seguridad internacional

Trump confirmó un ataque masivo contra Irán y advirtió que “nunca tendrá un arma nuclear”

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó este sábado que las fuerzas armadas de su país, en una operación conjunta con Israel, ejecutan un ataque de gran escala sobre territorio iraní para neutralizar el programa estratégico del régimen. 

A través de un mensaje difundido en su red Truth Social, el mandatario estadounidense justificó la intervención militar al afirmar que el objetivo primordial es “eliminar amenazas inminentes” provenientes de Teherán. Trump fue tajante respecto a las ambiciones atómicas de la región y sentenció que “Irán nunca tendrá un arma nuclear”, en el marco de una ofensiva diseñada para destruir la industria de misiles y las capacidades de la Marina de la república islámica.

Desde Florida, el jefe de la Casa Blanca calificó las maniobras como “de gran envergadura” y dirigió un ultimátum a la cúpula castrense persa, ofreciendo a los dirigentes militares la opción de la “inmunidad” o, por el contrario, enfrentar una “muerte segura”. En una clara señal de que la operación busca un cambio de régimen y el derrocamiento del ayatola Ali Jamenei, Trump alentó a la ciudadanía local a prepararse para una transición política de carácter inmediato. 

“Cuando terminemos, tomen el control de su gobierno, será suyo para tomarlo”, manifestó el presidente, quien concluyó su mensaje advirtiendo a los iraníes que “esta será probablemente su única oportunidad en generaciones” para recuperar el poder.

El discurso completo de Trump:

Hace poco, el ejército de los Estados Unidos inició importantes operaciones de combate en Irán. Nuestro objetivo es defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní, un grupo despiadado de personas muy duras y terribles.

Sus actividades amenazantes ponen en peligro directo a los Estados Unidos, a nuestras tropas, a nuestras bases en el extranjero y a nuestros aliados en todo el mundo. Durante cuarenta y siete años, el régimen iraní ha coreado «Muerte a Estados Unidos» y ha llevado a cabo una campaña interminable de derramamiento de sangre y asesinatos en masa, dirigiéndose contra Estados Unidos, nuestras tropas y personas inocentes en muchos, muchos países.

Una de las primeras acciones del régimen fue apoyar la violenta toma de la embajada estadounidense en Teherán, donde mantuvieron como rehenes a decenas de estadounidenses durante cuatrocientos cuarenta y cuatro días. En 1983, los representantes de Irán llevaron a cabo el atentado contra los cuarteles de los marines en Beirut, en el que murieron 241 militares estadounidenses. En 2000, sabían y probablemente participaron en el ataque contra el USS Cole. Muchos murieron. Las fuerzas iraníes mataron y mutilaron a cientos de militares estadounidenses en Irak.

Los representantes del régimen han seguido lanzando innumerables ataques contra las fuerzas estadounidenses estacionadas en Oriente Medio en los últimos años, así como contra buques navales y comerciales estadounidenses en las rutas marítimas internacionales. Ha sido un terror masivo, y no lo vamos a tolerar más. Desde Líbano hasta Yemen y desde Siria hasta Irak, el régimen ha armado, entrenado y financiado milicias terroristas que han empapado la tierra de sangre y vísceras. Y fue el representante de Irán, Hamás, quien lanzó los monstruosos ataques del 7 de octubre contra Israel, masacrando a más de mil personas inocentes, entre ellas cuarenta y seis estadounidenses, y tomando como rehenes a doce de nuestros ciudadanos. Fue brutal, algo que el mundo nunca había visto antes.

Irán es el principal patrocinador estatal del terrorismo en el mundo y recientemente ha matado a decenas de miles de sus propios ciudadanos en las calles mientras protestaban. Siempre ha sido la política de Estados Unidos, en particular de mi administración, que este régimen terrorista nunca pueda tener un arma nuclear. Lo diré de nuevo.

