S&P Merval

Las acciones argentinas extienden las bajas mientras la guerra y la Fed dominan la agenda global

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La incertidumbre geopolítica volvió a imponerse sobre el entusiasmo tecnológico en los mercados internacionales y arrastró a los activos argentinos a una nueva jornada de corrección. El S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires cayó 0,9% y acumuló su segunda rueda consecutiva en terreno negativo, en un contexto donde las dudas sobre la evolución del conflicto en Medio Oriente comenzaron a neutralizar el optimismo que había generado el boom de la inteligencia artificial en Wall Street.

La corrección local se produjo después de varias semanas en las que Argentina había mostrado una performance relativamente sólida frente al deterioro global. Sin embargo, el regreso de la aversión al riesgo golpeó principalmente a las acciones argentinas que cotizan en Nueva York. Globant encabezó las pérdidas con una caída cercana al 7%, reflejando la sensibilidad del sector tecnológico ante cualquier cambio de humor de los inversores internacionales.

En contraste, las compañías vinculadas a la energía volvieron a mostrar resiliencia. YPF, Pampa Energía y Vista Energy lograron sostener ganancias impulsadas por un nuevo avance del petróleo, que continúa reaccionando a las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y a las amenazas sobre la estabilidad de los flujos energéticos globales.

La dinámica no es casual. A medida que aumentan las dudas sobre una resolución definitiva entre Estados Unidos e Irán y persisten los focos de conflicto en la región, el mercado incorpora una prima de riesgo sobre los precios de la energía. El Brent volvió a ubicarse en niveles elevados, consolidando un escenario favorable para las petroleras, pero generando al mismo tiempo mayores presiones inflacionarias sobre las economías desarrolladas.

Para Argentina, el efecto es dual. Por un lado, las empresas energéticas se benefician de un contexto de precios más altos. Por otro, un petróleo caro puede retrasar el proceso de baja de tasas en Estados Unidos y fortalecer al dólar a nivel global, dos variables que suelen afectar a los mercados emergentes.

En ese marco, Wall Street operó con bajas moderadas de entre 0,2% y 0,4%, luego de haber alcanzado máximos históricos en la jornada previa. Los inversores se encuentran atrapados entre dos narrativas contrapuestas: el extraordinario impulso que la inteligencia artificial está generando sobre las ganancias corporativas y la incertidumbre derivada de la geopolítica internacional.

Los balances recientes de gigantes tecnológicos como Dell y Hewlett Packard reforzaron la percepción de que la revolución de la inteligencia artificial está generando una nueva ola de crecimiento empresarial. Sin embargo, el mercado comenzó a preguntarse cuánto tiempo podrá sostenerse ese impulso si el escenario internacional continúa deteriorándose.

A la tensión geopolítica se suma otro factor que empieza a preocupar a los operadores: la política monetaria estadounidense. Los últimos indicadores laborales mostraron una economía más robusta de lo esperado y volvieron a poner en duda la velocidad con la que la Reserva Federal podría avanzar hacia nuevos recortes de tasas.

Actualmente, el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años se mantiene en torno al 4,45%, un nivel que sigue siendo elevado para los estándares históricos recientes. Al mismo tiempo, los contratos de futuros comienzan a reflejar una probabilidad creciente de que la Fed mantenga una postura restrictiva durante más tiempo del previsto.

Para los activos argentinos, este escenario representa un desafío adicional. Si bien el riesgo país permanece estable en torno a los 488 puntos básicos y los bonos soberanos operan con variaciones acotadas, el mercado sigue monitoreando tres variables clave: la acumulación de reservas por parte del Banco Central, la estabilidad cambiaria y la evolución de la inflación.

Los analistas destacan que, pese a la volatilidad externa, Argentina continúa exhibiendo una fortaleza relativa superior a la observada en otros episodios de tensión internacional. La combinación de superávit fiscal, mejora en las cuentas energéticas y una reducción gradual del riesgo soberano ha permitido amortiguar parte de los shocks externos.

No obstante, la dependencia de los flujos financieros globales sigue siendo un factor determinante. En un mercado donde la tecnología sostiene gran parte de las ganancias bursátiles y la geopolítica amenaza con alterar las expectativas, cualquier movimiento de la Reserva Federal o una escalada en Medio Oriente puede modificar rápidamente el apetito por riesgo.

