Sergio Massa

Raúl Timerman: “Milei está para perder, pero no tiene contra quién”

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La paradoja que atraviesa al escenario político argentino puede resumirse en una frase: Javier Milei está en condiciones de perder una elección, pero todavía no aparece un adversario capaz de derrotarlo.

Así lo planteó Raúl Timerman, analista político y consultor de opinión pública, durante una entrevista con Open 101.7. Su diagnóstico combina dos dimensiones que avanzan en paralelo: por un lado, una sociedad golpeada por la crisis económica, el endeudamiento y la pérdida de expectativas; por otro, una oposición fragmentada que aún no consigue transformar ese malestar en una propuesta política común.

“El Gobierno está para perder, pero no tiene contra quién”, sintetizó Timerman. La definición no supone que Milei conserve la fortaleza electoral de otros momentos, sino que la debilidad presidencial todavía no encuentra enfrente una construcción política capaz de capitalizarla.

Una sociedad dividida por la capacidad de llegar a fin de mes

Para Timerman, cualquier descripción del humor social debe comenzar por reconocer que la Argentina está profundamente segmentada.

Una parte de la población logra llegar a fin de mes e incluso conservar alguna capacidad de ahorro. Otro grupo consigue cubrir sus gastos, pero después de haber realizado ajustes en su economía familiar y sin margen para ahorrar. En conjunto, ambos sectores representan algo menos de la mitad de la sociedad.

Del otro lado aparece una mayoría que necesita utilizar ahorros o recurrir al endeudamiento para sostener sus gastos cotidianos.

“Alrededor del 36% de los argentinos se endeuda para llegar a fin de mes. Hoy ya están endeudados, la mayoría son morosos y no saben si van a poder pagar sus deudas”, describió.

A esa situación se suma que más del 70% considera que el país atraviesa una crisis económica. Dentro de ese universo, la mayoría cree que lo peor todavía no pasó.

“La situación anímica de la sociedad argentina es de depresión y desesperanza, a pesar de que existe un sector que vive bien”, señaló.

El consultor apeló a una imagen para graficar la magnitud de las diferencias. En la Argentina conviven quienes nunca viajan en avión, quienes pueden hacerlo ocasionalmente, quienes utilizan habitualmente vuelos comerciales y una minoría que se desplaza únicamente en aviones privados.

“No podés describir la sociedad si no la particionás”, explicó. Esa fragmentación económica también tiene consecuencias políticas: un sector que inicialmente había depositado expectativas en el Gobierno comenzó a perderlas, aunque todavía no encuentra una representación alternativa.

Un Gobierno que conoce el deterioro, pero no logra corregirlo

Timerman rechazó la idea de que el Gobierno desconozca el deterioro social. Según explicó, algunos sectores de la administración nacional monitorean permanentemente la opinión pública y cuentan con información precisa sobre el impacto económico del programa oficial.

El problema, advirtió, no sería la falta de diagnóstico, sino la imposibilidad de modificar el rumbo.

“El Gobierno conoce muy a fondo esta situación, porque evalúa la opinión pública de manera permanente”, sostuvo. Sin embargo, describió una gestión condicionada por el aislamiento presidencial, la rigidez del modelo y la escasa capacidad de los funcionarios para manifestar diferencias.

“Hay muchos ministros y secretarios de Estado que se dan cuenta del estado en el que está el Presidente, de su aislamiento, de su obsecuencia con un modelo y de la poca posibilidad que tienen de presentar disconformidades”, afirmó.

Ese esquema, según su análisis, deja al Gobierno “paralizado” frente a la necesidad de introducir correcciones. La dificultad no surge solamente del contenido del programa económico, sino del “empecinamiento” de Milei en sostenerlo incluso cuando aumentan las señales de deterioro social y político.

El peronismo permanece junto, pero no unido

La oposición percibió esa debilidad, pero tampoco resolvió sus propias contradicciones. Timerman ubicó dentro del espacio panperonista a Cristina Fernández de Kirchner, Máximo Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa.

Todos ellos, explicó, reconocen que el desgaste del Gobierno abre una oportunidad para regresar al poder. Esa expectativa es, por ahora, el principal factor que los mantiene dentro de un mismo espacio.

“Es lo único que los mantiene juntos. No diría unidos, pero sí juntos”, diferenció.

