sistema financiero argentino

La morosidad de las familias alcanzó su nivel más alto en más de dos décadas

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La recuperación del crédito al consumo, uno de los pilares de la estrategia económica del Gobierno para sostener la actividad, comienza a mostrar su principal contracara. La mora bancaria de las familias volvió a incrementarse durante abril y alcanzó el 12,1%, el nivel más elevado en más de dos décadas, según los últimos datos publicados por el Banco Central (BCRA).

El indicador acumula 18 meses consecutivos de deterioro y evidencia el creciente estrés financiero que enfrentan los hogares argentinos tras la fuerte expansión del crédito registrada durante el último año. Aunque desde la autoridad monetaria sostienen que el fenómeno estaría ingresando en una etapa de desaceleración, los niveles actuales siguen siendo históricamente elevados.

Durante abril, el ratio de irregularidad de los créditos otorgados a las familias aumentó 0,5 puntos porcentuales respecto de marzo y registró un salto de 8,4 puntos frente al mismo mes de 2025, configurando uno de los incrementos interanuales más pronunciados de los últimos años.

El Banco Central ve una desaceleración, pero no una reversión

Pese al deterioro de los indicadores, el Banco Central considera que el proceso comenzó a estabilizarse.

En su último Informe sobre Bancos, la entidad señaló que “en los últimos meses viene registrándose una desaceleración en el ritmo de aumento del ratio de irregularidad del crédito a los hogares”, atribuyendo esa moderación a que el crecimiento de la cartera en situación irregular comenzó a perder intensidad en términos reales.

La lectura oficial es que la morosidad habría encontrado un techo, aunque todavía no existen señales concretas de una reducción del stock de deudores en incumplimiento.

El fenómeno tampoco afecta únicamente a las familias. La mora empresarial alcanzó el 3,3% durante abril, con un incremento de 0,2 puntos porcentuales respecto del mes anterior y de 2,4 puntos frente a un año atrás.

Como consecuencia, el índice de irregularidad del crédito al sector privado en su conjunto llegó al 7,3%, con una suba interanual de 5,1 puntos porcentuales.

Más de cinco millones de argentinos presentan atrasos en sus pagos

La magnitud del problema también quedó reflejada en un relevamiento realizado por la consultora Analytica sobre la base de datos del BCRA y del INDEC.

El estudio estima que actualmente existen 5,3 millones de personas en situación de mora tardía dentro del sistema financiero argentino, lo que representa el 26,9% del total de individuos que poseen algún tipo de financiamiento.

En otras palabras, uno de cada cuatro argentinos con crédito presenta atrasos significativos en el cumplimiento de sus obligaciones.

La cifra se inscribe dentro de un universo de 19,8 millones de personas que mantienen algún tipo de financiamiento activo en el denominado sistema financiero ampliado.

Ese universo ya no se limita a los bancos tradicionales. También incluye entidades fintech, cooperativas, mutuales, tarjetas de crédito de consumo, cadenas de electrodomésticos y fideicomisos financieros, un ecosistema que creció aceleradamente en los últimos años gracias a la digitalización del crédito.

Aunque el mercado financiero se diversificó, el grueso del endeudamiento continúa concentrado en el sistema bancario.

Según Analytica, el 82,4% del total de la deuda corresponde a entidades financieras tradicionales. Las fintech ya representan el 10,1% del financiamiento de las familias, mientras que el restante 7,5% se distribuye entre otros operadores del mercado.

En conjunto, el volumen de deuda de los hogares asciende a $74,2 billones, una cifra equivalente al 6,5% del Producto Interno Bruto (PIB).

Un fenómeno asociado al nuevo ciclo del crédito

El aumento de la morosidad no sorprende a los analistas. Durante 2025 y comienzos de 2026 el crédito al consumo registró una expansión inédita tras varios años de fuerte contracción.

La estabilización macroeconómica, la baja de la inflación y la competencia entre bancos impulsaron el crecimiento de préstamos personales, tarjetas de crédito y financiamiento para consumo durable. Sin embargo, ese proceso también elevó el nivel de exposición financiera de los hogares en un contexto donde los ingresos reales todavía evolucionan con dificultad.

