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Las tapas del viernes 7/9: La pelea por la recaudación de las provincias, antes que el debate del presupuesto

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A continuación reproducimos las tapas de los principales diarios del país. El debate por el presupuesto avanza con negociaciones con las diferentes provincias. La pelea pasa por postergar la rebaja de los impuestos para asegurar la caja de las provincias, pero Nación insiste en que el pacto fiscal debe seguir vigente, aún cuando ellos incumplan con el envió de fondos pautado
A la par Dujovne y su equipo siguen negociando con el FMI los nuevos puntos del acuerdo de renegociación. Ahora se habla de nuevos envíos de fondos por fuera del primer acuerdo.
El sistema financiero mostró una calma en los mercados durante el jueves. La expectativa está en esta jornada para ver si se sostiene la calma o el BCRA debe intervenir nuevamente para evitar otra escalada del dólar.

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Como pasar del “ajuste” a “políticas de Estado” para lograr un crecimiento sostenido

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Un informe de la Fundación Mediterranea – IERAL, a cargo de Marcelo Capello y Agustín Cugno, plantea las medidas fiscales para la emergencia, que deberían ceder paso en el futuro a políticas de estado, para asegurar el crecimiento de largo plazo
Apuntando al déficit cero para el resultado primario (antes de intereses) de 2019, el gobierno anunció un ajuste fiscal que implica un recorte de gasto de 1,6 % del PIB y un aumento de los recursos de 1,2 %. La merma en las erogaciones se logra en un 55 % por ajuste del gasto corriente, pero en un 45 % por menor inversión pública
De cumplirse el objetivo oficial, en 2019 el sector público nacional habrá logrado llevar a terreno positivo el ahorro corriente (0,9 % del PIB), luego de cinco años de desequilibrios en este indicador. Esto significa que la Argentina dejará de tomar deuda para pagar gasto corriente. El desafío a futuro es mantener el equilibrio fiscal pero, al mismo tiempo, reemplazar el impuesto a las exportaciones y controlar el gasto corriente, de modo de evitar que el ajuste recaiga sobre la inversión
En 2019, el gasto primario se ubicaría en 20,4 % del PIB, casi 4 puntos porcentuales por debajo del máximo marcado en 2016 (24,1 %), pero todavía muy por encima de guarismos como el de 2007 (15,4 % del PIB). Además, buena parte del ajuste reciente ha recaído sobre el gasto de capital, que está pasando de 2,9 % del PIB en 2014 a 0,9 % en 2019, aunque la merma sería menos significativa en términos físicos
Dado que los dos grandes problemas económicos existentes desde el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner a la actualidad, son el muy alto nivel de déficit fiscal y de cuenta corriente, la combinación óptima de políticas debería haber sido tal que reduzca el déficit fiscal y mejore el resultado de la cuenta corriente, incentivando mayores exportaciones.
Imponer mayores Derechos de Exportación (DE) va en línea con el primer objetivo, pero no con el segundo. Lo óptimo hubiera sido reducir el peso del gasto público más rápidamente en los últimos dos años (especialmente el gasto corriente), lo cual hubiera incidido favorablemente sobre ambos objetivos.
En la actual coyuntura, con un tipo de cambio ya muy depreciado como consecuencia de la nueva corrida cambiaria de las últimas semanas y, ante la necesidad de asegurar solvencia fiscal para el actual año y el próximo, la estrategia del gobierno apunta a bajar a cero el déficit primario en 2019, a través de un ajuste del gasto por 1,6% del PIB, y de un aumento en la recaudación del 1,2%, en este caso aumentando los DE (inclusive a sectores que había antes desgravado) y suspendiendo las rebajas en materia de aportes patronales que correspondía al año 2019. Está claro que en el gobierno deben suponer, para lograr mejorar los resultados fiscales y de  cuenta corriente en forma simultánea, que aún luego de esas medidas, el nivel de rentabilidad para los exportadores primarios, industriales y de servicios resultará mayor que el existente previo a la suba del tipo de cambio en estos últimos meses, con los impuestos vigentes en ese momento.
