UVA

El lado “B” de los hipotecarios: Como la inflación no cede, dicen que la cuota de un préstamo UVA ya iguala a la de uno tradicional

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Los nuevos créditos hipotecarios actualizados por UVA, que empezaron a extenderse con gran éxito debido a que el mecanismo de indexación permitió bajar drásticamente las tasas y las cuotas, ahora están encareciéndose debido a que la inflación no bajó todo lo que se esperaba.
Según un informe publicado hoy por el diario La Nación, un estudio realizado por un experto en finanzas revela que las cuotas de un crédito hipotecario UVA ya igualan a uno tradicional. El ejemplo citado por La Nación es para un préstamo de un millón de pesos a 20 años.
El matutino cita a un trabajo del analista Cristhian Buteler que se puso a comparar mes a mes la evolución de la cuota de un créditocon UVA y otro tradicional sacado en el banco Santander Rio hace dos años.
“Todo empezó con una discusión en un grupo de WhatsApp sobre si convenía sacar un crédito tradicional o era mejor apostar por esta nueva línea, y la idea de aportar datos a la discusión. El cálculo no busca más que cada uno sepa qué se ajusta mejor a su necesidad y a sus posibilidades”, explicó Buteler.
El crédito con UVA de la simulación pagaba una tasa de 6,95%. El crédito tradicional pagaba tasa fija del 14% por tres años y luego variable, con sistema francés de amortización.
¿Cuánto paga hoy de cuota el crédito tradicional?
Según Buteler, el que sacó el crédito tradicional -que gozan por los primeros años de tasa fija- seguiran pagando una cuota (también fija por 3 años) de 12.435 pesos.
¿Cuánto paga de cuota el que tomó el crédito con UVA?
En tanto, el experto calculó que el que tomó el crédito con UVA arrancó pagando una cuota de 7915 pesos en abril de 2016, pero hoy estaría pagando una ucota de 12.428 pesos. Es decir, la diferencia se achicó de $4520 (57%) a apenas 7 pesos (0,06%).
Además, el capital adeudado creció para los que tienen créditos UVA
Además, hay que calcular que mientras los primeros achicaron en $33.574 el capital adeudado (cayó de $1 millón a $978.854, es decir, en una pequeña porción porque el sistema francés implica devolver al banco primero los intereses), los segundos lo vieron crecer sostenidamente hasta llegar a $ 1.529.466 (53%), por los ajustes que impone el mecanismo de indexación con UVA.
¿Cuál es la ventaja de los créditos UVA y por qué puede servir para el mercado misionero?
La ventaja de los créditos con UVA es que se indexan por esta Unidad de Vivienda que es algo así como un “ladrillo” virtual. El UVA evoluciona a diario según la inflación y el costo de la construcción, su cotización se publica cada día en la página web del Banco Central.
Cuanto uno toma un crédito con el banco, le pasa a deber a la entidad financiera determinada cantidad de UVAs, más que un capital calculado en dinero. Cada mes, el banco prestador hace un cálculo de los UVAs y emite el cupón con la cuota traducida a pesos.
La gran ventaja es que al ser indexado, la tasa es baja y la cuota es mucho más baja que un crédito tradicional.
Esto permite que la relación cuota-ingreso le cierre a mucha más gente que antes quedaba excluida. Un asalariado o pareja que reúna ingresos por 15.000 pesos ya puede acceder a un crédito con UVA. Esto es importante para un mercado como el de Misiones, donde los sueldos promedio son bastante bajos y en su mayoría quedaban fuera del alcance de un crédito tradicional.
Pero la desventaja es que si la inflación no logra ser dominada como prometió el Gobierno, la indexación operará a favor del prestador y en contra del prestatario. A tal punto que los préstamos se firman con cláusulas de renegociación por el caso de que la cuota, producto de la inflación, suba demasiado y se “coma” una parte de los ingresos mensuales mayor a la esperada.
A continuación reproducimos las infografías publicadas por La Nación para comparar la evolución de ambas cuotas, la evolució del capital remanente de ambos créditos y la evolución del UVA y el CVS.

