TASAS DE INTERÉS

Mora familiar: proponen bajar impuestos y usar créditos UVA para facilitar refinanciaciones

Compartí esta noticia !

El aumento de la morosidad se concentra principalmente en los créditos tomados por las familias y abrió un problema que excede la situación de cada deudor: si quienes hoy están en mora quedan excluidos del sistema financiero, también se restringe la capacidad futura de crédito de la economía. Un informe de IERAL de la Fundación Mediterránea plantea que la respuesta puede pasar por facilitar acuerdos voluntarios entre bancos y deudores, con una combinación de alivio impositivo y nuevas condiciones de financiamiento.

El aumento en la mora sigue siendo fuente de intensas polémicas. Además, ha motivado que tanto gobiernos provinciales como entidades financieras desplieguen acciones tendientes a facilitar la regularización. En este informe, continuidad del PAL 123, se sintetizan las intervenciones que desde una ley nacional podrían contribuir positivamente a crear un entorno favorable para que las deudas en mora sean refinanciadas.

Causas y consecuencias del aumento en la mora

Desde comienzos del año pasado se registra un intenso incremento en la proporción de créditos en estado de irregularidad. El fenómeno se concentra en los créditos a las familias, mientras que es mucho más moderado entre las empresas. Entre los principales factores causales cabe destacar:

  • Fuerte suba de tasas reales de interés, proceso que se inició por la incertidumbre previa a las elecciones legislativas y que, aun superada esta instancia política, se mantiene hasta el presente por el endurecimiento en la política monetaria.
  • Como consecuencia de un largo ciclo de inflación muy alta las familias tenían naturalizado que las cuotas de los créditos se licuaban con el aumento de los precios, facilitando el pago regular. El éxito en el proceso de desinflación eliminó este factor y contribuyó a aumentar las dificultades de las familias para cumplir con sus compromisos.
  • Persistencia del deterioro del mercado de trabajo, con importantes diferencias regionales que podrían explicar la evidencia de que los niveles de morosidad en cada una de las provincias muestran correlación con las variaciones en el poder adquisitivo de la masa de ingresos salariales (ver Gráfico 1).

De todas maneras, el fenómeno hay que contextualizarlo en el hecho de que el total del crédito en la Argentina es muy reducido y que, aun con el ascenso de la mora, la enorme mayoría de los créditos siguen en situación regular. El 96% del monto de los créditos a las empresas y el 87% del monto de créditos a familias se viene pagando regularmente, en muchos casos mediante un gran esfuerzo de los deudores. Esto hace que el volumen total que implica la mora es de dimensiones acotadas. No constituye un riesgo para el sistema financiero y mucho menos para la estabilidad macroeconómica.

Aun así, es justificada la preocupación que genera el tema y la consiguiente búsqueda de soluciones. En el corto plazo la razón principal es que resulta deseable evitar una situación conflictiva que afecta a muchas familias, además de tener derivaciones negativas sobre el sistema de crédito. Desde el punto de vista macroeconómico, el problema de la mora tiende a restringir la oferta y la demanda de crédito hacia adelante. Particularmente importante es evitar que mucha gente quede marginada del acceso al crédito formal. Se necesita crear las condiciones para que el crédito se expanda y que sea accesible a la mayoría de las familias y las empresas.

Por todos estos motivos conviene evaluar mecanismos de mercado que, simultáneamente, faciliten la refinanciación de contratos entre privados y generen espacio para un funcionamiento más fluido del mercado de crédito a futuro. La meta es generar alivio y reducir tensiones y, en el mediano plazo, contribuir a la fluidez del mercado de crédito y evitar que mucha gente quede con una calificación negativa que le impida a futuro acceder a nuevos créditos.

En esta lógica, es decir la de promover acuerdos de regularización, se inserta la reacción de la mayoría de las entidades financieras (ver Tabla 1). El proceso es liderado por bancos públicos, pero se extiende al resto de las entidades. La operatoria consiste en ofrecer a los deudores un nuevo crédito en condiciones más accesibles y, por lo tanto, facilitan la regularización. Para ello se ofrece ampliar plazos y moderar los intereses, incluyendo en algunos casos la variante de que el nuevo crédito se actualice por UVA. Esto permite reducir sustancialmente la incidencia de la cuota inicial en los ingresos del deudor.

