Soja

El agro retrocede tras récords y expone la fragilidad del motor exportador en pleno año económico

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La actividad de la cadena agroindustrial registró en marzo una caída mensual del 2,4%, según el Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario. El dato llega después de dos meses consecutivos en máximos históricos y, aunque el nivel actual se mantiene como el tercero más alto de la serie, introduce una señal que trasciende lo estadístico: el principal motor exportador del país empieza a mostrar límites en su dinámica reciente. ¿Se trata de un ajuste técnico del agro tras un pico excepcional o del inicio de una desaceleración más profunda?

El IACA-BCR exhibió una caída en marzo, tras dos meses consecutivos de máximos históricos. Pese a la baja, el nivel emerge como el tercero más alto de la serie, con incrementos mensuales en 10 de las 12 variables que lo integran.

IACA-BCR: ÍNDICE GENERAL

El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR), que elabora la Bolsa de Comercio de Rosario, retrocedió en marzo, registrando una tasa de variación mensual desestacionalizada del -2,4%. Sin embargo, cabe destacar que durante febrero el índice alcanzó su máximo valor histórico, dejando como resultado una base de comparación muy elevada. De hecho, el nivel de marzo se ubica como el tercer registro más alto de la serie.

A pesar de que el índice general muestra un retroceso mensual, marzo dejó muy buenos resultados para la mayoría de los sectores: de las 12 series que lo componen, diez registraron una variación mensual positiva, una se mantuvo estable y únicamente una marcó una contracción. Precisamente, la serie que exhibió una caída fue el avance mensual de labores agrícolas, que retrocedió 4,3% respecto a febrero ante los retrasos en la cosecha debido a las condiciones climáticas desfavorables a lo largo del mes. Esto resultó de gran incidencia en el índice general, siendo que es la serie de mayor ponderación.

Por el contrario, se evidenciaron incrementos en la molienda de soja y la molienda de girasol, con tasas de cambio mensuales del 0,9% y 3,1%, respectivamente; en tanto la molienda de trigo y la molienda de cebada avanzaron 1% y 1,2% mensual. La faena de porcinos, por su parte, registró un nuevo aumento del 0,6%, continuando su tendencia alcista, mientras que la faena de bovinos se incrementó 0,7%, luego de las caídas observadas en los meses previos.

La producción de leche también registró un gran desempeño, exhibiendo un crecimiento del 0,7% mensual, siendo la segunda mayor producción para un mes de marzo desde el inicio de la serie. Mientras tanto, las exportaciones de los principales complejos agropecuarios aumentaron un 1% respecto a febrero, con siete de los nueve complejos analizados creciendo. En cuanto a biocombustibles, se estima que la producción de biodiesel y de bioetanol habría incrementado 1,8% y 3,1% mensual, respectivamente. Finalmente, se estima que la faena aviar permaneció constante respecto al mes anterior.

Analizando las variaciones interanuales, se advierte un gran desempeño del sector durante el último año, evidenciado por una tasa de cambio interanual del 17,9%. De hecho, en marzo, 11 de las 12 series se posicionaron por encima de su nivel registrado en el mismo mes del año anterior, con la única excepción de la faena de bovinos.

En primer lugar, la producción primaria marca un avance del 22,1% frente a marzo de 2025. Este incremento se da en el marco de la mayor cosecha de girasol del siglo y el avance de una cosecha récord de maíz. Adicionalmente, el subíndice IACA-Agroindustria se posicionó 3,9% por encima del año pasado, manteniéndose en niveles cercanos a máximos históricos. En este sentido, las series de molienda, lechería y biocombustibles han registrado un incremento en el último año, así como también la faena de porcinos y la faena aviar. Únicamente la faena de bovinos se posicionó por detrás de marzo de 2025, en un contexto de menor disponibilidad de hacienda y retención por parte de los productores.

Finalmente, el subíndice de exportaciones agropecuarias evidenció una suba interanual del 26,3%. En este sentido, en el marco de una gran cosecha, se destaca el sólido desempeño de los complejos maíz y girasol, así como también del complejo carne y cuero bovinos, principalmente ante el fuerte impulso de los precios internacionales para el sector.


2.    SUBÍNDICES

IACA – Cultivos: Actividad de la producción de granos

El IACA – Cultivos refleja la evolución de las labores de siembra y cosecha de los principales cultivos de Argentina cada mes a través de la serie de avance mensual de labores agrícolas, con el objetivo de medir mensualmente la producción de granos. En marzo, esta serie retrocedió 4,3%, interrumpiendo una racha de cinco variaciones mensuales positivas consecutivas, período en el que acumuló un incremento del 16%.

No obstante, merece la pena destacar que esta caída mensual se explica por el nivel excepcionalmente alto de febrero, considerando que en dicho mes la serie alcanzó su máximo valor histórico. De hecho, los tres meses previos, esto es, diciembre, enero y febrero, marcaron récords para la serie, en tanto que el nivel actual se posiciona como el cuarto más elevado.

Realizando un análisis del mes de marzo, se advierte que se dieron por finalizadas las labores de siembra de maíz tardío y de sorgo, alcanzando la cobertura total del área estimada a nivel nacional. En lo que respecta al maíz, el número de hectáreas trabajadas resultó elevado dado que el área estimada de siembra emerge como la segunda más alta en términos históricos. Por su parte, el avance mensual en la implantación de sorgo también resultó superior al registrado en campañas previas, cuando para febrero ya se daba por finalizada su siembra.

Con respecto a las labores de cosecha, las mismas sufrieron interrupciones frecuentes y retrasos durante el mes de marzo debido a las precipitaciones abundantes y los elevados niveles de humedad ambiental registrados en diversas regiones productoras del país, lo que impactó de manera negativa en el índice. Por un lado, se inició la recolección de soja, con un marcado atraso que se combina con un área estimada de siembra inferior al promedio de los últimos cinco años, dejando como resultado una baja cantidad de hectáreas trabajadas. Situación similar se evidencia para el sorgo, cuya cosecha también comenzó durante marzo.

