buena parte del excedente generado por el crecimiento de la actividad quedara concentrada en un núcleo reducido de actores.

Digo, eso es evidente, el Gobierno frente a esto, frente a ambas cosas, hizo las cosas mal.

No se entendió lo que era el significado del crédito del FMI, que no es un crédito del Fondo, es un crédito de los Estados Unidos para controlar de manera geopolítica el destino de la Argentina, y esto hoy está cada vez más claro, porque del mismo modo retomando la pregunta tuya respecto al puente financiero que tanto Fernández como Massa le pidieron a Biden en la visita de hace muy poco, ese puente financiero es un puente de doble mano.

Es un puente en donde, por un lado, llegarían recursos financieros, pero, por otro lado, hay que entregar cuotas de soberanía y de capacidad de decisión nacional. Por eso tuvimos el aluvión de funcionarios norteamericanos en las últimas semanas. Por eso el presidente de la autoridad nuclear norteamericana vino a contar que ven con malos ojos que Argentina continúe el desarrollo nuclear en vínculos con China, por eso vino Wendy Sherman, la subsecretaria de Estado, para decirnos que los argentinos tenemos que transitar el dolor en este momento para poder tener un futuro más venturoso y por eso vino Laura Richardson, la jefa del Comando Sur, para decirnos que el litio, vaca muerta, el agua y los distintos recursos de la Argentina son un problema de seguridad norteamericano, no nuestro.

Y al mismo tiempo vinieron a condicionarlos hasta el equipamiento en defensa. Argentina iba a comprar aviones nuevos chinos y resulta que plantean que compre aviones usados, norteamericanos, que da de baja la fuerza aérea dinamarquesa, o sea, claramente, no es gratis el tema de la discusión del Fondo. El Fondo es un instrumento de la estrategia norteamericana para garantizar que China no influya sobre América Latina y particularmente sobre Argentina. Y bueno, en ese sentido creo que el gobierno no ha entendido adecuadamente la magnitud del problema, no es un problema financiero la discusión de la deuda, la discusión de la deuda es un problema de dominación política, geopolítica, sobre nuestro país y por lo tanto reclama un tratamiento de otra naturaleza.

Sobre todo, cuando casualmente, por la manera en que se violentó tanto las normas legales de la Argentina como el propio estatuto del FMI para llevar adelante ese endeudamiento. Le dan a Argentina muchos elementos para dar una discusión diferente que lamentablemente no se utilizaron.

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La pesadilla americana

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En menos de 24 horas, Donald Trump viajó de Florida a Nueva York, se presentó en tribunales, escuchó las acusaciones en su contra, se declaró no culpable, retornó a Florida y dio una conferencia de prensa. La vorágine estadounidense hecha persona.

Se acumularon más de 30 casos en contra del empresario y líder republicano, entre ellos soborno, extorsión y falsificación de documentos. De esta manera, Trump se transformó en el primer ex máximo mandatario de la historia de EEUU que afronta cargos penales. Más allá de lo que pueda representar esto, podría posicionarse como la punta del iceberg de uno de los casos mediáticos más shockeante de la historia reciente de su país.

Sin embargo, más allá del efecto rimbombante provocado en los medios de comunicación, esto evidencia una grieta mucho más profunda. Es el caso Trump, hay un mensaje importante del proceso de descomposición política de Estados Unidos. Esto no quiere decir que el ex presidente no sea culpable de todo lo previamente dicho, pero si muestra a viva voz que la disparidad ideológica entre republicano y demócratas, pasó a un nivel más profundo, inclusive rememorando gran parte de la moralidad clásica de las sociedades históricas. Una lucha entre el bien y el mal en donde prevalece el relato ante los hechos.

Trump, por su parte, aclara que es perseguido judicialmente y que este proceso es un arrebato ante el posicionamiento de su figura como un líder popular. El mismo no se hizo cargo de ninguno de los delitos a los cuales se lo acusó, e inclusive, previamente dejó deslizar la oportunidad de una movilización a su favor, en caso de ser arrestado. La oposición esgrime que Trump es culpable de todos estos hechos y algunos más aberrantes. Pero el mensaje de los dos, en donde la contraposición entre el bien y el mal es visible, es que el ex presidente se posiciona como una suerte de mesías salvador y su contraparte lo denota como una especie de patricio pervertido, malintencionado y casi como un dictador. Esa es una lectura que habla de la radicalización de las posturas.

