Riesgo país

Deuda externa: el Gobierno muestra superávit externo, pero el stock vuelve a crecer

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El último dato del Indec sobre la balanza de pagos del cuarto trimestre de 2025 dejó una señal ambivalente para la estrategia económica del Gobierno: mientras la cuenta corriente registró un superávit de USD 2.294 millones y la economía mostró un préstamo neto de USD 2.285 millones, la deuda externa volvió a crecer y alcanzó los USD 320.305 millones. En paralelo, la cuenta financiera marcó un egreso neto de capitales por USD 1.850 millones. La pregunta se impone: ¿el superávit externo consolida el rumbo o revela límites en la capacidad de retener dólares?

Superávit externo con salida de capitales

El resultado positivo de la cuenta corriente refleja, en términos técnicos, que el país generó más divisas de las que utilizó en su intercambio con el mundo durante el período. Sin embargo, ese flujo no se tradujo en acumulación plena de reservas ni en fortalecimiento del frente financiero.

El dato clave está en la cuenta financiera: el egreso neto de USD 1.850 millones indica que, aun con superávit externo, los dólares continúan saliendo del sistema. En términos políticos y económicos, esto implica que la economía logra generar divisas, pero no consigue retenerlas completamente, un punto sensible para cualquier esquema de estabilización.

En ese marco, la posición de inversión internacional neta acreedora se ubicó en USD 48.454 millones al 31 de diciembre de 2025, con una leve caída de USD 449 millones respecto del trimestre previo. Es decir, el país sigue siendo acreedor en términos netos frente al mundo, pero esa posición se erosiona lentamente.

Deuda en alza: financiamiento y rollover bajo presión

El dato más contundente del informe es la evolución de la deuda externa. El stock totalizó USD 320.305 millones, con un incremento de USD 1.709 millones en comparación con el trimestre anterior.

Este aumento, aunque moderado en términos relativos, ocurre en un contexto donde el Gobierno busca sostener el financiamiento sin expandir el riesgo financiero. La dinámica expone una tensión estructural: el equilibrio externo convive con una necesidad persistente de financiamiento, en un escenario donde el acceso al crédito y el costo del endeudamiento siguen siendo variables críticas.

En términos de poder económico, el dato no es neutro. El crecimiento de la deuda condiciona la política futura, tanto en términos de negociación con acreedores como en la capacidad de sostener el programa macroeconómico sin sobresaltos.

Correlación de fuerzas: estabilidad externa versus fragilidad financiera

El cuadro que deja la balanza de pagos muestra un Gobierno que logra ordenar el frente externo en términos de flujo, pero enfrenta desafíos en el stock y en la dinámica financiera. El superávit de cuenta corriente fortalece el discurso de equilibrio macroeconómico, pero la salida de capitales y el aumento de la deuda introducen matices.

Para los actores del sistema —inversores, sector productivo y analistas—, la señal es doble. Por un lado, hay capacidad de generar dólares. Por otro, persisten dudas sobre su sostenibilidad y sobre la capacidad de acumularlos.

Esto impacta directamente en la gobernabilidad económica: la estabilidad cambiaria, el acceso al financiamiento y la evolución del riesgo país quedan atados a esta tensión entre flujo positivo y stock creciente.

Un equilibrio en construcción

El dato del cuarto trimestre no define una tendencia cerrada, pero sí marca un punto de inflexión en la lectura del frente externo. El superávit ya no alcanza por sí solo como ancla si no se traduce en acumulación efectiva y reducción de vulnerabilidades.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en cómo evoluciona la cuenta financiera y si el Gobierno logra revertir la salida de capitales. También, en la trayectoria de la deuda y su capacidad de estabilizarse sin comprometer el programa económico.

El equilibrio aparece, por ahora, como una construcción en curso.