Por su parte, continuaron las labores de recolección de girasol, con un avance mensual de 37 p.p., muy por debajo de lo observado en el mismo período de años anteriores, cuando el cultivo ya contaba con un progreso importante al iniciar el mes. Finalmente, la cosecha de maíz temprano mostró un progreso de 20 p.p. durante marzo, avanzando en la recolección de una producción que se proyecta como la más alta registrada.

IACA – Agroindustria: Actividad agroindustrial

En cuanto a la actividad del sector industrial con base agropecuaria, la misma evidenció un avance del 0,9% en marzo respecto al mes anterior, y se ubicó apenas 0,5% por debajo de su máximo valor histórico alcanzado en septiembre del último año.

En cuanto a la actividad molinera, se advierte un incremento mensual desestacionalizado del 1,1% en la molienda conjunta de los principales cereales y oleaginosas durante el mes de marzo, ubicándose en terreno positivo por segundo mes consecutivo.

En lo que respecta a las oleaginosas, se evidencia un crecimiento del 0,9% en el crushing de soja, hilando dos variaciones al alza luego de acumular una caída del 11% en los cuatro meses previos, cuando gran parte de la producción se destinó a la exportación. Por su parte, el procesamiento de girasol advirtió un sólido avance mensual del 3,1%, creciendo por quinto mes consecutivo. En términos interanuales, la serie evidencia un impresionante incremento del 56%, y el dato de marzo emerge como el más elevado desde febrero del año 2000.

Mientras tanto, en cuanto a los cereales, la molienda de trigo avanzó 1% respecto a febrero, y encadena seis meses al alza, luego de recolectarse una cosecha histórica en los campos. El procesamiento de cebada también presentó un incremento mensual del 1,2%, hilando cinco meses en terreno positivo, en los cuales acumula un crecimiento de casi el 22%.

Por su parte, el subíndice de faena mostró una recuperación en marzo, con una tasa del cambio mensual del 0,6%. El repunte se explica por un incremento mensual en la faena de bovinos, que registró una tasa de cambio del 0,7% en marzo, posicionándose en terreno positivo por segundo mes consecutivo, luego de acumular una caía de más del 7% durante los seis meses previos. A pesar de ello, los informes del sector destacan que la faena continuó siendo limitada. Específicamente, en el mes de marzo, el ritmo operativo de las plantas frigoríficas se vio afectado por factores climáticos, dado que las lluvias persistentes en zonas productoras dificultaron el envío de animales al mercado.

En materia de precios, durante marzo se observó un reacomodamiento luego de las fuertes subas registradas durante los meses anteriores. Si bien la oferta se mantuvo acotada, los valores encontraron un límite impuesto por la demanda, que no convalidó nuevos aumentos. De esta manera, la cotización promedio del novillo en el mercado agroganadero retrocedió 2,5% mensual en términos reales durante marzo. Aun así, los precios se mantienen en niveles históricamente elevados, posicionándose 27% por encima del mismo mes del año anterior, también en términos reales.

Por su parte, el sector porcino se posicionó asimismo al alza, continuando con una tendencia alcista que se advierte desde principios del siglo. La tasa de cambio resultó del 0,6% para marzo, alcanzando un nuevo máximo histórico.

En cuanto a la carne aviar, se estima que la faena de aves se habría mantenido constante durante el tercer mes del año. No obstante, cabe destacar que a fines de febrero y principios de marzo se detectaron casos de influenza aviar en diferentes provincias del país. Si bien esta noticia no afecta a la producción destinada al mercado interno, tiene implicancias en las exportaciones hacia países con los que Argentina mantiene acuerdos sanitarios, pudiendo alterar la faena aviar de los meses próximos.

En lo que respecta al sector lechero, la producción de leche registró un incremento del 0,7% durante marzo. Con este resultado, la serie encadena 24 meses de variaciones mensuales positivas consecutivas, acumulando un crecimiento del 21% en los últimos dos años. En marzo la producción totalizó 881 millones de litros, siendo el segundo mejor registro para el mes de marzo desde el inicio de la serie en 1983. Incluso, la producción acumulada al primer trimestre del año asciende a 2.668 millones, el segundo mayor volumen para este período, únicamente por detrás de 2012. En este sentido, algunos informes del sector destacan que el crecimiento de la producción se fundamenta principalmente en la expansión del rodeo, es decir, en un mayor número de vacas en ordeñe, y no por mejoras significativas en la producción individual por animal.

Por su parte, en cuanto a las cotizaciones en el mercado local, en el mes de marzo el precio en dólares por litro de leche se ubicó en U$S 0,34, incrementándose por tercer mes consecutivo y posicionándose holgadamente por encima del precio promedio de los últimos cinco años que se estima en U$S 0,25 / litro. También se evidenció una mejora en los precios internacionales. El índice de precios de productos lácteos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) creció 1,2% en el tercer mes del año, luego de registrar caídas en los ocho meses previos.

La combinación de precios más elevados junto con una caída en las cotizaciones de soja y maíz resultó en una mejora de las relaciones de precio respecto de los insumos. En este sentido, se estima que en marzo un litro de leche, en promedio, podría comprar 2,01 kg de maíz. Hay que tener en cuenta que la relación de referencia ser de 2; es decir, un litro de leche debería poder comprar 2 kg de maíz. De esta manera, el valor para marzo se posiciona levemente por encima de la relación de referencia, lo cual resulta alentador siendo que en los seis meses previos se ubicó por debajo de ese nivel. En cuanto a la soja, un litro de leche podría comprar, en promedio, 1,05 kg de soja en marzo, ubicándose asimismo por encima de la relación de referencia que suele ser de 1.

Finalmente, se estima que la producción conjunta de biocombustibles, medida a través de la elaboración de biodiesel y bioetanol, habría registrado un incremento del 2,4% en marzo. Por un lado, la elaboración de biodiesel habría avanzado 1,8% respecto de febrero; en tanto se estima que la producción de bioetanol creció 3,1% mensual. En términos de mezcla obligatoria, si bien para marzo se mantuvo vigente el esquema de bioetanol al 12% en naftas y biodiésel al 7,5% en gasoil, el gobierno autorizó la posibilidad de incorporar voluntariamente hasta 15% de bioetanol en naftas, en el contexto de un incremento en el precio de los combustibles debido a la guerra en Medio Oriente.


