Fin de un mito. Desde hace varios años se usa como latiguillo político y económico que la política fiscal de Misiones ahuyenta industrias que terminan eligiendo a Corrientes. Particularmente, en el sector forestal se pone énfasis en que la tierra del chamamé es potencia. Sin embargo, los datos oficiales del gobierno de Gustavo Valdés, revelan que la realidad es otra: Misiones triplica a Corrientes en número de industrias y también en el empleo que depende de la madera.
Un estudio de la Asociación Plan Estratégico Foresto Industrial de Corrientes, revela la existencia de 262 industrias forestales. “Quince más que hace diez años”, destaca el documento, lo que contradice la hipótesis de un éxodo industrial desde Misiones a la vecina provincia.
Como contraste, en Misiones se pasó de 400 aserraderos, según el relevamiento forestal hecho por el gobierno de Mauricio Macri en 2016 a 669 aserraderos en actividad actualmente, con un crecimiento de más del 50 por ciento.
Esa diferencia en el número de industrias tiene como correlato una amplia brecha en el número de trabajadores. En Corrientes hay 4.780 trabajadores forestales. En Misiones los trabajadores de la madera son 12.397.
No hay sector en el que Misiones no saque ventaja. En silvicultura y explotación forestal, en Corrientes hay 1.599 trabajadores. En Misiones son 2.913.
En elaboración de productos de madera, en Corrientes hay 1.599 trabajadores. En Misiones son 2.913.
En elaboración de productos de papel, en Corrientes son 41. En Misiones, 1.902.
En fabricación de muebles, los trabajadores correntinos son 105. En Misiones hay 452.
Según los datos industriales de Corrientes, la cantidad de secaderos pasó de 20 a 46 en los últimos ocho años. En Misiones se acaba de poner en marcha un plan para modernizar 200 secaderos que accederán a créditos blandos para comprar tecnología. Reducirán el tiempo de secado de 45 días, al aire libre, a 72 horas en las cámaras de secado. Esa inversión proyecta fortalecer aún más el empleo en el sector y la escalabilidad de las pequeñas industrias, lo que abrirá nuevos mercados para la industria misionera, que es líder en toda la región.
El Gobierno provincial presentó el programa de créditos “Primer Secadero”, destinado a pequeñas y medianas industrias forestales que no contaban con ese eslabón y que podrán acceder a créditos flexibles.
El ministro de Industria, Nicolás Trevisán, el Jefe de Gabinete, Victor Kreimer y el ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, dieron detalles de la operatoria que contará con un fondeo especial a 36 meses con seis de gracia y una tasa del 22 por ciento, que, en el contexto actual, resulta negativa.
Además, las empresas misioneras tendrán el respaldo de un fondo de garantía que permitirá condiciones más flexibles que el acceso a un crédito tradicional.
Se apunta a llegar a 200 aserraderos, con un crédito de hasta cinco millones de pesos cada uno.
El objetivo es mejorar la competitividad y evitar la concentración en el sector. Pero además significará un estímulo a otras industrias, como las metalúrgicas y constructoras, porque los secaderos deberán fabricarse en Misiones y con un prototipo desarrollado por el ministerio de Industria.Los interesados deben realizar la preinscripción en la página web del ministerio de Industria.
En la chacra de los Klingbeil lo tradicional y lo moderno se mimetizan, a tal punto que es difícil decir qué tiene más fuerza: si las raíces de inmigrantes alemanes / polacos bien plantadas o la audacia innovadora que trae la nueva generación, y que juntas, logran un resultado formidable.
Sin temor a exagerar, podemos describir de esta manera el trabajo de Ernesto y de Pablo Klingbeil, padre e hijo, un trabajo que transformó el viejo y querido barbacuá en un secadero a cinta y que, a poco de obtener el certificado de Buenas Prácticas de Manufactura (BPM), con apoyo del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), ya está focalizado en identificar y poner en marcha nuevas herramientas que permitan mejorar aún más la calidad de la yerba mate procesada.
Ubicado en los cerros de la zona centro de la provincia de Misiones, en el departamento Oberá, el secadero de los Klingbeil comenzó a funcionar en el año 1983. “Era tipo barbacuá, y lo fuimos construyendo nosotros, hasta el ladrillo que se usó fue fabricado acá”, contó Ernesto, repasando sus primeros pasos en la chacra que heredó de sus padres Elfrida Gampel y Víctor Klingbeil, quienes llegaron de la vieja Europa en busca de mejores condiciones de vida. ”Cuando era chico vivimos primero en la ciudad y luego la chacra, y de acá no me voy más”, agrega el agricultor que echo raíces y se animó a innovar, confiando en la impronta que su hijo le da al emprendimiento familiar. “Pablo estaba estudiando y un día vino y me dijo: ´hacemos algo distinto?’, y me convenció; con él repensamos y rearmamos toda la estructura del secadero, desde abajo, paso a paso y con la misma gente, siempre buena gente”, expresó.
