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Microsatélite argentino viajará en la misión lunar Artemis II

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La República Argentina participará de la misión Artemis II de la NASA, el primer vuelo tripulado hacia la Luna desde el fin del Programa Apolo en 1972. El anuncio oficial, realizado el 16 de enero de 2026 por la Oficina del Presidente, implica un salto institucional y tecnológico para el país, que aportará desarrollo propio a una de las misiones espaciales más exigentes del mundo y se integrará a la nueva arquitectura global de exploración lunar.

La decisión posiciona a la Argentina dentro de un reducido grupo de países con capacidades técnicas y operativas validadas para misiones tripuladas de órbita profunda, con impacto directo en el sistema científico, tecnológico e industrial nacional.

El aporte argentino a Artemis II y el despliegue del microsatélite Atenea

Durante el lanzamiento de Artemis II, se desplegará el microsatélite argentino Atenea, desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) en conjunto con la empresa VENG S.A., el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA).

El despliegue se realizará en la primera etapa de la misión, a más de 70.000 kilómetros de la Tierra, lo que constituye un récord para un satélite argentino y amplía significativamente el alcance operativo de la tecnología espacial nacional.

Según detalla el comunicado oficial, el microsatélite permitirá validar tecnologías críticas para futuras misiones espaciales, aportando información clave a la NASA. Entre sus funciones, Atenea medirá radiación en órbitas profundas, evaluará componentes para uso espacial, captará datos GPS para órbitas de transferencia geoestacionaria y validará enlaces de comunicación de largo alcance.

Exigencias técnicas, estándares internacionales y validación institucional

El lanzamiento de Artemis II, con tripulantes a bordo, requiere los estándares de calidad y confiabilidad más exigentes del mundo para actividades espaciales. En ese contexto, la selección del microsatélite argentino constituye una validación explícita del nivel técnico y operativo que mantiene la República Argentina en materia de ciencia y tecnología aplicada.

Desde el Gobierno se destacó que el desarrollo tecnológico y la investigación en asuntos estratégicos constituyen una prioridad de la inversión en ciencia, en un esquema que busca eficientizar recursos mediante la eliminación de gastos considerados innecesarios en otras áreas del Estado.

La participación en Artemis II no solo refuerza la posición de la Argentina como socio confiable en programas científicos internacionales, sino que también fortalece su entramado institucional, promueve la transferencia de conocimiento y consolida capacidades locales en áreas de alto valor agregado vinculadas a la industria espacial.

Proyección estratégica

Desde una perspectiva económica y tecnológica, el proyecto impulsa la formación de recursos humanos altamente especializados, el desarrollo de proveedores nacionales y la integración de la Argentina en cadenas de valor globales asociadas a la exploración espacial. A nivel institucional, la participación en una misión lunar tripulada refuerza el posicionamiento del país en cooperación internacional de alto nivel.

El despliegue de Atenea en órbita profunda representa, además, un salto cualitativo para el sistema espacial argentino, con potencial impacto futuro en telecomunicaciones, navegación satelital y misiones científicas avanzadas.

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Argentina lanzó la Red de Aprendizaje para descarbonizar y modernizar el transporte

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La Red de Aprendizaje para la Gestión Eficiente del Transporte (RdA GET) inició oficialmente el 9 de diciembre, con el objetivo de acompañar a empresas del sector en la reducción de costos operativos, la optimización energética y la transición hacia un sistema de transporte más sostenible. La iniciativa, vinculada al proyecto ProCLIM-AR, marca un hito institucional al articular academia, sector privado y organismos internacionales.

Una nueva plataforma colaborativa para modernizar el transporte argentino

La presentación de la Red de Aprendizaje para la Gestión Eficiente del Transporte (RdA GET) consolidó un espacio inédito en Argentina para impulsar la reconversión operativa y ambiental del transporte de cargas. Uno de los sectores de mayor incidencia en el consumo de energía y las emisiones asociadas. El lanzamiento, realizado el 9 de diciembre, reúne a trece empresas de transporte asociadas a FADEEAC–FPT y FAETYL, que integrarán esta primera edición con una fase de trabajo intensivo de 10 meses.

La iniciativa se enmarca en el proyecto ProCLIM-AR y es liderada por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), con apoyo de Fundación AVINA y la cooperación técnica de GIZ. También participan organismos del Gobierno nacional, en una articulación que apunta a generar capacidades institucionales para un modelo logístico más eficiente, competitivo y ambientalmente compatible con los compromisos internacionales en materia climática.

