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Misiones activa una Mesa de Gestión Forestal para ordenar trámites y acelerar planes sobre bosques nativos

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El Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de Misiones puso en marcha la Primera Mesa de Gestión Forestal, un nuevo ámbito institucional destinado a ordenar y agilizar la tramitación de planes vinculados al manejo de bosques nativos y al cambio de uso del suelo. La iniciativa introduce un mecanismo de diálogo técnico permanente entre el organismo provincial y los profesionales que elaboran proyectos forestales, con un objetivo político y administrativo claro: mejorar la previsibilidad del sistema y reducir fricciones en los procesos de aprobación.

La decisión abre un espacio formal de intercambio en un área donde los tiempos administrativos y los criterios técnicos suelen incidir directamente sobre la actividad productiva y la conservación ambiental. El movimiento del Gobierno provincial busca, en ese marco, fortalecer la coordinación interna del Estado y al mismo tiempo mejorar la articulación con los técnicos del sector privado.

La pregunta que subyace es operativa pero también institucional: si el nuevo esquema permitirá reducir los tiempos de evaluación de expedientes sin afectar los estándares técnicos que rigen la gestión de los bosques nativos.

Un espacio técnico para ordenar el sistema de tramitación forestal

La Mesa de Gestión Forestal se plantea como un ámbito de trabajo técnico e institucional orientado a revisar los procedimientos que atraviesan los expedientes forestales en la provincia.

El foco está puesto en tres ejes centrales: mejorar la calidad de los planes presentados, unificar criterios técnicos de evaluación, y optimizar los tiempos administrativos dentro del Ministerio.

En la práctica, el espacio apunta a ordenar el circuito que siguen los Planes de Manejo Sostenible, los Planes de Cambio de Uso del Suelo y otras presentaciones técnicas vinculadas con la gestión de bosques nativos.

Desde el organismo provincial sostienen que el objetivo es consolidar un esquema de trabajo basado en transparencia, trazabilidad de los procesos y profesionalismo técnico, tres variables que inciden directamente en la previsibilidad del sistema administrativo.

El funcionamiento de estos procesos resulta clave en una provincia donde la regulación de los bosques nativos combina criterios ambientales, productivos y territoriales.

El rol de los técnicos y el diálogo con el sector privado

El director de Bosques Nativos, Milton Morán, explicó que la creación de la mesa responde a la necesidad de abrir un canal directo con los profesionales que tramitan expedientes ante el Ministerio.

“El objetivo es fortalecer el diálogo para acercar las inquietudes que tienen los profesionales en la tramitación de expedientes dentro del Ministerio”, señaló.

Según detalló el funcionario, durante el encuentro se tomaron distintos planteos vinculados con la gestión administrativa y la evaluación técnica de los proyectos. La intención, explicó, es avanzar en una optimización del sistema de gestión que beneficie tanto a los técnicos como al propio organismo estatal.

El ingeniero forestal José Ruiz, representante del sector privado, valoró la apertura del espacio y destacó que el intercambio permitió identificar áreas de mejora dentro del circuito administrativo.

Entre los puntos analizados mencionó el aprovechamiento forestal, los procesos de cambio de uso del suelo y la articulación interna entre distintas áreas del Ministerio.

Para el técnico, una mejor coordinación institucional podría facilitar la actividad privada y reducir los costos asociados a la tramitación de expedientes.

Actores institucionales y construcción de consensos técnicos

La primera jornada reunió a actores clave del sistema forestal provincial.

Participaron el ministro de Ecología Martín Recamán, el subsecretario de Ordenamiento Territorial Lucas Russo y el director de Bosques Nativos Milton Morán, junto a equipos técnicos del organismo.

También estuvieron presentes representantes de instituciones profesionales vinculadas al sector, entre ellos el presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos, Mario Alcina, y la vicepresidenta del Colegio de Ingenieros Forestales, Graciela Flores.

La presencia de estas entidades refleja un intento de construir consensos técnicos en torno a la gestión de los bosques nativos, un campo donde confluyen intereses productivos, ambientales y regulatorios.

Gestión forestal y previsibilidad administrativa

El trasfondo del encuentro tiene una dimensión administrativa que impacta directamente sobre la actividad forestal.

Los procesos de aprobación de planes de manejo o de cambio de uso del suelo determinan el ritmo con el que se desarrollan distintos proyectos vinculados al aprovechamiento de recursos forestales y al ordenamiento territorial.

En ese contexto, la Mesa de Gestión Forestal busca instalar un mecanismo permanente de diálogo que permita detectar cuellos de botella en el sistema y ajustar los procedimientos técnicos.

El desafío será sostener ese espacio en el tiempo y traducir los intercambios en cambios concretos dentro del circuito administrativo.

Un instrumento de gestión que recién empieza a tomar forma

La creación de la Mesa de Gestión Forestal abre un nuevo canal de articulación entre el Estado provincial y los profesionales que operan dentro del sistema forestal.

En términos institucionales, el espacio aparece como una herramienta de gestión destinada a mejorar la calidad técnica de los expedientes y reducir fricciones administrativas.

