Sergio Iraeta

Sáenz cuestionó al Gobierno nacional por eliminar las barreras sanitarias para la banana: “Fue una falta de respeto al interior productivo”

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La decisión del Gobierno nacional de eliminar un conjunto de normas fitosanitarias que durante más de tres décadas protegieron a la producción bananera del norte argentino abrió un nuevo frente de tensión con las provincias. El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, cuestionó con dureza la medida adoptada por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y acusó a la administración nacional de avanzar sobre las economías regionales sin consultar a los territorios afectados.

En declaraciones a Radio Mitre, el mandatario calificó la resolución como “una locura de algún funcionario nacional que desde un escritorio deroga de un plumazo con un decreto algo que viene protegiendo a la producción bananera a nivel fitosanitario”. Para Sáenz, la decisión refleja un profundo desconocimiento de la realidad productiva del interior y una falta de articulación entre la Nación y las provincias.

El origen del conflicto es la Resolución 114/2026, firmada por el secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Sergio Iraeta. La norma derogó ocho resoluciones consideradas “obsoletas” por el Gobierno nacional, entre ellas las resoluciones 99/1994 y 823/2006, que establecían restricciones sanitarias para el ingreso de bananas provenientes de países donde existen plagas cuarentenarias y extendían ese régimen de protección a las principales provincias productoras: Salta, Jujuy, Formosa y Misiones.

Desde la perspectiva oficial, la medida forma parte del proceso de simplificación normativa y desregulación impulsado por la administración nacional. Sin embargo, para los productores, el debate excede la eliminación de regulaciones administrativas y alcanza un aspecto estratégico: la preservación del patrimonio sanitario argentino.

Sáenz reclamó que las decisiones sobre actividades productivas sensibles sean discutidas previamente con las provincias. “Hay que decirle a los que están en Buenos Aires que de una vez consulten”, sostuvo el gobernador, quien calificó la decisión como “una falta de respeto y un desconocimiento total de lo que es la Argentina y las necesidades que tiene”.

La preocupación es compartida por toda la cadena bananera del norte. Días antes del pronunciamiento del mandatario salteño, la Asociación de Productores de Frutas y Hortalizas de Salta y Jujuy ya había advertido sobre las posibles consecuencias de la derogación. Su presidente, José Luis Checa, sintetizó el impacto inicial con una expresión que rápidamente ganó repercusión dentro del sector: “Nos agarramos la cabeza”.

El dirigente explicó que la principal preocupación radica en el eventual ingreso del Fusarium Raza 4 Tropical (R4T), conocido internacionalmente como “Mal de Panamá”, una enfermedad considerada una de las mayores amenazas para la producción mundial de bananas. El hongo afecta el sistema vascular de las plantas, no tiene tratamiento efectivo una vez instalado y puede inutilizar áreas productivas durante décadas. Según advirtió Checa, la presencia de la enfermedad en países como Ecuador y Perú incrementa el riesgo sanitario para Argentina.

Las advertencias también llegaron desde Formosa. El productor Pánfilo Ayala, integrante de la Federación Agraria Argentina en Laguna Naineck, expresó su preocupación por la apertura de las importaciones sin las restricciones sanitarias vigentes hasta ahora. Además, recordó que Argentina mantiene un estatus fitosanitario libre de enfermedades como la Sigatoka Negra, un hongo que obliga en otros países productores a realizar decenas de aplicaciones de fungicidas cada año, elevando considerablemente los costos de producción y el impacto ambiental de la actividad.

La discusión pone nuevamente en evidencia uno de los principales desafíos de las economías regionales: compatibilizar los procesos de apertura comercial con la protección de los sistemas sanitarios que constituyen una ventaja competitiva para la producción nacional. En sectores agrícolas altamente sensibles, la prevención suele representar la herramienta más eficiente y menos costosa frente a eventuales brotes de enfermedades que pueden comprometer miles de hectáreas y afectar el empleo rural.

La controversia se amplió además hacia otro eje de debate entre la Casa Rosada y las provincias. Durante la misma entrevista, Sáenz cuestionó el proyecto impulsado por el Gobierno para flexibilizar el régimen de propiedad de las tierras rurales y reafirmó la posición de los gobernadores en defensa de las competencias provinciales sobre los recursos naturales.