La creación de la RdA GET responde a un diagnóstico compartido: la cadena de transporte y logística enfrenta costos crecientes, presiones ambientales, exigencias regulatorias globales. Y una necesidad histórica de actualización tecnológica y de gestión. Mediante talleres periódicos, instancias de acompañamiento técnico y espacios de consulta, la red busca promover soluciones basadas en evidencia, favorecer la innovación operacional y mejorar la toma de decisiones empresariales.

Metodología, actores y objetivos: hacia una logística más competitiva y sostenible

La Red funciona bajo un esquema voluntario, apoyado por especialistas técnicas y moderadoras, que facilitan la construcción colectiva de diagnósticos, el intercambio de buenas prácticas y la evaluación de resultados. El modelo de Red de Aprendizaje ha sido implementado en distintos países para acelerar transiciones productivas complejas. Y en Argentina representa un instrumento estratégico para modernizar la estructura logística.

Las empresas participantes podrán: Analizar consumos energéticos, trazados de rutas y patrones de operación. Identificar oportunidades de ahorro de combustible. Incorporar herramientas de gestión inteligente. Medir su impacto ambiental y mejorar indicadores de desempeño. Producir información comparable entre actores del sector.

El objetivo es avanzar de manera progresiva hacia la descarbonización del transporte. Un eje que ya forma parte de las estrategias empresariales y públicas a nivel global. En ese sentido, la participación de FADEEAC, FAETYL y organismos nacionales configura un ecosistema que permite transformar aprendizajes en políticas y estándares sectoriales más amplios.

Repercusiones e impacto esperado en el sector logístico

La creación de la RdA GET puede generar impactos inmediatos y de mediano plazo. En el plano económico, la eficiencia energética implica reducciones directas en costos operativos —una variable crítica en un contexto de volatilidad de precios y presión sobre la competitividad. En el plano técnico, las empresas incorporarán metodologías de medición y gestión que son crecientemente requeridas en cadenas de valor internacionales.

Desde una perspectiva institucional, la red introduce un mecanismo replicable para otros sectores estratégicos, articulando universidad, sector privado, cooperación internacional y Estado. En el plano ambiental, la iniciativa contribuye a facilitar el cumplimiento de metas de mitigación. En un país donde el transporte es uno de los principales emisores.

La expectativa del sector es que esta primera edición funcione como un laboratorio para desarrollar herramientas escalables. Capaces de integrarse más adelante en programas de certificación, financiamiento verde y estrategias logísticas nacionales.

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Nicolás, el primer ingeniero espacial egresado de la Unsam que trabaja en Conae: “Fue lo que soñé”

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(Télam, CONFIAR – Por Melisa Avolio) Nicolás Conde se convirtió en en el primer graduado de la carrera de Ingeniería Espacial de la Escuela de Ciencia y Tecnología (ECyT) de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) y ya trabaja en la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) en el proyecto Saocom II, con el que se busca actualizar la tecnología para mejorar el rendimiento de los satélites.

La primera pregunta que le suelen hacer cuando dice que es ingeniero espacial es “¿Vas a ser astronauta?”. Pero la respuesta es más larga que un simple “no” y este joven porteño de 25 años la explica con la humildad y dedicación que lo van a caracterizar en toda la entrevista.

“Desde chico siempre me gustó la ingeniería. O sea, hacer y diseñar cosas. Lo espacial fue naciendo de más grande, cuando fui viendo los lanzamientos y las misiones, y empecé a aprender de la historia espacial argentina”, contó Conde en diálogo con Télam.

Como siempre tuvo “facilidad” para matemática y física, a Nicolás los primeros años de Ingeniería no le “costaron demasiado” y como le gustaban mucho los autos fue a un técnico de automotores y pudo forjar una buena base en esas materias, aunque la clave no son solo números y fórmulas.

“Por ahí uno tiene la imagen de que el ingeniero tiene que saber solo de matemática, pero también se necesita toda otra parte artística y de creatividad. El trabajo del ingeniero es solucionar problemas y para eso hay que tener inventiva”, afirmó.

Una publicidad de Ingeniería Espacial en las redes torció una decisión previa de inscribirse en Ingeniería Naval en la Universidad de Buenos Aires (UBA) que tomó al terminar el secundario.

“Ya había estado buscando esa carrera y solo encontraba ofertas en España, no había nada en América Latina y no me daba para irme a otro país a estudiar”, recordó.

Hasta que se abrió la carrera en la ECyT de la Unsam, que con la dirección de Roberto Yasielsky forma profesionales para contribuir al desarrollo de la ciencia y la tecnología del sector espacial en la Argentina, y al día siguiente se fue a inscribir.

