SAND

Szychowski: “Queremos un desarrollo yerbatero amigable con el ambiente”

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Así lo expresó el presidente del INYM, Juan José Szychowski, durante el encuentro que mantuvo con los referentes de productores y de la agroecología, Hugo Sand y Raúl Aramendy. 

El INYM viene promoviendo prácticas ambientales en las chacras, a través del Servicio de Extensión Yerbatero, para lograr yerbales sustentables. Sand, de la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones, y Aramendy, impulsor del Instituto Superior Multiversidad Popular, que dicta carreras vinculadas a la ecología, trabajan junto a productores e indígenas motorizando la yerba mate agroecológica. El objetivo del encuentro fue identificar nuevas líneas de apoyo para fortalecer este sistema de producción en armonía con la naturaleza, respetuoso de la cultura y los saberes tradicionales, que promueve empleo y es sustentable social (arraigo rural) y económicamente en el tiempo. 

Szychowski ratificó las políticas del INYM en marcha, orientadas en ese sentido, que abarcan la multiplicación de cubiertas verdes, la incorporación de árboles nativos en las plantaciones, la sistematización suelos y caminos rurales, la construcción de camellones, manejo de plantas, capacitación, entre otros. Todo esto, para recuperar fertilidad del suelo, retener el agua de lluvia en las chacras, ir hacia un control biológico de plagas y enfermedades, y mitigar los efectos adversos del clima – acrecentados por el cambio climático- tanto en invierno como en verano.   

Sand y Aramendy brindaron respaldo a estas acciones y plantearon la importancia de contar con líneas de apoyo específicas para quienes ya trabajan con yerba mate agroecológica. 

 “Queremos y vamos hacia un desarrollo yerbatero amigable con el ambiente”, sostuvo Szychowski, al tiempo que planteó “confianza en las nuevas generaciones para lograr el cambio, confianza en los jóvenes que muestran cada vez más conciencia y compromiso ambiental”. 

El encuentro, en la sede del INYM, en Posadas, culminó dejando abierta la posibilidad de afianzar el vínculo iniciado entre las partes, en el marco del desarrollo de una producción yerbatera sustentable, con equidad en la distribución de los beneficios que genera la actividad, y con acento en la restauración de los bienes naturales nativos.  

También participó de la reunión Johan Sand, productor agroecológico. 

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Querida Misiones (la hermosa), desde la raíz

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Por Hugo Sand, dirigente agrario, fundador e integrante de la Asociación de Productores Agrarios de Misiones. Educar y/o re educar al corazón. Ir hacia una sociedad donde cada uno de nosotros accione a cambio de la reconfortante experiencia de sentir satisfacción por haber contribuido al bien común. Quizás de esa forma podamos empezar a resolver de raíz el proceso de degradación general (ambiental, institucional y, fundamentalmente, como humanos) que nos atraviesa, y que tiene como exponente más visible la pérdida de bienes esenciales para la vida, como el agua y el suelo que es sustento de la producción de alimentos, ambos intrínsecos de la Selva Misionera y de la familia agraria.

Hace pocas semanas planteamos al Gobernador de Misiones, Oscar Herrera Ahuad, la necesidad imperiosa de decretar la veda total de tala de árboles nativos y limitar la plantación de especies exóticas, específicamente de pinos y eucaliptus que son los que más se han extendido y que, en el caso del primero, se comporta como invasora, con alto poder de ocupación de territorio.

Este planteo no es aleatorio y tampoco se limita a una específica crítica a un  Gobierno, sino que se enmarca como política de Estado que, desde APAM, defendemos (independientemente de quiénes gobiernen): queremos una Misiones con equilibrio ambiental y mayormente productora de alimentos sanos en manos y fortaleciendo a la familia y al obrero rural, recuperando y preservando los bienes naturales. Por caso, vale recordar que nuestro suelo agrícola tiene más de 100 años de uso, con signos preocupantes de degradación hídrica, que se acelera con el cambio climático, con intensas e imprevistas lluvias que al caer sobre el suelo descubierto, lejos de infiltrarse, lo arrastran a otras latitudes, algo visible en los ríos y arroyos que se tiñen de colorado.

Lo repetimos: sabemos cómo hacerlo, pero nos falta la voluntad política de los representantes del pueblo que ocupan los poderes del Estado; necesitamos que más allá de los anuncios y de algunos programas, los organismos y  funcionarios públicos inclinen la balanza definitivamente a favor de la producción agraria, de las pequeñas y medianas industrias locales y de la biodiversidad, esto es: a favor de la mayoría, del pueblo.

Fundamentamos nuestra posición en hechos, en la historia reciente que nos atraviesa.

Para ejemplo basta un botón, dice el refrán. Hace 25 años que rige la Ley 25.080 que subsidia el monocultivo de árboles (mayor y abrumadoramente) exóticos y exime del pago de impuestos (de todo tipo) a los forestadores. 

Dicho de otro modo: los misioneros, todos, estamos destinando nuestro (recurso del Estado) dinero (el subsidio)  a la expansión de un modelo extractivista, que tiene un crecimiento exponencial gracias al suelo y al agua de nuestras vertientes, que suprime empleo puesto que la mecanización desembarcó para quedarse, y que, por si fuera poco, tiene sobradas muestras de expulsión de las comunidades locales, mbya guaraníes y colonos, ocupando el espacio que necesitamos para producir alimentos.

