TESORO

La estabilidad financiera cedió por la menor compra de reservas, pero el Gobierno llega cerca del pago clave de julio

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El Índice de Estabilidad Financiera elaborado por Analytica volvió a encender una señal de cautela. En la semana del 16 al 19 de junio, el indicador cayó 2,2% y regresó a niveles similares a los de fines de abril y comienzos de mayo. Aun así, permanece 10,6% por encima del punto de partida del programa económico, lo que muestra una mejora acumulada, pero con una dinámica más frágil.

El dato central del informe es la desaceleración en la compra de reservas. El Banco Central adquirió USD 233 millones en la semana, a un promedio diario de USD 58 millones, el ritmo más bajo desde fines de enero. Para Analytica, esa cifra quedó por debajo de la métrica prudencial de acumulación, estimada en USD 505 millones para el período.

La lectura no es menor. La Argentina enfrenta el 9 de julio un vencimiento de deuda con privados por USD 4.300 millones. Por eso, la capacidad de acumular dólares vuelve a estar bajo observación. La consultora advierte que la exigencia sobre el ritmo de compras es mayor precisamente por la cercanía de ese pago.

El Tesoro, sin embargo, logró acercarse al objetivo. La Cuenta Única del Tesoro en dólares en el BCRA subió USD 600 millones hasta el miércoles, aunque Analytica interpreta que el movimiento respondió a una compra de divisas al propio Banco Central con recursos de la cuenta en pesos. Como esa operación no incrementa las reservas netas consolidadas, el efecto real fue mucho más acotado: la acumulación conjunta entre BCRA y Tesoro fue de USD 232 millones.

Con esa operación, la cuenta en dólares del Tesoro quedó en USD 3.681 millones. Según el informe, podría trepar a USD 4.046 millones si se concreta la colocación del bono AO28 prevista para el 26 de junio y no se realizan nuevos pagos a organismos internacionales. La cifra todavía no alcanza para cubrir completamente los USD 4.300 millones de julio, pero deja al Gobierno cerca de completar el monto mediante una nueva operación con el BCRA o con parte del crédito garantizado por organismos internacionales por hasta USD 5.000 millones.

El frente cambiario también mostró tensión. El dólar mayorista subió 2,1% en la semana y cerró en $1.460. De todos modos, la distancia respecto del techo de la banda cambiaria se mantuvo holgada: promedió 23,7% y siguió por encima del 20%.

Para Analytica, la menor compra de divisas refleja que el Banco Central tiene menos margen para intervenir sin generar presión sobre el tipo de cambio. Ese escenario podría volverse más frecuente en el segundo semestre por la menor oferta del agro. La diferencia, según la consultora, es que esta vez el ajuste podría ser menos brusco por la liquidación pendiente de obligaciones negociables y por el aporte de las exportaciones energéticas.

El sector energético aparece como uno de los amortiguadores del programa. El superávit comercial del rubro alcanzó USD 5.389 millones entre enero y mayo, el máximo histórico para ese período. En un contexto de menor aporte estacional del campo, Vaca Muerta y las exportaciones de energía empiezan a ocupar un lugar más relevante en la caja externa.

El informe también marca algunos factores de alivio. Bajó el volumen operado en títulos dólar linked, que la semana anterior había saltado por mayor demanda de cobertura e intervenciones oficiales. También se redujo el interés abierto en futuros, una señal de menor tensión cambiaria esperada.

En los activos financieros hubo una toma de ganancias. El S&P Merval cayó 1,6% medido en dólares y cerró en USD 2.211. El riesgo país, en cambio, apenas subió de 423 a 430 puntos básicos y se mantiene en mínimos desde 2018.

En pesos no hubo grandes movimientos. La caución a un día se ubicó cerca del 20% nominal anual y la TAMAR en torno al 22%. Analytica destaca que la flexibilización de la CNV para que las ALyCs puedan operar contado con liquidación aun con posiciones tomadoras de caución permite sostener las tasas cortas y reducir el uso del repo del BCRA. Ese stock bajó desde más de $4 billones a fines de mayo hasta cerca de $2 billones en las últimas ruedas.

En el balance del año, el Banco Central acumula compras por USD 10.862 millones, por encima de la métrica prudencial de Analytica, ubicada en USD 9.783 millones. Pero el Tesoro, neto de operaciones con el BCRA, utilizó USD 2.780 millones para cancelar deuda. Por eso, la acumulación consolidada de dólares, considerando repo con bancos y pagos de BOPREAL, asciende a USD 8.793 millones.