Nunca podrán tener armas nucleares. Por eso, en la Operación Martillo de Medianoche del pasado mes de junio, destruimos el programa nuclear del régimen en Fordow, Natanz e Isfahán. Tras ese ataque, les advertimos que no reanudaran nunca su maliciosa búsqueda de armas nucleares y tratamos repetidamente de llegar a un acuerdo. Lo intentamos. Ellos querían hacerlo. No querían hacerlo. Una vez más, querían hacerlo. No querían hacerlo. No sabían lo que estaba pasando. Solo querían practicar el mal.

Pero Irán se negó, como lo ha hecho durante décadas y décadas. Han rechazado todas las oportunidades de renunciar a sus ambiciones nucleares, y ya no podemos soportarlo más. En cambio, intentaron reconstruir su programa nuclear y continuar desarrollando misiles de largo alcance que ahora pueden amenazar a nuestros muy buenos amigos y aliados en Europa, a nuestras tropas estacionadas en el extranjero, y que pronto podrían llegar al territorio estadounidense. Imaginen lo envalentonado que estaría este régimen si alguna vez tuviera y estuviera realmente armado con armas nucleares como medio para transmitir su mensaje.

Por estas razones, el ejército de los Estados Unidos está llevando a cabo una operación masiva y continua para impedir que esta dictadura radical y malvada amenace a Estados Unidos y a nuestros intereses fundamentales de seguridad nacional. Vamos a destruir sus misiles y arrasar su industria de misiles. Será totalmente destruida, una vez más. Vamos a aniquilar su armada. Vamos a asegurarnos de que los terroristas de la región ya no puedan desestabilizar la región o el mundo y atacar a nuestras fuerzas, y de que ya no puedan utilizar sus artefactos explosivos improvisados o bombas de carretera, como se les llama a veces, para herir gravemente y matar a miles y miles de personas, entre ellas muchos estadounidenses. Y nos aseguraremos de que Irán no obtenga armas nucleares. Es un mensaje muy sencillo.

Nunca tendrán un arma nuclear. Este régimen pronto aprenderá que nadie debe desafiar la fuerza y el poderío de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Construí y reconstruí nuestro ejército durante mi primer mandato, y no hay ningún ejército en la Tierra que se acerque siquiera a su poder, fuerza o sofisticación. Mi administración ha tomado todas las medidas posibles para minimizar el riesgo para el personal estadounidense en la región.

Aun así, y no hago esta declaración a la ligera, el régimen iraní busca matar. Es posible que se pierdan las vidas de valientes héroes estadounidenses y que tengamos bajas. Eso suele ocurrir en la guerra. Pero no lo hacemos por ahora, lo hacemos por el futuro, y es una misión noble.

Rezamos por todos los miembros del servicio que arriesgan desinteresadamente sus vidas para garantizar que los estadounidenses y nuestros hijos nunca se vean amenazados por un Irán con armas nucleares. Le pedimos a Dios que proteja a todos nuestros héroes que se encuentran en peligro, y confiamos en que, con su ayuda, los hombres y mujeres de las fuerzas armadas prevalecerán. Tenemos a los mejores del mundo, y ellos prevalecerán.

A los miembros de la Guardia Revolucionaria Islámica, las fuerzas armadas y toda la policía, les digo esta noche que deben deponer las armas y gozar de total inmunidad, o de lo contrario, enfrentarse a una muerte segura. Así que depongan las armas. Serán tratados de forma justa con total inmunidad, o se enfrentarán a una muerte segura.

Por último, al gran y orgulloso pueblo de Irán, le digo esta noche que la hora de su libertad está cerca. Permanezcan a cubierto. No salgan de sus casas. Es muy peligroso salir. Las bombas caerán por todas partes. Cuando hayamos terminado, tomen el control de su gobierno. Será suyo. Probablemente sea su única oportunidad en generaciones. Durante muchos años, han pedido la ayuda de Estados Unidos, pero nunca la han obtenido. Ningún presidente estaba dispuesto a hacer lo que yo estoy dispuesto a hacer esta noche. Ahora tienen un presidente que les da lo que quieren, así que veamos cómo responden. Estados Unidos los respalda con una fuerza abrumadora y devastadora. Ahora es el momento de tomar el control de su destino y desatar el futuro próspero y glorioso que está al alcance de su mano. Este es el momento de actuar. No lo dejen pasar.