Muchos hemos plantado pinos y eucaliptos con la Ley 25.080. Nos decían que con estas especies íbamos a tener asegurada nuestra jubilación. Hoy, dos décadas después, podemos decir que no es así. El productor que tiene 3, 4 o 5 hectáreas con esos árboles no puede vivir de su trabajo. Se calcula que una  hectárea puede producir aproximadamente 500 mil kilos de madera (depende si hubo raleo o no, y del sitio donde fue plantado). Hoy están pagando alrededor de 1.000  pesos la tonelada, o sea 1 peso el kilo, con lo que sería 500 mil pesos una hectárea. Si dividimos eso por 20 años, tenemos una rentabilidad de 25 mil pesos por año, que dividido por 365 días (un año), son 68,49 pesos lo que nos da una hectárea de pino. Entonces, desde el punto de vista estrictamente económico, el monocultivo de exóticas no es rentable para el agricultor.

Creemos que hay que repensar la matriz productiva.

El territorio de Misiones representa el  0.8 por ciento de la superficie total de la Argentina. En tan poco espacio, producimos el 32 por ciento de los bosques implantados del país, tres veces más madera de lo que consumimos, y en paralelo, importamos el 70 por ciento de los alimentos que necesitamos. 

Por caso, cabe recordar los datos del INDEC (de marzo de 2022): En Posadas, en una población de 377.962 personas, alrededor 128.791 son pobres, es decir que no cuenta con los ingresos necesarios para cubrir la canasta básica de consumo, y 14.534 personas son indigentes, están en una situación peor aún. Esto en la capital de la Capital de la Biodiversidad.

Entonces, es absurdo. Hay que actuar para cambiar este escenario y queda claro que la prioridad debe ser el afianzamiento de la familia agraria, la multiplicación en la producción de alimentos, y la recuperación del monte, del suelo y del agua (sustento del turismo que genera empleo, de la energía que usamos, etc.).

Cabe indicar que el monocultivo, esto es: dedicar toda la tierra disponible al cultivo de una sola especie vegetal, es contraproducente cualquiera sea la producción, ya sea soja, pino, yerba o té. La diferencia entre un monocultivo de yerba mate, planta nativa, de nuestro monte, por ejemplo, y un monocultivo de especies exóticas como el pino elliottis, está dada en que este último es mucho más agresivo ambientalmente, es invasor y, como dijimos, es de exclusión social.

Proponemos otra forma de producir: la agroecología, un sistema agrícola diversificado en una misma superficie. El sabio suizo Alberto Roth decía que “la chacra misionera debe ser un brazo inteligente del monte”, ese monte donde convive en armonía la biodiversidad, retroalimentandose.  Si logramos extender esa forma de producir, estaremos generando condiciones para que todos podamos vivir dignamente, estaremos generando arraigo rural, frenando la emigración de obreros rurales a las villas miserias de grandes ciudades,  contribuyendo a la paz, evitando crisis sociales y económicas.

Pero además, estamos enfrentando, la humanidad, sin excepción, eventos extremos del clima. El calentamiento global, el cambio climático, es una realidad. 

Hace pocas semanas, estuvimos sumergidos en una extensa sequía y olas de calor, con escasez de agua y daño a la producción agropecuaria, ictícola, tabacalera, hortícola, tealera y forestal, con incendios de magnitud como nunca antes en estas tierras.  Hay una forma mayúscula de prepararnos, al alcance de todos, y es con una gran sombrilla que se llama Selva, árboles nativos. Si miramos una imagen aérea de la región, vamos a ver cómo Misiones conserva parte de lo que fue originalmente la Selva Paranaense. TENEMOS que CUIDAR y RECUPERAR ese monte. Tenemos que cuidarnos.

Tomamos el sector forestal y agrario porque es el tema que nos compete desde la cotidianeidad, pero la verdad es que el planteo general de este escrito es un tema de todos los misioneros. Hemos nombrado a la ley 25.080 por ser de fomento de un modelo extractivista, pero también queremos decir que tenemos leyes que, aplicadas, dan sustentabilidad; que tenemos profesionales, conocimientos y mucha ciencia y tecnología que podría ser orientada para el bien común; que no obstante, para que ello ocurra, creemos que como sociedad nos enfrentamos a un problema mucho más profundo, que está en el corazón mismo de cada uno de los ciudadanos, del ser humano.

Tenemos que hablar y retomar el camino de la ética, de la moral, de la espiritualidad. Si el hombre está mal consigo mismo, estará mal con sus conciudadanos, estará mal también con el suelo, con la naturaleza, y no podrá brindarse con lo mejor que tiene, que es precisamente su condición de ser humano, de accionar motivado por gestos altruistas y la enorme satisfacción de brindarse al servicio de prójimo, del entorno.

Las raíces del problema que enfrentamos son espirituales. Si el pensamiento ético hubiese evolucionado de la misma forma que el pensamiento científico, hoy no tendríamos tanta pobreza y graves y recientes problemas de salud, tampoco la bomba atómica, tema en la agenda mundial.