Con el mismo objetivo la mayoría de los gobiernos provinciales anunciaron programas destinados a ofrecer paliativos a las familias con deuda en mora (ver Tabla 2). La orientación prevaleciente es utilizar fondos públicos para subsidiar la tasa de interés, pero también son varios los casos en que se apelan a reducir la carga impositiva para lograr el mismo resultado. CABA, Córdoba, Mendoza, La Pampa y Neuquén aplican beneficios impositivos sobre el préstamo, totales o parciales, en Ingresos Brutos y/o Sellos.

Los aportes de una ley nacional

Las iniciativas que buscan generar las condiciones para que los créditos en mora se refinancien voluntariamente son una manera eficiente de resolver el problema.

Se trata de normalizar la situación a través del esfuerzo compartido entre acreedores y deudores. Esto permitirá minimizar el impacto de la mora sobre sus estados financieros, en el caso de las entidades, y sobre los ingresos familiares y la capacidad de acceder al crédito en el futuro, en el caso de las personas.

El Estado no debería interferir en este proceso sino, por el contrario, facilitarlo. En este sentido cabe ponderar positivamente las iniciativas de los gobiernos provinciales, particularmente las que reducen la carga impositiva sobre los créditos refinanciados. La baja de tributos reduce el monto de las cuotas del nuevo crédito haciendo más fácil el acuerdo entre privados.

Dado que este proceso está en marcha y tiene la orientación correcta, ¿es factible diseñar intervenciones desde el Congreso que faciliten los acuerdos entre privados y no generen malos incentivos económicos? La respuesta es afirmativa, siempre que las intervenciones públicas respecten las siguientes restricciones:

No debe desincentivar la expansión del crédito a futuro. Las intervenciones no deben implicar forzar cambios en las condiciones de los créditos en mora que generen inseguridad jurídica y, por esta vía, desincentiven la oferta de crédito a largo plazo.

No debe generar incentivos que relajen a futuro las políticas de riesgo crediticio. Las intervenciones no deben operar como un salvataje a los acreedores, generando un antecedente que conduzca a una excesiva flexibilización en las condiciones crediticias a futuro.

No debe generar incentivos para un mayor incumplimiento futuro en los deudores. Las intervenciones deberían minimizar la generación de expectativas sobre nuevos salvatajes a deudores en mora en el futuro (riesgo moral).

No debe beneficiar a los deudores en mora respecto a los deudores al día con sus obligaciones. El objetivo de las intervenciones es facilitar la refinanciación de deudas en mora, pero sin perder de vista los intereses de la enorme mayoría de las familias que (en muchos casos con mucho esfuerzo) vienen pagando regularmente sus deudas y también el de quienes a futuro deseen o necesiten tomar deudas.

Deben evitar colisionar con el equilibrio fiscal. Las intervenciones no deberían tener costo fiscal, o si lo tienen, este debería ser mínimo.

Deben ser consistentes con una estrategia de largo plazo orientada a dinamizar la expansión del crédito. Es recomendable que las intervenciones destinadas al problema coyuntural de la mora sean un adelanto de intervenciones que lleven a resolver el problema estructural del subdesarrollo del mercado de créditos que padece la Argentina.

Considerando todas estas restricciones y tomando como antecedentes las acciones que ya vienen tomando las entidades financieras y los gobiernos provinciales, a través de una ley nacional se puede plasmar una estrategia que aliente y facilite los acuerdos privados de refinanciación de deudas en mora. Su principal rol es ordenar y potenciar lo que ya se viene ejecutando desde las entidades financieras y los gobiernos provinciales.

La principal medida es eliminar, inicialmente para los créditos de refinanciación, todos los tributos que encarecen la tasa de interés. Tratándose de deudas en situación de mora, es decir, que no se están pagando, una disposición de este tipo no tiene impactos fiscales relevantes. Por lo tanto, es un planteo consistente con mantener el equilibrio fiscal.

Para potenciar los efectos es importante que se aplique a todos los tributos. De manera directa, una ley nacional podría establecer la exención del IVA sobre las tasas de interés activas en los créditos que surjan de la refinanciación. Para que la
medida tenga mayor impacto es imprescindible que sea acompañada de similares disposiciones a nivel provincial y municipal. Dado que esto excede las incumbencias de una ley nacional y tomando en cuenta que varias provincias tomaron decisiones en este sentido, es recomendable que la exención del IVA sobre estos créditos esté condicionada a que la provincia involucrada haga lo mismo con el impuesto a los Ingresos Brutos (IIBB) y Sellos y que el municipio elimine la tasa o contribución que recae sobre ese crédito. La regla debería ser que para que los habitantes de una ciudad tengan el alivio impositivo es necesario que tanto la provincia como el municipio sigan la misma regla aplicada para el IVA.

