Secretaría de Trabajo

El Gobierno busca llevar las paritarias a un piso de $1 millón sin subir el salario mínimo

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El Gobierno nacional busca trasladar a las negociaciones paritarias una parte de la estrategia para recomponer los ingresos de los trabajadores registrados. En la antesala de una nueva reunión del Consejo del Salario, la Secretaría de Trabajo impulsa que los convenios colectivos incorporen mecanismos capaces de garantizar un piso de ingresos cercano a $1.000.000, sin que eso implique un salto equivalente en el Salario Mínimo, Vital y Móvil.

La propuesta aparece en un momento en que la política salarial vuelve a quedar vinculada con dos problemas que atraviesan la economía argentina: la debilidad del consumo y el aumento del endeudamiento de los hogares. El salario mínimo vigente se ubica en $376.600 mensuales, mientras que los trabajadores alcanzados por convenios colectivos perciben, en la mayoría de los casos, ingresos superiores a ese umbral.

La estrategia oficial consiste entonces en utilizar las paritarias como mecanismo para elevar el ingreso efectivo de los trabajadores registrados, antes que promover una actualización de magnitud del salario mínimo. La mejora debería surgir de acuerdos entre sindicatos y cámaras empresariales, sin una transferencia directa de recursos del Estado.

El Gobierno apuesta a bonos para evitar un salto en los costos

Según la propuesta que circula en la Secretaría de Trabajo, una de las herramientas para alcanzar el objetivo sería incorporar bonos no remunerativos en los acuerdos salariales, mientras los incrementos porcentuales mensuales se mantienen alrededor del 2%.

El argumento oficial es que de esta manera podría elevarse el ingreso de bolsillo sin trasladar un incremento equivalente a los costos estructurales de las empresas y, por esa vía, evitar una presión adicional sobre los precios.

La fórmula, sin embargo, enfrenta una dificultad económica: todavía no está definido con precisión cómo se compatibilizaría un piso de ingresos de $1 millón con aumentos salariales mensuales acotados y con la estructura de costos de cada actividad. Por eso, dentro del propio Gobierno remarcan que no existe un “número mágico”, sino una orientación para las próximas negociaciones colectivas.

El planteo también tiene una dimensión institucional. En lugar de establecer desde el Estado un nuevo piso salarial general, el Ejecutivo pretende que sean los actores de cada convenio colectivo quienes construyan ese umbral de ingresos.

El salario mínimo quedó muy por detrás del costo de vida

La distancia entre el SMVM y los ingresos necesarios para sostener el consumo explica buena parte de la discusión. El salario mínimo quedó fijado en $376.600, un valor que perdió capacidad como referencia efectiva para las negociaciones laborales.

Desde el movimiento sindical sostienen que el punto de partida debería estar mucho más cerca del costo de la canasta básica. El reclamo de la CGT apunta a un básico no menor a unos $1,56 millones, tomando como referencia el valor de la canasta básica para una familia.

La diferencia muestra el problema de fondo: el salario mínimo dejó de funcionar como una referencia cercana al ingreso necesario para cubrir las necesidades básicas, mientras que las paritarias pasaron a ocupar un papel central en la determinación de los salarios efectivos.

La discusión se vuelve todavía más relevante porque los salarios privados registrados aumentaron 1,9% en junio, según los datos citados del INDEC, sin superar la inflación del mes. En términos reales, permanecieron 3,6% por debajo del nivel de noviembre de 2023.

La CGT desconfía y reclama paritarias sin techo

La iniciativa oficial genera resistencia entre las centrales sindicales. Desde la CGT cuestionaron que no existió una negociación formal sobre un piso de $1 millón y reclamaron que las discusiones salariales permanezcan abiertas, sin un techo previamente establecido.

El planteo sindical adquiere mayor peso por la proximidad de la reunión del Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil, convocada para este viernes. Allí deberían discutirse tanto una nueva actualización del salario mínimo como los valores de las prestaciones por desempleo.