Desde APAM queremos compartir estas reflexiones, y proponer conversar, analizar y repensar el modelo de producción en defensa de nuestra “querida Misiones, la hermosa” (Roth), en honor a quienes nos precedieron y a nosotros mismos, por compromiso con esta tierra y por convicción. 

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Yerbal Viejo: mates agroecológicos y a precio justo

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Por Sergio Alvez, fotos Emiliano Viana, agencia Tierra Viva. Situada en la zona centro de la provincia de Misiones, la ciudad de Oberá es la Capital Nacional de los Inmigrantes. En torno a la historia de su nombre hay dos narraciones. La primera tiene que ver con la derivación del término guaraní “vera”, que significa brillante, luminosa, resplandeciente. La otra versión remite al cacique guaraní Overa, quien a mediados del siglo XVI encabezó revoluciones contra la esclavitud y la evangelización que proponían los “conquistadores” españoles en territorios cercanos a la actual ciudad de Asunción, en Paraguay. Pero antes de fundarse como tal, en 1928, lo que se conoce como Oberá llevaba el nombre de Colonia Yerbal Viejo, denominación que remite a la gran cantidad de árboles de yerba mate que poblaban este territorio. 

Yerba con raíz familiar y cooperativa 

Ese nombre histórico, Yerbal Viejo, es el que adoptó el emprendimiento productivo de la familia Sand desde 1995. Productores de yerba mate agroecológica. La infusión, además de las particularidades que denota su proceso de elaboración sin agroquímicos, mantiene un espíritu sustentado en conceptos y prácticas heredados de los primeros colonos de la zona, que en los albores del siglo pasado se aventuraron a producir el que es hoy, el cultivo emblema de la Argentina

Johann Ezequiel Sand es parte de la empresa familiar y también tesista de la Licenciatura en Antropología Social de la Universidad Nacional de Misiones, donde integra el Proyecto de Revalorización de “Picada Finlandesa”. Cuenta que sus tatarabuelos eran del sur de Finlandia. En el año 1906 se produce la primera oleada de migración de finlandeses a Misiones. Primero se establecen en Bonpland —50 kilómetros al suroeste de Oberá— y entre 1912 y 1914 se desplazan a la entonces llamada Colonia Yerbal Viejo. 

El lugar estaba repleto de plantaciones de yerba nativa. Entonces, la planta se cosechaba de manera extractiva y a gran escala por los colonizadores. Recién en la década de 1930 comienza a cultivarse la yerba en la chacra familiar. Para ello se tuvo que desmontar, abrir las parcelas, construir viviendas, realizar perforaciones para encontrar agua. Acondicionar el lugar para el asentamiento de las familias y sus cultivos. 

Yerbal Viejo en Misiones
Foto: Emiliano Viana

Otto, bisabuelo de Johann, fue uno de los socios fundadores de la Cooperativa Agrícola Limitada de Oberá, pionera del cooperativismo en la zona. Otto se casó con Alma Annette Hedström. Fruto de este matrimonio, nace Hugo Sand, quien en 1957 sería socio fundador de la Cooperativa de Productores y Elaboradores de Té Guaraní. La asociatividad, el cooperativismo y la unión de las familias colonas, signaron la historia de estos inmigrantes finlandenses. “Alma Annette” es el nombre que adoptó la chacra de los Sand, donde se encuentran los yerbales de la empresa familiar. Así, Yerbal Viejo es un emprendimiento productivo y familiar, que atesora un sabor diferente e intrínsecamente ligado a los ciclos de su producción, y a la vez, un proyecto que resguarda y honra el memorial de luchas y pesares tan propios de los pequeños productores de yerba en la tierra colorada.

En 2020, esta chacra, junto a otras tres de la zona centro de Misiones —nucleadas bajo el grupo “Oberá Agroecológica”— se convirtieron en las primeras certificadas oficialmente como agroecológicas por la Secretaría de Agricultura Familiar de la Provincia. 

De la crisis del yerbal a la agroecología

Volvemos atrás en la línea de tiempo. Estamos en 2001, plena crisis social, política y económica en la Argentina, Yerbal Viejo deja de producir. Iván Sand, ingeniero agrónomo y  hermano de Johann, recuerda: “El neoliberalismo de los noventa desreguló todo. Fue un desastre para los productores. Mi padre, Hugo, salió a luchar junto a cientos de productores yerbateros, con quienes protagonizó una memorable manifestación conocida como ‘El Tractorazo’, que forjó la creación del Instituto Nacional de la Yerba Mate”. 

Iván alude a una movilización de 53 días llevada adelante en 2002, principalmente por los colonos agrupados en la Asociación de Productores Agrícolas de Misiones (APAM), y que consistió en el arribo de cientos de pequeños productores montados a sus viejos tractores, desde las colonias hacia la Casa de Gobierno provincial, donde se acampó. Era la segunda vez que salían en las rutas con los tractores, en pocos meses, en 2001 había ocurrido el primer “tractorazo”, que duró unos 17 días en reclamo de un “precio justo” por la hota de yerba.  

