El turismo registró en febrero un déficit de 1,3 millones, pese a caída del emisivo y aumento del receptivo en Argentina.
El turismo en Argentina atraviesa una etapa de contrastes, en la que conviven señales de recuperación en algunos segmentos con desequilibrios estructurales que persisten en el tiempo. Los últimos datos disponibles muestran un escenario dinámico, con cambios en los hábitos de viaje, variaciones en los flujos internacionales y tensiones institucionales en torno a la medición del sector. En este contexto, el comportamiento del turismo emisivo y receptivo vuelve a ubicarse en el centro de la escena, tanto por su impacto económico como por su influencia en la balanza de servicios.
En febrero de 2026, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el movimiento turístico reflejó esa dualidad. Por un lado, más de 1,6 millones de argentinos viajaron al exterior, lo que implicó una caída interanual del 10,7%. En términos absolutos, el total de residentes que salieron del país fue de 1.629.200 personas, es decir, 194.600 menos que en el mismo mes del año anterior. Este retroceso marcó la tercera caída consecutiva en las salidas al exterior, luego de un período de crecimiento sostenido iniciado en marzo de 2024.
Sin embargo, esta disminución del turismo emisivo no alcanzó para revertir el desequilibrio general del sector y el saldo turístico continuó siendo negativo, de hecho, se amplió respecto del mes previo. La diferencia entre los turistas que salieron del país y los que ingresaron fue de 1.095.000 personas en febrero, por encima de los 1.082.000 registrados en enero. Al incorporar a los excursionistas, aquellos visitantes que no pernoctan, el saldo deficitario trepó a 1,3 millones de personas.
Este resultado se produjo a pesar de que el turismo receptivo mostró una evolución positiva. Durante el segundo mes del año, ingresaron al país 534.200 turistas extranjeros, lo que representó un crecimiento interanual del 8%. Si se suman los excursionistas, el total de visitantes extranjeros ascendió a 852.000 personas, con un incremento del 11,7% frente a febrero de 2025. A su vez, el número de excursionistas alcanzó los 317.800, con una suba del 18,5%, un fenómeno que se concentra principalmente en ciudades fronterizas y en visitas de un día a Buenos Aires.
En cuanto a la procedencia de los turistas internacionales, el principal flujo provino de Chile, que representó el 21,1% del total. Le siguieron Europa, con el 19,5%, y el bloque conformado por Estados Unidos y Canadá, con el 13,8%, junto con Brasil, que aportó el 13%.
Por el lado del turismo emisivo, los destinos elegidos por los argentinos continuaron concentrándose en países limítrofes. El 82,2% de los viajeros se dirigió a la región, con Brasil a la cabeza, concentrando el 36,4% de los viajes. Uruguay ocupó el segundo lugar, con el 16,5%, seguido por Chile, con el 15,3%. En cuanto a los medios de transporte, el 53,5% de los turistas optó por la vía terrestre, mientras que el 37,1% utilizó el transporte aéreo y el 9,5% restante se movilizó por vía fluvial o marítima.
En contraste, el turismo receptivo mostró una distribución más equilibrada en términos de accesos. El 48,8% de los turistas no residentes llegó al país por vía aérea, el 39,6% lo hizo por vía terrestre y el 11,6% restante utilizó la vía fluvial o marítima. A nivel de comportamiento, el 57,8% de los visitantes internacionales viajó por motivos de vacaciones u ocio, con una estadía promedio de 14 noches. En cuanto al alojamiento, el 37% se hospedó en hoteles, el 30,7% en casas de familiares o conocidos y el 28,2% en departamentos alquilados.
Más allá de los datos mensuales, el contexto general del turismo en Argentina está marcado por un fuerte desequilibrio estructural que se consolidó en 2025. Ese año cerró con un déficit turístico récord, tanto en cantidad de personas como en términos económicos. En total, se registraron 18,8 millones de salidas de argentinos al exterior frente a 8,7 millones de ingresos de extranjeros, lo que dejó un saldo negativo cercano a los 10 millones de personas, el más alto de la última década.
Este desbalance también se reflejó en la balanza de divisas. Durante 2025, el gasto de los argentinos en el exterior alcanzó los 7.164 millones de dólares, mientras que los ingresos generados por el turismo receptivo fueron de 3.110 millones. De este modo, el saldo negativo en términos económicos fue de 4.054 millones de dólares. Estos números evidencian el impacto del turismo como un factor relevante en la salida neta de divisas.

El crecimiento del turismo emisivo en los últimos años explica buena parte de este fenómeno. Por su parte, en 2024 salieron del país 8,3 millones de turistas argentinos, en 2025 la cifra trepó a casi 11,8 millones, lo que implicó un aumento superior al 42%. A su vez, los argentinos no solo viajaron más, sino que también prolongaron sus estadías en el exterior, con un promedio de 14,1 noches en 2025, frente a las 12,8 noches del año anterior.
