Superávit comercial

La balanza energética logró en el primer semestre el mayor superávit de la historia

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La balanza comercial energética argentina alcanzó un nuevo hito durante el primer semestre de 2026. Impulsada por el fuerte crecimiento de la producción de petróleo y gas, el aumento de las exportaciones y la reducción de las importaciones de combustibles, el saldo positivo del sector habría superado los US$ 6.987 millones, el mayor registro para una primera mitad de año desde que existen estadísticas comparables, de acuerdo con un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

Exportaciones en máximos históricos e importaciones en mínimos de 20 años llevan al saldo comercial de la energía a crecer un 87%. Más del 70% del crecimiento exportador se explica por el alza de la producción.

El año 2026 espera ser un año importante para el sector del petróleo y gas de la República Argentina. Proyectamos para este año un crecimiento del 16% en la extracción de petróleo del país, lo que llevaría a la mayor producción petrolera de la historia argentina y rompería el máximo productivo de 1998. 

En este sentido, cabe destacar que más del 72% de las exportaciones de combustibles y energía de la Argentina consisten en petróleo crudo y gas. Por lo tanto, el crecimiento productivo y exportador de estos bienes es determinante para la balanza energética nacional. Y su impulso proviene principalmente de Vaca Muerta con su producción no convencional, que ya representa más del 68% del petróleo y del 67% del gas del país en lo que va del 2026.

De esta manera, estimamos que la balanza comercial de la energía argentina superó los US$ 6.987 millones en el primer semestre del año. Así, la primera mitad del 2026 se muestra con un superávit un 87% mayor que en 2025. No conforme con ello, nos encontramos ante el mayor superávit energético de la historia argentina para un primer semestre. 

No caben dudas que este 2026 viene siendo atravesado por una alta volatilidad de los precios de la energía. La guerra entre Estados Unidos e Irán, que derivó en el cierre del Estrecho de Ormuz, trajo consigo una importante alza de las cotizaciones internacionales del petróleo. Tres meses después del inicio del conflicto, y luego de un alto el fuego, esta semana tuvo lugar un reinicio de hostilidades. Hace pocos días los precios de la energía se encontraban cerca de los niveles previos a la guerra, aunque hoy vuelven a encontrar espacio para subir mientras recrudezca el conflicto. 

Sin embargo, es claro el impacto en las exportaciones de la mayor producción y los mayores precios en este primer semestre. Las exportaciones de combustibles y energía habrían marcado un crecimiento del 52% en la primera mitad de 2026, pasando de US$ 5.345 millones a más de US$ 8.118 millones. La energía viene representando más del 15% de las exportaciones en lo que va del año, una participación en máximos de 20 años que representa a su vez el máximo histórico de exportaciones para un primer semestre. 

Por otro lado, las importaciones de combustibles y lubricantes se proyectan con una merma de 29% en dólares para la primera mitad del año. De esta manera, se ubicarían en mínimos de 2007 medido en dólares corrientes. Representando menos del 3%, la participación de la energía en las importaciones toca un mínimo que no se veía desde 1999. 

Asimismo, a la hora de separar el crecimiento de las exportaciones de combustibles y energía, el ascenso productivo de Vaca Muerta impacta más que la guerra en Medio Oriente. En este sentido, el 79% del crecimiento exportador en lo que va del año corresponde a subas en las cantidades exportadas. De manera análoga, el 21% de la suba de exportaciones hasta mayo se explican por la suba de los precios internacionales, de acuerdo con los datos de comercio exterior del INDEC. 

De esta manera, más allá de las oscilaciones de los valores de la energía, no hay dudas que la cuenca neuquina y su creciente producción de hidrocarburos vienen impulsando hacia arriba la balanza energética argentina. Proyectando el cierre de 2026, las exportaciones de combustibles y energía podrían superar los US$ 14.400 millones. Con las tendencias de importaciones actuales, la balanza energética del 2026 podría marcar un récord histórico y superar los US$ 12.000 millones.

Más allá de las exportaciones y las importaciones energéticas, un aspecto relevante para el sector de los  hidrocarburos en Argentina espera tener lugar en noviembre de este año. Desde Allen hasta Punta Colorada, el oleoducto VMOS espera llegar a una capacidad de exportación de hasta 550 mil barriles por día, con posibilidad de llegar hasta 700 mil barriles diarios de seguir creciendo la producción. 

Este oleoducto de casi 600 kilómetros conectará la cuenca neuquina con la costa de Río Negro, terminando en una terminal de exportación. Sobre finales de este año se espera que el oleoducto se ponga en marcha y genere una evacuación adicional de 190.000 barriles diarios. Sobre mediados de 2027, la capacidad de VMOS ya podría ubicarse en torno a los 390.000 barriles por día. Aprobado en el marco del RIGI en marzo de 2025, se espera que el proyecto genere un nuevo salto exportador para la energía argentina. Con ello, en 2027 las exportaciones de energía podrían proyectarse por encima de los US$ 18.500 millones.

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El superávit comercial no alcanza: intereses, turismo y fuga de divisas absorbieron gran parte de los dólares generados en mayo

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El balance cambiario de mayo dejó una fotografía con claroscuros para la economía argentina. Mientras el fuerte desempeño de las exportaciones, impulsadas principalmente por el complejo agroexportador y el sector energético, permitió revertir el déficit de la cuenta corriente cambiaria y sostener un importante superávit comercial, la salida de divisas por turismo, pago de intereses, utilidades y formación de activos externos continúa erosionando buena parte de esos dólares.

Así lo sostiene el último informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado sobre la base de los datos oficiales del Banco Central, que pone el foco en la composición del resultado cambiario más allá del saldo positivo de la balanza comercial.

En mayo de 2026, la balanza de bienes registró un superávit de USD 4.322 millones, explicado por un aumento interanual de las exportaciones y una fuerte caída de las importaciones. El 67% de ese saldo provino del complejo oleaginoso-cerealero, que aportó USD 2.892 millones, mientras que el sector petrolero sumó otros USD 1.599 millones gracias al fuerte crecimiento de las exportaciones energéticas.

No obstante, el propio estudio advierte que el aporte del sector energético podría enfrentar mayores desafíos durante los próximos meses ante la caída del precio internacional del petróleo, un factor que podría moderar el ingreso de divisas por exportaciones.

El mayor ingreso de dólares por comercio exterior permitió que la cuenta corriente cambiaria volviera a terreno positivo por segundo mes consecutivo. En mayo alcanzó un superávit de USD 1.877 millones, impulsado casi exclusivamente por el desempeño de la balanza comercial. Desde enero de 2024, el superávit acumulado de bienes asciende a USD 50.917 millones, aunque la cuenta corriente apenas acumula USD 802 millones positivos, reflejando el peso que tienen otros componentes de la salida de divisas.

Precisamente allí aparece uno de los principales ejes del informe. Según el CEPA, durante mayo los pagos por intereses, el déficit turístico y la remisión de utilidades consumieron el equivalente al 58% del superávit comercial del mes.

La balanza turística volvió a mostrar un rojo significativo. Solo en mayo registró un déficit de USD 855 millones considerando consumos con tarjetas, viajes y transporte de pasajeros, mientras que en los primeros cinco meses del año acumula un saldo negativo de USD 4.131 millones, aunque inferior al registrado durante igual período de 2025.

A ello se suma la creciente demanda de divisas por utilidades y dividendos. Durante mayo las empresas remitieron al exterior USD 484 millones por este concepto, elevando el acumulado de los primeros cinco meses del año a USD 1.841 millones. Desde diciembre de 2023, la salida neta por utilidades ya supera los USD 2.480 millones.

El estudio también pone la lupa sobre una tendencia estructural. Desde diciembre de 2023, la balanza comercial acumuló USD 54.298 millones de superávit. Sin embargo, una vez descontados los pagos de intereses de deuda y el déficit turístico, ese resultado se reduce a apenas USD 5.547 millones. En otras palabras, intereses y turismo absorbieron cerca del 90% del saldo comercial generado durante el período.

En paralelo, el Banco Central logró incrementar sus reservas durante mayo gracias a una combinación de endeudamiento privado, mayores exportaciones y un nuevo desembolso del Fondo Monetario Internacional. La cuenta financiera cambiaria registró un superávit de USD 1.763 millones, permitiendo un aumento mensual de las reservas internacionales de USD 3.646 millones.

Sin embargo, el informe advierte que buena parte de esos ingresos financieros terminaron financiando la creciente formación de activos externos (FAE), es decir, la compra de divisas por parte del sector privado. Entre enero y mayo de 2026 la dolarización de activos alcanzó USD 10.893 millones, mientras que desde la unificación cambiaria acumula USD 43.764 millones.

Para el CEPA existe una correlación prácticamente directa entre el incremento del endeudamiento y la salida de capitales. Desde diciembre de 2023 el endeudamiento neto aumentó USD 42.595 millones —entre deuda pública y privada—, una cifra muy similar a los USD 40.591 millones acumulados por la formación de activos externos durante el mismo período.

El comportamiento de las personas físicas ocupa un lugar central en esta dinámica. Solo durante mayo, las denominadas “Personas Humanas” compraron divisas por USD 2.212 millones, prácticamente la totalidad de la formación de activos externos del mes. Desde diciembre de 2023 acumulan compras netas por USD 47.804 millones, mientras que el resto del sector privado no financiero registró un desatesoramiento debido a las restricciones que aún mantienen las empresas para acceder plenamente al mercado cambiario.

Otro aspecto que destaca el informe es la persistente debilidad de la inversión extranjera directa. En mayo volvió a registrar un saldo negativo de USD 798 millones, explicado principalmente por la salida de capitales del sector petrolero. De esta manera, desde el inicio de la actual administración el flujo acumulado de inversión extranjera permanece en terreno negativo, con una desinversión neta superior a los USD 1.180 millones.

Respecto del financiamiento internacional, el CEPA señala que desde la unificación cambiaria el ingreso neto proveniente de organismos multilaterales alcanzó USD 21.327 millones, de los cuales cerca del 73% corresponde a desembolsos del Fondo Monetario Internacional.

En ese contexto, el informe concluye con un dato que sintetiza la tensión cambiaria del actual esquema económico. Durante los primeros cinco meses de 2026, las compras de divisas realizadas por personas humanas alcanzaron USD 14.033 millones, un monto 26% superior al ingreso neto generado por el complejo oleaginoso y cerealero en igual período. Además, la formación de activos externos acumulada desde abril de 2025 equivale al 282% de todos los desembolsos efectuados por el FMI bajo el programa vigente.

Informe de Balance Cambiario BCRA Junio 2026 by CristianMilciades

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Caputo: “Argentina ya cambió y no va a volver al pasado”

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La exposición del ministro de Economía, Luis Caputo, en el Meeting 2026 de BATEV dejó una definición que busca condensar la narrativa oficial de la actual gestión: “Argentina ya cambió y no va a volver al pasado”. La frase no fue casual. Llegó en un momento en el que el Gobierno intenta consolidar la percepción de que la estabilización macroeconómica logró dejar atrás los desequilibrios que marcaron la economía argentina durante la última década y media, mientras busca proyectar una nueva etapa centrada en la inversión privada, la apertura económica y el crecimiento sostenido.

Ante empresarios vinculados a la construcción y el desarrollo inmobiliario, Caputo defendió los resultados del programa económico implementado por la administración de Javier Milei y aseguró que el país atraviesa una recuperación que ya se refleja en múltiples indicadores. Según sostuvo, tanto el Producto Bruto Interno como el consumo privado alcanzaron niveles máximos históricos, acompañados por una fuerte desaceleración inflacionaria y una mejora en los salarios reales.

El ministro ratificó que la estrategia de disciplina fiscal y monetaria seguirá siendo el eje central de la política económica. En ese sentido, afirmó que el Gobierno está convencido de que la inflación convergerá hacia niveles internacionales en los próximos meses, apoyada en el equilibrio de las cuentas públicas y la reducción de la emisión monetaria. Además, destacó la caída de la deuda consolidada del sector público y aseguró que se trata de un fenómeno inédito en la historia reciente argentina.

Uno de los aspectos centrales de su discurso estuvo vinculado al sector externo. Caputo sostuvo que la apertura económica y la eliminación de restricciones al comercio están generando un escenario diametralmente opuesto al de los años previos. Según su visión, mientras los modelos anteriores provocaron caída de exportaciones, estancamiento del empleo privado y aumento de la pobreza, el esquema actual impulsa una mayor competencia que beneficia a consumidores y empresas mediante mejores precios y mayor calidad de bienes y servicios.

Como respaldo de esa tesis, remarcó que la Argentina registra niveles récord en exportaciones energéticas y mineras, sectores considerados estratégicos para la generación de divisas en los próximos años. También destacó el desempeño de las exportaciones agropecuarias, que muestran una expansión cercana al 70% en tendencia-ciclo, así como el crecimiento de las manufacturas de origen industrial, que exhiben una mejora del 20%. A ello sumó el desempeño de la economía del conocimiento y las exportaciones de pequeñas y medianas empresas, que según el funcionario se encuentran en máximos históricos.

El mensaje tuvo además un fuerte componente orientado a mostrar normalización financiera. Caputo recordó que hasta hace pocos años el país convivía con cepo cambiario, brechas superiores al 200% y restricciones para importar o girar utilidades al exterior. En contraste, aseguró que el Banco Central logró en apenas cinco meses cumplir la meta anual de acumulación de reservas comprometida con el Fondo Monetario Internacional y continúa fortaleciendo su posición externa.

En materia laboral, el titular del Palacio de Hacienda defendió la recientemente reglamentada Ley de Modernización Laboral. Consideró que la reforma generará incentivos para la contratación formal al reducir significativamente los costos asociados a la incorporación de trabajadores. Según explicó, las cargas vinculadas a nuevas contrataciones bajaron de alrededor de 19 puntos porcentuales a apenas 2, un cambio que, según el Gobierno, favorecerá la creación de empleo privado registrado.

Caputo también vinculó la estabilización económica con una mejora social. Aseguró que entre 12 y 14 millones de argentinos salieron de la pobreza desde el inicio de la gestión, lo que equivale a una reducción cercana al 25% de la población en situación de vulnerabilidad. Sobre esa base, planteó que la próxima etapa estará enfocada en profundizar la baja de impuestos, reducir el costo del crédito, mejorar la infraestructura y acelerar la llegada de inversiones productivas.

Más allá de los datos económicos, el discurso tuvo un claro contenido político. El ministro buscó transmitir previsibilidad a los sectores empresarios y reforzar la idea de irreversibilidad del rumbo económico. “Perderle el miedo al pasado” fue la consigna elegida para convocar al sector privado a incrementar inversiones en un contexto donde el oficialismo considera que las reformas estructurales comienzan a consolidarse.

La intervención en BATEV también dejó entrever el desafío central que enfrenta el Gobierno: transformar la estabilidad macroeconómica en crecimiento sostenido de la inversión y el empleo. En un país históricamente marcado por ciclos de expansión y crisis, el mensaje de Caputo apunta precisamente a instalar que esta vez el cambio de rumbo no sería transitorio, sino el punto de partida de un nuevo modelo económico.

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Arriazu ve una oportunidad histórica para Argentina: “Los planetas están alineados si no chocamos la calesita”

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En medio de una de las etapas más complejas para la industria de la construcción, el economista Ricardo Arriazu eligió transmitir un mensaje que combinó diagnóstico duro y optimismo estratégico. Durante la 71° Convención Anual de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), sostuvo que Argentina atraviesa una oportunidad histórica de crecimiento impulsada por el ordenamiento macroeconómico, el potencial exportador de la energía y la minería y una mejora sustancial de las cuentas externas. Sin embargo, dejó una advertencia que resume su mirada sobre el momento actual: “Los planetas están alineados si no chocamos la calesita”.

La exposición estuvo marcada por una fuerte diferenciación entre el presente y el futuro de la economía argentina. Arriazu reconoció que la construcción atraviesa una situación crítica luego del desplome de la inversión pública y la ausencia de mecanismos de financiamiento de largo plazo, pero consideró que el sector podría convertirse en uno de los principales beneficiarios de un escenario de estabilidad económica sostenida.

“La participación de la construcción en el PBI llegó a ser del 25%, ahora está en el 3%, cuando el promedio mundial es del 6%”, señaló el economista, al describir la magnitud del retroceso. Según explicó, Argentina enfrenta además un déficit estructural en materia habitacional y un mercado hipotecario prácticamente inexistente. “Estamos invirtiendo menos que la depreciación de las viviendas”, afirmó, reflejando la pérdida de capacidad de acumulación de capital en uno de los sectores históricamente más dinámicos de la economía.

Para Arriazu, la recuperación de la construcción depende de una condición indispensable: la eliminación definitiva de la inflación. Sin estabilidad de precios, sostuvo, resulta imposible reconstruir el crédito hipotecario y desarrollar instrumentos financieros de largo plazo que permitan movilizar inversiones.

Mientras ese proceso madura, propuso avanzar con sistemas de financiamiento indexados, aunque reconoció las limitaciones actuales. “Hay que utilizar un sistema indexado, pero el salario no acompaña y los bancos no tienen fondeo”, explicó. En ese sentido, planteó la necesidad de crear mecanismos de compensación que permitan equilibrar la evolución de ingresos y cuotas.

El economista también apuntó contra la falta de instrumentos de ahorro de largo plazo, un problema que considera central para financiar el desarrollo. En particular, cuestionó el deterioro de herramientas como el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) y los sistemas de seguros, históricamente utilizados para canalizar recursos hacia proyectos de infraestructura y vivienda. Su propuesta fue reducir la exposición del FGS a títulos públicos y direccionar parte de esos recursos hacia la actividad constructiva.

Sin embargo, la parte más contundente de su presentación estuvo vinculada a las perspectivas macroeconómicas. Arriazu aseguró que el país atraviesa una transformación estructural que podría modificar décadas de restricciones externas recurrentes. A diferencia de otros ciclos de crecimiento que terminaron en crisis cambiarias, sostuvo que la expansión actual podría apoyarse en una oferta genuina de divisas proveniente de sectores altamente competitivos a nivel internacional.

En esa línea, corrigió significativamente sus propias estimaciones sobre el desempeño externo de la economía. Mientras inicialmente proyectaba un superávit comercial de 13.500 millones de dólares para este año, ahora estima que la cifra podría alcanzar los 20.000 millones de dólares, acompañada incluso por un saldo positivo en la cuenta corriente.

La explicación se encuentra en el fuerte crecimiento de las exportaciones. Según sus cálculos, Argentina sumará este año alrededor de 20.000 millones de dólares adicionales por ventas al exterior, impulsadas principalmente por una cosecha agrícola récord y el avance de los complejos energético y minero.

Desde su perspectiva, el país está transitando un profundo cambio en la estructura productiva. Históricamente, explicó, el esquema económico argentino favoreció a determinados sectores mediante subsidios y protección, generando distorsiones que limitaron la competitividad general. La nueva etapa implica un proceso simultáneo de destrucción y creación de actividades económicas.

Allí aparece uno de los principales desafíos de la transición. Los sectores que actualmente generan dólares —energía, minería y agroindustria— demandan relativamente poca mano de obra, mientras que actividades intensivas en empleo como la construcción, el comercio y parte de la industria todavía enfrentan dificultades. “El problema es entrar en el péndulo del ajuste y salir de él. Hoy es clave cómo me adapto, cómo cambio hacia sectores que van a crecer”, planteó.

Respecto de la política cambiaria, Arriazu respaldó la estrategia oficial y consideró que una devaluación brusca hubiera puesto en riesgo todo el programa económico. “Devaluar hubiera tirado todo el programa al demonio”, afirmó, al tiempo que defendió la apreciación relativa del peso como una consecuencia natural de un proceso exitoso de estabilización.

Su argumento se basa en que los países que logran consolidar estabilidad macroeconómica suelen volverse más caros en términos internacionales. “Si Argentina tiene éxito, Argentina va a ser cara”, sostuvo. Para el economista, el principal obstáculo que aún persiste no es económico sino reputacional: “Tenemos los mejores números macro de América Latina, pero también el riesgo país más alto porque fuimos estafadores seriales”.

Esa referencia apunta directamente a la necesidad de reconstruir credibilidad institucional y financiera luego de décadas de defaults, reestructuraciones y cambios permanentes de reglas de juego. En su visión, la reducción sostenida del riesgo país será la llave para destrabar inversiones masivas en infraestructura, vivienda y producción.

La apuesta de largo plazo está puesta en el sector energético. Arriazu proyectó que para 2030 Argentina podría exportar más de 30.000 millones de dólares anuales únicamente por energía, una cifra que transformaría de manera estructural la disponibilidad de divisas y modificaría una de las principales restricciones históricas al crecimiento económico.

Por eso, más allá de los problemas coyunturales que enfrenta hoy la construcción, el economista llamó a los empresarios a mirar el horizonte estratégico. Su mensaje final fue una síntesis de advertencia y esperanza: Argentina cuenta con recursos naturales, capacidad exportadora y condiciones macroeconómicas que podrían abrir un ciclo de crecimiento sostenido. La incógnita, según planteó, no está en las oportunidades sino en la capacidad política y social para aprovecharlas.

“Los planetas se alinearon. Tenemos una oportunidad espectacular. Pero Argentina tuvo muchas veces oportunidades que desperdició. Espero que esta vez la aprovechemos”, concluyó.

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La macroeconomía de “dos velocidades”: el superávit récord de USD 2.711 millones y el desplome de insumos industriales

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Impulsado por el sector energético y la minería extractiva, el Intercambio Comercial Argentino (ICA) registró un saldo histórico en abril de 2026, acumulando un superávit cuatrimestral de USD 8.277 millones. Para el sector privado del NEA, la contracción del 17,4% en la importación de piezas y accesorios para bienes de capital expone el enfriamiento de la industria maderera y yerbatera local, disociada del auge de las divisas de Vaca Muerta.

Las cifras estimadas por el INDEC revelan que el comercio exterior argentino opera bajo una dinámica dual. Mientras las exportaciones totales treparon un 33,6% interanual, alcanzando un récord de USD 8.914 millones , las importaciones retrocedieron un 4,0% , traccionadas por la recesión interna. Esta ganancia en los términos del intercambio, que inyectó USD 520 millones netos al Banco Central por la mejora de precios de exportación frente a los de importación, contrasta con la realidad de las PyMEs del norte, que enfrentan dificultades impositivas y de financiamiento para renovar bienes de capital en un mercado interno que aún no despega.

Geografía de los despachos: el NEA en el fondo del mapa exportador

El informe desagregado del Origen Provincial de las Exportaciones (OPEX) desnuda las asimetrías estructurales de la Argentina. La región Pampeana lidera con USD 5.670 millones explicados por el maíz y la soja , seguida por la Patagonia con USD 1.750 millones impulsados por el petróleo crudo. En el extremo opuesto, la región del Noreste (NEA) aportó apenas USD 105 millones en abril, donde Misiones facturó USD 38 millones. De ese total provincial, USD 21 millones correspondieron a Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) —esencialmente yerba mate y té— y USD 11 millones a Manufacturas de Origen Industrial (MOI) vinculadas al complejo maderero.

Radiografía del intercambio comercial (Abril 2026)

Combustibles y Energía (CyE): Registró un incremento histórico del 85,9%, alcanzando los USD 1.554 millones a nivel nacional. El petróleo crudo y los carburantes fueron los dinamizadores del saldo , apalancados por un alza de cantidades del 53,2%.

Bienes de Capital (BK): Las compras externas de maquinaria clave para la inversión productiva cayeron un 5,9% interanual a nivel nacional , reflejando la postergación de proyectos de equipamiento en las industrias manufactureras de Misiones.

Piezas y Accesorios (PyA): El desplome del 17,4% en la importación de partes para bienes de capital se acentuó con una contracción en cantidades del 22,8% , exponiendo el parate en el mantenimiento de plantas industriales fuera del sector extractivo.

Fletes Internacionales: El valor unitario del flete se ubicó en USD 85,4 por tonelada, una reducción del 19,5% interanual , lo que alivia parcialmente el costo de importación de insumos químicos para la foresto-industria provenientes de China.

El sesgo fronterizo: Misiones frente al centralismo energético

Para la economía del misionero, el superávit récord de la balanza comercial funciona como una abstracción macroeconómica. Mientras que en Buenos Aires la caída en las importaciones de combustibles y lubricantes (-45,4%) alivia el gasto fiscal del Estado nacional, en las fronteras de Misiones con Brasil y Paraguay rigen las asimetrías fronterizas. El flete de larga distancia interno —encarecido por la falta de redes ferroviarias— actúa como un impuesto extra sobre el poroto de soja paraguayo que ingresa temporalmente para industrialización nacional (partida que representó el 7,0% de las importaciones totales en abril).

A nivel regional, el Mercosur arrojó un déficit de USD 353 millones para la Argentina , explicado por la necesidad de adquirir insumos industriales y vehículos de pasajeros desde Brasil (socio que proveyó el 71,0% de las compras al bloque). Para el comercio formal misionero, la paridad cambiaria en la frontera sigue siendo el factor crítico: el dinamismo exportador de los sectores extractivos de la Patagonia y Cuyo aprecia el tipo de cambio real, restando competitividad a las economías regionales no energéticas frente al real brasileño y al guaraní paraguayo.

La proyección de las consultoras anticipa un superávit comercial próximo a los USD 20.000 millones para el cierre de 2026, sustentado en la performance de Vaca Muerta y la minería. El tomador de decisiones en Misiones debe vigilar si este flujo de divisas estabiliza el mercado de cambios sin provocar un atraso cambiario crónico. La clave para la provincia será observar si la baja internacional en los costos de fletes portuarios logra trasladarse a las tarifas logísticas del transporte terrestre local, el único canal viable para que el complejo foresto-industrial misionero recupere márgenes de utilidad en los mercados externos de la Unión Europea y el USMCA.

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