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Ravier defendió el rumbo económico: “Lo peor ya pasó”

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En su primera conferencia de prensa como vocero presidencial, Adrián Ravier buscó instalar un mensaje de continuidad y optimismo sobre el rumbo económico del Gobierno de Javier Milei. Con un discurso enfocado en consolidar las expectativas, sostuvo que “la economía va bien”, insistió en que “lo peor ya pasó” y afirmó que el Ejecutivo trabaja para fortalecer la estabilidad financiera de cara a un eventual escenario de incertidumbre política y económica en 2027.

La exposición de Ravier tuvo un doble objetivo: defender los resultados alcanzados por el programa económico encabezado por el ministro Luis Caputo y presentar el inicio de una nueva etapa política del oficialismo tras la designación de Diego Santilli como jefe de Gabinete. Para el flamante vocero, ambas dimensiones —la económica y la política— son complementarias para avanzar con las reformas estructurales que impulsa el Gobierno.

En el plano económico, Ravier sostuvo que la recuperación ya comenzó, aunque admitió que no todos los sectores transitan el mismo ritmo. Reconoció que la industria y el comercio permanecen entre las actividades más rezagadas y que el nivel de consumo continúa siendo una preocupación. Sin embargo, aseguró que la desaceleración de la inflación y la recuperación del crédito permitirán extender la mejora al conjunto de la economía durante los próximos meses.

“Creemos que la economía va bien y el camino es por acá”, afirmó el funcionario, quien reiteró uno de los conceptos que el oficialismo viene utilizando desde comienzos de año: “Lo peor ya pasó”. Incluso proyectó que “vendrán los mejores 18 meses” para la Argentina, en línea con el discurso optimista que el Gobierno busca consolidar antes del inicio del ciclo electoral.

Como uno de los principales argumentos para sostener esa visión, Ravier anticipó que la inflación de junio perforaría el 2%, lo que consolidaría el proceso de desaceleración de los precios iniciado tras la implementación del programa de ajuste fiscal y monetario. “No estamos corriendo, pero estamos de pie. El paciente está mejor. Sabemos que falta, pero sabemos que este es el camino”, resumió.

Uno de los pasajes más relevantes de la conferencia estuvo vinculado a la estrategia cambiaria. En medio de la reciente presión sobre el dólar y el reacomodamiento del mercado financiero, Ravier aseguró que el Ministerio de Economía y el Banco Central trabajan para “blindar a la Argentina” frente a posibles episodios de volatilidad.

Según explicó, la acumulación de reservas y el fortalecimiento del balance del Banco Central buscan evitar que un escenario de incertidumbre política, similar al observado antes de las elecciones de 2025, genere inestabilidad financiera. En ese contexto, utilizó el concepto de “riesgo kuka” para describir la posibilidad de que un eventual cambio de signo político provoque alteraciones en las reglas económicas y desaliente inversiones ya realizadas.

El vocero sostuvo además que esa estrategia se complementa con el respaldo financiero de organismos internacionales y del gobierno de Estados Unidos, elementos que, según afirmó, fortalecen la posición de la Argentina frente a eventuales shocks externos.

Consultado sobre la persistente dolarización del ahorro de los argentinos, Ravier evitó cuestionar esa conducta y la calificó como “razonable”, en una señal de pragmatismo frente a una práctica profundamente arraigada en la economía local.

El funcionario también destacó el desempeño del sector energético, al que el Gobierno considera uno de los principales motores del ingreso de divisas durante los próximos años. Informó que en mayo la producción de petróleo alcanzó un récord histórico de 903.700 barriles diarios, con un crecimiento interanual del 19,6%, mientras que Vaca Muerta explicó el 69% de ese volumen.

En paralelo, señaló que la producción de gas llegó a 156,6 millones de metros cúbicos diarios, con incrementos del 11,4% respecto del mes anterior y del 6% en términos interanuales, consolidando el aporte del complejo energético a la balanza comercial.

La conferencia también marcó el inicio de una nueva etapa política dentro del oficialismo. Ravier presentó la llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete como un paso destinado a fortalecer la construcción parlamentaria del Gobierno y facilitar la aprobación de las reformas pendientes.

