UNIVERSIDAD AUSTRAL

Bronquilitis: la enfermedad de los niños

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Los meses de otoño y, principalmente, se producen miles de casos de infecciones respiratorias agudas. La bronquilitis es una de las más frecuentes y afecta a los niños menores de dos años. Las doctoras Veronica Aimar (profesora de Atención Médica Primaria de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral) y Celeste Berecoechea (graduada de la FCB y jefa del servicio de Medicina General Ambulatoria del Hospital Universitario Austral) responden a una serie de preguntas claves para ayudar a los padres a prevenir e identificar esta enfermedad, y disminuir su impacto en la salud de los más pequeños.

Cada año, se notifican nuevos casos de infecciones respiratorias agudas, siendo la bronquiolitis una de las más frecuentes en los niños menores de 2 años y cuya mayor incidencia es en los meses de otoño e invierno. Tener conocimiento sobre la enfermedad, su prevención y los tratamientos disponibles brinda herramientas para disminuir su impacto en la salud de los más pequeños.

Existen preguntas y respuestas claves sobre la bronquiolitis que pueden ayudar a los padres a identificar a la conocida “enfermedad de los niños”

¿Por qué la Bronquiolitis produce dificultad para respirar?
Porque se produce una inflamación difusa en los conductos más pequeños del tracto respiratorio inferior llamados bronquiolos.

¿Cuál es su causa y mecanismo de contagio?
Las causantes son las infecciones virales, como el Virus Sincitial Respiratorio (VSR) -agente causal más frecuentemente involucrado-, el virus Haemophilus influenzae -productor de gripe-, el parainfluenzae y otros.
El mecanismo habitual de contagio es a través de un adulto o niño resfriado, mediante las gotitas minúsculas de la nariz o los bronquios al toser o estornudar que contaminan superficies, juguetes y distintos utensilios, o el contacto directo con las manos contaminadas.

¿Qué síntomas presenta?
Durante los 3 primeros días la enfermedad se manifiesta con tos, mucosidad nasal, congestión y fiebre. Los siguientes 5 a 7 días se presenta dificultad respiratoria, agitación y silbidos en el pecho. Se puede notar que la respiración se vuelve más rápida, con mayor esfuerzo de los músculos del tórax y cuello, además de dificultad para alimentarse, irritabilidad y somnolencia. La recuperación completa puede tardar entre 2 a 3 semanas, donde persiste tos catarral.

¿Cómo prevenimos la infección? Son muchas las acciones a implementar:

Lavándonos frecuentemente las manos con agua y jabón.
Cubriéndonos nariz y boca con el pliegue del codo al toser o estornudar.
No exponiendo a los bebes a personas resfriadas o con tos.
No llevándolos al jardín de infantes resfriados o con tos.
Ventilando los ambientes -no usar sahumerios ni braseros-.
Manteniendo la lactancia materna.
Teniendo la vacunación completa para la edad, en especial, la vacuna antigripal.
Desinfectando las superficies que puedan contaminarse como objetos, juguetes, perillas de puertas, etc.
Evitando la exposición al tabaquismo en todas sus formas. Tanto el tabaquismo pasivo (fumar en la misma habitación), en otras habitaciones o afuera del hogar, son riesgosas para los adultos y niños (tabaquismo de segunda y tercera mano).

¿Quiénes deben vacunarse?
La deben recibir de manera gratuita los niños de 6 a 24 meses (dos dosis), las embarazadas en cada embarazo y en cualquier mes de la gestación, las puérperas que no hayan recibido la vacuna durante el embarazo (hasta 10 días luego del egreso de la maternidad). También, los mayores de 65 años, las personas de 2 a 65 años con factores de riesgo (tabaquistas, obesos, asmáticos, enfermedades genéticas, reumatológicas, cardiacas, respiratorias, renales, cáncer, HIV y otras enfermedades que afecten la inmunidad).
El personal de salud debe recibir la vacuna anualmente. El resto de las personas que no pertenezcan a estos grupos de riesgo, también pueden vacunarse si lo quisieran, pero con costo según su cobertura de salud.

¿Hay niños más vulnerables o con más riegos de complicaciones y gravedad?
Sí, los bebés de 3 a 6 meses con bajo peso al nacer o prematuros. También aquellos con otras enfermedades de base, inmunocomprometidos, desnutridos, expuestos a tabaquismo pasivo, y los alimentados con suplementos exclusivamente (la lactancia materna protege frente a estas enfermedades).
A su vez, están en riesgo los niños con esquemas de vacunación incompletos, quienes presenten vulnerabilidad socioeconómica o vivan en hacinamiento.