El otro eje de intervención recomendable es establecer condiciones dentro del sistema financiero que faciliten la refinanciación de pasivos en mora a través de créditos UVA (más una tasa de interés), en lugar de nuevos créditos a tasa fija. Esta modalidad permite disminuir el monto de la cuota inicial potenciando el alivio que implica la triple exención impositiva.

Si bien algunos bancos ya están ofreciendo en algunos casos esta modalidad para la refinanciación, es recomendable generar las condiciones para que se amplíe. Para inducir una adopción más masiva hay que explorar alternativas para reducir los problemas de descalce en los bancos. Dentro de las herramientas disponibles, una alternativa es reducir los encajes (actualmente en niveles muy elevados) condicionado a que se usen los recursos liberados para fondear las refinanciaciones de los créditos en mora a través de préstamos en UVA más una tasa de interés moderada.

Combinando un crédito con actualización con UVA con la eliminación de impuestos aumenta la probabilidad de cumplimiento por parte de los deudores actualmente en mora, especialmente cuando el monto de la cuota representa una proporción relativamente alta de los ingresos del deudor. Si bien la reducción depende de una multiplicidad de variables, una simulación con supuestos razonables muestra que la cuota, gracias al impacto de estas dos intervenciones, se reduce sustancialmente (ver Recuadro 1).

Impactos sobre el monto de las cuotas

Tanto la baja de impuestos como la adopción de la modalidad UVA reducen el monto de la cuota y, por lo tanto, facilitan la posibilidad de que el nuevo préstamo que surge de la refinanciación sea cumplible por parte del deudor. A través de una simulación se puede ilustrar el alivio que representan estos cambios respecto al escenario actual, es decir, sin eliminación de impuestos y con aplicación de tasa fija de interés.

Se supone una deuda de $1 millón que es refinanciada a 36 meses. Se adopta como escenario base que el nuevo crédito paga una Tasa Nominal Anual (TNA) fija del 65% y se encuentra gravado por todos los impuestos. A los fines del ejercicio se supone la aplicación de IVA (21%), IIBB (8,5%), Sellos (1,2%) y Tasa Municipal (7%). Bajo estas hipotéticas condiciones, el Costo Financiero Total (CFT) resulta del 119%, la cuota arranca en $ 75 mil pesos y desciende hasta $ 64 mil pesos al final de la amortización del crédito.

Si ese mismo préstamo, tanto en plazo como en tasa de interés, se otorgase con la exención de todos los impuestos, su CFT baja a 75% y las cuotas resultan sustancialmente más bajas que en el escenario base con impuestos. El monto de la cuota inicial se reduce en un 25% respecto al escenario con impuestos y luego la brecha se reduce, pero sigue siendo de magnitudes importantes.

Si además de la eliminación de los impuestos se adopta como modalidad de financiamiento la actualización UVA más un interés del 7,5%, los resultados dependerían también de la tasa futura de inflación. A tal fin se adopta como supuesto de inflación los pronósticos del Relevamiento de Mercado (REM) que publica el Banco Central hasta diciembre de 2028 y para los meses siguientes se considera una inflación mensual del 0,8%. Con esos supuestos el valor de la cuota baja sustancialmente. En la cuota inicial la reducción en el monto a pagar es del 58% y hacia el final de la amortización del crédito la brecha sigue siendo muy alta, del orden del 24% respecto al escenario base.

Si bien se trata de un caso hipotético, con efectos muy sensibles a los supuestos que se adopten, los resultados muestran que la combinación de eliminación de impuestos más la modalidad UVA baja significativamente el monto de la cuota. Este impacto es muy relevante desde el punto de vista de facilitar el acuerdo entre las entidades financieras y los deudores morosos y, lo más importante, genera un alivio a las familias con deuda en mora y condiciones mucho más favorables para que puedan cumplir con el nuevo crédito.

Gráfico I.1: Monto de las cuotas según escenarios alternativos
Fuente: IERAL en base a BCRA y normativas provinciales y municipales. Nota: los supuestos de inflación se construyeron en base al REM de agosto-2026. Las var. % i.a son 30%; 20%; 14,4% a dic-26, dic-27 y dic-28. Para los meses de 2029 se supone inflación de 0,8% mensual.

