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La industria volvió a caer en mayo y profundiza las señales de desaceleración de la recuperación

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La actividad industrial registró en mayo un retroceso interanual de 2% y acumula una caída de 0.6% en los primeros cinco meses del año.

El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL registró en mayo de acuerdo a información preliminar un retroceso interanual de 2.0%, interrumpiendo un bimestre de avance y elevando la caída acumulada en los primeros cinco meses del año hasta 0.6% en comparación con el mismo periodo del año pasado (véase Tabla 1 y Gráfico Nº 1).

En el mes, la mayor caída de actividad entre los sectores industriales la registró la industria automotriz. Al interior de la rama se combinó una caída en la producción de automóviles –acumula once meses en marcada contracción‐, con una merma más moderada en la producción de utilitarios. En el mes se tuvo una caída de las exportaciones, luego de un bimestre de mejora, al tiempo que las ventas de vehículos tuvieron un importante retroceso, en un contexto de altos stocks a lo largo de la cadena de comercialización y menores expectativas de ventas.

En mayo la segunda mayor caída de la producción entre los sectores de actividad se registró en el de los químicos y plásticos. En efecto, luego de encadenar tres meses de avance en la compasión interanual y marcar en abril la segunda mayor alza sectorial de la producción –en parte por efecto de paradas realizadas en 2025‐, en mayo se tuvo un retroceso –anticipado‐ en la actividad a causa del cese de la operación de la única firma dedicada a la producción de negro de humo, junto con la marcada caída en la producción de neumáticos ‐se extiende desde fines de 2023‐, la que se ha profundizado con el cierre de una de las principales firmas del sector.

En el otro extremo, la refinación de petróleo tuvo en mayo el mejor registro de actividad entre los sectores industriales, encadenando doce meses de aumento de la producción y consolidando la posición del sector al tope del ranking de crecimiento. En efecto, en los primeros cinco meses del año la rama acumula un crecimiento de 9.7% en la comparación interanual, habiendo alcanzado en el período el mayor volumen de petróleo procesado desde 2008.

Entre los restantes sectores de actividad, en los primeros cinco meses del año y en la comparación con el mismo periodo de 2025, con un crecimiento superior al promedio se colocan las industrias metálicas básicas con un avance de 5% y el sector de los alimentos y bebidas con una mejora de 2.7%. La producción de químicos y plásticos igualó (+0.3%) el nivel de actividad acumulado entre enero y mayo del año pasado, mientras que las ramas de papel y celulosa e insumos textiles registran en el período una caída similar al promedio de la industria. Por su parte, la metalmecánica mostró un retroceso ligeramente más elevado (‐0.7%), al tiempo que los despachos de cigarrillos cayeron 3.3% y la producción de minerales no metálicos lo hizo 4.6%, en cada caso en los primeros cinco meses y en comparación con el mismo periodo del año pasado. Finalmente, cierra el ranking sectorial, la industria automotriz con una caída acumulada de la producción del 19.6% entre enero y mayo (véase Gráfico Nº 2). Con lo anterior, en los primeros cinco meses, la refinación de petróleo pasó a hacer el mayor aporte para contener la caída de la actividad industrial relegando a la rama de los alimentos y bebidas.

Desde la perspectiva de los tipos de bienes producidos, en los primeros cinco meses del año y en la comparación interanual, los bienes de consumo no durable lideran el ranking con un crecimiento de 1.9%, seguidos de los bienes de uso intermedio con una mejora acumulada 1.3%. Con una contracción superior al promedio se colocan los bienes de capital que acumulan un retroceso de 5.9%, seguidos de los bienes de consumo durable con una merma del 8.7%, en cada caso en los primeros cinco meses del año y en la comparación con el mismo periodo de 2025. Respecto al primer cuatrimestre, con la excepción de los bienes de consumo durable que mantuvieron la caída acumulada, todos mostraron un deterioro en el crecimiento, con una profundización de la caída en el caso de la producción de bienes de capital (véase Gráficos Nº 3).

En términos desestacionalizados, la producción industrial del mes de mayo tuvo un retroceso de 0.6% respecto al mes anterior, luego de dos meses de mejora. Las señales que indican que la industria se encontraría transitando una nueva fase de recuperación han mostrado un ligero debilitamiento, sosteniéndose el mes de septiembre del año pasado como potencial inicio de la fase de recuperación de la actividad fabril. Desde aquel mes la producción acumula un crecimiento del 5.2% equivalente anual, el menor ritmo entre las expansiones industriales previas desde 1980. Finalmente, en el trimestre marzo mayo, se registró una ligera mejora de la difusión de la recuperación, aunque cerca del 40% de la industria continúa mostrando una caída en la comparación interanual.

En síntesis. La industria registró en mayo una caída en la comparación con el año anterior, luego de dos meses de mejora, explicada fundamentalmente por la contracción de la producción automotriz y de químicos y plásticos. La refinación de petróleo consolida su posición al tope del ranking de crecimiento y hace el mayor aporte para apuntalar la recuperación de la industria. Con lo anterior, se delinea una divergencia en los desempeños sectoriales, con mejores registros de producción para los vinculados a energía, minería y agro, los que a su vez traccionan sobre algunos intermedios ‐segmentos de la siderurgia‐ y bienes de capital –al interior de la metalmecánica‐, mientras que otros muestran rezagos en un escenario de mayor competencia y debilidad de la demanda.