El resultado es una mayor utilización del crédito para sostener el consumo cotidiano y un aumento paralelo de los incumplimientos, especialmente entre los sectores de ingresos medios y bajos.

Si bien el Banco Central considera que la morosidad comenzó a estabilizarse, el desafío será evitar que el deterioro continúe trasladándose al sistema financiero.

Por el momento, los niveles de capitalización de las entidades siguen siendo elevados y no existen señales de riesgo sistémico. Sin embargo, el incremento sostenido de la cartera irregular obliga a bancos y entidades financieras a reforzar previsiones y revisar las condiciones de otorgamiento de nuevos préstamos.

La evolución de los próximos meses dependerá, en gran medida, de que la recuperación del salario real y la actividad económica logren consolidarse. De lo contrario, el crecimiento del crédito podría seguir conviviendo con una mora históricamente alta, un escenario que limita tanto el consumo como la expansión sostenible del financiamiento.

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Récord de morosidad: uno de cada cuatro argentinos ya tiene deudas en atraso

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La morosidad de las familias argentinas alcanzó en febrero de 2026 un nuevo máximo histórico y expone con crudeza el deterioro del poder de pago de los hogares. Según un informe elaborado por el Instituto Argentino de Análisis de Gestión (IAG) en base a datos del Banco Central de la República Argentina (Banco Central de la República Argentina), el 11,2% de los créditos de las familias presenta atrasos superiores a 90 días, el nivel más alto de toda la serie iniciada en 2010.

El dato no solo marca un récord absoluto, sino que confirma una tendencia persistente: ya son 17 meses consecutivos de suba en la morosidad familiar. Desde julio de 2025, este indicador rompe su propio techo mes tras mes, superando ampliamente el máximo previo de 5,1%, que había funcionado como techo histórico durante más de una década.

El deterioro golpea especialmente en los créditos personales, donde el 13,8% de las operaciones ya se encuentra en situación irregular. En tarjetas de crédito, la mora alcanza el 11,6%, mientras que en los créditos prendarios se ubica en 6,8%.

El fenómeno no se limita a los hogares. Las empresas también muestran señales de tensión financiera: la morosidad corporativa llegó al 2,9% en febrero y acumula 15 meses consecutivos de aumento, aunque todavía sin alcanzar niveles récord comparables con los de las familias.

Una crisis más profunda de lo que muestran los bancos

El informe advierte que la situación real de las personas es todavía más grave que la reflejada por los indicadores bancarios tradicionales.

El Banco Central mide la morosidad como el monto moroso sobre el total del crédito otorgado, una metodología útil para evaluar el riesgo sistémico del sistema financiero, pero que puede subestimar el drama cotidiano de los hogares.

Cuando se observa la cantidad de personas morosas —y no solo el peso monetario de sus deudas— el panorama se agrava de manera contundente: el 25,5% de las personas humanas del país tiene al menos una deuda en situación irregular, es decir, con atrasos de tres meses o más.

En cambio, la medición tradicional sobre montos muestra una mora total de 15,5%.

Récord de morosidad en Argentina

Febrero 2026 | Fuente: IAG en base a BCRA

Indicador Valor
Morosidad total de familias 11,2%
Créditos personales en mora 13,8%
Tarjetas de crédito en mora 11,6%
Créditos prendarios en mora 6,8%
Morosidad de empresas 2,9%
Deuda total en mora (por monto) 15,5%
Personas con al menos una deuda impaga 25,5%
Desde julio de 2025, la morosidad de las familias rompe récords todos los meses. La serie histórica comenzó en 2010 y nunca había superado el 5,1%.

La diferencia responde a un fenómeno claro: quienes deben montos más pequeños son hoy proporcionalmente más morosos que quienes arrastran deudas más grandes. Como esos pasivos pesan menos en el total de pesos adeudados, quedan parcialmente invisibilizados en la estadística clásica.

Esto significa que millones de personas enfrentan situaciones de asfixia financiera cotidiana —atrasos en cuotas, refinanciaciones forzadas, pagos mínimos o directamente incumplimientos— aunque su situación no impacte con igual fuerza en la contabilidad bancaria.

