En un paso clave para la protección de la fauna autóctona, la Administración de Parques Nacionales (APN) aprobó oficialmente el nuevo Plan Estratégico para la Conservación del Yaguareté (Panthera onca) en las Yungas Argentinas 2024. La resolución 82/2025, publicada en el Boletín Oficial, da continuidad a una política de preservación que busca frenar la crítica disminución de la población de este gran felino en el noroeste argentino.
El yaguareté, declarado Monumento Natural Nacional en 2001 y reconocido también como Monumento Natural Provincial en Salta y Jujuy, enfrenta en Argentina un escenario de “peligro crítico de extinción”, según la última recategorización oficial. Su hábitat, antaño extendido por vastas regiones del país, hoy se limita a fragmentos aislados en las Yungas, el Chaco y la Selva Paranaense.
El nuevo plan estratégico, de cinco años de vigencia, surge como una actualización necesaria del esquema aprobado en 2016. Su elaboración fue un proceso participativo que involucró a más de 50 representantes de organismos gubernamentales, científicos, organizaciones no gubernamentales y comunidades locales, a través de talleres y consultas técnicas en Salta y Jujuy entre 2022 y 2023.
Diagnóstico alarmante
El diagnóstico de base realizado para este nuevo plan revela un cuadro preocupante: actualmente, el hábitat efectivo del yaguareté en las Yungas se limita a 1.259.256 hectáreas, mientras que el área de hábitat potencial disponible alcanza 1.812.958 hectáreas. Se estima que sobreviven entre 48 y 94 ejemplares en toda la región, aunque los propios autores advierten que esta cifra es aproximada y sujeta a revisión científica.
La conectividad del paisaje, esencial para garantizar la viabilidad genética y ecológica de la especie, muestra graves problemas. Se identificaron cinco zonas críticas de conectividad, donde el avance de la frontera agropecuaria, las infraestructuras lineales, los incendios y la caza ilegal fragmentan el hábitat y dificultan el movimiento de los individuos.
En términos generales, el análisis de los Atributos Ecológicos Clave del yaguareté —área de ocupación, conectividad, disponibilidad de presas, vigorosidad del hábitat— arrojó que el 62% de ellos se encuentran deteriorados o degradados. De no implementarse acciones de conservación urgentes, la situación podría empeorar drásticamente.
El plan define un objetivo de largo plazo: aumentar la población silvestre del yaguareté en las Yungas argentinas y asegurar su conservación para las generaciones futuras. Para ello se trazaron ocho metas principales y once objetivos de mediano plazo, acompañados por 23 acciones estratégicas, con responsables asignados, cronogramas e indicadores de evaluación.
Entre las acciones prioritarias figuran el fortalecimiento de la protección de áreas críticas, la mejora de la conectividad ecológica entre parches de hábitat, la implementación de prácticas ganaderas compatibles con la conservación, el incremento de tareas de control, vigilancia y sanción frente a la caza furtiva y la promoción de la concientización social y la participación de las comunidades locales.
El plan también destaca la necesidad de articular esfuerzos binacionales, especialmente con Bolivia, donde la Reserva Nacional Tariquía juega un rol clave en la conectividad de las poblaciones de yaguareté.
La revisión del plan anterior evidenció aciertos y debilidades. Si bien hubo avances en el conocimiento ecológico de la especie y en el trabajo territorial con comunidades, las principales falencias detectadas fueron la falta de financiamiento sostenido, la escasa coordinación interinstitucional y la débil implementación de medidas legales y de control.
Para esta nueva etapa, el documento enfatiza la necesidad de garantizar recursos económicos, fortalecer la capacidad operativa de los actores involucrados y mantener un sistema riguroso de monitoreo y evaluación periódica.
