sector agroexportador

El superávit comercial del primer trimestre cierra cinco veces arriba del balance positivo de 2025

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El comercio exterior argentino consolidó en marzo una de sus mejores performances de los últimos años. Con un superávit de USD 2.523 millones -el mayor para ese mes desde 2010- el país acumula ya 28 meses consecutivos con saldo positivo en la balanza comercial.

El dato no es menor: el resultado supera en USD 1.899 millones al de marzo de 2025 y se apoya en una dinámica clara -exportaciones en fuerte expansión y una demanda de importaciones todavía contenida- que refleja tanto oportunidades como limitaciones estructurales de la economía argentina.

En el acumulado del primer trimestre, el superávit alcanzó USD 5.508 millones, quintuplicando el registro del mismo período del año pasado, detalla un estudio de la consultora ABECEB.

El motor: exportaciones en máximos históricos

El principal driver del resultado fue el salto exportador. Las ventas externas totalizaron USD 8.645 millones en marzo, un récord histórico mensual, con un crecimiento interanual del 30,1% y un fuerte avance también respecto a febrero.

La expansión estuvo explicada principalmente por mayores cantidades exportadas (+25,3% interanual), mientras que los precios mostraron una suba más moderada.

El impulso vino, en gran medida, del sector primario, que creció 56,2% interanual, traccionado por cereales, pesca y oleaginosas. El maíz se consolidó como el principal producto exportado del mes, con USD 992 millones y una suba del 51,3%.

A esto se sumó un fuerte desempeño del complejo minero —con subas en oro, litio y plata— y del sector energético, que aportó un superávit de USD 945 millones gracias a mayores exportaciones y una fuerte caída de importaciones.

También las manufacturas de origen agropecuario mostraron una mejora relevante, impulsadas por carnes y aceites, en un contexto donde los precios internacionales acompañaron.

Importaciones: el límite de la actividad

Del otro lado de la balanza, las importaciones mostraron un crecimiento muy moderado del 1,7% interanual, totalizando USD 6.122 millones.

Sin embargo, detrás de ese leve aumento hay una señal clara: las cantidades importadas cayeron 3,7%, lo que refleja una economía con bajo nivel de actividad, especialmente en sectores como la industria.

El incremento en valores respondió, en realidad, a un aumento de precios (+5,8%), lo que sugiere que la recuperación de la demanda interna sigue siendo débil.

Los datos sectoriales refuerzan esta lectura. Mientras crecieron los bienes intermedios y de consumo, cayeron rubros clave como combustibles y piezas para bienes de capital, vinculados a la inversión y la producción.

Una mejora que es también síntoma de debilidad

El superávit comercial elevado es, en parte, una buena noticia: fortalece las cuentas externas y aporta dólares en un contexto de restricciones financieras.

Pero también expone una fragilidad: el resultado se explica más por la debilidad de las importaciones que por una expansión equilibrada del comercio.

La caída en las cantidades importadas, especialmente en bienes de capital, sugiere un freno en la inversión y en la capacidad de crecimiento futuro de la economía.

Perspectivas: más superávit, pero con interrogantes

Para el resto de 2026, el escenario mantiene un sesgo positivo en términos de saldo comercial. Las proyecciones apuntan a un superávit en torno a los USD 13.000 millones, con posibilidad de acercarse a los niveles de 2024.

El impulso vendría, nuevamente, por el lado exportador: cosecha agrícola, minería y energía aparecen como los principales motores.

Sin embargo, hay factores de riesgo. El menor dinamismo global, los costos logísticos elevados y la evolución del conflicto en Medio Oriente pueden alterar tanto precios como volúmenes de comercio.

En paralelo, el desempeño de las importaciones seguirá atado a la evolución de la actividad económica local: sin recuperación del consumo y la industria, el superávit podría seguir creciendo, pero más por restricción que por expansión.

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El agro va por una cosecha récord pero no suma dólares, el Gobierno enfrenta el límite externo de su estrategia

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El campo argentino se encamina a una campaña 2025/26 récord en volumen, pero sin impacto equivalente en el ingreso de dólares. La proyección de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) anticipa una producción de 160 millones de toneladas y exportaciones por 113 millones, el mayor registro histórico. Sin embargo, el flujo de divisas apenas alcanzaría los US$34.530 millones en el Mercado Libre de Cambios, prácticamente el mismo nivel que en 2025. El dato introduce una tensión central para el Gobierno: más producción no implica más dólares en una economía que necesita divisas para sostener su esquema macroeconómico.