“Vamos a seguir defendiendo la tierra como una potestad y competencia de cada una de las provincias”, afirmó el mandatario, quien recordó que la Constitución Nacional reconoce que los recursos naturales pertenecen a las jurisdicciones provinciales. El planteo se suma al de otros gobernadores que vienen reclamando mayor participación en las decisiones vinculadas al uso de la tierra, la explotación de recursos estratégicos y el diseño de políticas para las economías regionales.

Más allá del debate político, el conflicto expone una cuestión de fondo: la necesidad de construir políticas sanitarias basadas en evidencia científica y consensos institucionales. Para las provincias productoras, la protección fitosanitaria no constituye una barrera comercial sino una herramienta para preservar la competitividad de un sector que genera empleo, sostiene cadenas de valor locales y abastece al mercado interno. En ese contexto, los productores reclaman que cualquier revisión normativa incorpore evaluaciones técnicas, diálogo federal y mecanismos de transición que permitan modernizar la regulación sin comprometer uno de los principales activos de la agricultura argentina: su condición sanitaria.

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El Gobierno lanzó TRAZA, un sistema digital para seguir el recorrido del ganado

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La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca dio un nuevo paso en el proceso de digitalización del sector agropecuario con la creación del Sistema Informático de Trazabilidad Animal (TRAZA), una plataforma que centralizará la información productiva del ganado bovino, bubalino y cérvido para mejorar la trazabilidad, facilitar el acceso al financiamiento y brindar herramientas de gestión a productores y operadores de la cadena cárnica.

La medida fue oficializada mediante la Resolución 117/2026, publicada este jueves en el Boletín Oficial, y se enmarca en la estrategia de modernización impulsada por el Gobierno nacional para integrar los distintos registros estatales vinculados a la producción ganadera y aprovechar el avance de la identificación electrónica obligatoria que comenzó a implementarse este año.

Aunque su utilización será optativa, el Ejecutivo considera que el sistema puede transformarse en una herramienta clave para mejorar la competitividad del sector al ofrecer información consolidada sobre la historia productiva de cada establecimiento y cada animal, además de aportar mayor seguridad jurídica en las operaciones financieras respaldadas con hacienda.

Uno de los aspectos centrales de TRAZA es que reunirá datos hoy dispersos en distintos sistemas oficiales, permitiendo que cada productor consulte desde una única plataforma el estado de sus establecimientos registrados, el stock por categorías, la información sobre caravanas electrónicas y otros atributos sanitarios y productivos. El acceso estará disponible para los operadores de la cadena de ganados y carnes que ya utilizan el Sistema Integrado de Gestión de Sanidad Animal (SIGSA) con clave fiscal.

El sistema también incorporará un módulo para realizar el seguimiento de ingresos y egresos de animales, además de consultar los resultados de faena incluso cuando los animales hayan pasado por distintos establecimientos antes de llegar al frigorífico. La plataforma permitirá acceder a datos objetivos como peso, categoría, tipificación y otros indicadores productivos, sin exponer información comercial sensible.

Más herramientas para acceder al financiamiento

Uno de los objetivos económicos más relevantes de la resolución es fortalecer el uso del ganado como garantía para acceder al crédito.

Para ello, TRAZA incorporará un módulo específico destinado a controlar los animales afectados a prendas o warrants. La plataforma permitirá conocer en tiempo real cuántas cabezas se encuentran comprometidas como garantía y cuántas permanecen disponibles para nuevas operaciones financieras.

La herramienta realizará controles automáticos sobre el stock declarado antes de autorizar movimientos de hacienda. Si una operación comprometiera animales ya afectados como garantía, el sistema impedirá la emisión del Documento de Tránsito Electrónico (DT-e), aportando mayor seguridad tanto para productores como para entidades financieras.

Desde el Gobierno sostienen que este mecanismo responde a una demanda creciente del sistema financiero y de los productores, que buscan instrumentos modernos para ampliar el acceso al crédito sin incrementar los costos operativos.

Digitalización y trazabilidad

La creación de TRAZA acompaña la implementación de la identificación electrónica individual obligatoria del ganado, vigente desde enero de este año para bovinos, bubalinos y cérvidos, una política que apunta a fortalecer la trazabilidad sanitaria y comercial de toda la cadena.