Las tensiones internas podrían profundizarse al momento de definir las candidaturas presidenciales de 2027. Timerman consideró probable que Kicillof busque competir y señaló que Massa también podría presentarse. En ese escenario, Cristina Kirchner deberá decidir cómo intervenir en la interna.

“No creo que apoye a Axel Kicillof. Eventualmente puede llegar a apoyar a Sergio Massa, aunque tampoco es ideológicamente cercana”, evaluó.

La incertidumbre opositora, por lo tanto, no se limita a la selección de nombres. También involucra la falta de una síntesis política, programática y generacional que permita ampliar su representación más allá de los límites tradicionales del peronismo.

Tres bloques y el crecimiento del “ningunismo”

Timerman describió una sociedad electoral dividida en grandes franjas. Cerca del 30% permanece próximo al Gobierno; otro porcentaje similar se identifica con el espacio que representó Fuerza Patria; y alrededor de un tercio no se siente cercano a ninguno de los dos polos. A ellos se suman la izquierda y otras fuerzas minoritarias.

Ese tercer bloque alimenta lo que comienza a definirse como “ningunismo”: ciudadanos que rechazan tanto al oficialismo como a la principal oposición, pero que todavía no confluyen detrás de una misma candidatura.

La existencia de ese espacio no garantiza, por sí sola, el surgimiento de una tercera fuerza competitiva. Para Timerman, todo dependerá de la aparición de un liderazgo capaz de reunir demandas muy diferentes.

El consultor ilustró esa dificultad con una medición construida a partir de tres afirmaciones.

Un 29% responde que está de acuerdo con el Gobierno de Javier Milei. Ese porcentaje constituye el núcleo duro oficialista.

Otro 12% sostiene que no está de acuerdo con el Gobierno, pero que no encuentra una alternativa. La suma de ambos grupos alcanza el 41%, una cifra equivalente al desempeño electoral obtenido por La Libertad Avanza en las elecciones legislativas.

Finalmente, un 56% afirma que no está de acuerdo con el Gobierno y considera que existe otra alternativa.

El problema aparece al analizar la composición de ese último grupo.

“No para todos la otra alternativa es la misma. Ven alternativas diferentes”, explicó Timerman. El desafío será determinar si algún candidato puede reunir dentro de ese 56% el respaldo suficiente para llegar a la Presidencia.

La avenida del medio que nunca terminó de consolidarse

La dificultad para construir una tercera alternativa no es nueva. Timerman recordó experiencias electorales como las de Roberto Lavagna y Juan Schiaretti, que buscaron representar una opción intermedia, pero terminaron obteniendo entre seis y siete puntos.

Para describir los límites de ese espacio, citó una definición del analista Luis Tonelli sobre la denominada “ancha avenida del medio”: “Rodríguez Larreta la llenó de Metrobús”.

La ironía apunta a una conclusión concreta: existe un electorado que rechaza la polarización, pero eso no significa que esté políticamente vacío, disponible o dispuesto a acompañar cualquier candidatura presentada como moderada.

Ese electorado reúne posiciones económicas, sociales e ideológicas diferentes. La sola promesa de ocupar el centro no alcanza para transformarlo en una fuerza electoral.

¿Una nueva polarización o una figura inesperada?

De cara a las presidenciales de 2027, Timerman evitó anticipar si la Argentina volverá a una competencia entre dos grandes bloques o si aparecerá una tercera candidatura capaz de romper esa dinámica.

“Es difícil saberlo ahora. Va a depender mucho de si surge o no una figura política”, indicó.

El antecedente más inmediato es el propio Milei. Antes de su irrupción, la política argentina parecía encaminada a repetir la polarización entre el peronismo y el PRO. Sin embargo, el economista libertario apareció por fuera de esa disputa, desplazó a Juntos por el Cambio y llegó a la Presidencia.

“Entre la polarización del peronismo y el PRO surgió Javier Milei. La polarización no era con Milei, era con el PRO. Puede surgir alguien, puede irrumpir alguien”, remarcó.

La posibilidad existe, pero todavía no tiene nombre. Mientras tanto, Milei conserva una ventaja paradójica: el deterioro económico y la pérdida de expectativas lo colocan en una situación de vulnerabilidad, pero la fragmentación opositora le impide al descontento convertirse en una amenaza electoral definida.