La conservación del yaguareté en las Yungas no solo implica salvar a uno de los emblemas naturales de América, sino también preservar la integridad de uno de los ecosistemas más biodiversos de la región. Con el Plan Estratégico 2024 en marcha, Argentina reafirma su compromiso, aunque el éxito dependerá de una ejecución efectiva, sostenida y articulada entre todos los sectores involucrados.
De a poco se va armando un rompecabezas, cuyas piezas ratifican que el cuidado de la biodiversidad en Misiones tiene un inmenso valor económico. Porque Misiones tiene todo. Selva, humedales y pastizales. La selva se extiende por 1,5 millones de hectáreas, a un valor de 6.947 dólares por hectárea, según los últimos datos del ministerio de Ambiente de la Argentina. Las pasturas y pastizales, conservadas especialmente en el Campo San Juan equivalen a 200 mil hectáreas, a razón de 5.377 dólares por hectárea. Por último, los humedales cubren 127.300 hectáreas, a un valor económico de 180.927 dólares por hectárea. Esas cifras millonarias obedecen al valor de la biodiversidad para retener carbono, premisa fundamental en tiempos en los que apremia el Cambio Climático y obliga a tomar decisiones.
Un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria agrega una pieza más al rompecabezas. Y le da incluso más valor a los números que representan cada microrregión de Misiones: la retención de carbono es casi idéntica en el monte, en los bosques implantados y en las chacras. Y es en Misiones donde se da la retención de carbono más alta del país.
El dato es llamativo. Porque el estudio revela que el bosque nativo y el pino tienen casi la misma retención de carbono. “Acá en Misiones, en otras partes del país no”, explica Pablo Peri, coordinador del programa nacional de Forestales del INTA. .
¿A qué se debe?
Primero el origen del estudio, por qué arrancamos una operatoria en todas las plantaciones del país. En el marco del cambio climático, en el marco del Acuerdo de París, donde Argentina se compromete a reducir las emisiones (a pesar que no aportamos muchas emisiones mundiales) hicimos un compromiso país que nos posiciona. Por otro lado, el carbono entra en el esquema potencial de exportación. Por comercialización, por compromiso y posicionamiento nacional, nos estaba faltando cuantificar científicamente, o técnicamente, sólidamente, el contenido de carbono en el suelo que es componente de mayores reservorios, comparado con las raíces de los árboles, la parte aérea. De esto tenemos datos dispersos, pero no estaba todo junto como para hacerlo por cuestiones políticas, o que los productores se apropien y digan: “Mi plantación tiene tanto’.
Hay un debate abierto sobre esas cantidades…
Entonces encaminaron al INTA, al Programa Nacional y Forestal, porque puede articular los equipos de trabajos. Lo hicimos en forma conjunta todas las delegaciones del el INTA, hoy la secretaría de Agricultura y de otras instituciones. Todos colaboraron. Analizamos los 30 centímetros del suelo que es la profundidad que maneja el mundo para poder marcar de referencia. ¿Por qué 30 centímetros? En realidad para un estudio más completo hay que ir más profundo, hasta la influencia de las raíces de los árboles, biológicamente. Pero el cambio de uso del suelo, para un metro y medio necesitás 100 años para que se expresen. Entonces 30 centímetros es una profundidad aceptable y de un stock sensible, además de ir a la línea que utiliza el mundo.
¿Es un estándar global?
Si. A la vez, no solo las plantaciones forestales sino también compararlas con otras producciones. No deja de ser una actividad de cultivo leñoso, entonces lo comparamos con la línea de base de la vegetación natural, que acá en Misiones fue la selva misionera, en Corrientes fue en muchos casos los pastizales con los pinos, también con otros cultivos, comparándolos con otros tipos de suelo y climas. No se comparó la vegetación natural del norte con el sur de Misiones. Pero sí la yerba mate, el té, la mandioca. En otros lugares del país eran soja, con plantaciones.
¿Y cuál fue el resultado?
