Soja

El campo argentino acelera liquidación de granos

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Exportadores y productores agropecuarios aceleran la liquidación de granos, principalmente maíz y soja, en medio de rumores por suba de impuestos a la exportación, tal como ocurrió en la década kirchnerista. Según estimaciones del Ministerio de Agroindustria, “en la siembra de soja del ciclo 2019/20, los productores ya han vendido 12,4 millones de toneladas del cereal y 7,2 millones de toneladas de la oleaginosa”.

Tal como informó Urgente24, pese a la baja de retenciones del gobierno de Mauricio Macri, los productores rurales están muy descontentos con los “impuestos agobiantes” y no están dispuestos a soportar un retoque en la fórmula tributaria a la exportación que hoy es de cuatro pesos por dólar.

Frente a rumores por las medidas que podría llegar a tomar el gobierno de Alberto Fernández en esta materia, productores y exportadores aceleraron la liquidación de granos.

“Cuando aún resta implantar más de la mitad del maíz y recién se están dando los primeros pasos en la siembra de soja del ciclo 2019/20, los productores ya han vendido 12,4 millones de toneladas del cereal y 7,2 millones de toneladas de la oleaginosa, según datos del Ministerio de Agroindustria.

En la misma fecha del año pasado, esas cifras eran de 4,6 millones para el maíz y 2,9 millones para la soja”, indicó la agencia internacional Reuters.

Crudo informe:

De acuerdo con expertos y productores consultados por Reuters, la posibilidad de que el centroizquierdista Fernández incremente los impuestos a los dos principales cultivos de Argentina -como hizo en el pasado su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner- ha sido el motor del aceleramiento de la comercialización temprana de los granos.

Pese a ser un político moderado, muchos productores temen que el Gobierno de Fernández -que derrotó al presidente neoliberal Mauricio Macri en los comicios de octubre- aplique fuertes regulaciones económicas y se tiña de la beligerancia que ven en la expresidenta Cristina Fernández.

“Yo ya vendí casi todo. No vale la pena esperar”, dijo a Reuters el agricultor Jorge Bianciotto, quien administra cerca de 4.000 hectáreas en la localidad de Pergamino, en el norte de Buenos Aires, la principal provincia agropecuaria de Argentina.

“Maíz me quedé con poco y soja ya la vendí”, explicó Bianciotto, quien, al igual que una importante fuente del sector agrícola que pidió mantener el anonimato, dio por descontado que Fernández subirá las tasas.

En Argentina, los exportadores trasladan el costo del arancel de embarque al precio que pagan a los productores por sus granos.

Con la compra anticipada, las compañías pueden adelantar la declaración jurada de exportaciones y fijar el impuesto a pagar a los niveles actuales. Así evitan el efecto de un potencial incremento en la tasa tras la asunción de Fernández, el 10 de diciembre, ya que estas no son retroactivas.

“El productor sospecha que el precio (del grano) va a seguir siendo el mismo pero con una retención (impuesto) mayor, por lo tanto va a recibir menos plata, y el exportador prefiere asegurarse ahora esos granos que no sabe si después va a poder conseguir”, explicó la fuente.

Mapa impositivo

El fantasma que acecha al sector agroexportador son las elevadas retenciones (como se conoce a los impuestos a las exportaciones) a los granos y derivados que rigieron durante la gestión de Cristina Fernández: del 20% a las exportaciones de maíz y del 35% a las de soja.

Tras asumir a fines del 2015, Macri eliminó las retenciones al maíz -también a las de trigo- y redujo las de la soja, una medida festejada por los agricultores argentinos tras la explosiva relación que tuvieron con Cristina Fernández.

Sin embargo, sitiado por una grave crisis económica, el año pasado Macri volvió aplicar los impuestos a las exportaciones al maíz y el trigo y subió los de la soja.

Cuando ingrese a la Casa Rosada, a Fernández le tocará gobernar un país en recesión, con una tasa de inflación anual de más de 50% y un plan de austeridad fiscal supervisado por el Fondo Monetario Internacional. Para el desafío que a Fernández le espera, un ajuste impositivo al principal generador de divisas del país será una tentación.

La jefa de Estudios Económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), Emilce Terré, describió al clima en el sector agroexportador como uno de “incertidumbre donde no se sabe bien cuál va a ser la realidad comercial del año próximo”.

Los agricultores de Argentina, que según la BCR producirían 51 millones de toneladas de soja y 47,5 millones de toneladas de maíz en esta campaña, se abrazan a la espera de lo que consideran que será una nueva tormenta peronista.