Récord productivo, techo externo

El salto en la producción tiene fundamentos concretos. Tras varios ciclos afectados por restricciones climáticas, el agro muestra una recuperación generalizada. La cosecha fina marcó máximos en trigo (29,5 Mt) y cebada (5,6 Mt). La gruesa también proyecta cifras récord: maíz con 62 Mt y girasol con 6,6 Mt, su nivel más alto del siglo.

La soja, con 48 Mt, queda por debajo de otros ciclos en volumen total, aunque con mejores rindes. El recorte responde a una menor superficie sembrada, no a un deterioro productivo.

Este escenario empuja las exportaciones a un nivel sin precedentes: 113 millones de toneladas, casi 10 Mt por encima del récord previo de 2018/19. En términos físicos, el agro ofrece una señal de fortaleza. En términos de divisas, la historia es distinta.

Precios, retenciones y un efecto arrastre

La estabilidad en el ingreso de dólares responde a dos factores que operan en simultáneo. Por un lado, la mejora en los precios de las oleaginosas se compensa con menores cotizaciones en los cereales. Por otro, las decisiones de política económica introducen efectos intertemporales.

La eliminación transitoria de derechos de exportación en septiembre de 2025 generó un adelantamiento de liquidaciones. Ese movimiento impactó en la base de comparación: parte de los dólares que podrían haber ingresado en 2026 ya se contabilizaron el año anterior.

El resultado es un flujo que no crece, incluso en un contexto de mayor volumen exportable. En 2025, el sector aportó US$34.600 millones en el mercado oficial, según el Banco Central. Si se suma el esquema de “dólar blend” vigente durante los primeros meses de ese año, el total asciende a US$36.160 millones. La proyección actual queda por debajo de ese nivel ampliado.

Recaudación sin expansión

La dinámica también se replica en los ingresos fiscales. La BCR proyecta que los derechos de exportación de los seis principales complejos (soja, maíz, trigo, sorgo, cebada y girasol) generarán US$4.650 millones en 2026, sin variaciones significativas respecto al año previo.

El dato refleja otro equilibrio: la reducción reciente de alícuotas compensa el efecto de las ventas anticipadas sin retenciones registradas en 2025. En términos políticos, el Gobierno mantiene su señal hacia el sector agroexportador —con menor presión tributaria— pero resigna margen de recaudación en un contexto de ajuste fiscal.

El detalle por complejo muestra cambios internos: la soja aportaría US$3.420 millones (-6% interanual), mientras que el maíz crecería a US$720 millones (+30%), el trigo a US$300 millones (+21%) y el girasol a US$115 millones (+60%). Hay redistribución dentro del agro, pero no expansión del total.

Impacto en la estrategia económica

El dato central no pasa por la cosecha récord, sino por su efecto limitado en el frente externo. El Gobierno necesita dólares para sostener el equilibrio cambiario y fortalecer reservas. El agro sigue siendo la principal fuente, pero su capacidad de aportar divisas muestra un techo condicionado por precios internacionales y decisiones de política local.

La expectativa oficial de que una mayor producción traccione el ingreso de dólares encuentra aquí un límite. El volumen crece, pero el valor no acompaña en la misma magnitud.

Aun así, el informe anticipa un cambio en la dinámica mensual. Tras un último trimestre de 2025 con ingresos mínimos desde 2005, se espera que desde marzo —con la entrada de la cosecha gruesa— las liquidaciones superen el promedio de los últimos cinco años. No es un salto estructural, pero sí una mejora en el flujo.

Correlación de fuerzas y señales al sector

El escenario deja al Gobierno en una posición ambivalente frente al agro. Por un lado, consolida un vínculo basado en menores retenciones y reglas más previsibles. Por otro, enfrenta el desafío de sostener el ingreso de divisas sin herramientas adicionales.

El sector productivo aparece fortalecido en términos de volumen y perspectivas. Sin embargo, la variable clave —el precio internacional— queda fuera del control doméstico. Esa dependencia limita la capacidad de la política económica para intervenir en el resultado final.

En paralelo, la estabilidad en la recaudación por retenciones reduce el margen fiscal para ampliar otras políticas. El equilibrio entre incentivo productivo y necesidad de ingresos públicos se vuelve más estrecho.

Un récord que no alcanza

La campaña 2025/26 se perfila como una “revancha” productiva para el agro. Pero el dato político relevante es otro: incluso en su mejor escenario, el sector no garantiza un salto en el ingreso de divisas.

El Gobierno logra sostener su esquema de incentivos y consolidar volumen exportador. Pero la restricción externa —histórica en la economía argentina— no desaparece. Solo cambia de forma.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en la velocidad de liquidación de la cosecha gruesa y en la evolución de los precios internacionales. Son variables que definirán si el flujo de dólares acompaña la estrategia oficial o si vuelve a marcar sus límites.

Por ahora, el récord está en los silos. No necesariamente en las reservas.