El Gobierno perdió parte de la esperanza que lo llevó al poder. El peronismo continúa atrapado en su disputa interna. El radicalismo carece de centralidad y el PRO busca evitar su disolución política. Entre esos espacios crece una sociedad que quiere otra alternativa, aunque todavía no sabe cuál.

Ese vacío es, al mismo tiempo, la principal debilidad de Milei y su mayor fortaleza.

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El massismo defendió la alianza productiva con Lula y Brasil

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Con el eje en el impacto para el trabajo argentino, dirigentes de todo el pais del Frente Renovador expresaron que los agravios de Milei a Brasil son perjudiciales para el trabajo argentino.

Asimismo,  recordaron que de la relación con Brasil dependen miles de Pymes, industrias y empleos argentinos que están vinculados con quien es hoy nuestro principal socio comercial.

El Frente Renovador expresó un fuerte respaldo a la visión de desarrollo e integración regional impulsada por Sergio Massa y advirtió sobre las consecuencias que generan los agravios del oficialismo al presidente Lula da Silva durante su visita a Brasil, principal socio comercial de la Argentina. En un momento en que el Gobierno nacional profundiza el desmantelamiento del entramado productivo y la destrucción de empleo formal.

La fuerza política del massismo señaló que la falta de respeto al principal socio comercial del país no es un exabrupto menor, es un costo económico concreto que terminan pagando las PyMEs, las exportaciones y los trabajadores argentinos.

Dirigentes massistas de todo el país y de distintos niveles de representación institucional, coincidieron en que la relación bilateral debe sostenerse sobre el diálogo, el respeto y una agenda común orientada a la producción, el trabajo y el crecimiento con inclusión.

Además, cuestionaron que el Gobierno nacional priorice la confrontación política por sobre los intereses estratégicos de la Argentina.

En este sentido, desde la Cámara de Diputados de la Nación, se expresaron en este sentido. La diputada Sabrina Selva señaló que detrás del vínculo bilateral “hay miles de PyMEs, empleos e industrias argentinas que dependen de nuestro principal socio comercial” y reclamó la necesidad de “recuperar el diálogo, el respeto y la sensatez”. El diputado Diego Giuliano y presidente del FR sostuvo que “un Presidente viaja para defender los intereses de la Argentina, no para hacer campaña ni agraviar al mandatario de nuestro principal socio comercial”, y advirtió que “cada pelea diplomática de Milei la terminan pagando nuestra industria, nuestras exportaciones y nuestros trabajadores”. La diputada Cecilia Moreau calificó como “inaceptables” los agravios del mandatario argentino contra Lula y recordó que “jamás en la historia un presidente argentino viajó a otro país para insultar públicamente a su mandatario”.

Por su parte, la diputada Jimena López afirmó que “la unidad también se construye mirando a la región” y remarcó que “la salida para la Argentina tiene que ser con integración, inclusión y futuro”. A su vez, el diputado nacional Ramiro Gutiérrez expresó que “los líderes siempre hermanan a sus pueblos” y que la región “volverá a ser sólida cuando impere el diálogo, la comprensión y el respeto”. En la misma línea de crítica y reflexión, la diputada nacional Marina Salzmann sostuvo que Brasil debe ser “un aliado indiscutible para el desarrollo que necesita Argentina” y afirmó que el país necesita una conducción que “busque oportunidades para nuestro país y promueva el crecimiento económico con inclusión social”.

Por su parte, el diputado nacional por Tierra del Fuego, Jorge “Koky” Araujo, afirmó: “Vecinos. Amigos. Aliados estratégicos. Con Brasil podemos progresar juntos. Porque lo que importa es la Argentina. Poco importa el ego de un presidente que quiere que se hable de él en el exterior y hace daño a nuestro comercio y a nuestras chances de desarrollo. Primero, el país”.

El diputado provincial Alexis Guerrera y ex Presidente de la Cámara de Diputados de la Provincia, en la misma sintonía, destacó que Brasil es el “principal socio comercial” de la Argentina y sentenció: “Cada agravio de Milei no lastima a Lula, lastima a la industria, al comercio y a los trabajadores argentinos que dependen de esa relación bilateral”. A su vez, Guerrera denunció que se necesita “un Jefe de Estado que esté a la altura de lo que la historia entre ambos países marca y requiere”. Por su parte, el diputado provincial Rubén Eslaiman expresó: “En la diversidad de nuestras historias, Argentina y Brasil somos hermanos de América del Sur. Unidos por el diálogo, el respeto mutuo y la voluntad de construir un futuro compartido de prosperidad, paz y desarrollo”, y añadió: “con el gobierno de Brasil y el Presidente Lula, renovamos el compromiso de trabajar juntos por nuestros pueblos. ¡Unidad sudamericana!”.

