SEQUIAS

Lo que hay que saber sobre el cambio climático y las sequías

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¿El cambio climático y las sequías están relacionados? A esta cuestión responden en el siguiente texto los autores del artículo titulado Droughts and Deficits: Summary Evidence of the Global Impact on Economic Growth (i) (Sequías y déficits: Resumen de evidencias sobre el impacto global en el crecimiento económico), Richard Damania, economista en jefe de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial, y dos expertos de la Unidad de Desarrollo Sostenible del Banco: Esha Zaveri, economista sénior, y Nathan Engle, especialista sénior en Cambio Climático.

¿Están aumentando las sequías y la culpa es del cambio climático?

Los déficits de agua se están convirtiendo rápidamente en la nueva normalidad. Durante el último medio siglo, las “perturbaciones pluviales secas” extremas, esto es, precipitaciones inferiores al promedio, han aumentado un 233 % en ciertas regiones. Una perturbación de tipo seco que es una desviación estándar de la norma generalmente es un evento poco frecuente que podría incluir 15 de los episodios más áridos en un siglo. Una perturbación de tipo seco que es dos desviaciones estándar de la norma es aún más infrecuente e incluye los 2,5 años más áridos en un siglo. Dichos episodios de sequía deberían ser intermitentes, pero están ocurriendo con mayor frecuencia. Al mismo tiempo, las zonas con precipitaciones superiores al promedio están disminuyendo.

Nuestras observaciones empíricas son consistentes con otras proyecciones científicas de que para fines del siglo 21 la superficie terrestre y la población que enfrentan sequías extremas podrían duplicarse con creces a nivel mundial. Si bien los pronósticos de las precipitaciones futuras son muy inciertos, los modelos del cambio climático son unánimes en afirmar que las precipitaciones se volverán más erráticas y extremas con el aumento de las temperaturas.

Durante el último medio siglo, las “perturbaciones pluviales secas” extremas, esto es, precipitaciones inferiores al promedio, han aumentado un 233 % en ciertas regiones.

¿Dónde se producen las perturbaciones pluviales secas y quiénes son los más afectados?

La geografía y los niveles de ingreso son importantes. Los impactos son desiguales. Los países pobres que se encuentran normalmente en regiones áridas y semiáridas experimentan mayor cantidad de perturbaciones de tipo seco y son también más vulnerables a estas perturbaciones. En Somalia, por ejemplo, las precipitaciones en la temporada de marzo a mayo de 2022 fueron las más bajas de las últimas seis décadas. Gran parte de la República Democrática del Congo y Uganda también han tenido condiciones de mucha sequedad en comparación con el promedio. La sequía en el este de Etiopía, el norte de Kenya y Somalia llevaron a las Naciones Unidas a advertir que unos 22 millones de personas podrían estar en riesgo de hambruna en 2022.

No se encuentra un patrón de sequedad similar en los países de ingresos más altos que están normalmente en zonas templadas y húmedas, donde las precipitaciones también han sido mucho más variables en las últimas cinco décadas. Europa experimentó dos sequías excepcionales en 2018 y 2019, que los científicos consideraron inéditas en los últimos 250 años. En el otro extremo del espectro, en julio de 2021, en Europa se registraron precipitaciones récord e inundaciones graves; ese mismo mes, lluvias torrenciales provocaron inundaciones devastadoras en la provincia de Henan, China, obligando a más de 1 millón de personas a reubicarse.

En general, en el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) (i) se advierte que la colisión de eventos extremos será cada vez más frecuente. Adaptarse a esta creciente variabilidad puede ser difícil debido a la duración impredecible de una desviación, su magnitud incierta y su frecuencia desconocida.

En Somalia, las precipitaciones en la temporada de marzo a mayo de 2022 fueron las más bajas de las últimas seis décadas.

¿Cómo afectan a la pobreza las perturbaciones de tipo seco?

Las perturbaciones de tipo seco son especialmente dañinas para el crecimiento económico de los países en desarrollo. En comparación con condiciones normales, la sequía moderada reduce el crecimiento en los países en desarrollo en 0,39 puntos porcentuales, en promedio, mientras que la sequía extrema disminuye el crecimiento en alrededor de 0,85 puntos porcentuales. En un escenario en que el crecimiento general es inferior al 3 %, incluso perturbaciones moderadas podrían provocar una contracción del crecimiento. En cambio, las perturbaciones de tipo húmedo inciden muy poco en el crecimiento del PIB de los países en desarrollo.

Además de afectar al PIB, las sequías pueden ampliar la desigualdad social en los países de ingreso bajo y mediano, y tener impactos significativos y a largo plazo en las explotaciones agrícolas, las empresas y las familias. Una perturbación de tipo seco en los primeros 1000 días de vida de un niño puede tener consecuencias en las perspectivas futuras de ese niño. En las zonas rurales de África, las mujeres nacidas durante períodos de sequía grave alcanzan una estatura menor, reciben menos educación y, en última instancia, logran menos riqueza. Las consecuencias de las sequías pueden propagarse a través de generaciones (i), perjudicando no solo a las mujeres que las experimentaron, sino también a sus hijos, que tienen más probabilidades de sufrir malnutrición.