El encuentro llega, además, con diferencias sobre su modalidad. Mientras el Gobierno prevé realizarlo de manera virtual, las centrales obreras reclaman una reunión presencial.

La expectativa de un nuevo desacuerdo vuelve a colocar al Poder Ejecutivo ante una disyuntiva: actualizar por decreto el salario mínimo, como ocurrió en la última oportunidad, o dejar que las paritarias continúen funcionando como el principal mecanismo de recomposición de los ingresos formales.

Salarios, consumo y mora: el mismo problema por distintos canales

La discusión salarial no ocurre de manera aislada. En paralelo, el sistema financiero registra niveles elevados de mora de los hogares, mientras los bancos plantean al Banco Central mecanismos para facilitar refinanciaciones y detectar antes las dificultades de pago.

La conexión es directa. Cuando los ingresos pierden capacidad frente a los precios, las familias primero ajustan consumo, después utilizan ahorro o crédito y finalmente pueden comenzar a acumular atrasos. Por eso, la recuperación del ingreso disponible aparece como una condición relevante para estabilizar también el frente financiero de los hogares.

El Gobierno intenta resolver esa ecuación sin reabrir una dinámica inflacionaria. Su apuesta consiste en mejorar el ingreso efectivo mediante acuerdos privados, manteniendo contenidos los incrementos salariales mensuales y evitando que el Tesoro deba financiar la recomposición.

El límite estará dado por la capacidad de las empresas para absorber mayores costos, la voluntad sindical de aceptar esquemas con componentes no remunerativos y la evolución de la inflación.

El desafío es que el millón de pesos sea ingreso sostenible

La discusión que comienza esta semana excede el número del salario mínimo. El verdadero interrogante es si un trabajador puede recuperar capacidad de compra de manera sostenible, sin que una parte significativa de la mejora termine diluida por la inflación o por mecanismos salariales que no consoliden el ingreso.

Un piso de $1 millón podría representar un alivio para determinados trabajadores alcanzados por convenios, pero su impacto dependerá de cómo se instrumente, qué proporción sea remunerativa y qué actividades puedan efectivamente afrontar el costo.

Para el Gobierno, la prioridad es recuperar consumo sin alterar el proceso de desinflación. Para los sindicatos, el problema es que los salarios continúan corriendo detrás de las necesidades de los hogares. Y para las empresas, la discusión pasa por encontrar un punto donde la recuperación del poder adquisitivo no comprometa empleo, márgenes ni precios.

La reunión del Consejo del Salario será apenas una parte de esa negociación más amplia. El dato decisivo no será solamente cuánto sube el salario mínimo, sino si las paritarias consiguen convertir la recuperación del ingreso en una mejora real y durable del consumo.

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El empleo privado registrado cayó por tercer mes consecutivo

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El mercado laboral argentino volvió a mostrar en mayo una señal de debilidad que ya dejó de ser episódica: el empleo privado registrado encadenó su tercer mes consecutivo de caída y acumuló doce meses de contracción en el segmento asalariado. La fotografía que surge de los registros oficiales combina una moderación de la velocidad de destrucción de puestos con un problema más estructural: los empleos formales de mayor densidad productiva siguen perdiendo terreno, mientras crecen modalidades como el monotributo, que amortiguan estadísticamente el deterioro pero no sustituyen en cantidad ni calidad al empleo asalariado perdido.

De acuerdo con los datos desestacionalizados del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el empleo privado registrado disminuyó en mayo en 9.059 puestos, equivalente a una baja mensual del 0,15%. La caída fue menor que la registrada en marzo y abril, cuando había alcanzado 0,2% y 0,3%, respectivamente. Sin embargo, la desaceleración no modificó la tendencia de fondo: el empleo asalariado privado mantiene doce meses consecutivos de retroceso.

En términos interanuales, el sector privado registrado perdió 135.438 puestos, un 2,16%. El dato adquiere mayor relevancia cuando se observa qué actividades explican la mayor parte del ajuste. La industria manufacturera destruyó 52.341 empleos en un año, una reducción del 4,5%, mientras que el comercio perdió 39.154 puestos, equivalente a un 3,1%. Transporte, almacenamiento y comunicaciones recortó otros 13.915 empleos y la intermediación financiera, 6.924.