La resolución también instruye al SENASA a desarrollar los aspectos técnicos necesarios para integrar el nuevo sistema y habilitar la carga online de certificados de depósito y warrants, permitiendo que los acreedores puedan verificar en tiempo real la situación del ganado utilizado como garantía.

La puesta en marcha será gradual. Según la normativa, tanto la plataforma como cada uno de sus módulos comenzarán a operar de manera progresiva, en función del desarrollo informático y de las decisiones que adopte la Subsecretaría de Producción Agropecuaria y Forestal, que será la autoridad de aplicación del sistema.

Con esta iniciativa, el Gobierno busca avanzar hacia una gestión basada en datos, donde la trazabilidad deje de ser únicamente una exigencia sanitaria para convertirse también en una herramienta que facilite la financiación, mejore la transparencia del mercado ganadero y reduzca costos administrativos para toda la cadena productiva.

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Agricultura elimina ocho normas fitosanitarias históricas para simplificar el marco regulatorio del SENASA

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El Gobierno nacional profundizó el proceso de desregulación del sistema agropecuario al derogar ocho resoluciones fitosanitarias que, en algunos casos, llevaban más de tres décadas vigentes. La medida fue oficializada mediante la Resolución 114/2026 de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca y forma parte del proceso de simplificación normativa impulsado por el Ministerio de Economía en línea con la Ley Bases.

La decisión no modifica las exigencias sanitarias actuales para productores, importadores o exportadores, sino que elimina normas que, según el diagnóstico oficial, habían perdido vigencia práctica porque fueron reemplazadas por procedimientos más modernos administrados por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA).

El objetivo de la medida es reducir la dispersión normativa y facilitar la identificación de las reglas efectivamente vigentes para los distintos actores de la cadena agroalimentaria. En otras palabras, el Gobierno busca que productores, empresas, despachantes y organismos de control trabajen sobre un marco regulatorio actualizado, evitando superposiciones con disposiciones que ya habían sido absorbidas por nuevas regulaciones.

Las resoluciones derogadas habían sido dictadas entre 1992 y 2013 y regulaban aspectos muy específicos del comercio agroalimentario. Entre ellas figuraban la prórroga para implementar la Autorización Fitosanitaria de Importación (AFIDI), restricciones al ingreso de bananas provenientes de países con determinadas plagas cuarentenarias, requisitos para importar maquinaria agrícola usada, normas para la importación de papa semilla y el histórico Cuaderno Fitosanitario obligatorio para productores de manzanas y peras, un sistema manual de registro que fue reemplazado hace años por herramientas digitales de trazabilidad.

También quedaron sin efecto normas relacionadas con límites de residuos de plaguicidas y exigencias sanitarias para el ingreso y tránsito de frutos de banano en provincias como Misiones y Formosa, materias que actualmente se encuentran reguladas mediante esquemas fitosanitarios más recientes y alineados con estándares internacionales.

Desde Agricultura sostienen que el régimen sanitario argentino evolucionó significativamente durante las últimas décadas. La incorporación de análisis de riesgo fitosanitario, certificaciones electrónicas, sistemas informáticos de control y mecanismos modernos de trazabilidad permitió reemplazar procedimientos que respondían a una realidad técnica y comercial muy distinta de la actual.

En ese sentido, la resolución enfatiza que mantener formalmente normas que ya no tienen aplicación efectiva genera inseguridad jurídica, incrementa la complejidad administrativa y dificulta tanto el cumplimiento por parte del sector privado como las tareas de fiscalización estatal.

Para provincias con fuerte perfil agroexportador como Misiones, la medida tiene un impacto principalmente administrativo. La derogación no implica flexibilizar controles sanitarios ni reducir estándares de calidad, sino consolidar un digesto normativo más claro para operadores vinculados al comercio de frutas, productos vegetales, maquinaria agrícola e insumos agropecuarios.

El Gobierno también aclara que la eliminación de estas normas no afecta derechos adquiridos ni invalida actuaciones administrativas realizadas durante su vigencia. Se trata, en esencia, de una depuración del ordenamiento jurídico que busca reflejar la realidad regulatoria vigente y facilitar el acceso a la normativa aplicable.

