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Passalacqua pidió unidad y reclamó más atención de Nación: “Misiones quiere ser escuchada”

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El gobernador Hugo Passalacqua encabezó en San Ignacio el acto central por el 216° aniversario de la Revolución de Mayo, en una ceremonia cargada de símbolos patrióticos, mensajes políticos y reivindicaciones históricas vinculadas al federalismo y al rol de Misiones dentro de la Argentina.

El mandatario provincial utilizó la fecha patria para enviar un mensaje de unidad, pero también de firme reclamo político hacia Buenos Aires. “En situaciones complejas tenemos que estar juntos. En momentos difíciles tenemos que estar unidos. Ese fue el mandato de la Revolución de Mayo”, sostuvo Passalacqua durante su discurso ante autoridades provinciales, municipales, fuerzas de seguridad, representantes judiciales y vecinos de San Ignacio.

El Gobernador apeló al legado histórico de la Revolución de Mayo para reforzar una idea de cohesión social y política en tiempos de dificultades. En esa línea, remarcó que la Argentina necesita “progreso, pero sin atentar contra la identidad”, en una definición que dialoga con el histórico discurso misionerista de defensa de los intereses provinciales.

Uno de los pasajes más fuertes llegó cuando el mandatario reclamó mayor consideración del Gobierno nacional hacia las provincias del interior, especialmente Misiones.

Queremos ser escuchados sobre todo por el Puerto de Buenos Aires, que no se comporta bien con nosotros y hay que decirlo. Es una revolución inconclusa”, afirmó.

Luego profundizó el planteo con un mensaje directo hacia la administración central: “Me dirijo al Poder Central para decirles: mírennos con más atención, para eso creamos la Nación, para que nos cuide y nos haga crecer”.

La referencia no pasó desapercibida en un escenario donde Misiones viene reclamando desde hace meses mayores compensaciones por asimetrías fronterizas, pérdida de recursos coparticipables y políticas nacionales que impactan sobre las economías regionales.

Passalacqua estuvo acompañado por autoridades provinciales, municipales, judiciales y militares, y numerosos habitantes de la localidad y alrededores. La jornada incluyó homenajes patrióticos, presentaciones artísticas y el tradicional desfile cívico-militar. El mandatario resaltó el valor histórico de la fecha, y reiteró su compromiso de trabajar por Misiones y por una Argentina unida, solidaria y próspera.

La actividad comenzó con el saludo a la Milicia Patriótica y al cordón de honor de la Policía de Misiones, a cargo del Oficial Principal Sebastián Atamañuk. Luego, acompañado por las autoridades presentes, el mandatario provincial rindió honores a la Bandera de Guerra y a la Agrupación 25 de Mayo.

Posteriormente, en homenaje a los hombres y mujeres que hicieron posible “que hoy seamos un pueblo libre y soberano”, las autoridades realizaron el depósito de una ofrenda floral, acompañado por un minuto de silencio y disparo de salvas. El Himno Nacional Argentino fue ejecutado por la Banda del Servicio Penitenciario Provincial. Mientras que la agrupación musical “La Melchora”, dependiente del Ministerio de Cultura, interpretó la canción oficial de Misiones, Misionerita.

Durante la ceremonia también se interpretó la canción oficial del municipio, “A San Ignacio”, con letra y música de la profesora e historiadora Hilda Vandendorp. La invocación religiosa estuvo a cargo del padre Sebastián Escalante. Además, la alumna Isabella Vaccari, de 7° grado de la Escuela N.° 74, realizó una recitación poética antes de las palabras del gobernador.

Más adelante, el intendente Esteban Romero entregó un obsequio al gobernador, quien a su vez, hizo entrega de un lapacho al jefe comunal. También, la Escuela de Danzas Nativas “Ecos de Tradición” interpretó el Pericón Nacional. Finalmente, las banderas de ceremonia y la Bandera de Guerra se ubicaron al frente de la formación para dar comienzo al desfile cívico-militar.

El legado de Misiones

Passalacqua evocó la gesta del Primer Gobierno Patrio y el papel de los próceres Manuel Belgrano, Juan José Antonio Castelli y Domingo French. “El 25 de Mayo es la fiesta más antigua de la Argentina. Se empezó a festejar en 1811, y todos los años nos juntamos los argentinos, como hoy en San Ignacio, a decirle a la Patria que estamos y qué vamos a continuar ese legado”, enfatizó.