El vocero sostuvo que La Libertad Avanza carece de mayorías propias tanto en Diputados como en el Senado y remarcó que la alianza con el PRO resulta “clave” para avanzar con la agenda legislativa. En ese sentido, destacó la sintonía entre Javier Milei y Mauricio Macri y relativizó las diferencias públicas surgidas en los últimos meses.

Asimismo, confirmó que la salida de Manuel Adorni respondió a una decisión “personal e indeclinable” y sostuvo que el exfuncionario afrontará la investigación judicial que pesa sobre él “sin fueros”.

Como parte del balance de gestión, Ravier reivindicó la reducción del empleo público, al señalar que la administración nacional eliminó más de 71.000 cargos desde el inicio del mandato, a un ritmo cercano a las 3.000 bajas mensuales, mediante revisiones de estructuras y programas de retiros voluntarios que alcanzaron a organismos como INTA, ANSES, PAMI, Radio y Televisión Argentina, Casa de Moneda, Belgrano Cargas, ANAC, el INCAA y la Comisión Nacional de Regulación del Transporte.

También destacó mejoras en materia educativa, al mencionar que las últimas pruebas Aprender registraron los mejores resultados en Lengua de la última década para los alumnos de sexto grado de primaria, un dato que el Gobierno busca incorporar a su narrativa sobre la eficiencia de las reformas implementadas.

Con un discurso que combinó optimismo económico, respaldo a la estrategia fiscal y monetaria y una fuerte apelación a la construcción política, Ravier dejó en claro que la Casa Rosada buscará sostener durante el segundo semestre un mensaje de estabilidad y confianza. El desafío, sin embargo, será que esa recuperación que el Gobierno observa en los indicadores macroeconómicos logre traducirse en una mejora perceptible para sectores como la industria, el comercio y el consumo, donde la reactivación aún aparece como una promesa más que como una realidad consolidada.

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El consumo de los hogares volvió a crecer en mayo, según la CAC

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El consumo de los hogares mostró una nueva señal de recuperación en mayo, impulsado por una inflación más moderada y una mejora gradual del poder adquisitivo. Según el último informe de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), el Indicador de Consumo (IC) creció 0,9% en comparación con igual mes del año pasado y avanzó 0,7% frente a abril en términos desestacionalizados, consolidando el rebote observado durante el último bimestre.

El dato marca un cambio de tendencia luego de un primer trimestre con variaciones interanuales negativas, aunque el ritmo de expansión continúa siendo moderado y todavía insuficiente para recuperar plenamente los niveles de consumo registrados antes del deterioro económico de 2024. De hecho, la CAC remarcó que la serie permanece por debajo del máximo alcanzado a comienzos de 2025.

La mejora se produce en un contexto de desaceleración de la inflación. En mayo, el Índice de Precios al Consumidor registró una variación mensual de 2,1%, el menor incremento desde septiembre de 2025, aunque la inflación interanual todavía se ubicó en 33,2%, un nivel que continúa condicionando las decisiones de gasto de los hogares.

Para la entidad empresaria, la menor presión inflacionaria comenzó a traducirse en una recuperación parcial del ingreso disponible. Ese fenómeno permitió que, por segundo mes consecutivo, los ingresos familiares exhibieran una mejora interanual frente a un período de 2025 que ya había mostrado cierta recomposición tras el fuerte ajuste de 2024.

Sin embargo, la continuidad de esa recuperación dependerá en gran medida de la evolución de los precios durante los próximos meses. La CAC advierte que la estabilidad inflacionaria será determinante para consolidar un mayor poder de compra y sostener el crecimiento del consumo interno.

El comportamiento de los distintos rubros continúa mostrando una recuperación heterogénea. Vivienda, alquileres y servicios públicos fue uno de los principales motores del indicador, con un crecimiento estimado de 7,4% interanual, explicado principalmente por el mayor consumo de servicios públicos. Este segmento aportó 1,3 puntos porcentuales al crecimiento general del índice.

También contribuyó positivamente el conjunto del resto de bienes y servicios, que avanzó 2,7% interanual y explicó otros 1,5 puntos porcentuales del resultado general. Según el informe, este grupo de actividades ya opera en niveles levemente superiores a los observados antes de la pandemia, tomando como referencia mayo de 2019.