En Misiones fue el lugar que menos diferencia dio, en línea de base, por ahí tiene que ver por el tipo de suelo y el clima subtropical. Ahora, en la zona de La Rioja, del monte, uno de los lugares más áridos, bueno ahí la diferencia es más grande. O las alocasias de Mendoza, comparado con la vegetación natural, es un abismo. En muchos casos, las plantaciones forestales dan menos valor que los bosques nativos, o los pastizales naturales, pero mejor posicionados que la soja. En definitiva pudimos determinar y tener el mapa de todas las plantaciones del país.
¿Primera vez que se hace esto?
Primera vez, nunca hubo. Yo valoro mucho la cuestión operativa, que se pueda analizar todas las muestras que venían de todas las provincias a un laboratorio, la parte operativa. Ahora la Nación nos pidió un segundo informe, más focalizado: ¿Qué es más importante en el contenido del suelo de carbono, las especies forestales, o el tipo de suelo, o el clima, o el manejo como las rotaciones, etc.?
¿En ese mapa cómo queda Misiones ahí, cómo se posiciona?
La Selva Paranaense presenta los valores de carbono orgánico de la línea base más altos, 71 toneladas de carbono por hectárea, y no se encontraron diferencias significativas comparando los usos del suelo y las clases de uso. La región mesopotámica representa el 74 % de la reserva nacional de carbono orgánico del suelo, en correspondencia con la mayor superficie de bosques cultivados que concentra esta región.. Misiones pertenece a ese Litoral y está en tercera posición, pero debajo de Corrientes que tiene más superficie. Corrientes aporta más, pero no por el manejo y la especie sino por la superficie. Misiones tiene la particularidad que fue el lugar donde no hubo diferencia al compararlo dentro de la selva nativa y los bosques cultivados. Si vos no generas erosión, o mal uso en práctica, la dinámica es tan rápida que la descomposición de la materia orgánica es casi indiferente, si en esos 30 centímetros sostenés una selva o una plantación bien manejada. Ahora, puede ser que, dentro de 100 años de hacer pino, eso cambie, porque esto es dinámico. Lo cierto es que hoy Misiones tiene los mejores indicadores por hectárea. Y están los datos a disposición para la política que toma las decisiones.
¿Qué herramientas se pueden usar para que eso tenga valor, porque hasta ahora el productor no tenía idea de qué valor economía le podía dar a su monte cuidado o incluso, tengo pino, corto y vendo o hago algo con esto?
Con esta información no se puede resolver todo, pero da pie para iniciar nuevas gestiones. El mundo, o Europa, por ejemplo, está dispuesto a pagar, diferenciar si tu sistema productivo tiene un esquema que fija carbono. La comunidad Europea ya tomó una decisión a partir de diciembre del año pasado de no comprar a Argentina y Uruguay, ningún producto agropecuario que venga del desmonte, de la deforestación. Es una traba. Pero después está la otra cara, el incentivo de pagar más si vos fijás carbono, pero van a pedir trabajos serios, no es declamativo. Hay certificadoras que van a certificar que lo que vos decís que tenés de carbono, lo van a chequear, van a ver dónde está la solidez técnica o científica para decirme, el por qué yo te tengo que pagar más la tonelada. Ahora, eso es un proceso que hay que gestionarlo, el sector productivo junto con el Gobierno supongo, por eso la COP27 es muy importante. La COP27 sirve para que los países que no emiten, le digan a Estados Unidos, China y Europa: ‘Esto tiene un costo. Vos emitís más, paga más’. Y nadie quiere pagar más, así que está ese debate entre la dialéctica y la praxis, pero el mundo y la sociedad está yendo a decir ‘paguemos o favorezcamos aquellos que eximen carbono, por sobre aquellas que las emiten’. No está todo resuelto. Hoy no podés sacar en los medios, ‘contactate con tal exportador que te va a pagar el 20% más la madera de pino de Misiones porque fija carbono, ahora que tenemos el estudio’, hay que trabajar. La técnica y la ciencia son sólo una herramienta. Después está la gestión comercial y política. Con esta información Argentina se posiciona mejor. Pero necesitamos darle la vuelta de rosca a nivel provincial.