Que Dios bendiga a los valientes hombres y mujeres de las fuerzas armadas de Estados Unidos. Que Dios bendiga a los Estados Unidos de América. Que Dios los bendiga a todos. Gracias.

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Apagón total en Irán: el gobierno suspendió internet y la telefonía después de los ataques

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El Gobierno de Irán interrumpió este sábado el servicio de internet y las comunicaciones telefónicas en todo el país como respuesta inmediata a las ofensivas aéreas lanzadas por Estados Unidos e Israel contra ciudades estratégicas. 

Según informó la organización Netblocks, dedicada al monitoreo de la conectividad global, el acceso a la red se desplomó de manera estrepitosa hasta alcanzar apenas el 4% de los niveles habituales, lo que representa un apagón informativo prácticamente total. 

La medida se hizo efectiva poco después de registrarse las primeras explosiones en Teherán, Isfahán, Tabriz y Karaj, dejando a la población incomunicada en medio de una operación militar que el presidente Donald Trump calificó como un plan para “aniquilar” y “destrozar” la infraestructura del régimen.

Desde la administración iraní, justificaron el bloqueo alegando razones de seguridad nacional, argumentando que la restricción busca evitar que los sistemas digitales faciliten la “geolocalización de drones enemigos” y la comunicación de las fuerzas israelíes con informantes dentro del país. 

Sin embargo, la medida profundiza el aislamiento de una nación que ya había aplicado cortes similares durante las protestas de enero pasado, cuando la interrupción total se extendió por más de dos semanas. 

En este contexto de máxima tensión, el ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, declaró el estado de emergencia especial, mientras que el apagón digital en Irán impide conocer con precisión el alcance de los daños en los centros de mando que, según fuentes israelíes, buscaban eliminar al liderazgo supremo del país.

Masacre en una escuela de Irán tras los ataques conjuntos de EE.UU. e Israel

Al menos 24 personas murieron en un colegio primario de niñas como consecuencia directa de la ofensiva aérea lanzada por Washington y Tel Aviv.

Al menos 24 personas murieron este sábado en la ciudad de Minab, al sur de Irán, como consecuencia directa de los ataques conjuntos lanzados por Estados Unidos e Israel contra territorio persa. El vicegobernador de la provincia de Hormozgan, Ahmad Nafisi, confirmó que un misil alcanzó de manera frontal la escuela primaria de niñas ‘Shajareh Tayyebeh’ durante el turno mañana, donde se encontraban unas 170 estudiantes. 

“En los ataques de hoy del régimen sionista contra la ciudad de Minab, una escuela primaria de niñas fue alcanzada de manera directa”, denunció el funcionario a través de la agencia IRNA, mientras los equipos de rescate trabajan de urgencia entre los escombros para asistir a las víctimas de la ofensiva,

Esta tragedia escolar se enmarca en la operación de gran envergadura confirmada por Donald Trump para “eliminar amenazas inminentes” del régimen, una acción militar que ya forzó la retirada del personal no esencial de la Unión Europea en Medio Oriente. 

La jefa de la diplomacia del bloque, Kaja Kallas, justificó la evacuación afirmando que “los últimos acontecimientos en todo Medio Oriente son peligrosos” a raíz de los ataques de las potencias occidentales. 

En paralelo, el inicio de las hostilidades aéreas provocó el cierre del espacio aéreo en varios países y la cancelación masiva de vuelos por parte de aerolíneas como Lufthansa, Air France y Turkish Airlines, ante la inestabilidad total generada por la incursión de Estados Unidos e Israel.