En ese marco, dio cuenta de la frase de Castelli que dice: “el poder está en la gente, no está arriba, el poder está en la gente”. “Con esa definición de Castelli se toma la resolución de crear la Revolución, de consolidarla. Acá hay una revolución, porque el poder del rey se pasa al pueblo. Esa fue la transmisión de poder que significó la Revolución de Mayo”, agregó.

Además, resaltó que este hecho histórico nos demuestra “que en situaciones complejas tenemos que estar juntos. En momentos difíciles tenemos que estar unidos. Ese fue el mandato de la Revolución de Mayo: cambio con unidad, todos juntitos. Y hoy, que el país está en dificultades, necesitamos, como dice la canción de San Ignacio: ir hacia adelante con el progreso, pero sin atentar contra la identidad”

Del mismo modo, recalcó que “los misioneros fuimos la primera provincia que adhirió a la Revolución de Mayo” bajo el mandato del gobernador Tomás de Rocamora. “Somos un pueblo rebelde, somos un pueblo que quiere que la voz del pueblo se escuche”.

En ese aspecto, declaró que los misioneros “queremos ser escuchados sobre todo por el Puerto de Buenos Aires, que no se comporta bien con nosotros y hay que decirlo. Es una revolución inconclusa. Si queremos ser aquellos revolucionarios, debemos pedir al poder central que nos mire con mayor atención. Somos una provincia de gente que trabaja todo el día en los pueblos, en las chacras”.

“Esto lo pedimos desde acá, con toda humildad, y lo pide este simple gobernador de una provincia pequeña, modesta y orgullosa. Por eso, me dirijo al Poder Central para decirles: mírennos con más atención, para eso creamos la Nación, para que nos cuide y nos haga crecer. Ese es el legado, ese es el mandato de la Revolución de Mayo. Si no, es solamente una reunión festiva para ver un desfile, y es mucho más que eso”, puntualizó.

Por último, instó a la ciudadanía a “rehacer y recomprometernos con aquella revolución que soñó con aquel momento las Provincias Unidas y una Argentina próspera, solidaria, amable, sin odios, sin divisiones, unidos y todos juntos. Eso lo siento en la atmósfera y en la mirada de los misioneros que me indican que ese es el camino correcto. Es el camino que emprendimos los misioneros en ese junio de 1810 en Candelaria, y que sigue hoy acá en San Ignacio, como personas libres y felices. Por eso, queridos vecinos, sepan que tienen en este modesto gobernador un soldadito para pelear por los intereses de Misiones ¡Que viva la Patria!”. 

El acto contó con la presencia del Intendente, Esteban Romero; el ministro coordinador de Gabinete, Carlos Sartori; el jefe de Policía de Misiones, Sandro Martínez; la directora general del Servicio Penitenciario Provincial, Valeria Mereles; el comandante de la XII Brigada de Monte del Ejército Argentino en Posadas; el Coronel Carlos Rodrigo Surraco; el ministro del Superior Tribunal de Justicia, Rubén Uset; los representantes del Gobierno y fuerzas de seguridad de Itapúa (Paraguay), Hugo Servin y Roberto Ferreiro; además de ministros del Poder Ejecutivo Provincial, fuerzas de seguridad, empleados municipales, estudiantes, docentes y vecinas y vecinos de la localidad y localidades cercanas.

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(R)evolución de Mayo

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¿Tanta gloria puede entrar en un país de más de 45 millones de habitantes? Campeones del mundo, destacados en ciencia, literatura, automovilismo, música, fútbol, y cuantas argentinidades más. Toda esa genialidad contenida del argentino es parte de un proceso amplio de construcción de su identidad. Inquieta y rebelde, con ansias independentista, un poco del sentimiento que por 1810 sumergía a los futuros miembros de la Primera Junta.

¿El pueblo quiere saber?

Durante muchas décadas, la enseñanza de la historia oficial acerca de la Revolución de Mayo se basó en una serie de mitos que concentraron a la figura heroica de miembros como Belgrano, Paso y Saavedra, entre otros, ensalzando una gesta cargada de emotividad y de conceptos épicos, como la lluvia y el pueblo en las calles.

Lo cierto de todo ello es que se gozó de la construcción de un relato que fue suficiente para generar un símbolo de unidad e identitario en el proceso de construcción del Estado argentino durante el siglo XIX. Mitre y sus cercanos sabían eso y lo ejecutaron de dicha manera. Aunque hoy, el revisionismo histórico y las amplias formas de acceder al conocimiento a partir de la hiperconectividad, son herramientas suficientes como para entender un poco mejor el devenir revolucionario de Mayo de 1810.