Consumo en tensión y deterioro del ingreso

El avance de la mora refleja la persistente fragilidad del ingreso real, especialmente en sectores medios y asalariados informales, que enfrentan aumentos acumulados en servicios, alimentos, tarifas y financiamiento, con salarios que no logran recomponerse al mismo ritmo.

La expansión del crédito al consumo durante 2024 y 2025 permitió sostener transitoriamente niveles de gasto, pero también dejó una estructura más expuesta a la suba del endeudamiento y a la incapacidad de cancelarlo.

El resultado es una economía donde crece el uso del financiamiento para sostener gastos corrientes y, al mismo tiempo, aumenta la imposibilidad de cumplir con esos compromisos.

La mora récord de febrero no solo es una señal de alerta para los bancos: es, sobre todo, una radiografía del deterioro social y financiero de las familias argentinas.

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Mora récord en tarjetas: bancos y Congreso activan planes para contener una crisis de deuda familiar

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El sistema financiero argentino enfrenta un punto de inflexión: la morosidad en tarjetas de crédito alcanzó en 2026 niveles récord en más de dos décadas, reactivando alarmas en bancos, fintech y en el propio Congreso, donde ya se discuten mecanismos de alivio para los hogares más endeudados.

De acuerdo con estimaciones privadas, la irregularidad en la financiación con tarjetas trepó al 11% en el segmento bancario -con picos de 11,2% en marzo-, el nivel más alto desde la crisis de 2001-2002. En el circuito no bancario, donde operan billeteras digitales y fintech, la mora escala hasta el 25%, con impacto particularmente fuerte en jóvenes y jubilados.

El fenómeno se da en un contexto macroeconómico distinto al de años anteriores: con menor inflación, las deudas dejan de licuarse y el peso de las cuotas sobre los ingresos se vuelve más visible, mientras las tasas reales positivas encarecen la refinanciación.

Un problema estructural que escala

El deterioro de la capacidad de pago afecta a millones de personas. Según datos legislativos, cerca de 5 millones de argentinos enfrentan dificultades para cumplir con sus compromisos financieros, mientras que la morosidad alcanza al 40% de los jóvenes y se multiplicó por cuatro en jubilados.

Las consecuencias son múltiples: intereses punitorios elevados, reportes negativos en centrales de riesgo y potenciales acciones judiciales como embargos.

Morosidad récord en tarjetas y crédito

Argentina | Datos seleccionados 2016-2026

Segmento / año 2016 2019 2020 2025 2026
Sistema total 3,2% 7,0% 3,2%
Tarjetas bancarias 2,0% 11,0%
Familias 3,9% 6,0% 3,2% 9,3%
Fintech / no bancario 25,0%

Claves:

  • La mora en tarjetas bancarias saltó de 2% en enero de 2025 a 11% en enero de 2026.
  • En familias, la irregularidad trepó al 9,3%.
  • En el circuito no bancario y fintech, la morosidad supera el 25%.

Fuente: estimaciones privadas y datos citados por iProfesional.

Uno de los factores críticos es la desregulación de tasas. Actualmente, la refinanciación de saldos impagos puede implicar tasas nominales anuales de entre 100% y 120%, e incluso superiores en 2025, lo que acelera el deterioro de la deuda. En casos extremos, un saldo impago puede cuadruplicarse en pocos meses.

Bancos y fintech buscan alternativas

Frente a este escenario, las entidades financieras —tanto bancarias como digitales— comenzaron a evaluar mecanismos de contención para evitar una escalada mayor del problema.

Entre las opciones en análisis se destacan:

  • Refinanciación a tasa fija más baja (en torno al 30% nominal anual)
  • Planes de pago de entre 6 y 24 meses
  • Límites a los montos refinanciables
  • Esquemas similares a los aplicados durante la pandemia

Estas medidas buscan evitar la exclusión financiera masiva y contener el deterioro de la cartera crediticia.

El Congreso avanza con una “segunda oportunidad”

En paralelo, el Congreso analiza al menos seis proyectos de ley impulsados por la oposición. El más relevante, denominado “Segunda Oportunidad”, propone un régimen de reestructuración de deudas con mediación estatal.