En conjunto, esas cuatro ramas concentran alrededor del 49% del empleo asalariado privado registrado y unos tres millones de trabajadores. Por eso, la evolución de estos sectores resulta determinante para evaluar si la economía consigue transformar una eventual recuperación de la actividad en generación neta de empleo formal. La señal actual es todavía insuficiente.

La composición de la variación mensual ofrece, al mismo tiempo, una lectura más compleja. Mientras el empleo privado asalariado cayó, el monotributo incorporó 2.676 trabajadores en mayo y acumuló 42.672 nuevos inscriptos en los últimos doce meses. El trabajo en casas particulares también creció, con 1.352 puestos adicionales en el mes y 6.319 en términos interanuales.

Ese desplazamiento es relevante porque permite distinguir entre una recuperación de la ocupación y una recuperación del empleo formal asalariado. El crecimiento del monotributo puede ampliar la cantidad de personas registradas, pero no compensa automáticamente la pérdida de puestos en empresas privadas. De hecho, el aumento de esta modalidad durante el último año absorbió menos de la mitad de los empleos privados asalariados destruidos.

La otra cara del mercado laboral aparece en el sector público. En mayo sumó apenas 736 puestos, un 0,02% mensual, y en doce meses acumuló una reducción de 16.701 empleos, equivalente a 0,49%. El ajuste estatal, por lo tanto, fue considerablemente menor al observado en el sector privado registrado.

La evolución desde el inicio de la actual gestión también exhibe una transformación en la estructura ocupacional. Desde entonces, el empleo privado registrado acumula una reducción de 241.176 puestos, mientras el empleo público retrocedió en 79.865. En sentido contrario, el monotributo incorporó 160.573 inscriptos, un crecimiento del 7,88%.

El problema no se limita a la cantidad de puestos. El salario real también comenzó a deteriorarse nuevamente. La remuneración real promedio del empleo registrado privado cayó 2,9% en mayo y volvió a retroceder 0,9% en junio. Como resultado, quedó por primera vez en 20 meses por debajo del nivel de noviembre de 2023, con una pérdida acumulada del 0,6% respecto de aquel punto de referencia.

La dinámica muestra que la desaceleración de la inflación no necesariamente se traduce de manera inmediata en una recuperación del poder adquisitivo. Durante los primeros cuatro meses de 2026, las remuneraciones nominales habían aumentado en promedio 2,1% mensual, pero entre abril y mayo ese ritmo se redujo a aproximadamente 1%. Si los salarios nominales desaceleran más rápido que los precios, el resultado termina siendo una nueva pérdida de salario real aun en un contexto de menor inflación.

La situación tampoco es uniforme entre los distintos convenios colectivos. Algunas actividades lograron recomponer poder adquisitivo, entre ellas encargados de edificio, camioneros, construcción y farmacia. En el extremo opuesto, textiles acumula una pérdida real del 12,6% interanual, metalúrgicos del 12,4%, comercio del 11% y calzado del 10,5%.

Esta dispersión confirma que la discusión salarial se volvió progresivamente más sectorial. La capacidad de cada actividad para trasladar mejoras nominales y sostener el poder de compra depende de su estructura productiva, productividad, condiciones de demanda y capacidad de negociación. También existe una fuerte dimensión territorial: en el convenio metalmecánico, la mediana salarial de la provincia mejor remunerada llega a ser 4,4 veces superior a la de la jurisdicción con menor salario. En construcción la brecha alcanza 3,7 veces y en alimentación, 3,5 veces.

Para Misiones y el NEA, este componente territorial resulta especialmente relevante. La recuperación del empleo no depende únicamente de que mejore el nivel general de actividad, sino de que esa mejora se traduzca en inversión, producción y demanda laboral en las economías regionales. La brecha salarial entre jurisdicciones y la concentración de la destrucción de puestos en sectores como industria y comercio muestran que una política de empleo efectiva necesita considerar las estructuras productivas locales y no solamente los agregados nacionales.