¿En qué consiste su tratamiento?
Frente a la aparición de agitación en la respiración y dificultad en la alimentación es importante no medicar a los niños, y consultar al Centro de Salud más cercano. Al ser una enfermedad causada por virus, generalmente, no deben recibir antibióticos. Se recomienda mantener lactancia materna.
La mayoría de las veces el cuadro es leve y requiere atención ambulatoria, y solo en el 3% de los casos puede requerir aporte de oxígenos o internación.

Por Dra. Veronica Aimar* y Dra. Celeste Berecoechea**

(*)Profesora de Atención Médica Primaria de la Facultad de Ciencias Biomédicas (FCB) de la Universidad Austral

(**)Graduada de la FCB y jefa del servicio de Medicina General Ambulatoria del Hospital Universitario Austral

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Informe revela cierta recuperación mensual de la actividad económica en un contexto de estabilidad cambiaria aún no consolidada

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El Área de Economía del IAE Business School de la Universidad Austral dio a conocer la edición de julio del Informe Económico Mensual. Mientras que la estimación del PIB para el primer trimestre registra una contracción interanual de -5,8%, la actividad económica se sostiene en un sendero recesivo en la comparación interanual.

Los académicos sostienen que la estimación mensual de la actividad (EMAE) se sostiene con un crecimiento “incipiente” de 0,1% acumulado durante el 2019 en términos desestacionalizados. “El sostenimiento del crecimiento es sustancial sobre las condiciones para la recuperación económica en términos real”, aseguran. No obstante, los datos del EMAE-INDEC correspondientes al primer cuatrimestre del año aún convergen en un escenario contractivo en estimación interanual: el resultado nota una reducción mensual acumulada de 4,6% respecto al mismo período de 2018.

Por otro lado, el documento destaca el reciente tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. “Este es el momento adecuado para la firma de este acuerdo, y hacerlo negociando dentro del marco Mercosur con la segunda economía del mundo luce más ventajoso que de manera unilateral”, afirman los economistas. Igualmente, los resultados de las elecciones seguirán siendo un factor clave.

La edición de julio del Informe Económico Mensual que elabora el Área de Economía del IAE Business School de la Universidad Austral, a cargo de Eduardo Luis Fracchia, puso especial énfasis en el reciente acuerdo de libre comercio entre el MERCOSUR y la Unión Europea, cuya puesta en marcha llevará al menos dos años de plazo dado su tratamiento en cada parlamento nacional.

Al mismo tiempo, entre otras consideraciones, el análisis destaca:

PRECIOS y SALARIOS

Las proyecciones de junio estiman que se sostendrá la tendencia a la baja del índice mensual de inflación aunque aún en niveles altos en la comparación regional. Si la dinámica de precios continúa en ese sendero, es posible que se generen condiciones relativamente favorables para la recuperación de la actividad económica.

La inflación mayorista, estimada a través del Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) relevado por el INDEC, registró en mayo una suba de 4,9% mensual. En términos interanuales, la variación fue de 68,5%.

Las proyecciones para el corriente año se encuentran en niveles inferiores respecto a las de mayo. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que realiza el Banco Central, establece un crecimiento de la inflación para los próximos 12 meses (junio 2019-junio 2020) de 30,8% promedio.

Luego del pico de inflación de 2019 durante marzo (4,7%), los efectos de la contracción monetaria y la política de convergencia al déficit primario fiscal parecen estabilizar la dinámica del índice de precios y las expectativas.

ACTIVIDAD ECONÓMICA

Las estimaciones de crecimiento para ese año continúan siendo negativas aunque la caída estimada es de menor magnitud a las mediciones anteriores. La gestión de política económica deberá coordinar y administrar el sesgo contractivo de la estabilización ya que sus efectos son costosos.

La estimación mensual de la actividad (EMAE) se sostiene con un crecimiento incipiente de 0,1% acumulado durante el 2019 en términos desestacionalizados. El sostenimiento del crecimiento es sustancial sobre las condiciones para la recuperación económica en términos real.

No obstante, los datos del EMAE-INDEC correspondientes al primer cuatrimestre del año aún convergen en un escenario contractivo en estimación interanual. El resultado nota una reducción mensual acumulada de 4,6% respecto al mismo período de 2018.