 
 

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El 93% de los créditos tomados en enero se pactaron en UVA

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Desde su lanzamiento en marzo de 2016, los préstamos hipotecarios que se ajustan por la Unidad de Valor suman $65.800 millones. En tanto, las nuevas Leliq representan 1,9% de los depósitos en pesos.
Los créditos hipotecarios UVA crecieron 9,9% en enero pasado contra diciembre. Así, se constituyeron en el segmento de mayor incremento del conjunto de préstamos del sistema financiero, según el Informe Monetario correspondiente a enero que publicó ayer el Banco Central (BCRA).
Ese incremento se dio en el marco de un aumento del 3% en el total de créditos, tanto en pesos como en moneda extranjera, durante el mismo período. Los préstamos en moneda local crecieron 1,5%. De esta forma, en los últimos 12 meses el total de créditos acumuló un crecimiento del 26,6% en términos reales, según el mismo informe.
Respecto de los créditos UVA, el Banco Central destacó que en enero el incremento en pesos fue de $12.150 millones, con un alza acumulada en los últimos 12 meses del 118,2%. Esta mejora llevó a que los préstamos UVA representen el 93% del total otorgado en ese mes. Desde su lanzamiento en marzo de 2016, los préstamos hipotecarios que se ajustan por la Unidad de Valor suman $65.800 millones, precisó el BCRA.


En el capítulo dedicado a la liquidez de las entidades financieras, destacó: “En un período en el que el crecimiento de los préstamos es estacionalmente bajo, el aumento de los depósitos en pesos superó ampliamente el de los créditos al sector privado y las entidades financieras aumentaron sus activos líquidos”.
La entidad monetaria que preside Federico Sturzenegger, también aclaró que la liquidez bancaria en moneda local (medida como la suma del efectivo en bancos, la cuenta corriente de las entidades en el Banco Central, los pases netos con tal entidad y la tenencia de Lebac y Leliq, como porcentaje de los depósitos en pesos) mostró un incremento de 1,6 puntos porcentuales, a 41,3 por ciento de los depósitos. El crecimiento -destacó- se concentró en el nuevo instrumento del BCRA, las Leliq (Letras de Liquidez), que en el mes representaron el 1,9% de los depósitos en pesos. El informe recordó también que “a partir del 11 de enero el BCRA incorporó un nuevo instrumento para administrar la liquidez del mercado monetario: las letras de liquidez (Leliq)”. Son letras a 7 días de plazo, que se pueden negociar en el mercado secundario. Las contrapartes del BCRA en este mercado sólo pueden ser entidades financieras para su cartera propia. El informe sostuvo que “en el transcurso de enero, estos instrumentos fueron ganando participación como destino de la liquidez bancaria excedente y, a fines de enero, el saldo en circulación de Leliq alcanzó a 69.259 millones de pesos”.
Las reservas internacionales finalizaron enero con un saldo récord de u$s62.024 millones, lo que implicó un aumento de u$s6.969 millones contra diciembre, por el impacto de la colocación de deuda pública del Tesoro Nacional en los mercados internacionales.

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El sistema de créditos UVA, a prueba por la volatilidad del dólar