Reflexiones finales

El problema de la mora es desde el punto de vista general del sistema financiero y desde el punto de vista macroeconómico acotado, pero por varios motivos es recomendable generar un entorno favorable para que sea resuelto a través de
acuerdos entre acreedores y deudores para su refinanciación. La predisposición que viene mostrando las entidades financieras y la mayoría de los gobiernos provinciales en favor de promover la refinanciación de las deudas en mora a través de acuerdos voluntarios es un aspecto positivo y genera la oportunidad para que desde una ley nacional se articulen mejor los esfuerzos y, por esa vía, se extienda y potencie el alivio para las familias endeudadas.

En concreto, una combinación de eliminación de impuestos con fondeo a las entidades financieras para promover créditos actualizados por UVA, permite una sustancial baja en el monto de la cuota. Esto contribuye a facilitar los acuerdos que permitirán la regularización de la deuda. De todas formas, esta es una respuesta puntual para un problema coyuntural.

Mucho más importante es usar estas intervenciones como primer paso a una política que induzca la dinamización del crédito, tanto en cantidad como en calidad. Dada la importancia estratégica de abordar de manera integral y con perspectiva de largo plazo este desafío, estos temas serán abordados en un próximo informe PAL.

Compartí esta noticia !

Finanzas sale al mercado con una nueva licitación de deuda: ofrece LECAP, BONCAP, CER y dólar linked

Compartí esta noticia !

La Secretaría de Finanzas volverá al mercado este jueves 27 de agosto con una nueva licitación de instrumentos del Tesoro Nacional, en una operación que combina deuda en pesos a tasa fija, títulos ajustados por CER y una alternativa dólar linked. La recepción de ofertas comenzará a las 10 y finalizará a las 15, mientras que la liquidación de las operaciones adjudicadas está prevista para el lunes 31 de agosto.

La oferta contempla cinco instrumentos. Entre ellos se encuentra una nueva LECAP con vencimiento el 29 de enero de 2027, junto con la reapertura de una LECAP que vence el 30 de noviembre de 2026 y de un BONCAP con vencimiento el 31 de mayo de 2027. El menú se completa con una LECER ajustada por CER, con vencimiento en enero de 2027, y una LELINK vinculada al dólar estadounidense, que vence el 30 de octubre de 2026.

La nueva LECAP S29E7 constituye una de las principales novedades de la convocatoria. Será emitida el 31 de agosto y tendrá vencimiento el 29 de enero de 2027. Se colocará a $1.000 por cada valor nominal de $1.000 y pagará una tasa efectiva mensual capitalizable mensualmente, que será determinada durante la licitación.

El esquema permite al Tesoro captar pesos mediante un instrumento de corto plazo, mientras que para los inversores introduce una alternativa cuya rentabilidad quedará definida por la tasa efectiva mensual que surja de la competencia entre las ofertas.

En el segmento de títulos a tasa fija también se ofrecerán la LECAP S30N6, con vencimiento el 30 de noviembre de 2026, y el BONCAP T31Y7, que vence el 31 de mayo de 2027. Ambos constituyen reaperturas y tendrán precio de colocación determinado en la propia licitación.

La estrategia incorpora además cobertura frente a la inflación y al movimiento cambiario. La LECER X29E7, con vencimiento el 29 de enero de 2027, estará ajustada por CER, mientras que la LELINK D30O6, con vencimiento el 30 de octubre de 2026, estará vinculada a la evolución del dólar estadounidense.

En el caso del instrumento dólar linked, la suscripción se realizará en pesos utilizando como referencia el tipo de cambio de la Comunicación “A” 3500 del Banco Central correspondiente al día hábil previo a la licitación, es decir, el 26 de agosto. El precio será expresado en dólares por cada valor nominal de USD 1.000.

La licitación se realizará mediante indicación de precio para los instrumentos ya emitidos, sin precio mínimo ni máximo. La excepción será la nueva LECAP de enero, para la cual los inversores deberán indicar la tasa efectiva mensual que capitalizará hasta el vencimiento.

Finanzas mantendrá además la división entre tramos competitivo y no competitivo. En este último podrán participar personas físicas y jurídicas que requieran el asesoramiento de una entidad especializada, con una única oferta por inversor. Para los instrumentos en pesos, el límite será de $50 millones de valor nominal por inversor, mientras que para el título denominado en dólares será de USD 50.000.

Los inversores que participen del tramo competitivo deberán presentar sus ofertas a través de agentes de liquidación y compensación o agentes de negociación registrados ante la Comisión Nacional de Valores. Para las personas físicas y jurídicas, el mínimo competitivo será superior a $50 millones de valor nominal en los instrumentos en pesos y a USD 50.000 en el caso del dólar linked.

