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El Banco Central resiste la auditoría sobre el oro enviado al exterior

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A casi dos años del primer traslado de lingotes de oro al exterior, el Banco Central mantiene bloqueado el intento de auditoría sobre esas operaciones y tensiona su relación con los organismos de control del Estado. La entidad conducida por Santiago Bausili continúa sin entregar la documentación requerida por la Auditoría General de la Nación (AGN), incluso después de que la Justicia ordenara responder los pedidos de acceso a la información pública.

El episodio no es menor dentro de la arquitectura institucional del país. En juego está la capacidad de los órganos de control vinculados al Congreso para supervisar la administración de las reservas internacionales del Banco Central, uno de los activos más sensibles de la política económica.

Según fuentes vinculadas a la AGN, el organismo aún no recibió precisiones sobre dónde se encuentra el oro enviado al exterior ni bajo qué condiciones se realizó la operación, lo que impide avanzar con el trabajo técnico de auditoría.

La tensión abre una pregunta de fondo: si el Banco Central puede limitar el acceso a la información sobre una operación vinculada a las reservas o si debe someterse plenamente a los mecanismos de control institucional.

Transferencias de lingotes y documentación ausente

El origen del conflicto se remonta a cuatro transferencias de oro realizadas en 2024, que la AGN identificó en la documentación oficial. Las fechas registradas son 18 de junio, 2 de julio, 31 de julio y 13 de agosto de ese año.

En cada envío se trasladaron 250 lingotes de oro.

Cuando el organismo de control intentó iniciar la auditoría, solicitó documentación básica para reconstruir el procedimiento administrativo y financiero de las operaciones. Entre los materiales requeridos se encontraban actas, dictámenes e informes internos.

Sin embargo, el Banco Central no entregó esa información. Según lo reconstruido por fuentes cercanas al proceso, el argumento central de la entidad fue el carácter confidencial y reservado de los expedientes vinculados a las reservas internacionales.

La respuesta del Central introdujo además un elemento inesperado: en notas internas enviadas al organismo de control sostuvo que no existen contratos de colocación de los lingotes con el Banco de Pagos Internacionales (BIS) ni con otros depositarios del exterior, ni en la actualidad ni al cierre de 2024.

La afirmación complica la reconstrucción administrativa de las transferencias y alimenta la controversia sobre el alcance real de la operación.

El límite del control parlamentario

La AGN es el órgano técnico encargado de auditar la administración del sector público y depende institucionalmente del Congreso de la Nación. Por ese motivo, el conflicto con el Banco Central adquiere una dimensión política que excede la discusión técnica.

A fines de 2025, cuando el organismo todavía no tenía completo su cuerpo de auditores, su conducción —encabezada por Juan Manuel Olmos— optó por elevar el caso a la Comisión Bicameral Revisora de Cuentas Mixta del Congreso, sugiriendo que se evaluaran medidas legales para garantizar el acceso a la información.

Ese paso marcó el ingreso formal del conflicto en la arena parlamentaria.

Con la posterior designación de los auditores faltantes, la AGN recuperó plenas facultades institucionales para avanzar con acciones legales destinadas a exigir al Banco Central la documentación necesaria para la auditoría.

Confidencialidad versus control público

El Banco Central sostiene que la información solicitada tiene carácter secreto y confidencial y que se encuentra en expedientes reservados. Bajo ese argumento, el organismo ofreció una modalidad de acceso restringido: permitir que los auditores revisen los documentos desde computadoras del propio Central.

El problema es que esa propuesta impide copiar, fotografiar o tomar notas, lo que en la práctica imposibilita construir evidencia documental para un informe técnico.

Para el equipo de la AGN, esa limitación convierte el acceso en un ejercicio meramente visual, insuficiente para respaldar una auditoría formal.

La discusión gira en torno a un punto clave del sistema de control público: si un organismo auditado puede imponer condiciones que vuelvan impracticable el trabajo de fiscalización.

El argumento final del Banco Central

Cuando la AGN evaluó aceptar parcialmente las condiciones propuestas por el Banco Central, apareció una nueva objeción.

La entidad sostuvo que no existe ningún contrato que pueda ser auditado, lo que según su interpretación dejaría sin objeto el análisis técnico solicitado por el organismo de control.

“Los informes del servicio jurídico del BCRA respecto de cada contrato no se han tenido que elaborar ya que no hay contratos”, indicaron desde el Central.