El lamentable hecho protagonizado por el mandatario argentino hizo eco en todo el arco político que representa al espacio liderado por Sergio Massa, en momentos en que la relación comercial con Brasil resulta cada vez más decisiva para sostener lo poco que queda en pie del aparato productivo nacional. En la provincia de Buenos Aires, el respaldo a la integración regional también fue unánime. El senador provincial Marcos Pisano destacó que Brasil y Argentina están unidos por “una larga historia de arraigo y desarrollo”, basada en “la unidad y la sensibilidad a la hora de gobernar”, y defendió “un modelo de desarrollo que incluya a todos, no sólo a los amigos del poder”. A su vez, la legisladora bonaerense Ayelén Rasquetti sostuvo que “cuando hay diálogo, hay futuro”, y afirmó que ambos países poseen “una historia compartida y enormes desafíos por delante”, por lo que gobernar exige “diálogo, trabajo conjunto y solidaridad para construir un desarrollo con la gente adentro”. En tanto, la diputada provincial, Sofía Vannelli, remarcó que “el desarrollo que no pone a la gente en el centro, no es desarrollo” y señaló que Sergio Massa y Lula “son el ejemplo de que otra forma de conducir es posible: con diálogo regional y con la convicción de que a la ‘Patria Grande’ se la construye de a pueblos”. Además, advirtió que “un país que crece para pocos, no sirve”.

Además, se sumaron al reclamo diferentes funcionarios bonaerenses, como Martín Marinucci, ministro de Transporte de la Provincia de Buenos Aires, quien declaró: “La integración entre Argentina y Brasil no es una consigna: es una decisión estratégica para generar trabajo, producción y oportunidades”, y agregó que se debe hacer “con diálogo, sensibilidad social y la convicción de que el desarrollo sólo tiene sentido cuando mejora la vida de la gente. Sergio Massa lo dice, y sobre todo, lo demuestra con hechos”. Por su parte, Marcela Passo, subsecretaria de Articulación Interjurisdiccional del Ministerio de Transporte de la Provincia de Buenos Aires, señaló: “El desarrollo como motor de crecimiento y prosperidad tiene que ser prioridad de agenda, tal como lo planteó Sergio Massa y todos los que formamos parte del Frente Renovador. Lamento profundamente que la agenda de odio que impulsa el actual gobierno argentino se haya puesto por encima de esos ideales”.

Respaldo del interior

Referentes del Frente Renovador del interior del país expresaron su indignación por el lamentable suceso. La legisladora massista de Chubut, Vanesa Abril, manifestó: “Argentina hoy más que nunca necesita del diálogo y la unidad regional. Brasil es un socio estratégico, nuestro principal socio comercial”, y agregó: “Necesitamos gobernantes con capacidad y sensibilidad para llevar soluciones a la gente, fortaleciendo la agenda de integración, desarrollo y producción desde el respeto y el diálogo”. En tanto, Sara Aparicio, legisladora de Corrientes, denunció que “la Argentina necesita una política exterior al servicio del desarrollo, la producción y el trabajo, no de la confrontación permanente, como lo hizo siempre”. En esta línea, el referente correntino Germán Braillard sostuvo: “Argentina y Brasil son pueblos hermanos. Quienes vivimos en las provincias fronterizas lo sabemos: cada día nos conocemos más, nos queremos más y trabajamos mejor juntos. Milei no debería poner en riesgo ese camino de integración. El futuro se construye con diálogo, respeto y cooperación”.

En esta linea, la diputada mendocina Gabriela Lizana expresó: “Los agravios nunca fortalecen a un país. Con Brasil nos unen la historia, el comercio y millones de puestos de trabajo que dependen de una relación madura entre dos naciones hermanas. Gobernar con sensibilidad también es construir puentes, no romperlos. El desarrollo solo es verdadero cuando la gente queda adentro, no cuando la confrontación deja oportunidades afuera”. Por último, la diputada chaqueña Katia Blanc también se pronunció a través de sus redes sociales: “Lo interesante es la integración regional en dirección a nuestra gente, con más empleo, desarrollo y cuidado de lo nuestro”.