2.3.    IACA – Agroexportación: Actividad de la agroexportación

Analizando el último eslabón de la cadena a través del IACA – Agroexportación, se advierte que las exportaciones de los principales complejos agroindustriales registraron una variación mensual desestacionalizada del 1% durante marzo. Se destaca que, de los nueve complejos analizados, siete se posicionaron por encima del mismo mes de 2025.

El desempeño que más se destacó fue el del complejo maíz, que registró exportaciones por 4,8 Mt, siendo el mayor registro para un mes de marzo desde el inicio de la serie en 2002. Este volumen resultó 59% superior a marzo de 2025, y 65% mayor al promedio de los últimos cinco años, en el marco de una cosecha histórica del cereal. Sobresale asimismo el desempeño del complejo girasol, cuyo volumen mensual de ventas externas ascendió a 754.000, casi el triple (+178%) de lo registrado un año atrás y el cuádruple del promedio del último quinquenio (+285%). Estos volúmenes obedecen a la producción de la oleaginosa más alta del siglo. También merece la pena destacar el incremento en las exportaciones del complejo carne y cuero bovinos, que crecieron un 26% interanual en volumen, en tanto registraron un aumento real del 57% en valor dado los mayores precios.

Finalmente, exhibieron importantes incrementos las exportaciones del complejo cebada, el complejo trigo, el complejo porcino y el complejo lácteos. En el caso de este último, los envíos al exterior ascendieron a 34.400 toneladas, siendo el segundo mejor marzo de la historia, sólo por detrás de 2012. Esto guarda relación con el elevado volumen de producción mencionado en el apartado anterior. Por el contrario, los únicos complejos agroindustriales que mostraron un deterioro fueron el complejo avícola y el complejo soja.

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Retenciones: un informe proyecta más producción, dólares y recaudación si el Gobierno elimina los DEX

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La discusión sobre los derechos de exportación volvió a meterse en el centro de la agenda económica con un dato que incomoda el esquema fiscal vigente: un ejercicio de simulación proyecta que la eliminación total de retenciones al agro, en un plazo de dos años hasta 2028, no solo expandiría la producción y las exportaciones, sino que también podría mejorar la recaudación del Estado en el mediano plazo. El estudio, presentado en el ámbito de la Bolsa de Comercio de Rosario, plantea un interrogante político de fondo: ¿puede el Gobierno resignar ingresos de corto plazo para reconfigurar su base fiscal a futuro?

Según proyecciones al ciclo 2035/36 basadas en el modelo AGMEMOD Argentina, la eliminación gradual de las retenciones —con un cronograma de dos años hasta su desaparición total en 2028— no solo expandiría la producción y las exportaciones, sino que además podría revertir el impacto fiscal negativo en el corto plazo. El dato clave introduce tensión en la discusión: el Estado nacional comenzaría a recaudar más que en el escenario actual a partir de 2029/30.

El marco económico: entre presión fiscal y competitividad

El análisis compara dos escenarios. Por un lado, un esquema base que mantiene constantes los derechos de exportación (DEX). Por otro, una simulación con reducción progresiva hasta su eliminación. La diferencia no es menor: en el escenario sin retenciones, el área sembrada alcanzaría las 43,4 millones de hectáreas en 2036, frente a 41,1 millones del esquema vigente. La producción total escalaría a 182,6 millones de toneladas, lo que implica un salto de 16,7 millones respecto al escenario base.

La clave está en los incentivos. Sin retenciones, mejora la rentabilidad del productor, se acelera la inversión y se amplía la frontera productiva. En términos concretos, el modelo traduce una decisión tributaria en más superficie cultivada, más tecnología aplicada y mayor volumen exportable. La soja lidera esa expansión, seguida por el maíz.

Exportaciones: más volumen, más divisas

El impacto externo es directo. En 2036, el complejo agroindustrial exportaría 14,1 millones de toneladas adicionales respecto al escenario con retenciones. En valor, la diferencia asciende a US$ 6.400 millones anuales: US$ 50.500 millones sin DEX frente a US$ 44.100 millones con el esquema vigente.

El complejo soja explica la mayor parte de ese salto, con más de US$ 5.200 millones adicionales. La lógica es lineal: menos carga tributaria en origen mejora precios relativos, incentiva producción y amplía saldos exportables.

Pero el dato relevante no es solo el volumen. Es la capacidad de generar divisas en un país donde la restricción externa condiciona toda la política económica.

Recaudación: el punto de quiebre fiscal

El núcleo del debate está en el impacto fiscal. El modelo plantea una secuencia que desafía el argumento tradicional: la pérdida inicial de recaudación por retenciones se compensa con otros impuestos.

Hay dos mecanismos. Uno directo: mayor rentabilidad amplía la base del Impuesto a las Ganancias y del impuesto a los Débitos y Créditos. Otro indirecto: la expansión productiva derrama sobre la economía y genera más actividad gravada.

El resultado es escalonado. A nivel nacional, el punto de equilibrio llega en el cuarto año tras la eliminación. Para 2036, el Estado recaudaría US$ 296 millones más que en el escenario con retenciones.

En las provincias, el efecto es más inmediato. Como los DEX no son coparticipables, no pierden ingresos directos y sí capturan el crecimiento vía Ingresos Brutos y Sellos. En 2036, sumarían US$ 989 millones adicionales.

Cuando se consolida Nación + provincias, el quiebre fiscal aparece antes: en 2028. Solo 2027 muestra una pérdida neta de US$ 153 millones. A partir de allí, la recaudación supera al escenario base, con una diferencia de US$ 1.286 millones anuales hacia 2036.

El agro presiona, el Gobierno administra tiempos

El informe se conoció en paralelo a señales políticas del sector. Desde la Bolsa de Comercio de Rosario se insistió en que la baja de retenciones debe formar parte de una estrategia de desarrollo más amplia y coordinada entre sector público y privado.