Yerbal Viejo en Misiones
Foto: Emiliano Viana

En 2002, la movilización contó con el apoyo decidido de otros sectores y obtuvo una gran visibilidad en los medios de comunicación, incluso a nivel nacional. La lucha redundó en la instrumentación del INYM, órgano que vino a reemplazar a la histórica Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM), que había sido desguazada en la década menemista. Hugo Sand, fue uno de los dirigentes que mayor notoriedad cobró en esos intensos días de protesta.  

Fueron 358 tractores, desvencijados la mayoría, que salieron a las rutas con carteles y banderas argentinas. El 13 de julio de 2002 el gobierno nacional —durante la presidencia interina de Eduardo Duhalde— firmó el decreto reglamentario que puso en marcha el INYM. Esta medida, implicaba que los productores pasen a formar parte de la decisión de los valores de la materia prima de la yerba mate, poniendo fin al conflicto. 

Tras algunos años sin poder producir, la familia Sand decidió retomar el proyecto Yerbal Viejo. “Hace más de 7 años, decidimos mi padre, Johann, mis hermanos y yo, implementar lo que nuestro padre nos enseñó sobre la actividad agropecuaria en la yerba desde una perspectiva agroecológica”, cuenta Iván. De este modo, se inició una etapa diferente, que la familia Sand explica desde la idea de transición agroecológica.  

Yerba buena, libre de agrotóxicos

“¡A comeer!”, grita Iván y abre la tranquera del corral. Las ovejas salen disparadas hacia el yerbal. “Las ovejas limpian el yerbal y de este modo no precisamos químicos. Ellas se alimentan de las malezas, que se convierten en ‘buenezas’ porque las malezas como alimento se transforman en energía cárnica”, explica el ingeniero agrónomo de la empresa familiar y agrega que las ovejas no son solo parte de un mecanismo para evitar el uso de agroquímicos sino producción de carne, piel, leche y quesos. 

El establo que las contiene fue diseñado con un sentido de bienestar animal para que las ovejas no tengan que permanecer entre su propio estiércol, mientras que permite recoger la materia orgánica para utilizar y producir biofertlizantes en tachos de hasta doscientos litros. “Transformamos, a través de procesos de biofermentación, esos desechos en biofertilizantes. Lo colocamos en un tambor junto con bacterias y hongos y se transforman en nutrientes para nuestros yerbales. Es decir que realizamos un círculo energético”, explica Iván. 

Yerbal Viejo en Misiones
Foto: Emiliano Viana

Otra singularidad de esos yerbales, es que conviven y reciben la sombra de diversos árboles nativos. Todo forma parte de una mirada agroecológica: producción, cuidado ambiental y construcción social. En el cotidiano, sostener la idea en la práctica, se volvió el principal desafío para los Sand. Y en este sentido, la formación académica de Johann (antropología) y la de Iván (ingeniero agrónomo), se complementan.

“Nuestra yerba tiene 12 meses de estacionamiento natural. Está libre de fuego, de humo”, destacan los hermanos Sand para diferenciar el producto final obtenido en Yerbal Viejo del proceso de secado aplicado en la industria de yerba mate. “Esto logra un sabor suave que te acompaña hasta el último mate, un equilibrio perfecto entre hojas, palos y polvo, que no  provoca acidez”, describen orgullosos. 

El estacionamiento prolongado hace que la yerba cambie las características organolépticas: se vuelve mucho más estable y perdurable el su sabor. Al tomar el mate, se siente el sabor a yerba. Sus características son diferentes a la yerba barbacuá: el color entre verde y gris y sin el sabor a sabor ahumado” añade Iván. “Barbacuá”, tostado en guaraní, es el método ancestral de secado a leña. Método conocido por la familia Sand, ya que había sido utilizado por ellos desde mediados de 1930, cuando  Otto y Alma construyeron el primer secadero. 

Yerbal Viejo en Misiones
Foto: Emiliano Viana

Yerbal Viejo, formas nuevas de producción y organización  

Otra vez la lucha. Año 2019. En la localidad misionera de San Pedro se realizó una manifestación de pequeños productores y ambientalistas, en rechazo al maíz transgénico y el proyecto impulsado por la corporación Maizar. Iván Sand estaba presente junto a Hugo, su padre, y allí conoció a Salvador Torres, secretario general del Movimiento Agrario Misionero (MAM). De ese encuentro surgió una invitación a los Sand para participar de uno de los “Alimentazos” que la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) realizó en Plaza de Mayo durante el gobierno de Mauricio Macri para denunciar el desguace de las políticas para la agricultura familiar. 

“Ese día, en Plaza de Mayo, yo estaba con mis paquetitos de yerba en la feria y, al lado mío, estaba un joven a quién le invité un mate. Le pregunté de dónde venía y me respondió que estaba junto con la UTT para poder comercializar directamente los productos del cordón hortícola de La Plata —recuerda Iván—. Él era jujeño,  su abuelo era boliviano. Sacó una hoja de coca y me convidó. Comenzamos a charlar. Ahí estábamos los dos, en situaciones similares: descendientes de extranjeros, diferentes culturas, trabajando en proyectos familiares, vendiendo nuestros productos realizados de forma agroecológica”.

