sustitución de importaciones

Cómo la mandioca está impulsando la innovación y el empleo en Misiones

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La mandioca, una raíz profundamente arraigada en la historia alimentaria del nordeste argentino, atraviesa un proceso de transformación que empieza a redefinir su papel en la economía regional. De alimento básico de subsistencia, pasa a posicionarse como un insumo estratégico con potencial industrial, capaz de generar valor agregado y abrir nuevos mercados.

Durante siglos, este cultivo acompañó la vida cotidiana de comunidades originarias y colonos, consolidándose como uno de los pilares de la identidad agrícola misionera. Hoy, Misiones concentra la mayor producción del país y busca dar un salto cualitativo: avanzar en la industrialización para sofisticar la cadena de valor y mejorar los ingresos de los productores.

En ese marco, la provincia puso en marcha un Laboratorio de Análisis y Desarrollo de Alimentos en Puerto Rico, una herramienta clave para impulsar innovación, generar nuevos productos y ampliar las oportunidades comerciales. La apuesta es clara: pasar de vender materia prima a desarrollar una industria con mayor contenido tecnológico.

Actualmente, cerca de la mitad de la producción de mandioca en Misiones se destina al consumo fresco, mientras que el resto —alrededor de 15 millones de kilos— se industrializa en forma de almidón, utilizado tanto en la industria alimentaria como en el sector farmacéutico. Este esquema muestra una base ya consolidada sobre la cual se proyecta el crecimiento.

Tradición productiva con base tecnológica

La mandioca (manihot esculenta) mantiene prácticas de cultivo tradicionales, como la reproducción por gajos en lugar de semillas, lo que permite preservar variedades adaptadas a los suelos y condiciones locales. Esta combinación entre conocimiento ancestral y desarrollo técnico aparece como una de las fortalezas del sistema productivo.

Los registros históricos muestran que su uso en la región se remonta al siglo XVI, cuando cronistas europeos documentaron su importancia en la dieta de los pueblos originarios. Desde entonces, ha sido un cultivo central para miles de pequeños productores.

Hoy, esa base productiva se organiza en torno a un clúster integrado por 14 empresas y entre 2.000 y 3.000 productores, con el objetivo de coordinar esfuerzos, mejorar la competitividad y acelerar la innovación en toda la cadena.

“Esta iniciativa cuenta con financiamiento provincial, municipal y del sector privado. El objetivo principal es el desarrollo de nuevos productos a base de mandioca”, explicó el ministro de Industria, Federico Fachinello.

Más allá de su consumo tradicional, la mandioca gana terreno en nuevos segmentos. Además de su uso en alimentos como la chipa, su fécula es utilizada como excipiente en medicamentos y comienza a explorarse en aplicaciones industriales, como adhesivos, en reemplazo de insumos importados.

El desarrollo de nuevos productos ya muestra resultados concretos. Empresas del clúster, como Raiza, avanzan con snacks de mandioca que lograron buena recepción en el mercado, abriendo una nueva línea de consumo con mayor valor agregado.

“Necesitamos innovar para crear nuevos alimentos y llegar a cada vez más lugares”, señaló Fachinello, quien subrayó que este proceso impacta tanto en la industria como en los pequeños productores.

Sin embargo, persisten desafíos estructurales. Uno de los principales es la carga impositiva: la fécula de mandioca tributa un 21% de IVA, mientras que otras féculas similares tienen una alícuota del 10,5%. Este diferencial limita la competitividad y es uno de los puntos en agenda para potenciar la expansión hacia mercados como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.

Un cultivo con potencial de escala

El nuevo laboratorio busca convertirse en un puente entre el conocimiento científico, la producción primaria y la industria, generando innovación aplicada y promoviendo el desarrollo tecnológico local.

En este esquema, la mandioca aparece como un cultivo con capacidad de escalar más allá del mercado regional. La articulación entre Estado, empresas y productores permite proyectarla como un motor de desarrollo para el centro de Misiones, con impacto en la generación de empleo, la diversificación productiva y la sustitución de importaciones.

La transformación en marcha no es menor: implica pasar de una economía basada en el volumen a otra centrada en el valor. En ese camino, la mandioca deja de ser solo parte del paisaje rural para convertirse en una pieza clave de la nueva matriz productiva misionera.

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ATYPICØ el matcha argentino que nace en la selva misionera y apuesta al valor agregado

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Desde la selva misionera, Argentina suma un nuevo hito productivo con el lanzamiento de ATYPICØ, un matcha elaborado íntegramente en el país. En un contexto de fuerte crecimiento global de esta infusión y de dependencia casi total de productos importados, la iniciativa apunta a generar valor agregado local, diversificar la matriz agroindustrial y posicionar a Misiones en un segmento premium asociado al consumo saludable.

El té matcha se consolidó en los últimos años como una de las infusiones de mayor expansión a nivel mundial, impulsada por su visibilidad en redes sociales y su asociación con estilos de vida vinculados al bienestar. En el mercado argentino, esa tendencia comenzó a afirmarse, aunque con una particularidad: hasta ahora, la oferta dependía casi exclusivamente de productos provenientes de China o Japón. En ese escenario, la aparición de ATYPICØ introduce una alternativa de producción nacional, elaborada en la selva misionera bajo un modelo agroecológico y con estándares de calidad comparables a los de los principales productores internacionales.

La iniciativa se inscribe en un momento donde la discusión sobre sustitución de importaciones, agregado de valor en origen y diversificación productiva vuelve a ganar centralidad, especialmente en economías regionales como la de Misiones, históricamente asociadas a la yerba mate y al té tradicional.

Una apuesta productiva con identidad local

ATYPICØ nació con una premisa clara: desarrollar un matcha argentino con identidad propia. Así lo explicó Catalina Márquez Palacios, cofundadora y directora creativa del proyecto, quien destacó el objetivo de reinterpretar una tendencia global desde una lógica local. “La idea fue crear una propuesta local con identidad propia y divertida, pensada para reinterpretar una tendencia global pero a nuestra manera”, señaló.

Hija y nieta de misioneros, Márquez Palacios regresó al país tras varios años de trabajo en agencias creativas en el exterior para apostar por un emprendimiento con raíces en su provincia. El proyecto fue fundado junto a Axel Lerman, responsable de la estrategia comercial de la marca, y Leo Paredes, productor de yerba mate y conocedor del ecosistema agroindustrial misionero. Desde una industria tradicional, Paredes impulsó la innovación productiva, apostando al potencial de la tierra colorada para ampliar el horizonte de productos de origen local.

El nombre de la marca sintetiza su filosofía: hacer las cosas de manera distinta. Desde el diseño del packaging hasta el proceso productivo en campos libres de agroquímicos, ATYPICØ se posiciona como una alternativa frente a un mercado dominado por producciones masivas e industrializadas. El lema del proyecto resume ese enfoque: “De la tierra colorada y de las manos que la trabajan nace el primer matcha argentino”.

Valor agregado, consumo saludable y proyección regional

Más allá de su origen, el matcha argentino se destaca por sus propiedades funcionales. Su aporte de energía sostenida, asociado a la L-teanina, lo posiciona como una alternativa al café y al mate, al evitar picos de excitación o ansiedad. Rico en antioxidantes, es elegido tanto para el consumo diario —por sus beneficios en la piel y la digestión— como también como bebida de preentrenamiento, por brindar una energía limpia y estable.

Desde una perspectiva económica, el lanzamiento abre una oportunidad para reducir la dependencia de importaciones en un segmento en crecimiento y para generar encadenamientos productivos en la región. La estrategia de la marca prevé una expansión progresiva durante 2026 en cafeterías boutique, gimnasios, dietéticas y canales de comercio electrónico en todo el país. A mediano plazo, el objetivo es consolidar la presencia regional y avanzar en 2027 hacia otros mercados latinoamericanos, llevando el sello de la selva misionera y el valor agregado de un producto innovador hecho en Argentina.

La experiencia de ATYPICØ se suma así a los debates sobre el rol de las economías regionales en la generación de divisas, empleo y nuevas identidades productivas, en un contexto donde el consumo global de alimentos y bebidas saludables sigue marcando tendencias y oportunidades.

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