La posición introduce una variable clave: el ritmo de la reforma dependerá de la “caja” fiscal. El Gobierno, según se planteó en ese ámbito, avanzaría en reducciones en la medida en que sostenga el superávit. Es una lógica incremental, no disruptiva.

En ese esquema, el agro se posiciona como actor de presión con respaldo técnico. El argumento es claro: menos impuestos hoy pueden traducirse en más recaudación mañana. La tensión está en el timing.

Una transición con costos acotados y beneficios diferidos

El estudio plantea un punto de quiebre fiscal temprano: en 2028, apenas un año después del inicio de la reforma, la recaudación consolidada ya superaría al escenario base. Para 2036, el diferencial positivo alcanzaría US$ 1.286 millones anuales.

El presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario, Pablo Bortolato, se mostró confiado este viernes en que el Gobierno baje las retenciones a las exportaciones de productos agrícolas “en la medida que vaya teniendo caja”, es decir, que mantenga el superávit fiscal que consiguió a costa de un fuerte ajuste en salud, educación, obras públicas y pago de haberes jubilatorios. “El planteo que hizo históricamente la Bolsa siempre apunta a las bajas de retenciones”, dijo el titular de la institución.

En el tradicional Remate del primer lote de soja, el presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario llamó a sostener una agenda estratégica de desarrollo articulada entre el sector público y el privado, y destacó los avances concretos en infraestructura logística, la reducción de derechos de exportación y el rol social de la producción.

Luego del acto oficial, Bortolato dijo a la prensa que la eliminación de los derechos de exportación a los productos agrícola sobre los que aún pesa el gravamen sería la solución al desarrollo nacional. Para eso, la Bolsa presentó un estudio que “muestra claramente que una baja de retenciones en cuatro años como mucho, menos también si tenemos en cuenta el desarrollo que empieza en las provincias, la cadena se daría vuelta y empezaría a crecer todo”, e incluso el Estado recuperaría su capacidad recaudatoria para suplir esa caída de ingresos por derechos de exportación.

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El agro proyecta US$ 35.375 millones en divisas y refuerza el frente externo del Gobierno

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El sector agroexportador proyecta una liquidación de divisas por US$ 35.375 millones en 2026, según la última estimación de GEA-BCR, lo que implica un aumento cercano a US$ 1.000 millones respecto de la previsión del mes anterior. El ajuste responde a mejores precios internacionales y a un mayor volumen exportable, especialmente de maíz, en un escenario donde el Gobierno busca consolidar la estabilidad cambiaria y fortalecer reservas.

La proyección de la Bolsa de Comercio de Rosario se conoce en un momento en que la dinámica del ingreso de dólares vuelve a estar en el centro de la estrategia económica, tras un primer trimestre con liquidaciones por US$ 5.735 millones, por debajo de los US$ 6.200 millones del mismo período de 2025.

Más maíz y mejores precios: el ancla de la proyección

En su último informe mensual de estimación de producción nacional, de la Bolsa de Comercio de Rosario elevó sus previsiones para maíz 2025/26 a 67 Mt (+5 Mt vs. marzo) producto de un ajuste en las estimaciones de superficie implantada. Esta mayor oferta se traduce en un aumento en la proyección de exportaciones del cereal a 43 Mt para la campaña (vs. 41 Mt hace un mes), un aumento en el uso forrajero (+0,7 Mt) y un incremento en los stocks finales de la campaña (+2,3 Mt). 

Las 43 Mt de exportaciones de maíz ya representarían un récord para el país, pero cabe mencionar que este número puede sufrir ajustes en los próximos meses de acuerdo a cómo se acomode la oferta en los otros dos grandes países exportadores (EE.UU. y Brasil) hacia la segunda mitad del ciclo argentino 2025/26. 

Por el lado de nuestro país vecino, la CONAB viene ajustando a la baja sus estimaciones de producción de zafrinha, que compite directamente con el maíz tardío argentino; a la vez que prevé un aumento en la demanda doméstica, apuntalado por una mayor producción de bioetanol. 

En cuanto a EE.UU., el USDA prevé una disminución en la superficie sembrada de maíz para la próxima campaña 2026/27 ante los elevados costos de fertilizantes y el impacto en los márgenes. 

De reducirse efectivamente la oferta para la nueva campaña en ambos países competidores y dejando un menor saldo exportable, se podría abrir una oportunidad para que Argentina continúe con un programa de embarques sólido durante prácticamente toda la campaña local, dando margen a elevar la estimación total de exportaciones para el ciclo maicero 2025/26. Sin embargo, este es un elemento para monitorear en el transcurso de la campaña, y la proyección actual se ubica en 43 Mt.

Este ajuste al alza en las estimaciones de las exportaciones de maíz a 43 Mt desde los 41 Mt previstos hace un mes; sumado a un programa de embarques más acelerado de semillas de girasol y precios levemente mayores a los vigentes hace un mes producto del conflicto bélico en Medio Oriente dejan a la actualización en la estimación de liquidación de divisas del agro en US$ 35.375 millones para 2026, lo que significa un incremento de casi US$ 1.000 millones respecto de marzo. 

Normalización del flujo de dólares

En los primeros 3 meses del año el agro liquidó un estimado de US$ 5.735 millones, por debajo de los US$ 6.200 del primer trimestre del año pasado. Una de las explicaciones de esto se encuentra en el programa de eliminación temporaria de retenciones vigente durante septiembre 2025, que dejó como saldo un adelantamiento en el volumen de dólares ingresado durante ese mes y el impacto de un menor ingreso en los meses subsiguientes. 

Sin embargo, se estima que ese fenómeno encontró su fin en marzo, y hacia adelante el flujo de dólares del agro al mercado cambiario se normalizará. La diferencia entre el monto de dólares ingresado al MLC y las exportaciones devengadas informadas por INDEC se encuentran prácticamente equilibradas. Desde mayo 2025, el “saldo a favor” de las exportadoras, es decir la diferencia entre los dólares ingresados al MLC y los despachos al exterior, se fue incrementando hasta llegar a un máximo de US$ 7.700 millones en septiembre, mes de vigencia del mencionado programa de eliminación temporaria de DEX. A partir de allí, ese saldo a favor fue retrocediendo y la estimación de marzo marca un equilibrio, lo que hace suponer que las exportadoras ya agotaron los dólares ingresados bajo el programa. 