Además de afectar al PIB, las sequías pueden ampliar la desigualdad social en los países de ingreso bajo y mediano, y tener impactos significativos y a largo plazo en las explotaciones agrícolas, las empresas y las familias.

Se prevé que el cambio climático conducirá a sequías más graves en la mayoría de las regiones, por lo que si no se producen mejoras importantes en la forma en que los encargados de la formulación de políticas gestionan las sequías, el mundo se encamina hacia pérdidas aún más cuantiosas en materia de crecimiento económico y de los logros obtenidos en el área del desarrollo debido a estas perturbaciones de tipo seco prolongadas.


Atlas de los costos económicos de las sequías, 1994-2014
Atlas de los costos económicos de las sequías, 1994-2014Mapa basado en estimaciones del documento de trabajo Droughts and Deficits (i) (Sequías y déficits) (i) 

¿Qué pueden hacer los países para aumentar la resiliencia ante estas tendencias de sequía?

Cuando se abordan las sequías, el primer pensamiento que a menudo surge es la necesidad de almacenar agua para los episodios de aridez. Pero resulta que mantener la humedad del suelo puede contribuir en gran medida a reducir el impacto de las sequías. La humedad en el suelo alrededor de la zona radicular, llamada agua verde, es fundamental para sostener los sistemas terrestres y tiene impacto en las aguas subterráneas, los ríos y lagos, y el funcionamiento de todo el ciclo hidrológico. Por lo tanto, para manejar los efectos de las sequías es fundamental proteger y gestionar los bosques, paisajes y otros sistemas naturales que mejoran la salud del suelo y la retención de agua. Es probable que la conservación del “agua verde” sea una de las maneras más eficaces en función de los costos de prevenir los impactos adversos de las sequías.

Es probable que la conservación del “agua verde” sea una de las maneras más eficaces en función de los costos de prevenir los impactos adversos de las sequías.

Los países también deben invertir proactivamente en sistemas de información, instituciones e infraestructura que generen resiliencia frente a las sequías. Por ejemplo:

  • Sistemas de vigilancia y alerta temprana
  • Otras soluciones en materia de infraestructura, como la desalinización, los sistemas de reutilización y reciclaje del agua, y la recolección de agua de lluvia
  • Instituciones y planificación, a través de mecanismos como legislación sobre sequías para codificar las funciones y responsabilidades en la preparación y respuesta ante casos de sequía
  • Financiamiento de riesgos específico para grupos y sectores vulnerables
  • Planificación coordinada en múltiples niveles tanto para respuestas a contingencias a corto plazo como para planificación de inversiones a largo plazo

ENLACES RELACIONADOS

Informe: Droughts and Deficits: Summary Evidence of the Global Impact on Economic Growth (i)

Sitio web: Serie explicativa sobre el clima (i)

Sitio web: Banco Mundial: Cambio climático

Sitio web: Banco Mundial: Agua 

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La mitad de todos los ríos del mundo están fuertemente afectados por los humanos

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En los últimos 200 años la inadecuada actividad humana como la sobrepesca, la deforestación, la introducción de especies no autóctonas, el desarrollo fluvial, la contaminación del agua y el cambio climático global amenazan los sistemas fluviales en el mundo

Por Prof. Norberto Ovando* – Los cuerpos de agua superficial son el eje de desarrollo de los seres humanos que permiten el abastecimiento para las diferentes actividades socioeconómicas llevadas a cabo en los asentamientos poblacionales. No obstante, muchas de estas actividades causan su alteración y deterioro. El deterioro en la calidad del agua supone un grave problema ambiental, económico y social a nivel mundial.

Las represas, la canalización artificial, la extracción de áridos o encauzamientos, son algunos de los ejemplos que no solo alteran el flujo natural del que se nutren las poblaciones, los animales y plantas, sino que destruyen los hábitats y a la fauna acuática y ribereña.

Se sabe poco sobre la escala y la magnitud global de los impactos humanos en las aguas dulces. Para abordar esta cuestión Guohuan Su, del Laboratoire Evolution et Diversité Biologique (EDB), en Toulouse, junto a un equipo de investigadores de varias instituciones de Francia y China, en su artículo publicado en la revista Science  han descripto que el 53% de las cuencas fluviales del mundo, que cubren el 40% de la superficie del planeta, han sufrido marcados cambios en la biodiversidad, especialmente en las regiones templadas.

En total, recopilaron datos sobre 2.456 cuencas aseverando que los humanos han producido un gran impacto en ríos, arroyos y otros cuerpos de agua, particularmente desde el comienzo de la revolución industrial, una época en la que las fábricas comenzaron a arrojar desechos en las vías fluviales.

La contaminación del agua provocada por los desechos de aguas residuales de origen doméstico y de las actividades agrícolas y pecuarias crea más desigualdad.