El ingeniero agrónomo reconoció las mismas problemáticas, realidades en común con esos productores y productoras que confluyeron en Plaza de Mayo; y asegura que aquel primer acercamiento a la UTT terminó siendo para Yerbal Viejo un nexo estratégico. “Gracias a haber conocido a la UTT, aumentamos la cantidad de paquetes enviados fuera de la provincia. Desde que trabajamos con UTT pudimos incrementar año a año la venta de paquetes”, destaca.  

“Esto generó ingresos y, hay que decirlo, nos permite pensar en un futuro: quedarnos en la chacra para seguir trabajando bajo las tres patas de la agroecología: sustentabilidad social (poder vivir de nuestra producción), sustentabilidad ambiental (cuidado, resguardo del ambiente y de la biodiversidad), sustentabilidad económica (ingreso por venta)”, sintetiza Sand.  

“Tenemos claro que queremos seguir produciendo yerba mate bajo un modo agroecológico y, en ese camino, uno de los pilares básicos es la sustentabilidad social, o sea, establecer redes de comercialización entre productores y consumidores, donde el precio sea justo para ambos”, agrega Johann y confía que ya está en marcha un proyecto para agregar un nuevo producto: té en hebras. Respeto por el medio ambiente, la salud y justicia social, sostienen los hermanos Sand, son los pilares de la nueva era de Yerbal Viejo.

Yerbal Viejo en Misiones
Foto: Emiliano Viana
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Las Ligas Agrarias, la organización campesina diezmada por la dictadura militar

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Por Ailín Bullentini. Hubo un tiempo en que el Nordeste argentino estuvo en las manos de campesinos y campesinas que lo sembraron, lo cosecharon y trabajaron; que idearon la forma en la que la comercialización del fruto de su esfuerzo les sirviera para comer, pero también para desarrollar una vida digna. Para ellos, para sus familias, para el futuro de todos. Fue el tiempo de las Ligas Agrarias, que lograron organizar y unificar a cientos de pequeñas y medianas cooperativas de Chaco, Formosa, Santiago del Estero, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Entre Ríos detrás de un sueño que fue expandiéndose y que encontró en el terror de la última dictadura cívico eclesiástica militar el límite y el abismo.

Muchos de sus referentes fueron perseguidos, detenidos y torturados durante aquellos años; algunos fueron asesinados y otros continúan desaparecidos. De a poco, y tras décadas de impunidad, algunas de esas historias fueron decantando en diferentes causas y juzgados, que más lento de lo deseable, fueron aportando Justicia a la Verdad y a la Memoria.

Hace pocas semanas, el Tribunal Oral Federal 4 (TOF4) de San Martín definió como “crímenes de lesa humanidad” cometidos en el marco de un “genocidio” a los delitos cometidos contra militantes que participaron de la Contraofensiva montonera, entre ellos algunos dirigentes de las Ligas Agrarias. Fueron golpes que sucedieron entre 1979 y 1981, aunque la cacería había comenzado bastante antes.

Fue todo un gran movimiento que luchó por el territorio y por la dignidad humana. Y así nos pegaron”, reflexiona Remo Vénica, uno de los pocos referentes de aquella experiencia que sobrevivieron al terrorismo de Estado, y que aportó su relato en el juicio por los crímenes contra la Contraofensiva de Montoneros. “¿Por qué no?”, se pregunta el hombre de 78 años cuando Tierra Viva lo consulta sobre las razones que llevaron a integrantes de la dirigencia liguista a encauzarse en aquella agrupación político militar peronista durante los años siguientes a su fundación. Con la misma repregunta responderá al interrogante sobre las razones que tuvieron los milicos para pegarle “tan duro”. “Tan solo hay que mirar el contexto y se entiende perfectamente”, invita. Y allá vamos.

Un movimiento campesino que le ganaba a las corporaciones

Osvaldo “Quique” Lovey también insiste en contextualizar la persecución, la violencia, la muerte. “Hay que decir en qué contexto político se desarrolló la represión. Las Ligas Agrarias era la organización más importante que tenían los agricultores familiares en el Nordeste argentino, enfrentamos la estrategia acumulativa de los monopolios en las distintas provincias, luchamos por la distribución de la tierra, por la reivindicaciones más sentidas de las familias campesinas. La dictadura tenía un objetivo económico y para poder implementarlo había que eliminar todo vestigio de oposición y resistencia, nos necesitaba terminados”, amplía en diálogo con esta Agencia.

Como Vénica, Lovey fue testigo en el juicio que culminó el 10 de junio pasado. También lo fueron Carlos Cremona y Oscar Mathot, integrantes del movimiento, además de varios familiares de Arturo Dean, Hugo Voucouber, María Bregant, Luis Fleitas y Carlos Piccoli, sus compañeros secuestrados y desaparecidos, “casos” en el debate. Palabras más, palabras menos, los militantes describieron ante los jueces del TOF 4 de San Martín los trabajos, lineamientos y objetivos de las Ligas Agrarias y concluyeron en que aquellas características fueron las razones de la persecución que sufrieron.

La organización campesina se expandió rápidamente por todo el Nordeste y llegaron incluso a Buenos Aires, Córdoba y Santiago del Estero. Pero el origen de las Ligas es chaqueño. Allí se dieron una serie de condiciones que, en medio de la “turbulencia que sacudía al país entero”, concluyeron en la primera versión de este “colectivo social que se reconoció como un ‘nosotros’explotado y marginado, y se construyó desde la crisis y la amenaza efectiva a la supervivencia” de campesinos vinculados al cultivo del algodón, define la socióloga Mercedes Moyano Walker en su investigación “El mundo rural en emergencia”.