Por este motivo, tal como se aprecia en el siguiente gráfico, se estima que el flujo de divisas del agro se incremente notoriamente a partir de abril, manteniéndose por encima del promedio del último lustro para todos los meses que restan del 2026. Entre abril y diciembre se estima que la liquidación de divisas acumule US$ 29.600 millones: US$ 16.500 millones de soja y derivados, US$ 7.500 millones de maíz, US$ 2.200 millones del complejo trigo, US$ 2.400 millones del complejo girasol, US$ 500 millones del complejo cebada, US$ 300 millones de sorgo y US$ 600 en otros cereales y oleaginosas.

Qué mirar en los próximos meses

La proyección de US$ 35.375 millones marca un escenario más favorable para el frente externo, pero su consolidación dependerá de múltiples variables.

Entre ellas, la evolución de la cosecha local, la oferta global de granos, los precios internacionales y la capacidad del sector exportador para sostener el ritmo de liquidación. También será clave monitorear si el flujo de divisas efectivamente se acelera desde abril, como anticipa el informe.

El ingreso de dólares del agro vuelve a ser una pieza central del tablero económico. Su comportamiento definirá, en buena medida, el margen de maniobra del Gobierno en los próximos meses.

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Crece la volatilidad en el mercado de granos en medio del conflicto en Medio Oriente

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La guerra en Medio Oriente empezó a pegar de lleno en el mercado de granos y dejó una señal doble para la Argentina: mientras la volatilidad financiera se acelera en Chicago por la presión geopolítica, el país logra capitalizar una ventana comercial excepcional para el maíz y el girasol, con exportaciones que rompen récords y sostienen el movimiento interno de mercadería. El dato central no es solo productivo, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario. En plena campaña 2025/26, con una oferta abundante y costos logísticos globales más altos por la crisis en el estrecho de Ormuz, la competitividad argentina gana espacio en el comercio internacional, aunque bajo una condición frágil: que el conflicto no deteriore todavía más el transporte marítimo ni profundice el desorden en los precios.

La novedad combina alivio comercial y riesgo sistémico. Por un lado, la cosecha récord y la demanda externa están permitiendo dar salida a volúmenes muy altos, especialmente en girasol y maíz. Por otro, la guerra y la acción de los fondos especulativos transformaron a los futuros agro en un terreno mucho más sensible a cualquier titular. En ese escenario, la Argentina aparece beneficiada por precios competitivos y por una ventana de exportación favorable, pero queda también expuesta a un mercado internacional cada vez más nervioso, donde una noticia diplomática o militar puede mover las cotizaciones con violencia en una sola rueda.

El girasol rompe todos los techos y acelera la comercialización interna

El caso más contundente es el del girasol. La campaña 2025/26 ya muestra una performance histórica en exportaciones y confirma que el complejo encontró una salida externa pocas veces vista. En el primer trimestre se embarcaron 391.000 toneladas de aceite, el mejor arranque aceitero de campaña desde 2005. Pero el dato más disruptivo está en la exportación de semilla de girasol, que alcanzó 421.136 toneladas en lo que va del trimestre: equivale a 12 veces la cifra del año pasado (31.688 toneladas) y casi 17 veces el promedio de los últimos cinco años para esta altura del calendario (25.000 toneladas).

Ese salto no es una curiosidad estadística. Cambia la lógica comercial del cultivo. Cuando se homogeneizan las exportaciones de aceites, pellets y harinas en semilla procesada equivalente, surge que ya se utilizaron 1,12 millones de toneladas de semillas para producir los derivados industriales exportados en lo que va de la campaña. El registro supera en más del doble el promedio del último lustro y es 1,7 veces superior al del año pasado a esta altura.

La magnitud de la demanda externa ya tuvo impacto interno. El mercado doméstico respondió con compras totales por 3,1 millones de toneladas, lo que ubica a la campaña 2025/26 como el segundo registro más alto del siglo, a la par de la 2007/08. En términos comparativos, el ritmo comercial corre 62% por encima del ciclo anterior y 111% más que el promedio de los últimos cinco años. No se trata solo de más exportaciones: se trata de una cadena que encuentra precio, fluidez comercial y ritmo de descarga en un momento donde la oferta es abundante.

Un mercado inusual: hasta un gran exportador compró girasol argentino

Dentro de esa dinámica aparece un dato con peso propio: la producción argentina logró ingresar en destinos que no son compradores habituales. En un hecho sin precedentes dentro del texto base, Bulgaria, uno de los mayores exportadores mundiales de semillas y aceite de girasol, apareció como destino del producto argentino y explicó el 37% de las compras de semilla en bruto.

Ese dato revela dos cosas a la vez. Primero, que la competitividad argentina no solo funciona en mercados tradicionales, sino también en plazas donde normalmente la lógica comercial iría en sentido inverso. Segundo, que el contexto global empuja a los importadores y procesadores a buscar mercadería donde haya precio y disponibilidad, incluso si eso altera esquemas históricos del comercio agrícola. Cuando un exportador estructural pasa a comprar, el mercado está enviando una señal sobre escasez relativa, oportunidades transitorias o reacomodamientos fuertes en la formación de precios.

El maíz aprovecha una ventana de competitividad y apunta a un récord exportador

El maíz ofrece otra foto relevante. La cosecha avanza al 14% a nivel nacional y, solo en marzo, ya se descargaron 3 millones de toneladas en los puertos del Gran Rosario, es decir, 1,4 millones más que en igual momento del año pasado. A la par, la comercialización interna muestra un ritmo firme: ya está comprometido el 30% de las toneladas esperadas para esta campaña, 10 puntos porcentuales por encima del ciclo pasado.

Sobre esa base, el programa exportador del primer mes de campaña se perfila para quebrar marcas. La previsión indica que marzo cerraría con más de 4 millones de toneladas exportadas, un récord para el arranque de campaña del cereal. La explicación central está en la competitividad del producto argentino. Aun con subas en los costos globales de los fletes marítimos, el maíz local sigue siendo presentado como el más competitivo del mundo dentro de la ventana que se extiende hasta el ingreso más fuerte de la oferta brasileña, previsto para junio/julio.