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Israel y Estados Unidos bombardearon Irán y Teherán ya inició una contraofensiva

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Israel y Estados Unidos lanzaron este sábado un masivo ataque militar contra Irán que ubica a Medio Oriente en una situación de guerra abierta tras registrarse fuertes explosiones en Teherán. La ofensiva, definida por las autoridades israelíes como una operación para “eliminar las amenazas que se ciernen sobre el Estado de Israel”, provocó la inmediata reacción del régimen persa, que ya inició una contraofensiva con oleadas de misiles y drones. Ante la magnitud de los acontecimientos, el gobierno de Benjamin Netanyahu decretó el “estado de emergencia especial e inmediato” en todo su territorio, mientras las sirenas antiaéreas alertan a la población civil sobre un escenario “extremadamente grave”.

La respuesta desde Teherán no se hizo esperar. A las pocas horas de los primeros estallidos en la capital iraní, la Guardia Revolucionaria ratificó el inicio de las operaciones de represalia. “En respuesta a la agresión del enemigo hostil y criminal contra la República Islámica de Irán, ha comenzado la primera oleada de amplios ataques con misiles y drones”, informaron de manera oficial. Mientras tanto, el espacio aéreo iraní permanece cerrado por completo y se reportan cortes en los servicios de telefonía y bloqueos en los accesos estratégicos de la capital, donde las columnas de humo negro dominan el horizonte.

Desde Washington, el presidente Donald Trump confirmó la participación directa de sus fuerzas y aseguró que Estados Unidos inició “importantes operaciones de combate en Irán”. El mandatario republicano justificó la intervención alegando el avance del programa nuclear de Teherán y sus planes para alcanzar objetivos en suelo norteamericano. En un mensaje cargado de contenido político, Trump se dirigió directamente a la ciudadanía local e hizo un llamado para que el pueblo iraní “tome el control de su gobierno”.

Los ataques, que hicieron foco en instalaciones militares y símbolos del poder político, habrían impactado cerca de las oficinas del ayatolá Ali Jamenei. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, remarcó que la incursión buscó “eliminar amenazas”, en una acción coordinada con la vasta flota de aviones y buques de guerra que la Casa Blanca desplegó recientemente en la zona. Por el momento, ambos países mantienen sus sistemas de salud y defensa en alerta máxima, a la espera de la evolución de un conflicto que amenaza con transformar radicalmente el tablero geopolítico global.

Irán atacó las bases de EEUU en Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait

Irán atacó con misiles este sábado bases estadounidenses en Qatar, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin y Kuwait y amenazó con nuevos ataques, informó la agencia iraní Mehr.

“Cualquier base en toda la región que ayude a Israel será nuestro objetivo”, dijo el portavoz del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes citado por esta agencia.

Según este medio, Irán lanzó ataques con misiles simultáneamente a la mayores bases en la región, la de Al Udeid en Qatar, a la de Al Salem en Kuwait, la de Al Dhafra en EAU y a la quinta base estadounidense en Baréin.

Una explosión afectó la zona de Manama, la capital de Bahréin, donde se encuentra una base de la Armada de Estados Unidos, tras la confirmación de ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra el régimen de Irán.

“El centro de operaciones de la Quinta Flota ha sido objeto de un ataque con misiles. Más adelante proporcionaremos más detalles”, afirmó el Centro Nacional de Comunicaciones de Bahréin en un comunicado.

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Estados Unidos y Rusia ¿un segundo round nuclear?

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Hace apenas unos días venció uno de los tratados más relevantes para el control del armamento nuclear estratégico. En el nuevo orden mundial, su expiración no solo deja al descubierto la fragilidad de los mecanismos de contención existentes, sino que también abre la puerta a una nueva carrera armamentística sin controles internacionales efectivos. El fin del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, conocido como Nuevo START, no simboliza únicamente el desamparo frente al poderío nuclear, sino que expresa un síntoma de época: una vez más, el orden global parece quedar en manos de quienes concentran el poder.

Tratado viejo, mundo nuevo

El 5 de febrero llegó a su fin el último gran acuerdo nuclear vigente entre las dos principales potencias militares del planeta. No se trata de un dato menor: Estados Unidos y Rusia concentran cerca del 90 por ciento de las ojivas nucleares existentes en el mundo, una realidad que explica la centralidad del tratado ahora extinguido.