En paralelo, el turismo receptivo mostró una dinámica más moderada. Los visitantes extranjeros registraron una estadía promedio de 9,6 noches, prácticamente sin variaciones interanuales y por debajo del tiempo de permanencia de los argentinos en el exterior. Esta diferencia contribuye a explicar, en parte, el desequilibrio en el gasto turístico.
El comportamiento de los turistas también evidenció cambios en las preferencias y en la forma de organizar los viajes. En el caso de los argentinos, se consolidaron los destinos regionales como principales opciones, impulsados por la cercanía y la competitividad en precios, sumado a las opciones de pagos y préstamos para financiarlos. Al mismo tiempo, se observó un crecimiento en los viajes hacia destinos más lejanos, como Estados Unidos y Europa.
En este escenario, las condiciones macroeconómicas jugaron un papel determinante.
Durante buena parte de 2025, un tipo de cambio favorable y precios internos elevados en términos comparativos hicieron que viajar al exterior resultara más conveniente que vacacionar dentro del país para amplios sectores. A esto se sumó el encarecimiento de los servicios turísticos locales, que afectó la competitividad de Argentina como destino internacional.
Datos del verano 2026
En contraste con el panorama del turismo internacional, la temporada de verano 2026 mostró un desempeño positivo en el turismo interno, impulsado principalmente por una mayor cantidad de viajeros. Según el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), viajaron 30,7 millones de turistas durante la temporada, lo que representó un crecimiento interanual del 9,5%. El impacto económico total se ubicó cerca de los 11 billones de pesos, con un aumento real del 4,5% respecto al verano anterior.

Este crecimiento estuvo sostenido más por el volumen de turistas que por el gasto individual. El gasto diario promedio alcanzó los 97.101 pesos, lo que implicó una suba nominal del 28,2%, aunque en términos reales se registró una caída del 3,3% al descontar la inflación. En este sentido, el consumo mostró un comportamiento más selectivo, con una mayor concentración en experiencias como gastronomía, excursiones y eventos.
Al mismo tiempo, se consolidó una tendencia hacia estadías más cortas. La permanencia promedio se ubicó en 3,65 noches, apenas por debajo de las 3,7 noches de 2025, pero significativamente menor en comparación con años anteriores. Frente a 2023, la reducción fue del 12%, y respecto a 2022 alcanzó el 21%. Este cambio refleja un ajuste en los hábitos de viaje, con escapadas más breves y decisiones tomadas con menor anticipación, en un contexto en el que algunos turistas también recurren a herramientas de financiamiento como los préstamos personales para sostener sus planes de descanso.
La dinámica de la temporada estuvo marcada por picos de demanda asociados a fines de semana largos, festivales, carnavales y eventos deportivos. Estos momentos funcionaron como motores de ocupación, incluso en destinos que habían comenzado la temporada con niveles más bajos. En ese sentido, la agenda cultural y recreativa volvió a jugar un rol clave para sostener el flujo turístico.
El impacto se reflejó en distintas provincias con resultados concretos. En Salta, el movimiento turístico entre enero y febrero generó un impacto económico de 402.735 millones de pesos, con 651.184 visitantes y un gasto diario promedio de 137.437 pesos. En Santa Fe, el verano dejó un total de 211.326 millones de pesos y en Mendoza, solo durante enero, ingresaron 312.000 turistas que generaron 137.475 millones de pesos.
El fin de semana de Carnaval se destacó como el punto más alto de la temporada en varias regiones. En Entre Ríos, la ocupación promedio alcanzó el 97%, con localidades como Gualeguay y Santa Ana con capacidad plena, y otras como Gualeguaychú, Federación y Concepción del Uruguay por encima del 95%. En Jujuy, la Quebrada de Humahuaca registró niveles cercanos al 99%, mientras que en Salta, Cafayate alcanzó el 100% durante la Serenata. En Córdoba, destinos como Villa General Belgrano y Santa Rosa de Calamuchita superaron el 90% en distintos momentos del verano.
En conjunto, la temporada dejó en evidencia un cambio en el comportamiento del turista: más personas viajaron, pero lo hicieron por menos tiempo y con un gasto más controlado.
Aun así, el volumen de movimiento permitió sostener el impacto económico del sector y compensar parcialmente las tensiones que se observan en el turismo internacional.
De este modo, el turismo en Argentina continúa mostrando una estructura compleja, en la que conviven señales de dinamismo interno con un marcado desequilibrio en los flujos internacionales. Mientras el turismo receptivo comienza a mostrar signos de recuperación y el turismo emisivo se desacelera, el saldo general sigue siendo deficitario, reflejando un desafío estructural que aún no logra revertirse.