¿Cómo se puede explicar lo anterior? Ocurre que la fuerte depreciación del peso operada en los últimos meses bajará inicialmente, y en forma importante, el peso de los costos que se derivan de los bienes y servicios no transables (entre ellos el salario), sobre los ingresos de los sectores transables de la economía (los que exportan y compiten con las importaciones), de modo que para éstos últimos podría ocurrir que aún con la aplicación de mayores DE aumente inicialmente la rentabilidad, dada la baja en sus costos resultante de la licuación salarial y de otros costos no transables (no se mueven a la par del dólar). Se tratará de una mejora en la rentabilidad por unidad producida, y medida en moneda local, a valores constantes. La caída en las ventas, no obstante, podría generar pérdidas netas en sectores que dependen más del mercado interno, dado que podrán trasladar parcialmente a precios la suba del tipo de cambio.
Claro que se debe tener en cuenta que suele resultar normal que, luego de una fuerte suba del tipo de cambio real y de la rentabilidad en la producción de bienes transables, tras la estabilización y progresiva normalización de la economía, la inflación le gane al
dólar por algún tiempo, con lo que el tipo de cambio real comienza nuevamente a apreciarse, y así se podría terminar nuevamente en un problema de competitividad y de cuenta corriente, si a la par no se reducen los nuevos tributos aplicados.
Quizá por la anterior razón, los nuevos DE se han definido como montos fijos por cada dólar exportado, de manera que en la medida que el tipo de cambio nominal se siga deslizando al alza en el tiempo (en un país con inflación todavía alta, ello debería tender a ocurrir, en términos nominales), el peso relativo de los DE caerá en el futuro, medido sobre el monto de exportaciones, sin necesidad de decisiones burocráticas al respecto. Esta medida seguramente fue pensada de ese modo para dar sensación de “transitoriedad” a los nuevos DE, aunque también podría concebir un riesgo: si el plan anunciado funciona, y el tipo de cambio nominal, tras el overshooting de las últimas semanas, tiende a bajar, el peso relativo de los DE podría subir por arriba de los niveles iniciales, en lugar de bajar. En este caso, el sector transable quedaría con mayores impuestos y ya no habría tanta licuación de costos vía salarios y otros costos no transables, lo que podría generar problemas al sector exportador, que paga DE más altos.
Si bien se trata de un plan de emergencia, en la urgencia de contener una corrida cambiaria, en que se apunta a resolver el problema fiscal y de cuenta corriente con instrumentos heterodoxos y en algunos casos transitorios, se debe remarcar que, si se hubiese actuado a tiempo, con un mayor ajuste en el gasto público nacional y provincial, podríamos haber evitado esta situación.
A largo plazo, se requiere una política de estado en materia de equilibrio fiscal e incentivos a las exportaciones. Aplicar nuevamente DE no ayuda para ese objetivo. Por ende, debería tratarse de una solución transitoria, que luego vaya mutando hacia otro tipo de estrategia, con incentivos más claros, efectivos y duraderos para la inserción externa de Argentina, una vez superado el actual trance económico y financiero.
Debe partirse de la idea de que, aun teniendo éxito el paquete de medidas anunciado, y se logre contener el tipo de cambio y asegurar la capacidad de pago de Argentina, luego sobrevendrá un período con alguna apreciación cambiaria, de modo que, si los DE no bajan adicionalmente, podría sobrevenir nuevamente un problema de competitividad, generando dudas respecto a la estrategia exportadora que Argentina necesita a largo plazo.