Mientras que la estimación del PIB para el primer trimestre registra una contracción interanual de -5,8%. La actividad económica se sostiene en un sendero recesivo en la comparación interanual.

El desempeño de la industria manufacturera de mayo, medido por el Índice de Producción Manufacturero (IPI) del INDEC, resultó en una baja de 6,9% respecto al mismo mes de 2018.

La producción de la industria PyME reitera su desaceleración respecto a la contracción mensual. El índice de producción industrial publicado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) cayó 3,7% en mayo de 2019 respecto al mes anterior.

La actividad de la construcción, estimada por el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC), muestra signos de recuperación en la frecuencia mensual. La estimación de mayo de 2019 resulta en un crecimiento desestacionalizado de 2,3% respecto al mes anterior.

Las perspectivas de los sectores relacionados con el consumo nuevamente no son favorables a pesar de la incipiente fase desinflacionaria. Durante el primer cuatrimestre de 2019 se registró una variación negativa interanual promedio en centros de compras y supermercado de -17,5% y -12,5% a precios constantes, respectivamente.

SECTOR FISCAL

La gestión de política fiscal sigue siendo consistente a los efectos del cumplimiento del equilibrio fiscal primario acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Si bien desde el organismo se plantea la necesidad de mayor espacio fiscal, desde el organismo internacional se ha reconocido la complejidad por la que atravesó la economía nacional.

Durante el mes de junio de 2019 también registró superávit primario siendo el cuarto mes del año con ese desempeño.

El resultado fiscal primario del mes de junio se explica por el mayor crecimiento interanual de los ingresos tributarios (52,9%). Destacándose los ingresos derivados del comercio exterior dada la mayor liquidación de granos y oleaginosas (115%).

Mientras que el resultado registrado de los primeros cinco meses del año se sostuvo en un superávit primario acumulado de $ 36.819 millones, sosteniendo el cumplimiento de la gestión de la política fiscal anual.

Respecto al resultado financiero, las mayores erogaciones interanuales en concepto de intereses de 231% en mayo de 2019 determinaron el aumento del resultado negativo del orden de 41,3%. Mientras que en el acumulado del año 2019, el déficit financiero totalizó $-219.489 millones, esto es un aumento anual de 35% respecto al mismo período de 2018.

Durante mayo de 2019 el pago de los intereses de la deuda pública ascendió a $ 64.608 millones.

SECTOR EXTERNO

Las tensiones de la economía mundial se han desacelerado temporalmente. Los presidentes de Estados Unidos y China acordaron reanudar el tratamiento sobre sus diferencias comerciales renunciando a nuevas restricciones comerciales.

La economía de Estados Unidos sostiene los resultados positivos desde 2018. Con el crecimiento del PIB en 3,2% registrado durante el primer trimestre de 2019, la tasa de desempleo se situó en 3,7% en junio, encontrándose solo un 0,1% por encima del mínimo histórico.

Ese escenario descomprime la tensión con la FED para disminuir la tasa de referencia a los efectos de no generar las presiones en los precios de los bienes y servicios de la economía.

El intercambio comercial argentino (importaciones más exportaciones) continúa en un sendero decreciente durante mayo en la comparación interanual. Se registró una contracción de 8,1% respecto de mayo de 2018.

Sin embargo, el superávit de la balanza comercial se sostiene por noveno mes consecutivo. Durante mayo el saldo positivo fue US$ 1.373 millones. El resultado es explicado principalmente por la disminución interanual de las importaciones en 28%.

El nivel del TCR actual promedio resultó en una apreciación del 4,9%. Adicionalmente, se ubica un 17% por debajo del promedio histórico diciembre 2001- junio 2019, es decir, en promedio histórico, el nivel actual registra una apreciación real.

SECTOR MONETARIO Y FINANCIERO

La incipiente estabilidad sobre el tipo de cambio se sostiene tras la ampliación de los mecanismos de intervención en el mercado de cambios.

El tipo de cambio respecto al dólar se situó en un sendero descendente y estable durante el mes de junio de 2019 ampliando el espacio que puede indicar cierta estabilización de expectativas.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) finalizó la cuarta revisión del programa de financiamiento. Luego de la aprobación del directorio, el 16 de julio el país dispondría de US$ 5.400 millones. El monto total recibido asciende a los US$ 44.500.

El desempeño de la política económica respecto al control de la inflación presenta avances relativos, tanto por los mayores grados de libertad de la política monetaria obtenidos desde abril como por el sostenimiento del objetivo de déficit primario cero.