Por ahora, los inversores parecen haber optado por una estrategia de cautela. La inteligencia artificial continúa impulsando las valuaciones de las grandes tecnológicas, pero la guerra, el petróleo y las tasas vuelven a recordar que los mercados globales siguen transitando un delicado equilibrio entre crecimiento e incertidumbre.

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Riesgo país debajo de 500: el mercado apuesta a la estabilidad financiera

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La baja del riesgo país por debajo de los 500 puntos volvió a encender el optimismo financiero sobre la Argentina. El indicador de JP Morgan cerró en 494 unidades, su nivel más bajo en años, mientras las acciones y bonos argentinos extendieron la racha alcista tanto en Buenos Aires como en Wall Street. La mejora llega acompañada por un dato que el Gobierno considera central: las reservas del Banco Central superaron los USD 48.500 millones, el mayor nivel desde septiembre de 2019.

El movimiento tiene impacto político y económico. Para el mercado, el descenso del riesgo país implica una menor percepción de default y reabre expectativas de financiamiento externo para empresas y eventualmente para el propio Estado. Pero para Misiones y el NEA, la lectura es más compleja: el clima financiero mejora en Buenos Aires mientras el interior productivo sigue condicionado por el costo del crédito, la presión fiscal y un consumo todavía débil.

El mercado consolida el “trade Argentina”

La rueda dejó una postal que hace meses parecía improbable: activos argentinos desacoplándose parcialmente de la volatilidad regional y acompañando el rally de Wall Street.

El S&P Merval ganó 0,7%, hasta los 3.089.497 puntos, acumulando en mayo una suba cercana al 10% tanto en pesos como en dólares. En Nueva York, los ADR argentinos mostraron mayoría de alzas, con destaque para Banco Macro y Globant.

Los bonos soberanos en dólares también avanzaron, aunque con selectividad. El resultado alcanzó para que el riesgo país perforara nuevamente el umbral psicológico de los 500 puntos, una barrera que el mercado sigue utilizando como referencia de “normalización financiera”.

Detrás de esa mejora aparecen tres factores: fuerte compra de reservas del Banco Central; rollover positivo del Tesoro en la licitación de deuda; expectativa de desaceleración inflacionaria.

Luis Caputo alimentó ese escenario al anticipar que la inflación de mayo sería inferior a la de abril y al insistir en que el programa económico atraviesa una etapa de consolidación.

Reservas récord y dólar quieto: el ancla que observa el NEA

El Banco Central compró USD 447 millones en la jornada y acumula adquisiciones por casi USD 9.700 millones en 2026. Las reservas brutas alcanzaron USD 48.511 millones, un nivel que el mercado interpreta como señal de fortalecimiento del balance monetario.

En paralelo, el dólar mayorista cerró en $1.410, mientras que el minorista y el blue terminaron alineados en torno a los $1.430.

Para Misiones, la estabilidad cambiaria tiene una importancia estratégica distinta a la del centro financiero porteño. La provincia convive con una economía fronteriza altamente sensible al diferencial de precios con Brasil y Paraguay. Cuando el dólar se acelera, aparecen distorsiones comerciales inmediatas; cuando se estabiliza, el comercio local recupera algo de previsibilidad.

Sin embargo, el nuevo escenario también tiene un efecto dual: mejora la capacidad de planificación para importadores y comercios; pero encarece en dólares costos internos que afectan competitividad regional.

Sectores como madera, yerba, té y turismo siguen mirando con atención el tipo de cambio real. Un peso apreciado favorece la desaceleración inflacionaria, pero reduce márgenes exportadores en economías regionales que ya vienen operando con rentabilidad comprimida.

Bancos y energía lideran el apetito inversor

El rally volvió a concentrarse principalmente en acciones bancarias. Banco Macro encabezó las ganancias tanto en Buenos Aires como en Wall Street.

El dato no es casual. El mercado está anticipando un escenario donde: baja el riesgo soberano, cae la inflación, mejora el crédito, y se normaliza progresivamente el sistema financiero.

Ese movimiento tiene implicancias concretas para provincias como Misiones, donde el acceso al financiamiento productivo sigue siendo uno de los principales cuellos de botella.

Hoy muchas pymes forestales, yerbateras y comerciales continúan trabajando con tasas reales todavía elevadas, pese a la desaceleración inflacionaria. La mejora financiera nacional todavía no se traduce plenamente en crédito accesible para el interior productivo.