El impacto real dependerá de cómo evolucione el funcionamiento del mecanismo y de si logra transformar las observaciones técnicas en ajustes operativos dentro del Ministerio.

Por ahora, la iniciativa marca un primer paso en la búsqueda de mayor previsibilidad en la tramitación de planes forestales, un terreno donde las decisiones administrativas suelen tener consecuencias directas sobre la gestión de los bosques y la actividad productiva vinculada al sector.

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La baja escala de los aserraderos exige una reingeniería para ganar en competitividad

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El sector maderero PyME argentino -con fuerte presencia en el nordeste del país- atraviesa una encrucijada estructural que condiciona su competitividad en los mercados globales. En particular, las industrias del NEA enfrentan dificultades históricas vinculadas a la baja escala productiva, la obsolescencia tecnológica y una limitada integración vertical dentro de la cadena forestoindustrial.

El ingeniero Aldo Grasso viene analizando estos desafíos desde hace varios años y propone una mirada estratégica para el sector. En su tercera participación en la serie de podcasts “Árboles y bosques”, el especialista profundiza sobre el impacto de la baja escala productiva y plantea la necesidad de una reingeniería creativa del subsector PyME para garantizar su sostenibilidad.

Según Grasso, el tamaño reducido de muchas industrias forestoindustriales genera costos unitarios elevados y dificulta el acceso a los mercados internacionales, donde la competencia está dominada por grandes plantas altamente tecnificadas.

La escala productiva y el “licuado de costos”

En una actividad basada en commodities -como la producción de madera- la competitividad depende en gran medida de las economías de escala. En el caso de los aserraderos pequeños, los costos fijos deben distribuirse sobre un volumen menor de producción, lo que encarece el costo unitario del producto final.

Este fenómeno se conoce como “licuado de costos”, un concepto contable que explica cómo la distribución de los costos fijos sobre mayores volúmenes de producción reduce significativamente el costo por unidad.

Un ejemplo ilustra el problema: un aserradero con costos fijos mensuales de 20.000 dólares y una producción de 200 metros cúbicos tendrá un costo unitario de 100 dólares por metro cúbico. Si esa misma planta pudiera elevar su producción a 1.000 metros cúbicos mensuales, manteniendo los mismos costos fijos, el costo unitario descendería a 20 dólares por metro cúbico.

En un mercado donde la rentabilidad promedio mundial del negocio forestal se ubica apenas entre 4% y 6%, estas diferencias resultan determinantes. Competir contra gigantes industriales de Finlandia, Canadá o el sur de Chile, que operan a escalas masivas, se vuelve extremadamente complejo para las pequeñas y medianas empresas argentinas.

Tecnología, productividad y acceso a mercados

La baja escala no solo impacta en los costos. También limita la capacidad de inversión en tecnología, lo que genera una espiral de ineficiencia productiva.

Equipamientos clave para mejorar la productividad -como escáneres ópticos, optimizadores de corte, secaderos continuos o líneas de madera estructural tipo CLT– requieren volúmenes de producción elevados para amortizar la inversión. Para muchas PyMEs del sector, esos niveles de producción están fuera de alcance.

La consecuencia es la persistencia de procesos más manuales o semiartesanales, que derivan en:

  • menor rendimiento industrial
  • baja productividad
  • limitaciones en automatización
  • escaso aprovechamiento de subproductos como aserrín o chips

En muchos casos, estos subproductos terminan vendiéndose a precios muy bajos en lugar de convertirse en una fuente adicional de ingresos.

A esto se suma una barrera decisiva: el acceso a los mercados internacionales. Los compradores globales demandan volúmenes constantes, calidad homogénea y certificaciones ambientales -como FSC o PEFC- que muchas PyMEs no logran sostener de manera individual.

La brecha de la escala mínima eficiente

En la economía industrial existe un concepto clave: la Escala Mínima Eficiente (EME), que representa el volumen de producción a partir del cual el costo unitario se estabiliza y permite competir internacionalmente.

En la industria maderera global, esa escala se ubica actualmente entre 120.000 y 250.000 metros cúbicos anuales.

En contraste, el 75% de las industrias PyMEs del NEA produce entre 8.000 y 25.000 metros cúbicos por año, una brecha que explica gran parte de las dificultades estructurales del sector.

Consorcios productivos como salida estratégica

Frente a este escenario, Grasso plantea que la modernización tecnológica directa resulta inviable para muchas empresas debido a la falta de capital. Por ello, propone explorar modelos asociativos entre empresas, que permitan alcanzar mayor escala productiva y mejorar la articulación con compañías de mayor tamaño.

La conformación de consorcios industriales o plataformas de servicios compartidos podría permitir a las PyMEs acceder a tecnología, logística y certificaciones que hoy resultan inaccesibles de manera individual.

Este enfoque también abriría la puerta a abordar otros desafíos estructurales del sector, como la obsolescencia tecnológica y la débil integración vertical de la cadena forestoindustrial.

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