Ese planteo refuerza el carácter atípico del caso. En operaciones financieras vinculadas a reservas internacionales, la existencia de acuerdos formales suele constituir la base documental para cualquier auditoría posterior.

Antecedentes que tensionan el argumento oficial

Desde la AGN señalan que existen antecedentes recientes que contradicen la negativa del Banco Central.

En 2024, el organismo aprobó el informe titulado “Procedimientos empleados por el BCRA para la administración de reservas internacionales”, una auditoría que incluyó el análisis de la totalidad de las reservas del Central, no solo del oro.

En esa oportunidad, el Banco Central proporcionó la información solicitada para la revisión técnica.

La diferencia de criterios entre aquel proceso y el actual refuerza la percepción dentro del organismo de control de que el conflicto responde más a una decisión institucional que a una limitación operativa.

La intervención judicial

El caso también ingresó en el terreno judicial. El 22 de diciembre del año pasado, la Cámara Contencioso Administrativo Federal ordenó al Banco Central que responda los pedidos de acceso a la información pública relacionados con el traslado de los lingotes.

A pesar de esa resolución, la AGN sostiene que no recibió la documentación necesaria para avanzar con la auditoría.

El incumplimiento o la demora en la respuesta abre un nuevo frente institucional que podría derivar en medidas judiciales adicionales si el conflicto se prolonga.

Un episodio que pone en juego el sistema de control del Estado

Más allá del destino específico del oro, el conflicto expone una discusión más amplia sobre el funcionamiento de los organismos de control en la estructura del Estado.

El Banco Central, por su autonomía institucional, mantiene una posición particular dentro de la administración pública. Pero la AGN tiene mandato constitucional para auditar la gestión de los recursos públicos, incluidas las reservas.

El choque entre ambos criterios deja en evidencia una zona gris del sistema institucional: hasta dónde llega la confidencialidad financiera y dónde comienza el control parlamentario.

Un frente que todavía no se cerró

Con la AGN nuevamente integrada y con el antecedente de una orden judicial vigente, el conflicto parece lejos de resolverse.

En las próximas semanas se definirá si el organismo de control avanza con nuevas acciones legales o si el Banco Central modifica su posición y habilita el acceso pleno a la documentación.

Lo que está en juego no es solo el seguimiento de una operación puntual. También se discute el alcance real de los mecanismos de control sobre uno de los activos estratégicos del país: las reservas internacionales.

La historia, por ahora, sigue abierta.

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Milei admite que sectores de la economía “van a desaparecer” y profundiza su apuesta por el cambio de modelo

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El presidente de Javier Milei admitió que algunos sectores de la economía argentina podrían desaparecer como consecuencia del cambio de modelo económico impulsado por su gobierno, en un contexto de reformas estructurales y apertura de importaciones. La definición, realizada durante una entrevista con la periodista Julieta Tarrés en Fm Now, expone con crudeza la lógica de transformación que guía la estrategia oficial: un proceso de reasignación de recursos que, según el mandatario, beneficiará a los sectores competitivos pero dejará atrás a aquellos que no logren adaptarse.

“Si se está shockeando la economía con reformas estructurales todo el tiempo, no se puede pretender que no haya sectores que desaparezcan”, sostuvo el jefe de Estado. La frase, lejos de ser un comentario aislado, resume el enfoque económico del Gobierno: aceptar costos sectoriales como parte de un rediseño profundo del aparato productivo.

En términos políticos, la definición vuelve a plantear la pregunta que atraviesa el ciclo reformista del Ejecutivo: ¿se trata de una transformación estructural que redefinirá la economía argentina o de un proceso que abrirá nuevas tensiones sociales y productivas?

Reformas estructurales y reasignación de recursos

El planteo presidencial se inscribe dentro de la estrategia económica que el Gobierno viene impulsando desde su llegada al poder, centrada en la liberalización de la economía, la eliminación de distorsiones de precios relativos y una mayor apertura comercial.

Según explicó Milei, el proceso implica una reorganización inevitable de la actividad económica. Algunos sectores se expandirán mientras otros se contraerán, en función de su capacidad de competir en el nuevo esquema.

El Presidente utilizó una comparación histórica para ilustrar ese cambio: cuando apareció la lámpara eléctrica, sostuvo, los fabricantes de velas quedaron en desventaja frente a la nueva tecnología. En la visión oficial, ese tipo de desplazamientos forma parte del progreso económico.