Wall Street ayuda, pero el petróleo sigue condicionando

El contexto internacional también colaboró. Wall Street cerró nuevamente en máximos históricos tras datos de inflación estadounidense levemente mejores a lo esperado.

El índice PCE —la medición favorita de la Reserva Federal— mostró un incremento mensual de 0,4%, moderando temores sobre nuevas subas agresivas de tasas.

Además, el mercado siguió de cerca las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. La posibilidad de avances diplomáticos redujo parcialmente la tensión sobre el petróleo: el Brent cayó 0,5%; mientras el WTI subió 0,3%.

Para Argentina, un petróleo más estable implica menor presión sobre costos energéticos y combustibles. Para Misiones, donde el transporte explica buena parte de la estructura de costos logísticos, cualquier moderación energética tiene impacto directo sobre precios y competitividad.

El dato silencioso: el Tesoro volvió a financiarse sin sobresaltos

Otro punto clave de la jornada fue la última licitación del Tesoro. El Gobierno consiguió un rollover del 114%, captando $12,6 billones frente a vencimientos por $11 billones. La señal fue leída positivamente porque reduce presión monetaria y evita expansión adicional de pesos.

La demanda se concentró principalmente en instrumentos de corto plazo y tasa fija, reflejando que el mercado empieza a extender duración, aunque todavía mantiene cautela sobre horizontes más largos.

El éxito financiero le da oxígeno político al Gobierno en momentos donde busca consolidar el proceso de desinflación antes de las elecciones legislativas.

El entusiasmo financiero convive con una economía real que todavía muestra heterogeneidad. En Misiones, el consumo continúa lejos de los niveles previos al ajuste de 2024. La recuperación aparece fragmentada: mejoran algunos segmentos vinculados a turismo y comercio fronterizo; persisten dificultades en industria y producción primaria; el crédito productivo aún no acompaña la baja del riesgo financiero.

El desafío para el Gobierno será transformar el “momentum” de mercado en mejora concreta de actividad y empleo fuera del AMBA.

Porque mientras el riesgo país perfora los 500 puntos y Wall Street vuelve a premiar activos argentinos, en el interior productivo todavía persiste una pregunta más terrenal: cuándo esa estabilidad financiera llegará efectivamente al bolsillo, al consumo y a la inversión regional.

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Wall Street marca récords, pero los activos argentinos no reaccionan y exponen fragilidad local

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Mientras los principales índices de Wall Street alcanzaron nuevos máximos históricos este miércoles 22 de abril, los activos argentinos operaron en terreno negativo y sin capacidad de acoplarse al optimismo global. El S&P Merval cayó 1,4% hasta los 2.898.691 puntos, los ADRs registraron bajas de hasta 6% y el dólar se mantuvo en $1.400 en el Banco Nación. En paralelo, el Banco Central volvió a intervenir con compras por USD 105 millones. El contraste plantea una tensión clave: ¿el esquema económico logra estabilizar variables, pero no convence al mercado?

Mercado internacional en alza, pero sin derrame local

El contexto global jugó a favor. El S&P 500 avanzó 0,8% y el Nasdaq 1,4%, impulsados por expectativas de distensión en el conflicto en Medio Oriente tras la prórroga de la tregua anunciada por Donald Trump. A esto se sumó un rebote del petróleo del 3%, con el Brent superando los USD 101,40 por barril.

Sin embargo, ese clima no se tradujo en mejoras para los activos argentinos. Las acciones locales en Wall Street mostraron un comportamiento dispar, con caídas lideradas por el sector financiero: BBVA (-6%), Banco Macro (-4,1%) y Grupo Financiero Galicia (-3,4%). En contraste, el sector energético logró sostenerse parcialmente, con subas moderadas como YPF (+0,1%) y Vista Energy (+1,2%).

El desacople no es menor. Mientras los mercados globales descuentan una eventual estabilización geopolítica, los inversores locales continúan focalizados en variables domésticas.

Dólar contenido y BCRA activo: el ancla cambiaria en el centro

En el plano local, el tipo de cambio mostró estabilidad. El dólar mayorista cerró en $1.378, con una suba marginal del 0,2%, mientras que el minorista se mantuvo en $1.400 por tercer día consecutivo. En el mercado informal, el dólar blue avanzó a $1.415.