El tipo de cambio real contra el dólar en niveles de 2007 
Con los valores actuales del dólar, el Tipo de Cambio Real (TCR) de Argentina contra dicha moneda se ubica en 1,72, a valores de diciembre de 2001. Se trata prácticamente del TCR bilateral que existía en el año 2007, y no muy lejos del TCR promedio entre 1950 y 2018 (1,92 pesos por dólar).
Vale recordar que en el año 2007 existían algunas variables económicas en niveles muy razonables para la economía argentina, como un superávit primario (Nación más provincias) de 2,9% del PIB, y 0,7% de superávit en la cuenta corriente de la Balanza de Pagos.
Claro que dicha situación resultó un derivado de la fuerte devaluación del peso ocurrida en 2002 y de los altos precios de las commodities observados desde 2003, mientras que en la actual situación el ajuste cambiario y en el gasto público debió realizarlo la misma administración actualmente en gobierno (con el desgaste político que ello supone), y los precios de las commodities ya no son los existentes hace una década atrás.
Luego de 2007, las variables económicas fundamentales fueron empeorando en forma sostenida, perdiendo sustentabilidad en materia fiscal y de competitividad, error que debe evitarse en las actuales circunstancias.
El ajuste fiscal anunciado esta semana en contexto histórico Las nuevas medidas fiscales anunciadas por el gobierno nacional apuntan a lograr el equilibrio fiscal primario en 2019 (en lugar de 2020, como era la meta anterior), apostando con ello a que el FMI apruebe adelantar total o parcialmente para 2019, los fondos que por el acuerdo vigente recibiría en 2020 y 2021, para así despejar cualquier duda sobre la capacidad del gobierno para cumplir con los compromisos por deudas en 2018 y 2019. Con tal fin, se anunció un ajuste fiscal que consta de un recorte del gasto equivalente a 1,6% del PIB en 2019, y de un aumento en los recursos por 1,2% del PIB, que incluye los mencionados aumentos en los Derechos de Exportación, así como la suspensión en la baja del peso de los aportes patronales el próximo año. El recorte en el gasto, a su vez, se efectuará en un 45% por menor gasto de capital, y 55% por ajuste en el gasto corriente. Si se considera el ajuste fiscal total para 2019, incluyendo la suba de impuestos, ascenderá a 2,8% del PIB, el cual se logrará en un 43% por suba de tributos, 39% por reducción de gasto corriente y 18% por recorte en el gasto de capital.

A continuación, se evalúan los números fiscales anunciados para 2019 con una visión a más largo plazo, de modo de comparar con la situación en el período 2007 – 2019. En primer lugar, puede decirse que, si se cumplen los pronósticos fiscales para 2019, se habrá recuperado el ahorro corriente en el sector público (+0,9% del PIB), tras cinco años de desequilibrio corriente en el sector público nacional. Esto significa que dejaremos de tomar deuda para pagar gasto corriente. No obstante, aun se estará lejos del superávit corriente que se observaba en 2007 (4,8%).

Como se anticipó, en 2019 se volvería al equilibrio primario, situación que no existía desde el año 2009. En cambio, se observará aun déficit financiero por 3,2% del PIB, similar al existente en el año 2012.

Luego de una baja en la presión tributaria en los primeros dos años de la administración actual, con las modificaciones tributarias anunciadas, los ingresos corrientes del sector público nacional ascenderán a 20,4% del PIB en 2019, ratio superior al observado en los años previos. Como se adelantó, una vez que se hayan resuelto las urgencias macroeconómicas, debe retomarse el sendero de reducción de la presión tributaria, y compensar con mayor ahorro en las erogaciones corrientes del estado.

El gasto primario se ubicará en 20,4% del PIB en 2019, cerca de 4 puntos inferior al máximo observado en 2016 (24,1%), pero todavía bastante por arriba del gasto primario que se observaba en 2007 (15,4%). No obstante, no se trataría tanto de un ahorro en erogaciones corrientes, como de un ajuste en el gasto de capital, que pasará de 2,9% del PIB en 2014, a 0,9% en 2019 (caída a un tercio de aquel nivel), aunque probablemente la reducción resultará menos importante en términos físicos.


El gasto en subsidios económicos, que se realiza para disminuir el impacto sobre las tarifas de energía, transporte y agua, entre otros servicios, resultará de 1,7% del PIB en 2019, contra un máximo de 3,9% en 2014.

Junto a las erogaciones de capital, en 2019 se verificará un fuerte ajuste en las transferencias discrecionales a provincias, cuando dichos envíos serán equivalentes a 0,4% del PIB el año entrante, contra 2,4% que representaban en 2010. En este concepto, el ajuste es transmitido a los gobiernos provinciales.

En definitiva, si se cumplen las proyecciones del gobierno, en 2019 se alcanzará equilibrio primario en el sector público nacional, lo cual resultaría un elemento imprescindible para el logro de la sustentabilidad fiscal y macroeconómica de Argentina, pero se lo conseguirá con algunas medidas económicas que realizarán un buen aporte con ese objetivo en el corto plazo, pero que deberán ser reemplazadas por otras decisiones de mejor calidad en el largo plazo, cuando el tipo de cambio real ya no resulte tan alto como el actual. Existirá un gran desafío a futuro: mantener el equilibrio fiscal, pero ir reemplazando los DE y la caída en el gasto de capital por mayor ajuste en el gasto corriente y otras reformas pendientes, de modo de ir compensando la previsible caída en el TCR que se producirá en los próximos meses, con otras medidas que sostengan la competitividad estructural, así asegurar sustentabilidad en los números fiscales y en la cuenta corriente.