Lo que durante años mantuvo cierta moderación entre Moscú y Washington no fue únicamente la letra del acuerdo, sino también la voluntad política de sostener canales diplomáticos mínimos que transmitieran estabilidad al resto del mundo. Hoy, ni siquiera ese gesto subsiste.

El tratado establecía límites claros: un máximo de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas por cada parte, junto con un tope de 700 sistemas de lanzamiento activos, que incluían misiles balísticos intercontinentales, misiles balísticos lanzados desde submarinos y bombarderos pesados adaptados para portar armamento nuclear. A ello se sumaba un límite total de 800 lanzadores, considerando tanto los desplegados como los no desplegados. Estos mecanismos no eliminaban el riesgo nuclear, pero al menos lo encuadraban dentro de parámetros verificables.

Con la caducidad del acuerdo y la decisión de Estados Unidos de no renovarlo, pese a la solicitud formulada por Rusia el año anterior, el escenario queda reducido a dos opciones: una carrera armamentística sin límites o la negociación de un nuevo tratado.

Donald Trump dejó entrever la posibilidad de avanzar hacia un nuevo acuerdo “modernizado”, en sus propios términos. Su propuesta apunta a incorporar a China, una idea que el gobierno chino rechaza por ahora de manera categórica, argumentando que la cuestión debe ser resuelta entre quienes concentran la abrumadora mayoría del arsenal nuclear mundial: Estados Unidos y Rusia.

La intención de sumar a China responde a una lógica estratégica clara: mantener al principal competidor geopolítico bajo observación directa, al tiempo que se busca equilibrar el vínculo entre Washington, Moscú y Pekín. No es casual que China sea, además, el socio estratégico más relevante de Rusia en el escenario global.

El dato no es menor: desde hace más de medio siglo no existía un mundo sin un tratado nuclear vigente entre Estados Unidos y Rusia. La ausencia de reglas compartidas nos devuelve a un clima de tensiones y amenazas propias de los momentos más álgidos de la Guerra Fría, particularmente durante las décadas de 1950 y 1960. La historia muestra que fue precisamente una carrera armamentística descontrolada la que condujo a Europa a la llamada “paz armada”, cuyo desenlace fue la Primera Guerra Mundial. Si bien los contextos históricos no son idénticos, resulta difícil no advertir similitudes inquietantes.

Un mundo en guerra latente

Tal vez debamos empezar a acostumbrarnos a este nuevo escenario. Tanto la Primera como la Segunda Guerra Mundial estuvieron precedidas por períodos de alta conflictividad localizada, que desembocaron en un mundo formalmente diplomático, pero estructuralmente tensionado.

El retroceso de la globalización dejó como saldo una China consolidada como potencia económica, una Rusia que logró recomponerse tras la caída de la Unión Soviética y la caótica década de Boris Yeltsin, y un Estados Unidos que, bajo el liderazgo de Trump, retomó una visión más cerrada y regionalista, en línea con los principios históricos de la Doctrina Monroe.

Hoy no existen frentes bélicos claramente delimitados a escala global, pero sí conflictos que funcionan como laboratorios geopolíticos para las grandes potencias. La guerra en Ucrania y la permanente inestabilidad en Medio Oriente no pueden ser leídas como episodios aislados, sino como anticipos de escenarios futuros que podrían extenderse a regiones estratégicas como Taiwán o incluso las islas Malvinas.

La ausencia de un tratado nuclear efectivo entre Estados Unidos, Rusia y China no parece ser únicamente el resultado de una confrontación irreconciliable, sino también de un acuerdo tácito que permite a cada potencia expandir su capacidad militar según sus propios intereses y posibilidades. La historia demuestra que, cuando las grandes potencias consideran que las reglas ya no les resultan funcionales, no dudan en abandonarlas.