El Banco Central intervino nuevamente, absorbiendo USD 105 millones —el 25,4% de la oferta— en una rueda con menor volumen operado, que totalizó USD 414,2 millones. Las reservas brutas crecieron USD 62 millones, hasta los USD 45.841 millones.

El esquema cambiario muestra consistencia operativa: el tipo de cambio se mueve dentro de un rango acotado, con margen respecto al techo de la banda ($1.690,29), lo que permite al BCRA seguir acumulando divisas. Pero esa estabilidad no alcanza, por ahora, para mejorar la percepción sobre los activos.

Actividad económica en retroceso y señales mixtas

El dato que tensiona el escenario es el nivel de actividad. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en febrero una caída de 2,1% interanual y de 2,6% respecto a enero.

El deterioro estuvo impulsado por la contracción de la industria manufacturera (-8,7%) y el comercio (-7%), sectores que restaron 2,2 puntos a la variación anual. En contraste, los rubros ligados a exportaciones mostraron dinamismo: minería (+9,9%) y agro (+8,4%).

La lectura es clara: el crecimiento se sostiene en sectores vinculados a la demanda externa, mientras el consumo interno sigue debilitado. Esta dualidad impacta directamente en la valuación de activos, especialmente en bancos y empresas orientadas al mercado local.

Entre la estabilidad financiera y la falta de confianza

En términos de correlación de fuerzas, el Gobierno mantiene control sobre variables clave: tipo de cambio estable, intervención activa del Banco Central y acumulación de reservas. Sin embargo, el mercado accionario refleja otra dinámica, más ligada a expectativas de crecimiento y sostenibilidad económica.

Los bonos soberanos mostraron leves mejoras —con subas promedio de 0,1%— y el riesgo país cerró en 532 puntos sin cambios relevantes. Es un equilibrio frágil: estabilidad sin impulso.

Hacia adelante, el foco estará en dos frentes. Por un lado, si la estabilidad cambiaria logra consolidarse sin tensiones. Por otro, si la actividad económica logra revertir la caída en sectores clave.

El mercado global muestra señales de optimismo. Argentina, por ahora, sigue operando con su propia lógica.

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Acciones argentinas suben hasta 6% y desafían la crisis global, pero el riesgo país y las reservas marcan un límite

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En una jornada atravesada por la volatilidad global por el conflicto en Medio Oriente, los activos argentinos mostraron un comportamiento atípico: subieron hasta 6% en Wall Street y el S&P Merval avanzó 2,8%, mientras los principales mercados internacionales caían hasta 2,8%. El dato no es menor en el actual escenario económico: con un riesgo país que se mantiene por encima de los 600 puntos —cerró en 602 tras tocar 632— y reservas que perforaron los USD 44.000 millones, el mercado local exhibe señales de resiliencia, pero también deja abierta una incógnita clave: ¿se trata de un rebote táctico o de un voto de confianza al programa económico?

Desacople en un contexto global adverso

El contexto externo no ofrecía margen para el optimismo. La escalada de tensiones en Medio Oriente impactó en los precios energéticos y en la dinámica financiera global. El petróleo Brent llegó a superar los USD 111 y cerró en USD 108,30, mientras que el gas natural subió 2,3%. En paralelo, Wall Street retrocedió entre 0,3% y 0,4% y los mercados europeos profundizaron caídas de hasta 2,8%.

Sin embargo, en ese escenario, los activos argentinos se movieron en sentido inverso. El S&P Merval trepó 2,8% hasta los 2.768.681 puntos, impulsado por el sector energético. En Nueva York, los ADR reflejaron ese movimiento: YPF avanzó 5,3% y Vista Energy 5,1%, mientras que Banco Francés lideró con una suba de 6,4% y Edenor con 6%.

La explicación inmediata aparece vinculada a la dinámica del petróleo, que favorece a las compañías energéticas, pero también a señales locales. Las declaraciones del ministro de Economía, que aseguró tener cubiertos los próximos vencimientos de deuda por unos USD 9.000 millones sin acudir al mercado internacional, aportaron un ancla en medio de la incertidumbre.

Entre la deuda y el dólar: señales cruzadas del programa

El comportamiento positivo de las acciones contrastó con la deuda soberana. Los bonos en dólares —Globales y Bonares— retrocedieron en promedio 0,5%, con mayores pérdidas en los títulos de mayor duración. Esa divergencia no es menor: mientras la renta variable muestra apetito, el mercado de deuda mantiene cautela.

