Raúl Karabén

Piporé, la única yerba argentina que llega a las Islas Malvinas

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Mientras el Gobierno nacional anuncia mayores sanciones contra las empresas que operan en las Islas Malvinas y promete utilizar todas las herramientas del Estado para defender la soberanía argentina, una marca profundamente misionera mantiene una presencia singular en el archipiélago: la yerba Piporé, de Santo Pipó.

La revelación la hizo Raúl Karaben, socio de la cooperativa yerbatera, durante el encuentro del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas que se realiza en Puerto Iguazú. Allí aseguró que Piporé es la única yerba mate que se comercializa en las islas, aunque no llega directamente desde la Argentina continental.

“Piporé se vende en las Islas Malvinas. Nosotros abastecemos a los chilenos, vendemos muy bien en Chile y Punta Arenas”, explicó Karaben. Desde ese extremo austral, la yerba cruza hacia el archipiélago y encuentra consumidores en un territorio atravesado nuevamente por la tensión diplomática.

El dato apareció en medio de una exposición destinada a explicar el negocio yerbatero, pero adquirió una dimensión política inevitable. En el auditorio estaba Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado y uno de los principales impulsores de los cambios que quitaron al Instituto Nacional de la Yerba Mate sus facultades para ordenar el mercado y establecer precios de referencia.

Pero Karaben no se refugió únicamente en el costado exitoso del negocio exportador. Cuando describió la situación interna, eligió una definición brutal: “El precio está para el tujes”. Según el empresario, el productor percibe apenas un tercio de lo que cobraba cuatro años atrás y esos ingresos “no le alcanzan para lo más mínimo”.

Karaben evitó atribuir el derrumbe exclusivamente a las decisiones del Gobierno nacional. “¿Es producto del Gobierno? No. La yerba tiene ciclos”, sostuvo. Explicó que el mercado pasó de una etapa de escasez a otra de sobreoferta: la producción aumentó de unos 800 millones a aproximadamente 980 millones de kilos y, con más materia prima disponible, el precio se desmoronó.

El ajuste, advirtió, recae primero sobre el eslabón más débil. “Pierde el más chiquito”. Son cerca de 12.000 productores y son ellos, especialmente los de menor escala, quienes atraviesan el momento más crítico. Pero el impacto alcanza finalmente a toda la cadena. “Estamos mal porque la yerba está mal. El mal precio es para todos”, resumió.

Su mirada también chocó con la propuesta del Gobierno de Misiones de recuperar un valor obligatorio para la materia prima. “Poner un precio mínimo es una pavada”, lanzó. Argumentó que los precios fijados administrativamente pueden terminar eludiéndose mediante acuerdos informales o notas de crédito posteriores. Desde esa perspectiva, establecer un valor de referencia no resuelve el desequilibrio de fondo ni responde la pregunta central: quién pagará efectivamente el precio mínimo que reclama la Provincia.

Karaben cuestionó, además, el cruce de responsabilidades entre Posadas y Buenos Aires. Consideró que la Provincia “le tira la pelota a la Nación”, aunque el problema no haya sido originado exclusivamente por el Gobierno nacional. Recordó que la yerba atravesó una etapa de precios muy favorables que impulsó nuevas plantaciones y amplió la oferta hasta superar la capacidad de absorción del mercado.

“¿La responsabilidad la tiene el Gobierno? No, pero sí, porque no hace nada para atender la problemática”, planteó. La frase condensó su diagnóstico: el Estado no creó por sí solo la crisis, pero tampoco puede desentenderse de sus consecuencias sobre miles de familias productoras.

La crítica más dura quedó dirigida hacia la política productiva provincial. “Misiones no tiene política agraria”, sentenció Karaben. Para el dirigente cooperativista, la crisis de la yerba mate es apenas la manifestación más visible de una debilidad estructural: la falta de diversificación. “No se puede vivir de un monoproducto”, advirtió.