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El BCRA acelera compras de dólares, pero el mercado le marca un límite en bonos y riesgo país

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El Banco Central volvió a quedarse con el centro de la escena financiera este viernes 20 de marzo. Compró US$ 172 millones, el monto más alto de marzo, y extendió a 53 ruedas consecutivas la secuencia de saldo positivo en el mercado oficial. El dato, por sí solo, ya tiene densidad política: en medio de un programa económico que necesita mostrar control sobre el dólar, acumulación de reservas y menor tensión cambiaria, la autoridad monetaria logró sostener una racha que supera las oscilaciones diarias y empieza a ofrecer una señal más estructural. Pero la foto no cierra completa. Mientras el BCRA suma divisas y el dólar mayorista baja, los bonos en dólares vuelven a retroceder y el riesgo país sube a 623 puntos. La pregunta, entonces, ya no pasa solo por cuánto compra el Central, sino por cuánto de esa calma cambiaria logra convertirse en credibilidad financiera.

Una racha de 53 ruedas que fortalece al Gobierno en el frente cambiario

El saldo del viernes fue contundente. El BCRA compró US$ 172 millones, la cifra diaria más alta del mes, y acumuló US$ 485 millones en la semana. Desde enero, cuando comenzó la cuarta etapa del esquema monetario, ya suma US$ 3.783 millones en compras, un volumen que supera un tercio de la meta anual que maneja el oficialismo, estimada entre US$ 10.000 millones y US$ 17.000 millones durante 2026.

No se trata solo de una mejora operativa. La continuidad de la racha cambia el clima del mercado oficial. Son 53 jornadas consecutivas con saldo comprador, una secuencia infrecuente que refuerza la idea de una mayor oferta de dólares y de una plaza cambiaria con menos tensión que en otros tramos del programa económico. Para el equipo económico, ese dato tiene valor político concreto: le permite exhibir capacidad de intervención sin necesidad de convalidar una corrección brusca del tipo de cambio y sostener el discurso de normalización del frente externo.

El dólar mayorista acompañó esa señal. Bajó $4 y cerró en $1.390,50, el valor más bajo del último mes. En la semana retrocedió $9,50, equivalente a 0,7%. El volumen operado en el segmento contado alcanzó US$ 357,5 millones, otra referencia de un mercado abastecido. Además, el techo del régimen cambiario quedó en $1.638,52, de modo que el oficial terminó 17,8% por debajo de ese nivel. Esa distancia le da margen al Gobierno: puede seguir comprando divisas mientras sostiene una narrativa de estabilidad sin que el tipo de cambio se convierta, por ahora, en el principal foco de incertidumbre.

Las reservas suben en el día, pero el saldo semanal reabre una tensión de fondo

La mejora del viernes permitió cortar una racha de siete ruedas consecutivas de caída en las reservas brutas. Las reservas internacionales cerraron en US$ 43.808 millones, con una suba diaria de US$ 106 millones frente a la rueda previa. A primera vista, el dato parece coherente con la secuencia compradora del Central. Sin embargo, la dinámica más amplia obliga a una lectura menos lineal.

En la semana, las reservas acumularon una baja de US$ 1.851 millones. Y ahí aparece una de las claves del momento financiero: el Banco Central compra dólares en el mercado, pero esa acumulación no se traslada de manera automática al stock de reservas. Los pagos de deuda, los movimientos de valuación de activos y las necesidades financieras del Tesoro siguen condicionando la capacidad de transformar compras en recomposición efectiva del balance.

Ese contraste es políticamente sensible. A fines del mes pasado, las reservas habían alcanzado US$ 46.905 millones, el nivel más alto en seis años. El retroceso posterior no borra la mejora previa, pero sí recuerda que la acumulación todavía convive con exigencias financieras fuertes. En otras palabras, el Gobierno puede mostrar que el BCRA compra, aunque todavía no puede presentar una estabilización definitiva del frente externo. La reconstrucción existe, pero no avanza en línea recta.

El mercado le reconoce calma al dólar, no todavía a la deuda

La otra mitad de la rueda financiera mostró un tono menos complaciente. Mientras el mercado cambiario mantuvo la calma, la renta fija soberana volvió a marcar cautela. Los bonos en dólares operaron con bajas generalizadas, tanto en su cotización cable como en pesos. Entre los principales títulos se observaron retrocesos de 1% en AL41D, 1% en GD35D, 1,3% en AL35D y 0,9% en GD46D. En la pantalla en pesos, las caídas también fueron amplias: AL41 cedió 1,5%, AE38 0,8%, AL35 0,6% y GD46 0,5%.

