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Negocios: el consumo deja de hundirse, pero los mayoristas siguen comprando con freno

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En supermercados y autoservicios mayoristas, el segundo trimestre arranca con una sensación ambigua. La encuesta del INDEC muestra que lo peor del humor empresario podría haber quedado atrás, pero la mejora todavía no se traduce en decisiones expansivas. El Indicador de Confianza Empresarial se ubicó en -6,2% en marzo: sigue en terreno negativo, aunque bastante menos deteriorado que la industria y lejos de los pisos observados en etapas más críticas de la serie. Es un dato que habla más de estabilización que de rebote.

La foto actual del sector sigue siendo adversa. En marzo, 37,3% de las empresas definió como mala su situación comercial, mientras apenas 5,3% la evaluó como buena. El balance fue de -32,0%, lo que confirma que el negocio aún opera bajo tensión. Sin embargo, cuando se consulta por el trimestre abril-junio, el resultado cambia de signo: 16,0% espera una mejora, 14,7% prevé un empeoramiento y 69,3% cree que todo seguirá igual. El balance positivo, de 1,3%, es mínimo, pero rompe con la lógica enteramente contractiva.

Esa diferencia entre presente malo y futuro apenas mejor ilustra bastante bien el momento del comercio mayorista. Las empresas ya no esperan un desplome adicional, pero tampoco muestran convicción suficiente como para acelerar compras, ampliar dotaciones o asumir riesgos operativos. De hecho, el dato más elocuente de esa prudencia aparece en la relación con proveedores: para los próximos tres meses, apenas 1,3% de las firmas espera aumentar el volumen de pedidos, mientras 24,0% prevé una reducción. El balance se hunde a -22,7%. En lenguaje de negocios, esto significa que los mayoristas no están apostando a una recomposición vigorosa de ventas.

También los stocks revelan una lógica defensiva. En marzo, 25,3% de las empresas dijo tener existencias por debajo de lo normal, contra 13,3% que las ubicó por encima, con un balance de -12,0%. No parece tratarse de una sobreacumulación, sino más bien de inventarios administrados con cautela, coherentes con un mercado que todavía no garantiza una demanda firme.

La principal limitación para expandir la actividad comercial sigue siendo, con claridad, la demanda. El 58,7% de las firmas la ubicó como el factor que más restringe el crecimiento del negocio. Es un peso incluso mayor que el registrado tres meses atrás, cuando marcaba 55,8%. El segundo factor, bastante más atrás, es el costo laboral, con 17,3%, aunque en este caso cayó fuerte respecto del 28,6% previo. En cambio, el costo de financiamiento subió de 3,9% a 6,7%, lo que sugiere que, aunque la demanda es el problema dominante, el frente financiero vuelve a ganar relevancia en la gestión cotidiana.

La situación financiera de las empresas no aparece colapsada, pero sí bajo presión. Solo 9,3% la considera buena, mientras 24,0% la define como mala; el balance es de -14,7%. El acceso al crédito, además, sigue siendo claramente restrictivo: apenas 2,7% lo califica como fácil y 30,7% como difícil, con un balance de -28,0%. Para un sector que opera con márgenes finos, alta rotación y necesidad permanente de capital de trabajo, esa restricción es decisiva.

Un aspecto interesante del informe es el comportamiento de la competencia. En los últimos tres meses, 20,0% de las firmas dijo que aumentó la competencia en su sector, contra 6,7% que percibió una disminución, con un balance de -13,3%. En otras palabras, aun con demanda floja, el mercado sigue tensionado por jugadores que disputan volumen, precio y participación. Esa mayor presión competitiva suele traducirse en promociones, menores márgenes y estrategias más agresivas para sostener flujo de ventas.

El dato más sensible del relevamiento, quizá, está en el empleo. Para los próximos tres meses, ninguna firma prevé aumentar la cantidad de personas empleadas; 76,0% cree que no habrá cambios y 24,0% espera una reducción. El balance es de -24,0%, uno de los registros más duros del informe. Es una señal inequívoca: aun cuando la expectativa sobre la situación comercial deja de ser negativa, el sector no está dispuesto a traducir esa mejora marginal en nuevas contrataciones. Al contrario, sigue priorizando eficiencia y ajuste.

En precios, la dinámica continúa muy activa. Durante el último mes, 65,3% de las empresas afirmó haber aumentado sus precios promedio de venta y solo 1,3% dijo haberlos bajado. Hacia adelante, para el próximo trimestre, 69,3% espera nuevas subas, 29,3% cree que permanecerán sin cambios y 1,3% proyecta bajas. El mensaje es claro: aunque la demanda siga siendo el principal problema, la recomposición de precios no se detiene.