El diagnóstico final es mixto. La estabilidad financiera no se quebró, pero perdió impulso. El mercado sigue lejos de un escenario de estrés cambiario abierto, aunque la capacidad de acumular reservas será el dato crítico de las próximas semanas. El Gobierno llega al vencimiento de julio con una caja más robusta que meses atrás, pero todavía dependiente de ingeniería financiera, colocaciones de deuda y eventuales créditos externos.

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Deuda: el Gobierno capta $9,92 billones y reordena vencimientos en una licitación clave del Tesoro

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El Gobierno nacional logró adjudicar $9,92 billones en la última licitación de deuda del Tesoro realizada el 15 de abril, en una operación que combinó emisión de nuevos instrumentos, reaperturas y un canje de títulos para extender vencimientos. La decisión, instrumentada bajo las Resoluciones Conjunta 20/2026 y 21/2026, no solo buscó captar liquidez sino también reconfigurar el perfil de deuda en un contexto donde el manejo de los plazos se vuelve tan relevante como el volumen colocado.

El dato central es doble: por un lado, la demanda superó los $11,80 billones en instrumentos en pesos y dólar linked, lo que permitió seleccionar ofertas por debajo del total ofertado; por otro, el Tesoro avanzó con una conversión significativa de títulos con vencimientos en 2026 y 2027 hacia papeles más largos. En paralelo, se adjudicaron USD 295,57 millones en bonos en dólares, con una segunda vuelta prevista para el 16 de abril.

La señal es clara: el equipo económico busca sostener el financiamiento en el mercado local mientras descomprime vencimientos inmediatos. Pero el equilibrio no es lineal. Economía le sacó liquidez al mercado, al absorber más pesos de los que necesitaba para el próximo viernes (cuando se realice la liquidación). Esto se enmarca en la necesidad de “sacar todos los pesos de la calle hasta que colapse el índice de inflación”, tal como anunció el presidente Javier Milei durante su paso por el Summit 2026 de AmCham (Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina).

Financiamiento y tasas: entre la liquidez y el costo

La licitación mostró un menú amplio de instrumentos, con fuerte concentración en pesos. La nueva letra capitalizable a agosto de 2026 absorbió $4,44 billones con una tasa efectiva mensual de 2,00% (TIREA 26,82%), mientras que los bonos ajustados por CER y los atados a tasa TAMAR también captaron volumen relevante.

Los instrumentos a tasa variable (TAMAR) marcaron rendimientos elevados, con TIREA superiores al 33%, lo que expone el costo implícito de sostener la demanda en un contexto de tasas reales positivas. A la vez, los bonos CER a 2028 y 2029 consolidan la estrategia de indexación como ancla para los inversores.

En el tramo dólar linked, el Tesoro adjudicó la totalidad de las ofertas (USD 458 millones), reflejando interés por cobertura cambiaria aun con precios por debajo de la par (USD 835,50 por cada 1.000).

En el segmento en dólares, la licitación de BONAR 2027 y 2028 mostró un recorte significativo vía prorrateo: se adjudicaron USD 296 millones sobre USD 741 millones ofertados. La decisión de limitar la colocación sugiere una administración selectiva del endeudamiento en moneda dura.

Conversión de deuda: patear vencimientos sin ruido

El otro eje de la operación fue la conversión de títulos próximos a vencer. Con 133 ofertas recibidas, el Tesoro logró canjear bonos como el TZXD6, TZXM7 y el dual TTS26 por instrumentos con vencimiento en 2028.

El volumen más significativo se concentró en la Opción 1: se adjudicaron $14,42 billones en el BONCER TZXM8, lo que implicó rescatar $4,74 billones del bono con vencimiento en diciembre de 2026. A esto se suman otras conversiones menores y la emisión de un nuevo bono TAMAR a febrero de 2028.

La lógica es explícita: reducir presión en el corto plazo y trasladar compromisos hacia adelante. El marco legal que habilita estas operaciones —especialmente el decreto 846/2024— permite incluso suscripciones en especie, lo que amplía el margen operativo del Tesoro.

Respaldo del mercado, pero a un precio

El resultado exhibe un dato político clave: el Gobierno mantiene acceso al financiamiento en el mercado doméstico, con un nivel de ofertas que supera ampliamente lo adjudicado. Esa relación sugiere confianza relativa de los inversores en la continuidad del programa financiero.