El deterioro no se limita al movimiento intradiario. En el balance mensual, varios bonos de la curva larga siguen acumulando pérdidas relevantes. GD46 baja 5,1% en el mes, AL41 retrocede 5%, AL35 pierde 3,8% y GD35 cae 3,5%. El riesgo país, en ese marco, subió 3,5% hasta 623 puntos y ya acumula un alza de 8,9% en el mes y de 9,1% en el año.

Ese comportamiento funciona como una advertencia política y financiera. El Gobierno logró ordenar, al menos parcialmente, el mercado oficial de cambios. Pero la deuda soberana todavía no valida de manera plena esa mejora. La señal es clara: el dólar no mete ruido, aunque el crédito argentino sigue sin recuperar una trayectoria consistente. El mercado distingue entre la administración táctica del corto plazo y la consolidación estructural del programa.

Acciones con sostén parcial: energía firme, mercado selectivo

La Bolsa local mostró otra lectura intermedia. El Merval avanzó 0,4% hasta 2.779.276,36 puntos y el Merval en dólares subió 0,1% hasta 1.885,97 puntos. En el balance mensual, el índice acumula una mejora de 5,2% en pesos y de 4,2% en dólares. Sin embargo, la suba no fue homogénea ni reflejó una mejora general del apetito por riesgo argentino.

YPF volvió a concentrar la atención. Trepó 3% en pesos y encabezó la rueda local. También avanzaron Metrogas con 2,2%, TGN con 1,7%, Transener con 1,3%, Banco Macro con 0,7%, Galicia con 0,8% y Pampa Energía con 0,3%. Del lado de las bajas aparecieron Central Puerto con 2,8%, IRSA con 2,4%, Supervielle con 1,6% y Cresud con 1,3%.

La operatoria en ADR replicó esa dispersión. YPF ganó 2,7%, acompañada por Ternium, Globant, Banco Macro y Galicia, mientras IRSA cayó 3,5%, Central Puerto 3,4% y Corporación América 2,7%. La energía sigue funcionando como refugio relativo dentro del equity argentino. YPF acumula un alza de 19,1% en el último mes, mientras Pampa sube 11,1%, Edenor 13,1% y TGS 9,3%. En cambio, parte del segmento financiero todavía corre desde atrás, con retrocesos mensuales de 7,1% en Macro, 8,1% en Supervielle y 5,1% en BBVA.

La conclusión de mercado no es lineal: hay sostén selectivo, no entusiasmo generalizado. Algunos papeles energéticos contienen al índice, pero la mejora no alcanza para construir una lectura expansiva sobre todos los activos locales.

La correlación de fuerzas dentro del programa económico

En términos de poder económico, la rueda dejó un dato favorable para el Gobierno y otro que lo obliga a administrar expectativas. El punto a favor es que el BCRA refuerza su lugar como pieza ordenadora del corto plazo. La racha compradora, la baja del dólar mayorista y la relativa estabilidad de las cotizaciones paralelas le dan al equipo económico una base para sostener la gobernabilidad cambiaria, que sigue siendo uno de los activos más relevantes del programa.

Las tasas de referencia acompañan ese escenario: la TAMAR se ubicó en 26,56% TNA y la BADLAR en 26,25% TNA, dentro de un esquema que por ahora no muestra desborde en la plaza monetaria. El dólar minorista promedio vendedor cerró en $1.414,017, el MEP operó en $1.422,45, el CCL en $1.473,66 y el dólar cripto rondó los $1.474,16, prácticamente alineado con el contado con liquidación. El mercado cambiario, en síntesis, sigue sin convertirse en el canal principal de estrés.

El punto que condiciona es otro: la deuda no acompaña con la misma convicción. Y eso limita la capacidad oficial para transformar la estabilidad táctica en mejora integral de financiamiento. La suba del riesgo país a 623 puntos resume esa tensión. Aunque el dólar permanezca bajo control y el Central compre, el mercado todavía exige algo más para convalidar una compresión sostenida de spreads y una recuperación plena de los bonos.

Un movimiento importante, pero no definitivo

Lo que ocurrió este viernes tiene peso político real. El Banco Central logró el mayor saldo comprador de marzo, reforzó una racha de 53 ruedas y volvió a darle aire a la estrategia oficial sobre el frente cambiario. Ese resultado no es menor en un año en el que la acumulación de reservas funciona como una de las variables críticas para medir la consistencia del programa.