El objetivo de no aumento de base monetaria hasta diciembre de 2019 se cumplió nuevamente con un margen de 0,1% por debajo del límite, alcanzando nueve meses consecutivos de cumplimiento. Aspecto sustancial que converge en un escenario de estabilidad monetaria.

El Banco Central continuó utilizando la tasa de interés de referencia como uno de los instrumentos determinantes para cumplir con la meta monetaria, sosteniendo el nivel de tasas de LELIQ aunque con anuncio de disminución para el mes de julio. Al cierre de junio se ubicó en 62,68% luego del cierre de mayo de 70,73%.

El nivel de reservas de cierre de junio fue de US$ 64.278 millones, disminuyendo un 10% respecto al cierre de mayo. Permanece constante sobre el cierre de la primera semana de julio de 2019.

La apreciación nominal del tipo de cambio minorista durante junio, en torno a 5,2%, puede tener efectos favorables sobre la dinámica de precios y luego de que la depreciación promedio del año se situara en torno al 3,8% mensual.

El riesgo país medido por el EMBI+Arg cerró en 835 p.b. en junio, situándose en un nivel inferior al mes precedente. La estabilización del mercado de cambios genera mayor certidumbre en los mercados financieros.

Acuerdo MERCOSUR-Unión Europea (EU)

Luego del proceso legislativo se activarán los plazos para la desgravación de aranceles. El acuerdo regirá plenamente pasados 15 años desde su entrada en vigor.

El tratado implica la integración con una región de 800 millones de habitantes y con un potencial de US$ 100.000 millones de comercio entre ambas regiones.

El acuerdo establece la eliminación gradual de aranceles para el 92% de las importaciones del MERCOSUR y aplicará un acceso preferencial al 7,5%. Como contrapartida, el MERCOSUR eliminará las tasas para el 91% de sus importaciones y dejará excluido el 9% de los productos considerados “sensibles” para la región.

La eliminación de aranceles será desigual entre los bloques. El MERCOSUR removerá las tasas en un plazo de 15 años, mientras que la UE lo efectuará en un plazo máximo de 10 años.

El sector agrícola será el gran beneficiado. El MERCOSUR podrá exportar productos que hoy tienen aranceles de hasta el 157% como las frutas.

Si bien el acuerdo intenta dinamizar todo el conjunto de sectores de la economía a través de la eliminación de aranceles, en algunos casos las disminuciones serán paulatinas tales como la industria textil, automotriz, indumentaria y calzado con un proceso de 15 años.

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Informe de la Universidad Austral indica que en los últimos 11 años, la inflación fue menor en años electorales

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Las campañas electorales comienzan a ponerse en marcha y la futura política económica que podrían tomar los canditatos es uno de los puntos en los que muchos votantes harán foco a la hora de depositar su voto en las urnas. Se ha demostrado que en Argentina, la inflación ha sido más baja durante los años de elecciones legislativas y presidenciales (impares), que en aquellos períodos no electivos (pares).

Así, desde el 2008 a la fecha se registra este fenómeno que analizó el economista Martín Calveira, investigador del Área de Economía del IAE Business School de la Universidad Austral. “El fenómeno de recurrencia de los últimos años puede tener un elemento no económico que explique cierta dinámica, vinculado con la coyuntura político-electoral de cada año”, explica el especialista.

Análisis del economista Martín Calveira, investigador del Área de Economía del IAE Business School de la Universidad Austral:

  • “En nuestro país la inflación se ha transformado nuevamente en un problema sustancial desde la segunda parte de la década de 2000, no olvidando y, al parecer, no habiendo aprendido de los traumáticos episodios de las últimas décadas del siglo pasado”.
  • “Desde ese contexto, muchos nos preocupamos sobre las posibles soluciones o, en principio, la búsqueda hacia niveles menores de inflación. Si bien la teoría económica plantea un set de factores diversos y esencialmente económicos sobre las causas de la inflación, para el caso de nuestro país es posible pensar que el fenómeno de recurrencia de los últimos años puede tener un elemento no económico que explique cierta dinámica. En ese sentido, notamos que la gestión de política económica sobre la dinámica inflacionaria y las distorsiones consecuentes está determinada por decisiones que pueden situarse en común acuerdo con la coyuntura político-electoral de cada año, es decir, la política económica determinada por cierto sesgo político coyuntural”.
  • “Paralelamente, la política maximiza su estrategia para establecerse o continuar en el Poder Ejecutivo, resultando que en años de elecciones se eviten ajustes, se realicen políticas expansivas en aras de evitar o minimizar el ciclo recesivo y se eviten realizar (o continuar realizando) las correcciones necesarias, sin tener en cuenta las consecuencias de corto plazo, principalmente, sobre los precios”.
  • “Esa dinámica parece observarse en la historia económica argentina reciente. Desde 2011, en años de elecciones legislativas y presidenciales (años impares), el crecimiento de la economía es mayor al de los períodos no electivos (años pares) en los cuales se establece un período de contracción de la actividad; conformando un ciclo económico no iniciado principalmente por factores netamente económicos, tales como aumentos súbitos de precios de bienes exportables o influjos masivos de inversión”.
  • “Pues, los factores estarían determinados desde la perspectiva de la política económica gestionada, es decir, por la economía política nacional a los efectos de optimizar su estrategia de no interferir en las decisiones de los votantes desde la coyuntura económica derivada de los efectos de la política económica. Períodos en los cuales son necesarios los ajustes sobre las distorsiones de precios relativos, estabilizar el tipo de cambio y la convergencia hacia un nivel menor de déficit fiscal primario; no son tenidos en cuenta en los años de elecciones. Por el contrario, son los años siguientes, años pares, donde parece generarse una necesidad imperativa de estabilizar las variables”.
  • “En el año 2011, lejos de aplicar una política de estabilización cambiaria y eliminar las distorsiones de precios en el marco del crecimiento del 25% del índice de inflación del año 2010, evitaron corregir los precios de los servicios públicos y se establecieron restricciones discrecionales sobre el mercado de cambios, convergiendo en el denominada ‘cepo cambiario’. Mientras que en 2012 las consecuencias de las restricciones cambiarias generaron fuertes tensiones y volatilidad financiera afectando la actividad económica y las decisiones de precios futuras”.
  • “En 2013 se llevaron a cabo las elecciones legislativas. Si bien el gobierno oficial obtuvo resultados adversos, continuó con sus políticas de restricciones cambiarias y evitó cualquier tipo de corrección y sinceramiento de los precios relativos domésticos. El costo fue una gran pérdida de reservas (US$ 12.600 millones) y el establecimiento en un sendero creciente del índice de precios. Contrariamente, a principios de 2014 se evidenció una corrección del tipo de cambio que implicó un aumento del 19% de la cotización oficial del dólar y del 21% en el mercado paralelo. A su vez, se anunció un recorte en los subsidios al gas y el agua. El intento de corrección de precios nominales resultó en una elevada tasa de inflación anual del 38,4%”.
  • “2015 estuvo determinado por las elecciones presidenciales lo cual no evidenció una gestión de política económica de corrección de las distorsiones nominales. Luego de las elecciones, en diciembre de 2015 se eliminó el cepo cambiario. Esto implicó un aumento del tipo de cambio nominal en 40%. En 2016 se anunciaron fuertes aumentos de las tarifas de servicios públicos a los efectos de comenzar a corregir las distorsiones de precios. El crecimiento anual de la inflación de ese año fue 36,1% con una contracción del PIB en 2,1%”.
  • “Sin dudas, en 2017 la incipiente política de corrección y estabilización del año precedente se suavizó. La inflación disminuyó marcadamente en 24,8% anual y el PIB volvió a crecer 2,7% interanualmente. Respecto a 2018, los incrementos de tarifas públicas (entre 25% y 30%), el fuerte ajuste fiscal y monetario en el marco del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, y la corrección del atraso cambiario fueron factores que afectaron el crecimiento, la generación de empleo y sustentaron la expansión del índice inflacionario. En concreto, la economía se contrajo 2,5% respecto a 2017, el tipo de cambio nominal se depreció en 101% anual y la inflación marco un récord de 47,6%”.
  • “En el corriente año sí se han gestionado ajustes de precios y del tipo de cambio en un entorno nuevamente de tensiones nominales. Esto llevó a que durante el primer trimestre de 2019, la inflación se acelerara acumulando un 11,4%. A partir de abril, las tensiones cambiarias y de precios se están desacelerando en un marco de política económica con mayores grados de libertad y mejor calibrada, respecto a los períodos previos. Si bien depende del contexto, no se anunciaron mayores restricciones a partir del segundo cuatrimestre del año. Sin dudas, esto sugiere que la economía política ya tiene dominancia sobre el tecnicismo de la política económica. Hay que evitar disrupciones que direccionen decisiones del electorado”.
  • “Esos acontecimientos se deben notar al momento de explicar, en general, ciertos vaivenes de precios y de actividad que notamos durante los últimos años. Pues, las correcciones abruptas en contextos de recursos muy escasos (déficit primario continuo) se han observado con gran frecuencia en la historia económica reciente, las cuales no siempre estuvieron acompañadas de políticas contracíclicas a los efectos de intentar suavizar y distribuir la carga socioeconómica del costo del ajuste. Por lo tanto, es posible notar que existe cierta causalidad de variables no económicas en relación a los años donde se producen o no los intentos de corrección de precios. Postergar o interrumpir un proceso de estabilización, principalmente de niveles medios y altos de inflación, se torna más costoso en el tiempo. Quizás la perspectiva o intencionalidad política genere un sesgo sobre la determinación de los ajustes aplicados, es decir, sea uno de los factores causales de nuevas tensiones o amplíen las mismas. Es de esperar que no sea así y que solo estemos ante un hecho de pura casualidad”.