Por otro lado, golpear a Trump es asestar un gancho contra las pretensiones conservadoras de retornar al poder en Estados Unidos. Suficiente hace Donald como para generar rechazo y acepción en la sociedad estadounidense, aunque la brújula ideológica de este país siempre tira más para la derecha. Casi como si se tratara de una maniobra política, ¿esto puede afectar a las pretensiones eleccionarias de Trump?

Recordemos que él mismo se ha postulado para volver a ser el mandamás de la Casa Blanca en el 2024. La respuesta es sí, esto puede perturbar gravemente a Trump hasta el punto de perder contra cualquier segundo de la insulsa gestión Biden. La eventual derrota trumpista no es solamente la de un partido político estadounidense, sino el principio del derrumbe de un modo de hacer política o de las figuras de los outsiders.

Es lógico que Trump es el piloto de esa nave nodriza de políticos sin carrera política con un lenguaje exacerbado, o que, en criollo, sería “vende humo”. Encolumnados en la rubia cabellera del empresario devenido en, nuevamente, candidato presidencial de Estados Unidos se encuentran sujetos como Bolsonaro, Lacalle Pou, Milei, Kast, y también sus emisarios europeos como Boris Johnson e inclusive Volodimir Zelenski, el ecuménico presidente de Ucrania en el contexto actual de guerra que vive ese país.

Del otro lado de la vereda, para los demócratas se les puede poner brava la cosa. Si, por el contrario, Trump sale ileso de esta situación judicial, solamente pueden acrecentar aún más al monstruo. Es decir, que gane aún más terreno, más seguidores y que se transforme en el poseedor de la espada de Excalibur de la Casa Blanca. De por sí tiene muchos seguidores, muchos de ellos sumamente peligrosos, desde los ya clásicos sureños que levantan sin tapujo alguno la bandera confederada hasta neonazis vestidos de seguidores de un movimiento supremacista blanco llamado “White lives matters”.

El solo hecho de imaginarse en como se puede multiplicar eso si Trump sale fortificado es terrorífico, porque, así como se comentó que el efecto de su caída puede ser el principio del fin de los modelos de políticos outsiders, su afianzamiento solo puede dar más fuerza, ipso facto, reversionar a sus laderos en otras zonas del mundo.

La política es como un tablero donde se mueven piezas, con un efecto que va de lo macro a lo micro. Hoy, el caso Trump es bisagra para las nuevas derechas del mundo. Acá se juega mucho más que la simple parada del Partido Republicano, o del desenlace de los denunciantes del caso del ex presidente. Dirigentes derechistas de todas partes del mundo se encuentran agazapados para ver que sucede con esto, hasta donde puede llegar la tendencia y también delineando acciones conjuntas para evitar ese golpe a sus partidos en sus países.

Empero, esto no significa que la izquierda gane terreno, ni mucho menos, sino que una derecha mucho más flexible es la que desea el derrumbe de los líderes outsiders, para ocupar esa banca política que los determine en el arco de las tomas de decisiones de un país. Lejos del contexto de la Guerra Fría, esto no es izquierda vs derecha, esto es derecha outsider vs derecha liberal. En esta puja, cuasi sin sentido, se encuentra un mundo en guerra, sumido en una crisis económica galopante, pagando los platos rotos de las peleas de hombres trajeados sin afán de realizar el bien común.

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¿Los impuestos que pagamos son muchos? ¿Es mucho?

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Escriben Guillermo Knass, y Martín Leiva Varela, ECONEA.  El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne constantemente en todos los anuncios que realiza afirma que se viene una reforma tributaria integral en la Argentina. Cuando se plantea una modificación al sistema tributario vigente es porque la cosa anda muy mal, pero ¿qué es lo que anda mal?