También se pronunciaron intendentes de la provincia de Buenos Aires en apoyo a la integración regional. El intendente de Chacabuco, Darío Golia, sostuvo que “el desarrollo del país se construye con una mirada regional, pensando en nuestro pueblo”. En la misma línea, la intendenta de Tornquist, Estefanía Bordoni, afirmó que “gobernando con sensibilidad social y priorizando el bienestar de los vecinos es como se construye futuro” y remarcó que “la cercanía y la mirada estratégica entre Sergio Massa y Lula marcan el rumbo de una política que pone en el centro la producción y las oportunidades para el pueblo”. Por su parte, el intendente de Patagones, Ricardo Marino, sostuvo que “Argentina y Brasil comparten mucho más que una frontera: comparten historia, integración, trabajo y un destino común”, y agregó que “fortalecer esa relación es una decisión estratégica que beneficia a millones de personas, impulsando la producción, el comercio y el desarrollo de nuestros pueblos”; en ese sentido, remarcó que “las diferencias políticas son circunstanciales” y que “los países crecen cuando construyen puentes, no cuando levantan barreras”. En la misma línea, el intendente de Saavedra, Matías Nebot, señaló que “Argentina y Brasil reafirman los lazos que los unen como naciones hermanas de Sudamérica, renovando el compromiso de trabajar de manera conjunta por el bienestar de sus pueblos”, y sostuvo que “a través del diálogo ambos países apuestan a seguir construyendo un futuro compartido de paz”. A su vez, el intendente de Roque Pérez, Maximiliano Sciaini, sostuvo que “un Presidente representa a la Argentina, no a su campaña” y cuestionó que “Milei usó una gira oficial para intervenir en la política de Brasil e insultar a su presidente”. En tanto, el intendente de General Alvarado, Sebastián Ianantuony, afirmó que “el desarrollo regional es la respuesta” y remarcó que “nunca estuvo tan claro qué modelos de gobierno se debaten a diario”, contraponiendo que “al odio como forma política se le antepone empatizar con lo que les pasa a las mayorías populares” y que “a la timba financiera” hay que “impulsar oportunidades con formación y trabajo”. Por último, el intendente de San Andrés de Giles, Miguel Gesualdi, señaló que “la unidad con Brasil es la posibilidad de construir una región más fuerte, con producción, empleo y oportunidades”, pero advirtió que “ese crecimiento solo será verdadero si tiene un rostro humano, si pone a la gente en el centro y si se gobierna con sensibilidad y compromiso social”.

Las declaraciones manifiestan la postura del massismo en defensa de una política exterior responsable, orientada a fortalecer la relación con Brasil y la integración regional como herramientas para impulsar la producción, el empleo y el desarrollo. Los agravios a Lula no son un problema de forma: son, en los hechos, un ataque a los intereses económicos de millones de argentinos que hoy ya sufren la pérdida de empleo formal y el retroceso del entramado productivo. En ese sentido, los dirigentes ratificaron el liderazgo de Sergio Massa y su propuesta de construir una Argentina con más diálogo, cooperación y crecimiento con inclusión social. 

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Milei enfrenta su peor umbral político: 71,2% cree que hace falta un cambio de gobierno

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El gobierno de Javier Milei ingresó en mayo de 2026 en una zona de desgaste político estructural. No se trata ya de una oscilación coyuntural de la opinión pública ni de un mal mes aislado, sino de una consolidación de tendencia: la desaprobación nacional alcanza el 64,5%, mientras que apenas el 34,3% aprueba la gestión libertaria. En paralelo, siete de cada diez argentinos consideran que hace falta un cambio de gobierno, un dato que en cualquier otro contexto sería leído como una señal de crisis terminal. Sin embargo, la singularidad del escenario argentino reside en que ese rechazo no se traduce todavía en una alternativa consolidada.

Así lo muestra el último informe “Domingo de Datos” de la consultora Zuban & Córdoba, elaborado entre el 25 de abril y el 1 de mayo sobre una muestra nacional de 2.000 casos, con un margen de error de +/- 2,19% y un nivel de confianza del 95% .

La encuesta revela una administración que perdió iniciativa política, pero también una oposición que aún no logra apropiarse del descontento social.