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Presupuesto 2019: Dujovne y Frigerio negociarán con las provincias como bajar el gasto

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A partir de hoy los ministros Nicolas Dujovne y Rogelio Frigerio discuten con las provincias un nuevo Pacto Fiscal y recorte compartido de 230 mil millones de pesos.
La Casa Rosada activará a partir de hoy una negociación con agenda abierta ante los ministros de economía de las 24 provincias. Nicolás Dujovne y Rogelio Frigerio retomarán la ronda de consultas con los titulares de los Ministerios de Hacienda de Cambiemos -Buenos Aires, CABA, Mendoza, Jujuy y Corrientes-. El jueves será el turno del peronismo federal que estará representado por los funcionarios de Córdoba, Salta, San Juan, Chaco, Entre Ríos y Tierra del Fuego.
El único punto innegociable para Dujovne y Frigerio es la meta de reducción del déficit fiscal a 1,3% del PBI para 2019, de acuerdo al compromiso asumido ante el Fondo Monetario Internacional. El esquema de negociación plantea un reparto igualitario de la reducción del gasto en unos 230 mil millones de pesos de acuerdo al Ministerio de Hacienda de la Nación, más un plus a negociar con provincias.
De acuerdo a la negociación que abrirá hoy el Gobierno nacional con las provincias, los gobernadores deberían hacerse cargo de bajar el gasto en unos 150 mil millones de pesos, un recorte que en caso de lograr aval del peronismo quedará plasmado en el proyecto del Presupuesto 2019. La orden de Mauricio Macri es rubricar ese acuerdo con los mandatarios PJ antes del 15 de septiembre para votar la iniciativa a libro de cerrado. El plan B, en caso de que no se llegue a un entendimiento con el peronismo de Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey, Gustavo Bordet y Rosana Bertone, entre otros, es prorrogar el Presupuesto 2018 y disponer el recorte de partidas de manera unilateral para alcanzar la meta de reducción déficit fiscal del 1,3% del PBI.
Ese tijeretazo presupuestario no sólo lo padecerán las provincias peronistas. Hernán Lacunza (Buenos Aires), Enrique Vaz Torres (Corrientes), Lisandro Nieri (Mendoza); Carlos Sadir (Jujuy), y Martín Mura (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) son los ministros de Hacienda de las provincias de Cambiemos que mañana volverán a reunirse con Dujovne y Frigerio. El Poder Ejecutivo Nacional ya les vetó la posibilidad de prorrogar la baja del impuesto de Ingresos Brutos. María Eugenia Vidal logró por ahora frenar el traspaso de la financiación de AYSA a las cuentas de la provincia de Buenos Aires y aún resta definir si deberá hacerse cargo de los subsidios a la generación de energía. No habrá definiciones hasta tanto las provincias aliadas no tengan en claro en qué están dispuestos a ceder los gobernadores peronistas.
El Gobierno nacional, de acuerdo al Ministerio que conduce Dujovne, deberá recortar sus gastos también en 150 mil millones. Ya se activó un recorte de 20 mil millones en el Estado pero quedan otros 120 mil millones pendientes. La reestructuración del déficit fiscal obligará a Macri a tomar medidas que alterarán el diseño de su Gabinete. Algunos Ministerios, a partir del recorte de presupuestos, quedarán sin caja operativa para funcionar. Eso implicará la reconversión de alguno de los 23 Ministerios que coordina Marcos Peña en Secretarías de Estado. El anuncio estará a cargo del Presidente.
El primer ministro de Economía provincial que abrirá hoy la ronda de negociaciones en Casa Rosada será Alejandro Garzonio de Chubut. El jueves, además de los ministros de provincias donde manda el Peronismo Federal, se sentarán frente a Dujovne y Frigerio los funcionarios de Neuquén, Río Negro y Misiones. La semana próxima la ronda se completará con las demás provincia peronistas y con los distritos donde gobiernan frentes o partidos provinciales como Santiago del Estero y Santa Fe.
Será el inicio formal de las consultas para suscribir un nuevo Pacto Fiscal que se plasmará, o no, en el Presupuesto 2019. Una medida que en el Gobierno nacional ven como la primera luz al final del túnel.