Pero el mismo día también dejó expuesta la otra cara del tablero. Las reservas repuntaron en la jornada, aunque cerraron una semana de fuerte caída. Los bonos no reaccionaron. El riesgo país volvió a subir. Y la Bolsa mostró una mejora apoyada en pocos nombres, no una suba amplia del mercado.

La escena, entonces, no ofrece una validación cerrada sino una señal partida. El Gobierno consolidó una posición en el mercado oficial y ganó margen para sostener la calma cambiaria. Lo que todavía no consiguió es que esa fortaleza táctica se derrame con la misma intensidad sobre toda la estructura financiera. En las próximas semanas habrá que mirar si la secuencia compradora del BCRA logra sostenerse, si las reservas vuelven a tomar una trayectoria ascendente más limpia y, sobre todo, si la deuda empieza a acompañar. Ahí se juega una parte decisiva del crédito político del programa económico.

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Acciones argentinas suben hasta 6% y desafían la crisis global, pero el riesgo país y las reservas marcan un límite

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En una jornada atravesada por la volatilidad global por el conflicto en Medio Oriente, los activos argentinos mostraron un comportamiento atípico: subieron hasta 6% en Wall Street y el S&P Merval avanzó 2,8%, mientras los principales mercados internacionales caían hasta 2,8%. El dato no es menor en el actual escenario económico: con un riesgo país que se mantiene por encima de los 600 puntos —cerró en 602 tras tocar 632— y reservas que perforaron los USD 44.000 millones, el mercado local exhibe señales de resiliencia, pero también deja abierta una incógnita clave: ¿se trata de un rebote táctico o de un voto de confianza al programa económico?

Desacople en un contexto global adverso

El contexto externo no ofrecía margen para el optimismo. La escalada de tensiones en Medio Oriente impactó en los precios energéticos y en la dinámica financiera global. El petróleo Brent llegó a superar los USD 111 y cerró en USD 108,30, mientras que el gas natural subió 2,3%. En paralelo, Wall Street retrocedió entre 0,3% y 0,4% y los mercados europeos profundizaron caídas de hasta 2,8%.

Sin embargo, en ese escenario, los activos argentinos se movieron en sentido inverso. El S&P Merval trepó 2,8% hasta los 2.768.681 puntos, impulsado por el sector energético. En Nueva York, los ADR reflejaron ese movimiento: YPF avanzó 5,3% y Vista Energy 5,1%, mientras que Banco Francés lideró con una suba de 6,4% y Edenor con 6%.

La explicación inmediata aparece vinculada a la dinámica del petróleo, que favorece a las compañías energéticas, pero también a señales locales. Las declaraciones del ministro de Economía, que aseguró tener cubiertos los próximos vencimientos de deuda por unos USD 9.000 millones sin acudir al mercado internacional, aportaron un ancla en medio de la incertidumbre.

Entre la deuda y el dólar: señales cruzadas del programa

El comportamiento positivo de las acciones contrastó con la deuda soberana. Los bonos en dólares —Globales y Bonares— retrocedieron en promedio 0,5%, con mayores pérdidas en los títulos de mayor duración. Esa divergencia no es menor: mientras la renta variable muestra apetito, el mercado de deuda mantiene cautela.

El riesgo país sintetiza esa tensión. Aunque recortó sobre el cierre, se mantuvo en 602 puntos básicos, lejos de niveles compatibles con un acceso pleno al crédito internacional.

En paralelo, el frente cambiario mostró estabilidad, pero con matices. El dólar mayorista cerró en $1.394,50, con una brecha de 17,4% respecto del techo de la banda cambiaria ($1.637,01), la mayor desde julio del año pasado. El dólar minorista se mantuvo en $1.415 en el Banco Nación y el blue retrocedió a $1.430.

El Banco Central, por su parte, extendió a 52 ruedas su racha compradora y sumó USD 132 millones en la jornada, acumulando más de USD 3.600 millones en 2026. Sin embargo, ese esfuerzo no se tradujo en una mejora del stock: las reservas cayeron USD 793 millones hasta USD 43.702 millones, afectadas principalmente por la baja en la cotización del oro (-4,8%) y del yuan (-0,4%).