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El tipo de cambio escaló 13% en poco más de un mes y medio y encendió la preocupación de ahorristas que habían solicitado un préstamo hipotecario, ya que el monto ahora no les alcanza para adquirir la misma propiedad. Qué solución están implementando desde los bancos
El rally ascendente que mostró el dólar entre diciembre y enero tuvo sus primeros efectos colaterales, al golpear a uno de los proyectos más ambiciosos del Gobierno: los créditos hipotecarios UVA, que sedujeron a la clase media con sus bajas cuotas en planes a más de 20 años.
Esta vez, el origen de la preocupación no fue la inflación -el principal factor que incide en los aumentos de las cuotas- sino la volatilidad cambiaria. La escapada del billete verde sirvió como recordatorio de que, por más que los créditos se pacten en pesos y se ajusten por un indexador, los inmuebles en gran parte del país siguen cotizándose en dólares.
En este caso, los más afectados fueron aquellos que a inicios de diciembre recibieron la preaprobación crediticia o que comenzaron entonces los trámites para obtener el dinero. Sucede que el tiempo promedio para recibir la aprobación del préstamo por parte de los bancos es de 25 días.
Así, el alza del precio del dólar de 13% desde el 11 de diciembre pasado dejó en “offside” a más de un interesado en transformarse en propietario. En concreto, el billete verde pasó de $17,56 a cerca de $20.
Es decir que los clientes que solicitaron hace más de un mes un crédito para cerrar una operación inmobiliaria por una cifra -por ejemplo- de $1 millón (que era el equivalente a u$s57.000 a inicios de diciembre), hoy ven que con ese mismo monto pueden adquirir unos u$s50.400. Es decir, casi 12% menos.
Desde el sitio iProfesional explicaron que en términos prácticos, el tiempo que debieron esperar para obtener los billetes para salir a comprar su vivienda, les significó un costo adicional de unos u$s6.600.
Cabe aclarar un aspecto central que rige el mercado inmobiliario y que afecta el cierre de las operaciones: si bien el comprador recibe pesos del banco por el crédito hipotecario obtenido, a la hora de adquirir un inmueble todas las operaciones se pautan en divisas estadounidense.
Por ende, el solicitante de un préstamo recibe moneda nacional y luego debe transformarlos, sí o sí, a billetes verdes para pagarle al vendedor. En definitiva, en ese pasaje cambiario es donde terminó perdiendo el comprador.
Este aspecto no fue considerado por muchos interesados en créditos a la hora de solicitarlos, y terminó por encarecerles la operación realizada. Incluso, en algunos casos, puso en peligro la concreción de las operaciones de compra. Cabe destacar que la gran demanda de hipotecarios generó que en diciembre pasado se otorguen líneas UVA por un récord de $12.000 millones.

Igualmente, desde uno de los principales bancos que operan en este segmento, señalaron a iProfesional que la propia inestabilidad cambiaria llevó a que muchos potenciales compradores en enero optaran por la cautela y que se enfriara un poco el ritmo de solicitudes.
Desde el Banco Nación, unas de las entidades más importantes del segmento hipotecario, afirmaron que en diciembre otorgaron 3.423 créditos, mientras que hasta los últimos días de enero habían acumulado 1.900.
Soluciones frente a la suba del dólar
Para los interesados en ser propietarios, que esperaban días atrás recibir su dinero de un crédito y se vieron “atrapados” por el avance del tipo de cambio, los bancos optaron por acudir a algunas “recetas” para que las operaciones no se caigan.
“Básicamente, lo que hacemos es analizar caso por caso. No hay una política común. El objetivo es que el cliente pueda firmar y que no se frustre la operación por un tema cambiario. Por eso, se flexibilizó un poco el monto del otorgado”, resumieron desde una entidad privada.
En tanto, desde el Banco Nación afirmaron a este medio que “en aquellos casos en los que el sueldo de los solicitantes lo permite, y dentro de las condiciones generales definidas en cada una de las reglamentaciones de crédito, analizamos la posibilidad de asistirlos con un monto de préstamo superior, abonando para ello una cuota de mayor valor”.
En caso de no poder enfrentar ese compromiso extra, otra opción que ofrecen a los afectados es que puedan “estirar” el lapso de devolución, ya que con el sistema UVA se está otorgando un máximo de 40 años de plazo.
Guillermo Jejcic, director de Marketing, Producto y Planeamiento de Banco Itaú, detalló que en los casos en los que la entrega del dinero no se efectivizó, “existe la posibilidad de revaluar la oferta, caso por caso, con el afán de que el cliente pueda concretar su operación inmobiliaria”.
Es importante destacar que en situaciones de volatilidad, “hay seguros de cambio que permiten dar tranquilidad ante potenciales movimientos en la cotización del dólar”, aclaró Jejcic.
En paralelo, desde el Banco Hipotecario afirmaron que “si fuera necesario solicitar mayor monto y las condiciones crediticias se cumplen, entonces se puede recalcular la operación y en aproximadamente tres días hábiles aprobar las nuevas condiciones”.
Así, la mayoría de las entidades consultadas por iProfesional en general están repactando los montos, los plazos o las cuotas de los hipotecarios, en aquellos casos en los que los clientes no llegan a cubrir el dinero necesario para adquirir una vivienda, producto de la devaluación.
La carrera entre la UVA y el dólar
A la suba del dólar se les agregaron otros factores que juegan en contra de los interesados en transformarse en propietarios: el alza de los precios de los inmuebles y la aceleración de la inflación.
Según un informe de Reporte Inmobiliario, la cotización del metro cuadrado se movió 8 puntos por encima de la inflación de 2017 y unos 10 puntos respecto de la UVA.
A partir del impulso en la demanda de propiedades vía créditos, que se concentró principalmente en las unidades usadas, los departamentos de 2 y 3 ambientes sufrieron un incremento interanual promedio en dólares del 12% en la Ciudad de Buenos Aires.
Si se tiene en cuenta el salto del valor del tipo de cambio entre diciembre de 2016 ($16,1) y a comienzos de enero pasado ($19,1), que fue del 19%, el aumento acumulado del metro cuadrado se elevó al 33% interanual en moneda local.
De este modo, concluyen desde Reporte Inmobiliario, la suba de los precios de los departamentos fue superior al índice inflacionario, que alcanzó un 24,8% en 2017.
Por otro lado, el valor de la cotización de la UVA, que se rige por el CER y es el índice por el que ajustan las cuotas de los créditos hipotecarios, se incrementó un 23% el año pasado, cifra a la que se le debe sumar la tasa de interés que cobran los bancos, así como los costos financieros, que llegan a ser de un promedio del 8% adicional.
La “buena noticia” para el tomador de este tipo de productos es que el precio de su deuda en Unidades de Valor Adquisitivo en diciembre y enero acumuló una suba del 3,7%.
Es decir, el saldo deudor cayó en términos de dólares, dado que la variación del tipo de cambio fue de 13% en esos dos meses.