La consecuencia inmediata de ese proceso, reconoció el mandatario, puede incluir contracción de la producción y despidos en los sectores afectados. Sin embargo, el argumento del Gobierno es que esos recursos —capital y trabajo— se trasladarán hacia actividades más dinámicas.

En ese marco, Milei planteó que la reducción de costos y precios generaría un efecto expansivo en otros sectores, capaces de absorber empleo y pagar salarios más altos.

La agenda reformista: 90 cambios en preparación

La afirmación sobre la desaparición de sectores aparece acompañada por otro dato que muestra la dimensión del programa de reformas.

El Presidente reveló que solicitó a cada ministerio un paquete de diez reformas estructurales, lo que configura una agenda potencial de 90 iniciativas en distintos frentes del Estado.

Entre los cambios mencionados figura la modernización laboral, que el Gobierno considera clave para facilitar la movilidad del empleo en una economía en transformación.

La lógica oficial es que un mercado laboral más flexible permitiría la reasignación de trabajadores desde sectores en retroceso hacia actividades en expansión. El argumento también apunta a reducir la informalidad laboral.

En el discurso presidencial, estas reformas forman parte de un objetivo mayor: convertir a Argentina en “el país más libre del mundo” en términos económicos.

Indicadores económicos y narrativa del Gobierno

En su análisis del escenario económico, Milei sostuvo que el programa de reformas ya muestra resultados en indicadores clave.

Según afirmó, desde el inicio de su gestión el Producto Bruto Interno aumentó entre 10% y 10,5%, mientras que la pobreza habría descendido hasta 27 puntos, lo que implicaría 12 millones de personas menos en situación de pobreza.

La narrativa oficial busca consolidar la idea de que el ajuste macroeconómico y la liberalización económica están generando una recuperación estructural.

Ese argumento se vincula también con la defensa del equilibrio fiscal, presentado por el Gobierno como el principal escudo frente a shocks externos.

El contexto internacional y la acumulación de reservas

Milei también analizó el impacto del conflicto en Medio Oriente sobre la economía global y la posición de Argentina.

Según su diagnóstico, el país se encuentra mejor preparado que en ciclos anteriores para enfrentar turbulencias externas, debido al ordenamiento macroeconómico y la eliminación del déficit energético.

El Presidente señaló además que la suba internacional del petróleo y de los granos —entre ellos soja, maíz y girasol— mejora los términos de intercambio de Argentina, al tratarse de bienes exportados por el país.

Ese contexto, afirmó, abre una oportunidad para acelerar la acumulación de reservas internacionales.

El mandatario indicó que en lo que va del año el país ya sumó USD 3.000 millones, lo que representaría el 30% de la meta prevista, incluso en un período considerado estacionalmente neutro para la balanza cambiaria.

De mantenerse la tendencia durante el segundo trimestre, sostuvo, Argentina podría incluso sobrecumplir los objetivos de reservas.

Tensiones potenciales en el proceso de cambio

La admisión de que algunos sectores podrían desaparecer expone el costado más sensible del programa económico del Gobierno.

La reorganización productiva implica, en los hechos, ganadores y perdedores dentro del tejido empresarial y laboral. Sectores protegidos durante décadas enfrentan ahora una apertura comercial más amplia y la eliminación de barreras regulatorias.

El desafío político radica en gestionar ese proceso sin que las tensiones derivadas —pérdida de empleos, reconversión industrial o conflictos sectoriales— se traduzcan en una erosión de la gobernabilidad.

Al mismo tiempo, la apuesta oficial depende de que los sectores dinámicos de la economía —exportaciones, energía, agroindustria o servicios— logren absorber la capacidad productiva desplazada.

Ese equilibrio será uno de los indicadores centrales para medir el éxito o el costo del cambio de modelo.

Un modelo en construcción

Las declaraciones de Milei reafirman el rumbo ideológico y económico del Gobierno: una transformación estructural basada en la liberalización del mercado y la reasignación de recursos productivos.

Sin embargo, el alcance real de esa transformación todavía se está desplegando.

En las próximas etapas del programa reformista —incluidas las iniciativas legislativas que podrían surgir de los paquetes de reformas anunciados— se pondrá a prueba la capacidad del Gobierno para sostener su agenda económica mientras gestiona las consecuencias políticas y sociales del cambio.