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Apuntes de la Crisis: 30 primaveras después

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Desde hace un tiempo en esta columna venimos exponiendo las difíciles transiciones de un gobierno a otro durante la joven democracia Argentina, con el objetivo de ayudar a entender por qué nos pasa lo que nos pasa y tratar de que no nos vuelva a ocurrir (tarea difícil).

En el articulo anterior expusimos brevemente lo que fue en materia económica la enorme frustración de no poder lograr una economía con estabilidad de precios e inclusión social como prometía la alianza (la palabra progre estaba bien vista y es lo que se demandaba socialmente para reducir las enormes desigualdades sociales que dejaron diez años de Convertibilidad; eso sí, sin dejar de cobrar nuestros sueldos en pesos-dólares, como si se pudiera tener todo).

En este artículo iremos al año 1989 y el último estallido hiperinflacionario que nos abrió los ojos y nos mostró una dura realidad: que por más esfuerzos que se hagan no siempre la democracia alcanza para “comer, curar y educar”.

Contexto previo:

En febrero de 1985 el gobierno de Raúl Alfonsín empieza a darse cuenta que la voluntad a veces choca con las limitadas posibilidades (conocidas como “la restricción presupuestaria” que te muestra que hay necesidades insatisfechas pero la plata no te alcanza para cubrirlas). Entonces decide reemplazar en el Ministerio de Economía a Bernardo Grinspun y su plan Keynesiano de reactivar la economía haciendo crecer los salarios reales y bajar la inflación “gradualmente” por Juan Vital Sourruille; alguien que por su trayectoria profesional y por estar al frente de la Secretaría de Planificación Económica era una de las personas que más conocía y comprendía la realidad del momento.

Con una combinación de medidas ortodoxas (equilibrio fiscal para dejar de financiar el gasto público con emisión) y heterodoxas (control de precios, dólar, salarios y tarifas); lanza un plan de shock muy bien calculado que tuvo un importante éxito inicial y que se vio en todos los indicadores económicos (bajó la inflación, subió el salario real, creció la economía, etc.). Pero para demostrar que no siempre Dios es argentino, mientras el plan trataba de generar confianza tanto para inversores como consumidores y comenzar un largo periodo de estabilidad, “pasaron cosas” que las podemos resumir así:

  1. Estados Unidos subió las tasas de interés con lo que encarecía el costo de la deuda argentina y presionaba a la fuga de capitales. 
  2. Como consecuencia de lo anterior, cae el precio de los granos que exportaba la Argentina. Sumado a ello, episodios de sequía (cuando Dios se ensaña, se ensaña) hicieron que las exportaciones cayeran, por ejemplo desde un volumen de U$S 8396 millones en 1985 a solo U$S 6600 millones entre 1986 y 1987; o sea una caída del 20 % de la generación genuina de divisas. 

Si a esto sumamos la suba de importaciones por la reactivación económica inicial, la posición externa argentina se vio envuelta en una situación inviable en el tiempo (por la caída de las reservas del Banco Central).

  1. La puja distributiva en Argentina era bien conocida por Sourruille, pero no solo se trata de conocer sino de tener poder suficiente para manejarla. Los militares presionaban por aumentos y eso, en 1986, significaba amenaza real de golpe de Estado. También lo hacía la CGT de una manera bastante irracional y puede decirse electoralista, ya que en ese momento era la columna vertebral del partido opositor. 

Como el factor externo empezó a debilitar la economía del país, el gobierno empezó a ceder en el factor interno y ya en 1987, el plan y sus flexibilizaciones fueron insostenibles.

Plan primavera:

El año 1988 encuentra al Gobierno con un desgaste muy importante y esto se veía en la pérdida de valor del Austral (en agosto la inflación llegó al 27 por ciento mensual). Entonces, se lanza el Plan Primavera o plan llegar (como sea no importa, pero llegar). No hay mucho que analizar sobre este plan bastante pobre en contenido pero que  respondía a la poca capacidad de acción que en ese momento tenía el Gobierno. Aquí conviene hacer algunas comparaciones con la situación actual:

  1. Acuerdo de precios:

Plan Primavera: ya no era un congelamiento, sino un acuerdo de aumentos decrecientes entre el Gobierno, la Unión Industrial Argentina y la Cámara de Comercio. A cambio el gobierno redujo el IVA del 18 % al 15%.

Macri y sus Precios Esenciales: Fue un acuerdo de caballeros que se hizo con las principales empresas en abril y que debería estar vigente por seis meses. Tiempo después, eliminó el IVA a productos de la canasta básica hasta fin de año.

Si bien la inflación descendió unos meses en el 89, se desbocó nuevamente terminando en la historia conocida. En el caso de las medidas actuales, a la luz del último dato de inflación y la que se espera, no se ve que hayan sido medidas efectivas.