Los más afectados son los pobres de las zonas rurales de los países en desarrollo porque son los que más usan el agua de los ríos y arroyos para beber, para bañarse, lavar ropa o cocinar. En América Latina 25 millones de personas podrían contraer alguna enfermedad que ponga en riesgo su vida, como cólera, tifoidea, hepatitis, polio o diarrea, como consecuencia de la contaminación acuática.

Nos preguntamos ¿Es posible revertir la contaminación en los ríos? Sí, es posible pero se necesita la participación de todos los sectores. Se precisa de la conciencia de la sociedad civil, mecanismos gubernamentales locales y regionales, así como mayores inversiones.

Ríos en riesgos

La WWF señala que los árboles cumplen una función reguladora del agua, por lo tanto, si los bosques aledaños a los ríos desaparecen, estas fuentes hídricas también se ven afectadas y poco a poco van disminuyendo su caudal y tienden a secarse.

Varios ríos a nivel mundial están empezando a padecer síntomas del “síndrome de los ríos vacíos”, es decir, ríos en los que circula el agua y aparentemente todo funciona bien, pero en los cuales no hay peces, o su cantidad está muy disminuida.

La contaminación invisible de los ríos debido a actividades extractivas como la minería, derivada de la extracción del oro con mercurio es muy grave, pues además de que afecta la calidad del agua, es consumido por las especies que dependen de estas fuentes hídricas, incluyendo los seres humanos, lo que acarrea graves problemas en la salud relacionadas con el sistema nervioso central y el periférico, según la Organización Mundial de la Salud.

La contaminación biológica se debe a la presencia de especies introducidas como peces, crustáceos y caracoles entre otras, en ríos y ecosistemas que no sean su hábitat natural, son una amenaza latente para el equilibrio ecológico de los ríos y las especies que lo habitan. 

Las obras de infraestructura como las represas y presas hidroeléctricas afectan drásticamente el caudal de los ríos, limitan los procesos naturales de reproducción, desove y alimentación de los peces y algunos mamíferos que se alimentan y se reproducen en sus orillas. Las poblaciones de peces migratorios de agua dulce en el mundo disminuyeron aproximadamente un 76%, y en América Latina la cifra asciende al 84%, según informe de la Fundación Mundial de Migración de Peces y la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL) publicado en julio de 2020. 

Impactos

El cambio climático impactará los ecosistemas de agua dulce -incluyendo los ríos- cambiando la cantidad, calidad y tiempo de los suministros de agua, debido a varios factores como la estacionalidad e intensidad de la lluvia, las temperaturas más altas del aire y el agua, y los cambios en la recarga de aguas subterráneas, entre otros
factores.

La construcción de represas que interrumpen el flujo normal del río, hasta la deforestación, ha hecho que estos ríos sean uno de los ecosistemas más amenazados de nuestra región y nos provoque grandes perjuicios como por
ejemplo: El río Iguazú es un río del sur de Brasil y del nordeste de la Argentina. Nace en la Serra do Mar, en el estado de Paraná y desemboca en el río Paraná. El área identificada se ubica en la subregión ecológica de las Selva Paranaense, que ha sufrido la deforestación y tala inmoderada de la selva afectando el clima del área.

En su curso dentro del territorio brasilero se construyeron seis represas hidroeléctricas, Foz de Areia, Salto Segredo, Salto Santiago, Salto Osorio, Salto Caxias y Baixo Iguaçu, que cuando falta la lluvia cierran las compuertas para retenerla provocando diversos problemas en Argentina como: se “secaron” las cataratas del Iguazú; dos ciudades de Misiones se quedaron sin agua potable; los ríos Iguazú, Paraná y Uruguay llegaron a sus niveles más bajos de los últimos 90 años, provocando la mortandad de miles de peces y otras especies.

En su curso el río cuenta con numerosos saltos, entre los cuales, se encuentran las Cataratas del Iguazú, dentro del Parque Nacional Iguazú, Patrimonio Mundial Natural, categorizado según la UNESCO como de Alta preocupación por los impactos externos producidos por la deforestación y el mal manejo de la cuenca alta del río, entro otros.

Las represas afectan las relaciones dentro y fuera de las naciones; entre poblaciones rurales y urbanas; entre intereses río arriba y río abajo de las represas; entre los sectores agrícolas, industrial y doméstico; y entre las necesidades humanas y los requerimientos de un medio ambiente sano.

Como segundo ejemplo son evidentes los impactos reales y potenciales de la minería sobre importantes fuentes de agua, tanto en términos cualitativos como cuantitativos. Existen impactos graves en la salud humana y la productividad de los ecosistemas debido a la contaminación del agua con cianuro, metales pesados y materiales suspendidos; como también la reducción en la cantidad de agua disponible, lo que genera competencia y conflictos con otros usuarios del agua. Esta situación afecta a una variedad de ecosistemas, incluidos los glaciares y lagos glaciares, ríos y arroyos, lagunas naturales, y acuíferos subterráneos. Una preocupación en particular para la población rural es el impacto de las actividades mineras en los nacimientos de agua y quebradas que alimentan los acueductos locales.