El proceso, por ahora, sigue abierto.

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Reservas: la aparente recuperación de dólares esconde una fragilidad estructural

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Las reservas del Banco Central muestran una recuperación parcial en 2026, pero el dato central del momento cambiario argentino va en sentido contrario. Mientras las reservas brutas crecieron cerca de 5.000 millones de dólares en el primer bimestre del año, las reservas netas —según la metodología del FMI— se hundieron hasta los -16.865 millones de dólares al 23 de febrero, el nivel negativo más profundo de la serie reciente.

La diferencia entre ambas cifras expone una tensión clave de la política económica actual: el gobierno logra recomponer parcialmente el stock de reservas contables, pero no logra fortalecer el “poder de fuego” real para enfrentar pagos de deuda o eventuales shocks financieros.

El diagnóstico aparece en un informe del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA) elaborado por Leandro Amoretti y Pablo Manzanelli, que analiza la dinámica de reservas en un escenario marcado por volatilidad internacional, restricciones financieras y alta demanda de dólares.

En términos políticos, el problema no es solo contable. El dato abre una pregunta estratégica para el programa económico: ¿puede sostenerse la estabilidad cambiaria con reservas netas profundamente negativas y fuertes compromisos de deuda en el horizonte inmediato?

El “efecto Trump”, la burbuja financiera y la recomposición parcial

El informe ubica el inicio del actual ciclo en octubre de 2025, cuando se produjo lo que los economistas denominaron el “efecto Trump”. Ese episodio generó una etapa de estabilidad cambiaria que facilitó el ingreso de capitales financieros y la formación de una nueva burbuja especulativa.

El contexto también incluyó un respaldo del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que contribuyó a frenar la corrida cambiaria y a consolidar políticamente al gobierno tras el resultado electoral de ese año.

Sin embargo, ese respaldo externo no alcanzó para resolver el problema estructural del financiamiento. El país no logró regresar plenamente a los mercados internacionales de crédito, por lo que el acceso a dólares quedó restringido a tres fuentes principales: organismos internacionales, acuerdos de préstamo tipo Repo con bancos internacionales y endeudamiento de empresas y gobiernos subnacionales

En ese marco, el Banco Central logró mostrar un incremento de reservas brutas durante los primeros meses de 2026. El informe identifica tres factores principales detrás de esa mejora: aumento del precio internacional del oro, que eleva el valor contable de las reservas. Préstamos Repo con bancos internacionales. Incremento de los encajes bancarios por depósitos en dólares

La compra directa de divisas por parte del Banco Central también contribuyó, aunque en menor medida.

El resultado fue una entrada de más de 10.000 millones de dólares por distintos canales, aunque buena parte de esos fondos se utilizó para cumplir con pagos de deuda externa por 5.272 millones de dólares.

Reservas brutas vs. reservas netas: la brecha que preocupa

La diferencia entre reservas brutas, líquidas y netas se volvió central para interpretar la situación del Banco Central.

Las reservas líquidas, que miden la capacidad inmediata de intervención cambiaria, aumentaron en 3.544 millones de dólares entre fines de 2025 y febrero de 2026.

Pero el indicador más relevante para la solvencia externa —las reservas netas, que descuentan pasivos y obligaciones— siguió deteriorándose.

El resultado fue un rojo de -16.865 millones de dólares, lo que refleja que la acumulación de reservas no alcanza para cubrir los compromisos externos del Estado.

El problema se agrava si se observa la dinámica de deuda. Según estimaciones basadas en la balanza de pagos, los vencimientos de capital e intereses entre 2026 y el tercer trimestre de 2027 superan los 72.000 millones de dólares, incluyendo compromisos públicos y privados.

En ese contexto, la acumulación de reservas se vuelve una pieza clave del programa económico, pero también uno de sus puntos más frágiles.

Dólares que se van: ahorro, turismo y salida de capitales

A la presión de la deuda se suma otro factor estructural: la demanda interna de dólares.

Desde que se liberaron los controles cambiarios para personas físicas en abril de 2025, la compra de divisas para atesoramiento alcanzó 35.601 millones de dólares hasta enero de 2026, con un promedio mensual de 3.560 millones.

Ese nivel representa el promedio mensual más alto del siglo XXI.