En contraste, algunos sectores continúan mostrando debilidad. El rubro de indumentaria y calzado retrocedió 1,7% interanual, mientras que transporte y vehículos registró una caída de 7,7%, afectado por una menor cantidad de patentamientos de automóviles respecto de un año atrás, cuando las ventas habían alcanzado niveles elevados.

La actividad vinculada a recreación y cultura también presentó un retroceso significativo del 10,1% interanual. En este caso, la CAC explicó que la comparación se realiza contra una base muy alta, ya que durante mayo de 2025 el sector había experimentado un crecimiento excepcional de más del 35%.

El informe también vuelve a mostrar una relación cada vez menos lineal entre consumo y actividad económica. Mientras el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en marzo —último dato disponible— una expansión interanual del 5,5%, el Indicador de Consumo había mostrado ese mismo mes una caída del 2,6%, evidenciando que la recuperación macroeconómica no necesariamente se traslada con la misma intensidad al consumo de las familias.

Para provincias como Misiones, donde el comercio representa uno de los principales motores de la actividad económica, estos datos reflejan una recuperación todavía frágil. Si bien la desaceleración inflacionaria comienza a aliviar el presupuesto de los hogares, el consumo continúa condicionado por la evolución del empleo, los salarios reales y el acceso al crédito, variables que definirán si el repunte observado durante el segundo trimestre logra consolidarse en la segunda mitad del año.

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La Fundación Mediterránea advierte que la estabilidad macro aún no se traduce en una mejora real del empleo y los ingresos

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La desaceleración de la inflación, el equilibrio fiscal y la recuperación de algunos indicadores macroeconómicos aparecen como los principales logros exhibidos por el Gobierno nacional. Sin embargo, un informe de la Fundación Mediterránea plantea una advertencia de fondo: la estabilidad macroeconómica, por sí sola, no garantiza una mejora en las condiciones de vida de la población si no viene acompañada por una recuperación sostenida del mercado laboral formal y de los ingresos.

El trabajo, elaborado por las especialistas Laura Caullo y Guadalupe Galíndez, sostiene que la economía argentina enfrenta un desafío estructural que excede el ordenamiento de las variables macroeconómicas. Según el análisis, el mercado de trabajo continúa mostrando elevados niveles de precarización, informalidad y presión laboral, factores que limitan el impacto social de la estabilización económica.

Los datos correspondientes al primer trimestre de 2026 reflejan esa contradicción. La tasa de desempleo se ubicó en 7,8%, equivalente a aproximadamente 1,8 millones de personas sin trabajo, un nivel prácticamente idéntico al registrado en igual período del año anterior. Sin embargo, detrás de esa aparente estabilidad se observa un deterioro en otros indicadores clave.

La subocupación aumentó de 10% a 11,1%, alcanzando a unas 2,5 millones de personas que trabajan menos horas de las que necesitan para sostener sus ingresos. A su vez, al incorporar a quienes tienen empleo pero buscan otra ocupación o mayores horas laborales, la denominada presión laboral total trepa hasta el 23,6% de la población económicamente activa, involucrando a más de 5,3 millones de argentinos.

Para la Fundación Mediterránea, este indicador resulta especialmente relevante porque revela una situación de fragilidad económica que no aparece reflejada únicamente en la tasa de desempleo. La necesidad de complementar ingresos o conseguir más trabajo evidencia que una porción significativa de la población no logra cubrir sus necesidades básicas con su actividad actual.

El informe también pone el foco sobre la calidad del empleo. Durante el último año se perdieron alrededor de 100.000 puestos asalariados privados y otros 21.000 empleos públicos, mientras que el número de monotributistas aumentó en 90.000 personas. La dinámica refleja una sustitución parcial del empleo asalariado por formas de ocupación más flexibles, aunque generalmente con menores niveles de protección social.

A este fenómeno se suma la persistencia de una elevada informalidad laboral. Según el estudio, el 44,2% de los ocupados trabaja sin aportes jubilatorios ni cobertura de seguridad social, lo que equivale a unos 9,2 millones de personas. Se trata de uno de los principales obstáculos para que el crecimiento económico pueda traducirse en una mejora sostenible del bienestar.