Entre sus principales ejes figuran:

  • Eliminación de intereses por mora
  • Planes de pago sostenibles
  • Tope de cuota del 30% sobre ingresos familiares

La iniciativa busca replicar criterios similares a los créditos hipotecarios, donde el peso de la cuota está acotado para garantizar viabilidad.

De la pandemia a la nueva dinámica de deuda

Durante la pandemia, medidas del Banco Central -como la refinanciación automática de saldos y la extensión de plazos- permitieron contener la mora, que llegó al 7% en 2020 y luego descendió al 3,2% en hogares.

Hoy, sin ese paraguas regulatorio, el escenario es distinto: la combinación de endeudamiento acumulado desde 2024, menor licuación inflacionaria y tasas elevadas genera un cóctel que presiona sobre la capacidad de pago.

La dinámica actual marca un cambio de régimen: el crédito vuelve a ser un factor de riesgo sistémico para las familias, en un contexto donde la recuperación económica no logra compensar el peso creciente de las obligaciones financieras.

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Un año sin cepo: ¿Qué hacen los argentinos con los dólares?

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Un año después del levantamiento del cepo cambiario, el comportamiento de los argentinos frente al dólar muestra un cambio estructural. Con un tipo de cambio relativamente estable, el sector privado compró más de USD 31.000 millones en el mercado oficial, impulsando una recomposición inédita del ahorro en moneda extranjera y redefiniendo su destino.

El dato más relevante no es solo el volumen adquirido, sino qué se hizo con esos dólares. A diferencia de ciclos anteriores, donde predominaba la salida del sistema financiero, en esta etapa emerge una tendencia clara: más bancarización, más inversión y mayor consumo en dólares.

Más dólares en bancos: señales de confianza

Del total comprado, USD 9.635 millones quedaron depositados en el sistema financiero, lo que representa cerca del 31% del total. La magnitud del dato cobra relevancia al compararlo con períodos previos: durante toda la presidencia de Mauricio Macri, los depósitos en dólares crecieron USD 8.756 millones, mientras que en la gestión de Alberto Fernández se registró una caída neta de USD 3.634 millones.

El cambio marca una ruptura con el patrón histórico de dolarización fuera del sistema (colchón o cuentas en el exterior). Hoy, una mayor proporción de esos dólares permanece en los bancos, lo que refleja una mejora en la percepción de estabilidad y confianza.

Este proceso no solo impacta en el ahorro, sino también en el funcionamiento del sistema financiero. Más depósitos implican mayor liquidez y, por lo tanto, mayor capacidad de crédito. En ese sentido, el stock de préstamos en dólares pasó de USD 3.383 millones al inicio del actual gobierno a USD 21.870 millones, lo que representa un salto del 546,5% en poco más de un año.

Menos “colchón” y más dólares en movimiento

El segundo fenómeno es el cambio en el destino de los dólares que no se depositan. En lugar de quedar inmovilizados, se canalizan hacia inversión y consumo.

En el plano financiero, crecen las colocaciones en instrumentos en dólares como obligaciones negociables, bonos y fondos comunes de inversión. El patrimonio de los FCI en moneda extranjera pasó de USD 47.465 millones a USD 58.600 millones, con una expansión del 23,4%.

Dentro del sistema bancario también se observa una dinámica diferenciada: los plazos fijos en dólares crecieron 131%, mientras que los depósitos a la vista apenas avanzaron un 11%. La señal es clara: los dólares dejan de estar inmovilizados y comienzan a generar rendimiento.

Consumo en dólares, otro motor en expansión

El consumo también gana protagonismo. Los dólares que no se canalizan al sistema financiero se destinan, en gran medida, a la compra de bienes y servicios dolarizados.

Un indicador concreto es el crecimiento del comercio vía courier, que aumentó 127% interanual en febrero, con un acumulado del 115,8% en el primer bimestre. Este fenómeno refleja una mayor apertura del consumo hacia el exterior y una utilización más activa de la moneda dura.

Un cambio de lógica en la dolarización

El nuevo escenario muestra que el dólar sigue siendo el principal refugio de valor para los argentinos, pero cambia su rol: ya no solo se guarda, también se usa. Se invierte, se deposita, financia crédito y sostiene consumo.