Ahí aparece una lectura política y económica concreta. La Argentina no está aprovechando solo una buena cosecha, sino una combinación excepcional entre volumen disponible, salida exportadora y timing comercial. En un momento de disrupción global, esa ventaja puede ser decisiva para sostener ingreso de divisas, actividad en terminales portuarias y dinamismo en la cadena comercial. Pero también es una ventaja con fecha de vencimiento: depende de cuánto dure la ventana frente a Brasil y de que la crisis internacional no encarezca aún más la logística.

Chicago sube, las primas FOB aflojan y el mercado local se sostiene

El comportamiento de los precios muestra ese equilibrio inestable. En Chicago, los futuros de maíz recibieron impulso por el conflicto en Medio Oriente y por el mayor posicionamiento de los fondos en commodities agrícolas. Desde que el escenario internacional empezó a tensionarse, el contrato de referencia del cereal subió 6%. Sin embargo, al mismo tiempo, las primas FOB del maíz argentino se debilitaron, en parte por la presión de oferta y en parte por el aumento en los costos de transporte marítimo.

El resultado es una especie de compensación. La baja de las primas resta, pero la suba en Chicago más que equilibró ese efecto, permitiendo que el precio de exportación a cosecha se revalorizara US$ 15 por tonelada desde enero. Esa mejora ayudó a sostener los valores en el mercado de futuros local, que promedian entre US$ 182 y US$ 186 por tonelada.

Ese punto es central para entender el momento. La Argentina gana competitividad por precio, pero esa ventaja no surge en un contexto de estabilidad, sino dentro de un mercado global donde sube la tensión, suben los costos y se vuelve más agresiva la operatoria financiera. El beneficio existe, aunque no descansa sobre bases tranquilas.

Ormuz cerrado y fondos especulativos: la nueva fuente de inestabilidad

La otra gran variable del escenario es la guerra. El texto base marca que el estrecho de Ormuz sigue virtualmente cerrado, con una caída del 94% en el tráfico de buques. Esa cifra no impacta solo en petróleo y energía. Repercute también en el costo del comercio internacional, en las expectativas de abastecimiento y en el comportamiento de los capitales especulativos que operan sobre materias primas.

En ese clima, la volatilidad dejó de ser un factor lateral y pasó al centro del negocio. La soja dio la señal más fuerte. Durante el lunes de esta semana, el futuro más operado en Chicago registró la mayor caída diaria desde julio de 2024, con una pérdida de US$ 20 por tonelada en una sola rueda, hasta activar el límite automático del CME. El disparador fue una noticia política: la postergación del viaje de Donald Trump a China.

El mercado venía descontando en precios la promesa de que China sumaría 8 millones de toneladas de soja a sus compras de 12 millones de esta campaña. La postergación del viaje se leyó como una señal bajista porque debilitó el sustento político de ese compromiso. La reacción fue inmediata. Y dejó una enseñanza clave: ya no hacen falta cambios estructurales en oferta o demanda para mover fuerte los precios. Alcanza con un titular de alto impacto geopolítico.

La soja expone el nuevo patrón: subas violentas, caídas bruscas y fondos con poder de fuego

La soja venía de tocar máximos de 21 meses el viernes pasado. Antes del rally comprador, cotizaba por debajo de US$ 390 por tonelada. Luego llegó a operar en US$ 451, una suba del 16% en siete semanas. Después, ante una sola noticia con sesgo bajista, cayó con fuerza. Ese patrón no es anecdótico: muestra que el mercado agro quedó sometido a un nivel de sensibilidad mucho mayor.

El texto remarca que la volatilidad anualizada en las últimas diez ruedas escaló a máximos desde julio de 2023 y que los fondos especulativos tienen un rol central. La posición neta comprada supera los 600.000 contratos entre granos y derivados, tras un aumento del 337% desde fines de enero. Ese volumen de apuestas le da a los fondos un poder decisivo para mover cotizaciones. Una toma de ganancias, un cambio de expectativas o una noticia internacional pueden desatar correcciones violentas en cuestión de horas.

En términos de poder de mercado, eso significa que la formación de precios ya no depende solo de rindes, clima o demanda física. También depende de la velocidad con la que el capital financiero entra y sale de posiciones largas sobre commodities. Para la Argentina, esa dinámica abre oportunidades de precios, pero también complica la toma de decisiones comerciales, porque el margen entre una rueda favorable y una corrección abrupta se achicó mucho.

Qué gana la Argentina y qué riesgo enfrenta

La campaña 2025/26 encuentra a la Argentina en una situación singular. Tiene volumen, tiene competitividad y, por ahora, tiene demanda externa. El girasol exhibe una performance histórica. El maíz se encamina a un arranque récord. Y los precios internacionales, aun con altibajos, siguen ofreciendo respaldo al negocio exportador. En ese plano, los sectores vinculados a la exportación y a la logística portuaria aparecen fortalecidos.

Pero el mismo contexto que habilita esa ventana también impone límites. El cierre virtual de Ormuz, la suba de fletes, la fragilidad diplomática y el peso creciente de los fondos especulativos pueden alterar en pocos días el escenario. Un agravamiento del conflicto podría disparar todavía más los costos logísticos. Un cambio brusco en las expectativas sobre Estados Unidos, China o Medio Oriente puede desarmar posiciones compradas y provocar bajas intensas. Y el ingreso de la oferta brasileña en junio/julio meterá presión sobre la competitividad del maíz argentino.

Un momento de oportunidad, pero sin red de seguridad

Lo que hoy muestra el mercado de granos no es una foto de bonanza lineal, sino una combinación de oportunidad y fragilidad. La Argentina está logrando colocar mercadería en volúmenes excepcionales y aprovechar un contexto favorable para el maíz y el girasol. Sin embargo, esa ventaja se construye sobre un sistema internacional alterado por la guerra, con rutas marítimas bajo presión y precios moldeados por fondos que amplifican cada shock.