La incorporación de elementos de vanguardia en el secadero se inició en el año 2004. “Estaba terminando la escuela técnica; teníamos un barbacuá con capacidad para almacenar 13 mil kilos de hoja verde y me preguntaba qué se podía hacer para producir más. Entonces decidí hacer el trabajo final de estudio con todos los planos del secadero a cinta, y es el que está funcionando hoy”, recordó Pablo. “Fueron largos meses de probar, de ver si funciona o no… los kilos que se pasaban por hora entonces eran unos 1300 kilos de hoja verde en el barbacuá y hoy se está pasando 10 mil kilos de hoja verde con dos líneas de sapeco y dos líneas de pre seco, y se hace el envasado en bolsones, garantizando homogeneidad en la canchada”, agregó.
La meta es mejorar la calidad.”Acá se pone el corazón en lo que se hace, se tiene una visión de buscar la excelencia. Hemos elegido la calidad por sobre todas las cosas; tenemos sapecadores que no tienen carbonilla y esto nos llevo a otra exigencia: lograr homogeneidad en el color, y se ajustaron cosas en el secado y canchado, luego fuimos mejorando el envasado en bolsas y la humedad en la canchada final bolsón por bolsón”, indicó.
La decisión de los Klingbeil de formar parte de la capacitación en Buenas Prácticas de Manufactura – iniciativa que brinda el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) y el Instituto Argentino de Normalización y Certificación (IRAM)- se enmarca en la búsqueda constante de superación. Luego de alcanzar las etapas e implementar las mejoras en las instalaciones y en el personal, el secadero recibió el certificado que acredita un proceso de secado que confiere más calidad a la yerba mate.
“Han mejorado y mucho las condiciones de trabajo; el operario lo que tiene que hacer es cuidar las temperaturas y llevar adelante el control de las mismas; cada sector tiene su mejora, el encargado monitorea toda la empresa a través de cámaras, los foguistas cargan chip a través de pantallas, y trabajan siete personas por turno para procesar entre 9 y 10 mil kilos de hoja verde por hora”, detalló Pablo.
Siempre con su padre cerca, Pablo ya piensa como seguir optimizando y modernizando el secadero. “Pienso que en los tiempos en que estamos viviendo no nos podemos quedar; me doy cuenta que el secadero ya quedó chico y tenemos nuevos desafíos; es algo en lo que ya estamos trabajando”.
Tienen una historia de vida carga de esfuerzos y con buenos resultados. ¿Cuál es su mayor satisfacción? “La familia… y que todos disfrutemos en paz y también los que nos rodean, ser amigos de la gente”, enfatizó Ernesto Klingbeil. Eso, unido a un lineamiento de trabajo presente durante toda su vida y para todos quienes forman parte de la empresa familiar: “A todos les digo siempre: Si entró hoja verde, muchachos allá bajo tiene que salir seco… cada uno tiene su compromiso”. Otros seis secaderos con BPM
Un total de seis secaderos recibieron el 7 de agosto de 2018 los certificados en Buenas Prácticas de Manufactura (BPM), iniciativa que impulsa y financia el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) y que se implementa a través del Instituto Argentino de Normalización y Certificación (IRAM), dando cumplimiento al Plan Estratégico para el Sector Yerbatero.
Los certificados fueron entregados a los secaderos Klingbeil Ernesto (Oberá), Productores de Yerba Mate de Santo Pipó S.C.L. (Santo Pipó), Valois S.A.C.I.F.I.A. (Gobernador Roca), Anra S.R.L. (San Pedro), Establecimiento Imhoff S.R.L. (9 de Julio) y JS S.A. (Oberá) durante un acto en la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales de la Universidad Nacional de Misiones (INYM), presidido por su decano Luis Brumovsky, el presidente del INYM, Alberto Re y el gerente de Capacitación Zona Litoral del IRAM, Jorge Coulter.
La capacitación que brinda el INYM y el IRAM a los secaderos “es rigurosa y su implementación demanda realizar inversiones y cambios en las instalaciones y en el personal, pero es algo que tenemos que asumir no sólo porque la yerba mate es un alimento que debemos ofrecer con inocuidad sino también porque nos posiciona mejor en el mercado”, sostuvo Alberto Re.