Conclusión

Decía Miguel de Unamuno que “los ríos son el alma del paisaje”. Los ríos son un patrimonio de naturaleza que, más allá de desempeñar unas funciones naturales y proporcionarnos agua, son también un bien de interés común y un activo ecosocial.

La tendencia a restaurar los ríos se está dando en muchos países. Es urgente la protección de la biodiversidad de los cursos de agua ya impactados por las actividades humanas.

Debemos garantizar abastecimientos seguros y saludables pero también debemos compartir el agua con el ecosistema y, por eso, es preciso establecer medidas para el cumplimiento de los regímenes de caudales ecológicos.

Apostando por la protección del medio hídrico podremos construir un futuro más sostenible, para nosotros y para las generaciones venideras, donde los ríos sigan siendo lo que siempre han sido, ríos.

Prof. Norberto Ovando* – Presidente / Asociación Amigos de los Parques Nacionales (AAPN) Experto Comisiones Mundial de Áreas Protegidas (WCPA) y, Educación y Comunicación (CEC) Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN)

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Desde el INTA afirman que los principales problemas de la bajante histórica del Paraná son ambientales y productivos

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Desde 1944 no ocurría una situación de sequía hidrológica a este nivel. Técnicos del INTA trabajan en articulación con el sector público y privado para determinar los impactos productivos y ambientales de la bajante extraordinaria y brindar recomendaciones. Cuáles son las perspectivas climáticas a corto y mediano plazo.

La crisis del Paraná no solo es grave por lo pronunciado de la bajante, sino también por su prolongación en el tiempo. En pocas semanas se inicia la tercera primavera en situación de bajante, y los efectos e impactos no solo se observan sobre el cauce, sino que se propagan en lo profundo de los territorios aledaños al río.

“La Cuenca del Paraná es un sistema complejo -represas, humedales, planicies aluviales, lagunas, delta- y de mucha extensión territorial. La normalización de su régimen hidrológico llevará tiempo y dependerá de la regularización de las lluvias”, explicó Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales (CIRN) del INTA.

En esa línea, indicó: “No solo deben recuperarse los niveles hídricos de todos los reservorios naturales y de las represas en cuenca alta, sino también el nivel de reserva de agua en el perfil del suelo de cinco estados del Brasil en situación de sequía histórica”.

Desde el Instituto Nacional del Agua (INA) indicaron que la bajante del río Paraná “es la peor desde 1944, con la probabilidad de superar aquella emergencia histórica”. El INA trazó un escenario que indica que el río en Santa Fe alcanzaría sus niveles más bajos de la historia a fines de septiembre, superando la marca de 1944 cuando se registró -1,04 metros.

Mediante el Decreto 482/2021, publicado este lunes en el Boletín Oficial, el Gobierno declaró el estado de emergencia hídrica por los próximos 180 días en las provincias de Formosa (norte), Chaco (norte), Corrientes (noreste), Santa Fe (centro-este), Entre Ríos (este), Misiones (noreste) y Buenos Aires (este), al verse afectadas por la bajante histórica del río Paraná.

“Analizando el pronóstico, en un contexto de bajante es importante lo que tiene que ver con alivios temporarios como son lluvias sobre el cauce medio en territorio argentino, o sobre el Iguazú que al estar muy poco regulada es de rápido aporte de caudal al Paraná, luego de pasar por las Cataratas”, expresó Mercuri.

De acuerdo con el director del CIRN, “se esperan lluvias moderadas durante los primeros días de agosto en la Cuenca del río Iguazú, pero las lluvias en la Cuenca alta, se activarían luego del periodo invernal a partir de septiembre”. Y agregó: “dependemos de la magnitud y la frecuencia de las mismas durante la primavera para visualizar el escenario futuro más probable”.

Debido a este análisis, “es muy probable que convivamos con la situación de emergencia que genera la bajante durante los próximos meses de este año”, puntualizó Mercuri.

“Lo que ocurre en el Paraná y en otros grandes ríos del planeta (sea por excesos o déficit extremo) es un indicador de la gran problemática que el cambio global y climático genera sobre el elemento agua”, afirmó el director.

Los cambios generan impactos más pronunciados y prolongados que los provocados por los forzantes climáticos interanuales como los de alta influencia en nuestra región y originados en el pacífico ecuatorial, El Niño o La Niña, que se comportan aliviando o agravando estos cambios.

“Por eso es importante replantear, priorizar y focalizar en cada territorio y sistema de producción estrategias innovadoras para el uso y gestión eficiente del agua”, hizo hincapié el director del CIRN.