El riesgo país sintetiza esa tensión. Aunque recortó sobre el cierre, se mantuvo en 602 puntos básicos, lejos de niveles compatibles con un acceso pleno al crédito internacional.

En paralelo, el frente cambiario mostró estabilidad, pero con matices. El dólar mayorista cerró en $1.394,50, con una brecha de 17,4% respecto del techo de la banda cambiaria ($1.637,01), la mayor desde julio del año pasado. El dólar minorista se mantuvo en $1.415 en el Banco Nación y el blue retrocedió a $1.430.

El Banco Central, por su parte, extendió a 52 ruedas su racha compradora y sumó USD 132 millones en la jornada, acumulando más de USD 3.600 millones en 2026. Sin embargo, ese esfuerzo no se tradujo en una mejora del stock: las reservas cayeron USD 793 millones hasta USD 43.702 millones, afectadas principalmente por la baja en la cotización del oro (-4,8%) y del yuan (-0,4%).

El dato refuerza una paradoja del programa: el Central compra divisas, pero no logra consolidar reservas, una variable central para la credibilidad macroeconómica.

El mercado financiero y la estrategia oficial

La jornada dejó otra señal relevante: el intento del Gobierno de profundizar el mercado de capitales. Desde la Comisión Nacional de Valores se anticipó la creación de un ETF que replique el panel líder de la Bolsa local y cotice en el exterior. La iniciativa apunta a atraer flujos hacia la renta variable argentina y aumentar la liquidez del mercado.

Al mismo tiempo, informes privados empiezan a marcar límites en la estrategia en pesos. Según Adcap, los bonos indexados mostraron una sobreperformance de entre 12% y 15% desde fines de enero, impulsados por la estabilidad cambiaria, pero advierten que esa dinámica podría agotarse sin una apreciación adicional de la moneda.

La recomendación de rotar hacia activos en moneda dura sugiere que, detrás del repunte accionario, persiste una lectura defensiva del mercado.

Un equilibrio frágil en medio de tensiones externas

El desacople de los activos argentinos frente a la caída global introduce un dato político y económico relevante. El Gobierno logra sostener, al menos en el corto plazo, un clima de relativa estabilidad en el mercado local, apoyado en señales de financiamiento y en un tipo de cambio contenido.

Sin embargo, las variables estructurales siguen bajo presión: reservas en descenso, riesgo país elevado y un contexto internacional volátil que impacta en energía, commodities y flujos financieros.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en dos frentes. Por un lado, si el flujo de dólares —clave para sostener la acumulación del Banco Central— logra consolidarse. Por otro, si las herramientas anunciadas, como el ETF o las fuentes de financiamiento alternativas, logran traducirse en mayor ingreso de capitales.

El mercado, por ahora, parece otorgar margen. Pero lo hace con cautela.

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Acciones argentinas suben hasta 7% y el riesgo país baja a 555 puntos en una jornada marcada por el optimismo global

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Las acciones argentinas protagonizaron este martes una jornada de fuerte recuperación en los mercados financieros, con subas que alcanzaron hasta el 7%, mientras el riesgo país retrocedió a 555 puntos básicos y el dólar mayorista cayó a $1.400. El movimiento coincidió con un cambio en el humor global de los inversores tras declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien planteó la posibilidad de un final inmediato del conflicto en Medio Oriente.

El rebote de los activos argentinos ocurrió en un contexto en el que el Gobierno intenta consolidar estabilidad cambiaria y reconstruir la confianza financiera. La combinación de acciones en alza, bonos recuperándose y un dólar a la baja abre una pregunta que atraviesa al mercado: ¿se trata de una mejora coyuntural impulsada por factores externos o de un proceso de normalización más profundo en la economía argentina?

En esa tensión se mueve hoy el tablero financiero.

Suba del Merval y rebote de los ADR

El principal indicador bursátil local, el S&P Merval, registró un avance de 2,6% en pesos, hasta 2.700.255,24 puntos, mientras que medido en dólares subió 3,3%, hasta 1.846,32 unidades.

El impulso provino principalmente del sector energético. Entre los papeles con mejor desempeño se destacaron:

  • Metrogas, con un alza de 6,8%
  • Transportadora de Gas del Norte, que avanzó 6,6%
  • Central Puerto, con una suba de 6,1%
  • Sociedad Comercial del Plata, que ganó 5,7%

En el exterior, los ADR de empresas argentinas que cotizan en Nueva York también reflejaron el cambio de clima inversor. Algunos de estos certificados treparon hasta 7,3%, en línea con la recuperación del apetito por activos emergentes.