La industria de la yerba mate sigue avanzando con su profunda transformación silenciosa, de ser productora de un commodity que no se diferenciaba mucho entre una marca y otra, a elaborar un producto que incorpora cada vez más calidad. El mercado está demostrando que premia aspectos como el sabor, el estacionamiento, la mezcla y el cuidado en la elaboración. Así se gana cuota de mercado y se puede cobrar más por el producto.
En el día de hoy se dio un nuevo paso en ese sentido con seis secaderos medianos y pequeños que obtuvieron su certificado IRAM, que acredita que cumplen con las llamadas Buenas Prácticas de Manufactura (BPM). Estos seis secaderos se suman a Rosamonte y son los 7 primeros que alcanzan esta acreditación dentro de un programa que lanzó el INYM en 2015.
Los secaderos de las yerbateras Piporé, Mate Rojo (J.S. S.A.), Buen Día (Imhof SRL) y Jardinera (de la firma Valois SACIFIA, que también es fuerte en fécula de mandioca) recibieron este certificado esta mañana en un acto que se realizó en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNAM.
También recibieron certificados los secaderos de Ernesto Klingbeil y Anra SRL. Esta última firma, propiedad de Antonio Kazimirow, acaba de lanzar su marca de yerba “Encanto” que se está comercializando en Córdoba y Santa Fe.
Las BPM son normas estrictas por las cuales, los secaderos deben cumplimentar con una serie de procedimientos productivos que garantizan la inocuidad de los alimentos. Es decir, que se cumplen ciertas normas de orden y limpieza en la manipulación de la materia prima.
Por ejemplo, se revisa y se modifican -de ser necesario- la forma de recibir la hoja verde, el lugar donde se almacena antes y después de la secanza, etc.
“Es muy exigente, se controlan los cerramientos, se pide a veces que coloquen mallas mosquiteras o entoscar accesos a la planta que son terrados”, dijo a Economis, Cecilia Rodríguez, auditora de IRAM y la profesional que acompañó a las empresas en la tarea de evaluación y certificación.
Como muestra de la exigencia del proceso, cabe mencionar que algunas firmas que participaron del programa de capacitación impulsado por el INYM decidieron, por ahora, no ir por la certificación. Son las empresas Unizony (Campo Grande), Agro Moreno SRL y Secadero Colonial. Incluso Imhof y Piporé certificaron solo uno de los dos secaderos con los que cuenta cada una de estas yerbateras. En el proceso, bajaron una de sus instalaciones del programa final.
En cambio, Rosamonte, que fue la primera en obtener la acreditación bajo este programa del INYM, decidió desde el arranque certificar su instalación de Apóstoles y dejó para el año que viene a su secadero de Concepción de la Sierra. Otra muestra más de la exigencia que implica el proceso.
Cabe aclarar que por afuera del programa impulsado por el INYM, las yerbateras Las Marías y Romance (Gerula), ya cuentan con certificación IRAM en BPM en sus secaderos. En tanto, Amanda (La Cachuera) tiene la IRAM en BPM para su molino y el año que viene buscará certificar sus cuatro secaderos bajo el programa del INYM. El mercado paga más por la calidad
“Si queremos cobrar más por la yerba, cobrar más por nuestro producto y ganar mercados, tenemos que apostar a la calidad”, dijo Alberto Re, el titular del INYM.
“Es muy lindo ver como a través del proceso de certificación, va cambiando la mentalidad sobre la forma de hacer las cosas, se puede mejorar mucho”, dijo Pepe Stepaniuk, cara visible de Mate Rojo (JS S.A.) cuando recibió su diploma.
Una parte del proceso es documental. Hay que tener registrados, documentados y acreditados los distintos pasos en el proceso de secado de la yerba. Esto, para una industria donde la repetición de las tradiciones es fuerte y los conocimientos se transmiten de generación en generación, implica todo un cambio profundo.
“Es una cuestión de superación, mi padre me decía ‘hasta acá’, pero hay un cambio generacional y nosotros superamos expectativas que antes ni siquiera teníamos”, dijo Pablo Klingbeil, de la zona de Oberá cuando fue a recibir el diploma, ante la atenta mirada de su padre, Ernesto. El INYM impulsa la transformación de la industria
El organismo yerbatero es el gran impulsor de esta iniciativa por la cual, cada vez más secaderos, certifican las BPM. El INYM provee de capacitación a las empresas y luego IRAM realiza la evaluación a través de una auditora externa. Si pasan la evaluación y cumplen las exigencias de inocuidad, obtienen la certificación.