ABORDAJE INTEGRAL

El INTA elaboró un proyecto emergente para determinar los impactos sobre los sistemas de producción y los efectos ambientales acumulativos de esta prolongada bajante en los territorios, trabajando con los referentes y los especialistas de esta amplia región. Integran esta iniciativa el Centro de Investigación de Recursos Naturales y los Centros Regionales de la Cuenca (Buenos Aires Norte, Santa Fe, Chaco-Formosa, Corrientes, Entre Ríos y Misiones).

“Los tres ejes de trabajo se orientan a identificar y determinar los impactos, determinar la temporalidad, el momento en que más se agudice acorde a cada ciclo productivo y establecer las recomendaciones técnicas del INTA”, explicó Mercuri.

“En los próximos días muchos de los puertos a lo largo del trayecto del río mostrarán alturas de valores cero o varios centímetros por debajo del cero”, expresó el Director. A lo que agregó: “a los graves problemas de logística a lo largo del todo el río y tránsito de pobladores por el mismo, así como el problema del acceso al agua en cantidad y calidad por las poblaciones aledañas se suma todo lo productivo propio de los territorios a lo largo de la cuenca”.

Entre algunos de los principales impactos productivos se puede mencionar la ganadería de islas, bajos y de áreas de ribera afectadas por la baja disponibilidad y calidad del forraje, así como por la falta de agua para bebida, los problemas en la captación de agua por las arroceras, dado que también los ríos tributarios del norte de Entre Ríos, Corrientes y los bajos del norte de Santa Fe están sin suficiente agua, la bajante de napas freáticas en áreas litorales o mayor concentración salina en las mismas.

También la bajante afecta a la apicultura dado el impacto en la floración de especies nativas o por la aparición de especies invasoras, la pesca comercial y la artesanal, y demoras para el traslado de madera en zonas del Delta y al menos otros 10 impactos hoy claramente observados en los sistemas de producción de cada una de las regiones que atraviesa el río.

En Santa Fe, “los principales problemas son ambientales y productivos y tienen similitud con la mayoría de las zonas del país afectadas por la sequía”, explicó Alejandro Longo, director del Centro Regional del INTA de esa provincia.

En lo puntual, destacó que a nivel productivo se reportaron problemas con el cupo de cargas portuarias ya que la producción de cultivos (soja, maíz, sorgo) y de carne de la provincia sale del puerto de Rosario.

“Actualmente, los barcos no cargan su capacidad total. Más allá de las pérdidas de divisas ocasionadas, a nivel provincial afecta la actividad de productores y transportistas”, subrayó Longo.

Asimismo, la escasez de agua genera inconvenientes en la ganadería de isla. “La menor disponibilidad provoca inconvenientes para que los animales accedan a los cursos de agua para beber”, dijo el director del INTA Santa Fe.

Pero lo problemas no son solo productivos. Desde el INTA Santa Fe describieron también los impactos ambientales entre los que se puede destacar el incremento del riesgo de incendios de pastizales dadas las condiciones ambientales que favorecen su propagación, la afectación de la biodiversidad tanto de la flora como la fauna y la dinámica de los humedales abastecidos por el río.

“También, los ciclos de la fauna ictícola alterados nuevamente, la degradación de bosques nativos insulares y albardones, aparición de especies invasoras y una amplia gama de servicios ambientales ecosistémicos que brinda el río a lo largo de su trayecto”, puntualizó Longo.

“Analizar la temporalidad también es importante”, agregó por su parte Mercuri. Si bien el seguimiento de focos de calor mediante imágenes satelitales indica a la fecha que es menor a la cantidad ocurrida en el mismo periodo que el año precedente, es el momento de evitar el fuego dado la materia seca acumulada y seca por efecto del ingreso de olas de frío y heladas, lo cual se agrava por la falta de los cortafuegos naturales.

El INTA recomienda el seguimiento de alturas en los diversos puertos en las páginas web institucionales de la Prefectura Nacional, y las alertas hidrológicas de la Cuenca en el portal del INA que es la institución responsable del seguimiento del río y la descripción de las mismas. A su vez, se puede acceder a la actualización de información producida en base a la antena satelital receptora del INTA en SEPA y los informes semanales de pronóstico que elabora el Instituto de Clima y Agua cada lunes y su actualización durante la semana.

Fuente Región Norte Grande

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Río Paraná: “No es una bajante, no es una sequía, es la deforestación”

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El agua es un ciclo hidrológico, que en América del Sur ha sido dañado irreversiblemente. La vitalidad y permanencia de ese ciclo tiene directa relación con los cursos de agua. El Río Paraná, que experimenta su menor nivel en 77 años, integra ese sistema, afectado por el desmonte, el agronegocio y las políticas gubernamentales.

Por Daniel Verzeñassi* – Los ríos no nacen en un lugar preciso. Los ríos son atmósferas oceánicas cálidas, son vientos, aire húmedo y lluvia sobre los bosques tropicales; son selvas lluviosas y evapotranspiración; son nieves andinas que deshielan y surcan en «rápidos», que se aquietan en anchuras y meandros (curvas del río). Se hacen sedimento y bordes inundables; corren entre islas y deltas, y así van remansando y hablando en su lenguaje de ciclado eterno. Y se hacen de nuevo un mar.