Las próximas semanas serán decisivas. Habrá que mirar si el conflicto en Medio Oriente profundiza el bloqueo comercial, si Chicago mantiene el sesgo alcista o entra en una nueva fase de corrección, y si la competitividad argentina logra sostenerse cuando cambie la oferta global. Por ahora, el negocio exportador encontró aire. La pregunta es cuánto dura esa ventana en un mercado que ya no reacciona por ciclos previsibles, sino por sobresaltos.

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Brasil, una potencia agrícola en auge y un ejemplo con vulnerabilidades

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Escribe Mario Osava / IPS Noticias – Brasil es un caso singular de desarrollo agrícola acelerado, multiplicó casi por nueve su producción de granos en 50 años, se presenta como un modelo de agricultura tropical, pero tiene vulnerabilidades acentuadas por las guerras y, más existencial y permanente, por la crisis climática.

De 39,4 millones de toneladas de cereales, leguminosas y oleaginosas en 1975, la cosecha anual saltó para 346,1 millones de toneladas en 2025, según datos del estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (Ibge).

De importador de cerca de 30 % de los alimentos que consumía, el país se convirtió en gran exportador, con un superávit de 149 000 millones de dólares en el sector agrícola. Las importaciones se limitaron a 20 000 millones de dólares, registró el Ministerio de Agricultura y Ganadería.

En ese período de cinco décadas, la población brasileña se duplicó, de 107 millones de habitantes a 213 millones, según el mismo Ibge. En 1975 aún era mayoritariamente rural, con 52 %. El censo de 2022 apuntó que 87 % de los brasileños viven en ciudades.

Es decir, el salto en la producción agrícola ocurrió en un período de intenso éxodo rural, con la rápida urbanización de la población brasileña.

La investigación científica que permitió al país incorporar a la agricultura extensas tierras del Cerrado, la sabana brasileña, antes consideradas inadecuadas, suele ser apuntada como un factor decisivo de la transformación de Brasil en uno de los graneros del mundo.

¿Razones financieras detrás del bum?

“Hay varias explicaciones, pero quizás una de las más importantes sean las restricciones de recursos externos para importar alimentos. Brasil era muy dependiente de alimentos importados, y eso se agravó por la crisis de los años 80”, evaluó Jorge Arbache, profesor de economía de la Universidad de Brasilia.

Los países latinoamericanos y muchos otros en desarrollo sufrieron en aquella “década perdida” una empobrecedora crisis de la deuda externa que forzó a duros ajustes económicos.

Brasil vivió entonces un recrudecimiento de la hiperinflación, que alcanzó 235 % en 1985, y el inicio de un proceso de desindustrialización. El sector manufacturero pasó a perder participación en el producto interno bruto (PIB), al contrario de la agricultura.

Para ello contribuyó, de forma decisiva en la mirada agronómica, un gran esfuerzo en investigación y desarrollo volcado al sector agrícola. La estatal Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), creada en 1975, tuvo un rol principal, pero otras instituciones especializadas también fueron relevantes.

“Eso resultó en un plan sofisticado de cultivos en el Cerrado”, recordó Arbache, en referencia al bioma que conforma la sabana más biodiversa del mundo.

El maíz y el algodón también tuvieron saltos de producción en las dos últimas décadas, impulsados por la soja, la locomotora cultivada entre noviembre y marzo. Enseguida se siembra algodón o maíz en la misma tierra. Con dos o tres cosechas al año, la agricultura tropical es naturalmente competitiva. Imagen: Mario Osava / IPS

La decisiva soja

La adaptación de la soja al suelo ácido y al clima del Cerrado, que ocupa dos millones de kilómetros cuadrados en el centro de Brasil, fue determinante para el bum agrícola. En 2025 esa oleaginosa, y también leguminosa, representó 48 % de la producción total de granos en Brasil, o sea 166,1 millones de toneladas.

Hace 50 años era un cultivo marginal restringido al extremo sur del país. Hoy Mato Grosso, un estado de la región del Centro-oeste en su mayor parte ocupado por el Cerrado y parte por la Amazonia, concentra 30,4 % de la cosecha nacional de soja.

“La gran capacidad de adaptación de la soja a suelos y clima distintos favoreció esa expansión. La Embrapa y otros centros de investigación lograron seleccionar variedades de producción espectacular en el Centro-Oeste”, explicó Jean Marc von der Weid, economista agrícola con maestría en la francesa Universidad París I Panthéon Sorbone.

Pero más importante fue la inversión en recursos humanos y en la extensión rural, a través de una red que llevó el conocimiento a los agricultores, opinó Arbache a IPS en una entrevista desde Brasilia.

Además, la soja impulsó la siembra de maíz y algodón, de los que Mato Groso se convirtió en el mayor productor nacional en años recientes. Ello porque que esos dos cultivos componen la segunda cosecha anual en las mismas áreas, una ventaja de la agricultura tropical.

El sol presente todo el año permite la fotosíntesis permanente y por ende dos o tres cosechas al año, limitadas solo por el clima, especialmente el régimen de lluvias. Es lo que asegura un protagonismo creciente de Brasil y otros países tropicales en la alimentación mundial, asegura Roberto Rodrigues, exministro de Agricultura brasileño.

“No conozco otro caso (de desarrollo agrícola) comparable al de Brasil. Si hay proyectos específicos y controlados, casi experimentales, de siembras en zonas áridas, pero nada relevante en ninguna mirada global”, acotó Arbache

Una vulnerabilidad fue que la concentración de granos en la frontera agrícola centro-occidental generó una fuerte demanda logística.

La implantación de carreteras, ferrocarriles e hidrovías no acompañó la velocidad del avance agrícola, lo se tradujo en insuficiencias en el almacenamiento y costos elevados en el transporte, en el quinto país más extenso del mundo, con 8,6 millones de kilómetros cuadrados.

Pequeña porción de un bosque amazónico incendiado. Cada árbol talado o quemado en la Amazonia representa miles de litros de agua a menos cada día en los llamados ríos voladores, que llevan lluvias a la agricultura más productiva de Brasil, hacía el sur. Imagen: Mario Osava / IPS

¿Bum sostenible pese a las vulnerabilidades?