Sin embargo, ese respaldo no es gratuito. Las tasas elevadas en instrumentos variables y la indexación creciente implican compromisos futuros más exigentes. El Tesoro consigue rollover y financiamiento adicional, pero consolida una estructura de deuda sensible a tasas e inflación.

Al mismo tiempo, la decisión de acotar la colocación en dólares marca un límite: el endeudamiento en moneda extranjera sigue siendo administrado con cautela, probablemente para evitar señales de vulnerabilidad externa.

Un equilibrio en construcción

La operación del 15 de abril combina tres movimientos simultáneos: captar pesos, ofrecer cobertura (CER y dólar linked) y estirar vencimientos. Es una arquitectura que busca estabilidad en el corto plazo sin resignar margen de maniobra.

La próxima señal será la segunda vuelta de la licitación en dólares y, más importante aún, la capacidad de sostener este nivel de demanda en futuras colocaciones. El calendario de vencimientos no se detiene y el costo financiero empieza a acumularse.

En ese contexto, el interrogante no es solo si el Tesoro logra financiarse, sino a qué precio y con qué composición de riesgo hacia adelante.

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Finanzas logra captar USD 131 millones en la segunda vuelta de Bonar y consolida su estrategia en dólares

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El mercado convalida la deuda en dólares y marca el precio del riesgo. El Gobierno nacional consiguió adjudicar la totalidad de los USD 130,90 millones ofertados en la segunda vuelta de la licitación de los Bonar 2027 (AO27) y Bonar 2028 (AO28), en una operación que vuelve a poner en el centro la estrategia de financiamiento en moneda dura. La colocación, informada por la Secretaría de Finanzas, incluyó 684 ofertas y cerró con un valor efectivo adjudicado cercano a USD 131 millones.

El dato central no es solo el volumen —acotado en términos absolutos— sino la validación del instrumento: el Tesoro logró colocar el 100% de lo ofertado en dos bonos en dólares con perfiles distintos. En un contexto donde el acceso al financiamiento sigue condicionado, la pregunta es si este resultado consolida una curva en dólares o si simplemente refleja una ventana táctica de liquidez.

Dos bonos, dos señales: continuidad y costo del financiamiento

La licitación combinó la reapertura del Bonar 2027 y la emisión del Bonar 2028, con resultados que permiten leer el comportamiento del mercado.

El AO27 concentró la mayor demanda: recibió ofertas por USD 95 millones y fue adjudicado en su totalidad, con un valor efectivo de USD 97 millones. El precio de corte se ubicó en USD 1.015,33 por cada valor nominal de USD 1.000, con una tasa nominal anual del 5,00% y un rendimiento efectivo anual (TIREA) del 5,12%. Tras la operación, el stock en circulación alcanza los USD 745 millones.

En paralelo, el AO28 —nuevo instrumento— captó USD 36 millones, también adjudicados en su totalidad, pero con condiciones más exigentes: el precio de corte fue de USD 942,00 por cada USD 1.000, con una TNA del 8,52% y una TIREA del 8,86%. El monto en circulación queda en USD 186 millones.

La diferencia entre ambos bonos no pasa desapercibida. Mientras el AO27 se coloca por encima de la par y con tasas moderadas, el AO28 exige un rendimiento significativamente mayor. El mercado fija así una prima clara por plazo y riesgo, marcando el costo creciente de extender vencimientos en dólares.

Estrategia financiera y lectura de poder

La operación refuerza la estrategia del Gobierno de sostener financiamiento en moneda extranjera, incluso en montos relativamente contenidos. La colocación total sugiere que existe demanda, aunque segmentada y sensible a condiciones.

En términos políticos, la Secretaría de Finanzas logra un resultado que le permite mostrar capacidad de colocación sin recurrir a mecanismos extraordinarios. No hay señales de rechazo ni necesidad de convalidar tasas fuera de mercado en el tramo más corto, lo que otorga margen para sostener la narrativa de normalización financiera.

Sin embargo, la brecha entre el AO27 y el AO28 introduce un límite. El mercado acompaña en el corto y mediano plazo, pero exige mayores retornos a medida que se extiende el horizonte. Esa diferencia no es solo técnica: condiciona la capacidad del Tesoro para estructurar deuda más larga sin encarecer el perfil financiero.

Una señal acotada en un escenario más amplio

La segunda vuelta de la licitación aparece como un movimiento táctico dentro de una estrategia más amplia. El monto captado no redefine el frente financiero, pero sí aporta una señal sobre el acceso al mercado en dólares.