La operación se produce en un momento en que la administración financiera mantiene como eje la renovación de vencimientos y la administración de la deuda en moneda local. La combinación de instrumentos a tasa fija, CER y dólar linked permite distribuir el menú entre distintos escenarios de inflación, tasas y evolución cambiaria, aunque el resultado final dependerá de los precios y tasas que el mercado convalide durante la jornada.

La liquidación está prevista para el 31 de agosto, dos días hábiles después de la recepción de las ofertas. Para el Tesoro, la licitación será otra instancia para obtener financiamiento en el mercado doméstico y administrar sus compromisos de corto y mediano plazo; para los inversores, el atractivo de cada alternativa quedará condicionado por la tasa efectiva que finalmente surja y por las expectativas sobre inflación, pesos y dólar hacia el cierre de 2026 y comienzos de 2027.

Compartí esta noticia !

La nueva inflación: por qué el boom de la inteligencia artificial podría retrasar la baja de las tasas de interés

Compartí esta noticia !

La inteligencia artificial promete redefinir industrias enteras. Sin embargo, antes de que sus beneficios se reflejen plenamente en la economía, existe una etapa previa que demanda inversiones sin precedentes. La construcción de centros de datos, la expansión de las redes eléctricas, el mayor consumo de energía y la creciente demanda de materiales industriales y mano de obra especializada están configurando uno de los mayores ciclos globales de inversión de los últimos años.

Según el último informe de estrategia global de Janus Henderson Investors, ese proceso podría convertirse en un factor adicional de presión sobre los precios y reducir el margen de los bancos centrales para avanzar con un ciclo sostenido de recortes de tasas. La firma sostiene que la infraestructura necesaria para desarrollar la inteligencia artificial tiene el potencial de generar una nueva fuente de inflación antes de que comiencen a percibirse plenamente sus ganancias de productividad.

“El mercado suele concentrarse en el potencial desinflacionario de la inteligencia artificial por las ganancias de productividad que podría generar. Sin embargo, antes de llegar a esa etapa será necesario atravesar un proceso de inversión de enorme magnitud, que demandará energía, materiales, infraestructura y capital a una escala inédita. Ese proceso puede convertirse en una fuente adicional de presión inflacionaria”, explica Michael Contopoulos, Head of Multi-Asset Macro Investing de Janus Henderson Investors.

Un cambio estructural

El informe sostiene que la inteligencia artificial no representa un fenómeno aislado. Se suma a otras tendencias de largo plazo, como la desglobalización, el envejecimiento de la población, el aumento de la deuda pública y las tensiones geopolíticas, que están configurando un escenario de inflación más persistente y un costo del capital estructuralmente más elevado.

“La economía global atraviesa un cambio generacional que probablemente marque el final del mercado alcista de la renta fija que predominó durante más de 50 años. Estamos entrando en un régimen caracterizado por una mayor volatilidad, inflación más persistente y tasas de interés estructuralmente más altas”, señala Daniel Siluk, Head of Global Short Duration and Liquidity.

En este contexto, Janus Henderson considera que los mercados podrían estar subestimando cuánto tiempo permanecerán elevadas las tasas de interés. El informe sostiene que los bancos centrales podrían verse obligados a mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo del previsto, e incluso no descarta nuevos aumentos si las presiones inflacionarias resurgen.

“Hoy el mercado ya no espera una sucesión de recortes de tasas como hace algunos meses. El escenario pasó a ser uno de tasas altas durante más tiempo e incluso no puede descartarse la necesidad de nuevos aumentos si reaparecen presiones inflacionarias”, afirma Michael Contopoulos.

Cómo cambia el mapa para los inversores

Sobre la base de este diagnóstico, la gestora considera que el nuevo escenario obliga a revisar las estrategias tradicionales de inversión en renta fija. En particular, sostiene que los bonos de corta duración ofrecen una mejor relación entre riesgo y rendimiento que los instrumentos de vencimientos largos, más expuestos a eventuales subas de tasas. Según el informe, este cambio ya comenzó a reflejarse en las decisiones de grandes inversores institucionales en Estados Unidos y Europa, donde crecen las asignaciones hacia activos de menor duración y tasa variable.

“En un contexto de mayor incertidumbre macroeconómica y riesgo de nuevas presiones sobre las tasas de interés, creemos que los inversores deberían priorizar instrumentos de menor duración. Hoy ofrecen una mejor relación entre riesgo y retorno y permiten construir carteras más resilientes frente a un escenario que cambió estructuralmente”, concluye John Kerschner, Global Head of Securitized Products de Janus Henderson Investors.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin