S&P Merval

Activos argentinos bajo presión: ADRs caen hasta 18% y el riesgo país trepa casi 12% en agosto

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Los activos argentinos profundizaron su castigo durante la segunda semana de agosto, en una señal que empieza a exceder la dinámica estrictamente cambiaria. Con el dólar mayorista estable en torno de los $1.500 y un escenario internacional que ofreció cierto alivio a los mercados emergentes, las acciones y los bonos soberanos locales volvieron a quedar rezagados, mientras el riesgo país escaló hasta los 480 puntos básicos.

El movimiento dejó una fotografía incómoda para el mercado: en lo que va de agosto, los ADRs argentinos acumularon pérdidas de hasta 18%, mientras el riesgo país avanzó casi 12%. En las últimas cinco ruedas, el S&P Merval cedió 4,5% medido en dólares y descendió hasta los US$1.867. La corrección se produjo pese a que Wall Street encontró respaldo en una inflación estadounidense que moderó las expectativas de un endurecimiento monetario de la Reserva Federal.

La divergencia entre Argentina y el resto de los mercados volvió a colocar los factores domésticos en el centro de la discusión. La liquidez continúa ajustada, las tasas de corto plazo permanecen elevadas y la inflación de julio mostró una aceleración hasta 2,1% mensual, frente al 1,9% de junio. A esto se suma una creciente discusión sobre la capacidad de la economía para sostener la recuperación del empleo, los salarios y el consumo, variables que comienzan a adquirir mayor relevancia en la valoración de los activos.

El esquema económico oficial mantiene como prioridad la estabilidad cambiaria y el control de la liquidez. Según el análisis de Eric Ritondale, de Puente, el Gobierno profundizó durante la semana el uso del ancla nominal mediante una combinación de estabilidad del tipo de cambio y una administración más estricta de los pesos disponibles en el sistema financiero. El Banco Central, al mismo tiempo, moderó el ritmo de compra de divisas y las tasas de muy corto plazo se estabilizaron en torno del 20% al 23% después de las tensiones registradas en jornadas anteriores.

El Tesoro consiguió, además, renovar prácticamente la totalidad de sus vencimientos en la última licitación, aunque la demanda volvió a concentrarse en instrumentos de menor plazo. El movimiento de fondos entre el Tesoro, el BCRA y los bancos comerciales contribuyó a reducir parte de la volatilidad, pero no eliminó la restricción de liquidez que atraviesa al sistema.

El problema es que la estabilidad cambiaria tiene un costo cuando se sostiene con tasas elevadas y una oferta monetaria contenida. La estrategia puede contribuir a moderar la inflación y evitar una aceleración de las expectativas devaluatorias, pero también puede enfriar el crédito y postergar decisiones de inversión si la restricción financiera se prolonga.

La inflación de julio agregó una nueva variable a esa ecuación. El 2,1% mensual superó levemente las expectativas del mercado, mientras que la inflación núcleo se ubicó en 1,8%. Aunque las expectativas de largo plazo continúan ancladas alrededor de una inflación mensual de 1,5%, la aceleración reciente reabrió el interrogante sobre cuánto esfuerzo monetario será necesario para sostener el proceso de desinflación.

El mercado laboral y la actividad comienzan así a formar parte de la ecuación financiera. Desde GMA Capital señalaron que las mesas de dinero empiezan a discutir cuánto del aumento del riesgo argentino responde a los recientes traspiés macroeconómicos y cuánto empieza a incorporar el comportamiento de los salarios, el empleo y la heterogeneidad sectorial, junto con el escenario político hacia 2027.

Acciones: ni los buenos balances alcanzaron para revertir la tendencia

La renta variable fue uno de los segmentos más castigados. El S&P Merval llegó a retroceder más de 4% en dólares durante la semana y el sector bancario encabezó las pérdidas, con Banco Macro llegando a caer más de 10%.

La particularidad es que el deterioro bursátil no estuvo acompañado por una temporada de balances negativa. Por el contrario, varias compañías argentinas presentaron resultados superiores a las previsiones. YPF y Pampa Energía superaron en más de 40% las estimaciones de ganancias por acción, mientras Ternium y Telecom también quedaron por encima del consenso.

YPF, además, avanzó en una operación estratégica al aceptar la oferta de Edenor para adquirir el 70% de Metrogas y el 5% de MetroEnergías por US$780 millones. La transacción se encuadra en el proceso de optimización del portafolio de la petrolera y apunta a liberar capital para proyectos de mayor retorno vinculados con Vaca Muerta y las exportaciones.

Sin embargo, el mercado no está premiando exclusivamente los fundamentos corporativos. La percepción de riesgo soberano se convirtió en un factor dominante y terminó imponiéndose incluso sobre las noticias positivas de las empresas.

Los bonos pierden terreno frente a otros emergentes

La deuda soberana también profundizó la corrección. Los Globales retrocedieron a lo largo de prácticamente toda la curva: el GD38 y el GD46 cayeron 1,1%, el GD35 perdió 0,9%, el GD41 bajó 0,8% y el GD30 cedió 0,3%.

El dato relevante no es solamente la magnitud de las pérdidas, sino su comparación internacional. Mientras los bonos argentinos retrocedieron, los de Ecuador avanzaron 0,6%, los de Pakistán 0,5% y los de Egipto 0,4%. El promedio de los mercados emergentes y los bonos del Tesoro estadounidense permanecieron prácticamente estables.

La lectura es contundente: la corrección argentina tiene un componente predominantemente doméstico. No parece responder a una ola generalizada de aversión al riesgo, sino a una reevaluación específica de la economía argentina.

Esto también implica un cambio respecto del primer semestre. Hasta julio, el GD35 acumulaba una ganancia directa del 9% y había superado a Ecuador y al promedio emergente. El retroceso posterior prácticamente borró aquella ventaja y abrió una discusión sobre si el mercado comenzó a incorporar un escenario más complejo para la macroeconomía y la política económica.

La deuda corporativa, en cambio, muestra mayor resistencia. Las Obligaciones Negociables continúan recibiendo flujos, respaldadas por balances sólidos, niveles de endeudamiento relativamente bajos e ingresos sostenidos. Algunas compañías todavía consiguen financiamiento a tasas de 3% anual o inferiores en plazos cortos y las emisiones corporativas acumulan un volumen 30% superior al registrado durante el mismo período de 2025.

Ese comportamiento introduce una diferencia importante dentro del riesgo argentino: mientras el soberano vuelve a ser castigado, el crédito corporativo conserva acceso al mercado. La fortaleza de empresas vinculadas con energía, telecomunicaciones e infraestructura funciona, en este contexto, como una vía de financiamiento alternativa para proyectos productivos aun en un escenario de mayor volatilidad.

El crédito en dólares puede modificar el mapa financiero

La ampliación del crédito bancario en moneda extranjera aparece como otra variable a seguir. La nueva regulación anunciada por el Gobierno permitirá ampliar los destinos de estos préstamos, bajo límites prudenciales específicos y con un tope conjunto equivalente al 15% de los depósitos en dólares de cada entidad para los nuevos destinos.

Para el mercado, el mecanismo podría incrementar la oferta de divisas si las empresas toman esos créditos y los fondos se canalizan a través del mercado oficial. También puede reducir la necesidad de acudir al mercado de capitales, con un eventual impacto sobre la oferta futura de Obligaciones Negociables.

Pero existe una contracara. Mientras el tipo de cambio permanezca estable, el endeudamiento en dólares puede resultar atractivo para las compañías. Una eventual fase de volatilidad cambiaria modificaría rápidamente el incentivo: las empresas endeudadas necesitarían comprar divisas para cancelar sus obligaciones y podrían convertirse en una fuente adicional de demanda.

La política financiera enfrenta, por lo tanto, una cuestión de timing. El crédito en dólares puede profundizar la intermediación y aportar financiamiento productivo, pero su expansión requiere que los riesgos de moneda permanezcan adecuadamente cubiertos.

El escenario externo juega a favor, pero Argentina no logra aprovecharlo

La diferencia con Wall Street resulta significativa. Los datos de inflación de Estados Unidos redujeron las expectativas de un nuevo endurecimiento de la Fed y favorecieron a los activos de riesgo.

El índice de precios al productor estadounidense no registró variaciones mensuales en julio, contra una expectativa de 0,2%, mientras que la medición interanual se desaceleró de 5,5% a 4,7%. La inflación mayorista núcleo avanzó 0,2% mensual, también por debajo de las previsiones.

Con los últimos datos de empleo, IPC e IPP, el mercado comenzó a incorporar una Reserva Federal menos restrictiva. La probabilidad asignada a una suba de tasas en septiembre pasó del 55% al 35%, mientras aumentaron las chances de que la Fed mantenga el rango de 3,50% a 3,75%.

El resultado fue un contexto internacional relativamente favorable para la renta variable y el oro. El S&P 500 incluso llegó a superar los 7.800 puntos, mientras el 85% de las empresas del índice que ya presentaron balances superó las expectativas de beneficios.

Argentina, sin embargo, transitó en sentido contrario.

La señal que deja agosto es que la estabilidad del dólar ya no alcanza por sí sola para sostener las valuaciones. El mercado necesita ahora una combinación más exigente: desinflación consistente, liquidez menos restrictiva, recuperación del empleo y los salarios, crecimiento sostenible y una reducción del riesgo político hacia 2027.

El desafío, desde una perspectiva de desarrollo, consiste en que la estabilidad financiera deje de ser un objetivo defensivo y se transforme en una plataforma para ampliar el crédito, atraer inversión y recuperar el empleo formal. Si ese puente no se construye, la calma cambiaria puede coexistir con una economía de activos locales deprimidos y con un mercado que continúa asignando una prima elevada al riesgo argentino.

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Activos argentinos en baja: el Merval perforó los 2.000 puntos y subió el riesgo país

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Los activos argentinos atravesaron una jornada negativa, en contraste con el desempeño de algunos de los principales mercados internacionales. El S&P Merval cayó 1% hasta 3.156.331,80 puntos, mientras que medido en dólares retrocedió 0,8% y volvió a perforar la barrera de los 2.000 puntos. La presión también alcanzó a los bonos soberanos y llevó al riesgo país a 428 puntos básicos.

La rueda dejó una señal relevante para el mercado local: pese a un escenario externo que mostró algunos indicadores favorables, los activos argentinos todavía encuentran dificultades para sostener una dinámica positiva. La economista Elena Alonso señaló que el comportamiento reciente del Merval muestra que, por el momento, el mercado argentino no logra aprovechar plenamente el buen clima internacional.

Entre las acciones que encabezaron las bajas se ubicaron BBVA, con una caída de 2,6%; Banco Macro, que retrocedió 2,4%; Transportadora de Gas del Norte, con una baja de 2,4%, e YPF, que perdió 2%. La tendencia también se reflejó en Wall Street, donde los ADR argentinos operaron mayormente en terreno negativo: Banco Macro cayó 2%, YPF cedió 2% y BBVA bajó 1,7%.

La debilidad se extendió a la deuda soberana. Los bonos argentinos en dólares negociados en Wall Street registraron bajas generalizadas de hasta 0,6%. El Global 2041 encabezó los retrocesos, seguido por los Global 2035 y 2038, ambos con pérdidas de 0,5%, mientras que el Global 2046 cayó 0,4%.

En ese contexto, el riesgo país elaborado por J.P. Morgan aumentó siete puntos y llegó a 428 unidades. El indicador vuelve así a ganar relevancia para una economía que busca reducir el costo de financiamiento y recuperar acceso sostenido a los mercados internacionales de crédito.

La presión también se observó en otros instrumentos. Según el análisis de SBS, los activos dollar-linked retrocedieron en promedio 0,2%, mientras que la deuda ajustada por CER cayó 0,15% en el tramo corto y 0,35% en el largo. Los títulos a tasa fija permanecieron prácticamente estables, mientras que los instrumentos floaters mostraron las mayores pérdidas, particularmente en el tramo largo.

El comportamiento de los activos locales se produjo mientras Wall Street presentó una dinámica mixta. El Dow Jones alcanzó un nuevo máximo histórico, mientras que la evolución del oro y la baja de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense configuraron un escenario externo que, en principio, ofrecía mejores condiciones para los mercados emergentes.

El oro registró además una fuerte suba y alcanzó máximos de casi siete semanas. El metal precioso avanzó 3,8% hasta US$4.309,55 por onza, mientras el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años se ubicó cerca de mínimos de una semana. En paralelo, el dólar operó cerca de sus niveles más bajos en seis semanas frente a otras monedas.

La mejora en la cotización del oro tuvo un efecto directo sobre las reservas internacionales argentinas. El stock del Banco Central superó los US$50.000 millones y alcanzó un nuevo máximo desde 2019, favorecido por la revalorización del metal y por una compra de US$8 millones en el mercado.

El frente externo también incorporó una novedad vinculada con China. El Banco Central renovó el swap de monedas con el país asiático por RMB 130.000 millones y mantuvo activa la utilización de RMB 35.000 millones, equivalentes a unos US$5.000 millones, que Argentina utiliza desde 2023. La extensión del vencimiento, que pasó de tres a cinco años, amplía el horizonte de esa herramienta de liquidez internacional.

El contraste entre reservas en ascenso y activos financieros bajo presión muestra una de las tensiones centrales del mercado argentino. La acumulación de reservas y la mejora de algunos indicadores externos constituyen señales relevantes para la solvencia, pero no necesariamente se traducen de manera inmediata en una menor percepción de riesgo sobre los títulos argentinos.

Para los inversores, el foco queda puesto entonces en la capacidad de la economía para transformar la mejora de las variables externas y la acumulación de reservas en una reducción sostenida del riesgo país. Mientras ese proceso no se consolide, la volatilidad seguirá funcionando como un filtro sobre las expectativas y los activos argentinos continuarán mostrando una sensibilidad mayor que la de los mercados internacionales.

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El dólar cerró una semana de calma pese al rebote diario

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El mercado cambiario cerró la semana con un comportamiento que refleja el delicado equilibrio que atraviesa la economía argentina. Aunque el dólar volvió a subir este viernes y alcanzó los $1.500 en las principales entidades bancarias, la cotización terminó acumulando una baja semanal, en un escenario donde la desaceleración de la inflación comenzó a moderar las presiones sobre el tipo de cambio.

En el Banco Nación, el dólar minorista avanzó $5 hasta los $1.500 para la venta, mientras que el promedio de las entidades financieras relevadas por el Banco Central se ubicó en $1.500,44. El dólar tarjeta, por su parte, quedó en $1.950.

En el segmento mayorista, referencia para el comercio exterior, la divisa subió $2 y cerró en $1.478, aunque todavía acumula una caída de $10 en lo que va de julio. De este modo, el tipo de cambio oficial continúa lejos del techo de la banda cambiaria, hoy ubicado en $1.827,63, una distancia cercana al 24%, lo que reduce, por el momento, las expectativas de una intervención cambiaria.

El dato de inflación de junio, que mostró una variación mensual de 1,9%, comenzó a modificar las expectativas del mercado. Con una nominalidad más baja, los operadores ajustaron sus proyecciones para el dólar oficial, que actualmente estiman en torno a los $1.486,5 hacia fines de julio y cerca de $1.629,5 para diciembre, según las cotizaciones implícitas en el mercado de futuros.

En los segmentos financieros, el dólar MEP finalizó en $1.519,05, mientras que el contado con liquidación (CCL) cerró en $1.574,84. El dólar blue, en tanto, permaneció estable en $1.525 para la venta, consolidando un escenario de menor dispersión entre las distintas cotizaciones.

Sin embargo, la relativa estabilidad cambiaria no alcanzó para sostener el desempeño de los activos argentinos. La Bolsa porteña atravesó su peor semana de julio, con una caída del S&P Merval de 2,4% en pesos y de 3,8% medido en dólares. Los bonos soberanos también retrocedieron, impulsando un incremento del 4% en el riesgo país, que finalizó en 419 puntos básicos, su mayor avance en casi dos meses.

La reacción del mercado respondió menos a factores domésticos que al deterioro del escenario internacional. La persistencia de presiones inflacionarias en Estados Unidos modificó las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal, mientras que la renovada tensión geopolítica en Medio Oriente fortaleció al dólar como activo de refugio y elevó los precios internacionales del petróleo.

En contraste con ese escenario, el Banco Central volvió a mostrar fortaleza en el mercado oficial de cambios. La autoridad monetaria cerró la semana con compras netas por US$1.154 millones, el mejor resultado semanal desde 2023 y un cambio de tendencia respecto de junio, cuando la acumulación de reservas había perdido dinamismo.

En lo que va de julio, las compras netas ya alcanzan los US$1.444 millones y, durante 2026, el organismo acumula adquisiciones por US$12.619 millones. Además, extendió a 129 ruedas consecutivas su saldo comprador en el Mercado Libre de Cambios (MULC), una señal que el Gobierno considera clave para fortalecer la posición externa sin alterar el actual esquema cambiario.

El panorama deja una lectura dual para la economía. Por un lado, la desaceleración de la inflación y la capacidad del Banco Central para recomponer reservas contribuyen a reducir la volatilidad del dólar. Por otro, el comportamiento de los mercados financieros evidencia que la confianza de los inversores continúa condicionada por factores externos y por la necesidad de consolidar la estabilidad macroeconómica en el mediano plazo.

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El riesgo país cerró en 404 puntos y posterga la ruptura del piso de la era Milei

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El riesgo país volvió a concentrar la atención de los mercados financieros al cerrar este lunes en 404 puntos básicos, apenas por encima del mínimo alcanzado durante la gestión de Javier Milei. Aunque el Gobierno esperaba que el indicador perforara el umbral de los 400 puntos tras completarse el pago de US$4.500 millones en vencimientos de deuda, la reacción de los inversores fue más cautelosa y el índice elaborado por J.P. Morgan terminó prácticamente sin cambios respecto de los niveles registrados al cierre de la semana pasada.

La jornada estuvo marcada por la acreditación del tramo final de los pagos correspondientes a bonos Bonar, luego de que el viernes se hubieran cancelado aproximadamente US$2.500 millones en intereses de los títulos Globales. En total, el Tesoro desembolsó cerca de US$4.500 millones entre intereses y amortizaciones, una operación que el mercado observaba como una prueba para medir la capacidad del Gobierno de sostener la mejora en la percepción del riesgo soberano.

El viernes pasado, el indicador había descendido hasta los 402 puntos básicos, el nivel más bajo desde el inicio de la administración Milei y el menor registro desde 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri. Parte de esa mejora respondió a la decisión de algunos inversores de reinvertir los dólares cobrados en nuevos títulos argentinos, comportamiento que también se vio favorecido por la participación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) y del Banco Central, que mantienen posiciones relevantes en esos bonos y suelen reinvertir automáticamente los vencimientos.

Sin embargo, una vez completado el proceso de pagos, el mercado mostró una actitud más prudente. El riesgo país abrió en 405 puntos y cerró apenas un punto por debajo, reflejando que la esperada compresión adicional de spreads aún no se materializa. La evolución del indicador confirma que los inversores continúan ponderando tanto la mejora en el perfil financiero del país como los riesgos asociados al contexto internacional y a la evolución de las principales variables macroeconómicas.

La presentación del programa financiero 2026-2027 realizada por el Ministerio de Economía aportó un elemento de respaldo a la estrategia oficial. El Palacio de Hacienda ratificó que la emisión de deuda en los mercados internacionales constituye una herramienta disponible, pero no una necesidad inmediata. El ministro Luis Caputo insistió en que volver al mercado voluntario será “una alternativa más” y no un objetivo en sí mismo, buscando transmitir que el financiamiento del Tesoro continuará apoyándose principalmente en organismos multilaterales, colocaciones en el mercado doméstico y otras fuentes de fondeo.

Esa estrategia apunta a reducir la dependencia del crédito externo y garantizar los compromisos financieros hasta el final del mandato presidencial sin presionar sobre las condiciones de mercado. Para los analistas, una eventual baja sostenida del riesgo país por debajo de los 400 puntos ampliaría el margen de maniobra del Gobierno para acceder a financiamiento en mejores condiciones, aunque el Ejecutivo insiste en que no existe urgencia por emitir deuda internacional.

Mientras tanto, los activos argentinos reflejaron un escenario de mayor selectividad. Los bonos soberanos en dólares operaron con bajas de hasta 0,7%, encabezadas por el Bonar 2041, el Global 2041 y el Bonar 2035, en una rueda de escaso volumen posterior al fin de semana largo y atravesada por la volatilidad internacional derivada de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, especialmente en torno al estrecho de Ormuz.

La renta variable también operó en terreno negativo. El índice S&P Merval retrocedió 0,8% hasta los 3.255.172 puntos, mientras que medido en dólares perdió alrededor de 1%. Entre las mayores caídas se destacaron Banco Macro, BBVA, Grupo Financiero Galicia y Loma Negra. En Wall Street, los ADR argentinos replicaron esa tendencia, con pérdidas de hasta 4% lideradas por el sector financiero, aunque las compañías energéticas lograron sostener un desempeño positivo, impulsadas por la recuperación del precio internacional del petróleo, con YPF encabezando las subas.

El mercado también comenzó a reposicionar expectativas de cara al segundo semestre. Además del impacto del programa financiero oficial, los inversores siguen de cerca la publicación de los próximos datos de inflación de Argentina y Estados Unidos, indicadores considerados determinantes para definir la trayectoria de las tasas de interés, el tipo de cambio y la valuación de los activos emergentes.

Aunque el riesgo país permanece en niveles históricamente bajos para los estándares argentinos recientes, la barrera de los 400 puntos continúa funcionando como un umbral simbólico. Su eventual ruptura dependerá no solo de la consolidación del programa fiscal y financiero del Gobierno, sino también de la capacidad de mantener el proceso de desinflación, sostener el ingreso de divisas y atravesar un contexto internacional que vuelve a mostrar mayores niveles de incertidumbre.

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Jornada financiera: los bonos argentinos extendieron las subas, el riesgo país cayó a 421 puntos y el dólar volvió a superar los $1.500

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La plaza financiera argentina volvió a mostrar señales mixtas en una jornada marcada por la fortaleza de la deuda soberana, un nuevo avance del dólar y un escenario internacional menos favorable para los activos de riesgo. Mientras los bonos en dólares prolongaron su recuperación y el riesgo país descendió hasta los 421 puntos básicos —muy cerca de su mínimo de 2026—, las acciones locales retrocedieron en línea con Wall Street, que interrumpió la racha alcista de las últimas ruedas.

El movimiento más relevante para el Gobierno volvió a producirse en el mercado de renta fija. Los bonos Globales y Bonares avanzaron en promedio 0,3%, impulsando una nueva baja del índice elaborado por JP Morgan, que retrocedió tres unidades hasta los 421 puntos básicos. La compresión del riesgo soberano consolida una tendencia iniciada tras las recientes mejoras en la calificación crediticia de Argentina por parte de las agencias internacionales.

Desde Puente destacaron que la decisión de Standard & Poor’s de elevar la nota soberana a B-, en línea con la mejora previamente otorgada por Fitch, representa un cambio cualitativo para el mercado argentino. La nueva calificación no solo reduce el costo financiero implícito de la deuda, sino que además habilita el ingreso de fondos internacionales que, por reglamento, solo pueden invertir en países con ese nivel mínimo de calificación otorgado por al menos dos agencias.