    “Se evidencia, por último, que la economía argentina continúa replicando los ciclos de volatilidad real y nominal desde, al menos, el último cuarto del siglo XX. Expansiones de cierta aceleración -muchas veces sesgadas desde el consumo y financiadas por capitales de corto plazo- se transforman en recesiones profundas con inflación (en el extremo llegando a niveles de hiperinflación) y volatilidad que luego deben ser corregidas a través de estabilizaciones de shock o, en otros casos, graduales afectando la distribución de la riqueza”.

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Para el 68% de los productores, la incertidumbre electoral no tiene impacto en sus decisiones de producción

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La edición mayo/junio del índice “Ag Barometer Austral”, elaborado por el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, revela que un 68% de los productores agropecuarios manifiesta que la incertidumbre electoral no tiene impacto en sus decisiones de producción. Al mismo tiempo, y teniendo en cuenta que se van a comprometer recursos antes de las elecciones y las ventas se harán después, un 54% no ve cambios significativos cualquiera sea el resultado de los comicios.
Entre otros datos, el Ag Barometer Austral afirma que hubo una mejora tanto en la situación financiera actual, como en las expectativas futuras. Así, la confianza de los productores argentinos alcanza el mayor nivel desde octubre de 2018.

El Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral dio a conocer los resultados mayo-junio de 2019 del Ag Barometer Austral, un índice de confianza del productor argentino que aporta información valiosa sobre las percepciones del campo, la situación financiera actual y las perspectivas futuras, y la oportunidad o no para realizar inversiones importantes, entre otros aspectos de relevancia para el sector.

Entre las conclusiones más importantes se destacan:

El Ag Barometer Austral en junio alcanza un valor de 117, que es el máximo desde octubre 2018 en que comenzó a estimarse.
Por primera vez, los productores piensan que su situación financiera es mejor que la de un año atrás. Un 35% (contra el 24% en marzo) de los productores manifiestan estar mejor y un 29% (41% en marzo) manifiestan estar peor que un año atrás. También es la primera vez que este índice toma un valor mayor a 100, ascendiendo hasta 106.
Estos índices son coherentes con las respuestas que dieron en la pregunta referida a los márgenes de la campaña 2018/19, a pesar de la baja de precios desde el momento de la siembra. Un 73% manifiestan que los resultados estuvieron dentro de lo esperado o mejor, mientras que solamente un 6% afirman que la producción no resultó rentable.
Sigue siendo malo el momento para realizar inversiones, un 71% piensan que no es buen momento y un 29% piensan que sí lo es. De todos modos, es la medición negativa más baja desde octubre 2018.
Con relación al futuro mejoran los tres índices. Tanto a un año como a 5.
El 42% piensa que va a estar mejor en los próximos 12 meses, contra un 12% que sostienen que van a estar peor. El mismo sentimiento se da con relación a la opinión general sobre el sector agropecuario, mejorando sensiblemente la medición de mayo 63% contra 51% de marzo.
A largo plazo se acentúa el optimismo con un 83% de respuestas favorables.

Sobre el año electoral, los productores sostuvieron:

Teniendo en cuenta que se van a comprometer recursos antes de las elecciones y las ventas se harán después, un 54% no ve cambios significativos cualquiera sea el resultado electoral, mientras que un 24% teme un impacto negativo del proceso eleccionario. No obstante, el 19% piensa que el impacto va a ser favorable.
Finalmente, un 68% manifiesta que la incertidumbre electoral no tiene impacto en sus decisiones de producción y un 32% creen que la incertidumbre electoral afectará sus decisiones.

