Retenciones

El trigo explica menos del 7% del precio del pan

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La Sociedad Rural Argentina salió a fijar posición en medio del debate por el precio del pan y buscó despejar cuestionamientos sobre la incidencia del trigo en el valor final que paga el consumidor en la panadería.

Desde la entidad remarcaron que actualmente el valor del trigo representa apenas el 6,7 por ciento del precio final de un kilo de pan, lo que equivale a menos de una décima parte del valor abonado por el consumidor.

Según explicaron, el precio del pan se conforma a partir de múltiples factores a lo largo de toda la cadena de valor, donde intervienen impuestos, costos laborales, logística, energía, alquileres y la estructura comercial, elementos que impactan directamente en los márgenes de cada eslabón y, en consecuencia, en las decisiones de precios.

En ese marco, sostuvieron que las variaciones en el precio del trigo tienen una incidencia limitada sobre el valor final del pan, por lo que consideran incorrecto atribuir al productor agropecuario la principal responsabilidad por los aumentos.

La entidad también señaló que entre comienzos de 2024 y la actualidad la participación del trigo en el precio del pan cayó del 10 por ciento al 6,7 por ciento, en un contexto de menor intervención sobre el mercado y con una reducción de los derechos de exportación, que pasaron del 12 por ciento al 7,5 por ciento.

Para la Sociedad Rural Argentina, un análisis adecuado debe contemplar el funcionamiento integral de todos los eslabones que conforman la cadena de valor, evitando simplificaciones que terminan asignando responsabilidades que no reflejan la dinámica real del sector.

Finalmente, desde la entidad reafirmaron que el campo argentino continuará produciendo, invirtiendo y generando empleo en todo el país, y consideraron fundamental consolidar un entorno que incentive la producción, la inversión y el funcionamiento pleno de los mercados, en beneficio de toda la cadena y también de los consumidores.

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El BID revela que el Estado captó 15,6% del ingreso agrícola en 2024 y profundiza la brecha con la región

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Un informe de Banco Interamericano de Desarrollo, a través de su plataforma Agrimonitor, estimó que en 2024 —primer año del gobierno de Javier Milei— el Estado argentino se apropió del 15,6% del ingreso de las empresas agrícolas. En términos absolutos, la transferencia alcanzó los 9.279 millones de dólares, configurando un esquema donde el sector financia al fisco en lugar de recibir asistencia.

El dato introduce una tensión estructural en la política económica: mientras el Gobierno impulsa una agenda de desregulación y apertura, el agro continúa operando bajo un régimen de extracción neta de recursos.

Un indicador que mide subsidios… y en Argentina, extracción

El indicador utilizado, denominado Estimado de Apoyo al Productor (EAP), suele reflejar el nivel de subsidios que los Estados destinan al sector agrícola. Sin embargo, en el caso argentino presenta signo negativo, lo que implica una transferencia desde el sector privado hacia el Estado.

Según el informe, este resultado se explica “en gran medida” por los derechos de exportación, que funcionan como principal mecanismo de captación de renta en la cadena agroindustrial.

Argentina consolida un esquema inverso al de la región

La comparación internacional muestra un diferencial significativo:

  • En Brasil, el gobierno transfirió US$ 16.200 millones al agro en 2024
  • Uruguay registró un apoyo de US$ 291 millones
  • Chile, US$ 355 millones
  • Paraguay, US$ 28 millones

En términos relativos, el contraste es aún más marcado: mientras Brasil destina un 7,5% del ingreso del sector como apoyo, Argentina presenta un -15,6%, es decir, una extracción equivalente.

El dato posiciona al país como una excepción dentro del Mercosur y la región.

Presión fiscal sobre el agro y límites del modelo

Desde una lectura de poder, el informe expone una contradicción dentro del esquema económico: el agro sigue siendo una fuente central de recursos fiscales, incluso en un contexto de reformas orientadas al mercado.

El nivel de extracción registrado en 2024 es superior al de 2023 (US$ 6.129 millones), aunque menor a los picos de 2021 y 2022, cuando superó los US$ 13.000 millones. Esto sugiere una moderación relativa, pero no un cambio estructural.

El dato también refuerza la centralidad del sector agropecuario en la sostenibilidad fiscal del Estado.

La apropiación de ingresos por parte del Estado tiene efectos directos sobre el funcionamiento del sector: Reduce el capital de trabajo disponible. Condiciona decisiones de inversión. E impacta en la competitividad frente a otros países

En un escenario donde otros países subsidian o apoyan al agro, la estructura argentina introduce un diferencial de costos que puede afectar la expansión productiva.