¿Qué se puede hacer para mejorar? Para que Misiones retenga más carbono…
Las provincias deberían incorporar en su balance provincial sus emisiones con solidez técnica, porque si bien somos federales, la Nación determina la validez.
Mencionaste que la erosión del suelo… ¿sirve para saber?
Es determinante, las pérdidas por erosión del suelo te tira todo, todo pasa a ser emisión y además condenás a toda la nueva generación de misioneros. Un aporte, de los 17 departamentos de Misiones, solo la ciudad de Alem tiene la carta de suelos, qué es como la herramienta básica para saber qué tenés en el suelo. Hoy se está haciendo, con el INTA con el ministerio del Agro, con financiamiento del CFI, la carta de suelo del departamento de Guarani, que es uno de los más grandes y más importantes productivamente, pero es recién el segundo departamento. Corrientes ya tienen resuelto la carta de suelos. Es parte del contexto de saber qué tenemos, para saber a dónde vamos. Siempre montarlo arriba del desarrollo económico de la provincia. Este si bien es un tema en relación con el cambio climático, tiene que ver con la gente dentro, con un desarrollo sustentable. Si bien hay un montón de desafíos en cuanto a biodiversidad, creo que Misiones tiene un potencial enorme, no solo de posicionarse dentro de la biodiversidad. Pero si conservo biodiversidad, ¿qué gano comercialmente? Hay que unir las cosas.
¿Qué valor tengo hoy? Retengo una tonelada de carbono, ¿Qué valor tiene hoy?
Hay un mercado que pone valor, pero ¿cuál es el mecanismo para acceder a eso? ¿Cuál es el mecanismo para que me paguen más? Eso es lo que está faltando. Estos estudios lo que te ponen en la mesa son herramientas para ir a negociar, para ir a gestionar. Pero si no logramos poner valor a un sistema de carbono en tiempo y espacio, la verdad es que va a caer y morir el tema. Yo estoy convencido que hay que meter al sector productivo. La selva también tiene su valor y otro público, acá estoy hablando con la gente adentro del desarrollo provincial adentro.
Como base para la producción de alimentos, fibras y muchos servicios ecosistémicos esenciales, el suelo representa un componente importante de los sistemas productivos y un recurso clave para la mitigación y adaptación al cambio climático por su capacidad de almacenar compuestos carbonados tanto orgánicos como inorgánicos.
En esta línea, las plantaciones forestales son muy valoradas por los numerosos servicios ecosistémicos que brindan, entre los que se destaca, la capacidad de secuestrar gases de efecto invernadero (GEI) y almacenar carbono orgánico del suelo (COS). Frente a esto, un equipo de investigación del INTA y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación estimaron las reservas de carbono orgánico del suelo con plantaciones forestales y otros usos de la tierra, en diversas regiones de la Argentina.
De acuerdo con Pablo Peri –coordinador del Programa Nacional Forestal del INTA–, “este estudio constituye una referencia para organismos gubernamentales, instituciones, sector productivo, certificadoras y ONG del sector forestal a escalas local, regional o nacional”.
Entre los principales resultados, Peri explicó que “a escala nacional, en los primeros 30 centímetros de suelo de las plantaciones forestales, se almacenan unas 69.398,2 gigagramos de COS –entendiendo 1 Gg como 1000 toneladas–, es decir unas 70 millones de toneladas de carbono orgánico”.
Además, se pudo estimar que, la región mesopotámica representa el 74 % de la reserva nacional de COS de las plantaciones forestales, en correspondencia con la mayor superficie de bosques cultivados que concentra esta región. Por su parte, la región Patagonia, Pampeana y Delta del Paraná almacenan el 20,2 % del total. Al expresar los valores a escala nacional, por género o especie forestal, se obtuvo que el 69 % del COS se encuentra almacenado en plantaciones de pino.
En esta línea, Peri aclaró que “esa capacidad de almacenamiento puede ser modificada con el cambio de uso de la tierra, la puesta en producción –ya sea agrícola, forestal u otra– y la implementación de diferentes estrategias de manejo de suelos, cambiando la dirección de los flujos de Carbono en el sistema suelo-atmósfera”.
Según Peri, “cuantificar el COS es el primer paso para dimensionar las reservas de un suelo y tomar decisiones sobre cómo mejorar el secuestro de C y/o reducir su pérdida, analizando la respuesta de los ecosistemas ante cambios ambientales como producto de la variación climática o ante decisiones relacionadas con el manejo”.
“Así, se ha tomado en cuenta la capacidad de los sistemas forestales de almacenar carbono tanto en biomasa como en compuestos orgánicos del suelo, para desarrollar políticas que favorezcan la instalación de plantaciones con el propósito de mitigar emisiones de GEI”, afirmó el coordinador.
Al expresar los valores a escala nacional, se obtuvo que el 69 % del COS se encuentra almacenado en plantaciones de pino.
Por su parte, Ana Lupi –investigadora del Instituto de Suelos del INTA– agregó: “La Selva Paranaense presenta los valores de carbono orgánico de la línea base más altos, 71 toneladas de carbono por hectárea, y no se encontraron diferencias significativas comparando los usos del suelo y las clases de uso”.
En contraste, “en el Chaco Húmedo la mayor cantidad de COS se observó en la línea base, aproximadamente 74.000 kg/ha, seguido de las plantaciones forestales, 62 toneladas por hectárea, y con un menor valor, el uso alternativo productivo, 54 toneladas por hectárea”.
Del estudio, surgió una tendencia a que el COS promedio varíe en el sentido: forestaciones-línea base-uso alternativo. Las plantaciones con pino mostraron ser más eficientes en acumular COS que las realizadas con eucaliptus, sobre todo en las ecorregiones que presentaron valores medios de COS.
“Para cada región forestal descripta para la Argentina se determinaron ecuaciones que permiten estimar el carbono orgánico en base a una o a múltiples variables ambientales (temperatura, precipitación, contenido de arcilla en el suelo) y de manejo silvícola (género y edad de la plantación)”, especificó Lupi.
El estudio, al detalle
La estimación fue realizada por el Programa Nacional Forestal del INTA y la Dirección Nacional de Desarrollo Foresto Industrial de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. Para el desarrollo del relevamiento intervinieron profesionales de ambos organismos, diversas facultades, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), y profesionales de los gobiernos provinciales.
Se analizó la cantidad de carbono orgánico del suelo a 0-30 cm de profundidad de las plantaciones forestales del país y se generó una base de datos con 862 casos, de los cuales 321 corresponden a plantaciones forestales, 356 a líneas base –sitios con cobertura vegetal natural– y 185 referidos a usos alternativos del suelo –usos productivos no forestales–.
El primer paso fue la elaboración de protocolos y la propuesta de sitios –12 ecorregiones de la Argentina–, para luego pasar al trabajo de campo y envío de muestras al laboratorio. El último paso fue la organización y depuración de datos y el análisis de los resultados.
Las ecorregiones elegidas fueron Selva Paranaense, Yungas, Esteros del Iberá, Campos y Malezales, Chaco Húmedo, Chaco Seco, Pampeana, Delta del Paraná, Espinal, Monte, Estepas y Bosques Patagónicos.
Además del relevamiento de campo, se realizó una búsqueda de datos publicados en revistas científicas e informes de INTA relacionados con el almacenamiento de carbono en suelos forestales para incrementar la capacidad de analizar las diferencias entre usos del suelo.
La región mesopotámica representa el 74 % de la reserva nacional de COS de las plantaciones forestales.