Habrá que observar si este patrón se sostiene en futuras colocaciones y si el Gobierno logra ampliar montos sin deteriorar tasas. También será clave ver cómo evoluciona la demanda en instrumentos nuevos, como el AO28, que todavía está construyendo referencia en el mercado.

Por ahora, el resultado deja una foto clara: hay apetito por deuda en dólares, pero con condiciones. Y en ese equilibrio, entre volumen, plazo y tasa, se juega buena parte de la estrategia financiera en los próximos meses.

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El Banco Central acelera compras de dólares y refuerza su poder en el mercado cambiario

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El Banco Central volvió a mostrar capacidad de intervención en el mercado cambiario con una señal concreta: compró USD 208 millones en una sola jornada sobre un total operado de USD 384 millones, lo que equivale al 54% del volumen. El dato no solo marca la segunda mayor adquisición del año, sino que se inscribe en una secuencia más amplia: 57 ruedas consecutivas con saldo comprador. En un contexto donde la estabilidad del dólar y la acumulación de reservas son variables críticas, la pregunta se impone: ¿es este un punto de consolidación del esquema monetario o un equilibrio sostenido por condiciones transitorias?

Una estrategia sostenida en el tiempo

El movimiento del Banco Central no es aislado. Desde enero, en el inicio de la cuarta fase del esquema monetario, la entidad acumula USD 4.245 millones, lo que representa más del 42% del objetivo anual. En lo que va de 2026, el total supera los USD 4.000 millones.

La lógica es clara: aprovechar un contexto de mayor oferta de divisas —impulsada en parte por exportaciones agropecuarias y emisiones de deuda— para recomponer reservas sin presionar sobre el tipo de cambio. La cotización mayorista cerró en $1.398, todavía 18,3% por debajo del techo de la banda cambiaria fijado en $1.653,70, lo que le permite al Banco Central intervenir sin tensionar el sistema.

Sin embargo, el mecanismo elegido introduce una variable sensible. Para sostener las compras, la autoridad monetaria incrementó la emisión de pesos sin absorber completamente ese excedente con instrumentos tradicionales. El equilibrio se completa con la intervención del Tesoro, que retira liquidez mediante colocaciones de deuda en el mercado local.

Reservas en tensión: acumulación y pagos

A pesar del ritmo comprador, las reservas internacionales mostraron una baja en la última jornada: cerraron en USD 43.381 millones, con una caída diaria de USD 331 millones. La explicación oficial combina factores estacionales —movimientos de fin de mes— y pagos de deuda a organismos internacionales por USD 180 millones.

El dato revela una dinámica más compleja. La acumulación de reservas convive con la necesidad de utilizarlas para atender compromisos externos. De hecho, el Tesoro requirió dólares al Banco Central para afrontar vencimientos, lo que limita el crecimiento neto de las reservas.

Esa tensión no es nueva, pero adquiere relevancia en un escenario donde la acumulación de divisas es uno de los pilares del programa económico.

Correlación de fuerzas en el frente económico

El desempeño del Banco Central fortalece al equipo económico en su objetivo de estabilizar el mercado cambiario y consolidar expectativas. La continuidad de compras durante 57 jornadas consecutivas —algo que no ocurría desde 2007— refuerza la señal de control sobre el frente externo.

Al mismo tiempo, la estrategia depende de una coordinación fina entre la autoridad monetaria y el Tesoro. La emisión de pesos para comprar dólares requiere ser compensada para evitar efectos sobre la inflación y la cotización. Esa articulación se vuelve central para sostener el esquema.

En términos de mercado, la intervención del Banco Central —absorbiendo más de la mitad del volumen en una rueda— muestra un actor con peso decisivo. Pero también evidencia que el equilibrio cambiario se apoya en condiciones específicas: oferta de divisas, demanda de pesos y acceso al financiamiento.

Un equilibrio que se pone a prueba

Las proyecciones oficiales estiman compras netas de entre USD 10.000 y USD 17.000 millones para 2026. Hasta ahora, lo acumulado equivale a cerca del 39% de esa meta. El ritmo es consistente, pero no lineal.

En las próximas semanas, el foco estará en la capacidad del Banco Central para sostener este esquema sin alterar otras variables sensibles. La evolución de las reservas, el comportamiento del dólar dentro de la banda y la coordinación con el Tesoro serán claves.

El mercado ya tomó nota de la señal. Falta ver si las condiciones que la hicieron posible se mantienen en el tiempo.