Tensión entre recaudación y competitividad

El dato del BID instala una discusión que excede el corto plazo: hasta qué punto el esquema de captación de recursos del agro es compatible con una estrategia de crecimiento sostenido.

Las variables a observar serán la evolución de los derechos de exportación, la rentabilidad del sector y la capacidad del Gobierno para equilibrar necesidades fiscales con incentivos productivos.

El número es claro. Lo que queda abierto es cómo se resuelve la tensión entre caja y desarrollo.

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La recaudación cae por noveno mes y presiona el equilibrio fiscal del Gobierno

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Un análisis del presidente del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), Nadin Argañaraz muestra que la recaudación tributaria nacional volvió a caer en términos reales en abril y extendió a nueve meses consecutivos la tendencia negativa. Según datos oficiales de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), los ingresos alcanzaron los $17,4 billones, con una suba interanual nominal del 27,2%, pero insuficiente frente a la inflación estimada, lo que derivó en una contracción real.

El dato central no es mensual sino acumulativo: en los primeros cuatro meses de 2026, la recaudación crece 23,8% nominal, pero cae -6,7% en términos reales. La señal es consistente con una economía que pierde dinamismo y plantea un desafío directo para la estrategia fiscal del Gobierno.

Ingresos en retroceso y tensión fiscal

La recaudación es uno de los pilares del esquema fiscal. Su deterioro sostenido refleja, según los datos, dos factores simultáneos: menor actividad económica y decisiones de política tributaria.

El informe oficial señala que los ingresos continúan afectados por el frente externo, en particular por la reducción de alícuotas de derechos de exportación para productos clave como soja, trigo y maíz, junto con una desaceleración de importaciones. En términos concretos, esto implica menos recursos para el Estado en un contexto donde la consistencia fiscal sigue siendo un objetivo central.

Caída generalizada con focos de compensación

El comportamiento de los principales tributos muestra un cuadro heterogéneo, pero con predominio de caídas reales:

  • IVA: recaudó más de $6 billones, con suba nominal del 28,3%, pero caída real cercana al 3%. El dato expone el enfriamiento del consumo interno.
  • Ganancias: alcanzó $3,1 billones, con incremento nominal del 28%, aunque también con caída real (3,2%), limitada por menores retenciones y ajustes en liquidaciones.
  • Derechos de exportación: registraron el mayor impacto negativo, con una caída real significativa, explicada por la baja de alícuotas.

En contrapartida, algunos tributos vinculados a la nominalidad o a decisiones impositivas específicas mostraron mejoras:

  • Impuesto al cheque: subió 35,1% nominal, con leve crecimiento real.
  • Combustibles: avanzó 74,1% nominal, impulsado por actualizaciones del tributo.

El cuadro general indica que los aumentos no alcanzan a compensar la caída de los tributos más relevantes en términos de volumen.

La persistencia de la caída real en la recaudación condiciona el margen de maniobra del Gobierno. La combinación de menor ingreso y compromiso de orden fiscal genera una tensión estructural: sostener el equilibrio con menos recursos.

En términos de poder, el escenario fortalece el peso de las decisiones de política tributaria —como la reducción de retenciones— y traslada presión hacia la administración del gasto. Al mismo tiempo, expone la dependencia del esquema fiscal respecto del nivel de actividad económica.

Consumo, exportaciones y actividad

Los datos permiten una lectura directa sobre la economía real: La caída del IVA sugiere menor consumo. La debilidad en Ganancias refleja menor dinamismo en ingresos y utilidades. El retroceso en derechos de exportación combina efecto precio, volumen y cambios normativos. Y la desaceleración de importaciones evidencia menor nivel de actividad o ajuste en el comercio.

En conjunto, la recaudación funciona como termómetro: los ingresos fiscales retroceden porque la economía pierde tracción.

En provincias del NEA, donde el consumo interno y las economías regionales tienen peso, la caída del IVA y de tributos asociados al comercio puede traducirse en menor circulación económica.

Asimismo, los cambios en derechos de exportación sobre productos agropecuarios —aunque no específicos de la región— forman parte del esquema que redefine incentivos productivos a nivel nacional, con posibles efectos en cadenas vinculadas.

Recaudación, actividad y política fiscal

La continuidad de la tendencia abre interrogantes sobre la sostenibilidad del esquema fiscal en los próximos meses. Variables clave a observar serán la evolución de la actividad económica, el impacto pleno de las modificaciones impositivas y la capacidad del Gobierno para compensar la caída de ingresos.