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Mercado inmobiliario de Posadas: pocas operaciones, precios caros y propietarios inflexibles

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El mercado inmobiliario de Posadas acaba de cerrar un 2017 muy flojo, que se caracterizó por las pocas operaciones de compra-venta y un divorcio, cada vez más grande, entre los vendedores y los potenciales compradores. Lo mismo sucede con los alquileres, con precios sobrevalorados y actualizaciones que exceden la inflación más pesimista, con subas cada seis meses de un quince por ciento como mínimo. 
Economis realizó un análisis de la oferta de casas y departamentos nuevos y usados y dialogó con media docena de operadores y desarrolladores inmobiliarios, bancos privados -que buscan colocar más créditos hipotecarios con UVA- y también con algunos potenciales compradores.
La conclusión principal es la siguiente: los vendedores son poco flexibles a bajar los precios y adaptarse al nuevo panorama económico de los últimos años. Signado por la recesión, el mayor desempleo y una inflación decreciente.
Hace unos años el panorama era distinto. La actividad era más vigorosa y la inflación más alta hacía que aquellos inversores que tenían ahorros buscaran refugio para protegerse en los siempre seguros “ladrillos”.
En 2013 y 2014 la municipalidad de Posadas batió récords históricos en permisos para construir nuevos edificios, como producto de ese boom. Algunas de esas torres se empezaron a construir hace un par de años y hoy, algunos de esos emprendimientos –se venden casi todos bajo la figura del fideicomiso- se siguen construyendo.
Van a un ritmo lento, debido a que las ventas están “muy quietas” y no entra tanto dinero a los fondos como para acelerar la terminación de las obras. Uno puede pasar y contar pocos obreros dedicados a terminar la obra en cuestión, o notar como tal o cual torre nunca se termina. Aún sin ser un entendido en el tema.
También empiezan a aparecer edificios que ya se terminaron y aún tienen muchas unidades en venta. Cuando en lo mejor del mercado, estas torres se vendían casi todas “en boca de pozo”. Es decir, antes de arrancar con la edificación o al menos antes de finalizar las primeras lozas.
Un departamento en un edificio nuevo con algunos amenities (pileta, SUM) de un dormitorio –dentro de las cuatro avenidas- ronda los 3 millones de pesos. Antes las ventas las motorizaban los inversores, pero ahora son los usuarios finales –los que van a vivir efectivamente ahí- los que deberían tomar “la posta”.
Como las ventas vienen muy lentas, algunas inmobiliarias inventaron un negocio novedoso. Ponen en alquiler ahora las futuras unidades nuevas. Así por ejemplo, se puede señar ahora un edificio que terminará de construirse en unos meses. La empresa desarrolladora se asegura así un flujo de dinero mientras busca un comprador para la unidad.
Hay que tener en cuenta que cada edificio implica costos fijos importantes de mantenimiento, portero, impuestos, tasas, etc. El negocio nunca estuvo pensado para retener unidades por mucho tiempo. Ni siquiera es un negocio pensado para poner un capital propio que exceda el 25 por ciento de la obra. Hoy muchas obras avanzan con el dinero que sale de los bolsillos de los desarrolladores.
Un mercado que ya no es de vendedores, sino de compradores
“Es mi pelea de todos los días, los vendedores no entienden que este ya no es un mercado de vendedores, es un mercado de compradores, donde el que tiene el dinero y va a pagar al contado debería poder negociar el precio”, explicaron a Economis desde una de las inmobiliarias más importantes.
En Buenos Aires u otras ciudades, como Río de Janeiro, es frecuente que los compradores, con la plata en mano, hagan contra ofertas por 20 o 30 por ciento menos. O inlcuso más bajas. Acá, con frecuencia, ni las mismas inmobiliarias quieren pasar esas posturas a los propietarios. Algunos compradores nos comentaron que, en ocasiones, no se lo toman bien.
Es un mercado tan distorsionado que suele espantar o tratar mal a un comprador que tiene 3 millones de pesos en la mano y está dispuesto a invertirlos.
“Los vendedores son muy inflexibles con los precios, pero después los departamentos no se venden, pueden pasar dos años hasta que se venden”, explica otra vendedora de una firma de renombre.
El precio “inamovible” lo baja inflación +  tiempo
En rigor, ese es el mecanismo más común para bajar el precio de una propiedad en Posadas, no una negociación en la que comprador y vendedor se van acercando con ofertas y contra ofertas. Sino el mero paso del tiempo de una unidad que está a la venta por un valor inflexible, combinada con la inflación, que va “esmerilando” ese valor.
No olvidar que el posadeño es un  mercado pesificado, a diferencia de otros mercados, como el porteño, donde las propiedades se cotizan en dólares.
El resultado de esta “intransigencia” es un mercado poco dinámico y compradores potenciales frustrados, que no pueden acceder a su casa a pesar de que tienen el dinero en efectivo, sea porque pudieron reunir ahorros o porque accedieron a uno de los créditos hipotecarios con UVA.
Al menos media docena de bancos colocaron ya créditos atados a la Unidad de Valor de Vivienda (UVA) que tienen por virtud, sobre todo para una ciudad de sueldos medios bajos como Posadas, que acercaron mucho la relación cuota-ingresa a la realidad local. Al indexarse por el UVA (se mueve con la inflación mes a mes), los intereses son bajos y una persona o pareja con ingresos conjuntos de 20.000 o 30.000 ya puede sacar un crédito por 2 millones de pesos o incluso más.
El problema del mercado local es qué se puede comprar con ese monto, que equivale a 110.000 dólares. Con frecuencia, por ese valor ni siquiera se puede conseguir una casa sencilla de dos habitaciones en un barrio periférico de la ciudad.
La actitud de los vendedores también la padecen los inquilinos. Una práctica común es imponer en los contratos cláusulas de indexación más propias del 2015 o 2016, cuando la inflación rondaba entre 30 y 40 por ciento.
“A mi me están pidiendo que firme un contrato con ajustes semestrales del 15 por ciento, es una locura porque la inflación estimada para el año que viene es la mitad de eso, y teniendo en cuenta que se acaba de subir el pronóstico”, dijo un empleado que está buscando un departamento para alquilar.
Desafíos para el 2018
Con todo este panorama, el mercado inmobiliario se prepara para un 2018 con grandes desafíos.
Los bancos están empujando cada vez más la oferta de UVA y si la inflación sigue retrocediendo, puede ser una clave para que muchas familias misioneras accedan a su casa. “Tenemos muchas consultas, mucho interés y mucha demanda potencial”, comentó a Economis, el gerente de la sucursal de un banco que ya otorgó una docena de préstamos.
Con el Instituto Provincial de Desarrollo Habitacional en una etapa donde ya no encara la construcción de nuevos barrios en la misma medida que en años anteriores, el crédito privado y el mercado inmobiliario aparece como una respuesta a esta demanda creciente por la casa propia. Pero todavía quedan muchos desafíos por superar.
 