Una carrera armamentística sin límites profundiza la distancia entre Estados Unidos y Rusia respecto del resto de los países con capacidad nuclear, consolidando un dominio casi excluyente. El intento de incorporar a China a este esquema deja en evidencia la configuración de un orden mundial tripartito, donde el poder se reparte entre tres actores centrales.

En este contexto, la acumulación de armamento nuclear no apunta necesariamente al uso directo, sino a reforzar la disuasión como herramienta central. Corea del Norte lo ha demostrado durante décadas: exhibir capacidad nuclear, incluso mediante lanzamientos no armados, funciona como mecanismo de protección frente a presiones externas.

Tal vez el mundo se encamine hacia una diplomacia basada en la amenaza permanente, donde cada potencia busque consolidar su área de influencia: Estados Unidos en América, Rusia en Europa y China en Asia y el Indo Pacífico.

Mientras tanto, sociedades cada vez más absorbidas por la inteligencia artificial, las redes sociales y los avances tecnológicos que mejoran la vida cotidiana parecen adormecidas frente a estos movimientos estructurales. Quizás estemos atravesando una nueva “bella época”, sostenida sobre una paz aparente, mientras las grandes potencias se rearman silenciosamente.

La historia ofrece lecciones claras. Volver a estudiar las causas profundas de la Primera Guerra Mundial no es un ejercicio académico nostálgico, sino una necesidad urgente para evitar que los errores del pasado se repitan en el presente.

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Trump escala el conflicto por Groenlandia y anuncia aranceles a ocho países europeos

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la imposición de nuevos aranceles comerciales a Dinamarca, Francia y otros seis países europeos, en una decisión que profundiza la tensión diplomática entre Washington y la Unión Europea y que está directamente vinculada a la oposición de esos países a su plan para que EE.UU. se haga con Groenlandia. La medida, comunicada este sábado a través de la red social Truth Social, combina presión comercial, retórica de seguridad internacional y un abierto cuestionamiento a la soberanía territorial europea.

Según el anuncio presidencial, Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia comenzarán a pagar a partir del 1 de febrero un arancel del 10% sobre todos los productos enviados a Estados Unidos, porcentaje que se elevará al 25% desde el 1 de junio. Trump afirmó que los aranceles se mantendrán vigentes hasta que Estados Unidos alcance un acuerdo para la compra total de Groenlandia.

Aranceles como herramienta de presión política y geoestratégica

En su mensaje, Trump sostuvo que “después de siglos, es hora de que Dinamarca nos retribuya”, y justificó su postura al afirmar que “¡la paz mundial está en juego! China quiere Groenlandia, y Dinamarca no puede hacer nada al respecto”. En ese marco, minimizó la capacidad defensiva de la isla al asegurar que “solo está protegida por dos trineos tirados por perros”.

El mandatario también acusó a los países europeos afectados por los nuevos aranceles de haber viajado a Groenlandia “con fines desconocidos” y de estar jugando un “juego muy peligroso”, en alusión al envío esta semana de un pequeño contingente de tropas de varias de esas naciones europeas a la isla ártica, en lo que describió como una misión de reconocimiento.

Trump reclamó la adopción de “medidas enérgicas” para que esta “situación potencialmente peligrosa termine rápidamente y sin lugar a dudas”, reforzando la idea de que Estados Unidos considera estratégico el control de Groenlandia por razones de seguridad nacional.

La decisión se conoció pocas horas después de que miles de personas salieran a las calles en Groenlandia y Dinamarca para protestar contra las amenazas de anexión. De acuerdo con las últimas encuestas citadas, el 85% de los habitantes de la isla rechaza la posibilidad de quedar bajo control de Washington.

Reacciones europeas y advertencias institucionales

El anuncio generó una reacción inmediata de líderes europeos. El presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó que Francia mantiene su compromiso con la soberanía y la independencia de las naciones, expresó su apoyo a Groenlandia y Dinamarca, y calificó las amenazas arancelarias como “inaceptables”.