Este giro marca un avance hacia un sistema financiero más profundo, donde el ahorro en dólares comienza a cumplir una función productiva. En un país históricamente signado por la desconfianza, el dato no es menor: por primera vez en años, una parte creciente de los dólares vuelve a quedarse dentro del sistema.

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Banco Nación busca despegarse del escándalo de los créditos VIP y defiende la transparencia de su operatoria

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En medio de la controversia por los “créditos VIP” otorgados a funcionarios vinculados al oficialismo libertario, el Banco Nación salió a fijar posición y reforzar su estrategia de defensa: la entidad asegura que su esquema de financiamiento hipotecario se rige por criterios objetivos, automatizados y sin margen para discrecionalidad política. Sin embargo, al menos nueve funcionarios y legisladores vinculados al oficialismo accedieron a créditos del Banco Nación por montos que, en conjunto, superan los $ 2.500 millones.

El eje de la respuesta institucional se centra en la línea “+Hogares con BNA”, lanzada en mayo de 2024, y su variante para el sector público. Según el banco, ambas operatorias están diseñadas bajo “reglas explícitas, criterios objetivos y procesos estandarizados”, con una lógica de acceso masivo y trazabilidad digital que “impediría cualquier tratamiento preferencial”.

La polémica se disparó tras conocerse que funcionarios nacionales y cuadros políticos cercanos al oficialismo accedieron a créditos hipotecarios de montos elevados en dólares, lo que abrió interrogantes sobre posibles privilegios dentro del sistema.

Entre los casos bajo la lupa se encuentran funcionarios de alto rango que habrían accedido a financiamientos por encima del promedio del mercado, en un contexto donde el crédito hipotecario aún es limitado para amplios sectores de la población.

Si bien el Banco Nación evita referirse a nombres propios en su defensa pública, el foco del cuestionamiento político y mediático está puesto en la posibilidad de que determinados perfiles -con ingresos altos o posiciones dentro del Estado- hayan tenido mayor facilidad para calificar en los tramos superiores de crédito.

Desde la entidad sostienen que no existe margen para decisiones arbitrarias. El proceso de aprobación, aseguran, se inicia exclusivamente a través de la web, con evaluación automática de ingresos, scoring crediticio y cumplimiento de requisitos.

“El banco no puede discriminar por cargo, jerarquía ni afiliación política”, remarcan, al tiempo que destacan que cualquier exclusión basada en esos criterios sería ilegal y violatoria de normas del sistema financiero.

Además, subrayan que la operatoria responde a obligaciones contractuales surgidas de licitaciones públicas para el pago de haberes del sector estatal. Es decir, cualquier empleado o funcionario incluido en esas nóminas tiene derecho a acceder a las líneas crediticias si cumple las condiciones técnicas.

El Nación también apela al volumen para reforzar su argumento: desde el relanzamiento del crédito hipotecario, recibió unas 246.000 solicitudes válidas y ya otorgó alrededor de 27.000 créditos, con otras 3.200 operaciones en etapa final.

En ese contexto, la entidad enfatiza que se trata de una política de alcance masivo, orientada a la clase media, y no de un esquema selectivo. Incluso señala que la participación del crédito hipotecario en su cartera creció significativamente, pasando del 5,4% del activo en 2023 a casi el 10% en 2026.

Los puntos críticos

Más allá de la defensa técnica, el debate de fondo no se agota en la legalidad del proceso, sino en su equidad efectiva.

Entre los aspectos que generan mayor ruido aparecen:

  • La eliminación temporal de topes para viviendas de mayor valor en determinados momentos de alta competencia bancaria.
  • El acceso de perfiles de ingresos altos a créditos en condiciones favorables.
  • La percepción de privilegio en un contexto de restricción general del crédito.

En ese sentido, si bien el banco insiste en que las condiciones son iguales para todos, el mercado inmobiliario y financiero introduce una variable clave: quienes tienen mayores ingresos o estabilidad laboral acceden naturalmente a montos más altos.

El Banco Nación lidera hoy el mercado hipotecario argentino, con hasta el 84% de los nuevos préstamos del sistema. Ese posicionamiento, sin embargo, lo expone a un mayor nivel de escrutinio público y político.

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