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Récord histórico de créditos hipotecarios en diciembre

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Unos 14.300 millones de pesos fueron otorgados en el último mes del año pasado, contra el récord anterior, que era diciembre de 1997.
El subsecretario de Coordinación de la Obra Pública Federal, Ricardo Delgado, sostuvo que en diciembre último el país alcanzó un récord histórico de créditos hipotecarios otorgados, con 14.300 millones de pesos.
“En diciembre de 2017, el crédito hipotecario fue el más alto de la historia, con 14.300 millones de pesos otorgados, contra el récord anterior, que era diciembre de 1997, que a moneda constante fueron en ese momento 13.500 millones de pesos”, puntualizó el funcionario del Ministerio del Interior.
En declaraciones a un canal de noticias, Delgado resaltó que el crédito hipotecario “es pensar a largo plazo, es pensar a 20 ó 30 años. Y es algo que hemos logrado en solo dos años de Gobierno”.
Además, indicó que actualmente “tenemos más de 1,3 millón de familias sin viviendas y más 3 millones de casas en malas condiciones”. Por otra parte, el funcionario rechazó que la obra pública se haya frenado en los últimos dos meses.
“No es cierto que se paró la obra pública desde octubre. En el último bimestre del año se gasta menos porque hay necesidades de cierre fiscal, pero eso no implica que la obra pública se paró”, enfatizó.

Y añadió: “Puede haber alguna demora en los pagos, pero el Estado está pagando a un promedio de 45 ó 60 días. En el Gobierno anterior pagaban a 6 ó 7 meses”.

Para Delgado, las necesidades de infraestructura que tiene la Argentina “no se resuelven solo con fondos del Estado. El país necesita invertir 50 mil millones de dólares por año, por eso tenemos que seducir al capital”

Los riesgos de los préstamos hipotecarios y cómo mitigarlos
Hasta hace poco, el dólar monopolizaba el lado comprador y vendedor de toda operación del sector, donde la intermediación bancaria brillaba por su ausencia. Pero afortunadamente irrumpió un nuevo paradigma crediticio: los préstamos en pesos atados a la UVA. Gracias a su estructura, estos créditos reducen notablemente la relación cuota-ingreso y permiten expandir montos y horizonte temporal.
El Economista Jefe de MB Inversiones, Nery Persichini realizó el siguiente informe sobre como mitigar los riesgos al momento de tomar un crédito hipotecario para el sitio ámbito.com que reproducimos a continuación:
• Antes de escriturar: el descalce peso-dólar y cómo neutralizarlo
El tomador de los nuevos créditos hipotecarios recibe pesos para llevar adelante la adquisición o ampliación de un inmueble. En este punto emerge el primer descalce: las propiedades están valuadas en dólares mientras que el financiamiento es en pesos.
Si el otorgamiento del préstamo y el momento de escrituración fueran en el mismo instante, este análisis sería trivial. Mirando el tipo de cambio del día, el monto solicitado y recibido en pesos se convertiría en dólares automáticamente y luego se realizaría la transferencia del saldo del valor de la propiedad (si hubiera seña) a la parte vendedora.
La realidad, no obstante, es bastante más compleja porque existe el factor tiempo. Desde que un potencial comprador inicia los trámites de solicitud del préstamo hasta que escritura el inmueble transcurren unos 3 meses en promedio. Y en ese lapso, el valor del préstamo en pesos permanece fijo mientras que el valor en pesos de la propiedad, al estar denominada en dólares, varía al ritmo del tipo de cambio.
Este desfasaje se puso en evidencia en estas últimas semanas de diciembre. Adicionalmente a cuestiones estacionales, el cambio de metas de inflación del Banco Central y la expectativa de una tasa de interés más baja impactó en el precio del dólar, que trepó desde $ 17,50 hasta $ 19,45. Los infortunados compradores que esperaban para escriturar en ese momento vieron cómo su futura propiedad se encarecía hasta 11% en pesos cuando ya tenían acordado el monto del crédito.