“Ninguna intimidación ni amenaza nos influirá”, escribió en un mensaje en X, y advirtió que “los europeos responderán de forma unida y coordinada si se confirman”, subrayando que se garantizará “el respeto de la soberanía europea”.

Desde Dinamarca, la líder de los Demócratas daneses, Inger Stoejberg, sostuvo que el país no debe ceder ante métodos intimidatorios, mientras que el diputado Pelle Dragsted afirmó que las amenazas deben afrontarse con “solidaridad y resistencia europeas” y exclamó: “¡Ya basta!”.

El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, confirmó que está “coordinando una respuesta conjunta” y señaló en rueda de prensa que “la Unión Europea siempre se mantendrá firme en la defensa del derecho internacional”, comenzando por el territorio de los Estados miembros.

En el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer calificó la decisión de Trump de imponer aranceles a aliados de EE.UU. como “completamente errónea” y reiteró que Groenlandia “forma parte del Reino de Dinamarca” y que su futuro corresponde a los groenlandeses y a los daneses. En la misma línea, el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, aseguró que su país no se dejará chantajear y remarcó que “solo Dinamarca y Groenlandia deciden sobre asuntos que les conciernen”.

Las protestas también se replicaron en Copenhague, donde se realizaron manifestaciones contra los planes del presidente estadounidense.

Comercio, seguridad y un conflicto que escala

No está claro cómo se instrumentarán los nuevos aranceles, dado que gran parte de las relaciones comerciales de los países europeos están gestionadas por la Unión Europea. En julio pasado, Estados Unidos y la UE habían reducido los aranceles estadounidenses del 25% al 15%, tras negociaciones en las que los países europeos se comprometieron a invertir miles de millones de dólares en los sectores industrial y de defensa de EE.UU.

En paralelo a las tensiones comerciales, el conflicto tiene una fuerte dimensión estratégica. Groenlandia, pese a estar escasamente poblada, es rica en recursos naturales y su ubicación entre Norteamérica y el Ártico la convierte en un punto clave para los sistemas de alerta temprana ante ataques con misiles y para la vigilancia marítima en la región.

Estados Unidos cuenta actualmente con más de 100 militares estacionados de forma permanente en la base de Pituffik, una estación de monitoreo de misiles operada por EE.UU. desde la Segunda Guerra Mundial. En virtud de los acuerdos vigentes con Dinamarca, Washington tiene facultades para desplegar tropas adicionales en la isla.

Trump ha reiterado que Estados Unidos obtendrá Groenlandia “por las buenas o por las malas”, afirmación que Dinamarca advirtió podría significar el fin de la OTAN, alianza que se basa en la defensa colectiva y que nunca se enfrentó a la hipótesis de que un miembro use la fuerza contra otro.

Un conflicto abierto con impacto político y económico

Además de Europa, dentro de Estados Unidos también surgieron voces críticas. Una delegación bipartidista del Congreso visitó Groenlandia para manifestar su apoyo al territorio. El grupo, integrado por 11 legisladores, se reunió con parlamentarios locales, con la primera ministra danesa Mette Frederiksen y con el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen.

El senador demócrata Chris Coons, líder de la delegación, afirmó que el objetivo del viaje fue escuchar a los habitantes y llevar sus opiniones a Washington “para bajar la temperatura”. Legisladores republicanos moderados también expresaron preocupación por las intenciones presidenciales.

Mientras tanto, el enviado de Trump para Groenlandia, Jeff Landry, sostuvo que el presidente “habla en serio” y afirmó que existe la posibilidad de alcanzar un acuerdo, señalando que Trump ya dejó en claro sus objetivos y que ahora el secretario de Estado Marco Rubio y el vicepresidente J.D. Vance deberán avanzar en las negociaciones.

En este contexto, la imposición de aranceles aparece como una herramienta de presión económica en una disputa que excede lo comercial y que involucra soberanía, seguridad internacional y el equilibrio de alianzas transatlánticas. La escalada abre un escenario de alta incertidumbre política y económica, con potenciales repercusiones sobre el comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea y sobre la estabilidad del sistema de alianzas occidentales.

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