El dato refuerza una paradoja del programa: el Central compra divisas, pero no logra consolidar reservas, una variable central para la credibilidad macroeconómica.

El mercado financiero y la estrategia oficial

La jornada dejó otra señal relevante: el intento del Gobierno de profundizar el mercado de capitales. Desde la Comisión Nacional de Valores se anticipó la creación de un ETF que replique el panel líder de la Bolsa local y cotice en el exterior. La iniciativa apunta a atraer flujos hacia la renta variable argentina y aumentar la liquidez del mercado.

Al mismo tiempo, informes privados empiezan a marcar límites en la estrategia en pesos. Según Adcap, los bonos indexados mostraron una sobreperformance de entre 12% y 15% desde fines de enero, impulsados por la estabilidad cambiaria, pero advierten que esa dinámica podría agotarse sin una apreciación adicional de la moneda.

La recomendación de rotar hacia activos en moneda dura sugiere que, detrás del repunte accionario, persiste una lectura defensiva del mercado.

Un equilibrio frágil en medio de tensiones externas

El desacople de los activos argentinos frente a la caída global introduce un dato político y económico relevante. El Gobierno logra sostener, al menos en el corto plazo, un clima de relativa estabilidad en el mercado local, apoyado en señales de financiamiento y en un tipo de cambio contenido.

Sin embargo, las variables estructurales siguen bajo presión: reservas en descenso, riesgo país elevado y un contexto internacional volátil que impacta en energía, commodities y flujos financieros.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en dos frentes. Por un lado, si el flujo de dólares —clave para sostener la acumulación del Banco Central— logra consolidarse. Por otro, si las herramientas anunciadas, como el ETF o las fuentes de financiamiento alternativas, logran traducirse en mayor ingreso de capitales.

El mercado, por ahora, parece otorgar margen. Pero lo hace con cautela.

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Caputo admite el freno en la desinflación y descarta deuda externa, apuesta a financiamiento alternativo

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El ministro de Economía, Luis Caputo, explicitó este jueves una tensión central del programa económico: el Gobierno no puede forzar la demanda de pesos en un contexto donde la inflación volvió a acelerarse, al tiempo que confirmó que no recurrirá al mercado internacional para refinanciar deuda. La definición, realizada durante el 21° Simposio de Mercado de Capitales y Finanzas Corporativas, combina dos datos políticos clave: una inflación que no termina de ceder —2,9% en febrero por segundo mes consecutivo— y una estrategia financiera que se repliega hacia fuentes alternativas para cubrir vencimientos por unos USD 9.000 millones. La pregunta queda abierta: ¿es un ajuste táctico o el reconocimiento de un límite estructural del esquema económico?

El límite de la demanda de pesos y el rediseño del programa

Caputo puso el foco en un punto sensible del modelo: la demanda de dinero. Mientras el equipo económico controla la emisión, admite que no puede incidir directamente en la decisión de los argentinos de mantener pesos. Esa variable, sostuvo, explica parte de la resistencia inflacionaria reciente.

El diagnóstico oficial vincula la suba de precios a factores puntuales: la recomposición de precios regulados y el impacto de la carne. En esa lectura, se trataría de un desvío transitorio dentro de un sendero de desinflación que debería retomarse “más temprano que tarde”. Sin embargo, el reconocimiento de un “retroceso” en los últimos siete u ocho meses introduce una señal política relevante: el programa ya no se presenta como lineal.

En paralelo, el ministro descartó una herramienta clásica de gestión: la emisión de deuda en los mercados internacionales. La decisión implica un cambio de posicionamiento respecto de evaluaciones previas —mencionó que se analizó hacia fines del año pasado— y refuerza una narrativa oficial centrada en el superávit fiscal y la reducción del endeudamiento.

En su lugar, el Gobierno apuesta a una combinación de financiamiento local, venta de activos y mecanismos alternativos aún no detallados públicamente. Según Caputo, estas opciones permitirían cubrir los próximos tres vencimientos de capital —julio de este año, enero y julio del próximo— por aproximadamente USD 9.000 millones.

Deuda, mercado y FMI: equilibrio sin acceso pleno

La decisión de no acudir al mercado internacional no ocurre en el vacío. El propio ministro reconoció que el nivel de riesgo país resulta “exagerado” en relación con las condiciones técnicas, lo que sugiere una brecha entre la evaluación del Gobierno y la percepción del mercado.