“La heterogeneidad que exhibe el mercado laboral argentino pone de manifiesto que la estabilización macroeconómica, aun siendo un paso indispensable, no garantiza por sí misma una mejora en las condiciones de vida”, señala el documento. El diagnóstico apunta a que el país enfrenta problemas estructurales que requieren políticas específicas orientadas a la generación de empleo formal y productivo.

El análisis también muestra fuertes diferencias territoriales. En ocho provincias la presión laboral supera el promedio nacional. En los partidos del Gran Buenos Aires, por ejemplo, la problemática se expresa a través de mayores niveles de desempleo y competencia por los puestos de trabajo disponibles. En otras jurisdicciones como Río Negro, Santiago del Estero, Formosa o Chubut, la menor presión laboral convive con altas tasas de inactividad, un fenómeno que refleja la salida de personas del mercado laboral más que una mejora efectiva de las condiciones económicas.

Desde una perspectiva económica, el informe plantea que la verdadera prueba para la actual etapa de estabilización será su capacidad para generar empleo de calidad. “El desafío ya no pasa solamente por crear puestos de trabajo, sino por mejorar su calidad”, remarcan las autoras.

La conclusión del trabajo utiliza una analogía futbolística para resumir el escenario actual. Si la estabilidad macroeconómica representa una defensa ordenada, el empleo formal y los ingresos constituyen la capacidad ofensiva de una economía. En otras palabras, mantener el equilibrio fiscal y controlar la inflación son condiciones necesarias, pero insuficientes, para mejorar el bienestar social si no se generan oportunidades laborales capaces de sostener el crecimiento del consumo y la movilidad económica de los hogares.

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El agro empuja la recuperación: el PBI creció 2,3% en el primer trimestre, pero la industria sigue sin encontrar piso

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La economía argentina comenzó 2026 con números positivos, aunque con señales de una recuperación todavía heterogénea. Según el último informe de Cuentas Nacionales del INDEC, el Producto Interno Bruto (PIB) registró un crecimiento de 2,3% interanual durante el primer trimestre del año y avanzó 0,7% respecto del trimestre anterior en términos desestacionalizados.

Detrás de ese resultado aparece una característica cada vez más marcada del actual ciclo económico: mientras los sectores vinculados a los recursos naturales, la energía y los servicios muestran una dinámica expansiva, la industria manufacturera continúa exhibiendo dificultades para recuperar niveles de actividad, transformándose en uno de los principales frenos del crecimiento agregado.

La mayor contribución positiva al desempeño económico provino de Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, que registró una expansión interanual del 18,1%, aportando más de un punto porcentual al crecimiento total del PIB. El dato confirma el peso estratégico que sigue teniendo el sector agropecuario en la generación de riqueza y divisas, particularmente luego de varios años marcados por eventos climáticos adversos y restricciones productivas.

El desempeño del agro vuelve a poner en evidencia cómo la mejora de las condiciones climáticas y la recuperación de las cosechas se transforman rápidamente en un factor multiplicador para el conjunto de la economía. Provincias productoras como Misiones, con una matriz económica fuertemente vinculada a actividades primarias y forestales, observan estos movimientos con especial atención, ya que suelen impactar sobre la generación de empleo, el transporte, los servicios logísticos y la actividad comercial regional.

Sin embargo, el panorama dista de ser uniforme. La industria manufacturera cayó 1,7% interanual y fue el sector con mayor incidencia negativa sobre el resultado global de la economía, restando 0,24 puntos porcentuales al crecimiento del PIB.

La contracción industrial refleja algunas de las tensiones que atraviesa actualmente el modelo económico. La apertura comercial, la apreciación cambiaria, el elevado costo financiero y la debilidad de la demanda interna continúan afectando a numerosos segmentos manufactureros, especialmente aquellos orientados al mercado doméstico.

La divergencia entre sectores también se observa en otros rubros que mostraron una evolución favorable. Comercio, hoteles y restaurantes, intermediación financiera, construcción y explotación de minas y canteras exhibieron mejoras significativas respecto del mismo período del año anterior, acompañando la recuperación de determinados nichos de inversión y consumo.