Otros puntos para destacar:

Por primera vez, el productor indica que las condiciones financieras presentes son mejores a las del año anterior, con un índice de 106 (+22 vs informe anterior).
La expectativa de condiciones financieras a un año -que ya venía en niveles altos- mejoró 7 puntos y ascendió a 130.
En tanto, el indicador que más mejoró fue el del “estado general de la economía agropecuaria” de aquí a un año, subiendo 24 puntos a 127.
La pregunta que genera el mejor resultado sigue siendo la de expectativa de buenos tiempos para el agro argentino que se ubicó en 166 puntos, con una suba de 15 puntos, y estableció el valor más alto de la serie.
A pesar de la mejora en el estado de ánimo del productor, la intención de realizar inversiones importantes sigue con un valor relativamente bajo (58 puntos), aunque mejoró 4 puntos y se ubica también en el valor más alto desde que se comenzaron a realizarse las mediciones en octubre de 2018.
En cuanto a la expectativa de márgenes para el año próximo, el maíz es el cultivo mejor rankeado, seguido por el trigo, mientras que la soja queda en última instancia. Sin embargo, sólo el 8% de los de productores creen que no cubrirán los costos de producción en soja, 3% en trigo y 2% en maíz.

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Inflación: ¿por qué en años impares es menor que en los pares?

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El economista Martín Calveira, investigador del Área de Economía del IAE Business School de la Universidad Austral, hizo un repaso por la reciente historia nacional, desde 2011 a la fecha, para analizar cómo ha variado la inflación y la economía en años de elecciones legislativas y presidenciales (años impares), con respecto a la de los períodos no electivos (años pares). “El fenómeno de recurrencia de los últimos años puede tener un elemento no económico que explique cierta dinámica, vinculado con la coyuntura político-electoral de cada año”, explica el especialista.

  • “En nuestro país la inflación se ha transformado nuevamente en un problema sustancial desde la segunda parte de la década de 2000, no olvidando y, al parecer, no habiendo aprendido de los traumáticos episodios de las últimas décadas del siglo pasado”.
     
  • “Se evidencia que la economía argentina continúa replicando los ciclos de volatilidad real y nominal desde, al menos, el último cuarto del siglo XX. Expansiones de cierta aceleración -muchas veces sesgadas desde el consumo y financiadas por capitales de corto plazo- se transforman en recesiones profundas con inflación (en el extremo llegando a niveles de hiperinflación) y volatilidad que luego deben ser corregidas a través de estabilizaciones de shock o, en otros casos, graduales afectando la distribución de la riqueza”.
     
  • “Desde ese contexto, muchos nos preocupamos sobre las posibles soluciones o, en principio, la búsqueda hacia niveles menores de inflación. Si bien la teoría económica plantea un set de factores diversos y esencialmente económicos sobre las causas de la inflación, para el caso de nuestro país es posible pensar que el fenómeno de recurrencia de los últimos años puede tener un elemento no económico que explique cierta dinámica. En ese sentido, notamos que la gestión de política económica sobre la dinámica inflacionaria y las distorsiones consecuentes está determinada por decisiones que pueden situarse en común acuerdo con la coyuntura político-electoral de cada año, es decir, la política económica determinada por cierto sesgo político coyuntural“.
     
  • “Paralelamente, la política maximiza su estrategia para establecerse o continuar en el Poder Ejecutivo, resultando que en años de elecciones se eviten ajustes, se realicen políticas expansivas en aras de evitar o minimizar el ciclo recesivo y se eviten realizar (o continuar realizando) las correcciones necesarias, sin tener en cuenta las consecuencias de corto plazo, principalmente, sobre los precios”.
     
  • “Esa dinámica parece observarse en la historia económica argentina reciente. Desde 2011, en años de elecciones legislativas y presidenciales (años impares), el crecimiento de la economía es mayor al de los períodos no electivos (años pares) en los cuales se establece un período de contracción de la actividad; conformando un ciclo económico no iniciado principalmente por factores netamente económicos, tales como aumentos súbitos de precios de bienes exportables o influjos masivos de inversión”.
     
  • “Pues, los factores estarían determinados desde la perspectiva de la política económica gestionada, es decir, por la economía política nacional a los efectos de optimizar su estrategia de no interferir en las decisiones de los votantes desde la coyuntura económica derivada de los efectos de la política económica. Períodos en los cuales son necesarios los ajustes sobre las distorsiones de precios relativos, estabilizar el tipo de cambio y la convergencia hacia un nivel menor de déficit fiscal primario; no son tenidos en cuenta en los años de elecciones. Por el contrario, son los años siguientes, años pares, donde parece generarse una necesidad imperativa de estabilizar las variables”.
     