Si la recaudación no logra revertir la tendencia, el desafío no será sólo técnico, sino político: administrar un programa económico con menor margen fiscal en un contexto aún inestable.

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La recaudación crece en nominal pero cae en términos reales y expone el costo fiscal de la baja de retenciones

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La recaudación tributaria de abril alcanzó los $17.400.833 millones, con una suba interanual del 27,2%, según datos oficiales. Sin embargo, al descontar el efecto de la inflación, los ingresos del Estado registraron una caída real del 4%, encadenando nueve meses consecutivos de retroceso. El dato, difundido este 4 de mayo por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), refleja una dinámica fiscal condicionada por la actividad económica y por decisiones de política tributaria.

El número sintetiza una tensión central: el Gobierno logra sostener ingresos nominales en crecimiento, pero pierde capacidad recaudatoria en términos reales en un contexto de reformas impositivas y menor aporte del comercio exterior.

Reformas tributarias y menor aporte externo

El desempeño de abril se explica, en parte, por cambios en la estructura impositiva. Según el informe oficial, la recaudación continúa “incidida negativamente por los menores ingresos vinculados al comercio exterior”, producto de dos factores: la desaceleración de las importaciones y la reducción de alícuotas en los derechos de exportación, especialmente en productos clave como soja, trigo y maíz.

Esa decisión implica un costo fiscal directo. Los derechos de exportación registraron una caída interanual del 13,3%, con ingresos por $574.547 millones. La baja de alícuotas —detallada en el informe— redujo la carga sobre el sector agroexportador, pero también recortó recursos del Estado.

En paralelo, la dinámica de importaciones también condicionó la recaudación. Los derechos de importación crecieron 15,8%, pero desde una base elevada y con impacto negativo de medidas como la utilización de créditos fiscales para cancelar tributos.

Crecimiento desigual entre impuestos

El mapa tributario muestra comportamientos heterogéneos. El IVA —principal fuente de ingresos— recaudó $6.049.934 millones, con una suba nominal del 28,3%. Sin embargo, el componente aduanero creció menos (21,6%), reflejando el menor dinamismo del comercio exterior.

El impuesto a las Ganancias aportó $3.136.961 millones (+28,0%), mientras que el tributo a los débitos y créditos bancarios —considerado un termómetro de la actividad— avanzó 35,1%, alcanzando $1.426.170 millones.

Los recursos de la Seguridad Social, por su parte, sumaron $4.552.872 millones (+26,6%), aunque el incremento nominal no logra compensar la inflación, lo que sugiere una caída en términos reales.

En contraste, Bienes Personales mostró una suba más moderada (12%), con $65.783 millones recaudados.

En Derechos de Exportación se obtuvieron $ 574.547 millones con una variación interanual negativa de -13,3%. Por otra parte, por Derechos de Importación y otros, ingresaron $ 588.298 millones con una variación interanual de 15,8%. 

El esquema revela una redistribución de cargas dentro del sistema tributario. La reducción de retenciones favorece al complejo agroexportador —uno de los principales generadores de divisas—, pero reduce ingresos fiscales en el corto plazo.

Al mismo tiempo, el peso de la recaudación se sostiene sobre impuestos vinculados al consumo (IVA) y a la actividad financiera (débitos y créditos), lo que traslada parte del esfuerzo tributario hacia la economía interna.

Desde la perspectiva del Gobierno, la estrategia combina estímulo sectorial con disciplina fiscal. Sin embargo, la persistencia de caídas reales en la recaudación introduce una restricción: limita el margen para sostener el equilibrio de las cuentas públicas sin ajustes adicionales.

Señales mixtas de actividad

Los datos tributarios funcionan como proxy de la economía real. El crecimiento del impuesto al cheque por encima del promedio sugiere cierta reactivación en la operatoria corriente, mientras que el desempeño del IVA indica un consumo que no logra despegar en términos reales.

La Seguridad Social aporta otra señal: el incremento nominal, por debajo de la inflación, refleja tensiones en el mercado laboral, ya sea por menor empleo registrado o por pérdida de poder adquisitivo.

En conjunto, el cuadro es de estabilidad nominal con fragilidad real.

Para economías como Misiones y el NEA, el comportamiento de la recaudación tiene impacto indirecto pero relevante. La menor recaudación vinculada al comercio exterior puede afectar la masa de recursos coparticipables, mientras que la evolución del IVA y la Seguridad Social incide en la dinámica del consumo y el empleo regional.