El principal dato del relevamiento es que la desaprobación presidencial se sostiene en un piso alto y persistente. Milei registra 64,5% de rechazo contra 34,3% de aprobación, prácticamente sin señales de recuperación respecto de meses anteriores. La serie comparada muestra que desde octubre de 2025 el oficialismo fue perdiendo respaldo de manera sostenida: pasó de 37,1% de aprobación a apenas 34,3%, mientras la desaprobación saltó de 62,8% a 64,5%.

A mitad de mandato, esos números colocan a la administración libertaria en una zona históricamente delicada para cualquier oficialismo argentino. 

La fractura de género

Uno de los datos más contundentes del informe aparece en la segmentación por género. Entre los hombres, Milei conserva una aprobación de 38,5%, con una desaprobación de 59,4%. Pero entre las mujeres el rechazo escala a 69,5%, mientras la aprobación cae a apenas 30,1%.

Casi siete de cada diez mujeres desaprueban la gestión y ocho de cada diez creen que hace falta un cambio de gobierno. Ese segmento aparece como el principal límite electoral del oficialismo hacia 2027. Sin recuperar terreno allí, La Libertad Avanza difícilmente pueda ampliar su techo político.

No se trata de un fenómeno nuevo, pero sí de uno cada vez más consolidado: el voto femenino se convirtió en el principal termómetro del desgaste presidencial.

La erosión no alcanza sólo a Milei, sino al conjunto del armado libertario. En el ranking de imagen de dirigentes nacionales, Patricia Bullrich aparece paradójicamente como la mejor posicionada dentro del universo oficialista, con 37,3% de imagen positiva y 55,5% negativa. El propio Javier Milei tiene 34,8% positiva y 60,6% negativa.

Más abajo aparecen Karina Milei, con 20,3% positiva y 66,3% negativa, y Manuel Adorni, quien exhibe uno de los peores registros del tablero: apenas 16,5% de imagen positiva frente a 72,1% negativa.

El dato de Adorni es particularmente relevante porque simboliza algo más profundo: el desgaste ya no es exclusivamente presidencial, sino también comunicacional. El vocero, que fue una de las piezas centrales del relato libertario, pasó de ser activo político a pasivo electoral.

La pregunta más política del estudio es directa: “¿Hace falta un cambio de gobierno en Argentina?

La respuesta es contundente: 71,2% dice que sí, apenas 21% está en desacuerdo y 7,8% no sabe.

Pero que exista una mayoría favorable a un cambio no significa que exista claridad sobre quién debería protagonizarlo.

La demanda de reemplazo es mucho más fuerte que la oferta de representación.

Entre mujeres, ese acuerdo sube a 76,9%; entre hombres, a 65,1%. La brecha vuelve a confirmar que el rechazo femenino es el principal problema político del oficialismo.

Incluso entre quienes votaron a Milei en el ballotage aparece una señal de alerta.

Ante la frase “Voté a Milei y me defraudó”, el 40,1% de sus propios votantes dice estar de acuerdo, mientras 49,7% está en desacuerdo .

Cuando cuatro de cada diez votantes propios reconocen decepción, el problema deja de ser opositor y pasa a ser identitario.

El peronismo lidera, pero sin hegemonía

En el escenario electoral presidencial 2027, el PJ/Fuerza Patria aparece primero con 28,4%, seguido por La Libertad Avanza con 22,1%. El PRO obtiene 5,4%, la izquierda 5,1%, la UCR 4,1%, el espacio de Victoria Villarruel 3,5% y las alianzas provinciales 3%. Sin embargo, el dato más alto después del peronismo es otro: 27,2% no sabe aún a quién votaría. Ese “no sabe” es hoy el verdadero territorio en disputa.

En un segundo escenario, con una alianza UCR-PRO-partidos provinciales consolidada, el PJ sube a 31,7%, La Libertad Avanza llega a 23,9%, esa coalición opositora marca 9,5% y el no sabe se mantiene altísimo en 30,5% .

En potencialidad de voto, Axel Kicillof aparece con el mejor desempeño: 44,1% dice que lo votaría, contra 43,8% que nunca lo haría. Sergio Massa registra 34,6% de intención favorable y Patricia Bullrich 32,4%.

Javier Milei, en cambio, exhibe un dato preocupante: sólo 31,4% dice que lo votaría nuevamente, mientras 57,2% asegura que no lo votaría .