Los datos de junio tampoco anticipan todavía un cambio de ciclo. La Encuesta de Indicadores Laborales registró una nueva caída del empleo asalariado privado en empresas de diez o más trabajadores de los principales centros urbanos, del 0,1% mensual. En el interior del país la contracción fue del 0,2%, superior a la observada en el Gran Buenos Aires.

La clave para revertir esta dinámica, entonces, excede cualquier modificación normativa sobre el mercado laboral. El propio análisis citado de LCG plantea que la actividad económica, tanto por el lado de la demanda interna como de la externa, tiene mayor capacidad para traccionar la creación de empleo que los cambios regulatorios aislados. El desafío de política económica pasa por conseguir que la estabilidad macroeconómica y la recuperación sectorial se conviertan en inversión productiva y, finalmente, en puestos de trabajo formales.

Ese es el punto donde el dato laboral deja de ser una estadística y se convierte en una señal sobre el modelo de crecimiento. La economía puede estabilizar precios, recuperar determinados sectores y ampliar modalidades de trabajo independiente, pero la prueba decisiva será si consigue reconstruir empleo asalariado formal, particularmente en industria, comercio y servicios. Sin esa transmisión, la mejora macroeconómica corre el riesgo de convivir durante más tiempo con un mercado laboral que todavía no logra recuperar capacidad de absorción.

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La recuperación salarial se frenó en casi todo el país

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La desaceleración de la inflación y la estabilidad macroeconómica todavía no lograron traducirse en una recuperación sostenida de los salarios privados. Los datos del primer trimestre de 2026 muestran que el ingreso de los trabajadores formales volvió a perder terreno frente al costo de vida en la mayoría de las provincias argentinas, profundizando además las brechas regionales que caracterizan al mercado laboral nacional.

De acuerdo con un informe elaborado por Politikon Chaco sobre la base de estadísticas del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE), el salario bruto promedio del sector privado registrado alcanzó en marzo los $2.207.129 a nivel nacional. Sin embargo, detrás de ese promedio se esconde una Argentina salarial partida en dos.

Las provincias vinculadas a la energía y los recursos naturales continúan liderando el ranking de remuneraciones. Neuquén encabezó la tabla con un salario bruto promedio de $3.808.627, seguida por Santa Cruz con $3.768.615 y Chubut con $2.958.750. Completan el lote de privilegio la Ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego, únicas jurisdicciones que también superaron holgadamente la media nacional.

Salarios privados: Misiones en el lote más bajo del país

Salario bruto promedio del sector privado formal. Marzo 2026.

Jurisdicción Salario promedio Variación real interanual Lectura
Total país $2.207.129 -0,9% Promedio nacional
Neuquén $3.808.627 -0,5% Mayor salario del país
Santa Cruz $3.768.615 -1,0% Alta incidencia minera y energética
Misiones $1.410.385 -1,8% Entre los salarios más bajos
Corrientes $1.437.891 -3,3% Baja real superior al promedio
Chaco $1.448.454 -2,4% También debajo de la media nacional
Formosa $1.525.717 +0,3% Una de las tres subas reales
Fuente: Politikon Chaco en base a OEDE-STEySS e INDEC. Elaboración: Economis.

En el otro extremo aparecen las economías regionales y las provincias con menor desarrollo industrial. La Rioja registró el salario promedio más bajo del país con $1.308.235, seguida por Santiago del Estero, Tucumán y Misiones, donde la remuneración promedio alcanzó apenas $1.410.385 mensuales. Corrientes quedó apenas por encima, con $1.437.891.

La situación misionera presenta una doble preocupación. Por un lado, la provincia ocupa el quinto lugar entre las jurisdicciones con menores salarios privados registrados. Por otro, los ingresos continuaron perdiendo capacidad de compra durante el primer trimestre.