  1. Dólar

Plan Primavera: se dio el desdoblamiento del mercado cambiario, donde la operatoria consistía en comprar los dólares a los exportadores a un tipo de cambio oficial y venderlos al tipo financiero (fijado por oferta y demanda), para así quedarse con la diferencia. También “reperfiló” deuda interna.

Macri: Vendía al oficial hasta que casi se queda sin reservas de libre disponibilidad y tuvo que tragarse el sapo y meter un cepo, con todo lo que le pesa ideológicamente.

Creo que la lección aquí es sencilla: no sirve el cálculo de si hay muchas o pocas reservas cuando hay una transición, ya que se despierta la desesperación del argentino por convertir todo a dólares. De hecho, la devaluación de abril del 89 fue del 193 % y la compra de dólares seguía aumentando, en mayo 89 se devaluó un 111 %.

  1. Cuentas públicas:

En ninguno de los dos casos le dieron prioridad al origen de los problemas (el déficit fiscal). Lo importante era bajar el dólar y los precios; y después, si ganamos vemos como arreglamos el desequilibrio presupuestario.

  1. Financiamiento externo:

Plan Primavera: La historia cuenta que Cavallo y Di Tella fueron a Washington a decir que no le presten más a la Argentina, algo a lo que Sourrouille restó importancia y con la decencia de alguien que no eludió nunca su responsabilidad dijo: “Con todo respeto, no era tal la influencia de Cavallo”.

Macri: No hizo falta que viaje nadie a decir que no le presten a la Argentina, de hecho el único que nos estaba prestando decidió esperar a que el panorama se aclare (el FMI y sus U$S 5400 millones de restantes)

Breve:

Ya sabemos cómo terminó la historia, pero si cabe exculpar a Alfonsín y a su Ministro, es que en ese momento todo era nuevo, difícil e imprevisible. 

Hoy los militares no son amenaza, Moyano no hizo 13 paros generales y ojalá el mundo y el FMI le hubieran dado a la naciente democracia el 10 %  de la ayuda que le dieron a Macri.

Nada más.

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Semillas: un decreto apurado por Macri y la discusión de fondo sobre las patentes

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El gobierno nacional intentó en varias oportunidades aprobar la ley de Semillas. Hasta ahora no contó con la oposición y ante el nuevo escenario político, será más difícil aún encontrar consensos. Pero, el pasado jueves el presidente Mauricio Macri intentó sacar la ley por decreto. 

“El Gobierno trata de sacar la ley para negociar con un sector agrario. La discusión pasaría a ser de política a económica, si saliera el decreto”, interpreta Sebastián Oriozabala subsecretario de Planificación Rural del ministerio del Agro de Misiones. Y al parecer, fue parte de una negociación política, ya que el decreto fue desactivado apenas un día después del anuncio. 

En diciembre de este año, la ley pierde estado parlamentario y eso aliviaría la discusión. 

Pero ¿de qué se trata esta ley y cómo afectaría a los colonos misioneros? 

Se trata de reformar una ley de 1973. Hay varios proyectos en danza, pero Cambiemos impulsó uno que inclina la balanza hacia los grandes laboratorios de agrobiotecnología

“Hasta ahora la discusión la dan en la Pampa húmeda, los productores de oleaginosas. Pero esta ley afecta sobre todo a las economías regionales. Afecta todas las semillas, desde las de zapallo hasta las de eucalipto”, señala Oriozabala. 

“Es una ley muy conflictiva. A Misiones y a las economías regionales no nos beneficia en nada”, insiste el joven funcionario

“El desarrollo de la agrobiotecnologia, la investigación genética lleva que necesitemos una nueva ley. El punto de discusión, es qué intereses representa. Debemos lograr una ley que responda a la mayoría de los sectores. 

En principio el gran tema, es que la mayoría de las economías regionales están fuera de la discusión”, planteó el funcionario misionero. 

La discusión se está dando entre los grandes productores de soja y maíz. Cooperativas, asociaciones, pymes y los laboratorios como Bayer, Shell y otros. “Por ahora es una ley que representa intereses de los laboratorios”. 

Dos cuestiones atentan contra los productores: “Dejarán de tener disponibilidad de las semillas que salen de su producción. Luego de cada cosecha, el productor guarda semillas, eso no podrá hacerlo con esta nueva ley”, señaló el subsecretario. El problema es para la semillas híbridas, y no para las transgénicas ya que estas últimas implican un paquete tecnológico que no tiene discusión: pertenecen a determinado laboratorio y se compra con insumos. 