Hay además otras neurálgicas vulnerabilidades.

“Nuestra agricultura es demasiado dependiente de insumos importados, tecnologías, fertilizantes, agroquímicos variados, servicios digitales, y buena parte del comercio es dominado por empresas internacionales”, señaló el profesor de economía Arbache.

“El valor agregado local es relativamente bajo. El sector tiene un talón de Aquiles. Una crisis internacional, como la que ocurre actualmente, puede poner nuestra agricultura de rodillas, a causa de un modelo de negocios muy vulnerable”, acotó.

Se refiere a la invasión a gran escala de Rusia a Ucrania, desde febrero de 2022, y la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada el 28 de febrero, que afectan el suministro de dos insumos indispensables: fertilizantes y diésel.

Brasil importa cerca de 85 % de los fertilizantes que consume. Rusia, principalmente, y países del Medio Oriente como Arabia Saudí y Qatar son sus proveedores y, por lo tanto, fuentes de inseguridad, como las guerras en Ucrania y contra Irán evidencian.

Pero, sin duda, la mayor vulnerabilidad es la climática, dijo a IPS, en su residencia en Río de Janeiro, von der Weid, fundador de la organización no gubernamental AS-PTA Agricultura Familiar y Agroecología, originalmente Asesoría y Servicios a Proyectos en Agricultura Alternativa, cuyas siglas mantiene.

Ferrocarriles y almacenes insuficientes encarecen la soja y otros granos de exportación brasileños. Esa infraestructura logística es de Anápolis, en el estado centro-oriental de Goiás, donde se conectan dos ferrocarriles. Imagen: Mario Osava / IPS

¿Camina la bonanza de monocultivos hacia la insolvencia?

El agronegocio, como se denomina a la agricultura industrial, de gran escala y monocultivos, “marcha hacia una insolvencia general”, sostuvo. Los eventos climáticos extremos provocan crecientes pérdidas y exigen cada día más subsidios y condonaciones, hasta la inviabilidad financiera, argumentó.

Ese fenómeno ya ocurrió de manera brutal en el estado de Rio Grande do Sul, en el extremo sur brasileño, donde lluvias torrenciales en mayo de 2024 afectaron 2,4 millones de personas, con por lo menos 183 muertos, sumergieron ciudades enteras, mataron miles de animales e inundaron los principales cultivos.

Las olas de calor redujeron la producción de café y cacao en todo el mundo y hacen mucho daño a la soja y el maíz, los cultivos más voluminosos de Brasil, siendo el maíz el más vulnerable a la sequía, ejemplificó Von der Weid.

Las áreas más productivas para el agronegocio, en el Centro-oeste, Sudeste y Sur de Brasil, dependen en buena parte de las lluvias provenientes de la Amazonia, en los llamados “ríos voladores”.

La humedad del océano Atlántico cercano a la línea ecuatorial, de los vientos alisios que soplan de este a oeste, entra Amazonia adentro y se agranda por la transpiración de los árboles. Al chocarse con la cordillera de los Andes, las nubes se propagan por el centro sur de Brasil y partes del Paraguay, Argentina e incluso Uruguay.

La agricultura de esas áreas depende de esos ríos aéreos, pero la población rural vinculada al agronegocio está entre los negacionistas del cambio climático. La extrema derecha, liderada por el expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), es la más activa en el combate al ambientalismo, aunque sean víctimas directas de la crisis climática.

Campesinos del Corredor Seco Centroamericano se adiestran en la construcción de un estanque de piedra, una de las «tecnologías» de acopio de agua de lluvia en el Semiárido brasileño, donde estuvieron en junio de 2018, para un intercambio de conocimientos sobre cómo lidiar con las sequias. Imagen: Mario Osava / IPS

¿El Semiárido, la respuesta para el futuro?

La irregularidad climática provoca sequías y lluvias excesivas, dispersas e imprevisibles, de forma distinta en lugares incluso cercanos, se generaliza y se impone de manera similar a la que ocurre en la ecorregión del Semiárido, en el Nordeste de Brasil, donde AS-PTA más actúa desde su fundación en 1983, detalló Von der Weid.

En esa región predomina otro tipo de agricultura, la que en Brasil se denomina familiar, por involucrar poca tierra y el trabajo principalmente de las familias en la producción rural.

El Nordeste concentra 47 % de los predios de la agricultura familiar, según el censo del Ibge de 2017. Es donde más se diseminaron las prácticas agroecológicas, incluso por razones naturales, es decir las condiciones adversas, como lluvias concentradas en pocos meses, agua subterránea salobre, calor y mucha pobreza.

Las sequías periódicas en el Nordeste ya no provocan los desastres sociales que solían repetirse en la región, con fugas masivas de pobladores hacia el sur más desarrollado e industrial, invasión de las ciudades y saqueos del comercio.

La diseminación de cisternas para acopio de agua de la lluvia, más de 1,2 millones desde 2003, fue el principal factor de los cambios ocurridos y que limitaron los daños sociales de las sequias en el Semiárido.

La mayor parte de esas cisternas, más de un millón, se destina a proveer agua potable para beber y cocinar en los hogares. Las demás, llamadas para producción, son para el riego de los huertos y para los animales.

A ello se sumaron variados programas sociales, como la Bolsa Familia, un subsidio directo a los más pobres, beneficios a los jubilados y discapacitados, y compras gubernamentales de alimentos producidos por agricultores familiares para la alimentación escolar y de las instituciones de asistencia social.

Son “tecnologías sociales” que se exportaron a regiones semiáridas del continente y de África, como el Corredor Seco Centroamericano y el Chaco argentino.

El futuro de la agricultura será agroecológico, asegura Von der Weid, una exigencia de la adaptación a los cambios climáticos, a las condiciones adversas que los campesinos ya enfrentan en el Semiárido.

“La crisis del agronegocio ya se instaló y va creciendo, pese a la pujanza que exhibe en Brasil. No se pueden ampliar indefinidamente los subsidios”, concluyó.

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