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Divisas del campo: el complejo agroexportador liquidó US$ 1.850 millones en enero, 82% más que en diciembre

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Impulsado por una campaña fina histórica y un fuerte ritmo de embarques de trigo y cebada, el ingreso de divisas del complejo agroexportador mostró un salto contundente en enero. La liquidación creció 82% frente a diciembre y se convirtió en uno de los principales factores de alivio para el frente externo, en un contexto donde los destinos asiáticos ganan peso y el trigo argentino se consolida como el más competitivo del mundo.

El ingreso de dólares del sector agroindustrial alcanzó US$ 1.850.822.113 durante enero, lo que representó un incremento intermensual del 82% respecto de diciembre, mes en el que se inició formalmente la campaña comercial de granos finos. Así lo informó la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), que destacó el fuerte dinamismo exportador registrado en el arranque del año.

El desempeño se explicó por una suba cercana al 80% en las exportaciones de granos y subproductos, con el trigo como principal motor, acompañado por la cebada, el maíz y los productos industrializados de la soja. El resultado confirma el impacto macroeconómico de la campaña fina 2024/25, que dejó una cosecha récord de trigo y la mejor producción de cebada de la última década.

Trigo récord, precios competitivos y un ritmo exportador histórico

Desde Ciara-CEC señalaron que “el mes de enero se caracterizó por el incremento de los embarques de trigo y cebada, así como por la continuidad de las exportaciones de maíz y productos industrializados de la soja”. En ese esquema, el trigo volvió a ocupar un rol central por su amplio saldo exportable, que hoy explica la mayor parte de los envíos al exterior.

De acuerdo con datos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), durante enero se embarcaron 3,5 millones de toneladas de trigo, lo que constituye el segundo mayor volumen histórico para ese mes, solo por detrás de enero de 2020, cuando se alcanzaron 3,8 millones de toneladas. Además, el registro supera en un 70% el promedio de despachos de enero de la última década, lo que dimensiona la magnitud del fenómeno.

“La conjunción entre una cosecha récord y la alta competitividad del FOB argentino potenciaron el ritmo exportador, llegando a superar la anterior mejor marca de la campaña 2019/20”, indicaron desde la BCR. En efecto, el precio FOB del trigo argentino —valor de la mercadería puesta a bordo, sin impuestos— se ubicó en torno a US$ 210 por tonelada promedio, posicionándose como el más competitivo a nivel global.

Ese diferencial de precios permitió que Argentina abasteciera puertos de 25 países durante el primer bimestre de la campaña 2025/26, consolidando su presencia internacional y reforzando el ingreso de divisas en un momento clave del calendario económico.

Asia desplaza a Brasil y redefine el mapa de destinos

Uno de los datos más relevantes del actual ciclo comercial es el cambio en la composición de los destinos. Según la BCR, los países asiáticos concentraron la mayor parte de las compras de trigo argentino en lo que va de la campaña, desplazando a socios tradicionales.

Vietnam lideró el ranking con 1,26 millones de toneladas, equivalente al 20% del total exportado, seguido por Bangladesh, con 1,17 millones de toneladas (18%), e Indonesia, con 942.000 toneladas (15%). En conjunto, estos tres destinos absorbieron más de la mitad de los envíos.

“Los tres países compraron más que Brasil —que suele ser el principal socio comercial a esta altura del año—, que quedó en cuarto puesto con embarques por 676.000 toneladas (11%)”, detalló la entidad rosarina. El dato marca un reordenamiento del patrón exportador, con Asia ganando centralidad como demandante estructural del trigo argentino.

Impacto económico y proyección para el frente externo

El fuerte ingreso de divisas del campo en enero tiene implicancias directas sobre el mercado cambiario, las reservas y la balanza comercial. En un contexto donde el agro sigue siendo el principal generador de dólares genuinos, la aceleración de las liquidaciones aporta previsibilidad y refuerza el flujo externo en el inicio del año.

Además, el desempeño exportador de la campaña fina anticipa un primer semestre con un aporte relevante del complejo cerealero, antes del ingreso pleno de la cosecha gruesa. Para el sector productivo, el escenario combina volumen récord, competitividad internacional y diversificación de destinos, mientras que para la macroeconomía representa un factor clave de estabilidad en la cuenta externa.

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China desplazó a Brasil y lideró el comercio exterior argentino en noviembre

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China se consolidó en noviembre como el principal socio comercial de la Argentina por tercer mes consecutivo, en un contexto marcado por la guerra comercial con Estados Unidos y el impacto de las retenciones cero a las exportaciones. El fenómeno fue determinante para explicar el fuerte salto de las ventas externas y el superávit comercial más alto de los últimos 18 meses, según datos oficiales difundidos por el INDEC.