En paralelo, la formación bruta de capital fijo mantuvo niveles elevados, un dato que el Gobierno considera clave para sostener la expansión futura de la economía. Las inversiones en construcción, infraestructura y determinados segmentos productivos continúan mostrando dinamismo, aunque todavía de manera concentrada en actividades específicas.

El resultado del primer trimestre ratifica así una tendencia que viene consolidándose desde finales de 2025: la economía argentina crece, pero no todos los sectores participan del mismo modo de esa recuperación. Mientras el agro, la minería y los servicios vinculados a la inversión lideran la expansión, la industria continúa enfrentando desafíos estructurales que limitan una recuperación más homogénea del aparato productivo.

Para las provincias del interior, donde la actividad industrial y las economías regionales tienen un peso determinante, el desafío de los próximos meses será precisamente transformar el rebote estadístico en un proceso sostenido de crecimiento capaz de generar empleo privado y ampliar la base productiva. El dato del PIB ofrece una señal positiva, pero también deja expuesta la principal incógnita del modelo económico actual: si la recuperación podrá derramarse sobre los sectores que todavía permanecen rezagados.

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La inversión volvió a retroceder en abril y enciende una señal de alerta para la recuperación productiva

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La inversión en Argentina volvió a mostrar signos de debilidad durante abril y registró una caída interanual del 11,4%, según el último relevamiento del Índice de Inversión Bruta Interna Mensual (IBIM) elaborado por Orlando J. Ferreres & Asociados. El dato refleja que, pese a la estabilización macroeconómica y la desaceleración inflacionaria, el proceso de recuperación de la economía aún no logra consolidarse sobre bases productivas sólidas.

La medición indica que la inversión total alcanzó los USD 7.278 millones a precios corrientes durante abril, frente a los USD 7.896 millones registrados en igual mes del año pasado. El retroceso estuvo impulsado tanto por la contracción de la inversión nacional como por una menor participación de bienes importados destinados a la producción.

Más allá de la caída interanual, el dato resulta relevante porque se produce en un contexto donde el Gobierno nacional exhibe mejoras en variables financieras clave, como la baja del riesgo país, la recuperación de reservas y la reducción de las tasas de interés. Sin embargo, esos avances todavía no se traducen plenamente en decisiones de inversión de largo plazo por parte del sector privado.

Uno de los sectores más afectados continúa siendo la construcción. El componente vinculado a obras y actividad constructiva volvió a mostrar debilidad, reflejando la persistente retracción de la obra pública nacional y una recuperación todavía insuficiente de los desarrollos privados para compensar ese vacío. En paralelo, el segmento de bienes de capital también exhibe una dinámica más moderada respecto de los niveles observados durante 2025.

El informe muestra que el equipo durable de producción —uno de los indicadores más sensibles para medir la confianza empresarial— registró una disminución interanual, evidenciando que muchas compañías mantienen una estrategia de cautela a la espera de una mayor consolidación del escenario económico.

Para las economías regionales del NEA, la evolución de la inversión resulta un indicador particularmente relevante. Sectores como la forestoindustria, la agroindustria, la logística y el turismo dependen de nuevos desembolsos en infraestructura, maquinaria y tecnología para mejorar competitividad. La persistencia de tasas reales elevadas, sumada a la incertidumbre sobre la velocidad de crecimiento de la demanda interna, continúa demorando algunos proyectos de expansión.

No obstante, el informe también deja entrever algunos elementos positivos. En términos desestacionalizados, la inversión mostró una leve mejora mensual de 0,2%, lo que podría interpretarse como una señal de estabilización luego de varios meses de comportamiento errático.

La incógnita hacia adelante es si la reducción del costo financiero y la reapertura gradual del crédito lograrán revertir la tendencia durante el segundo semestre. La respuesta será determinante para medir la capacidad de la economía argentina de pasar de una etapa de estabilización macroeconómica a una fase de crecimiento sostenido basada en inversión, productividad y generación de empleo privado.

En provincias como Misiones, donde el sector privado concentra gran parte de la actividad económica, la evolución de la inversión será uno de los indicadores clave para evaluar si la recuperación comienza a derramarse sobre la producción, el comercio y los servicios o si continúa limitada a las variables financieras.

La inversión volvió a retroceder en abril según Ferreres by CristianMilciades

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