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La industria textil acelera su deterioro: producción, empleo e inversión caen mientras avanzan las importaciones

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La crisis de la cadena textil e indumentaria argentina sumó un nuevo capítulo en marzo y profundiza una tendencia que ya preocupa a empresarios, industriales y provincias con fuerte presencia manufacturera. La producción continúa en retroceso, el empleo formal sigue destruyéndose, la inversión se desploma y las importaciones de productos terminados ganan terreno en el mercado interno, en un escenario donde el consumo aún no logra recuperarse.

Según un informe de la Fundación Pro Tejer, la producción textil registró en marzo una caída interanual del 23,3%, ubicándose además un 31,3% por debajo de los niveles de 2023. La fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado también mostró un desempeño negativo, con una retracción del 8,9% respecto del mismo mes del año anterior y una producción que se encuentra 19% por debajo de los registros previos al cambio de ciclo económico.

Detrás de estos números aparece una combinación de factores que el sector considera especialmente compleja: la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, la desaceleración del consumo masivo, la apreciación cambiaria, la apertura comercial y el crecimiento de las importaciones de bienes finales. El resultado es una industria que opera con niveles históricamente bajos de utilización de capacidad instalada y enfrenta crecientes dificultades para sostener sus estructuras productivas.

La capacidad instalada de la industria textil se ubicó en apenas 40,2%, más de doce puntos por debajo de los niveles de 2023. En términos prácticos, durante el primer trimestre cerca de siete de cada diez máquinas permanecieron detenidas en las plantas fabriles. La baja actividad también quedó reflejada en el desempeño comercial. Pro Tejer destacó que las ventas continúan sin mostrar señales de recuperación y citó como ejemplo la última edición del Hot Sale, donde las ventas del sector registraron una caída cercana al 10% interanual en términos reales.

La presión sobre las empresas se intensifica porque la debilidad de la demanda limita la posibilidad de trasladar costos a precios. En abril, el rubro prendas de vestir y calzado registró una suba interanual de apenas 12,7%, muy por debajo de la inflación general del 32,4%. Desde diciembre de 2023, los precios del sector acumulan un incremento de 125,4%, prácticamente la mitad de la evolución del índice general de precios.

Desde la entidad sostienen que numerosas empresas venden por debajo de sus costos para sostener liquidez y reducir los elevados niveles de stock acumulado. La Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) confirmó esta situación al señalar que el 52% de las firmas relevadas declara tener inventarios excesivos, más del doble que un año atrás.

La apertura comercial también modifica la estructura del mercado. Durante los primeros cuatro meses del año ingresaron al país 107.000 toneladas de productos textiles e indumentaria por un valor de USD 571 millones. Aunque las cantidades totales muestran una baja interanual del 18%, el dato esconde una transformación relevante: crecen con fuerza las importaciones de productos terminados mientras caen las compras de insumos y materias primas destinadas a la producción nacional.

Particularmente preocupante para el sector es el avance de la indumentaria importada. Entre enero y abril ingresaron 23.482 toneladas de ropa por USD 333 millones, lo que representa un crecimiento del 79% en volumen y del 48% en valor respecto del mismo período del año anterior, alcanzando niveles récord para la serie histórica.

La contracara de este fenómeno es el derrumbe de la inversión productiva. Las importaciones de bienes de capital destinados a la cadena textil e indumentaria sumaron apenas USD 26 millones en el primer cuatrimestre, con una caída del 43% interanual y del 65% frente a 2023. Para Pro Tejer, de mantenerse esta dinámica, 2026 podría transformarse en uno de los peores años de las últimas décadas en materia de renovación tecnológica y ampliación de capacidad productiva.

El impacto social ya es visible. De acuerdo con los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el complejo textil, confecciones, cuero y calzado registró la mayor caída del empleo privado formal entre todos los sectores económicos relevados. Desde diciembre de 2023 se perdieron 22.156 puestos de trabajo, equivalentes a una reducción del 18% del empleo registrado.

La contracción también alcanza a la estructura empresarial. En poco más de dos años desaparecieron 803 establecimientos productivos registrados, una caída del 13% que afecta especialmente a los segmentos de indumentaria, cuero y calzado.

Para provincias industriales del interior, donde la actividad textil tiene fuerte incidencia en la generación de empleo y en las economías regionales, el deterioro del sector trasciende la coyuntura. La combinación de menor producción, pérdida de puestos de trabajo, cierre de empresas y caída de la inversión amenaza con erosionar capacidades productivas acumuladas durante décadas. Una vez que esas estructuras desaparecen, advierten desde el sector, su reconstrucción demanda años de inversión, capacitación y recuperación de mercados.

Mientras tanto, las expectativas empresariales continúan estancadas. Más de la mitad de las firmas consultadas por la CIAI considera que el escenario económico seguirá siendo apenas regular y sólo el 13% manifiesta perspectivas positivas. En un contexto donde el mercado interno no reacciona y la competencia importada se intensifica, la industria textil enfrenta uno de los momentos más delicados desde la crisis de comienzos de siglo.

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