Promover políticas de secuestro de carbono, la meta
“Los resultados obtenidos muestran la necesidad de reforzar la intensidad de muestreo para obtener una base de datos más robusta y poder establecer conclusiones más claras en algunas regiones”, indicó por su parte Javier Gyenge, investigador de la AER Tandil del IPADS (Instituto de Innovación para la Producción Agropecuaria y el Desarrollo Sostenible).
En esa línea, recomendó “establecer una estrategia de monitoreo que permita cuantificar el estado y la evolución de las reservas de COS en suelos con plantaciones forestales, a escala nacional”.
Gyenge hizo hincapié en que “definir un esquema de monitoreo del carbono orgánico del suelo se torna indispensable para diseñar, evaluar y promover políticas de secuestro de carbono atendiendo tanto a las posibles respuestas productivas como así también, cumpliendo con los objetivos de reducción de emisiones de GEI a escala nacional”.
El estudio recomendó hacer foco en las plantaciones forestales haciendo coincidir los muestreos de suelos con las campañas de mediciones de parcelas de inventario forestal que dispone la DNDFI de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, tomando como base una frecuencia de 1 dato cada 10 años.
“Se deberían priorizar los muestreos en suelos forestales en las regiones o cuencas en donde hay poca base de dato (por ejemplo, región chaqueña y delta del Paraná) para, en segundo lugar, establecer sitios testigos en todas las regiones buscando establecer esta evolución de los suelos forestales”, señalaron los expertos.
Hallan una sorprendente diversidad de insectos en la Selva Paranaense. Más del 80 por ciento de los artrópodos relevados no habían sido registrados hasta ahora en la biblioteca de los códigos de barras genéticos a nivel global
Se trata de un estudio realizado por especialistas de CONICET en el marco de un proyecto global para relevar y comparar la diversidad de artrópodos en diferentes regiones del mundo
Aunque se sabe que la Selva Atlántica tiene un alto nivel de endemismo y alberga aproximadamente un siete por ciento de la biodiversidad global, muchos de los taxones que la habitan son aún desconocidos. Ayudar a llenar ese vacío de conocimiento va de la mano con la necesidad y urgencia de proteger a los bosques tropicales.
Un estudio encabezado por científicos y científicas del CONICET, del que también participaron colegas de Canadá, analizó la abundancia y la diversidad de artrópodos voladores en un área semidegradada de la Selva Paranaense, extremo sur de la Selva Atlántica. Para ello, colocaron una trampa Malaise en el Centro de Investigaciones Antonia Ramos -ubicado en plena selva misionera, cerca de Oberá- entre febrero de 2013 y febrero de 2014, y luego obtuvieron los códigos de barras genéticos (DNA barcodes) de los setenta y cinco mil insectos capturados a lo largo de ese tiempo en frascos colectores que eran retirados semanalmente. Los resultados fueron publicados en la revista Plos One.
Una selva endémica y poco estudiada
El estudio está enmarcado dentro del Proyecto Global de Trampas Malaise (Global Malaise Trap Program), creado en 2012 para documentar y comparar la diversidad de artrópodos en diferentes lugares del mundo mediante la obtención de los códigos de barras genéticos.
“El código de barras genético es un fragmento del gen mitocondrial COI, cuya secuencia tiene entre seiscientos y setecientos pares de bases, que se utiliza en el proyecto International Barcode of Life para identificar especies por vía genética de manera relativamente sencilla. La identificación morfológica de las especies está limitada en muchos casos por la falta de especialistas que lo puedan hacer, así como también por el hecho de que el 60 por ciento de los individuos que se colectan no sirven desde el punto de vista taxonómico, porque en la mayoría de los casos las guías de artrópodos están basadas únicamente en la genitalia masculina de individuos adultos. En cambio, el código de barras genético permite identificar a cualquier individuo”, explica Darío Lijtmaer, investigador del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN- CONICET) y último autor del trabajo.