Otra alternativa universitaria reciente es la carrera de Ingeniería Aeroespacial de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), que hasta 2019 era Ingeniería en Aeronáutica, y que este año también tuvo su primer egresado.

“Quienes trabajan en Ingeniería en Sistemas lo que hacen es buscar, aunque suene redundante, que el sistema funcione. Es un sistema complejo con muchas partes que interactúan entre sí y tienen interfaces. Hay mucha gente que trabaja en estas partecitas y hay alguien que tiene que velar para que todo eso funcione cuando se integre. Ese es el rol del ingeniero en Sistemas”, describió.

Lo que hacen en su carrera es entonces Ingeniería en Sistemas Espaciales, que se puede explicar sencillamente como “ver muchas materias de cada subsistema del satélite, con el objetivo de poder hablar con expertos en diferentes áreas como electrónica o mecánica, y entender todos los temas pero desde una mirada más general”.

En 2021, Nicolás hizo una pasantía en la Conae y colaboró en el diseño conceptual de un instrumento SAR para el proyecto integrador denominado Focus, cuyo objetivo es hacer un monitoreo de infraestructuras críticas, como puentes, edificios y represas, para ayudar en el mantenimiento preventivo o tomar medidas ante un colapso.

Actualmente, el flamante ingeniero trabaja en la Conae y en particular en la ingeniería de sistemas del instrumento radar SAR de la misión Saocom II, con el que se busca dar continuidad a la primera generación de los satélites argentinos y actualizar la tecnología para mejorar el rendimiento.

“Mi jefe en la Conae es Juan Pablo Cuesta, que es una eminencia. Es espectacular trabajar a su lado, y además tiene mucha paciencia para enseñar. Y Roberto Yasielsky, el director de mi carrera, es la historia espacial argentina en persona”, dijo a Télam Nicolás.

Además de “si va a ser astronauta”, otra de las preguntas que suelen hacerle es “si se va a ir del país”.

“Está la idea de que acá no hay tanto y en Estados Unidos o Europa hay una industria más grande, que sí lo es. Pero en nuestro país también existe y es importante. Por ahora mi pensamiento es trabajar en la Conae que fue lo que soñé”, contó.

Pero si en algún momento tendría que trabajar en el exterior explicó que “sentiría un desarraigo enorme, sería por un tiempo porque mi pensamiento siempre es volver a mi país”.

Durante la carrera, Nicolás participó de iniciativas nacionales e internacionales como la competencia CubeDesing, en la que desarrolló el nanosatélite ganador junto a un equipo de compañeros que hoy son sus amigos y que están próximos a recibirse: Tomas Burroni, Camila Mucanna, Matías Escobar y Luis López.

Con ese equipo, fueron al laboratorio de ensayos de la agencia espacial brasileña y conocieron los “shakers”, instrumentos para hacer vibrar los satélites. “Todo eso era nuevo para nosotros, solo lo sabíamos desde la teoría y fue una experiencia espectacular”, describió.

“Ahora que terminé la facultad, estoy pensando hacer algún curso de cocina o de canto. Me gusta mucho salir a cines o teatros, y miro también películas o serie espaciales. Salvo ‘Star Wars’ o ‘Star Trek’, películas que no vi y que me gusta no haberlas visto ya que me divierte la reacción cuando lo digo”, aseguró.

Nicolás siente “una gran admiración” por Miguel San Martín, el argentino que trabaja en la NASA. “Lo pude saludar una vez que fuimos a dar una charla sobre cohetes con mis compañeros a Uruguay. Él estaba brindando una conferencia sobre Marte y vino a nuestro stand a saludarnos y nos sacamos una foto”.

El ingeniero recuerda con emoción el día de su graduación, al que fueron sus dos abuelas, su abuelo, su mamá, su papá y sus tres hermanos: “Todos estaban a las lágrimas y orgullosos”.

“En el mundo no hay muchos lugares que tengan la industria espacial y los profesionales que hay en Argentina. Además, en esta carrera salimos directamente ingenieros espaciales, listos para la salida laboral”, celebró.

Sobre su futuro, Nicolás sostuvo que “su sueño más extremo, a largo plazo, es la humanidad interplanetaria”, aunque “la exploración espacial con sondas, o los Rovers como trabaja Miguel San Martín” también le “encantan”.

De todos modos, no se olvida de otra parte más pragmática, en la que ya está trabajando: “Quiero solucionarle problemas y necesidades a la gente”.

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