¿Es posible mitigar este descalce cambiario? La respuesta es afirmativa y la solución se encuentra en el mercado de futuros. Un futuro es un derivado financiero por medio del cual dos partes se comprometen a efectuar una operación de compra-venta de un activo (dólar, soja, petróleo, oro, etc.) en un momento determinado a un precio determinado.
En el caso de que un comprador de una vivienda quiera blindar el capital del préstamo frente a movimientos cambiarios, comprar futuros de dólar es la decisión correcta. La clave está en que los futuros permiten “cerrar” una cotización en el futuro por una determinada cantidad de dólares.
El Mercado a Término de Rosario (ROFEX) permite negociar contratos de futuros de dólar con facilidad. Cada contrato equivale a 1.000 dólares. Las comisiones de operación (promedio de 0,5% + IVA) se calculan en base a la cantidad de contratos negociados, convertidos al tipo de cambio pactado en el futuro. En el caso de la posición a abril de 2018, cada contrato implica (al 04/01/18) un valor nocional de $ 19.945 ($ 19,945 x 1.000). Por ejemplo, si el crédito es por $ 1.500.000 y la escrituración se espera efectuar antes de fin de año, entonces la cobertura exige la compra de 75 contratos a diciembre.
Una característica especial de los futuros es que no es necesario aportar la totalidad del capital. El dinero requerido es sólo un margen de garantía preestablecido del orden del 10% (definido por la Cámara Compensadora) y un margen de liquidez, para cubrir eventualidades. Siguiendo con el ejemplo, la compra de los 75 contratos demandaría un desembolso de poco menos de $ 150.000, el 10% del monto del crédito que se recibirá, más un extra.
Ese plus se relaciona con el hecho de que los contratos de dólar se liquidan por diferencias. Esto quiere decir que, al vencimiento, no habrá entrega de los US$ 1.000 que supone la compra-venta de un contrato. Las diferencias de precio se van liquidando en pesos en forma diaria, por lo que, al término de la operación, las mismas se deberán haber abonado/percibido según como haya evolucionado el precio del futuro.
La referencia para el cálculo de diferencias es el valor del tipo de cambio que publica el Banco Central en la Comunicación 3500 A. Por lo tanto, invertir en futuros de dólar implica apostar por la diferencia de cotización entre el valor pactado en el contrato y el ajuste diario, basado en el tipo de cambio oficial mayorista.
Si el precio del futuro cae y el margen no es suficiente para cubrir las diferencias diarias, el inversor deberá ir incrementando el margen. En el ejemplo visto, el potencial propietario está “comprado” en futuros, por lo que cada día que el tipo de cambio suba, ingresarán pesos a su cuenta. Pero cuando el precio del dólar baje, deberá pagar el diferencial diario.
El último paso, llegada la fecha de escrituración, consiste en vender los contratos de futuro para cerrar las posiciones que estaban abiertas. El saldo de la cuenta del inversor más el capital del préstamo permitirán comprar en el mercado spot la misma cantidad de dólares que se había fijado inicialmente.Así, queda neutralizado el riesgo cambiario.
• Durante lo que dure el préstamo: el descalce peso-UVA y cómo mitigarlo
Esta faceta parece secundaria comparada con la primera batalla contra el dólar. Sin embargo, es la que más tiempo (hasta 30 años) acompañará la vida financiera del comprador del inmueble.
Para entender cómo funciona la UVA en términos financieros, lo más fácil es pensarla como una “moneda” cuyo tipo de cambio es la inflación. Con esto en mente, es sencillo advertir que los argentinos percibimos ingresos en pesos, vulnerables a la inflación, y no en UVAs, necesarias para honrar la deuda hipotecaria. Por más que ésta tenga una tasa fija, sigue siendo en UVAs.

Entonces el descalce para quien comienza a pagar un préstamo es que los servicios de interés y capital están denominados en una “moneda” que no controla. La mayoría de los sueldos bajo los acuerdos de paritarias tienen saltos discretos dos o tres veces por año que acaban acercándose a la inflación. En cambio, el valor de la cuota del crédito, fija en UVAs, avanza mes a mes al ritmo que le imprime el alza del costo de vida, que en los últimos 12 meses fue de 24%.

¿Cómo es posible reducir ese divorcio natural entre partidas que crecen a distintas velocidades?
Una opción es adelantar parte del capital del préstamo para abatir la carga de intereses. Además de que es una alternativa disponible para muy pocos, el principal inconveniente está en que la mayoría de los bancos cobra una penalidad sobre el capital que se pague anticipadamente antes del primer cuarto de vida del préstamo.
Un camino alternativo es emplear excedentes de ahorro que se generen mes a mes y colocarlos en activos que se muevan parecido a la UVA. En otros términos, hay que encontrar vehículos de inversión que generen una rentabilidad similar al costo financiero del préstamo. De esta forma, los flujos de activos (inversiones) y pasivos (deuda) quedan más cerca del empate.
Las tasas de los créditos hipotecarios oscilan entre un 3,5% y 8% (el costo financiero total es levemente superior). Como este costo está denominado en UVAs, todos los años la deuda crece por encima de la inflación. Es lo que se conoce como una tasa real positiva.
Para mitigar esta situación, el deudor en UVAs debe posicionar los flujos de ahorro que vaya produciendo en alternativas que tengan elevadas rentabilidades reales. O sea, que rindan por arriba del encarecimiento del costo de vida. En este sentido, a diferencia de lo que se podría pensar, la decisión correcta es invertir en pesos. Si queremos hacer un “matching” entre flujos de activos y pasivos, no sirve apostar al dólar.
Con esto bien claro, una opción es considerar los instrumentos indexados a través del Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER). La principal característica es que el capital de estos títulos se ajusta por inflación. De esta forma, ofrecen cobertura ante pérdida de poder adquisitivo.
En paralelo, ofrecen una tasa de interés real positiva que promedia el 5%. Es decir, pagan un margen o spread por encima de la inflación efectivamente verificada (expost). Los bonos CER más líquidos son el Discount en pesos (DICP), que vence en 2033, y los BONCER 2020 (TC20) y 2021 (TC21).

Otra variante de corto plazo es apostar por las Letras del Banco Central (Lebac). También prometen una elevada rentabilidad, pero, a diferencia de los bonos CER, el beneficio real es incierto exante. Por caso, las Lebac a 28 días pagan una tasa nominal de anual superior a 26%, cifra que es más de 8 puntos porcentuales superior a la expectativa de inflación dentro de 12 meses. Por ello, la rentabilidad termina dependiendo de la inflación que finalmente se verifique en el futuro. Si ésta es más baja que lo que se esperaba, entonces la ganancia real de la Lebac es mayor. En cambio, mayor inflación futura significa un menor beneficio en términos reales.
Asimismo, las Lebac son instrumentos que tienen, como máximo, 9 meses de duración. Un deudor hipotecario deberá renovar muchas veces al vencimiento para seguir “calzado” entre activos de corto plazo y pasivos de largo plazo. Además de este ejercicio, el inversor debe ponderar si las tasas de las Lebac más cortas son sostenibles en el tiempo. Si el Banco Central es exitoso bajando la inflación (algo que se celebrará con cuotas hipotecarias que crecen más lento en pesos), las Lebac no deberían pagar una rentabilidad tan alta.
Con todo, el mercado de capitales permite emplear estrategias que reducen la incertidumbre de la nueva realidad hipotecaria que hoy posibilitan los préstamos UVA. Por un lado, los futuros de dólar mitigan el riesgo cambiario presente cuando se pide un crédito en pesos para comprar un inmueble en dólares. Por otra parte, las inversiones en renta fija en pesos que garanticen una rentabilidad positiva en términos reales son aliadas indispensables en el largo plazo para que el ahorro que genere el tomador del crédito se multiplique a una velocidad similar a la que crece su deuda.
 

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