Para clasificar a los setenta y cinco mil insectos colectados a partir de sus DNA barcodes, se utilizó el sistema de Barcode Index Numbers (BINs). Los BINs agrupan individuos con un código de barra similar y, aunque no son exactamente lo mismo, existen estudios que han mostrado que tienen muy buena correlación con las especies. A través de este sistema de clasificación, se obtuvieron 8.651 BINs, de los cuales más del 80 por ciento no habían sido registrados hasta ahora en la biblioteca de los códigos de barras genéticos a nivel global.
“El hecho de que más del ochenta por ciento de los BINs que agrupan a los insectos que colectamos en la Selva Paranaense no tuvieran registro hasta ahora en la biblioteca de los DNA barcodes nos habla tanto del alto nivel de endemismo de la región como de la falta de estudios a gran escala de los artrópodos de la Selva Atlántica”, señala Belén Bukowski, becaria posdoctoral del CONICET en el MACN y primera autora del trabajo.
Un alto grado de diversidad
De todo el proyecto global de trampas Malaise, la trampa colocada en la Selva Paranaense es la que más individuos y mayor cantidad de especies capturó a nivel mundial en un año de colecta.
“De todos modos se trata de sólo una parte de la diversidad que hay. Si uno quisiera tener una mayor aproximación, se tendrían que poner más trampas en cada sitio y así capturar una mayor proporción de la diversidad de una determinada bioregión. Pero lo que sí se puede hacer es comparar la diversidad hallada en diferentes lugares en los que se colocó una trampa”, explica Lijtmaer.
Los más de 75 mil insectos colectados pertenecen a 28 ordenes diferentes, entre los cuales se destacan seis: Diptera, al que pertenece más del 75% de los especímenes capturados, Hemiptera (7,4%), Lepidoptera (5,2%), Hymenoptera (4,2%), Coleoptera (3,9%) y Psocoptera (1%).
Diptera también fue el orden más rico en cantidad de especies, seguido por Hymenoptera, Lepidoptera y Coleoptera, lo que es consistente con estudios similares realizados en otras regiones biogeográficas. De los 8.651 BINs detectados, cerca de la mitad (4.146) se encuentran representados por un solo individuo y un veinte por ciento, sólo por dos. “Esto muestra que hay gran cantidad de especies en abundancia baja y que, indudablemente, debe haber muchas otras que están presentes en el área, pero no llegaron a colectarse”, indica Lijtmaer.
Otro indicio de que en la Selva Paranaense existe todavía una diversidad importante de artrópodos por encontrar es que hubo una importante variación entre los insectos capturados en febrero de 2013 y los recolectados en el mismo mes en 2014. “Esto podría estar vinculado al muestreo, pero también podría significar que los ciclos de abundancia y diversidad de los artrópodos son supraanulaes”, advierte Bukowski.
Los patrones de abundancia y diversidad de acuerdo con la estacionalidad
Para sorpresa del equipo de investigación, se pudo corroborar que durante el otoño y el invierno aumenta tanto la abundancia de insectos como su diversidad. “Esto se debe principalmente a que es el momento del año en el que hay mayor cantidad y diversidad de dípteros. Otros grupos de insectos tienen patrones de abundancia distintos e incluso inversos”, explica Bukowski.
Para estudiar el modo en que las variables climáticas afectan la abundancia y diversidad de insectos en la Selva Paranaense, el equipo de investigación decidió concentrarse únicamente en observar lo que ocurría con las treinta y ocho especies o BINs que se encuentran en mayor abundancia a lo largo del año, y que la vez son representativas de los seis órdenes más importantes.
