Riesgo país

Caputo redujo la deuda flotante en $1 billón y volvió a mínimos históricos

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l Gobierno nacional logró en abril una señal fiscal que el mercado venía observando con atención: redujo en más de $1 billón la deuda flotante —los pagos devengados pero todavía no cancelados— y devolvió ese indicador a uno de los niveles más bajos de la serie histórica en relación al Producto Bruto Interno (PBI).

El dato aparece en un momento clave para el equipo económico de Luis Caputo. Tras el salto registrado en marzo, que había despertado sospechas sobre un eventual “pisado” de pagos a proveedores y organismos públicos, abril mostró una fuerte corrección y reforzó la narrativa oficial sobre la sostenibilidad del superávit fiscal.

Sin embargo, detrás de la mejora contable aparece una discusión más profunda: cuánto margen real tiene el Gobierno para sostener el ajuste sin entrar en conflicto con leyes aprobadas por el Congreso, reclamos sociales y necesidades de financiamiento de las provincias.

Qué es la deuda flotante y por qué el mercado la sigue de cerca

La deuda flotante representa gastos ya comprometidos por el Estado pero todavía no pagados. Funciona como un termómetro sensible para detectar si un Gobierno está utilizando atrasos administrativos para mostrar un resultado fiscal artificialmente mejor.

En marzo, la cifra había escalado a más de $4 billones, generando ruido entre analistas. Pero en abril el stock cayó a $2,79 billones, una reducción superior a $1 billón en apenas un mes.

Medido contra el PBI, el indicador volvió a niveles cercanos al 0,3%, muy por debajo del promedio histórico argentino, que ronda el 1%.

Para el mercado, el dato tiene una lectura central:
el Gobierno estaría sosteniendo el superávit sin recurrir masivamente al diferimiento de pagos.

Sebastián Menescaldi, director de Eco Go, resumió esa percepción al señalar que el nivel de deuda flotante “es mucho más bajo que el histórico” y que no se observa una situación donde el Ejecutivo esté ocultando problemas financieros mediante pagos postergados.

El corazón del ajuste: transferencias, obra pública y gasto operativo

El recorte se concentró principalmente en: transferencias, gastos figurativos, bienes y servicios, y erogaciones operativas del Estado. Solo en transferencias, la baja superó los $700.000 millones respecto de marzo.

Ahí aparece uno de los puntos más sensibles para las provincias y particularmente para el NEA Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa dependen en gran medida de: transferencias nacionales; programas específicos; financiamiento de infraestructura; y fondos discrecionales.

Cada ajuste en esas partidas impacta directamente sobre: obra pública, municipios, proveedores y actividad económica regional.

Por eso, aunque el mercado celebra la consolidación fiscal, en las provincias aparece otra lectura: el superávit nacional se construye parcialmente sobre una fuerte compresión del gasto territorial.

La baja de la deuda flotante refuerza además la estrategia económica central del Gobierno: mostrar que el equilibrio fiscal no es transitorio sino estructural. Ese punto es clave para sostener: la desaceleración inflacionaria; la baja del riesgo país; y la recuperación de activos financieros.

El problema es que la etapa más “fácil” del ajuste parece agotarse. El propio Fondo Monetario Internacional comenzó a advertir sobre presiones fiscales crecientes derivadas de leyes aprobadas por el Congreso y compromisos políticos pendientes.

El FMI pone el foco en las leyes que el Gobierno no quiere ejecutar

En el último Staff Report, el FMI identificó tres focos de presión potencial sobre la meta de superávit primario de 1,4% del PBI: Ley de Emergencia en Discapacidad; Financiamiento Universitario; y la Reforma laboral.

Según el organismo: discapacidad agregaría un costo de 0,15% del PBI; universidades otro 0,20%; y la reforma laboral 0,15%. La señal del Fondo es políticamente relevante porque expone un dilema creciente del oficialismo: cómo sostener el ancla fiscal sin profundizar tensión social e institucional.

El Gobierno ya comenzó a tomar decisiones defensivas. Una de ellas fue postergar la entrada en vigencia del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), previsto originalmente para junio.

Para el interior argentino, la discusión fiscal tiene efectos mucho más concretos que en la City porteña. En provincias como Misiones, el ajuste repercute sobre: universidades nacionales; programas sanitarios; obras de infraestructura; subsidios al transporte; y financiamiento productivo.