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Analytica registra suba moderada en alimentos y proyecta inflación del 2,9% en abril

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Los precios de alimentos y bebidas mostraron una suba del 0,2% en la tercera semana de abril, según el relevamiento de la consultora Analytica sobre cadenas de supermercados a nivel nacional. Con este dato, el promedio de las últimas cuatro semanas se ubicó en 1,4%, mientras que la proyección para el nivel general de precios del mes alcanza el 2,9%.

El registro se inscribe en un contexto donde la dinámica inflacionaria continúa bajo seguimiento del Gobierno y de los mercados, con foco en la evolución de los precios minoristas y su impacto en el consumo.

Desaceleración relativa en el corto plazo

El informe refleja una variación semanal acotada, aunque con heterogeneidad entre regiones. Las menores subas se registraron en el NOA y Cuyo, con incrementos del 0,1%, mientras que la Patagonia encabezó las alzas con un 0,3%.

A nivel agregado, el dato de 1,4% en cuatro semanas sugiere una desaceleración respecto a períodos previos, aunque el traslado a la inflación mensual proyectada (2,9%) indica que la presión sobre precios persiste.

Qué rubros empujan los precios

En el desglose por categorías, los mayores incrementos se concentraron en pescados y mariscos, con una suba del 2,6% en el promedio de cuatro semanas, seguidos por azúcar, dulces y chocolates, que avanzaron 2,3%.

En el otro extremo, los menores aumentos se verificaron en pan y cereales (+0,7%) y en el rubro de otros alimentos —que incluye salsas y snacks— con un 1,2%. Las frutas, por su parte, registraron una caída del 1,4%, constituyendo la única categoría con variación negativa en el período.

Precios bajo monitoreo

El comportamiento de los alimentos se mantiene como una variable central en la agenda económica. La moderación en la variación semanal puede leerse como un dato relevante para el Gobierno en términos de expectativas inflacionarias, aunque la proyección mensual cercana al 3% refleja que la desaceleración aún es parcial.

En este escenario, el seguimiento de precios en supermercados continúa siendo un indicador clave tanto para la política económica como para la percepción social del proceso inflacionario.

Consumo y poder adquisitivo

La evolución de los precios de alimentos impacta de forma directa sobre el poder adquisitivo, especialmente en los sectores de ingresos fijos. Subas más moderadas pueden aliviar parcialmente la presión sobre el consumo, aunque la dinámica acumulada sigue siendo un factor condicionante.

El comportamiento dispar entre rubros también influye en la composición del gasto, con alimentos básicos mostrando menor variación relativa frente a productos más específicos.

Escenario abierto

La evolución de las próximas semanas será determinante para confirmar si la desaceleración observada se consolida o si se trata de un comportamiento puntual. Variables como costos, dinámica cambiaria y consumo seguirán influyendo en la formación de precios.

El dato proyectado para abril marca un piso relevante para la inflación mensual, pero el comportamiento de los alimentos continuará siendo un factor clave para definir la tendencia en el corto plazo.

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California Supermercados ajusta su estrategia ante la retracción del consumo

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En un escenario de consumo en transformación, la cadena California Supermercados decidió reorientar su estrategia comercial con foco en productos frescos y opciones saludables, al tiempo que ajusta su dinámica de ventas frente a un cliente que compra más seguido y en menores cantidades.

La definición fue expuesta por el gerente operativo, Raúl Cáceres, quien confirmó que la empresa avanza en una política de fortalecimiento de la calidad en góndola, especialmente en rubros como verduras y legumbres, y en la incorporación progresiva de iniciativas vinculadas a la alimentación saludable en articulación con el Instituto de Previsión Social (IPS).

Reconfiguración del consumo y respuesta empresarial

El cambio no es aislado. Según lo planteado por la firma, la modificación en los hábitos de compra obliga a redefinir la lógica comercial: el consumo mensual cede lugar a compras diarias o más frecuentes, con menor volumen por operación.

Esa dinámica impacta directamente en la estrategia de abastecimiento y en la oferta de productos. “La gente no llena el chango como antes”, describió Cáceres, en referencia a una tendencia que también reconfigura la competencia entre marcas y categorías dentro del supermercado.

En paralelo, el uso de medios de pago digitales y financiamiento —tarjetas de crédito, QR y compras en cuotas— gana terreno incluso en productos de consumo básico, lo que refleja una mayor presión sobre el ingreso disponible.