La fotografía de mayo no muestra todavía un reemplazo político definido, pero sí una certeza social: una mayoría creciente ya no quiere continuidad.

La administración Milei enfrenta una doble dificultad: perdió aprobación y todavía no encuentra un nuevo relato que compense el deterioro económico, la caída del salario, el desgaste institucional y la frustración de parte de su propio electorado.

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Plaza de Mayo volvió a marcar el pulso político del 24 de marzo

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Con una Plaza de Mayo colmada desde horas antes del acto central y columnas que avanzaban por Avenida de Mayo, diagonales Norte y Sur, la conmemoración por los 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 volvió a convertirse este martes en un hecho político de escala nacional. La cita principal estaba prevista para las 16.30, con la lectura del documento elaborado por el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia y la Mesa de Organismos de Derechos Humanos, pero mucho antes de ese momento la escena ya había enviado una señal contundente: la memoria no quedó reducida al terreno simbólico, sino que volvió a ocupar la calle con capacidad de convocatoria, densidad social y proyección política.

La relevancia del día no estuvo solo en la fecha redonda. En un aniversario atravesado por el peso histórico del medio siglo y por una disputa abierta sobre el sentido del pasado reciente, la masividad de la movilización instaló una pregunta de fondo: si el acto central lograría transformar esa presencia callejera en una síntesis política común o si, por el contrario, dejaría expuestas las distintas capas de una coalición social amplia, pero no uniforme.

La Plaza, otra vez, como escenario de centralidad política

A falta de dos horas para el acto central, el espacio disponible en la Plaza de Mayo ya era escaso. Miles de personas llegaban al microcentro porteño para participar de una jornada marcada por el recuerdo, el duelo y también por la intervención política sobre el presente. El movimiento de columnas, banderas, familias, organizaciones y militantes confirmó que el 24 de marzo sigue siendo una de las pocas fechas del calendario argentino capaces de articular, en un mismo territorio, memoria histórica, identidad colectiva y posicionamiento político.

El escenario tuvo además una estructura claramente institucionalizada. El documento central, previsto para las 16.30, quedó en manos del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia y de la Mesa de Organismos de Derechos Humanos, dos espacios que condensan parte de la autoridad construida durante décadas alrededor de la demanda de memoria, verdad y justicia. Esa centralidad no anuló la diversidad de actores, pero sí ordenó la jornada en torno de una voz esperada.

La movilización reunió a sectores con trayectorias, pertenencias y gramáticas distintas. A las 12 se concentraron la CTA Autónoma y la CTA de los Trabajadores en Avenida de Mayo y Bernardo de Irigoyen. El Frente Renovador hizo lo propio en Avenida de Mayo y Tacuarí. La UCR convocó a las 13 en Alsina y Entre Ríos. La Asociación Madres de Plaza de Mayo junto al Movimiento Derecho al Futuro organizó un acto político en la Casa de las Madres, en Yrigoyen 1584, para luego marchar hacia la plaza. También hubo columnas de izquierda con puntos de encuentro diferenciados, además de la CGT, que se reunió en Diagonal Sur y Bolívar a las 14.

Ese mapa de concentraciones mostró algo más que logística. Expuso que la memoria sigue operando como un territorio de convergencia, aunque no necesariamente de homogeneidad. Cada actor llegó con su identidad, su historia y su lectura del presente, pero todos confluyeron hacia una misma escena de legitimidad.

La memoria como disputa de sentido en el presente

La jornada no transcurrió en un vacío histórico. El 50° aniversario del golpe reactivó preguntas que el Estado argentino todavía no cerró. Entre las consignas más repetidas aparecieron “¿Dónde están los desaparecidos?”, “que digan dónde están”, “Nunca más” y “abran los archivos”. El reclamo, en ese punto, no fue solo conmemorativo. También apuntó a una deuda persistente del Estado frente al plan sistemático de secuestro, tortura, violación y desaparición forzada de personas iniciado hace exactamente medio siglo.

La escena callejera mostró cómo esa demanda se transmite entre generaciones. Fotos en blanco y negro colgadas al cuello, pañuelos blancos, carteles, banderas con los rostros de desaparecidos y familias enteras en la marcha reforzaron una dimensión que en política no es menor: la memoria no aparece únicamente como archivo del pasado, sino como relato activo que sigue produciendo pertenencia y movilización.