La provincia logró amortiguar parte del impacto gracias a una estructura fiscal relativamente ordenada y mayor autonomía tributaria respecto de otros distritos del NEA. Pero aun así, la retracción del gasto nacional empieza a sentirse sobre sectores económicos sensibles.

Hay un dato político adicional: la estrategia fiscal de la Nación obliga a gobernadores e intendentes a absorber costos sociales crecientes con menos asistencia federal.

Eso explica por qué muchos mandatarios provinciales comenzaron a endurecer posiciones frente al Gobierno aun cuando acompañan parcialmente el ordenamiento macroeconómico.

Superávit versus actividad: el equilibrio delicado

El programa económico de Javier Milei logró algo que pocos gobiernos argentinos pudieron sostener:
superávit financiero consistente durante varios meses.

Pero ahora empieza otra discusión: si el ajuste puede convivir con recuperación económica sostenida. El mercado hoy premia equilibrio fiscal; acumulación de reservas; y baja del riesgo país. Sin embargo, la economía real todavía exhibe fragilidades como el consumo débil; la inversión selectiva; la caída de ingresos públicos provinciales; y tensión en economías regionales.

En Misiones, por ejemplo, sectores como yerba, forestoindustria y comercio fronterizo siguen operando con márgenes estrechos pese a la estabilización financiera nacional.

El recorte de la deuda flotante demuestra que el Gobierno mantiene capacidad de control financiero sobre las cuentas públicas. Pero también marca el inicio de una etapa más compleja.

Hasta ahora, el ajuste avanzó principalmente sobre obra pública; transferencias; subsidios; y gasto operativo. La próxima fase podría requerir decisiones políticamente mucho más costosas reformas estructurales, redefinición de programas sociales y mayor tensión con provincias y universidades.

El interrogante que empieza a recorrer tanto al mercado como a los gobernadores es si el Gobierno podrá sostener simultáneamente superávit fiscal; desaceleración inflacionaria; recuperación económica; y gobernabilidad política. Porque mientras los números fiscales muestran orden, el verdadero desafío pasa a ser otro: cuánto tiempo puede sostenerse el equilibrio macroeconómico sin que aparezcan nuevas fracturas en la economía real y en el entramado federal argentino.

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IRSA acelera el regreso de marcas globales y apuesta a una recuperación del consumo

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El mayor operador de shoppings de la Argentina volvió a enviar una señal de optimismo sobre el rumbo del consumo y la economía. Eduardo Elsztain, presidente del grupo IRSA, aseguró que las marcas internacionales “ven una oportunidad” en el país y confirmó que cadenas globales avanzan con nuevos desembarcos, ampliaciones y aperturas en centros comerciales argentinos. Entre ellas, ratificó la llegada de H&M, uno de los ingresos más esperados por el retail local.

La definición no es menor. IRSA controla activos clave del negocio comercial argentino, desde Alto Palermo y DOT hasta Patio Bullrich y Abasto, por lo que el movimiento de marcas funciona como termómetro adelantado sobre expectativas de inversión, consumo y estabilidad macroeconómica.

El fenómeno también empieza a tener lectura regional. Aunque las aperturas iniciales se concentran en Buenos Aires, el regreso de firmas internacionales impacta sobre ciudades fronterizas y polos comerciales del interior, especialmente en provincias como Misiones, donde el consumo históricamente convivió con la competencia de Paraguay y Brasil.

El regreso de las marcas: una señal de normalización económica

Durante años, muchas compañías internacionales evitaron expandirse en Argentina por restricciones cambiarias, dificultades para importar, inflación alta e imposibilidad de girar utilidades. El nuevo escenario económico modificó parcialmente esa percepción.

“Las marcas están viniendo porque ven en la Argentina una oportunidad”, sostuvo Elsztain durante un encuentro con periodistas organizado por IRSA.

La frase sintetiza un cambio de clima empresarial. El sector comercial interpreta que la desaceleración inflacionaria, la estabilización financiera y la reapertura importadora reactivaron planes de expansión que permanecían congelados desde hace más de una década.

La lista de compañías mencionadas por el empresario muestra un fenómeno transversal: marcas premium; fast fashion; deporte; accesorios; belleza; y retail masivo. Entre los desembarcos y expansiones confirmadas aparecen: H&M, Decathlon, Victoria’s Secret, Mango, Miniso, Skechers, Armani Exchange, Dolce & Gabbana, Maje, Only, y Jack & Jones

La llegada más simbólica probablemente sea la de H&M. La cadena sueca llevaba años analizando el mercado argentino, pero nunca había logrado condiciones macroeconómicas que garantizaran previsibilidad operativa.

Elsztain dejó una definición que explica buena parte del interés internacional: las marcas consideran que el consumidor argentino ya conoce sus productos. “Los argentinos ya las compraron en Miami, Brasil o Nueva York”, explicó.

Ese punto es central para entender el atractivo del mercado local. Argentina no necesita “educar” consumidores para las grandes marcas globales. El cliente ya existe; lo que faltaba era estabilidad para monetizar esa demanda dentro del país.

Para Misiones, esa lectura tiene un matiz particular. Durante años, la apertura de shoppings y comercios en Encarnación o Foz do Iguaçu funcionó como vía de escape del consumo argentino hacia el exterior.

Ahora aparece un escenario más competitivo: mayor presencia de marcas globales dentro del país; menor brecha cambiaria; y un consumidor más racional frente al gasto.

El nuevo consumidor: menos ansiedad y más selectividad

Elsztain describió además un cambio relevante en la conducta de compra.

Según el empresario, el consumidor dejó atrás la lógica defensiva típica de la inflación alta, donde la prioridad era gastar rápido antes de que los precios subieran nuevamente.

“Cuando el consumidor cree que la plata se le derrite, la gasta más rápido. Cuando ve que los precios van bajando, espera”, afirmó.

Esa transformación tiene impacto directo sobre el retail. El consumo sigue activo, pero se volvió más selectivo y competitivo.

Por eso el presidente de IRSA lanzó otra definición que resume el momento comercial actual: “El que no baja los precios vende menos”.

La frase refleja una nueva dinámica para cadenas, importadores y marcas nacionales, acostumbradas durante años a trasladar inflación casi automáticamente a precios.

Elsztain vinculó el nuevo ciclo comercial con otro fenómeno que el mercado sigue de cerca: el regreso del financiamiento de largo plazo.

El empresario destacó que hoy las compañías vuelven a emitir deuda a diez años, algo prácticamente inexistente durante la última década argentina.

La mejora del riesgo país —que cayó desde niveles superiores a 2.500 puntos hasta la zona de 500— empieza a modificar decisiones de inversión inmobiliaria y comercial.

Para IRSA, el dato es estratégico porque el negocio inmobiliario requiere horizontes largos de estabilidad.

Pero el análisis también alcanza a sectores productivos. Si el crédito hipotecario y corporativo logra consolidarse, podría reactivarse parte de la inversión privada hoy postergada en construcción, comercio y servicios.

Minería y oro: el otro negocio que entusiasma a Elsztain

Además del retail, el empresario ratificó su interés en minería y particularmente en el oro.

Elsztain explicó que la emisión monetaria global volvió a posicionar al metal precioso como activo de resguardo para fondos y bancos centrales.

IRSA ya realizó inversiones en proyectos mineros en San Juan y el empresario dejó abierta la puerta para futuras iniciativas, incluso bajo el régimen RIGI.

El dato no pasa inadvertido en el mundo financiero: los grandes grupos económicos argentinos están empezando a diversificar posiciones entre real estate, energía, minería y consumo, buscando capturar oportunidades en distintos sectores de la economía post-ajuste.

El entusiasmo empresario todavía convive con una recuperación desigual del consumo.

Elsztain reconoció que el salario real sigue condicionado por nuevos costos que antes no existían para muchas familias, aunque sostuvo que la continuidad de la estabilidad económica podría mejorar gradualmente el escenario.

Ahí aparece la principal incógnita para el retail argentino de los próximos meses: si la desaceleración inflacionaria logra transformarse en recomposición sostenida del ingreso; y si el nuevo ciclo de apertura comercial impulsa más competencia o profundiza la concentración.

Por ahora, los grandes jugadores ya tomaron posición. Y el regreso de marcas internacionales funciona como una señal concreta de que el mercado global volvió a mirar a la Argentina como un territorio nuevamente atractivo para invertir.

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Compresión de spreads y recategorización de Fitch: el riesgo país cae 5% y los bonos en dólares rebotan con fuerza

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El desplome del riesgo país hacia los 528 puntos básicos y la mejora de la nota soberana a “B-” por parte de Fitch Ratings configuran un nuevo umbral de costos para el sector privado. Para Misiones, la clave reside en el abaratamiento del crédito corporativo y la reducción de las tasas de descuento para proyectos de inversión de largo plazo.

La deuda argentina inició un proceso de revalorización tras la decisión de Fitch de elevar la calificación desde “CCC+”, fundamentada en la resiliencia del ancla fiscal y la acumulación de reservas. Este movimiento, potenciado por factores exógenos como la distensión geopolítica entre EE. UU. e Irán, provocó alzas de hasta el 1,4% en bonos soberanos y una contracción del riesgo país del 5%. Para el tomador de decisiones en el NEA, este “veranito” financiero no es solo una métrica macroeconómica; es el precursor de una ventana de liquidez que podría reabrir el mercado voluntario de crédito.

S&P Merval y ADRs

El selectivo local acompaña la tendencia alcista y avanza 1,3% hasta los 2.794.884,170 puntos básicos. Entre las acciones líderes que más avanzan se destacan: Banco de Valores (+4,5%), Grupo Supervielle (+3,3%), y Banco Macro (+2,9%). Entre los ADRs los que más suben son: Banco Macro (+5,7%), Grupo Supervielle (+5,7%), y BBVA (+5,6%).

Perspectivas del mercado especializado

El mayor optimismo que invadió los mercados globales este miércoles ante la expectativa de un posible acuerdo entre Estados Unidos e Irán para ponerle fin a la guerra en Medio Oriente. En ese marco, los bonos soberanos en dólares rebotan con fuerza en Wall Street, impulsados, además, por la mejora en la calificación anunciada por Fitch.

Los bonos Globales (emitidos bajo legislación neoyorquina) avanzan en la plaza extranjera hasta 2%, encabezados por el GD35. Los demás títulos de ese segmento cotizan con incrementos de entre el 0,7% y el 1,9%. A nivel local, los que más suben son: el Bonar 2035 (+1,4%), el Global 2038 (+1,3%), y el Global 2035 (+1,2%).

En esta jornada también se produce una fuerte baja del riesgo país, que cae 5% y opera en 528 puntos básicos. Lo que impulsa con fuerza a la renta fija local es la mejora en la calificación de la deuda argentina anunciada por Fitch, desde el “CCC+” a “B-“. 

Expertos como Juan Manuel Franco (Grupo SBS) y Eric Ritondale (Puente) coinciden en que la categoría “B-“ es un catalizador para inversores institucionales que tienen vedada la exposición a activos en rango “CCC”. Este ingreso de flujos incrementa la profundidad del mercado y estabiliza la paridad de los bonos.

“Pasar a la categoría B implica una reducción en el peligro de un default o reestructuración forzosa en el corto plazo. Los compromisos financieros ahora son más sostenibles”, destaca el informe técnico.

Impacto en la economía real y el bolsillo

La transmisión de esta mejora financiera a la economía doméstica se proyecta en tres ejes: Acceso al crédito: La compresión de spreads de los bonos públicos suele anteceder a una baja en las tasas de interés de créditos prendarios e industriales. Costo de oportunidad: Empresas locales que postergaron ampliaciones de planta encuentran hoy un escenario de viabilidad técnica superior al de hace 90 días. E inflación y Dólar: La mayor demanda de activos argentinos fortalece la posición del BCRA, reduciendo la volatilidad cambiaria que suele trasladarse de forma inmediata a los precios de insumos importados en la provincia.

La sostenibilidad de este rebote depende de que el resto de las calificadoras (Moody’s y S&P) validen el movimiento de Fitch. Para el empresario misionero, el dato crítico será la capacidad del Gobierno Nacional de concretar el regreso al mercado voluntario de deuda en 2025, lo que terminaría de consolidar un piso de estabilidad para los flujos de inversión en economías regionales.

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Economía sale a renovar $7,9 billones y apuesta a estirar deuda hasta 2029 con más financiamiento en dólares

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El Ministerio de Economía activará el próximo martes 28 de abril una nueva licitación de deuda con un objetivo central: renovar vencimientos por $7,9 billones —en su mayoría en manos privadas—, extender plazos hasta 2029 y aumentar la captación de dólares a través de bonos soberanos. La jugada, impulsada por la cartera que conduce Luis Caputo, se inscribe en una estrategia más amplia de administración del frente financiero en un contexto donde el Gobierno busca consolidar estabilidad y evitar presiones de corto plazo.

El dato no es menor: el Tesoro no solo intenta refinanciar vencimientos inmediatos, sino también redefinir el perfil de la deuda. ¿Se trata de una señal de fortalecimiento en la gestión financiera o de una necesidad creciente de sostener el equilibrio en un mercado más selectivo?

Un menú orientado a plazo largo y cobertura cambiaria

La licitación presentada por la Secretaría de Finanzas combina instrumentos en pesos y en dólares, con foco en alargar la duration. El menú incluye nuevas emisiones como una LECAP con vencimiento el 12/06/26, un bono TAMAR al 31/8/2028 y un título CER/TAMAR al 29/06/2029, junto a instrumentos ya conocidos como el BONCER 2028 y bonos dólar linked al 30/09/26.

En paralelo, el Tesoro vuelve a apostar por deuda en moneda dura mediante Bonares con vencimientos en 2027 y 2028, con una meta de colocación de u$s350 millones —por encima de los u$s300 millones previos— más otros u$s100 millones en una segunda vuelta.

El esquema se completa con una operación de conversión de títulos que busca postergar vencimientos: bonos dólar linked, duales y ajustados por CER serán canjeados por instrumentos con fechas más largas, en algunos casos hasta 2028. Esta ingeniería financiera ya tuvo un antecedente inmediato: el reciente canje de letras atadas al tipo de cambio permitió postergar compromisos por unos u$s1.300 millones.

En términos concretos, el Gobierno intenta despejar el calendario de pagos de corto plazo y ganar margen de maniobra hacia los próximos años, trasladando vencimientos a una zona donde apuesta a mayor previsibilidad macroeconómica.

Mercado más selectivo y tensiones en la demanda

El movimiento no ocurre en el vacío. En el mercado secundario, la deuda en pesos muestra señales de fatiga en los tramos medios y largos. La demanda se concentra en instrumentos de corto plazo, mientras que las tasas reflejan cierta cautela: alrededor de 1,9% TEM en el tramo corto y entre 2% y 2,1% para vencimientos posteriores a julio.

Los bonos ajustados por inflación (CER), en tanto, exhibieron caídas promedio de 0,5%, con rendimientos que se ubican en torno a CER -5% para vencimientos de este año y CER +5% para el resto de la curva. Este comportamiento sugiere un mercado que empieza a recalibrar expectativas, con menor apetito por duration y mayor preferencia por liquidez.

En este contexto, los instrumentos dólar linked ganan protagonismo. La posibilidad de cubrir riesgo cambiario vuelve a ser un factor determinante en la asignación de carteras, lo que explica el énfasis del Tesoro en este tipo de activos.

Financiamiento, confianza y sostenibilidad

La estrategia oficial tiene un doble filo. Por un lado, logra avanzar en la extensión de plazos y en la reducción de vencimientos inmediatos, lo que mejora el perfil financiero del Estado. Por otro, expone la dependencia de condiciones de mercado que hoy son más exigentes, especialmente en los tramos largos.

El hecho de que casi la totalidad de los $7,9 billones a renovar esté en manos privadas introduce un componente adicional: el éxito de la licitación dependerá de la capacidad del Gobierno para ofrecer incentivos suficientes sin desalinear su esquema macro.

Al mismo tiempo, la búsqueda de dólares vía Bonares revela otra dimensión de la estrategia: reforzar el frente externo sin recurrir a mecanismos extraordinarios. Sin embargo, ese objetivo convive con un mercado que evalúa riesgos y ajusta posiciones con mayor selectividad.

Un equilibrio en construcción

La licitación del 28 de abril funcionará como un test inmediato. No solo medirá la capacidad del Tesoro para renovar vencimientos, sino también el grado de confianza del mercado en la hoja de ruta financiera del Gobierno.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en dos variables: la aceptación de los instrumentos de largo plazo y la respuesta a la mayor oferta de deuda en dólares. También será clave observar si el mercado convalida la estrategia de extender plazos o si refuerza su preferencia por posiciones más cortas y defensivas.

El Gobierno avanza en su intento de ordenar el frente de deuda. Pero el margen de maniobra no depende únicamente de decisiones internas: se juega, en gran medida, en la dinámica de expectativas que el propio mercado está empezando a redefinir.

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Wall Street marca récords, pero los activos argentinos no reaccionan y exponen fragilidad local

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Mientras los principales índices de Wall Street alcanzaron nuevos máximos históricos este miércoles 22 de abril, los activos argentinos operaron en terreno negativo y sin capacidad de acoplarse al optimismo global. El S&P Merval cayó 1,4% hasta los 2.898.691 puntos, los ADRs registraron bajas de hasta 6% y el dólar se mantuvo en $1.400 en el Banco Nación. En paralelo, el Banco Central volvió a intervenir con compras por USD 105 millones. El contraste plantea una tensión clave: ¿el esquema económico logra estabilizar variables, pero no convence al mercado?

Mercado internacional en alza, pero sin derrame local

El contexto global jugó a favor. El S&P 500 avanzó 0,8% y el Nasdaq 1,4%, impulsados por expectativas de distensión en el conflicto en Medio Oriente tras la prórroga de la tregua anunciada por Donald Trump. A esto se sumó un rebote del petróleo del 3%, con el Brent superando los USD 101,40 por barril.

Sin embargo, ese clima no se tradujo en mejoras para los activos argentinos. Las acciones locales en Wall Street mostraron un comportamiento dispar, con caídas lideradas por el sector financiero: BBVA (-6%), Banco Macro (-4,1%) y Grupo Financiero Galicia (-3,4%). En contraste, el sector energético logró sostenerse parcialmente, con subas moderadas como YPF (+0,1%) y Vista Energy (+1,2%).

El desacople no es menor. Mientras los mercados globales descuentan una eventual estabilización geopolítica, los inversores locales continúan focalizados en variables domésticas.

Dólar contenido y BCRA activo: el ancla cambiaria en el centro

En el plano local, el tipo de cambio mostró estabilidad. El dólar mayorista cerró en $1.378, con una suba marginal del 0,2%, mientras que el minorista se mantuvo en $1.400 por tercer día consecutivo. En el mercado informal, el dólar blue avanzó a $1.415.

El Banco Central intervino nuevamente, absorbiendo USD 105 millones —el 25,4% de la oferta— en una rueda con menor volumen operado, que totalizó USD 414,2 millones. Las reservas brutas crecieron USD 62 millones, hasta los USD 45.841 millones.

El esquema cambiario muestra consistencia operativa: el tipo de cambio se mueve dentro de un rango acotado, con margen respecto al techo de la banda ($1.690,29), lo que permite al BCRA seguir acumulando divisas. Pero esa estabilidad no alcanza, por ahora, para mejorar la percepción sobre los activos.

Actividad económica en retroceso y señales mixtas

El dato que tensiona el escenario es el nivel de actividad. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en febrero una caída de 2,1% interanual y de 2,6% respecto a enero.

El deterioro estuvo impulsado por la contracción de la industria manufacturera (-8,7%) y el comercio (-7%), sectores que restaron 2,2 puntos a la variación anual. En contraste, los rubros ligados a exportaciones mostraron dinamismo: minería (+9,9%) y agro (+8,4%).

La lectura es clara: el crecimiento se sostiene en sectores vinculados a la demanda externa, mientras el consumo interno sigue debilitado. Esta dualidad impacta directamente en la valuación de activos, especialmente en bancos y empresas orientadas al mercado local.

Entre la estabilidad financiera y la falta de confianza

En términos de correlación de fuerzas, el Gobierno mantiene control sobre variables clave: tipo de cambio estable, intervención activa del Banco Central y acumulación de reservas. Sin embargo, el mercado accionario refleja otra dinámica, más ligada a expectativas de crecimiento y sostenibilidad económica.

Los bonos soberanos mostraron leves mejoras —con subas promedio de 0,1%— y el riesgo país cerró en 532 puntos sin cambios relevantes. Es un equilibrio frágil: estabilidad sin impulso.

Hacia adelante, el foco estará en dos frentes. Por un lado, si la estabilidad cambiaria logra consolidarse sin tensiones. Por otro, si la actividad económica logra revertir la caída en sectores clave.

El mercado global muestra señales de optimismo. Argentina, por ahora, sigue operando con su propia lógica.

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