El informe también menciona otros factores que presionan sobre la disponibilidad de divisas: aumento de las importaciones, deterioro del superávit comercial, déficit creciente en turismo y servicios y salida de capitales vinculada a operaciones financieras

La combinación de estos elementos refuerza una dinámica conocida en la economía argentina: la valorización financiera puede sostener el tipo de cambio en el corto plazo, pero tiende a deteriorar la cuenta externa en el mediano plazo.

Un frente externo más incierto

El escenario global tampoco ayuda.

El informe advierte que la guerra en Irán incrementa la incertidumbre internacional y podría acelerar el desplazamiento de capitales hacia activos seguros, un fenómeno que históricamente perjudica a las economías emergentes.

En ese contexto, la estabilidad cambiaria lograda tras la crisis de 2025 podría enfrentar tensiones adicionales si se reducen los flujos de capital hacia países periféricos.

Además, el calendario económico local agrega presión. Tradicionalmente, la oferta de dólares del sector agroexportador se debilita durante el segundo semestre, lo que podría tensionar nuevamente el mercado cambiario.

Notas Breves Reservas CIFRA by CristianMilciades

La estrategia económica bajo observación

El informe concluye que la recomposición parcial de reservas observada en 2026 no resuelve el problema estructural de la economía argentina: la brecha externa generada por deuda, demanda de dólares y fragilidad del financiamiento.

El desafío para la política económica es doble. Por un lado, sostener la estabilidad cambiaria que permitió descomprimir la crisis de 2025. Por otro, reconstruir reservas netas suficientes para enfrentar los vencimientos de deuda y eventuales shocks externos.

La dinámica de los próximos meses será clave. Si la demanda de dólares se mantiene elevada y los flujos financieros se vuelven más volátiles, la capacidad del Banco Central para sostener el equilibrio cambiario podría volver al centro de la escena económica y política.

Por ahora, el indicador más relevante sigue marcando una advertencia: las reservas contables crecen, pero el margen real de maniobra continúa en terreno negativo.

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El Banco Central suma US$124 millones y consolida la mayor racha compradora

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La entidad acumula 41 ruedas consecutivas de compras en el mercado oficial y casi US$3.000 millones en 2026. La dinámica fortalece la estrategia cambiaria del Gobierno, aunque las reservas volvieron a caer por factores externos.

Un Banco Central comprador en un contexto global adverso

El Banco Central aceleró este jueves su intervención en el mercado de cambios y compró US$124 millones, en una jornada que extendió la racha compradora a 41 ruedas consecutivas, la más larga desde 2012. La operación consolidó un saldo positivo cercano a US$3.000 millones en lo que va de 2026, en un contexto internacional más volátil por el conflicto en Medio Oriente y el fortalecimiento global del dólar.

El dato no pasó desapercibido en la City. El inicio de marzo suele estar marcado por una mayor demanda minorista de divisas y pagos vinculados a consumos en el exterior, un escenario que habitualmente presiona al mercado cambiario. Sin embargo, la autoridad monetaria logró sostener compras netas y mantener estabilidad relativa en el tipo de cambio, con el dólar minorista promedio vendedor en $1.425,473.

La pregunta que empieza a circular entre analistas es si esta dinámica representa una señal de fortaleza estructural del esquema cambiario del Gobierno o si se trata de una ventana transitoria sostenida por condiciones específicas del mercado.

La dinámica del mercado oficial y el rol central del BCRA

Según el seguimiento de la consultora Facimex, en las primeras tres ruedas de marzo el Banco Central acumuló compras por US$127 millones en el mercado de cambios, distribuidas en US$70 millones el lunes, US$17 millones el martes y US$40 millones el miércoles.

La secuencia se amplió con la intervención de este jueves, que elevó la magnitud de las compras diarias y reforzó una tendencia que el mercado evalúa en dos dimensiones: persistencia y volumen. La continuidad de las intervenciones es clave para medir si el proceso de acumulación de reservas responde a una estrategia sostenida o a condiciones circunstanciales.

En ese sentido, el actual ciclo de 41 ruedas consecutivas de compras en el mercado oficial se convirtió en un indicador político y económico relevante. La última vez que el Banco Central registró una racha comparable fue en 2012, cuando alcanzó 52 jornadas consecutivas.