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Economía renovó más del 100% de los vencimientos y absorbió pesos del mercado

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El Gobierno logró cerrar marzo con una señal financiera contundente hacia el mercado: en la última licitación del mes, el Ministerio de Economía renovó más del 100% de los vencimientos —alcanzando un rollover del 138,52%— y, al mismo tiempo, absorbió pesos del sistema. En un contexto de vencimientos por $8 billones, la colocación totalizó $11,04 billones tras recibir ofertas por $12,53 billones. El dato no es menor: no solo evitó emisión, sino que reforzó el sesgo contractivo en plena transición hacia la cosecha gruesa. La pregunta que se abre es si este resultado consolida la estrategia oficial o si expone el costo creciente de sostenerla vía tasas.

Licitación y arquitectura financiera: tasas, plazos y señales

El resultado se inscribe en una secuencia de licitaciones donde el Gobierno prioriza dos objetivos simultáneos: renovar deuda en pesos sin expandir liquidez y extender los vencimientos hacia adelante. Para lograrlo, convalidó tasas elevadas en varios instrumentos, una decisión que revela la tensión entre estabilizar expectativas y sostener el financiamiento.

La Secretaría de Finanzas estructuró la colocación con una combinación de instrumentos: letras a tasa fija, bonos ajustados por CER, títulos a tasa variable y deuda vinculada al dólar. Entre los datos centrales, se destacaron:

  • $2,75 billones en letras con vencimiento en julio de 2026 a una TIREA del 29,23%.
  • $4,78 billones en bonos CER a 2028 con una TIREA del 7,75%.
  • $2,11 billones en instrumentos a tasa TAMAR con margen de 4,9%.
  • $0,26 billones en bonos dólar linked a 2028 con TIREA del 8,46%.

En paralelo, el foco del mercado estuvo puesto en los bonos en dólares. El AO27 recibió ofertas por US$466 millones a una tasa del 5,02%, mientras que el AO28 captó US$226 millones al 8,5%. En ambos casos, el Gobierno adjudicó US$150 millones por instrumento, con posibilidad de ampliar en una segunda vuelta.

Más allá del detalle técnico, el mensaje político es claro: Economía busca validar una curva de financiamiento en dólares que trascienda el corto plazo y permita cubrir vencimientos por US$4.500 millones a mitad de año.

Financiamiento asegurado, pero con costo creciente

El resultado fortalece, en el corto plazo, la posición del Gobierno en dos frentes sensibles: evita emisión monetaria y sostiene el acceso al financiamiento en pesos. Además, el rollover superior al 100% refuerza la percepción de que el Tesoro todavía conserva capacidad de refinanciar sus compromisos sin recurrir al Banco Central.

Sin embargo, el costo de esa estabilidad aparece en la estructura de tasas. La convalidación de rendimientos elevados refleja que el equilibrio financiero sigue apoyado en incentivos fuertes para captar pesos, lo que introduce un condicionante hacia adelante: sostener este esquema implica mantener tasas reales positivas en un contexto donde la actividad y la liquidez empiezan a reconfigurarse.

En paralelo, la apuesta por los bonos en dólares agrega otra capa de lectura. El Gobierno testea el apetito del mercado por instrumentos que vencen en 2027 y 2028, es decir, más allá del actual mandato. Esa estrategia busca descomprimir el calendario inmediato, pero también traslada parte de la carga hacia el próximo ciclo político.

Entre la estabilidad táctica y los desafíos estructurales

Con este resultado, el Gobierno gana tiempo y ordena el frente financiero en el corto plazo. La absorción de pesos y la extensión de plazos funcionan como herramientas para sostener la estabilidad cambiaria y contener expectativas en la previa de la liquidación de la cosecha.

Pero el equilibrio no está cerrado. En las próximas semanas, el foco estará en tres variables: la evolución de las tasas, la capacidad de sostener el rollover sin escalar costos y el desempeño de los instrumentos en dólares en la segunda vuelta de licitación.

También quedará bajo observación la consistencia de esta estrategia con los vencimientos de mitad de año. La necesidad de financiamiento en moneda extranjera no desaparece, solo cambia de forma.

En ese contexto, la licitación de marzo aparece más como un movimiento táctico exitoso que como un punto de llegada. El mercado validó la estrategia, pero dejó planteada una condición: el margen para sostenerla dependerá de cuánto esté dispuesto el Gobierno a pagar por ese equilibrio.

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