Algunas cuestiones que tenemos que entender para saber si los impuestos que pagamos están bien o mal:

  • Suficiencia: Los impuestos que pagamos deben alcanzar a cubrir todas las necesidades públicas, reza una cualidad del buen sistema tributario, según estimaciones el país tiene un déficit de entre 7 y 8 puntos del PBI. El tercero más alto de la historia según Economía&Regiones (consultora fundada por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio) aquí hay que analizar el resultado fiscal desde dos puntos de vista:

O se está recaudando muy poco, esto quiere decir que la gente puede pagar más y no lo está haciendo; o se está gastando mucho y por más que suban las alícuotas o se creen nuevos impuestos, el Estado no va a poder recaudar más porque la actividad económica (base de toda recaudación impositiva) no permite recaudar más.

 

 

Como se aprecia, la recaudación no alcanza a cubrir los gastos actuales del Estado. Además como el déficit actual se va financiando con endeudamiento, a futuro se puede ir corrigiendo el déficit primario pero se irá agravando el déficit financiero que es el que resulta de pagar los intereses de la deuda.

  • Progresividad: La progresividad es fácil definirla en teoría, implica que aporten más los que más tienen. En este caso el impuesto a las Ganancias es más progresivo que el IVA. Entonces hagamos un solo impuesto que recaude y reemplace a todos los demás y sea de carácter progresivo. Pero el sueño del impuesto único es imposible porque muchas veces los impuestos más justos son más difíciles de recaudar o más costosos de administrar. Por eso tenemos tantos impuestos.

 

Como se ve, en 2016 los impuestos PROGRESIVOS nacionales (Ganancias, Bienes Personales etc.) recaudaron apenas un 5,79% del PBI, mientras que los impuestos más neutros o regresivos (IVA es el principal) recaudaron el 10,82 % del PBI. Porque son más sencillos de administrar.

Aquí es donde lo ideal toca con lo real, los impuestos progresivos dependen más de las declaraciones personales de los contribuyentes y en países con baja cultura tributaria tienden a pagar lo menos posible.

Aparte, hablar de progresividad solo mirando impuestos es muy limitado. La progresividad es un concepto que hay que analizar globalmente en la acción del Estado; o sea mirar de quien recauda (los recursos) y en quien gasta (gasto público, subsidios, etc.).

En síntesis, un Estado es progresivo si distribuye más entre los que menos tiene combinando los impuestos con los gastos.

Lo que sí es innegable es el incremento de la presión tributaria en los últimos años. Como se aprecia en el cuadro anterior en Argentina en el año 2004 los impuestos se llevaban el 24,65 % del PBI, mientras que el año pasado se llevaron el 32,14 %.

Si a esto se le suma que el déficit fiscal es del 7% del PBI, necesitaríamos que los impuestos recauden el 40% del PBI aproximadamente para cubrir el nivel actual de gastos del Estado. Esto es considerando que la actividad estatal es suficiente o a lo sumo hay margen para cambiar gastos superfluos por otros necesarios.

Para saber si es mucho o poco comparemos con otros países del mundo:

 

 

Como vemos la presión fiscal analizada por si solo dista de ser concluyente, si miramos a Europa y la calidad de sus servicios públicos diríamos que el modelo es pagar altos impuestos y tener un Estado de bienestar fuerte, como por ejemplo, en Francia y Alemania, pero también en esta franja encontramos a Grecia con una situación fiscal inmanejable que cada tanto lo pone al borde de caerse de la zona del Euro y con cada vez más protestas sociales.

En la franja de presión media tenemos a Argentina, Japón, Brasil con realidades muy distintas entre sí.

Entre los de menor presión, de menor presencia estatal, tenemos por un lado a Paraguay, como así también a Estados Unidos.

Conclusión:

Recaudar más o menos no se correlaciona con el éxito ni con el fracaso del crecimiento y la inclusión social. Debemos incorporar al análisis cuanto debemos gastar de acuerdo a las realidades y las posibilidades de la economía actual.

Al progresismo hay que mirarlo desde la acción integral del Estado, tanto desde lo que recauda como desde lo que gasta.

Existen más de treinta impuestos nacionales, a lo que hay que sumarle otra tanda de provinciales y tributos municipales.  

Esto hace que el cumplimiento de las obligaciones de los ciudadanos sea algo realmente complejo, vendría bien una reforma pero enmarcada en un modelo integral de estado que determine también un modelo de país más justo y solidario con sus ciudadanos y más responsable con sus finanzas.

 

 

 

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