Como bien explica el geógrafo Alan Forsberg, hace más de veinte años se estudiaron estos flujos de aguas en nuestras latitudes. La lluvia que hace caudaloso al Río Paraná —que corre a través de Brasil, Paraguay y Argentina a lo largo de unos 4880 kilómetros— o exuberante a la selva misionera es producto de un fenómeno único: los ríos voladores de la Amazonía. Estos procesos extensos de evaporación y precipitación en el bosque crean baja presión atmosférica que atrae constantemente al aire húmedo del océano, de ahí el nombre de “bomba biótica de humedad”. Esta bomba sólo funciona en los bosques naturales prístinos. Ni la vegetación de los bosques clareados artificialmente y explotados, ni de las plantaciones, pastizales o cultivos son capaces de activar la bomba biótica y mantener la humedad suficiente para la vida óptima.

Ocurre además que la selva amazónica, corazón de la Madre Tierra, no sólo riega al Amazonas, también brinda las lluvias que dan vida a decenas de millones de personas más allá de la selva tropical. Cuando los ríos voladores de vapor de agua alcanzan la barrera de Los Andes, fuertes lluvias caen al pie de las montañas, en las laderas orientales de la selva amazónica ecuatoriana, peruana, boliviana.

Los ríos voladores también giran hacia el sur y traen la humedad vital hasta Paraguay, el norte de Argentina y el centro y el sur de Brasil. Allí está el Gran Chaco Americano, que se está arrasando para la ampliación del agronegocio. Ese modelo arrasa culturas, pueblos originarios que ya no tienen sus montes (pilares fundamentales de la vida en esos territorios). Comunidades que mueren, otras son desplazadas, otras persisten en soledad y miseria.

Esto pasa en nuestro Norte, donde se está devastando esta gran bioregión. Donde es necesario entender que el corazón de la Madre Tierra proporciona el agua para la mayor parte de la agricultura que alimenta a la población de Sudamérica, y agua potable para las ciudades más grandes del continente. Esas corrientes húmedas saturan en los montes y selvas de Argentina, sumando caudal a la cuenca del Plata, en los ríos Paraguay y Paraná.

Bajada del Paraná
Foto: Sebastián Lopez Brach

Sin los ríos del cielo, se secan los de la tierra”

Los ríos del cielo son hijos de las selvas. Languidecen con las deforestaciones. Se estima que el tiempo de regeneración del bosque lluvioso primario de zona tropical es de medio milenio (sí, 500 años).

La deforestación agroindustrial del bosque tropical ha dañado la cinta transportadora” del ciclo hidrológico en el continente. La selva amazónica atrae los vientos del Atlántico, cargados de humedad. La atmósfera se sobresatura con los más de 20.000 millones de toneladas diarias de agua, que el bosque primario (que no ha sufrido la intervención humana) eleva desde sus raíces y entrega al aire.

Las quemas de la Amazonia -consumadas por quienes festejan las “cosechas record” (de sojas, maíz, alguna otra forrajera y oleaginosa) y agroganaderías arrasadoras-, son las responsables de la pérdida de esos “traslados aéreos” de agua.

Todo esto afecta a la situación del río Paraná. La suma de responsables por el actual stress hídrico severo del río debe interpelar a los gobiernos del Cono Sur. Estos cauces de humedades aéreas, agredidos a más de 3000 kilómetros de distancia de las consecuencias y lesiones territoriales donde se expresan, reclama una acción política inmediata. Y ser compartida con la sociedad en su conjunto.

Hoy el agua es la prioridad para la bio-habitabilidad del territorio argentino. El agua de consumo suficiente, segura y pública. Con los actuales caudales, la capacidad de depuración del río ha disminuido a menos de la mitad del promedio en años anteriores. Tienen relación directa con las tomas de agua para potabilización, que son también las obras principales futuras, con nuevos protocolos de localizaciones y seguridades en distancias de fuentes contaminantes focales y difusas.

Bajada del Paraná
Foto: Sebastián Lopez Brach

Por otra parte, la contaminación con agrotóxicos hallada en barros costeros por el equipo de investigación del doctor Damián Marino deben ordenar una pronta revisión de los agroquímicos utilizados en la agricultura y agregarse en el listado de sustancias a analizar en las plantas de potabilización y distribución de aguas de consumo. El problema apuntado debe atenderse con más razón todavía desde este tiempo en adelante, por el seguro aumento de la concentración de dichos sustancias, por el bajo caudal ribereño.

Con este círculo perjudicial de desforestación, afectación de ríos voladores, alteración de regimenes de lluvia y descenso de caudal de ríos, nada más actual que una carta de 1854, escrita por el jefe indio Seattle del Pueblo Suwamish al presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce (en respuesta a la oferta de compra de las tierras indígenas): “El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre. Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed, son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también lo son suyos y, por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano (…) El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo.”

*Integrante del Foro Ecologista de Paraná.