“No podes sacar tu propia semilla, no podes volver a plantar. Lo que dice la ley es que no podes usar esa semilla de tu producción, tenes que pagar un canon”, pero la ley todavía no salió y esta cuestión es una de las claves de por qué genera conflicto. 

Pero a los misioneros, esta cuestión viene en segundo lugar. Lo más perjudicial de esa ley sería el planteo de “propiedad intelectual”. 

“Argentina no tiene reglamentado ningún sistema de patentes. Entonces el problema sería con las semillas, nativas o criollas”, indica Oriozabala. 

“Si viene Monsanto a Misiones y estudia un maíz que le parece tiene buena adaptación, la patenta y de ahí en más le pertenece. Aunque la vengan usando hace siglos los aborígenes o los productores”, explicó.  

La semilla pasa a ser propiedad de una empresa, aunque haya sido usada por generaciones o sea natural de un lugar. De ahí en más, el productor debería comprar esa semilla a la empresa, cada vez que quiera plantar. Y ahí se vuelve sobre el primer conflicto: tampoco se podría usar la semilla de una cosecha propia. 

“El problema es que una cooperativa en Misiones, o una asociación de productores no tiene recursos para instalar un laboratorio genético, estudiar y patentar una semilla”. No puede competir con Bayern, Shell o Monsanto. 

En Misiones, el sector que más riesgos corre con esta ley es el forestal. Pero en realidad todas las producciones corren el riesgo, puesto que todo nace de una semilla. 

Con esta ley “podés utilizar cualquier semilla en tanto y en cuanto una empresa no la registre. Si la empresa la patenta, aunque sea natural de un lugar, hay que pagarle un canon a esa compañía”.

Repetimos, la ley no se aprobó. Pero está buscando salir de alguna manera. La pelea la están dando los cerealeros del centro del país. Pero el problema es para todos. 

“Es una cuestión de quién tiene el derecho a disponer o no de algo que viene de la naturaleza”. Oriozabala insistió con un ejemplo: la cooperativa de San Ignacio produce una variedad de maíces, si en algún momento Monsanto prueba que la variedad ‘mato groso’ se adapta a ciertas condiciones, la patenta y ya nadie puede producir con esa semilla sin pagarle a esa corporación; ni siquiera la cooperativa que la viene reproduciendo hace años. “El dueño es el laboratorio, no la comunidad que la venía usando”.

“Lo que se negocia es eso: se discute quién es el dueño de la semilla”, sentencia.

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Biodiesel, gasoil y las posibilidades argentinas

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La incorporación paulatina de mezclas de biodiesel al gasoil usado en el transporte y el agro tiene efectos importantes en la matriz energética argentina. Arrancando de un 5% de mezcal, se pretende llegar este año a un 10%, lo que redundaría, en un ahorro importante de divisas para el país, por un lado-pues en el 2012 hemos importado 1.200.000 toneladas por un valor de 1.160.000.000 de dólares- y por el otro lado, aliviaría los efectos negativos de las restricciones del biodiesel argentino a la comunidad europea, nuestro principal cliente.

Si aplicamos esta metodología como política estratégica, podríamos manejar, con Brasil, el mercado mundial de la soja y consecuentemente sus precios.

El corte obligatorio al 10% incorpora 450 mil toneladas adicionales que se distribuyen 210.000 al parque automotor y 240.000 al parque de usinas térmicas. Consumo anual: 12,5 millones de metros cúbicos

Los efectos de poder destinar al parque automotor un volumen importante de oleaginosas para la fabricación de biodiesel influiría en el mercado mundial del stock de 50 millones de toneladas –EE.UU. apenas 4 millones-, estaríamos restando, junto con Brasil, un volumen importante, lo que haría que los precios de la soja se mantengan a un nivel elevado que podría ser fácilmente regulado con ambas producciones, destinando la misma a producción de combustibles. No existe daño a los productores, ya que el gobierno puede regular los precios del biodiesel que tiene una serie de impuestos que no tiene el gasoil importado para que los mismos tengan un precio rentable.

La demanda de gasoil es de 12.5 millones de metros cúbicos por año siendo el consumo por sector es de:
 Transporte de cargas – 41% =….5.000.000 m·3.
 Sector agropecuarios 37%=…..4.500.000 m3
 Automotores diesel……14%=……1.700.000 m·3.
 Transporte pasajeros.. 8%…….1.080.000 m3

Argentina tiene una serie de ventajas comparativas que le dan competitividad en relación a los demás productores de soja. Ejemplo: en Brasil, Mato Grosso do Sul, el principal estado productos de soja, debe pagar U$S.169.oo la tonelada para ponerla en un puerto sobre el Atlántico Otros proyectos para transportar soja en barcazas por ríos interiores hasta la desembocadura del Amazonas, requiere un recorrido de más de 3.000 kilómetros. En nuestro país por lo contrario, el cinturón sojero, donde está el 90% de la producción, está situado alrededor de los puertos de Rosario/Villa Constitución, lo que hace insignificante y más económico el costo del transporte. Por otro lado, el volumen de producción de nuestras fábricas de elaboración, son de un nivel elevadísimo en relación a las demás que operan en el mundo. En EE.UU. no podrían sobrevivir competitivamente de no mediar subsidios del gobierno.