En ese contexto, la estrategia oficial busca sostener el cumplimiento de pagos mientras se espera una mejora en las condiciones de financiamiento. La lógica es clara: evitar endeudarse caro cuando existen alternativas más baratas, aunque esas fuentes no hayan sido aún explicitadas.

El vínculo con el Fondo Monetario Internacional aparece como un respaldo político en ese esquema. Caputo calificó la relación como “espectacular” y destacó un nivel de confianza inédito, en medio de la segunda revisión en curso. Sin embargo, también recordó que en 2027 vencen USD 3.000 millones adicionales con el organismo, lo que proyecta la tensión financiera más allá del corto plazo.

Impacto político: señales mixtas para el mercado y la gobernabilidad

El mensaje del ministro deja una doble lectura. Por un lado, reafirma la disciplina fiscal y la decisión de evitar nueva deuda externa, lo que fortalece la narrativa de sostenibilidad. Por otro, admite límites en la política monetaria y reconoce que la inflación aún no está completamente bajo control.

En términos de correlación de fuerzas, el Gobierno intenta sostener credibilidad ante los mercados y el FMI sin ceder a la presión de financiarse externamente. Esa postura condiciona el margen de maniobra: obliga a consolidar el mercado local, acelerar mecanismos alternativos y mantener el superávit como ancla política.

El dato no menor es que el propio ministro identificó el escepticismo social como un factor relevante. Esa percepción, dijo, pesa tanto como las variables económicas. En clave política, implica que la estabilización no solo depende de indicadores, sino también de expectativas.

Un equilibrio inestable hacia 2027

El programa económico entra en una fase más compleja. La inflación no desciende al ritmo esperado, la demanda de pesos sigue siendo una variable incierta y el acceso al financiamiento externo continúa limitado.

En ese escenario, el Gobierno apuesta a ganar tiempo: cumplir vencimientos con recursos propios o alternativos, sostener el orden fiscal y esperar que la desinflación retome su curso. La incógnita es si esa estrategia alcanzará para consolidar el esquema antes de los compromisos más exigentes, especialmente los de 2027.

Las próximas semanas serán clave para observar dos variables: la evolución de la inflación tras la recomposición de precios y la presentación concreta de las fuentes de financiamiento alternativas. Ahí se juega algo más que una cuestión técnica: la consistencia política de un modelo que busca sostenerse sin recurrir a las herramientas tradicionales del mercado.

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Acciones argentinas suben hasta 7% y el riesgo país baja a 555 puntos en una jornada marcada por el optimismo global

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Las acciones argentinas protagonizaron este martes una jornada de fuerte recuperación en los mercados financieros, con subas que alcanzaron hasta el 7%, mientras el riesgo país retrocedió a 555 puntos básicos y el dólar mayorista cayó a $1.400. El movimiento coincidió con un cambio en el humor global de los inversores tras declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien planteó la posibilidad de un final inmediato del conflicto en Medio Oriente.

El rebote de los activos argentinos ocurrió en un contexto en el que el Gobierno intenta consolidar estabilidad cambiaria y reconstruir la confianza financiera. La combinación de acciones en alza, bonos recuperándose y un dólar a la baja abre una pregunta que atraviesa al mercado: ¿se trata de una mejora coyuntural impulsada por factores externos o de un proceso de normalización más profundo en la economía argentina?

En esa tensión se mueve hoy el tablero financiero.

Suba del Merval y rebote de los ADR

El principal indicador bursátil local, el S&P Merval, registró un avance de 2,6% en pesos, hasta 2.700.255,24 puntos, mientras que medido en dólares subió 3,3%, hasta 1.846,32 unidades.

El impulso provino principalmente del sector energético. Entre los papeles con mejor desempeño se destacaron:

  • Metrogas, con un alza de 6,8%
  • Transportadora de Gas del Norte, que avanzó 6,6%
  • Central Puerto, con una suba de 6,1%
  • Sociedad Comercial del Plata, que ganó 5,7%

En el exterior, los ADR de empresas argentinas que cotizan en Nueva York también reflejaron el cambio de clima inversor. Algunos de estos certificados treparon hasta 7,3%, en línea con la recuperación del apetito por activos emergentes.