La comparación adquiere mayor peso porque, al observar la intervención cambiaria en dólares constantes durante las primeras ruedas de cada año, 2026 se ubica entre los tres mejores registros de la última década. El acumulado de US$2.800 millones queda solo por detrás de 2025 (US$3.700 millones) y 2024 (US$6.400 millones).

Los tres registros corresponden al actual ciclo de política económica, un dato que el mercado utiliza para evaluar consistencia y sostenibilidad del esquema cambiario.

Reservas en retroceso y señales mixtas

Pese a las compras, las reservas brutas cayeron US$383 millones y cerraron en US$45.825 millones, perforando nuevamente el umbral de los US$46.000 millones.

La baja respondió principalmente a factores de valuación y compromisos externos. La caída del precio del oro, que retrocedió 1,4%, generó una pérdida cercana a US$200 millones, mientras que los pagos a organismos internacionales sumaron alrededor de US$30 millones.

Este contraste entre compras sostenidas en el mercado oficial y retrocesos en el stock de reservas ilustra una de las tensiones estructurales del frente cambiario: acumular divisas no siempre se traduce de forma inmediata en mayor nivel de reservas, especialmente cuando intervienen factores financieros globales.

Tipo de cambio y tasas: el equilibrio que busca el Gobierno

El tablero cambiario mostró movimientos moderados en las distintas cotizaciones.

El dólar mayorista subió $6,50 y cerró en $1.407, consolidándose por encima de los $1.400, mientras que el dólar minorista en el Banco Nación avanzó 0,4% hasta $1.425. En paralelo, el dólar blue retrocedió a $1.400, con una baja diaria de $15.

En los segmentos financieros, el contado con liquidación (CCL) se ubicó en $1.474,93 y el MEP en $1.432,10, mientras que el dólar tarjeta alcanzó $1.852,50.

Las tasas también forman parte del esquema de estabilización. La TAMAR de bancos privados se ubicó en 31,00% nominal anual y la BADLAR en 28,44%, niveles que el sistema financiero utiliza como referencia para sostener el atractivo relativo de los instrumentos en pesos frente a la dolarización.

Un peso fortalecido y un Tesoro con bajo protagonismo

Otro dato relevante del reporte es el rol limitado del Tesoro en el mercado de cambios. Facimex registró ventas por US$265 millones en enero y estima que en febrero el resultado fue prácticamente neutro.

Según esa reconstrucción, el Tesoro realizó una compra de US$132 millones el 23 de febrero y ventas por US$118 millones entre el 24 y el 26, lo que confirma un protagonismo acotado frente a la intervención del Banco Central.

En ese marco, el peso mostró una fortaleza inusual: las compras de divisas no generaron presiones cambiarias y el tipo de cambio se mantuvo lejos del techo de la banda. Durante el primer bimestre del año la moneda argentina se apreció 3,5%, y en el inicio de marzo sumó 0,5% adicional, convirtiéndose en la moneda emergente con mejor desempeño relativo, incluso en un contexto global de fortalecimiento del dólar.

Un frente cambiario que sigue bajo observación

La dinámica actual ofrece al Gobierno un margen de estabilidad en uno de los frentes más sensibles de la economía. La continuidad de compras del Banco Central, combinada con un tipo de cambio contenido y tasas en niveles positivos, refuerza la narrativa oficial de un esquema cambiario ordenado.

Sin embargo, el escenario externo introduce un elemento de incertidumbre. La guerra en Medio Oriente elevó la aversión al riesgo global y fortaleció al dólar frente a otras monedas, una tendencia que podría trasladar presión a los mercados emergentes.

En ese contexto, la clave para las próximas semanas será observar si la racha compradora del Banco Central logra sostenerse cuando aumenten las tensiones financieras externas o si el actual equilibrio responde a condiciones transitorias del mercado.

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El Banco Central lleva 41 ruedas consecutivas de compras y supera los USD 2.800 millones en 2026

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El Banco Central de la República Argentina acumuló más de USD 2.800 millones en compras de divisas en lo que va de 2026 y encadenó 41 jornadas consecutivas con saldo comprador. Este miércoles sumó otros USD 40 millones en el mercado cambiario, en una rueda con bajo volumen, y llevó el total anual a USD 2.839 millones desde el inicio de la fase 4 del programa monetario en enero.