Inflación y cambios en la canasta

El contexto inflacionario también se hace sentir en las decisiones de compra. Según lo indicado, los mayores ajustes se perciben en carnes y lácteos, dos rubros sensibles dentro de la canasta alimentaria.

Frente a ese escenario, el consumidor tiende a sustituir marcas o buscar alternativas más económicas dentro de la misma categoría. La respuesta del supermercado apunta a sostener variedad y calidad, evitando quiebres de stock y ofreciendo opciones dentro de distintos rangos de precios.

Al mismo tiempo, desde la empresa reconocen que existe un segmento de productos de alto valor que registra menor rotación, aunque aclaran que su incidencia dentro del total es acotada.

Estrategia comercial y articulación institucional

La decisión de avanzar hacia una oferta más orientada a lo saludable se implementará de manera gradual en los ocho locales de la cadena. La iniciativa incluye señalización específica en góndolas y acciones conjuntas con el IPS, en línea con experiencias previas como programas vinculados a alimentos para celíacos.

Desde la empresa remarcan que el objetivo es adaptarse a un consumidor que no solo ajusta su gasto, sino que también modifica sus preferencias alimentarias.

Consumo, precios y adaptación

El movimiento de California expone una tensión más amplia en el sistema comercial: la necesidad de sostener volumen de ventas en un contexto de menor poder adquisitivo y mayor sensibilidad a los precios.

En ese marco, las cadenas que logran adaptarse —ya sea mediante diversificación de marcas, financiamiento o segmentación de la oferta— consolidan su posicionamiento frente a competidores más rígidos.

A su vez, la articulación con organismos como el IPS introduce un componente institucional que busca ampliar el alcance de políticas de consumo, aunque su impacto dependerá de la implementación efectiva y la respuesta del público.

Consumo fragmentado y presión sobre alimentos

Aunque los datos corresponden a una cadena específica, la tendencia refleja un patrón más amplio en Misiones: compras más frecuentes, menor volumen y sustitución de productos.

Esto tiene implicancias directas en toda la cadena económica, desde proveedores hasta productores locales, especialmente en rubros sensibles como alimentos frescos.

La evolución del consumo en los próximos meses estará atada a variables clave como la inflación, los ingresos reales y las condiciones de financiamiento.

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Alimentos desaceleran en abril: el NEA registra las menores subas y modera la presión inflacionaria

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Los precios de alimentos y bebidas mostraron una suba del 0,3% durante la segunda semana de abril en cadenas de supermercados a nivel nacional, según un relevamiento privado. El dato relevado por la consultora Analytica consolida una variación promedio de 1,6% en las últimas cuatro semanas y se alinea con una proyección mensual del 2,8% para el nivel general de precios.

El registro introduce una señal de moderación en la dinámica inflacionaria, con diferencias regionales marcadas: el NEA y la Patagonia se ubicaron entre las zonas con menor variación, con subas del 0,2%, mientras que Cuyo lideró los incrementos con un 0,5%.

Precios bajo monitoreo: estabilidad relativa en el corto plazo

El dato semanal confirma una desaceleración en el ritmo de aumentos en alimentos, un componente clave dentro de la inflación general. En términos acumulados, el 1,6% en cuatro semanas refleja una tendencia más contenida respecto a períodos previos, aunque aún dentro de un escenario de subas sostenidas.

La proyección de 2,8% mensual para abril ubica a los alimentos como un factor relevante en la evolución del índice general, pero sin picos abruptos en el corto plazo.

Dispersión por rubros y comportamiento heterogéneo

El análisis por categorías muestra una dinámica desigual. En el promedio de cuatro semanas, los mayores aumentos se registraron en pescados y mariscos (+3,6%) y en azúcar, dulces y chocolates (+2,5%).

En contraste, otros alimentos —que incluyen salsas y snacks— subieron 1,3%, mientras que pan y cereales mostraron un incremento más moderado del 0,9%. El dato distintivo es la baja en frutas (-1,1%), único rubro con variación negativa en el período.

Esta dispersión refleja cambios en los precios relativos dentro de la canasta alimentaria.

Inflación contenida pero aún presente en agenda

El comportamiento de los alimentos sigue siendo un indicador sensible para la política económica. La desaceleración semanal puede leerse como una señal favorable para el Gobierno en términos de expectativas, aunque el nivel de suba mensual proyectado mantiene la inflación como un eje central de la agenda.

El dato regional también aporta una dimensión política: la menor variación en el NEA sugiere una dinámica de precios más contenida en esa zona, aunque sin alterar el cuadro general.

Consumo bajo presión moderada

La evolución de los precios de alimentos tiene un efecto directo sobre el poder adquisitivo. Subas más moderadas pueden aliviar parcialmente la presión sobre el consumo, aunque el impacto depende de la evolución de los ingresos reales.