La decisión se inscribe dentro de la estrategia oficial de revisión integral del marco regulatorio nacional, que combina desregulación, digitalización de procesos y simplificación administrativa como herramientas para reducir costos de cumplimiento, mejorar la competitividad del sector agroindustrial y fortalecer la seguridad jurídica en el comercio agroalimentario.

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Agricultura actualiza el marco regulatorio para microorganismos genéticamente modificados y acelera los procesos de evaluación

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La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca oficializó un nuevo régimen para la evaluación y autorización de actividades vinculadas con microorganismos genéticamente modificados (MGM), con el objetivo de modernizar el sistema regulatorio argentino, reducir la dispersión normativa y brindar mayor previsibilidad a las empresas e instituciones que desarrollan proyectos de biotecnología aplicada al agro.

La medida fue establecida mediante la Resolución 96/2026, publicada este lunes en el Boletín Oficial, y reemplaza las resoluciones 5/2018 y 52/2019, que hasta ahora regulaban los ensayos experimentales y los procesos de liberación comercial de microorganismos genéticamente modificados.

La decisión se inscribe dentro del nuevo marco general para organismos genéticamente modificados fijado por el Ministerio de Economía a comienzos de este año y busca adecuar la regulación a los avances científicos registrados durante los últimos años, incorporando tecnologías que no estaban contempladas en la normativa anterior.

Uno de los principales cambios consiste en la creación de un procedimiento único para tres tipos de trámites: la autorización de ensayos experimentales en condiciones controladas con microorganismos genéticamente modificados viables, la evaluación de bioseguridad como requisito previo a la autorización comercial y la certificación de ausencia de microorganismos viables en productos derivados de estos desarrollos.

La resolución establece que todas las evaluaciones continuarán siendo realizadas por la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA), con intervención de la Coordinación de Innovación y Biotecnología de la Dirección Nacional de Bioeconomía. El análisis deberá efectuarse caso por caso, considerando evidencia científica y técnica específica para cada desarrollo.

Plazos definidos y mayor previsibilidad para las empresas

Uno de los aspectos centrales de la nueva regulación es la incorporación de un plazo máximo de 90 días hábiles administrativos para concluir la evaluación técnica de las solicitudes, aunque el cómputo podrá suspenderse cuando el organismo requiera información adicional al solicitante o existan modificaciones sustanciales del proyecto presentado.

El Gobierno sostiene que la fijación de plazos claros busca otorgar mayor previsibilidad a empresas, universidades y centros de investigación que desarrollan proyectos biotecnológicos, reduciendo tiempos administrativos sin alterar los estándares de bioseguridad.

La resolución también incorpora mecanismos de consulta previa opcionales, que permitirán a los desarrolladores presentar proyectos preliminares para resolver criterios regulatorios antes del inicio formal del trámite. Estas consultas deberán responderse en un máximo de 30 días hábiles.

Bioseguridad y control durante todo el proceso

El nuevo régimen mantiene un fuerte énfasis en los controles de bioseguridad. Toda liberación experimental requerirá autorización previa y estará sujeta a inspecciones del SENASA antes, durante y después del ensayo. Asimismo, los responsables deberán informar cualquier incidente, desviación o escape del microorganismo dentro de plazos específicos y ejecutar los protocolos de contingencia previamente aprobados.

La normativa también obliga a llevar registros permanentes de actividades y existencias mediante libros rubricados, informar avances semestrales y presentar un informe final una vez concluido cada ensayo experimental.

En paralelo, se establecen obligaciones adicionales para los ensayos con animales de producción, que deberán cumplir las normas vigentes sobre bienestar animal y garantizar la correcta identificación de los ejemplares utilizados.

Impulso a la bioeconomía y articulación regulatoria

Desde la Secretaría de Agricultura argumentan que la actualización normativa permitirá fortalecer el desarrollo de la bioeconomía, facilitar la transferencia tecnológica hacia el sector productivo y mejorar la coordinación entre los distintos organismos competentes en materia de bioseguridad, inocuidad alimentaria, bioinsumos y productos fitosanitarios.

El texto oficial destaca que la experiencia acumulada durante los últimos años evidenció la necesidad de unificar procedimientos, eliminar superposiciones regulatorias y adaptar la normativa a las nuevas herramientas biotecnológicas que comenzaron a utilizarse tanto en la producción agropecuaria como en procesos agroindustriales.

En esa línea, el Gobierno busca consolidar un esquema regulatorio que combine mayores niveles de previsibilidad para la inversión privada con criterios técnicos uniformes para la evaluación de riesgos, en un contexto donde la biotecnología aparece como uno de los sectores estratégicos para incrementar la productividad y el valor agregado de las cadenas agroalimentarias argentinas.

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Redefinen el reconocimiento de Indicaciones Geográficas del Mercosur para vinos y fortalecen el rol del INV

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La Secretaría de Agricultura incorporó formalmente al Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) al procedimiento de reconocimiento de las Indicaciones Geográficas (IG) de vinos y productos vínicos provenientes de los países del Mercosur. La medida busca ordenar la aplicación del acuerdo regional, centralizar la evaluación técnica y dotar de mayor seguridad jurídica a un segmento donde el origen geográfico constituye un activo comercial de alto valor.

La Resolución 94/2026, publicada este lunes en el Boletín Oficial, establece que las Indicaciones Geográficas reconocidas en los Estados Parte del Mercosur para productos vínicos deberán atravesar el procedimiento previsto por la normativa argentina antes de obtener protección en el país. La novedad central es que ese análisis quedará bajo la órbita del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) cuando se trate exclusivamente de vinos y productos de origen vínico.

La decisión complementa la reglamentación aprobada en mayo de este año para implementar el Acuerdo de Protección Mutua de las Indicaciones Geográficas del Mercosur, incorporado al derecho argentino mediante la Ley 27.765.

Un cambio institucional para un activo estratégico

Las Indicaciones Geográficas constituyen un sistema de protección intelectual que vincula la reputación y determinadas características de un producto con su lugar de origen. En el negocio vitivinícola representan mucho más que una denominación: funcionan como un diferencial competitivo que agrega valor comercial, facilita el posicionamiento internacional y protege a productores frente al uso indebido de nombres geográficos.

Con la nueva resolución, el Gobierno determina que el INV será el organismo técnico encargado de evaluar las solicitudes vinculadas a vinos y productos vínicos, utilizando el marco previsto por la Ley 25.163, que regula las denominaciones de origen e indicaciones geográficas del sector vitivinícola argentino.

La medida no modifica el acuerdo regional ni crea nuevos derechos, sino que define con mayor precisión cuál será la autoridad competente para llevar adelante las evaluaciones técnicas dentro del país.

Para las bodegas y exportadores, la resolución aporta previsibilidad institucional en un mercado donde la certificación del origen constituye un elemento central para acceder a segmentos de mayor valor agregado.

Entre los principales efectos se destacan mayor especialización técnica en la evaluación de Indicaciones Geográficas vinculadas al sector vitivinícola. Unificación de criterios bajo el organismo que ya administra las denominaciones de origen y las IG argentinas. Mayor seguridad jurídica para el reconocimiento de denominaciones provenientes del Mercosur. Sin impacto fiscal ni creación de nuevas estructuras administrativas, ya que la resolución aclara que las funciones serán absorbidas por el INV con los recursos existentes.

Alcance regional y oportunidades

Aunque el NEA no posee una industria vitivinícola comparable con otras regiones del país, la resolución adquiere relevancia para las empresas vinculadas al comercio exterior, la distribución de vinos, la gastronomía premium y el turismo, actividades que incorporan productos certificados por origen como parte de su estrategia comercial.

También fortalece el proceso de armonización regulatoria dentro del Mercosur, un aspecto relevante para las economías regionales que buscan proteger productos diferenciados mediante sistemas de calidad e identidad territorial.

La decisión refleja una tendencia creciente en el comercio internacional: los atributos vinculados al origen, la trazabilidad y la autenticidad ganan peso como herramientas de diferenciación frente a mercados cada vez más exigentes.

El próximo paso será observar cómo se implementa el procedimiento de evaluación y reconocimiento de las Indicaciones Geográficas provenientes de Brasil, Uruguay y Paraguay, así como el impacto que esta coordinación institucional tendrá sobre futuras solicitudes de protección dentro del bloque. Para la vitivinicultura argentina, consolidar reglas homogéneas en materia de propiedad intelectual constituye un componente estratégico para sostener el posicionamiento de sus productos en el mercado regional.

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