Según el informe, el salario privado formal promedio de Misiones cayó 1,8% en términos reales respecto del mismo período de 2025, una baja superior al promedio nacional, que fue de 0,9%. La provincia se ubicó entre los distritos donde la recuperación salarial todavía no logra consolidarse.

El dato adquiere relevancia porque apenas tres jurisdicciones lograron mostrar mejoras reales interanuales: Catamarca (+5%), San Juan (+0,8%) y Formosa (+0,3%). El resto del país continuó registrando retrocesos o estancamiento.

La energía paga mejor; el agro, menos

El informe también permite observar cómo la estructura productiva condiciona los ingresos.

En Misiones, el sector de Electricidad, Gas y Agua es el que paga los salarios más altos dentro del empleo privado formal. Sin embargo, se trata de una actividad con baja incidencia en la generación de puestos de trabajo, ya que representa apenas 1,8% del empleo privado provincial.

Por el contrario, Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultura aparece como la actividad con los salarios promedio más bajos de la provincia. La situación resulta especialmente significativa porque ese sector concentra 7,2% del empleo privado formal misionero, una participación considerablemente superior a la de los sectores de mayores remuneraciones.

La fotografía revela una característica estructural de muchas economías regionales: las actividades que generan más empleo no necesariamente son las que ofrecen mejores salarios.

La geografía de los salarios

El mapa salarial argentino sigue mostrando una fuerte relación entre recursos naturales y remuneraciones.

Las provincias petroleras y mineras exhiben los salarios más elevados gracias al peso de actividades de alta productividad y fuerte demanda de mano de obra calificada. Neuquén, Santa Cruz y Chubut constituyen el ejemplo más claro de este fenómeno. En Santa Cruz, por caso, la minería explica más del 20% del empleo privado formal y sostiene los ingresos más altos del país.

En cambio, las provincias con economías más diversificadas o basadas en actividades agroindustriales tradicionales muestran salarios considerablemente inferiores y una mayor vulnerabilidad frente a los ciclos económicos.

La consecuencia es una brecha salarial que supera ampliamente el 190% entre la provincia con mayores remuneraciones y la que exhibe los ingresos más bajos.

Los datos del primer trimestre dejan una conclusión contundente: la desaceleración inflacionaria aún no alcanza para recomponer plenamente el poder adquisitivo de los trabajadores formales.

La caída real de los salarios privados registrada en la mayoría de las provincias muestra que la recuperación económica sigue siendo heterogénea y que las mejoras macroeconómicas todavía no llegan con la misma intensidad a todas las regiones.

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Reforma laboral: el Gobierno acelera la revisión de 800 convenios colectivos y abre una pulseada clave con los gremios

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El Gobierno nacional puso en marcha una de las transformaciones más profundas del sistema de relaciones laborales de las últimas décadas. Tras la reglamentación de la Ley de Modernización Laboral, la Secretaría de Trabajo comenzó a notificar a empresas y sindicatos para iniciar la revisión de aproximadamente 800 convenios colectivos de trabajo, una medida que promete redefinir las reglas de negociación en sectores estratégicos de la economía argentina.

La decisión encuentra su principal sustento en la eliminación de la ultraactividad, el principio jurídico que garantizaba la continuidad automática de los convenios colectivos una vez vencidos hasta que fueran reemplazados por un nuevo acuerdo. Con la nueva normativa, el Gobierno busca acelerar la actualización de marcos regulatorios que, en muchos casos, llevan décadas sin modificaciones sustanciales y que el oficialismo considera incompatibles con las nuevas dinámicas productivas y tecnológicas.

Desde la Secretaría de Trabajo, conducida por Julio Cordero, evitaron fijar plazos concretos para completar el proceso. Sin embargo, las primeras notificaciones reflejan una clara intención de avanzar con rapidez sobre los acuerdos más relevantes del mercado laboral argentino, especialmente aquellos vinculados a actividades con fuerte impacto económico y alta capacidad de movilización sindical.