Fuente Agencia Tierra Viva

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La riqueza misionera: el agua operando en el mercado de futuros de EE.UU. y la perspectiva regional

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Cuando en diciembre pasado (07/12/2020) se confirmó que en California, Estados Unidos el agua pasó a cotizar en el mercado de futuros, realizamos un análisis en Economis, contrastando la política misionera, y la regional sobre tan preciado recurso natural.

Ahora recuperamos ese análisis y lo ampliamos con más datos a la fecha:

Lo que en Misiones comenzó a plantearse como debate necesario hace más de seis años, cuando el presidente de la Legislatura, Carlos Rovira propuso reconocer el valor económico del agua, se transformó en una realidad financiera global: el agua comenzó a cotizar en el mercado de futuros de materias primas de Estados Unidos, debido a la escasez de este bien, cuyo precio fluctuará ahora como lo hacen el petróleo, el oro o el trigo, informó el Chicago Mercantile Exchange Group.

El proceso de privatización del agua comenzó hace más de 40 años en Chile, con el dictador Augusto Pinochet, quien lisa y llanamente privatizó el agua y plasmó esa decisión en la Constitución de 1980. Le siguió con la premier británica conservadora Margaret Thatcher, quien privatizó la distribución del fluido y plantó la semilla de los sistemas de concesiones que aplicaron los Gobiernos neoliberales que, Consenso de Washington mediante, se hicieron fuertes en Latinoamérica en los ’90.

Las cotizaciones reflejarán las variaciones del índice Nasdaq Veles California Water Index, con la sigla NQH2O, y se basa en un indicador de precios de los futuros del agua en California que hoy cotizaba a unos 486,53 dólares por acre-pie, una medida de volumen utilizada normalmente en Estados Unidos equivalente a 1.233 metros cúbicos, lo que representa 1.233.000 litros de agua.

Ese valor podrá ser utilizado como referencia en el mundo aunque estos contratos no requieren entrega física de agua y son puramente financieros, basados en el precio semanal promediado entre las cinco principales cuencas de California hasta 2022.

Misiones desde hace varios años le puso valor al agua y considera al líquido vital como un commodity -una materia prima como el petróleo- que debe ser incorporado como costo para las empresas.

De hecho, las principales firmas que operan en la tierra colorada, desde industrias celulósicas, yerbateras, tealeras, hoteles, comenzaron a pagar por el uso del agua. Concretamente,  todo aquel que hace un uso comercial del agua debe pagar por ella. 

Hoy  esta política cobra aún más relevancia en el actual contexto de sequías e incendios. Otro dato relevante es que en Misiones  es el Estado el que regula el uso y el valor, no el mercado.

Hasta ahora se acordó el pago con más de 250 empresas misioneras, aunque se calcula que hay muchos más puntos de captación.

La ley I Nº 149 (antes 4519) fue la que asignó a Aguas Misioneras S.E el aprovechamiento lucrativo de las aguas de dominio provincial, comprendiendo a las aguas superficiales, subterráneas y del Sistema Acuífero Guaraní dentro del territorio misionero.

Además Aguas Misioneras S.E tiene asignada la comercialización de las aguas provinciales y, por ello, todas aquellas actividades que directa o indirectamente usufructúan el recurso hídrico con fines económicos directos o indirectos (entiéndase toma directa de agua de río, arroyos o perforaciones; no se incluye al agua de red)deben, a partir de ello, empezar a pagar por su uso.

Pagar por el agua es también una forma de cuidar y concientizar para el uso racional de un recurso que no solo no es infinito sino que cada vez va a faltar más en la Argentina y el mundo. Incluso la provincia de Misiones, en algunas regiones, tiene importantes problemas hídricos.

El precio de Estados Unidos

Por caso, el precio del agua en California se duplicó en el último año, según este indicador, y con la mayor escasez de este bien, la llegada al mercado de materias primas permitirá una mejor gestión del riesgo futuro, de acuerdo con los expertos. Agricultores, fondos o municipios podrán protegerse o especular ante los cambios en el precio del agua.

Según CME Group, los nuevos contratos permitirán una mejor gestión del riesgo asociado a la escasez del agua y al mismo tiempo realizar una mejor correlación entre oferta y demanda en los mercados.

El índice del agua en el mercado de futuros de Wall Street, que comenzó a cotizar el 7 de diciembre pasado, se constituye con el promedio de cinco mercados de California y les permite fijar un precio para los próximos dos meses y una proyección para los próximos ocho trimestres, explicó a la cadena de noticias CNN el economista Alvaro Pereyra, CEO de la operadora bursátil Passfolio, con sede en Nueva York. “Por lo tanto, tenemos el precio indicativo de lo que va a valer el acre por pie de agua (1.233.581,8 litros) para fines de 2022, que rondará los 520 dólares”, agregó Pereyra.

Aunque el índice está basado en los precios de las principales cuencas fluviales de California, donde la escasez del agua aumentó, este valor podrá ser usado como referente para el resto del mundo en los mercados del agua.

