Rusia

Rusia golpeó más de 150 objetivos militares en Ucrania y neutralizó una ofensiva de drones

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Las fuerzas militares de Rusia llevaron a cabo una ofensiva a gran escala en las últimas 24 horas, logrando impactar en 153 objetivos estratégicos vinculados al Ejército de Ucrania, según informó este sábado el Ministerio de Defensa ruso.

El reporte oficial detalló que los ataques se ejecutaron mediante una combinación de aviación operacional-táctica, drones de ataque, misiles y artillería. Entre los blancos alcanzados se encuentran instalaciones de infraestructura energética vitales para el funcionamiento del complejo militar-industrial ucraniano, así como depósitos de combustible y nudos de despliegue temporal de unidades militares y personal extranjero.

En el plano defensivo, Moscú aseguró que sus sistemas de protección antiaérea lograron neutralizar una importante incursión aérea. Durante la jornada, las unidades rusas derribaron un misil de crucero de largo alcance tipo Neptuno y un total de 70 drones de origen ucraniano.

Esta intensificación de las operaciones subraya el enfoque de las fuerzas rusas en degradar la capacidad logística y de suministro de las tropas de Kiev, apuntando directamente a los recursos energéticos y centros de acopio que sostienen la operatividad del frente ucraniano.

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Venezuela y el derecho a decidir su propio destino

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Hablar de Venezuela exige, antes que nada, un ejercicio de honestidad política y moral. Durante años, el debate internacional estuvo dominado por consignas simplificadoras, etiquetas funcionales y relatos construidos desde afuera, casi siempre al servicio de intereses geopolíticos ajenos a la vida real de millones de personas.

En ese ruido permanente, el pueblo venezolano fue sistemáticamente borrado: reducido a cifra estadística, convertido en excusa diplomática o señalado como amenaza. Rara vez reconocido como lo que es: un sujeto histórico que resiste.

Y, sin embargo, Venezuela sigue viva en su gente.

Vive en quienes cada día sostienen la vida en condiciones adversas. En trabajadores y trabajadoras que enfrentaron la inflación y la incertidumbre. En madres, abuelas y jóvenes que organizaron la existencia cotidiana con una mezcla de ingenio, solidaridad y dignidad. Vive en los barrios, en las comunidades, en la cultura popular que no se apaga, en la decisión de quedarse y también en la de migrar sin romper el lazo con la tierra propia, porque no todos los migrantes son los que vemos festejar en el Obelisco. Esa resistencia no es una consigna: es una práctica diaria.

Durante años, una de las herramientas más violentas para deshumanizar a Venezuela fue la construcción de una narrativa que presentó al país como un “Estado criminal”, dominado por un supuesto Cartel de los Soles. Esa etiqueta operó como un dispositivo político: justificó sanciones económicas, aislamiento internacional y castigos colectivos que nunca golpearon a los sectores acomodados, sino directamente al pueblo.

Por eso no es un dato menor que, recientemente, el propio Departamento de Justicia de Estados Unidos haya dejado de sostener que el llamado Cartel de los Soles exista como una organización criminal real y estructurada, comparable a los grandes cárteles del narcotráfico de la región. Que hoy se reconozca —aunque sea de manera implícita— que se trató de una construcción sin sustento jurídico sólido expone algo más profundo: la fragilidad de un relato que durante años fue utilizado para legitimar el asedio a un país entero.

Este reconocimiento no niega los problemas reales de Venezuela. No absuelve errores, tensiones internas ni desafíos pendientes. Pero sí derrumba una coartada. Porque cuando se desmonta la ficción del “Estado narco”, queda al desnudo lo que realmente ocurrió: el uso del castigo económico y político como forma de disciplinamiento, con consecuencias devastadoras sobre la vida cotidiana de millones de personas.

Las sanciones no son abstractas. Tienen rostro. Son menos medicamentos, menos insumos, más dificultades para producir, para importar alimentos, para sostener servicios básicos. Son salarios pulverizados y proyectos truncos. Y, aun así, el pueblo venezolano resistió. No se quebró. No desapareció. No se resignó a la narrativa que otros escribieron para él.

Resistió porque existe una memoria histórica de luchas populares. Porque hay organización social, identidad colectiva y conciencia política. Porque, incluso bajo presión extrema, Venezuela siguió apostando a resolver sus conflictos sin tutela extranjera. Porque el pueblo entendió que ninguna sanción “humanitaria” puede justificar la carencia, ni ningún bloqueo puede presentarse como defensa de la democracia.