El nacimiento de las Ligas Agrarias

La fecha: 14 de noviembre de 1970. Aquel día, en Saenz Peña, Chaco, se llevó a cabo el “Primer Cabildo Abierto de Campesinos”, principalmente pequeñas familias rurales. Estaban los “colonos”, una identidad que viene de la distribución de más de un millón de hectáreas del centro chaqueño en colonias agrícola-ganaderas de entre 10 y 50 hectáreas cada una que el gobierno nacional impulsó en la primera mitad del Siglo XX y en donde se fomentó, sobre todo, el cultivo de algodón. También figuraban los cooperativistas, ya que la producción se había organizado institucionalmente en cooperativas que se habían conformado desde hacía décadas. Aquella reunión dio nacimiento a Ligas Agrarias chaqueñas.

Las demandas apuntaban contra los monopolios de acopio y comercialización usufructuados por dos o tres terratenientes locales y capitales extranjeros y exigían protección al gobierno provincial y nacional: regulación estatal de la comercialización y la producción, pero también distribución de la tierra, indican en una de sus tantas investigaciones sobre el tema Claudia Calvo y Analía Percíncula para la Universidad Nacional del Nordeste.

Aquella primera irrupción pública reunió, recuerda Venica, unos 4000 campesinos y campesinas que ya venían “agitados”. El Cordobazo, en 1969, había dejado la mecha encendida. El Movimiento Rural de Acción Católica Argentina venía aportando para entonces, dice Moyano Walker, una elemento fundamental para la conformación de las Ligas: jóvenes formados en el territorio, en los campos, en los montes de esa zona litoraleña, educados en contacto con la tierra y con un objetivo claro: “Impulsar en el campesinado el camino hacia la vida digna”, define el militante que fue uno de ellos.

¿Sobre qué capacitaban? Sobre cómo trabajar la tierra, cómo conectarse con el entorno y cómo vivir en él y de lo que él otorga; cómo defenderlo desde la política, la educación, la construcción asamblearia. “El movimiento liguista surge de una gran necesidad de organización, una gran necesidad de transformación y una gran necesidad de lucha para evitar que se apoderen de las tierras de los campesinos del país”, resume la investigadora Mercedes Moyano Walker.

En el trabajo de formación del Movimiento Rural Católico fue que Vénica conoció a su compañera Irmina Kleiner, con quien sobrevivió a la última dictadura escondido en el monte, la selva y los cañaverales de la zona y hoy mantiene un proyecto de agroecología en Guadalupe Norte (Santa Fe) —Naturaleza Viva—, donde nació y adonde regresó tras el exilio.

Juicio contraofensiva montonera
Remo Vénica. Dirigente de las Ligas Agrarias, perseguido por la dictadura, testigo en el juicio contra represores.
Foto: Gustavo Molfino

La asociación como herramienta: nadie se salva solo

El formato ya existía, y sobre él se montaron las Ligas Agrarias: las cooperativas. Subraya Vénica: “Hemos logrado recuperar decenas y decenas de cooperativas, incluso de las grandes” de algodón en Chaco y Formosa, de tabaco y yerba en Misiones y Corrientes, agropecuarias en el norte de Santa Fe. “Fueron nuestras herramientas económicas sobre las que concentrábamos la producción y defendíamos los precios. Y sobre ellas golpeó la dictadura para que no haya resistencia al plan económico de las corporaciones”, completa Lovey. En todo el Nordeste llegaron a involucrar cerca de 30.000 familias, más de 100.000 personas.

El contexto: “La política económica de la dictadura venía a reimponer a los grupos multinacionales que concentraban en sus manos desde el acopio en la producción hasta todo el desarrollo de la cadena industrial”, apunta el militante rural que hoy sigue vinculado a la temática, en el gobierno de Jorge Capitanich, en Chaco.

La entrega de un millón de hectáreas de Chaco y Formosa a la empresa Agrex —estadounidense con el apoyo local de la familia del dictador Alejandro Lanusse— fue la principal resistencia en el origen de las Ligas chaqueñas. Y lo lograron, no solo porque lo impidieron, sino porque el movimiento de campesinos logró desarrollarse en toda la cadena industrial del algodón: “Una parte la comercializábamos y otra se industrializaba. Teníamos fábricas de aceite, molinos harineros, hilandería, tejeduría, fábrica de confección de ropa, líneas de exportación por los ríos Paraná y Uruguay. Un complejo muy importante que fue formado, organizado, financiado por la economía de los agricultores. Eso es lo que vinieron a destruir”, describe Lovey.

Las razones económicas de la última dictadura “necesitaron de la muerte y la persecución” para poder concretarse, añade Remo Vénica, pero el objetivo era “a largo plazo” y apuntaba “a quedarse con la tierra». «Ellos tenían presente que el futuro, la riqueza de la humanidad, era la producción de alimentos. Y para producir alimentos se requería concentrar la tierra”, explica.

—¿Considera que querían la tierra para producir?