La primera etapa incluye convenios correspondientes a algunos de los gremios más poderosos del país. Entre ellos figuran Aceiteros, Bancarios, Camioneros, Construcción, Alimentación, Sanidad, Gastronómicos y los distintos sindicatos del sector aeronáutico. También quedaron alcanzadas actividades estratégicas como petroleros, ferroviarios, marítimos, portuarios, estaciones de servicio y trabajadores vinculados a la logística.

La revisión se extiende además a sectores industriales y de servicios que representan una porción significativa del empleo formal argentino. La industria láctea, el sector textil, químicos, plásticos, seguridad privada, entidades deportivas, futbolistas profesionales, trabajadores de prensa y televisión forman parte del universo de convenios que deberán adecuarse al nuevo marco legal.

Para el Gobierno, el objetivo declarado es modernizar las relaciones laborales y generar condiciones que favorezcan la competitividad y la creación de empleo privado. La visión oficial sostiene que muchos convenios contienen cláusulas diseñadas para estructuras productivas que ya no existen y que dificultan la incorporación de nuevas modalidades de trabajo, tecnologías y esquemas organizacionales.

Sin embargo, la lectura sindical es radicalmente distinta. En los principales despachos de la CGT interpretan la ofensiva como un intento de avanzar sobre conquistas históricas mediante una flexibilización gradual de las condiciones laborales. Los dirigentes gremiales advierten que detrás de la renegociación masiva podrían discutirse aspectos sensibles como jornadas laborales, sistemas de categorías, esquemas de productividad y condiciones operativas específicas de cada actividad.

La preocupación sindical también radica en el desequilibrio de fuerzas que podría generar el nuevo escenario. Con convenios vencidos y bajo presión para renegociar, muchos gremios consideran que las empresas buscarán introducir cambios que durante años resultaron imposibles de negociar en el marco tradicional de las paritarias.

No obstante, la respuesta sindical no aparece homogénea. Algunos gremios comenzaron a marcar diferencias respecto de la estrategia confrontativa impulsada por sectores de la CGT. Uno de los primeros casos fue el Sindicato de Obreros y Empleados de Estaciones de Servicio (SOESGyPE), liderado por Carlos Acuña, uno de los integrantes del triunvirato cegetista. La organización manifestó su disposición a participar del proceso de renegociación, aunque aclaró que lo hará con una agenda propia y defendiendo las particularidades del sector.

La posición del gremio refleja una realidad que atraviesa a buena parte del sindicalismo argentino: muchos convenios arrastran temas pendientes de actualización desde hace años y algunos dirigentes consideran que la reapertura de las negociaciones puede transformarse también en una oportunidad para incorporar demandas históricas de los trabajadores.

Más allá de las diferencias internas, el proceso abre una nueva etapa en la relación entre el Gobierno y las organizaciones sindicales. La revisión de 800 convenios colectivos no solo implica una discusión técnica sobre normas laborales, sino una disputa por el modelo de relaciones laborales que regirá en la Argentina de los próximos años.

La magnitud de la reforma convierte a esta negociación en uno de los capítulos más relevantes del programa de transformación impulsado por Javier Milei. El resultado de esa pulseada determinará no solo el alcance real de la modernización laboral, sino también el equilibrio de poder entre el Estado, las empresas y los sindicatos en una economía que busca redefinir sus reglas de funcionamiento.

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Se perdieron más de 106.000 puestos registrados en 2025 mientras crece el monotributo

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El mercado laboral argentino cerró 2025 con un dato que, en apariencia, sugiere estabilidad pero esconde un cambio profundo en la calidad del empleo. Según datos de la Secretaría de Trabajo basados en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el total de trabajadores registrados se mantuvo prácticamente sin variaciones interanuales, pero con una transformación significativa: el empleo asalariado cayó en más de 106.000 puestos mientras el trabajo independiente, especialmente el monotributo, creció con fuerza.

El dato central revela una mutación en la estructura laboral. El empleo asalariado —que incluye al sector privado, al sector público y al trabajo en casas particulares— retrocedió 1% interanual en diciembre de 2025 frente al mismo mes de 2024. En números concretos, la economía perdió 106.200 puestos formales bajo relación de dependencia.