Hoy, cuando algunas de las narrativas más agresivas empiezan a resquebrajarse, es imprescindible decirlo con claridad: las sanciones contra Venezuela no fueron un error, fueron una decisión política consciente, y su objetivo nunca fue proteger derechos humanos, sino forzar un cambio de régimen a cualquier costo. El costo lo pagó el pueblo.

Por eso, no hay salida para Venezuela desde el castigo externo ni desde el intervencionismo encubierto. No hay futuro posible mientras se siga usando al pueblo como rehén de disputas geopolíticas. La autodeterminación no es un eslogan: es una condición básica para la dignidad de los pueblos.

Venezuela no es un expediente judicial, ni un laboratorio de sanciones, ni un titular armado en Washington. Venezuela es su pueblo. Y ese pueblo, pese a todo, sigue resistiendo, viviendo y defendiendo su derecho a decidir su propio destino.

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Con precios en mínimos, la OPEP+ extiende el freno a la producción hasta marzo

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En un escenario global atravesado por conflictos políticos, caída de precios y señales de desaceleración económica, la OPEP+ resolvió mantener sin cambios los niveles de producción de petróleo al menos hasta fines de marzo, una decisión que busca contener la volatilidad del mercado energético y evitar un agravamiento del exceso de oferta. La definición se adoptó este fin de semana durante una breve videoconferencia celebrada el 4 de enero y ratifica una estrategia de cautela frente a un contexto internacional cada vez más incierto.

El cartel, que reúne a la Organización de Países Exportadores de Petróleo y a sus aliados, sostiene así el esquema acordado en noviembre, cuando decidió pausar los aumentos de oferta que se venían aplicando desde abril de 2025. La extensión de esa pausa hasta los primeros tres meses de 2026 refuerza el mensaje de estabilidad en un mercado golpeado por la mayor caída anual de precios desde la pandemia.

Precios en retroceso y temor a un superávit récord

La reunión contó con la participación de ocho productores clave: Arabia Saudita, Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Kazajstán, Kuwait, Irak, Argelia y Omán. En conjunto, estos países representan cerca de la mitad de la producción mundial de petróleo, por lo que cualquier ajuste en sus cuotas tiene impacto directo sobre el equilibrio global de oferta y demanda.

El contexto que rodea la decisión es particularmente adverso. Durante 2025, el precio del crudo acumuló una caída superior al 18%, la mayor en un solo año desde la crisis del COVID-19. Al inicio de esta semana, los futuros del Brent cotizaban en torno a los 60,52 dólares por barril, con una baja diaria del 0,4%, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) operaba en 57,11 dólares, también con un retroceso del 0,4%.

Según analistas y agencias internacionales, el mercado enfrenta una combinación de factores negativos: amplios stocks a nivel mundial, crecimiento sostenido de la producción fuera de la OPEP+ y una demanda que muestra signos de moderación, especialmente en grandes consumidores como China. En ese marco, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) proyecta un posible superávit récord de petróleo en 2026 si se mantiene la actual dinámica de expansión de la oferta.

Venezuela, sanciones y un impacto acotado en los precios

Aunque la situación de Venezuela no fue abordada formalmente durante la videoconferencia, los acontecimientos recientes en ese país se mantienen como un factor de presión latente sobre el mercado. Venezuela, miembro de la OPEP, atraviesa una compleja coyuntura tras la captura de su presidente, Nicolás Maduro, por fuerzas estadounidenses durante el fin de semana, y la posterior confirmación de que el embargo estadounidense sobre todo el petróleo venezolano sigue plenamente vigente.

El país sudamericano posee cerca del 17% de las reservas mundiales de petróleo, equivalentes a 303.000 millones de barriles, según el Instituto de Energía de Londres, por delante incluso de Arabia Saudita. Sin embargo, su producción actual dista mucho de ese potencial. De haber alcanzado picos de 3,5 millones de barriles diarios en la década de 1970 —más del 7% de la producción mundial—, cayó por debajo de los 2 millones en la década de 2010 y promedió unos 1,1 millones el año pasado. Actualmente, produce alrededor de 800.000 barriles diarios.

Analistas consultados por Reuters señalaron que, incluso si se produjera una interrupción temporal de las exportaciones venezolanas, el impacto inmediato sobre los precios sería limitado. Más del 80% del crudo venezolano se destina a China, que cuenta con amplias reservas estratégicas. “Incluso aunque las exportaciones venezolanas se interrumpan de forma temporal, más del 80% se destinan a China, que ha acumulado amplias reservas”, explicó Kazuhiko Fuji, consultor del Instituto de Investigación de Economía, Comercio e Industria de Japón.

En un mercado global con abundante oferta, los inversores continúan evaluando el escenario venezolano, aunque los valores de referencia se mantienen volátiles más por expectativas que por efectos concretos sobre los flujos de suministro.

Producción futura y presión estructural sobre el mercado

Las proyecciones a mediano y largo plazo refuerzan la cautela de la OPEP+. Un informe de JP Morgan, elaborado por la analista Natasha Kaneva, estimó que, bajo un escenario de transición política, Venezuela podría elevar su producción a entre 1,3 y 1,4 millones de barriles diarios en un plazo de dos años y alcanzar hasta 2,5 millones en la próxima década.

Sin embargo, los analistas de Goldman Sachs advirtieron que cualquier recuperación de la producción venezolana sería gradual y demandaría inversiones significativas. En una nota fechada el 4 de enero, el equipo liderado por Daan Struyven estimó que, si Venezuela lograra aumentar su producción hasta los 2 millones de barriles diarios, los precios del petróleo podrían caer unos 4 dólares por barril hacia 2030.

A corto plazo, Goldman sostuvo que las perspectivas dependen en gran medida de la evolución de la política de sanciones de Estados Unidos. “Vemos riesgos ambiguos, pero modestos, para los precios del petróleo a corto plazo procedentes de Venezuela”, indicaron. Para 2026, la entidad mantuvo sin cambios sus previsiones: un precio promedio del Brent de 56 dólares por barril y del WTI de 52 dólares, con una producción venezolana estable en torno a los 900.000 barriles diarios.

En este contexto, la decisión de la OPEP+ de sostener la producción por al menos tres meses más aparece como una señal de prudencia frente a un mercado frágil, atravesado por tensiones geopolíticas, cambios estructurales en la demanda y una creciente competencia de productores no miembros como Estados Unidos, Brasil, Canadá y Guyana. La próxima reunión del grupo, prevista para el 1 de febrero, será clave para evaluar si esta estrategia de contención se mantiene o si el cartel opta por ajustar sus cuotas ante un escenario que sigue siendo altamente volátil.

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Zelenski afirmó que Rusia no quiere la paz tras masivo ataque sobre Ucrania

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l presidente de Ucrania Volodímir Zelenski advirtió que Rusia no quiere poner fin a la guerra y busca aprovechar cualquier oportunidad para causar aún más sufrimiento a Ucrania, luego de una masiva ofensiva con casi 500 drones y 40 misiles lanzada este sábado. 

El mandatario ucraniano denunció que los ataques apuntaron deliberadamente a infraestructuras energéticas y civiles en vísperas de su viaje a Estados Unidos, dejando a cientos de miles de ciudadanos sin luz ni calefacción. 

A través de la plataforma X, el jefe de Estado sostuvo con firmeza que “si Rusia convierte incluso la Navidad y el Año Nuevo en una época de casas destruidas, apartamentos incendiados y centrales eléctricas en ruinas, entonces esta acción repugnante solo podrá responderse con medidas realmente enérgicas”.

La continuidad de la guerra

La ofensiva, que mantuvo la alerta antiaérea activada durante horas en la capital, dejó un saldo de una mujer de 47 años fallecida y once personas hospitalizadas, según informaron las autoridades locales. El gobernador de la región de Kiev, Mikola Kalashnik, precisó que aproximadamente 320.000 personas quedaron sin suministro eléctrico debido a las explosiones

Ante este escenario, el líder ucraniano instó a las potencias occidentales a incrementar la presión sobre Moscú, subrayando que las acciones del Kremlin demuestran una clara intención de “aumentar su presión sobre otros países del mundo” mediante la destrucción sistemática del territorio nacional.

Estas declaraciones se produjeron momentos antes de que el presidente partiera hacia Florida para reunirse con Donald Trump, con quien discutirá el plan promovido por Estados Unidos para detener un conflicto que en febrero cumplirá cuatro años. 