—No, por supuesto. No veían vida en el territorio. Solo riqueza, dinero, ganancias, poder, para ellos. Ellos querían acumular ganancias, no multiplicar campesinos, que es la manera más sana de producir sanamente, de distribuir mejor a la población en el territorio y a la riqueza entre la población.

Juicio contraofensiva montonera
Osvaldo «Quique» Lovey, de las Ligas Agrarias de Chaco. Testigo en el juicio que condenó a represores de la dictadura militar.
Foto: Gustavo Molfino

La dictadura y su plan sistemático

Para el 24 de marzo de 1976, la multiplicación de campesinos de las Ligas Agrarias era más que fructífera. El movimiento cooperativo llegó a comercializar el 80 por ciento de las producciones agropecuarias en casi todas las provincias en las que tenían presencia, según los cálculos que maneja Vénica, quien, por otro lado, destaca que durante el “auge” de las organizaciones rurales, eran “500.000 pequeños y medianos productores en todo el país. Ahora no somos más de 100.000”.

La organización campesina llegó a convertirse en “un movimiento súper fuerte de las comunidades rurales que decidían cada cosa en asamblea, las medidas que tomarían, quiénes iban a conducir el movimiento”, remarca Vénica.

Sin embargo, aquel marzo fue la estocada final de un plan de persecución y exterminio que venía consolidándose desde por lo menos un año antes. Para entonces, hacía años que gran parte de la dirigencia del movimiento —en casi todos los territorios— integraba alguna organización de la lucha armada. Varios de ellos pasaron la previa del golpe de Estado de 1976 en la cárcel. Lovey fue detenido en abril de 1975 y puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, como algunos otros. Desde fines de 1975, “la represión se agudizó, se sucedieron las muertes, los asesinatos callejeros y las desapariciones, los secuestros, las torturas. Fue una cacería literalmente. Porque a la semana de habernos largado, nos volvieron a buscar y esa vez el plan era no dejarnos con vida”, describe.

Él, Venica y otra decena de referentes de las Ligas Agrarias debieron refugiarse en el monte chaqueño cuando la Junta Militar dio el golpe “pues no había lugar seguro” para ellos.

En la zona del Nordeste, la confluencia de “todas las fuerzas, Ejército, Prefectura, Gendarmería, y las Policías” desplegaron una serie de operativos a los que bautizaron “Toba” y tuvieron como única meta encontrarlos: “Iban casa por casa en las colonias, allanaban a cada familia. Secuestraban a delegados campesinos que nos ayudaban con alimento y agua, los torturaban y luego los exponían en las comunidades, maniatados con alambre, hinchados de los golpes, ensangrentados, los paseaban hasta por las canchas de fútbol de los barrios para demostrar qué pasaba si seguían insistiendo con otro modo de vida”, describe Vénica.

En el marco de esos operativos “cayeron” algunos dirigentes liguistas en 1976, como Carlos Orianski y Juan Sokol. Orianski venía escapando de la patota genocida que lo sorprendió en el monte en octubre. Permanece desaparecido. Las familias campesinas con las que había tenido contacto antes fueron detenidas y torturadas. Como la familia de Sokol, a quien hallaron en la ruta y lo trasladaron a la comisaría de Saenz Peña, donde murió producto de los golpes.

Pero además de violencia física, también hubo de la otra: robo de tierra y de herramientas, una política para desarmar el monte. “La estrategia era despojar a los campesinos de la tierra. Primeros destruían los lazos sociales con el miedo, luego les privaban del trabajo”. En Chaco, suma Lovey, “solo en 1978 se embargaron 3000 tractores de los agricultores. Entonces les quitaban las herramientas de trabajo y después las chacras. Además de campesinos secuestrados, acá desaparecieron del escenario agrario más de 20.000 familias agricultoras, el motor económico de esta provincia”.

Fueron entre tres y cuatro años de vivir escondidos. Irmina Kleiner parió dos de los seis hijos que tiene con Vénica en ese tiempo: la niña nació en una cueva que cavaron a tres metros de profundidad; el niño, en el campo de cañas de azúcar de tres metros de alto. Ambos pudieron exiliarse, al igual que Lovey y otros compañeros. Más tarde o más temprano, regresaron en el marco de la Contraofensiva. Fueron muchos los referentes de las Ligas Agrarias que no sobrevivieron al terrorismo de Estado.

Las víctimas campesinas de las Ligas Agrarias y los juicios a represores

El pasado 10 de junio, el Tribunal Oral Federal 4 condenó a cinco jerarcas de la Inteligencia del Ejército por un centenar de delitos de lesa humanidad contra los militantes que “volvieron” a resistir el terrorismo de Estado. Entre ellos, se cuentan los que sufrieron Arturo Dean, Hugo Voucouber, María Bregant, Luis Fleitas y Carlos Piccoli. Todos estuvieron escondidos en el monte, lograron exiliarse en Europa y regresaron. A Dean y Bregant, una pareja de liguistas de Santa Fe, los secuestraron en el Puente Internacional Paso de los Libres. A Fleitas y Vocouber, se cree, los interceptaron en el aeropuerto de Mendoza. Piccoli llegó hasta Saenz Peña, en el Chaco. Su objetivo era reorganizar a les campesinos, pero no lo dejaron: lo asesinaron en una emboscada mientras andaba en bicicleta la noche del 22 de abril de 1979.