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Diputados nacionales de la oposición buscan redireccionar impuestos a los combustibles

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Impulsan una iniciativa que redistribuye lo que tributan los combustibles líquidos. Sugieren hacerlo en un plazo progresivo de cuatro años
Una iniciativa impulsada por la legisladora justicialista Elda Pértile y firmada también por el diputado Renovador Marco Lavagna y el jefe del PJ en esa cámara, Pablo Kosiner, entre otros, plantea que de la tributación de combustibles líquidos y sobre dióxido de carbono no se gire más un 10,4% para el Tesoro e igual cantidad para las provincias, sino que los distritos también aspiren el porcentaje del primero entre 2019 y 2022.
Los diputados intentan “corregir la inequidad que representa la actual distribución de lo recaudado por el impuesto a los combustibles” con “el propósito de fortalecer la participación de los fondos asignados al sector Provincias, que a su vez distribuye en Organismos Provinciales de Vialidad, 60%; Fondo Provincial de Infraestructura Pública, 30%; y Fondo Especial de Desarrollo Eléctrico del Interior, 10%”.
Sobre el primer punto, los legisladores argumentaron que los distritos mantienen “en la mayoría de los casos muy bajos niveles de inversión” y detallaron que en 2017, “la distribución del Impuesto a los Combustibles Líquidos y al Gas Natural” dejó para las 23 jurisdicciones $6.322.730.025 millones, o el 6,16% del total de la recaudación al 31 de diciembre de 2016 para atender una red de 201.100 kilómetros”.
En cuanto al segundo punto -infraestructura pública- los peronistas, renovadores y dos kirchneristas explicaron que “el déficit histórico en materia edilicia amerita la necesidad de revisar los fondos que se movilizan para ello” debido a incremento poblacional. En esa línea, reconocen que las provincias tienen “en agenda proyectos que no pueden ser ejecutados por falta de financiamiento, alejando la meta perseguida cada vez más”.
Con respecto a la tercera cuestión, fundamentaron la obligación de incrementar el Fondo Especial de Desarrollo Eléctrico del Interior por “insuficiencia para financiar obras de infraestructura del plan eléctrico 2013-2033 provincial” y “cupos anuales actuales que sólo permiten la ejecución de obras rurales (500-600 suministros por año)”.
Los diputados también señalaron que el plan de obras “prevé para los próximos cuatro años una inversión anual promedio superior a los $500 millones, más de 14 veces lo disponible”, y aclaran que “desde su origen, estos fondos son para el desarrollo eléctrico del interior con la clara visión de situar a las provincias en una posición de igualdad de oportunidades frente a los grandes centros más evolucionados”.
Según los diputados opositores, “el problema descripto no es prioridad de ningún partido político, ni grupo empresario o sindical, ni de ningún ideólogo”, sino “un problema de comunidad de los argentinos, que todos debemos asumir otorgándole la real importancia que tiene”.
Además manifestaron que la situación debe convocar “a todos los gobernadores provinciales, a los dirigentes políticos y sus organizaciones; a los dirigentes sindicales por la propia esencia de su labor” y “a las organizaciones de empresarios, pues el futuro de sus empresas está condicionado y atado a un desarrollo que pasa necesariamente por el sistema de transporte carretero”, entre otros puntos.