El dato no es menor: representa cerca del 28% del objetivo oficial para el año y se produce en un escenario de dólar mayorista en baja —cerró en $1.400,50, con retroceso del 1%— y reservas internacionales en USD 46.208 millones. La pregunta que empieza a circular en el mercado es si el ritmo actual consolida un nuevo piso de estabilidad o si depende en exceso de factores estacionales y financieros.

Fase 4, emisión y absorción: el engranaje del esquema monetario

Desde enero, cuando comenzó la cuarta etapa del programa monetario, la autoridad monetaria compró USD 2.839 millones. Solo en febrero acumuló USD 1.555 millones, un salto significativo en la estrategia de acumulación.

Para sostener esas compras, el Central emitió pesos sin esterilizar en el momento de adquirir los dólares. Luego, el Tesoro absorbió parte del excedente a través de colocaciones de deuda en el mercado local. En las últimas licitaciones evitó expandir en exceso la base monetaria para no trasladar presión a los precios.

El presidente del organismo, Santiago Bausili, explicó que la acumulación dependerá de la demanda de pesos y del flujo de dólares hacia el sistema. La meta oficial para 2026 oscila entre USD 10.000 y USD 17.000 millones, según estimaciones oficiales. El margen es amplio y deja claro que el Gobierno condiciona el objetivo a la dinámica de confianza en la moneda local.

El esquema operativo incluye un tope diario de compra equivalente al 5% de las operaciones en el Mercado Libre de Cambios. Además, habilita adquisiciones fuera del mercado mayorista mediante acuerdos directos con compañías e instituciones, con el objetivo de reducir presión sobre la cotización.

Deuda, exportaciones y financiamiento: las fuentes de los dólares

La disponibilidad de divisas provino principalmente de la liquidación de exportaciones del sector agroindustrial y de emisiones de deuda corporativa y subsoberana. Desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, empresas y provincias colocaron alrededor de USD 11.000 millones en obligaciones negociables y bonos.

Ese flujo fortaleció la oferta en el mercado y permitió al Banco Central intervenir sin forzar la cotización. En paralelo, el Tesoro compró dólares a la autoridad monetaria para afrontar compromisos externos, lo que moderó el impacto neto sobre las reservas.

A comienzos de semana, el Central pagó USD 1.004 millones correspondientes a los Bonos para la Reconstrucción de la Argentina Libre (Bopreal), un instrumento diseñado para que empresas con deudas comerciales externas regularicen compromisos con proveedores. El pago tensionó el stock, pero no alteró la tendencia general de acumulación.

A fines de febrero, las reservas habían alcanzado USD 46.905 millones, el nivel más alto desde el inicio del gobierno de Javier Milei y el mayor en más de seis años.

Tipo de cambio y banda: margen de maniobra

El dólar mayorista cerró este miércoles en $1.400,50, 214,02 pesos por debajo del techo de la banda cambiaria fijado en $1.614,52. Es decir, el tipo de cambio oficial se ubica 15,2% debajo del límite superior del esquema.

El volumen operado en contado fue de USD 331,5 millones, inferior al promedio reciente. La combinación de menor demanda y oferta sostenida permitió sostener el sendero descendente sin intervención agresiva. Para fin de mes, el techo de la banda se proyecta en torno a los $1.654.

El Gobierno observa esa brecha como un colchón de credibilidad: mientras el dólar se mantenga lejos del límite, el esquema luce administrable. Pero ese margen también depende del ingreso de divisas y del apetito por instrumentos en pesos.

Correlación económica y agenda política

En términos políticos, la acumulación de reservas fortalece al equipo económico. Mejora la capacidad de pago de deuda, reduce vulnerabilidad externa y otorga margen frente a eventuales shocks. También consolida la narrativa oficial de estabilización tras la volatilidad inicial del programa.

Sin embargo, el mecanismo no es neutro. La emisión para comprar dólares requiere coordinación fina con el Tesoro para evitar que el excedente presione la inflación. La estrategia descansa en un delicado equilibrio entre absorción monetaria, financiamiento en pesos y confianza cambiaria.

La acumulación ya superó un cuarto de la meta anual. El desafío será sostener el ritmo cuando la estacionalidad de exportaciones pierda fuerza y cuando el calendario de deuda exija nuevas salidas de divisas.

Por ahora, el Banco Central compra, el dólar retrocede y las reservas crecen. El mercado observa si la secuencia responde a un ciclo virtuoso consolidado o a una ventana favorable que aún debe atravesar pruebas más exigentes.

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