Zelenski reafirmó que la continuidad de los bombardeos sobre puntos estratégicos es la prueba fehaciente de que los rusos “no quieren poner fin a la guerra”. De esta manera, el mandatario vinculó el recrudecimiento de la violencia con una estrategia de hostigamiento constante que busca debilitar la posición de Ucrania previo a cualquier instancia de negociación internacional.

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Trump impone un ultimátum a Ucrania para aceptar su plan de paz con Rusia

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó este viernes una fuerte presión sobre Ucrania al imponerle un ultimátum: aceptar antes del próximo jueves —Día de Acción de Gracias— un plan de paz elaborado por Washington en coordinación con Moscú. La propuesta exige concesiones territoriales a Rusia y una drástica reducción del poder militar ucraniano, elementos que Kiev considera inaceptables.

“Creemos que el jueves es un momento apropiado”, afirmó Trump en una entrevista con Fox News Radio, al ser consultado por el plazo. “Queremos que se detenga la matanza”, agregó, aunque insinuó que podría estirar la fecha “si las cosas van bien”.

La reacción en Kiev fue inmediata. El presidente Volodimir Zelenski, visiblemente afectado por la presión estadounidense, advirtió que Ucrania atraviesa “uno de los momentos más difíciles de su historia”. Señaló que el país se enfrenta a una disyuntiva extrema: “la pérdida de dignidad o el riesgo de perder a un socio clave”, en referencia a Estados Unidos, su principal aliado desde el inicio de la invasión rusa.

El plan, de 28 puntos, fue entregado oficialmente en Kiev por el secretario del Ejército estadounidense, Daniel Driscoll. Fue redactado por el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, en conjunto con el negociador ruso Kirill Dmitriev. Según filtraciones confirmadas por funcionarios de ambas potencias, exige que Ucrania ceda territorios hoy bajo control propio y acepte que otras zonas queden congeladas bajo dominio de facto de Rusia. También propone limitar su Ejército a 600.000 efectivos y abandonar su aspiración de ingresar a la OTAN.

Pese a haber suspendido la asistencia directa a Ucrania, Washington mantuvo la provisión de armas vía socios europeos y continúa compartiendo inteligencia crucial. Pero funcionarios de la Casa Blanca admiten que ese apoyo podría quedar en suspenso si Kiev rechaza el plan.

Putin respalda el proyecto estadounidense

El presidente ruso, Vladimir Putin, confirmó haber recibido el documento y aseguró que puede servir de base para un acuerdo “definitivo”. Recordó los recientes avances militares rusos, incluida la toma de la ciudad de Kúpiansk, y alertó que si Kiev rechaza la propuesta “los sucesos de Kúpiansk se repetirán en otras zonas clave del frente”.

Pese a su tono triunfalista, Putin señaló que Rusia “está dispuesta a dialogar”, aunque insistió en la necesidad de analizar a fondo el borrador.

Europa, en alerta por posibles concesiones

El plan generó inquietud en las capitales europeas, donde consideran que la iniciativa responde principalmente a intereses rusos y podría abrir la puerta a nuevas ofensivas territoriales de Moscú. Líderes de la Unión Europea se reunirán este sábado en Johannesburgo, en el marco del G20, para formular una contrapropuesta que no implique concesiones estratégicas a Rusia.

Zelenski mantuvo conversaciones con Emmanuel Macron, Rishi Sunak y Olaf Scholz, y aseguró que Ucrania presentará alternativas: “Convenceré, ofreceré opciones, pero no daremos al enemigo motivos para decir que Ucrania no quiere la paz”.

Presión interna y contexto político en EE.UU.

La ofensiva diplomática de Trump se produce en un momento complejo para Zelenski, enfrentado a investigaciones por corrupción y a nuevas derrotas militares, sumadas a los repetidos ataques rusos contra la infraestructura energética que mantienen amplias zonas del país con electricidad sólo algunas horas al día.

En Estados Unidos, Trump atraviesa un momento de debilidad política —su aprobación cayó al 38%, según Reuters— en medio del aumento del precio de los alimentos y del escándalo por los archivos de Jeffrey Epstein. La Casa Blanca busca un golpe de efecto similar al que obtuvo con el acuerdo de paz en Medio Oriente.

Un documento separado, también filtrado, establece garantías de seguridad para Ucrania en caso de una reanudación del conflicto. No incluye asistencia militar directa, pero sí inteligencia, logística y medidas que serían coordinadas con aliados. Tendrían vigencia por diez años, con posibilidad de prórroga.

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