La escena concentró varias de las contradicciones que rodean a la actividad. Piporé habló de exportaciones y expansión internacional frente al funcionario que condujo la apertura del mercado interno, mientras los productores misioneros denuncian una fuerte caída del precio de la hoja verde y reclaman nuevas herramientas de regulación.

Karaben describió una actividad con características difíciles de encontrar en otros sectores productivos. La yerba mate no ofrece resultados inmediatos: es un árbol que requiere alrededor de cinco años antes de entregar su primera cosecha comercial, pero luego puede mantenerse productivo durante cuatro décadas.

Esa espera inicial condiciona las decisiones de inversión y limita la capacidad de reaccionar rápidamente ante los movimientos del mercado. Cuando los precios caen, el productor no puede sustituir de inmediato el cultivo. Cuando la demanda aumenta, tampoco es posible multiplicar la oferta de una temporada a otra.

La producción se concentra prácticamente en tres países: la Argentina, Brasil y Paraguay. Dentro del mercado argentino, aproximadamente el 85 por ciento de la yerba mate se cultiva en Misiones.

Brasil, que durante años tuvo un peso mayor dentro del mapa regional, redujo parte de su superficie yerbatera ante el avance de la soja. De ese modo, el grueso de la producción quedó concentrado en la Argentina y, especialmente, en suelo misionero.

Karaben también describió un proceso de concentración productiva. Los primeros ocho establecimientos representan alrededor del 75 por ciento de la producción, mientras que los quince principales reúnen cerca del 90 por ciento.

La yerba mate, además, se mueve dentro de un mercado interno relativamente inelástico. El consumo argentino presenta pocas variaciones estructurales y deja escaso margen para crecer únicamente dentro del país.

“Si alguien sube, le ganó a otro”, resumió Karaben. En otras palabras, cuando una marca aumenta su participación, generalmente lo hace desplazando a un competidor, no porque se haya ampliado considerablemente el consumo total.

Por esa razón, la exportación se convirtió en una pieza estratégica.

El largo viaje hacia el mundo árabe

Piporé construyó una presencia especialmente fuerte en los países árabes. La relación tiene raíces históricas y comenzó a consolidarse después de la Segunda Guerra Mundial, cuando numerosos inmigrantes sirios y libaneses que habían vivido en la Argentina regresaron a sus lugares de origen llevando consigo el hábito de tomar mate.

Ese consumo, nacido de la experiencia migratoria, se transmitió entre generaciones y atravesó fronteras. En la actualidad, la yerba llega a más de 25 países del mundo árabe.

La guerra en Siria produjo nuevos desplazamientos poblacionales y contribuyó a expandir el consumo hacia otros destinos. El mate acompañó a esas comunidades como una marca de identidad, del mismo modo que sucede con los argentinos que viven en el exterior.

Karaben identificó así dos grandes perfiles entre los consumidores internacionales: el argentino nostálgico que busca sostener sus costumbres y el consumidor árabe que incorporó la yerba como parte de su propia tradición familiar.

La cooperativa también exporta a mercados alejados del consumo histórico sudamericano, entre ellos Alemania, Bulgaria, Dinamarca, Noruega y Canadá. Chile ocupa un lugar central dentro de esa estrategia, especialmente el sur del país.

Desde allí se produce la conexión más inesperada: Punta Arenas funciona como puerta de entrada de Piporé hacia las Islas Malvinas.

La presencia de Piporé en las islas aparece justo cuando la cuestión Malvinas volvió al centro de la agenda nacional. El presidente Javier Milei anunció el endurecimiento de las sanciones contra compañías que desarrollen actividades sin autorización argentina y anticipó mayores recursos para avanzar con una base naval en Tierra del Fuego.

En ese contexto, la ruta comercial de la yerba expone una paradoja. Una cooperativa nacida en Misiones, propiedad de productores argentinos y estrechamente ligada a una de las economías regionales más representativas del país, llega al territorio a través del circuito comercial chileno.