No fue una revolución demasiado popular como otras que podrían mencionarse en el vasto mundo de la historia universal. Revoluciones como la rusa o la francesa gozaron de una conjunción de sectores de clase para poder derrocar a un enemigo común, materializado en las monarquías. Sin embargo, la Revolución de Mayo casi que vino de rebote y con oportunismo. En 1808, Fernando VII es capturado por Napoleón, poniendo en jaque sus dominios. Esta situación en el extranjero posibilitó, sumado a una serie de críticas de los porteños por el uso del puerto de Buenos Aires que estaba destinado al único comercio con España, a un estallido institucional que tuvo como resultado la huida del Virrey Cisneros y la posterior generación de un primer gobierno patrio incipiente.

El pueblo tampoco estaba en las calles ni estaba muy enterado de lo que pasaba. La imagen de los paraguas que se replicaban en la plaza de Mayo es irrisoria. Verdaderamente hubo un cambio institucional con ansias de independencia más que una revolución. Peleas internas tuvieron lugar entre saavedristas y morenistas. Entre seguir siendo parte de España o romper los lazos. Belgrano quería un rey inca. Confusión hasta en la propia proclama. Sin embargo, acá estamos, 215 años después, productos más de una evolución que de una revolución.

Los argentinos somos eso: evolución constante. Un pueblo dinámico y con tendencia a la alternancia. Quizás los acontecimientos de Mayo de 1810 calaron hondo en la memoria colectiva o en el inconsciente que forma parte del ser nacional, heredando el oportunismo, los intereses propios y la picardía de saber levantarse cuando es el momento indicado. Más que revolución, una evolución de un pueblo que desde el vamos presentó grietas que se fueron resignificando con las etapas históricas y donde, pareciera ser que la última palabra siempre la tuvo Buenos Aires.

La otra “Revolución”

Es cierto que los acontecimientos de Mayo de 1810 abrieron las puertas a un proceso histórico que decantó con la ansiada independencia del 9 de julio de 1816. En el medio, la extensión de los hechos, guerras y la creación incipiente de las primeras instituciones propias. Sin embargo, hubo una gesta paralela y con un carácter aún más federal que la Revolución de Mayo y la Independencia.

Un año antes del Congreso de Tucumán, exactamente el 29 de julio de 1815, tuvo lugar el Congreso de los Pueblos Libres, también conocido como Congreso de Oriente. El mismo se realizó en Concepción del Uruguay, actual territorio de Entre Ríos y estuvo encabezado por José Gervasio Artigas. Ese gran caudillo tuvo una idea de Estado o de al menos de gobernar distinto al Centralismo porteño, en donde el protagonismo pasaba por las provincias que formaban parte de la Liga de los Pueblos Libres (Actual territorio de Uruguay, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fé y parcialmente Córdoba).

Este congreso sentó las bases de la declaración de independencia de España y de cualquier otra potencia extranjera, poniendo en el centro a la autodeterminación de los pueblos. Otro tema de suma importancia era la creación de un mercado común regional y el impulso de una reforma agraria profunda. Esta última hablaba de la redistribución de las tierras confiscadas a enemigos en manos de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, algo muy innovador para la época. Y finalmente, pero no menos importante, hablaba de la soberanía particular de los pueblos, algo ponderado más adelante, pero que en 1815 hacía un ruido enorme y ponía a las provincias en el centro de la escena. Toda esta intentona no llegó a buen puerto por traiciones internas y el asedio portugués, pero, sin lugar a dudas, fue un hecho absolutamente revolucionario.

La Revolución de Mayo fue un hito importantísimo en la región pero no por el hecho en sí, sino por los caminos que abrió luego, incentivando a la región a marcar procesos independentistas (propios y ajenos), hasta la idiosincrasia de las provincias pero, por sobre todo, marcando el pulso del argentino actual. Tras 215 años, ¿cómo vería Belgrano al país? Sería contrafáctico poder aseverar algo con total claridad, aunque sí es algo que es seguro, y es que aún vería muchas contradicciones que en Mayo de 1810 estaban presentes, y donde una puja por el dominio del puerto de Buenos Aires se terminó transformando en un país con el eterno y profundo sueño de ser una potencia mundial. Argentina, no lo entenderías.

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