El informe de Intercambio Comercial Argentino correspondiente a noviembre de 2025 mostró un superávit de u$s2.498 millones, el mayor en un año y medio. En términos desestacionalizados, las exportaciones crecieron 12,8% respecto de octubre, mientras que las importaciones cayeron 6,9%, configurando un escenario favorable para la balanza comercial.

Exportaciones en récord histórico y fuerte tracción de China

De acuerdo con el INDEC, las exportaciones totalizaron u$s8.096 millones en noviembre, lo que implicó un incremento interanual del 24,1%, equivalente a u$s1.570 millones adicionales frente al mismo mes de 2024. En términos desestacionalizados, se trató de un récord histórico.

China concentró el 16,3% del total de las exportaciones argentinas, ubicándose nuevamente en el primer lugar como destino de ventas externas. Tradicionalmente, ese rol lo ocupa Brasil, aunque en los últimos meses se verificó un deterioro del intercambio bilateral, con una caída significativa en las exportaciones de vehículos.

Según la consultora LCG, si bien Brasil continúa siendo el principal comprador en el acumulado de 2025, perdió participación interanual (-4,8%). En contraste, China mostró una expansión del 57,4% como destino de exportaciones argentinas, acompañada por subas hacia Estados Unidos (+26,4%) e India (+45,7%).

Soja, productos primarios y el efecto de las retenciones cero

El salto exportador tuvo como principal motor a los productos primarios, que explicaron el 60% de la mejora interanual, con fuerte protagonismo de semillas y oleaginosas, especialmente la soja. Desde LCG recordaron que el informe del INDEC “contabiliza los embarques, por lo que aún puede estar impactando lo liquidado en el cupo de retención 0%”.

En la misma línea, el economista del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), Federico Bernini, explicó que el aumento en los envíos de soja se debe a que “no todo lo declarado sin retenciones en septiembre se vendió en ese momento; mucho se vendió en octubre y otro tanto en noviembre”.

Un análisis de Abeceb precisó que el sector sojero aportó u$s2.229 millones al superávit comercial, muy por encima del promedio del resto del año (u$s1.347 millones). Ese resultado se explicó casi en su totalidad por un incremento de u$s539 millones en las exportaciones de porotos de soja.

La consultora destacó además que China absorbió más del 90% de las exportaciones argentinas de este producto, en un contexto de desvío de compras desde Estados Unidos hacia Argentina y Brasil, en plena tensión comercial entre las dos principales economías del mundo.

Más allá de la soja: energía, industria y carne

Además del complejo sojero, en noviembre se observaron avances interanuales en las exportaciones de petróleo crudo, trigo y vehículos para el transporte de mercancías, en particular pickups. Bernini explicó que, tras paradas de planta en meses previos, las terminales automotrices buscaron compensar la menor producción con mayores envíos al exterior.

También se registró un incremento en las exportaciones de aluminio y acero, impulsado por la eliminación temporal de retenciones dispuesta por el Gobierno. Esta medida buscó amortiguar el impacto de la decisión de Estados Unidos de eliminar en abril la cuota sin aranceles para la importación de estos productos.

En el sector cárnico, Bernini subrayó el aumento de las exportaciones de carne tanto hacia China como hacia Estados Unidos, favorecidas por el hecho de que las ventas brasileñas están alcanzadas por un arancel del 50%, lo que mejoró la competitividad relativa de la Argentina.

Importaciones en alza interanual, pero con desaceleración mensual

En contraste con el dinamismo exportador, las importaciones crecieron 6,6% interanual en noviembre. Las subas más relevantes se registraron en vehículos para el transporte de pasajeros, bienes ingresados por servicios postales (courier) y urea, el fertilizante más utilizado por el sector agropecuario.

Sin embargo, la serie desestacionalizada mostró el nivel más bajo de los últimos tres meses. Tanto LCG como Abeceb coincidieron en que los valores elevados de meses previos estuvieron influenciados por el escenario preelectoral y por las expectativas de una corrección cambiaria, que llevaron a muchas empresas a adelantar importaciones.

Un escenario externo clave para el cierre de 2025

El desempeño de noviembre confirmó la relevancia del contexto internacional y de la política comercial interna en la dinámica del comercio exterior argentino. La combinación entre guerra comercial global, retenciones cero y cambios en los flujos de demanda de China permitió a la Argentina cerrar el penúltimo mes del año con un resultado comercial excepcional.

De cara al cierre de 2025, la sostenibilidad de este desempeño dependerá de la continuidad de estos factores y de la evolución del vínculo comercial con los principales socios, en un escenario global todavía marcado por tensiones y reconfiguración de mercados.

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