En ese marco, la presencia de columnas partidarias y sindicales reveló una doble operación. Por un lado, el acto conservó su matriz histórica vinculada a los organismos de derechos humanos. Por otro, funcionó como espacio donde distintas fuerzas buscaron inscribirse en una fecha con alto valor moral y político. La decisión de La Cámpora de partir desde la ex-ESMA hacia Plaza de Mayo, en una caravana de 16 kilómetros, e incluir una parada en San José 1111, frente al departamento donde Cristina Kirchner cumple una condena, agregó una señal específica dentro de esa disputa por los símbolos y los recorridos.

El saludo de CFK desde el balcón, en ese contexto, no quedó desacoplado de la jornada. Sin necesidad de ocupar el centro formal del acto, esa imagen se integró a una secuencia política donde la memoria, la militancia y la referencia a una figura opositora convergieron en una misma puesta en escena.

Correlación de fuerzas: quién capitaliza una fecha que excede a todos

La Plaza llena fortaleció, en primer lugar, a los organismos que sostienen la agenda de derechos humanos como política pública y como narrativa histórica. La expectativa por el documento central mostró que, aun en un escenario fragmentado, sigue existiendo una búsqueda de palabra autorizada capaz de ordenar el sentido de la jornada.

Al mismo tiempo, la movilización ofreció volumen político a un abanico más amplio de actores: organizaciones sindicales, espacios partidarios, sectores del peronismo, radicalismo y agrupaciones de izquierda. Esa amplitud no implica unidad estratégica, pero sí marca un dato relevante: frente a una fecha cargada de historia, ninguna fuerza con vocación de incidencia quiso quedar afuera de la escena principal.

La lectura de poder aparece justamente ahí. El 24 de marzo no es solo una conmemoración; también funciona como un test de capacidad de presencia, articulación y legitimidad. Quien logra inscribirse sin desentonar en esa fecha suma un activo simbólico. Quien queda corrido del clima general, pierde interlocución con una porción significativa del espacio público.

La participación del Frente Renovador y el mensaje difundido por Sergio Massa en sus redes sociales también ingresan en esa lógica. No alteran la centralidad de los organismos, pero sí muestran cómo una fecha de memoria se proyecta sobre el tablero opositor y obliga a cada actor a fijar posición.

Un documento esperado y una plaza que dejó más de una señal abierta

La atención puesta en la lectura del documento central a las 16.30 condensó buena parte de la expectativa política del día. No solo por lo que pudiera decir, sino por la posibilidad de que funcionara como síntesis de una movilización multitudinaria y heterogénea. En aniversarios como este, la calle ordena, pero no resuelve por sí sola las diferencias.

Lo que deberá observarse en las próximas horas es si esa masividad se traduce en una voz común capaz de proyectarse más allá de la fecha o si quedará como una demostración potente, aunque dispersa, de rechazo al olvido y defensa del consenso democrático. También habrá que ver qué lugar ocupa esta jornada en la disputa más amplia por el sentido del pasado reciente, un terreno donde la memoria sigue lejos de haberse cristalizado.

A 50 años del golpe, la Plaza de Mayo volvió a demostrar que hay fechas que no se administran desde arriba ni se reducen a protocolo. Se construyen en la calle, con cuerpos, símbolos y relatos. Y esta vez, otra vez, la política tuvo que leer primero lo que ya estaba diciendo la multitud.

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Sergio Massa sobre el 24M: “Memoria y democracia para construir el futuro”

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A 50 años del Golpe de Estado en Argentina de 1976, el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, publicó esta mañana un mensaje en sus redes sociales reafirmando el compromiso con la memoria, la verdad y la justicia.

“A 50 años del golpe: memoria para no olvidar, democracia para construir futuro”, expresó, en el marco de una nueva conmemoración del 24 de marzo.

En este contexto, Massa participará de la movilización y su presencia responde a una convicción: estar es una responsabilidad, desde el respeto por la historia y con la mirada puesta en el futuro.

También participarán referentes y militantes del Frente Renovador, quienes estarán presentes en la movilización por la Memoria, la Verdad y la Justicia. El espacio afirma una vez más su posición a través de publicaciones en redes sociales y acciones junto a sus dirigentes, para recordar que “sin memoria no hay futuro”.

A 50 años, el mensaje es claro: recordar el pasado para construir el futuro, fortaleciendo la democracia.

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