  • “En el año 2011, lejos de aplicar una política de estabilización cambiaria y eliminar las distorsiones de precios en el marco del crecimiento del 25% del índice de inflación del año 2010, evitaron corregir los precios de los servicios públicos y se establecieron restricciones discrecionales sobre el mercado de cambios, convergiendo en el denominada ‘cepo cambiario’. Mientras que en 2012 las consecuencias de las restricciones cambiarias generaron fuertes tensiones y volatilidad financiera afectando la actividad económica y las decisiones de precios futuras”.
     
  • “En 2013 se llevaron a cabo las elecciones legislativas. Si bien el gobierno oficial obtuvo resultados adversos, continuó con sus políticas de restricciones cambiarias y evitó cualquier tipo de corrección y sinceramiento de los precios relativos domésticos. El costo fue una gran pérdida de reservas (US$ 12.600 millones) y el establecimiento en un sendero creciente del índice de precios. Contrariamente, a principios de 2014 se evidenció una corrección del tipo de cambio que implicó un aumento del 19% de la cotización oficial del dólar y del 21% en el mercado paralelo. A su vez, se anunció un recorte en los subsidios al gas y el agua. El intento de corrección de precios nominales resultó en una elevada tasa de inflación anual del 38,4%”.
     
  • 2015 estuvo determinado por las elecciones presidenciales lo cual no evidenció una gestión de política económica de corrección de las distorsiones nominales. Luego de las elecciones, en diciembre de 2015 se eliminó el cepo cambiario. Esto implicó un aumento del tipo de cambio nominal en 40%. En 2016 se anunciaron fuertes aumentos de las tarifas de servicios públicos a los efectos de comenzar a corregir las distorsiones de precios. El crecimiento anual de la inflación de ese año fue 36,1% con una contracción del PIB en 2,1%”.
     
  • “Sin dudas, en 2017 la incipiente política de corrección y estabilización del año precedente se suavizó. La inflación disminuyó marcadamente en 24,8% anual y el PIB volvió a crecer 2,7% interanualmente. Respecto a 2018, los incrementos de tarifas públicas (entre 25% y 30%), el fuerte ajuste fiscal y monetario en el marco del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, y la corrección del atraso cambiario fueron factores que afectaron el crecimiento, la generación de empleo y sustentaron la expansión del índice inflacionario. En concreto, la economía se contrajo 2,5% respecto a 2017, el tipo de cambio nominal se depreció en 101% anual y la inflación marco un récord de 47,6%”.
     
  • “En el corriente año sí se han gestionado ajustes de precios y del tipo de cambio en un entorno nuevamente de tensiones nominales. Esto llevó a que durante el primer trimestre de 2019, la inflación se acelerara acumulando un 11,4%. A partir de abril, las tensiones cambiarias y de precios se están desacelerando en un marco de política económica con mayores grados de libertad y mejor calibrada, respecto a los períodos previos. Si bien depende del contexto, no se anunciaron mayores restricciones a partir del segundo cuatrimestre del año. Sin dudas, esto sugiere que la economía política ya tiene dominancia sobre el tecnicismo de la política económica. Hay que evitar disrupciones que direccionen decisiones del electorado”.
     
  • Esos acontecimientos se deben notar al momento de explicar, en general, ciertos vaivenes de precios y de actividad que notamos durante los últimos años. Pues, las correcciones abruptas en contextos de recursos muy escasos (déficit primario continuo) se han observado con gran frecuencia en la historia económica reciente, las cuales no siempre estuvieron acompañadas de políticas contracíclicas a los efectos de intentar suavizar y distribuir la carga socioeconómica del costo del ajuste. Por lo tanto, es posible notar que existe cierta causalidad de variables no económicas en relación a los años donde se producen o no los intentos de corrección de precios. Postergar o interrumpir un proceso de estabilización, principalmente de niveles medios y altos de inflación, se torna más costoso en el tiempo. Quizás la perspectiva o intencionalidad política genere un sesgo sobre la determinación de los ajustes aplicados, es decir, sea uno de los factores causales de nuevas tensiones o amplíen las mismas. Es de esperar que no sea así y que solo estemos ante un hecho de pura casualidad”.
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