El nuevo índice permitirá no tener que recurrir a una estimación “a ojo” del precio futuro del agua, sino a cuáles son las expectativas de los principales actores de este mercado.

China y Estados Unidos son los principales consumidores del mundo de agua y, según Naciones Unidas, 2.000 millones de personas viven en países con graves problemas de acceso al agua, mientras que en los próximos años, dos tercios del planeta podrían experimentar escasez de agua y millones de personas podrían verse desplazadas.

La explotación excesiva de este recurso por el sector primario, la industria y el consumo humano, así como el cambio climático, llevaron a que este recurso sea cada vez más escaso.

Héctor Rubini, investigador de la Universidad del Salvador, estimó en declaraciones a CNN Radio que “progresivamente el agua comenzará a cotizar en otros mercados mundiales, porque se trata de un recurso cada vez más escaso, y estimó que esta situación se dará “en las próximas tres o cuatro décadas”.

En la misma línea, Federico Di Yenno, operador bursátil especializado en commodities, dijo a Télam que “es factible que dentro de algunos años, bastantes, en áreas donde haya escasez de agua veamos que se cotice en otro mercado de futuro”. Agregó que “así como se ha avanzado en un mercado futuro en un índice para la soja sudamericana, eso podría ocurrir con el agua en algún momento. Brasil y Chile, por ejemplo, lo podrían tener, sobre todo Chile, que tiene un mercado fuerte”.

Pero la perspectiva económica que habilita la mercantilización de un recurso humano tiene otras lecturas y consecuencias.

Para el español Pedro Arrojo-Agudo, Relator Especial sobre los derechos humanos al agua potable y el saneamiento de las Naciones Unidas, “no se puede poner un valor al agua, como se hace con otros productos básicos comercializados, porque el agua es un bien público y está vinculada a la salud”. Además indicó que “el agua ya está fuertemente amenazada por la población mundial creciente y la contaminación grave de la agricultura y la industria minera, como para que ahora sea un ítem más del mercado”.

Arrojo-Agudo anticipó a Télam que prepara un informe sobre este tema para la próxima Asamblea General de la ONU, en octubre de este año, “porque un mercado de futuro de este tipo también podría atraer a especuladores como fondos de cobertura y bancos a apostar por estos precios, repitiendo la burbuja especulativa del mercado de alimentos de 2008”.

Gustavo Villa Uria, ingeniero en recursos hídricos y subsecretario de Obras Hidráulicas de la Nación, señaló en diálogo con Télam que en América Latina “está bastante firme la posición de que el agua es un bien público y que no es sujeto de apropiación”.

El funcionario admitió que “algunos sectores muy de derecha en la Argentina creen que el agua es pasible de enajenación”, pero destacó que el “marco normativo (del país) es muy claro, muy contundente, en el sentido de que el agua es un bien público, inajenable, imprescriptible y que no hay forma de que ese bien pase a ser privado sin modificar la Constitución y el Código Civil”.

Pero esa apropiación del agua “se puede conseguir generando organismos hídricos sin capacidad de control, porque si no hay capacidad de control, aunque el bien sea público, se lo apropia el más fuerte”. Es ahí dónde el Estado tiene que estar presente “con capacidad de medir, regular, controlar y garantizar que el agua sea repartida en forma equitativa y razonable”, agregó Villa Uria.

Los avances privatistas sobre el agua tuvieron una serie de hitos que se encadenaron en los últimos 30 años del Siglo XX.

En la década de los ’70 Augusto Pinochet dejó la economía chilena en manos de economistas alineados con la Escuela de Chicago, que primero privatizaron las tierras y luego el agua, y consagraron esa decisión en la Constitución de 1980, que sigue vigente. “En Chile la empresas que producen el aguacate (palta), en la provincia de Petoca, compran grandes cantidades de agua para sus cultivos y las poblaciones cercanas sufren un feroz racionamiento”, señaló a Télam Rodrígo Mundaca, vocero nacional del Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la protección del Medio Ambiente (Modatima).

La propiedad del agua y sus consecuencias para la población, agregó Mundaca, “es uno de los tres o cuatro temas más controvertidos en las discusiones para la reforma de la Constitución” que está en marcha en Chile.

A principios de los 80s, la primera ministra británica Margaret Thatcher (1979-1990) dio un paso más e, impedida de privatizar el agua, lo hizo con las redes de distribución, dando paso a un nuevo modelo de aplicación de políticas liberales que luego se replicaron en varios países de América Latina.

El Consenso de Washington fue un acuerdo firmado en 1989 -durante la Presidencia de George Bush padre- para aplicar una paquete de reformas estandarizadas y tuteladas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, en los países en desarrollo abrumados por sus crisis económicas.

Ese proceso en la Argentina tuvo su cenit durante el Gobierno de Carlos Menem (1989-1999), pero tuvo expresiones de distinto tenor en toda la región, que en la mayoría de los casos siguen con modelos de concesiones instalados y vigentes.

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