El movimiento no se explicó por factores domésticos inmediatos, sino por un giro en las expectativas globales. El eventual fin de la guerra en Medio Oriente planteado desde Washington funcionó como catalizador para una recomposición del riesgo en los mercados.

Bonos y riesgo país: la variable clave para el financiamiento

El mejor ánimo inversor también impactó en la deuda argentina. Los bonos soberanos registraron subas de hasta 1,5%, lo que permitió una caída de 28 unidades en el riesgo país, que cerró en 555 puntos básicos.

El indicador, elaborado por JPMorgan Chase, mide la diferencia entre el rendimiento de los bonos argentinos y el de los títulos del Tesoro de Estados Unidos, considerados libres de riesgo. Cuando esa brecha se reduce, el mercado interpreta que disminuye la percepción de riesgo sobre la capacidad de pago del país.

Aun así, el nivel actual sigue siendo alto para un retorno pleno al financiamiento internacional. Con estos valores, la Argentina debería ofrecer tasas superiores al 9% anual en dólares para colocar deuda externa.

El Gobierno, al menos por ahora, intenta evitar ese escenario. La estrategia oficial prioriza reducir la dependencia de los mercados internacionales y fortalecer las fuentes de financiamiento internas.

Dólar en baja y compras del Banco Central

En paralelo, el mercado cambiario mostró señales de estabilidad. El tipo de cambio mayorista retrocedió $16 y cerró en $1.400, con un volumen operado de USD 458 millones en el Mercado Libre de Cambios.

El valor quedó 15,96% por debajo del techo de la banda cambiaria, fijado en $1.623,48 por el Banco Central de la República Argentina. Esto implica que el dólar aún podría subir $223,48 antes de que la autoridad monetaria deba intervenir.

El tipo de cambio minorista también registró una baja. Cerró en $1.420 para la venta y $1.370 para la compra.

La tendencia descendente se extendió a los otros segmentos del mercado:

  • Dólar blue: $1.420
  • Dólar MEP: $1.421,05
  • Contado con liquidación: $1.465,24

En ese escenario de menor presión cambiaria, el Banco Central compró USD 67 millones en el mercado oficial.

La autoridad monetaria acumula más de USD 3.100 millones de compras en lo que va de 2026 y logró encadenar 45 jornadas consecutivas con saldo comprador.

Desde el inicio de la cuarta fase del programa monetario, en enero, el Banco Central sumó USD 3.120 millones, lo que representa más del 30% del objetivo de acumulación previsto para el año.

Reservas, deuda y el delicado equilibrio financiero

A pesar de ese flujo comprador, las reservas no crecieron de forma lineal. Parte de las divisas adquiridas se utilizaron para cubrir compromisos de deuda del Tesoro, que recurre al Banco Central para obtener dólares destinados a esos pagos.

En la última jornada, las reservas internacionales alcanzaron los USD 46.043 millones, con un incremento diario de USD 275 millones.

El mercado vinculó esa suba principalmente con variaciones en las cotizaciones de activos internacionales, entre ellos el oro, cuyo precio se aproximó a USD 5.200 por onza.

Las proyecciones oficiales ubican la meta de acumulación de reservas para 2026 entre USD 10.000 y USD 17.000 millones, un objetivo que dependerá de dos variables centrales: la demanda de pesos y el ingreso de divisas al sistema financiero.

Un equilibrio que aún depende del contexto global

La jornada dejó un mensaje claro: los activos argentinos siguen altamente sensibles al contexto internacional.

Las declaraciones desde Estados Unidos alcanzaron para impulsar acciones, bonos y divisas en el mercado local. Pero ese mismo factor revela una fragilidad estructural: gran parte del movimiento responde todavía a señales externas más que a cambios estructurales internos.

En las próximas semanas, los inversores observarán tres indicadores con atención: la evolución del riesgo país, la capacidad del Banco Central para seguir comprando divisas y el comportamiento del dólar dentro de la banda cambiaria.

Si esas variables continúan alineadas, el Gobierno podría consolidar el clima financiero favorable. Si se alteran, el mercado volverá a poner a prueba la resistencia del esquema económico.

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