Parte del equipo de trabajo del proyecto en Argentina. De izq. a der.: Priscila Hanisch, Belén Bukowski, Darío Lijtmaer
“Para poder entender el efecto de las variables climáticas sobre los patrones de diversidad y abundancia de los insectos, necesitábamos centrarnos en ver lo que ocurría en especies que se repetían en diferentes frascos a lo largo del año y no en aquellas capturadas una o muy pocas veces”, señala Lijtmaer.
Finalmente, dentro de los factores climáticos, los investigadores encontraron que aquel que más influye sobre los patrones de abundancia y diversidad de los artrópodos es la temperatura.
“Este es el primer estudio del Proyecto Global de Trampas Malaise que tiene lugar en Argentina y también es el primero en analizar cómo varían los patrones de diversidad a lo largo del año y cuáles son las variables climáticas que explican dicha variación. En general han sido trabajos más descriptivos respecto de la cantidad y diversidad de artrópodos terrestres que hay en una determinada región”, concluye Bukowski.
En los últimos días, diferentes versiones han circulado sobre la tala rasa de Selva Paranaense en pleno Corredor Verde, en el departamento Manuel Belgrano. Para no dejar lugar a confusiones: no sólo se trató de un desmonte no autorizado sino que es fundamental que se cumpla con lo estipulado en la Ley de Presupuestos Mínimos para la Protección Ambiental de los Bosques Nativos en cuanto a medidas de remediación y restauración, y la incorporación de los responsables (propietarios y profesionales actuantes si los hubiera), al registro nacional de infractores.
Tal como fuera publicado en el medio “El Paranaense”, al ser alertados sobre la temática, desde Vida Silvestre solicitamos información, a las Subsecretarías de Ecología y de Ordenamiento Territorial del Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables (MEyRNR), sobre la situación legal de un desmonte en proximidad del Parque Provincial Urugua-í. Previo a la respuesta oficial y, por comunicaciones extraoficiales con funcionarios del MEyRNR que no pertenecen a las áreas correspondientes a las autorizaciones de cambio de uso del suelo, se sospechaba que ese desmonte contaba con autorización.
Dos días después, recibimos comunicación oficial de las carteras ministeriales correspondientes sobre la situación de cambio de uso del suelo sobre una parcela privada de 177ha. A partir de la misma, podemos afirmar que éste desmonte no cuenta con autorización vigente, plan de aprovechamiento ni estudio de impacto ambiental. En dicha respuesta se nos informó además sobre la realización de una inspección en la zona, fechada el 11 de enero de 2017, en la que se determinó la suspensión de cualquier actividad que comprometa al bosque nativo de la zona. Dichas actuaciones dieron origen al sumario ambiental correspondiente para determinar las responsabilidades y las sanciones para los autores del desmonte, realizándose acciones de gabinete y a campo por parte de un equipo multidisciplinario para determinar y cuantificar la magnitud del daño ambiental ocasionado.
Casos como este nos demuestran la necesidad de acompañar al MEyRNR en la implementación de medidas de control y fiscalización. Desde Vida Silvestre buscamos colaborar en el proceso de evaluación del daño ecológico, del diseño de las medidas de remediación y restauración que eventualmente resultaran pertinentes al momento de determinar las sanciones correspondientes y en la comunicación de la resolución ejemplar con el fin de disuadir a posibles futuros infractores.
En este mismo sentido, solicitamos que, en cumplimiento de la Ley de Presupuestos Mínimos para la Protección Ambiental de los Bosques Nativos, los responsables (propietarios y profesionales actuantes si los hubiera), del desmonte ilegal sean incorporados al registro nacional de infractores.
Por último, desde Vida Silvestre lamentamos la reproducción extemporánea de la nota ofrecida al medio digital “El Paranaense”. Esta situación pudo haber dado lugar a confusiones al no incorporar la nueva información que nuestra institución había recibido de la Autoridad de Aplicación Provincial.
Los desmontes ilegales no solo deben sancionarse, si no principalmente deben evitarse. El compromiso público y privado será sin duda la mejor herramienta para alcanzar este objetivo común.