Por su muerte y la de Raúl Gómez Estigarribia, otro referente de las Ligas de Chaco, también fueron juzgados y condenados en 2019 por la justicia federal de Resistencia el ex teniente coronel del Ejército Tadeo Bettolli; los ex agentes policiales Alcides Sanferraiter y Miguel González y los ex comisarios José Rodríguez Valiente y Eduardo Wischnivetzky. El Tribunal Oral Federal de Corrientes, en tanto, revisó el secuestro y las torturas que sufrieron una decena de integrantes del movimiento en esa provincia. Por esos hechos, condenó a tres represores y absolvió a otros cuatro.

Pero son muchas más las víctimas campesinas que dejó el terror. Lovey no sabe cuántos exactamente, “nunca” quiso contarlos “por una cuestión de dolor en el alma”. Los hay muertos, los hay desaparecidos, los hay sobrevivientes, como él. Y también hay nombres que no integran la lista de ninguna “categoría”, pero igualmente sufrieron. Todas “son pérdidas que se sienten y se van a sentir para toda la vida”. “Todos están en el corazón y el alma del pueblo campesino, porque han dado todo por su lucha y organización. No hay día que el pueblo no los recuerde”, completa Vénica.

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Estado ausente en agricultura, transgénicos y agrotóxicos

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Hugo Sand, Presidente y Cristian Klingbeil, Secretario Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones .. En nombre de la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones APAM afirmamos que, solos en las rutas, o en innumerables  reuniones con funcionarios públicos o gerentes de empresas, seguiremos  denunciando, que el problema agrario se debe a la ejecución  de un proyecto político implementado  hace muchos años  en nuestra región, en donde se privilegia  a los grandes emprendimientos empresariales  como ser la foresto industria, las mega represas o los complejos turísticos en Iguazú.

Este proyecto de exclusión   de los pequeños  productores   y de los obreros rurales, se ve fuertemente incrementado  en la actualidad, por la promoción que realiza el propio  Estado  de paquetes tecnológicos   foráneos,  que privilegian  el uso de semillas u organismos  transgénicos, fertilizantes  solubles, y cocteles de agro tóxicos poniendo en grave riesgo la salud humana y ambiental.

Consideramos  que la ciencia y la tecnología deben tener una  función social y creemos que el conocimiento es fundamental para un crecimiento y desarrollo armónico de las familias agrarias.

Pero… ¿a que se dedicaran los tareferos cuando se generalice la cosecha mecánica y la mano de obra sea obsoleta? ¿Vamos a privilegiar el lucro que genera una maquina por sobre las necesidades  de trabajo de muchos obreros? O que sucederá con los colonos de Misiones y Corrientes cuando perdamos soberanía sobre la yerba mate  porque  al modificarla genéticamente  se la podrá cultivar en  la Patagonia o en Siria?  Y qué de las malformaciones congénitas, esterilidad, labios leporinos, cánceres, leucemias?, ¿no están directamente relacionados con el uso de biocidas  que  contaminan las aguas que bebemos  o los alimentos que ingerimos?

Cuando nuestros legisladores dejen de reciclarse en distintos cargos públicos y tomen conciencia del daño social y ambiental que se  avecina……..ya será muy tarde.

Hemos participado activamente en la creación del INYM e integramos  la COPROTRE, pero el Poder Político y el Poder Económico no permiten la plena vigencia de las leyes que regulan las actividades en las cadenas yerbatera y tealera, dejándonos en manos  del dios mercado.

Denunciamos ante la Defensoría del Pueblo, aportamos actas  en donde el sector industrial reconoce el incumplimiento del precio  de la hoja verde del té, y solicitamos se investigue a funcionarios quienes tienen la obligación de hacer cumplir  las leyes, pero,  han permitido que impunemente  el sector dominante  se apropie de millones de dólares y no distribuya equitativamente las  riquezas que  entre todos generamos.

El laudo de la Nación que fijo un precio por seis meses sin tener en cuenta la inflación que estimativamente es cercana al 50% es indignante, pero lo es también  la actitud de aquellos  que por mayoría  acordaron un valor de 13,5$, muy lejos de los 0,50 dólares por Kg. que consideramos es el precio  justo que permite que nuestra actividad sea sustentable. A todos ellos los hacemos responsables del fracaso económico de la presente zafra, del incremento de la pobreza, de la migración de los jóvenes, de la concentración de la riqueza….

El incumplimiento de la ley nº 25564 , fundamentalmente por los directores que son quienes  dirigen el INYM, al no implementar cupos de cosecha, limitar plantaciones , implementar el mercado consignatario de yerba mate canchada, permiten que el sector primario sea permanentemente  sometido al poder dominante, o sea el sector industrial.                                              

En el Día del Trabajador, saludamos, reconocemos y nos solidarizamos con todos aquellas personas que por sus elevadas normas de ética y por su trabajo en beneficio de  la familia agraria y por ende de toda la comunidad, nos enseñan que otra sociedad es posible en donde la corrupción no exista y la transparencia en los actos públicos y privados sea una constante…

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