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Acuerdo con el FMI: El ajuste será de $500.000 millones y pegará fuerte en provincias y municipios

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La mitad del recorte anunciado tras el acuerdo con el FMI, de unos $250.000 millones, se aplicará hasta finales de 2019. Cómo impactará
El ajuste fiscal al que se comprometió el Gobierno con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es de casi el doble del que se había anunciado inicialmente, y habrá recortes en salarios públicos, subsidios, obras públicas y en los giros a las provincias y a los municipios. La poda del gasto comprometido por la gestión de Mauricio Macri ante el Fondo es de u$s19.300 millones y se realizará entre julio de este año y diciembre de 2020. Son u$s9.000 millones de dólares más que lo previsto antes de negociar con el FMI.
El Gobierno acordó esta semana un nuevo Stand By por US$ 50.000 millones para devolver en 36 meses. Pero todo tiene un costo cuando se acude al prestamista de ultima instancia:
Cambios en el BCRA: El BCRA no podrá de emitir moneda al Tesoro para cubrir el déficit. Además, en relación a las reservas, el  titular del Banco Central declaró que dejará de comprar reservas. Además, el Poder Ejecutivo se comprometió a cancelar US$ 25.000 millones de “letras intransferibles” al Banco para que la entidad cancele las Lebacs. Federico Sturzenegger ratificó la continuidad del sistema de cambio del tipo flotante. Aquí, otra vez el Congreso deberá pronunciarse para modificar la Carta Orgánica del Banco Central.
Metas de Inflación: 17% para el 2019, 13% para el 2020 y 9% para el 2021.
Recortes: Para cumplir con la meta de déficit prevén ajuste en la obra pública del 81% y en transferencias a provincias del 74% en 3 años. Además, se prevé una baja en el salarios de los trabajadores estatales del 13% y en los subsidios a las tarifas de un 48%.
Reducción del Déficit Fiscal Primario
2.8% vs 3.2% para 2018
1.3% vs 2.2% para 2019
Equilibrio primario para 2020
Superavit de 0.5% vs Déficit 0% para 2021
Es decir, entre 2018 y 2021 el recorte asciende a US$ 20.000 millones.
Al tipo de cambio actual, se trata de un recorte de recursos de 501.800 millones de pesos, que irá aumentando nominalmente a medida que la moneda nacional se devalúe. Según un relevamiento del Banco Central, el dólar llegará a 31,80 pesos en diciembre de 2019.
Según las proyecciones del ministerio de Hacienda, la mitad del recorte del gasto primario (sin contar los intereses de deuda) ocurrirá entre julio de 2018 y todo 2019, un año marcado por las elecciones presidenciales y las de 22 gobernadores. El Estado nacional así como las provincias y municipios tendrán $250.000 millones menos para gastar en ese período.
Los subsidios que el Gobierno destina a los servicios de energía (electricidad y gas) y a transporte (principalmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires) registrarán una caída real del 48% respecto del nivel que alcanzaron en 2017, informó Hacienda. También se aplicará un recorte del 13% en el gasto primario destinado a salarios y a bienes y servicios del Estado.
De esto forma parte la poda de $20.000 millones en los gastos de administración pública que anunciaron la semana pasada los ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne, y de Modernización, Andrés Ibarra. No habrá una baja nominal de sueldos en el Sector Público Nacional sino que se reducirán unos 30.300 puestos sobre una plantilla actual de 739.000 personas y sus salarios subirán por detrás de la inflación real.
Otra poda estará dada por una baja real del 74% en las transferencias corrientes a las provincias. Son los fondos que la Nación envía a los gobernadores y a los intendentes por fuera de la Coparticipación Federal de Ingresos Públicos, , indicó el diario La Voz.
Esa poda será de unos $133.400 millones que la Nación dejará de enviar a las 23 provincias y a la Capital Federal. La disminución se irá aplicando progresivamente entre el mes próximo y diciembre de 2020.
Los gastos de capital bajarán 81% en el período comprometido por el Gobierno ante el Fondo Monetario Internacional. No paralizará la obra pública, pero la golpeará con dureza, debido a una reducción estimada en unos $70.000 millones.
No obstante, la obra pública se resentirá por partida doble, dado que caerá el presupuesto destinado por la Nación, pero también los fondos propios que iban a volcar las provincias y los municipios, que ahora tendrán que cubrir otros baches que se generarán por el ajuste.
El único ítem de los presentados por el Gobierno al Fondo que tendrá crecimiento real hasta el fin del compromiso es el destinado a “jubilaciones y otros gastos sociales”, que crecerá un siete por ciento por encima de la inflación.
Uno de los conceptos del gasto social más importante es el pago de las prestaciones previsionales. Según señalaron a este diario fuentes oficiales, el piso desde el que se parte es de unos 767.883 millones de pesos anuales, que fue lo registrado en 2017.

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