No se trata de una operación directa con origen argentino hacia las islas, sino de la expansión regional de una marca que logró instalarse con fuerza en el mercado austral. Desde Punta Arenas, el producto continúa un recorrido que termina colocando yerba misionera en las góndolas malvinenses.

Piporé, próxima a cumplir 96 años de historia, se convirtió así en una inesperada avanzada argentina. No lleva discursos ni documentos diplomáticos. Lleva yerba mate.

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A pesar de los cambios por el Pacto Fiscal, Rentas recaudó 2.486 millones en lo que va del año

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A pesar de los cambios en las alícuotas de Ingresos Brutos a los que fue obligado en virtud del Pacto Fiscal, la Dirección General de Rentas (DGR) de Misiones sigue siendo este año una “maquinita” de recaudar con $2.486 millones en el primer trimestre del año, un 27% más que en el mismo período de 2017.
El dato es una buena noticia para el Estado misionero, que le dio luz verde al titular de la DGR, Miguel “Pimpy” Thomas, para que aprovechara hasta el último resquicio que permitía el acuerdo entre Nación y provincias para aumentar temporalmente algunas alícuotas, en especial al comercio y servicios. En cambio, se eliminó la tasa de IIBB a las exportaciones y se bajaron algunas cargas a la actividad industrial.
En el gana-pierde de las modificaciones, la DGR mostró en enero, febrero y marzo, números de la recaudación muy positivos, que además, indican que la economía misionera sigue mostrando un crecimiento moderado, pero crecimiento al fin.
La DGR recaudó en enero $864 millones, versus $671 millones en el mismo mes del año pasado con un 28,7% de aumento. En febrero el incremento fue de 25,8% con $803 millones recaudados y en marzo los $818 millones que percibió Rentas equivalieron a un incremento de 27,3%. En todos los casos se trata de un crecimiento real, ya que superó a una inflación anual que ronda el 20%.
Además, está en línea con la suba de la recaudación de la DGR de 2017, que fue de 29,06% a $9.950 millones comparado con el 2016.
Por supuesto, del otro lado los contribuyentes protestaron y fueron conocidas las quejas de las cámaras empresarias como la CEM y la CCIP,  molestas porque el Pacto Fiscal, ideado  para bajar la presión impositiva de los fiscos provinciales, en rigor la subió a algunos sectores importantes de la economía en esta primera etapa y de forma transitoria.
Un acuerdo al que le falta una pata
Los datos de la recaudación los aportó el propio titular de Rentas, “Pimpy” Thomas, hace diez días con una planilla que publicó en su cuenta de twitter, al mismo tiempo que recordó que “la Nación le debe a Misiones” mayor equidad fiscal. Justo ese día que el presidente Mauricio Macri estaba en Iguazú y Puerto Esperanza. No es habitual que Rentas divulgue cifras de recaudación tan frescas. Normalmente lo hace al cierre del año. Pero el titular de Rentas no quería dejar pasar la chance de dejar un  mensaje político.
Thomas está en contra de los cambios impositivos comprometidos con la firma del Pacto Fiscal porque considera que implican debilitar una pata importante del modelo misionerista, que es la recaudación propia de la DGR. Misiones recauda casi tanto como Corrientes y Chaco juntas.
Thomas es un “villano” para los empresarios, por la presión impositiva que ejerce para obtener estos recursos, además de los métodos agresivos para recaudar. Como recaudador es muy eficaz y vienen a estudiar sus métodos desde otras provincias.
Pero también es un “héroe”, una figura necesaria de la economía misionera. La DGR está obligada a ser una fuente de ingresos importantes en virtud de la inequidad con la que es tratada la tierra colorada en el reparto de la Coparticipación Federal. Misiones es una de las provincias más perjudicadas y una de las que menos “Copa” recibe por cada habitante y eso fue lo que Thomas quiso dejar de manifiesto con una serie de tweets y cifras elocuentes que publicó mientras el Presidente se reunía con funcionarios, gobernadores y empresarios frente a las imponentes Cataratas del Igua.