¿Qué efectos tiene este aumento de la fabricación de biocombustibles?:

1) Se resta un importante volumen de soja y otras oleaginosas al mercado mundial, con el consecuente efecto de mantener elevado el precio de las mismas;
2) Habilita la disponibilidad de un importante volumen de harina o expeler para exportación o en una conveniencia competitiva, utilizar la misma para alimento de aves, cerdos y vacunos, dando de esta manera un valor agregado a la producción y una fuente adicional de empleo y trabajo a familias argentinas;

3) Reduce significativamente la erogación de las escasas divisas que se utilizan en la importación de gasoil;

4) Si observamos un cuadro comparativo del consumo regional de combustibles , podemos observar que nuestro país en estos últimos 10 años, duplicó el consumo por habitante al año, pasando de 1,33 barriles de petróleo por habitante en el 2003 a 2,53 el año pasado, frente a los actuales 0,59 de Brasil; 0,89 de Chile; y 0,92 barriles per cápita de Uruguay, pero paralelamente es dable observar que importamos menos que nuestros vecinos:

5) CUADRO COMPARATIVO REGIONAL;

El mercado mundial de la soja tiene pocos jugadores importantes. Son apenas 3 y lo que ellos determinen en el destino final de sus cosechas, condiciona el valor de la oleaginosa en el mercado mundial. Brasil y EE.UU. con alrededor de 87/89 millones de toneladas, Argentina con 56 millones. Si cualquiera de ellos dan otro destino a su producción, convirtiéndolas en biodiesel, y restan al mercado mundial 50 millones de toneladas de soja. Una alianza de Argentina y Brasil, los socios mayores del Mercosur, los convierten en los árbitros del mercado, pudiendo regular los precios, buscando mantener la oleaginosa alrededor de U$S.500 la tonelada, sin ir más allá de ese precio, teniendo en cuenta que otra oleaginosa, el aceite de palma, es otro jugador importante. El complejo sojero argentino-granos, harinas, aceites y biodiesel- representan casi el 30% de las exportaciones argentinas y su alta incidencia en la recaudación por medio de las retenciones, son el principal ingreso del gobierno nacional para desarrollar sus políticas sociales.

Miguel Schmalko- asesor y ex presidente de la FEBAP (Federación Económica Brasil-Argentina-Paraguay)

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La Argentina quedó afuera del ranking de los 10 principales exportadores agrícolas

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El estudio mostró que los 7 principales exportadores de estos productos se mantuvieron sin variantes, liderados por la UE, con exportaciones por u$s681.000 millones, por EEUU, con ventas por u$s172.000 millones, y por Brasil, que alcanzó los u$s93.000 millones.

Producto de la mala cosecha de 2018, la Argentina fue desplazada del ranking de los 10 países más exportadores de productos agrícolas, ante el ingreso de México, según indicó un informe elaborado por la Organización Mundial del Comercio (OMC).

El estudio mostró que los 7 principales exportadores de estos productos se mantuvieron sin variantes, liderados por la UE, con exportaciones por u$s681.000 millones, por EEUU, con ventas por u$s172.000 millones, y por Brasil, que alcanzó los u$s93.000 millones.

Por su parte, la India ascendió al octavo lugar, Australia retrocedió al noveno, mientras que México ingresó al top ten por primera vez en su historia, dejando afuera a la Argentina.

Los mayores incrementos los anotaron China (+9%), Brasil (+6%) y México (+6%).

Por el contrario, los peores desempeños entre los principales países exportadores los registraron Australia (-10%) e Indonesia (-7%).

Ranking 2018:

1 – Unión Europea (u$s681.000 millones)

2 – EEUU (u$s172.000 millones)

3 – Brasil (u$s93.000 millones)

4 – China (u$s83.000 millones)

5 – Canadá (u$s69.000 millones)

6 – Indonesia (u$s46.000 millones)

7 – Tailandia (u$s44.000 millones)

8 – India (u$s39.000 millones)

9 – Australia (u$s38.000 millones)

10 – México (u$s35.000 millones)

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