La baja de retenciones, en tanto, podría tener efectos positivos sobre sectores productivos vinculados al agro, aunque el impacto concreto dependerá de la transmisión a precios y niveles de actividad.

Informe Recaudación Tributaria de Abril by CristianMilciades

Sostenibilidad fiscal bajo presión

Con ingresos acumulados por $68 billones en el primer cuatrimestre (+23,8% interanual), la recaudación mantiene una trayectoria nominal ascendente. Sin embargo, la continuidad de caídas reales plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del esquema fiscal.

Entre las variables a observar aparecen la evolución de la actividad económica, el impacto pleno de las reformas tributarias y el comportamiento del comercio exterior. A esto se suma un dato clave: cambios normativos recientes —como la eliminación de impuestos internos— comenzarán a impactar con mayor fuerza en los próximos meses.

El resultado fiscal dependerá, en buena medida, de cómo se reconfigure ese equilibrio entre alivio impositivo, nivel de actividad y capacidad de recaudación.

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Misiones reclama baja de retenciones para granos

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La discusión por la competitividad de Misiones sumó un nuevo capítulo en la Legislatura provincial. El diputado Juan José Szychowski presentó un proyecto de comunicación para que la Cámara de Representantes solicite al Poder Ejecutivo nacional una reducción de los derechos de exportación aplicados a los granos producidos en la provincia, bajo el argumento de que Misiones enfrenta condiciones estructuralmente más desfavorables que las regiones agrícolas centrales del país.

La iniciativa plantea que Nación contemple las particularidades agroecológicas, logísticas y geográficas de Misiones, una provincia que no compite en igualdad de condiciones con la Pampa Húmeda ni con los grandes polos exportadores del centro del país.

El texto solicita expresamente que “el Poder Ejecutivo nacional, con el fin de mejorar la competitividad, reduzca los derechos de exportación de granos producidos en la Provincia de Misiones, contemplando las condiciones agroecológicas con respecto a otras regiones agrícolas del país, la lejanía de los puertos exportadores y las características geográficas de frontera internacional de la provincia” .

Szychowski fundamenta que Misiones presenta una situación singular dentro del mapa productivo argentino: más del 90% de sus límites son internacionales, lo que expone de manera directa a la provincia a la competencia fiscal, comercial y cambiaria con Paraguay y Brasil.

Además, sostiene que las condiciones agroecológicas locales difieren fuertemente de las zonas agrícolas centrales, especialmente de la Pampa Húmeda, donde los rendimientos son significativamente mayores y la cercanía a los principales puertos reduce de manera sustancial los costos logísticos.

Uno de los ejes centrales del proyecto es precisamente el sobrecosto logístico. Según el documento legislativo, Misiones enfrenta costos adicionales estimados entre un 20% y un 30% respecto de las regiones centrales del país. Esa brecha responde a múltiples factores: la alta dependencia del transporte terrestre, el deficiente estado y mantenimiento de la red vial nacional, la distancia hacia los puertos exportadores y la falta de operatividad plena del sistema ferroviario de cargas.

En ese contexto, el legislador advierte que la combinación entre esas limitaciones estructurales y las retenciones nacionales encarece aún más los costos de producción y reduce sensiblemente la competitividad del agro misionero.

“El esquema actual termina castigando a provincias periféricas que producen en condiciones mucho más complejas que las zonas núcleo. No se trata de privilegios, sino de corregir asimetrías históricas”, es la lógica que sostiene el planteo parlamentario.

El proyecto también remarca que una eventual reducción de derechos de exportación para Misiones no implicaría una caída significativa de la recaudación nacional, ya que actualmente muchos de estos cultivos no logran desarrollarse plenamente justamente por falta de competitividad.

Por el contrario, Szychowski sostiene que una política diferenciada permitiría incentivar la producción, generar empleo formal, atraer inversiones y potenciar la actividad agropecuaria, industrial y exportadora de la provincia.

“Estas asimetrías justifican la necesidad de promover políticas diferenciadas para nuestra provincia”, señala el texto legislativo, que considera estratégica una rebaja de retenciones como herramienta para fortalecer el desarrollo productivo regional.

El planteo se inscribe en una agenda más amplia que Misiones viene sosteniendo frente a Nación: la necesidad de reglas fiscales especiales para una provincia de frontera que compite diariamente con economías vecinas más agresivas en términos tributarios y logísticos.

La discusión no es nueva, pero vuelve a tomar fuerza en un contexto de fuerte presión sobre los costos, caída de la rentabilidad productiva y una creciente demanda de medidas que mejoren la competitividad estructural del interior profundo.

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