Para el mercado, este cambio amplía las posibilidades de que Argentina recupere gradualmente el acceso al financiamiento voluntario internacional, un objetivo central de la estrategia económica del Gobierno una vez consolidado el equilibrio fiscal y la desaceleración inflacionaria.

El S&P Merval acompañó el mal clima externo

A diferencia de la deuda, la renta variable operó bajo presión. El índice S&P Merval perdió 1,5% y cerró en 3.121.855 puntos, luego de haber acumulado una mejora cercana al 4% en pesos durante el primer semestre.

La corrección respondió principalmente al comportamiento de Wall Street. El Nasdaq cedió 0,7%, mientras que el Dow Jones retrocedió marginalmente. Los inversores permanecieron atentos a las declaraciones de autoridades de la Reserva Federal en el foro organizado por el Banco Central Europeo, buscando señales sobre la evolución futura de las tasas de interés estadounidenses.

Entre los ADR argentinos negociados en Nueva York predominó el rojo, aunque algunas compañías lograron destacarse. Globant registró una fuerte recuperación diaria cercana al 9%, mientras Mercado Libre avanzó alrededor del 2,6%. Banco Supervielle también mostró un desempeño positivo, en contraste con el tono general del mercado.

El dólar volvió a subir y se consolida por encima de los $1.500

En el frente cambiario, la presión compradora volvió a sentirse por tercera jornada consecutiva.

El dólar mayorista avanzó siete pesos hasta los $1.489, ubicándose nuevamente muy cerca del máximo nominal alcanzado en octubre del año pasado. Durante la rueda llegó incluso a tocar los $1.493 antes de moderar parcialmente la suba sobre el cierre de las operaciones.

El volumen negociado volvió a ser elevado, con operaciones superiores a los USD 823 millones en el mercado contado, una señal de que la demanda privada continúa firme en el inicio del segundo semestre.

En paralelo, el dólar minorista del Banco Nación subió diez pesos y cerró en $1.510 para la venta, mientras que el dólar blue alcanzó los $1.525. Los dólares financieros también continuaron escalando, con el contado con liquidación acercándose a los $1.577, su valor más alto desde octubre.

Los operadores observaron además un importante movimiento en el mercado de futuros, donde se negociaron contratos por aproximadamente USD 1.700 millones. La baja registrada en las posiciones más cortas fue interpretada como una señal de intervención oficial mediante ventas de contratos para moderar las expectativas de devaluación.

La autoridad monetaria volvió a participar de manera acotada en el mercado oficial. Compró apenas USD 25 millones, equivalente a cerca del 3% del volumen operado, por debajo del objetivo del 5% que el propio Gobierno había planteado como referencia para acumular reservas sin alterar el funcionamiento del mercado.

No obstante, las reservas internacionales crecieron con fuerza hasta los USD 47.056 millones, un incremento diario superior a USD 2.180 millones explicado principalmente por la recomposición de encajes bancarios habitual al comienzo de cada mes, más que por compras genuinas de divisas.

Menor riesgo financiero, pero mayor tensión cambiaria

La jornada dejó en evidencia el contraste que hoy domina a los mercados argentinos. Por un lado, la mejora del perfil crediticio del país sigue favoreciendo a los bonos soberanos y permite que el riesgo país se mantenga en niveles que no se observaban desde hace varios años.

Por otro, el mercado cambiario comienza a reflejar un escenario diferente al del primer semestre. La menor liquidación estacional del agro, el aumento de la demanda privada de divisas y las intervenciones oficiales en futuros y títulos atados al dólar muestran que el Gobierno enfrenta un desafío creciente para administrar la transición hacia la segunda mitad del año sin que la aceleración del tipo de cambio termine trasladándose a los precios.

En ese equilibrio entre estabilidad financiera y presión cambiaria estará puesta buena parte de la atención de los inversores durante las próximas semanas.

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