Certificar implica modificar procedimientos, incorporar ciertos recursos. A veces se puede realizar con lo que ya tiene un secadero y sólo se trata de reordenar todo. Pero a veces, implica invertir para mejorar las instalaciones. “Es una inversión que tiene un retorno, porque el mercado hoy pide calidad”, dijo Ré.
A Rosamonte le llevó nueve meses alcanzar la certificación. “La limpieza en toda la instalación, todo lo que tenga que ver con el cuidado del producto, lo cual implica una inversión de la empresa para modificar lo que sea necesario y capacitaciones con el personal para lograr ese resultado, fueron necesarias”, dijo José Maria Zanek, encargado de producción de Rosamonte, en una publicación del INYM.
Otras empresas que ya se anotaron para el próximo programa de capacitación de BPM del INYM son Colonia Yapeyú, Cooperativa de Productores y Te de Guaraní, Yerba Mate Kraus, Cooperativa Yerbatera Dos de Mayo (Picada Indumar), Cooperativa Agrícola Mixta Montecarlo (Aguantadora), San Miguel S.A., Empresa Fontana S.A., Empresa EMPRO, Anibal Mondini, Don Leandro SRL y nada más y nada menos que Cooperativa Liebig.
Liebig, elaboradora de Playadito, es la yerbatera que está liderando este cambio de la industria hacia la calidad. El mercado le respondió en los últimos años como a ninguna otra. Desde hace tres años, Playadito se consolida como la segunda yerbatera del país, detrás de Las Marías (Taragüí) y se transformó en un factor muy influyente en esta industria. Un negocio donde la última palabra, igual, siempre la tiene el consumidor.
De izquierda a derecha: Ernesto y su hijo Pablo Klingbeil; Juan Imhoff, Valois S.A., Pepe Stepaniuk (JS), Jorge Coulter (IRAM-Regional Litoral), Alberto Ré, Christian Domínguez (gerente producción Piporé), Yamila Imhoff y Antonio Kazimirov (ANRA SRL).
El acto se realizó en el Aula Magna de la Facultad de Exactas (UNAM). Estuvo Gerardo Vallejos y Silvio Leguía (presidente y gte de Marketing de Piporé), Esteban Friedelmeier, Marcelo Szychowski, Ruben Henrikson, y Ricardo Maciel.
Cristian Domínguez (gerente de Producción), Gerardo Vallejos (Presidente) y Silvio Leguía (Gerente de Marketing) junto a la auditora Cecilia Rodríguez.
Pepe Stepaniuk, de Mate Rojo: “Es lindo ver como todos se sienten involucrados con el cambio”
Personal del Departamento de Fiscalización del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) procedió en los últimos días a la clausura de tres secaderos que no presentaron en tiempo y forma la solicitud para operar durante los meses de diciembre, enero, febrero y marzo; cuando se efectúa la denominada “zafriña” de verano. Se trata de establecimientos ubicados en Salto Encantado, Comandante Andresito y Colonia Soberanía.
De los tres, el que presentó mayores irregularidades fue el ubicado en la localidad de Salto Encantado. Al verificar la documentación del secadero los inspectores comprobaron que el mismo se encontraba dado de baja en el Registro de Operadores del INYM. Inmediatamente recorrieron otros sectores y detectaron la presencia de 10.000 kilos de yerba mate canchada, sin las etiquetas de bolsas correspondientes, por lo cual se procedió a la intervención de ese producto.
De acuerdo al acta labrada, en una primera instancia se comprobó que el establecimiento no contaba con la autorización correspondiente para realizar la secanza durante el verano. La Resolución 37/2007 dispone que los operadores deben notificar al INYM y obtener el permiso correspondiente para procesar materia prima durante el periodo diciembre – marzo. Los fiscalizadores observaron que en la planchada del establecimiento había 2.500 kilos de hoja verde de yerba mate a punto de ingresar al sapecado.
A partir de estas infracciones procedieron a la clausura, colocando los precintos en el sistema de sapeco, en la cinta transportadora, en la cinta saliente y en la canchadora del secadero.
En los otros dos casos, correspondientes a secaderos de Comandante Andresito y de Colonia Soberanía, los fiscalizadores detectaron que los mismos se encontraban operando, a pesar de que la solicitud para realizar tareas de secanza en esta época del año no había sido presentada en “tiempo y forma”. Por este motivo procedieron a la clausura preventiva de ambos establecimientos.