Al mismo tiempo, el trabajo independiente aumentó 3,8%, con 104.800 nuevos inscriptos. Esa expansión compensó estadísticamente la caída del empleo asalariado y evitó que el total de puestos registrados mostrara un descenso más marcado.

El resultado plantea una tensión que ya comienza a discutirse en el plano político y económico: el empleo formal no desaparece del todo, pero cambia de forma. Y en ese proceso, el peso del trabajo con menor protección laboral crece.

La caída del empleo asalariado y el impacto sectorial

El retroceso del empleo registrado bajo relación de dependencia se distribuyó en varios segmentos del mercado laboral.

El sector privado explicó la mayor parte de la contracción, con una caída interanual del 1,4% equivalente a 88.800 puestos menos. El empleo público también mostró retrocesos, aunque más moderados: bajó 0,5%, lo que representa 18.700 empleos menos.

El único segmento con estabilidad fue el trabajo en casas particulares, que registró una variación prácticamente neutra, con un leve aumento de 0,3%.

Los datos muestran que el problema no se concentra en un solo sector. El deterioro atraviesa tanto al empleo privado como al estatal, lo que sugiere un impacto más amplio del contexto económico.

La dinámica tampoco es reciente. Según la serie del SIPA, la destrucción neta de puestos comenzó en septiembre de 2023 y se profundizó durante 2024. Aunque hacia fines de ese año se observó una recuperación moderada, durante 2025 el mercado laboral volvió a mostrar señales negativas.

Entre junio y diciembre del año pasado, el empleo privado acumuló siete meses consecutivos de variaciones negativas. En ese período se perdieron 96.800 puestos.

Si se amplía la mirada temporal, el deterioro es más marcado: entre septiembre de 2023 y diciembre de 2025 desaparecieron aproximadamente 150.000 empleos privados registrados.

Industria y comercio, los sectores más golpeados

El análisis sectorial revela que el impacto del ajuste económico se concentró en actividades intensivas en mano de obra.

Durante 2025 la industria perdió cerca de 40.000 puestos de trabajo registrados, la mayoría durante el segundo semestre del año. El comercio también mostró una caída significativa: desde mayo se redujeron 22.600 empleos.

El fenómeno no parece limitado a sectores tradicionalmente vulnerables. Incluso áreas consideradas beneficiarias del actual esquema económico —como agro, minería o intermediación financiera— destruyeron empleo durante el segundo semestre de 2025.

Ese comportamiento sugiere que la desaceleración laboral responde a un cuadro económico más amplio, marcado por la caída de la actividad y el ajuste fiscal.

El crecimiento del monotributo como amortiguador estadístico

El crecimiento del trabajo independiente aparece como el principal factor que evita una caída más pronunciada del empleo registrado total.

Durante 2025, el monotributo incorporó más de 104.800 trabajadores. Desde noviembre de 2023, el aumento acumulado alcanza 159.501 nuevos monotributistas.

Sin embargo, ese crecimiento también abre un debate sobre la calidad del empleo generado. En muchos casos, el monotributo funciona como un esquema laboral con menor estabilidad, menos protección social y sin las condiciones propias del empleo asalariado formal.

El fenómeno no es nuevo en el mercado laboral argentino, pero los datos recientes indican que se aceleró en el contexto del ajuste económico.

Un mercado laboral en transición

El balance de 2025 deja un diagnóstico ambiguo: el empleo registrado no colapsó en términos cuantitativos, pero sí experimentó un desplazamiento hacia modalidades laborales más flexibles.

Esa transformación ocurre en paralelo a una economía que todavía no logra consolidar una recuperación sostenida de la actividad.

El comportamiento del empleo en los próximos meses dependerá de dos variables centrales: la evolución del nivel de actividad y la capacidad de los sectores productivos de volver a generar empleo bajo relación de dependencia.

Por ahora, los datos sugieren un mercado laboral que se mantiene en pie, aunque con una estructura cada vez más distinta de la que existía apenas dos años atrás.

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