Thomas piensa que hacer los cambios impositivos a los que se comprometió Misiones con el Pacto Fiscal sólo son viables si al mismo tiempo se negocia una nueva Ley de Coparticipación, como prometió el gobierno de Macri en sus primeros dos años. El problema es que ahora parece muy improbable que se avance con esa reforma.
La Casa Rosada arrancó con ganas la iniciativa de lograr -por fin-, una nueva Ley de Coparticipación, algo que debió haber sucedido en 1996 según el mandato constitucional. Pero ahora esa iniciativa parece haber perdido voluntad política y está casi cajoneada ya que hay sólo unos pocos distritos en la situación de Misiones, que van a ganar si o si en el nuevo reparto de la torta.
En cambio, hay muchas más provincias que van a perder y no quieren discutir ningún cambio. Otro dato: el Pacto Fiscal logró la reparación histórica para la provincia de Buenos Aires, equivalente a unos 60.000 millones de pesos anuales para el gobierno encabezado por Maria Eugenia Vidal. ¿Quién quiere una nueva ley de “Copa” ahora?
“Si se renegocia una nueva ley de Coparticipación nosotros podríamos bajar impuestos provinciales”, dijo Thomas a Economis en septiembre del año pasado, cuando fue a presentar la presupuesto de Rentas a la Legislatura.
Ahora Misiones irá perdiendo de a poco recaudación propia sin una compensación por el lado de la Coparticipación. Algunos dicen que Thomas, incluso, consideró seriamente la posibilidad de renunciar en desacuerdo con la firma del Pacto. Por el momento, lo que hizo, fue aprovechar la “letra chica” para hacer un control de daños y demorar, todo lo posible, el impacto negativo del Pacto en los recursos del Estado misionero. Las cifras del primer trimestre demuestran que por ahora fue efectivo.
El problema es a mediano y largo plazo. Como pasa con muchas otras cosas, por ejemplo las subas de tarifas de luz, cuando se trata de frías cifras en un anuncio, casi nadie parece darse cuenta. Todos ponen el grito en el cielo recién cuando la boleta pasa por debajo de la puerta y las cifras abstractas se transforman en un pago real por el cual hay que dejar de lado otros consumos.
Los Pactos Fiscales, cuando perjudican a una jurisdicción, están diseñados para que no se sientan en el momento en la entrada de recursos. El “dolor” viene después, cuando ya es demasiado tarde para cambios. Es como un empleado que en su trabajo acepta resignar una parte de su sueldo en blanco y a cambio, le dan bonos, premios u otras compensaciones temporales.
Thomas piensa que solo unos pocos se dieron cuenta en Misiones de la situación real a la que se enfrenta la provincia en un futuro no tan lejano.
En cinco años, los impuestos a la mitad
El Pacto Fiscal obliga a las provincias a reducir en un 50 por ciento los impuestos que cobran de aquí al 2022, básicamente a través de Ingresos Brutos. También estimula que las provincias empiecen a recaudar más por el Impuesto Inmobiliario, un gravamen que aquí tiene un carácter casi simbólico pero es muy fuerte en otras provincias como Buenos Aires, donde el campo suele manifestar su malestar cada vez que hay un revalúo.
Pero a Misiones no le va a ser tan fácil empezar a recaudar en serio por el Impuesto Inmobiliario.
“En Misiones encierra todo un debate sobre la propiedad, acá hay habitantes que viven en una propiedad que vale mucho, pero porque están desde hace tiempo cuando no valía tanto, no tienen ingresos reales como para pagar impuestos importantes”, explicó a Economis, el contador Raúl Karabén, experto en temas fiscales.
Por ahora, la estrategia de “Pimpy” Thomas prueba ser efectiva. También es cierto que la mayoría de las provincias hicieron lo mismo. Es decir, aprovecharon que los topes máximos marcados por Nación para cobrar Ingresos Brutos les permitían, en este primer año del Pacto Fiscal, subir todavía un poquito más la presión impositiva.

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