El movimiento no se explicó por factores domésticos inmediatos, sino por un giro en las expectativas globales. El eventual fin de la guerra en Medio Oriente planteado desde Washington funcionó como catalizador para una recomposición del riesgo en los mercados.

Bonos y riesgo país: la variable clave para el financiamiento

El mejor ánimo inversor también impactó en la deuda argentina. Los bonos soberanos registraron subas de hasta 1,5%, lo que permitió una caída de 28 unidades en el riesgo país, que cerró en 555 puntos básicos.

El indicador, elaborado por JPMorgan Chase, mide la diferencia entre el rendimiento de los bonos argentinos y el de los títulos del Tesoro de Estados Unidos, considerados libres de riesgo. Cuando esa brecha se reduce, el mercado interpreta que disminuye la percepción de riesgo sobre la capacidad de pago del país.

Aun así, el nivel actual sigue siendo alto para un retorno pleno al financiamiento internacional. Con estos valores, la Argentina debería ofrecer tasas superiores al 9% anual en dólares para colocar deuda externa.

El Gobierno, al menos por ahora, intenta evitar ese escenario. La estrategia oficial prioriza reducir la dependencia de los mercados internacionales y fortalecer las fuentes de financiamiento internas.

Dólar en baja y compras del Banco Central

En paralelo, el mercado cambiario mostró señales de estabilidad. El tipo de cambio mayorista retrocedió $16 y cerró en $1.400, con un volumen operado de USD 458 millones en el Mercado Libre de Cambios.

El valor quedó 15,96% por debajo del techo de la banda cambiaria, fijado en $1.623,48 por el Banco Central de la República Argentina. Esto implica que el dólar aún podría subir $223,48 antes de que la autoridad monetaria deba intervenir.

El tipo de cambio minorista también registró una baja. Cerró en $1.420 para la venta y $1.370 para la compra.

La tendencia descendente se extendió a los otros segmentos del mercado:

  • Dólar blue: $1.420
  • Dólar MEP: $1.421,05
  • Contado con liquidación: $1.465,24

En ese escenario de menor presión cambiaria, el Banco Central compró USD 67 millones en el mercado oficial.

La autoridad monetaria acumula más de USD 3.100 millones de compras en lo que va de 2026 y logró encadenar 45 jornadas consecutivas con saldo comprador.

Desde el inicio de la cuarta fase del programa monetario, en enero, el Banco Central sumó USD 3.120 millones, lo que representa más del 30% del objetivo de acumulación previsto para el año.

Reservas, deuda y el delicado equilibrio financiero

A pesar de ese flujo comprador, las reservas no crecieron de forma lineal. Parte de las divisas adquiridas se utilizaron para cubrir compromisos de deuda del Tesoro, que recurre al Banco Central para obtener dólares destinados a esos pagos.

En la última jornada, las reservas internacionales alcanzaron los USD 46.043 millones, con un incremento diario de USD 275 millones.

El mercado vinculó esa suba principalmente con variaciones en las cotizaciones de activos internacionales, entre ellos el oro, cuyo precio se aproximó a USD 5.200 por onza.

Las proyecciones oficiales ubican la meta de acumulación de reservas para 2026 entre USD 10.000 y USD 17.000 millones, un objetivo que dependerá de dos variables centrales: la demanda de pesos y el ingreso de divisas al sistema financiero.

Un equilibrio que aún depende del contexto global

La jornada dejó un mensaje claro: los activos argentinos siguen altamente sensibles al contexto internacional.

Las declaraciones desde Estados Unidos alcanzaron para impulsar acciones, bonos y divisas en el mercado local. Pero ese mismo factor revela una fragilidad estructural: gran parte del movimiento responde todavía a señales externas más que a cambios estructurales internos.

En las próximas semanas, los inversores observarán tres indicadores con atención: la evolución del riesgo país, la capacidad del Banco Central para seguir comprando divisas y el comportamiento del dólar dentro de la banda cambiaria.

Si esas variables continúan alineadas, el Gobierno podría consolidar el clima financiero favorable. Si se alteran, el mercado volverá a poner a prueba la resistencia del esquema económico.

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