La caída en frutas y la menor suba en productos básicos como pan y cereales podrían influir en la composición del gasto de los hogares.

El NEA entre las zonas con menor inflación alimentaria

El NEA registró una suba del 0,2% en la semana, ubicándose entre las regiones con menor variación de precios. Sin datos desagregados por provincia, el dato sugiere una menor presión inflacionaria en alimentos respecto a otras zonas del país.

En economías regionales como Misiones, donde el consumo interno tiene un peso significativo, la evolución de estos precios incide directamente en la dinámica comercial.

Inflación en transición

La evolución de abril se mantiene en observación. Entre las variables a seguir se encuentran la continuidad de la desaceleración semanal, la estabilidad en rubros clave y el comportamiento regional.

El dato proyectado del 2,8% mensual marcará el pulso del mes, en un contexto donde la inflación sigue siendo un indicador determinante para la economía y la política.

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Caputo se alinea con supermercados y pone en la mira a las tasas municipales

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El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, encabezó una reunión con representantes de las principales cadenas de supermercados, donde emergió un diagnóstico que trasciende lo sectorial: las tasas municipales aparecen como el principal factor que hoy afecta la actividad. El encuentro, del que también participó el secretario de Coordinación Productiva, Pablo Lavigne, instala una tensión política de fondo entre Nación y gobiernos locales. ¿Se trata de un reclamo puntual o del inicio de una disputa más amplia por la presión impositiva en distintos niveles del Estado?

Un reclamo concreto que escala en la agenda económica

Según detalló el propio ministro, los supermercadistas identificaron a las tasas municipales como el principal problema que enfrentan. El cuestionamiento no apunta solo al nivel de carga, sino también a su justificación: sostienen que no existe una contraprestación clara que legitime esos cobros.

El planteo adquiere volumen al incorporar cifras específicas. En algunos municipios, las tasas alcanzan niveles que superan el 6%, con adicionales que elevan la carga total. En otros casos, se suman contribuciones vinculadas a fondos educativos, tasas ambientales o cargos adicionales que impactan directamente en los costos operativos y, por extensión, en los precios al consumidor.

El dato no es menor: el sector supermercadista funciona como termómetro de precios en la economía. Cualquier presión sobre sus costos tiene impacto inmediato en la cadena de consumo.

La dimensión institucional: Nación vs. municipios

El eje del conflicto no se limita a una discusión económica. Introduce un debate institucional sobre la estructura tributaria en Argentina. Mientras el Gobierno nacional avanza con un discurso de reducción de impuestos y costos, los municipios aparecen como un nivel donde la presión fiscal se mantiene o incluso crece.

Caputo fue explícito al señalar que estas tasas “no corresponden” cuando no tienen contraprestación, lo que abre una discusión jurídica y política sobre su legitimidad. En ese marco, la Casa Rosada empieza a construir un argumento que puede escalar más allá del sector supermercadista.

La participación de grandes cadenas —Cencosud, Carrefour, Changomás, Coto, Día y La Anónima— refuerza el peso del reclamo. No se trata de actores marginales, sino de empresas con fuerte incidencia en el consumo masivo.

Presión sobre intendentes y alineamiento empresario

El encuentro deja ver un alineamiento táctico entre el Gobierno nacional y el sector privado frente a los gobiernos locales. La estrategia parece clara: visibilizar el impacto de las tasas municipales en los precios para trasladar el costo político hacia los intendentes.

En ese esquema, los municipios quedan expuestos como responsables de una parte de la carga que incide en la inflación minorista. Es un movimiento que puede reconfigurar la discusión pública sobre dónde se concentran los costos del sistema impositivo.

Para el oficialismo, el beneficio es doble. Por un lado, canaliza reclamos empresarios. Por otro, refuerza su narrativa de que la presión fiscal no proviene exclusivamente del nivel nacional.

Disputa fiscal y efectos en precios

Lo que sigue dependerá de cómo evolucione esta tensión. Si el Gobierno decide avanzar más allá del diagnóstico, podría impulsar medidas o presionar políticamente para revisar esquemas municipales.

Al mismo tiempo, el impacto en precios será una variable clave. Si las tasas continúan trasladándose a los costos, el conflicto puede adquirir mayor visibilidad en el debate inflacionario.

El encuentro dejó un mensaje político claro, pero también abrió un frente complejo. La discusión sobre quién cobra impuestos —y cuánto— vuelve al centro de la escena, esta vez con actores y niveles de gobierno en tensión.

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